Poetas heterodoxos: pessoa, kavafis (Proc.: Javlangar, Mod.: Jagf) Los heterónimos de Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935)






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títuloPoetas heterodoxos: pessoa, kavafis (Proc.: Javlangar, Mod.: Jagf) Los heterónimos de Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935)
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POETAS HETERODOXOS: PESSOA, KAVAFIS



(Proc.: Javlangar, Mod.: JAGF)

1.- Los heterónimos de Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935)



Si después de yo morir quisieran escribir mi biografía

no hay nada más sencillo.

Tiene sólo dos fechas

la de mi nacimiento y la de mi muerte.

Entre una y otra todos los días son míos.

(Fernando Pessoa/Alberto Caeiro; Poemas Inconjuntos; Escrito entre 1913-15; Publicado en Atena nº 5, febrero de 1925.)
Como Kavafis, en vida, Pessoa publicó poco. Solamente poemas sueltos en las revistas de vanguardia (por ejemplo, Orpheu y Athena fueron iniciativa suya). También un único libro de poesía, Mensagem (1934), galería de imágenes, personajes y paisajes portugueses marcada por el mito del “sebastianismo” (un redentorismo anunciador de futuras grandezas para la nación lusa).
La poesía de Pessoa es un inacabable viaje en torno a sí mismo, hecha con sensibilidad y sensualidad, entre la emoción y la monotonía de vivir, llena de melancolía y sentimiento de fracaso.
Es en 1914 cuando Fernando Pessoa, en una carta a su amigo Casais Monteiro, habla de la aparición de sus heterónimos. Podemos explicar este hecho desde diferentes perspectivas (psicológica, sociológica o puramente literaria), incluso la biográfica (bilingüismo, alcoholismo, obsesión por los horóscopos –era géminis-...).
Lo cierto es que su capacidad creativa y su imaginación le ayudaron a construir un espacio (que llamó drama em gente) que le permitiera enajenarse, hacerse otro, y desarrollar la complejidad de su pensamiento sobre la existencia; de ello se encargan esas máscaras (personae en latín), tanto heterónimas como ortónima (Pessoa ele mesmo), desde sus versos, sus ensayos o sus cartas.
El desdoblamiento del poeta, en realidad, ya estaba en la poesía desde, al menos, Garcilaso de la Vega, reflejado en sus dos célebres pastores, Salicio y Nemoroso. Antonio Machado también utilizó a sus complementarios, el famoso Juan de Mairena entre ellos. Pero Pessoa inventa para sus criaturas nombres y biografías imaginarias, así como estilos literarios diferenciados.
Los más conocidos son los heterónimos Álvaro de Campos (el vanguardista), Ricardo Reis (el clasicista), Alberto Caeiro (el mayor y maestro de los demás), Bernardo Soares (autor del espléndido O livro do desasosego), Coelho Pacheco y el ortónimo Fernando Pessoa (obviamente con el mismo nombre que el poeta, aunque eso no quiere decir que debamos confundirlo con la persona física real).
Sus primeros poemas los había escrito Pessoa en inglés, pues su formación inicial la había recibido en Sudáfrica, entre 1896 y 1905. Pero su verdadero camino poético lo encontró a través de sus ya citadas criaturas imaginarias.
Cuando volvió a Lisboa, abandonó los estudios de letras y se empleó como traductor de correspondencia comercial para diferentes empresas. Una oscura dedicación de oficinista, como Kafka, que no le satisfizo en absoluto pero que impulsó aún más su vocación poética.

Los heterónimos más importantes y el ortónimo Fernando Pessoa





  • Alberto Caeiro, el Maestro de todos ellos, será el heterónimo que Pessoa opondrá a sí mismo. Su breve obra (El guardador de rebaños, los Poemas inconjuntos) muestra a un hombre de visión ingenua e instintiva que rechaza la inteligencia para representar la realidad. Busca lo sensorial y lo natural, lo simple y primitivo para desarrollar un ejercicio tan difícil como llegar a lo poético desde lo apoético. Quiere una poesía próxima a lo oral, exenta de metafísica; pero contemplativa, hiperbólica y discursiva, sostenida por las sensaciones, para construir una regla de sabiduría que le permita vivir sin dolor, envejecer sin angustia y morir sin miedo. Vivió en el campo entregado a la contemplación y al goce de la naturaleza. Murió joven.




  • Ricardo Reis, médico y monárquico, tuvo que exiliarse a Brasil cuando llegó la república a Portugal. Discípulo y comentarista de Caeiro, sufre porque siente con intensidad la brevedad de todo y la fragilidad de todo lo que el hombre es capaz de hacer. Es el poeta amante del clasicismo y del paganismo. Escribió unas doscientas cincuenta odas, muy horacianas, lucrecianas y virgilianas, que son una meditación sobre el destino desde un nihilismo radical. Su neopaganismo es cerebral y reflexivo, de un epicureísmo escéptico tan complejo como laboriosos son sus versos. Es un “pagano triste de la decadencia” que se refugia en la exactitud y la perfección hasta crear una imagen de la felicidad basada en la renuncia. Su voz es una mezcla de resignación y moderado gozo de placeres que nunca deben comprometer su libertad interior (“Abdica / y sé el rey de ti mismo”). Busca una felicidad epicúrea, en la que también cabe el dolor y el sufrimiento, y supera estos estados ataráxica y estoicamente, mostrando una autodisciplinada indiferencia ante las pasiones. El suyo es un horacianismo exento de erotismo, porque desconfía de los sentimientos fuertes y del placer, aunque sí adopta el moralismo horaciano en sus meditaciones sobre el fluir del tiempo, los engaños de la fortuna, la aceptación de la muerte.




  • Álvaro de Campos, ingeniero naval, la más escandalosamente vanguardista de todas las máscaras (amante sobre todo del futurismo) y la más fecunda y versátil. Quiere serlo todo, sentirlo todo, tenerlo todo. Escribe febrilmente, en estados de exaltación y euforia. Es el futurista poeta de las fábricas y de la civilización mecánica (Oda Triunfal). Su estética, absolutamente antiaristotélica, se basa en la idea de fuerza; su estilo es torrencial y vertiginoso, de largos versos libres e irregulares, densamente anafóricos y onomatopéyicos. Es el heterónimo que más evoluciona y llega verdaderamente a la disolución del Yo en una especie de fase abúlica, escéptica, autoanalítica y frustrada, de un cansancio existencial llevado hasta la náusea que lo aísla y le hace sentir la realidad como algo terriblemente extraño. Hay que “sentirlo todo de todas las maneras”, hay que vivir “dentro de todos los crímenes”: es la base del sensacionismo (ismo creado por Pessoa), fundamentado en la expresión de sensaciones desenfrenadas, pero siempre desde la inteligencia, una vivencia cuyo fin es el mismo que buscan tanto Caeiro como Reis: dejar de sentir el dolor de vivir. De ahí el negativismo de Campos en


Tabaquería” (fragmento)


"No soy nada.

Nunca seré nada.

No puedo querer ser nada.

Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

(...)

Fallé en todo.

Como no tuve propósito alguno tal vez todo fue nada.

Lo que me enseñaron

Lo eché por la ventana del traspatio.

Ayer fui al campo con grandes propósitos.

Encontré sólo hierbas y árboles

y la gente que iba era igual a la otra.

(...)

Qué puedo saber de lo que seré, yo que no se lo que soy?

Ser lo que pienso? Pienso ser tantas cosas!

Y hay tantos que piensan ser esas mismas cosas

que no podemos ser tantos."


En el mismo sentido que “Tabaquería”, este otro poema:
Nada soy, nada puedo, nada sigo”

Nada soy, nada puedo, nada sigo.
Llevo, cual ilusión, mi ser conmigo.
No comprendo el comprender ni sé
Si he de ser, siendo nada, el que seré.

Esto aparte, que es nada, bajo azur
De vasto cielo un vano viento Sur
Me despierta y estremece en el verdor.
Tener razón, o triunfos, o aun amor,

Se marchitaron en el astil de la ilusión.
Y si no saber es vano, nada es la ensoñación.
Duerme en la sombra, incierto corazón.

(Traducción de José Luis García Martín)




  • Fernando Pessoa es a veces un lírico encerrado en los ritmos populares, otras veces un poeta de aliento épico. Quiere descubrir el secreto de las cosas y es un hombre melancólico que ver pasar el tiempo y siente el vacío de la vida.



Breve antología



Anarquismo


"La noche y el caos forman parte de mi.

Me remonto al silencio de las estrellas.

Soy el efecto de una causa del tiempo,

del Universo [quizás lo excedo].

Para encontrarme, debo buscarme entre las flores,

los pájaros, los campos y las ciudades,

en los actos, las palabras y los pensamientos de los hombres,

en la noche del sol y las ruinas olvidadas de mundos hoy desaparecidos.

Cuanto más crezco, menos soy.

Cuando más me encuentro, más me pierdo.

Cuanto más me pruebo, más veo que soy flor

y pájaro y estrella y universo.

Cuanto más me defino, menos límites tengo.

Lo desbordo todo. En el fondo soy lo mismo que Dios.

Mi presencia actual contiene las edades anteriores a la vida,

los tiempos más viejos que la tierra,

los huecos del espacio antes de que el mundo fuera."


Lo que se ha perdido


"Lo que se ha perdido, lo que se debería haber perdido,

lo que se ha conseguido y ha satisfecho por error,

lo que amamos y perdimos y, después de perderlo, vimos,

amándolo por haberlo tenido, que no lo habíamos amado;

lo que creíamos que pensábamos cuando sentíamos;

lo que era un recuerdo y creíamos que era una emoción;

y el mar en todo, llegando allá, rumoroso y fresco,

del gran fondo de toda la noche, a agitarse fino en la playa,

en el decurso nocturno de mi paseo a la orilla del mar."


Escrito num Livro Abandonado em Viagem / Escrito en un libro abandonado en un tren


Venho dos lados de Beja. 
Vou para o meio de Lisboa. 
Não trago nada e não acharei nada. 
Tenho o cansaço antecipado do que não acharei, 
E a saudade que sinto não é nem no passado nem no futuro. 
Deixo escrita neste livro a imagem do meu desígnio morto: 
Fui, como ervas, e não me arrancaram. 
Álvaro de Campos, heterónimo de F. Pessoa
Vengo del rumbo de Beja.

Voy hacia el centro de Lisboa.

No traigo nada y no encontré nada.

Cansancio anticipado de no encontrar nada,

Mi nostalgia no es por el pasado ni por el futuro.

Dejo escrita en este libro la imagen de mi muerto designio:

Fui como la hierba y no me arrancaron.

(Traducción de Octavio Paz)



2.- La poesía de Konstantinos P. Kavafis (1863-1933)



A Kavafis se le considera el poeta moderno más importante de la literatura griega. Icono de la cultura gay, funcionario y periodista, nació en Alejandría, Egipto, de un padre que era un rico comerciante oriundo de Constatinopla, pero establecido desde 1854 en Alejandría, para abrir una filial de su negocio londinense de telas y algodón. Cuando murió su progenitor, en 1870, su madre decidió regresar a Gran Bretaña (ella era inglesa) con sus hijos, para rehacer la fortuna familiar (intento que se verá pronto frustrado). El poeta vivió en Londres siete años. Después, pasó tres años en Constatinopla y se estableció ya para siempre en Alejandría, trabajando como funcionario en un ministerio.
En vida jamás publicó un libro de poemas, su obra solo la entregó en escasas muestras a sus amigos, lectores cercanos y jóvenes admiradores. Era bilingüe en griego e inglés, pero eligió para expresar su sensibilidad poética “la común habla griega”, en un tono coloquial, prosaico incluso, pobre musicalmente.
La ciudad de Alejandría, unas veces como metáfora del destino, otras como símbolo de la vida peregrina y la búsqueda de una Ítaca personal, es centro de su poesía. La ciudad se ve así revestida de un aire mítico, con un trasfondo helenístico y oriental. En sus poemas tardíos, Kavafis desenmascara su erotismo homosexual y materialista, centrado en la evocación de hipotéticos placeres carnales, a menudo recuerdos de hombres viejos que imaginan pasadas relaciones eróticas con jóvenes.
La permanente reescritura en pos de la depuración es una de las marcas de su trabajo, meditado, paciente y esporádico: Kavafis, en vida, eligió a sus lectores. Entregaba sus poemas, en plaquetas u hojas cosidas a mano por él mismo, a algunas personas seleccionadas entre sus no muy numerosos visitantes o a aquellas otras, a las que se acercaba, que entendía podían valorarlos. Entre 1891 y 1904 imprimió seis poemas de los casi doscientos que llevaba escritos; en 1904, catorce, y en 1910, veintiuno de los que guardaba. Kavafis imprimió poemas desde 1891, pero renegó de casi todos los de esa década.
Sus primeras creaciones poéticas comenzaron en 1886, principalmente de un estilo romántico, siguiendo la línea de D. Paparrigópulos, con evidentes influencias de Hugo y Musset. En 1891 imprimió en una hoja suelta un poema titulado “Constructores” y en 1896 escribió “Murallas”, un poema ya completamente kavafiano, donde ofrece la trágica realidad de la vida, el aislamiento del mundo y la soledad existencial. Los años más críticos para la formación de su estilo están entre 1896 y 1904. Es entonces cuando abandona su papel de poeta neorromántico. Una vez alcanzada la madurez poética hacia 1904, no se separará de su estilo personal, decadente y orientalista.
Después de su muerte, en 1935, se publica la edición de los ciento cincuenta y cuatro poemas que el autor consideró “canónicos” con el título de Ta Poiémata (Los poemas). Ediciones posteriores llegan a incluir un total de doscientos cincuenta y dos poemas.
W. H. Auden escribió que Kavafis tuvo tres preocupaciones fundamentales: el amor, el arte y la política, en el sentido griego original. A partir de ellas, y sobre todo de su entrecruzamiento y de lo que éste origina, construyó los ciento cincuenta y cuatro poemas que dejó autorizados.
El propio autor clasificaba su obra en tres áreas, atendiendo a su expresión poética: filosóficos, históricos y eróticos. Esto no impide que semánticamente los poemas de cada clase puedan tener esos temas u otros entremezclados bajo una forma determinada.


  • Respecto a sus poemas eróticos, muchos críticos han exagerado su hedonismo homosexual, sus poemas más eróticos son posteriores a 1915, y aun con su franqueza, conservan la nobleza y dignidad de los otros, se entremezcla lo artístico y lo erótico. Son muy leídos hoy sus poemas homoeróticos, que cantan las excelencias sensuales del amor furtivo, como "Recuerda, cuerpo...".




  • Los poemas históricos son los más característicos; tienen contenidos también hedonistas y didácticos, pero encerrados tras la máscara de la historia. Este secretismo ha sido objeto de discusión, lo más probable es que Kavafis intente con él dar forma a ideas difícilmente expresables de manera directa. Los personajes históricos de Kavafis tienen su propia personalidad, se llevan la importancia que no tiene en su poesía, como en la de otros, la naturaleza. Los períodos de la historia abarcados en las ambientaciones de los poemas son variados: auge y declive del Helenismo, el mundo greco-romano, la lucha contra los cristianos o el período bizantino. Kavafis compuso con frecuencia poemas no sobre grandes momentos históricos, sino sobre las decadencias después de los mismos, como el famoso “Esperando a los bárbaros”, “El dios abandona a Antonio” o “Ítaca”, algunas de cuyas frases han pasado a ser proverbiales. El lugar más importante de sus poemas es Alejandría, que se convierte en un símbolo.




  • Los poemas didácticos o filosóficos giran en torno a ciertas temáticas recurrentes: El destino irrevocable (“Murallas”), el sentido del deber y la dignidad humana (“Termópilas”) y la vanidad de la grandeza humana (“El dios abandona a Antonio”).


El estilo de Kavafis es en general pulcro y sobrio, carece casi de imágenes. Intenta expresar hasta lo más profundo de manera clara, pretende fijar una realidad, en ese sentido se le puede considerar un poeta 'clásico' dentro de la literatura griega moderna. Sus versos se preocupan más de su parte prosaica que de su forma, conforme a su realismo. La métrica es yámbica deliberadamente descuidada: número desigual de sílabas, rimas sólo irónicas o versos cortados. Poesía sustantiva. Ni profusión ni epítetos, entonces. Tampoco comparaciones ni metáforas. Sólo la palabra justa.
Respecto a la temática, se sitúa en el centro su propia experiencia personal: la imposibilidad de romper el aislamiento (“Murallas”), la imposibilidad de la huida (“La Ciudad”), la consciencia de que los monstruos siempre le acompañan en su interior (“Ítaca”).
Esto le lleva a otra de sus temáticas básicas: el intento de llenar el vacío interior, siempre individualista, nunca colectivo. El fracaso personal del autor dota a los personajes de indiferencia y decepción. Este vacío se ve en poemas como “En una ciudad de Asia menor”, en el que los ciudadanos crean una proclama a favor de Antonio, al haber ganado Octavio, cambian sólo el nombre de la proclama, ya que los elogios daban lo mismo. Y sobre todo en “Esperando a los bárbaros”: una civilización agotada espera la llegada de los bárbaros para volver al estado primitivo, pero los bárbaros no llegan, no existen.
Otro rasgo temático de Kavafis es la expresión de la complejidad psicológica, además de un análisis fatalista de la realidad y de sí mismo.
El filohelenismo de Kavafis es de carácter cultural, no activista o nacionalista, es como el que podría tener un extranjero. Se nota en que pese a la convulsa época de la nación griega que le toca vivir (expansión, guerras, éxodos...), se centra en la historia antigua. Dentro de la temática histórica se sentirá más atraído por figuras híbridas de lo griego y lo asiático, de épocas como el helenismo y el período bizantino. Su posición frente al cristianismo es dual, si bien cuando trata el enfrentamiento entre Cristianismo y Paganismo se pone al lado del primero; cuando trata a la Iglesia Ortodoxa le atrae sólo la parafernalia oriental de los ritos, no la espiritualidad; por ejemplo: “En la Iglesia”.
Los mejores poemas de Kavafis concentran la experiencia humana de una forma intemporal y por ello ha influido notablemente a autores de la poesía de la experiencia, como Luis Cernuda o Jaime Gil de Biedma. Sus piezas históricas más inspiradas pintan con gran fuerza cuadros realistas y decadentes de un pasado poco conocido y ciertamente fascinante: el oriente helénico, desde la antigüedad hasta el presente; demuestra que, como creían los griegos, la historia es cíclica, e insufla los sentimientos de la nostalgia y del miedo a lo desconocido en sus evocaciones. Posee el secreto de recrear la atmósfera cotidiana de los tiempos ya pasados.
En general, sus poemas son concisos y van desde íntimas evocaciones de figuras literarias y de ambientes referentes a la cultura griega, hasta el carácter moral, los placeres sensuales, la homosexualidad y la nostalgia. Su brevedad y la sencillez de su estructura “aparente” le otorgan a sus poemas un tono inconcluso.
Kavafis evita las emociones frontales, enmascarando los afectos dada su especial personalidad altiva y tímida al mismo tiempo que ponía en relieve una cierta ironía. Pero aún así, su poesía se convierte en un torrente de nostalgia por lo pasado, al recuerdo y a la historia; de hecho, temáticas como la vejez, la muerte y el tiempo son constantes en su obra.
Creó un estilo personal, algo solemne y arcaico, mezclado con el griego de su época. En sus versos se integran la historia helenística y bizantina con asuntos contemporáneos. Kavafis tiene la particularidad de dar a la Historia presente en sus obras un carácter sensual y erótico, un medio de expresión de su filosofía y didactismo. Por un lado recupera para la poesía la riquísima historia antigua de su país; por otro, en un tono melancólico, el poeta intenta recuperar los momentos de una juventud perdida, sus primeras experiencias sexuales, el calor de lo erótico del cuerpo de los amantes, etc.
(De Emilio Toibeiro “Calle Lepsius, 10: Recuerda. Cuerpo (Konstandinos Kavafis, 1863-1933), en www.tijeretazos.net/Literaria/Kavafis/; y http://es.wikipedia.org/wiki/Cavafis)
Ítaca


Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo,

lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni la cólera del airado Posidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta

si tu pensamiento es elevado, si una exquisita

emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes

y el feroz Posidón no podrán encontrarte

si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,

si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,

que sean muchos los días de verano;

que te vean arribar con gozo, alegremente,

a puertos que tú antes ignorabas.

Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,

y comprar unas bellas mercancías:

madreperlas, coral, ébano, y ámbar,

y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades del Egipto

para aprender, y aprender de quienes saben.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ellas, jamás habrías partido;

mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.

Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,

sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.


Que el dios abandonaba a Antonio





Cuando de repente, a medianoche, se escuche
pasar una comparsa invisible
con músicas maravillosas, con vocerío -
tu suerte que ya declina, tus obras
que fracasaron, los planes de tu vida
que resultaron todos ilusiones, no llores inútilmente.
Como preparado desde tiempo atrás, como valiente,
di adiós a Alejandría que se aleja.
Sobre todo no te engañes, no digas que fue un
sueño, que se engañó tu oído:
no aceptes tales vanas esperanzas.
Como preparado desde tiempo atrás, como valiente,
como te corresponde a ti que de tal ciudad fuiste digno,
acércate resueltamente a la ventana,
y escucha con emoción, mas no
con los ruegos y lamentos de los cobardes,
como último placer los sones,
los maravillosos instrumentos del cortejo misterioso,
y dile adiós, a la Alejandría que pierdes.



Esperando a los bárbaros





-¿Qué esperamos reunidos en el ágora?
Es que los bárbaros van a llegar hoy día.
-¿Por qué en el Senado tal inactividad?
¿Por qué los Senadores están sin legislar?
Porque los bárbaros llegarán hoy día.
¿Qué leyes van a hacer ya los Senadores?
Los bárbaros cuando lleguen legislarán.
– ¿Por qué nuestro emperador se levantó tan de mañana, y está


sentado en la puerta mayor de la ciudad sobre el trono, solemne,
portando la corona?
Porque los bárbaros llegarán hoy día.
Y el emperador esperar recibir
a su jefe. Y más aún ha preparado
un pergamino para dárselo. Allí
le escribió muchos títulos y nombres.
-¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores salieron
hoy con sus togas púrpuras, bordadas;
por qué se pusieron brazaletes con tantos amatistas,
y anillos con magnificas, brillantes esmeraldas;
por qué toman hoy día valiosísimos bastones
en plata y oro espléndidamente labrados?
Porque los bárbaros llegarán hoy día
y tales cosas deslumbran a los bárbaros.
-¿Por qué tampoco los valiosos oradores no acuden como siempre
a pronunciar sus discursos, a decir sus cosas?
Porque los bárbaros llegarán hoy día;
y los aburren las elocuencias y las arengas.
-¿Por qué comenzó de improviso esta inquietud
y confusión? (Los rostros qué serios que se han puesto.)
¿Por qué rápidamente se vacían las calles y las plazas
y todos regresan a sus casas pensativos?
Porque anocheció y los bárbaros no llegaron.
Y unos vinieron desde las fronteras
y dijeron que bárbaros ya no existen.
Y ahora qué será de nosotros sin bárbaros.
Los hombres esos eran una cierta solución.



Cuanto puedas





Y si no puedes hacer tu vida como la quieres,
en esto esfuérzate al menos
cuanto puedas: no la envilezcas
en el contacto excesivo con la gente,
en demasiados trajines y conversaciones.
No la envilezcas llevándola,
trayéndola a menudo y exponiéndola
a la torpeza cotidiana
de las compañías y las relaciones,
hasta que llegue a ser pesada como una extraña.



La ciudad


Dices: "Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
Y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo los ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí".


No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques -no la hay-
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.



Recuerda, cuerpo


Cuerpo, recuerda no solamente cuánto fuiste amado,
no solo los lechos en que te acostaste,
sino también aquellos deseos que por ti
brillaban en los ojos manifiestamente,
y temblaban en la voz; y algún
obstáculo casual los hizo vanos.


Ahora que todo ya está en el pasado,
parece casi como si a los deseos
aquellos te hubieses entregado; cómo brillaban,
recuerda, en los ojos que te miraban;
cómo temblaban en la voz, por ti, recuerda, cuerpo.






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