Lo que entonces quedó sin escribir se ha visto posteriormente inscrito en lo que hoy conozco como mi yo, y cuanto más vivo más convencido estoy de que cuando digo “yo”, en realidad estoy diciendo ¨nosotros¨ ”- por Siri Hustvevt de su novela : “Todo cuanto amé”






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títuloLo que entonces quedó sin escribir se ha visto posteriormente inscrito en lo que hoy conozco como mi yo, y cuanto más vivo más convencido estoy de que cuando digo “yo”, en realidad estoy diciendo ¨nosotros¨ ”- por Siri Hustvevt de su novela : “Todo cuanto amé”
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EL LENGUAJE ESCRITO- LA ESCRITURA


La escritura, de ella hablaremos, necesita una estructura determinada, y al tener que hacerla de alguna manera, ser colocada en una página, sea del material que sea, y respetar un orden establecido, de izquierda a derecha, o la inversa, de arriba abajo o a la inversa, lo que implica varios procesos intermedios, que se suman a lo que ya el lenguaje oral implica como alejarse de lo vivido.

Sin embargo esta cuestión puede repensarse; el habla ya incorporada (por la evolución y la adaptación) se manifiesta en el intercambio emisor receptor y viceversa, es así que una de las partes emite un sonido que surge de la intención de manifestar un mensaje,

y utiliza un código adquirido en tanto sabe que el otro conoce el mismo. Para ello ha tenido que procesar información devenida del hecho en si y sus relaciones, que quiere comunicar y de la búsqueda del modo lingüístico para transmitir.

Las cuerdas vocales reciben la orden y el aparato fonador emite sonidos, que emergen como materia de ondas vibratorias o corpúsculos que se trasladan por el aire, y son captados por el aparato auditivo de otro, que envía la información al cerebro, y decodifica el mensaje.

Aquí se suman gestos si se esta cara a cara, o ondulaciones del sonido que demarcan intenciones, graves y agudos, más o menos intensidad de volumen, y que de un u otra manera, tienden desde el emisor, a acercarse lo más posible a la experiencia que se desea comunicar. Es necesario, para que la comunicación se instale, que exista disposición de escucha del otro, y feedback o retroalimentación, es entonces que el circuito se establece y el juego de lenguajes, con todo lo que anteriormente mencionamos, acontece y sucede.
Por ello la escritura parece más distante y establece un puente en donde las partes que establecen el “diálogo” no están allí en el medio, sino en cada punta, extremos imaginarios, que valga la redundancia, imaginan el escritor y el lector cuando aparentemente se conectan desde el texto, escrito una vez en un tiempo y espacio,

leído otra vez, en otro tiempo y espacio.

En realidad, o como quiérase decir, el escritor lo hace a solas físicas, y el papel donde expresa su escritura es su único contacto concreto, aún cuando imagine un lector, no es el lector que es cuando este estará leyendo lo que antes escribió.

Similar situación vive el lector que establece un vínculo con las letras, con lo escrito,

y decodifica a su manera lo que lee, hoy lee lo que antes se escribió.

No hay feedback entre las partes, sino con un tercero imaginario que no esta allí, pero si esta allí en otra parte, una parte imaginaria (quizás la foto del escritor en un libro acerca al lector a su persona, quizás por eso se usa).

Por eso la obra, el texto, se convierte en algo en si mismo, que paradojalmente si bien esta estructurado en forma más o menos rígida por el que escribe, y es leído desde parámetros preestablecidos por el que lee, asiste en mayor grado de libertad a los participantes del suceso, tanto de escribir como de leer.

Es probable que tengamos que pensar desde Blanchot, que una vez que la obra esta escrita, es la Obra, ya no es lo que escribió el que la escribió, sino que es un hecho en si, libre de ataduras: es lo escrito en si, a disposición de un lector para si que leerá lo que quiera leer, e interpretará lo que desee, ya no es más del escritor sino del lector.

Es como el cuadro de un pintor, que una vez pintado, ya no es más de él, sino del que lo mira, lo goza, lo critica, o le es indiferente.

Es también como la película de un director de cine, que tal como comentó Robert Altman al recibir su Oscar Honorario 2006: “Las películas con como castillos de arena en la playa, uno los construye con sus amigos (se refería a su equipo), se toma una cerveza y luego al anochecer ve como la marea se lo va llevando”, la marea es el público que va viendo sus películas.

Quizás, solo quizás, los grandes poetas y escritores de cuentos o novelas, son grandes valiosos, trascendentes, cuanto más pueden transmitir vivencias afectivas (preceptos) vinculadas al hecho en si que pretenden hacer leer, y una mayoría de lectores coinciden en que las descripciones o versos, dan cuenta de un estado en si bastante parecido en la vivencia descriptiva.

Sin embargo, aún así, son dependientes, dependen de los lectores, de la sensibilidad que ellos posean para conectarse en un nivel de códigos que le facilite experienciar lo leído, y acercarse a la emoción o significación del relato.

Desde aquí podemos decir que, lo que parece ser no es lo que se piensa de la escritura como un hecho que distancia, por el contrario estamos ante un hecho que acerca, esto puede ser pensado si dividimos en tres esta instancia comunicacional: escritor-obra-lector, siendo cada una de ellas en si mismas un hecho en si y sus relaciones. Por lo tanto es más libre, posee menos trampas, en lo que respecta a percibir lo real que cada uno considere real. En cambio, ante el lenguaje oral la trampa esta clara, la onda “sonido”, la onda “palabra” emitida viene energéticamente y simbólicamente cargada por el emisor y su influencia es directa. Por otra parte la onda o palabra escuchada al instante es metabolizada desde la influencia que el perceptor del oyente dispone, de su estructura y constructor. Es inevitable el ruido comunicacional, y aquí traslado la metáfora sartreana de la mirada del otro que nos cosifica, a un decir que el habla del otro nos hace cosa en su intención, así como la escucha del escuchante hace cosa del mensaje emitido.

Solo una profunda intención empática de ambos puede soslayar esta trampa, o por lo menos alivianarla, y de eso se trata nuestra intención, de facilitarla.

Sabemos que no es muy común, y puede sonar utópica mi intención, no por ello dejaré de decirla.

En esto coincido con Jean Paul Sartre, en aquello que lo que cada uno piensa para si, o para el pequeño grupo que pertenece, lo piensa desde una verdad o una certeza que considera aplicable al mundo entero, y no digo el universo, porque todavía no sabemos bien de que se trata.

El tema es que esto sea una verdad y no una Verdad, desde la cual no pretendamos imponer al otro la nuestra, solo implica comprometerse activamente con lo que uno piensa y aceptar el compromiso del otro con lo que piensa, siempre y cuando el otro no quiera imponerme lo que ese otro piensa.


  1. QUIENES SOMOS


Ahora, para continuar mis relatos, en esta instancia de los mismos, se me impone seguir contando como pienso el quienes somos, como nos fuimos constituyendo en el devenir de una serie de sucesos, y es así que un día surgimos, emergentes desde un algo o alguien que nos preexistió, como especie y como la persona individuo que somos.

Como especie: mamífera.

Como persona, que es lo que somos, desde una madre que decidió tenernos, y un padre que colaboró para que la especie siga subsistiendo.

Somos humanos, que nos autodenominamos como: Personas

No es casual haber elegido ese término para auto referirnos.

Esto fue producto de un devenir, no siempre nos llamamos así, incluso en la antigua Grecia no había una palabra para auto-referirnos, era más importante la “Physis” y la “Polis”, el cuerpo, lo natural, la apariencia y la pertenencia a lo socio político.

Los autores de las “Tragedias” acudieron al término “prósopon”, la máscara que utilizaban los actores en sus presentaciones, a través de las cuales representaban distintos estados de ánimo, estados notorios de tristeza, alegría, odio, terror.

Máscaras que tenían una especie de manija debajo de ella, que les permitía cambiarlas cuando necesitaban marcar alguna emoción, algún sentimiento. La voz sonaba más intensa, en una especie de eco, quizás algo gutural y extraña, reforzando de alguna manera lo que se quería representar.

Máscaras de semi cuerpos con cara que adornaban las proas de los barcos, y que en ambos casos, el de los actores y el de los navíos, representaban algún tipo de identidad, que era necesario mostrar a otro, como apariencia, para presentarse e influirlo de alguna manera.

Es desde esa idea que Aristóteles fue el primero que utilizó el vocablo “prósopon” para designar al individuo humano, y fueron los romanos los que inauguraron la palabra Persona tal como hoy la usamos, no sin variadas contradicciones al respecto.

Por un lado remitiendo a lo que se ve, a lo que se muestra, y por otro a lo que esta oculto detrás de la máscara que se y que se muestra.

Contradicciones que nos recorren, quizás por darnos cuenta que así somos, seres vivos que al sabernos a nosotros mismos debemos tomar distancia, poner el Yo entre el otro y nosotros, para no soltar la mismidad, para cuidarla de la mirada que nos puede cosificar, estar a expensas del deseo de ese otro, o hacernos sentir como de cristal, muy frágiles.

Es por ello que prefiero pensar en dos términos para auto nominarnos, el de persona y el de personaje, el primero referido a lo que somos en la interioridad del ser, el segundo a lo que mostramos en las relaciones en donde necesitamos cuidarnos.

En mi concepción la Persona esta vinculada a la mismidad, al mí, el personaje a la yoicidad, al yo, más adelante veremos que quiero decir con esto.
Así somos, esta es nuestra constitución de Ser, desde el lenguaje que nos recortó y recorta nuestra naturaleza se hace no natural, que es natural porque es nuestra naturaleza, valga la paradoja nuevamente.

Somos un ser vivo que desde el hablar aprende a pensarse a si mismo, y eso lo diferencia sustancialmente, ni para mejor o para peor, ni en más o en menos, simplemente lo hace diferente a todos los demás seres vivos, en tanto salto cualitativo. Somos un ser vivo más, y como tal poseemos una tendencia vital, una pulsión vital, un elán vital, una energía que tiende a expresar la vida, a vivir.

Por ello, la principal energía psíquica, la que condiciona como base lo que somos y seremos es: la tendencia a vivir. Varios autores de una u otra manera han remitido a esto, S. Freud con sus Pulsiones de Vida y Muerte y la Libido Sexual, C. Jung con la idea de Libido como energía total, Carl Rogers con su Tendencia Actualizante, Kurt Goldstein con su Tendencia a la Auto actualización, Abraham Maslow con su Tendencia a la Autorrealización, yo mismo con la Pulsión Vital y la auto actualización.

Autores (entre otros) que de uno u otro modo de elaborar conceptos, han considerado que puede haber un impulso, una “fuerza” de lo vivo que tiende a expresarse hacia, y compele motivando, es decir siendo fuente de las motivaciones más básicas.

La vida tiene un primer paso, la unión de gametas, de pares, de dos que se hacen uno, en nuestro caso de un espermatozoide y un óvulo.

El feto es Uno, un primer uno producto de dos.

El feto al vivir se hace uno con su contenedor biológico: la madre.

La Madre y el feto son uno.

Al nacer se produce el segundo dos, la gravedad, el aire, el afuera y el recién nacido, uno-cero (el cero es lo otro)

Somos binarios por excelencia, desde el principio hasta la muerte, uno-cero.

Desde el principio buscamos el uno, la totalidad experienciada en la vida fetal.

Una búsqueda imposible, con algunos engaños preceptúales en el camino hacia el otro uno que nos espera: la muerte, que nos vuelve a hacer uno. Esos engaños son el enamoramiento, la pasión, el orgasmo, las experiencias cumbres que mencionó A. Maslow, quizás algún viaje místico, un instante en la meditación, otro instante con algún alucinógeno, y quizás algún momento especial, lo que sea o haya sido especial para cada uno de nosotros, un momento, un instante, una instancia de unidad, solo eso.

Siempre vivimos y existimos partidos buscando lo uno. Esto es algo que puede explicar los conceptos de Dios, de trascendencia, de felicidad, de encuentro, de éxtasis, conceptos que minimizan la angustia existencial a que estamos condenados por estar y ser siendo divididos. De allí procede la barra que separa la palabra que nos auto refiere.

Per/sona de “per-sonare”, de mascara, como ya he explicado anteriormente.

Per/sona de un Mi tapado por un Yo. Ilusión de sentido, tal como la creencia en la trascendencia, o en un más allá o más acá. Construcciones conceptuales que ayudan a vivir, valen por ello. Somos binarios, uno-cero.

Nuestro cerebro, por ahora, construye binariamente, y como ya vimos cuando comentamos el “Génesis”, en donde una vez que Dios hizo la luz, tuvo que nombrarla como día, a las tinieblas como noche, para darle entidad de real, y aludir a lo que hace bien y lo que hace mal, lo bueno y lo malo, y si queremos ir más lejos para pensar en las emociones básicas la tristeza y la alegría. Nuestros vínculos son siempre binarios, aún en la relación con nosotros mismos, allí, aún allí, para pensarnos y vincularnos debemos salir de nosotros para “mirarnos” como otro que nos mira. A veces por esto, cuando nos encontramos hablando con nosotros mismos, es decir pensando en ese que soy yo desde otro que soy mi o viceversa, nos preocupamos en ese breve instante del darnos cuenta de la división, ¿estaremos locos? nos decimos. Y no, no porque nos lo decimos en pregunta, y esa es la diferencia entre aquel que si esta loco y aquellos que no, por lo menos por ahora. El loco, el esquizofrénico, en realidad, y paradojalmente, esta más sano, más congruente en tanto vive directamente en si la división, esta dividido como nosotros pero no se engaña, como nosotros si lo hacemos. Su dificultad, la del loco, es que vive en un mundo de “cuerdos”, adaptados en la división mi/yo, en tanto es eso lo que hemos acordado (de aquí deviene la palabra cuerdo) acerca de lo que es estar cuerdo y adaptado al grupo de pertenencia.

Hemos acordado estar enmascarados, y eso parece que también ha servido para sobrevivir, hasta ahora. Es la característica de nuestra especie, lo que nos ha constituido como tales. Quizás los genios, los sabios, los iluminados, los brujos, los chamanes, los gurúes, los distintos, sean aquellos que se han animado ha transitar en si el quiebre que muchos no nos permitimos vivenciar.

El tema, como dijimos, e insisto, es el lenguaje, el lenguaje como la gran aparición que hace a lo humano, esa materia que nos permite defender la vida como individuo y como especie, ese descubrimiento que algún antepasado hizo y que sirvió para seguir aquí.

El lenguaje construye la máscara del ser.

Una trampa que nos permite seguir vivos.

Una trampa bien codificada, bien dicha, bien contada como tal en los mitos de Adán y de Prometeo, en donde Dios nos castigó por hacernos quienes somos: antinaturales en nuestra naturaleza humana. Nos echaron del paraíso, del Edén, nos condenaron al quiebre, al existir siendo sin saber quienes somos siendo, y lo que es aún peor, con la idea de creer que vamos a saberlo algún día.

El filósofo Baruch Spinoza nos ha dicho que nacemos con la posibilidad de dos emociones básicas: la tristeza y la alegría, ya referí antes a eso al hablar del Génesis.

Lo binario emocional conduce a lo binario conceptual, lo malo y lo bueno, el bien y el mal.

Lo que sentimos que nos hace bien lo buscamos, lo que sentimos que nos hace mal lo rechazamos y lo experienciamos como una amenaza, de la cual como organismo vivo nos defendemos.

Cuando estamos siendo bien la vida transita fluida, armónica, congruente.

Cuando estamos siendo mal el existir se complica, sufrimos desarmonías, síntomas, incongruencias. Destaco aquí, y remito a ellos, a los aportes del ya mencionado Kurt Goldstein, el padre de la Psicología Humanística, pocos como el han definido también la energía base que nos sostiene y nos impulsa, aquella que denomina vivencia de catástrofe, que rompe el equilibrio homeostático y nos compulsa hacia la homeodinamia.

Somos binarios, uno es vida, cero es antes o después de ella, o sea la nada, de donde venimos y adonde vamos. En el medio, mientras tanto cuidamos la vida que somos, y todas nuestras conductas y comportamientos devienen de allí, y solo desde allí pueden ser comprensibles. Si nuestra intención es ayudar, ser justos, solidarios, buenos, tenemos que tener en cuenta esta obviedad, aquella que indica que todo lo que hacemos

lo hacemos en una primera instancia para sobrevivir, si lo logramos vivimos, y si alcanzamos cierto nivel de seguridad en lo que somos viviendo, podemos plantearnos existir, tomar en cuenta al otro como un nosotros que coexiste en el mismo sentido vital, un par, un congénere que necesitamos y nos necesita, y de nuevo la empatía.

Todo animal, y eso somos, se conduce con un repertorio de comportamientos que le permiten primero sobrevivir y luego vivir, alimentarse, defenderse, procrearse y cumplida su meta de especie, morir. Todo animal, de la especie que sea, si bien puede manifestar algún aprendizaje particular como individuo, no se aleja de lo básico de lo que es, de su esencia, si lo hace tiene dos caminos: muere o se hace otra especie.

Nosotros, al pensar y hablar o viceversa, nutrimos nuestra inmensa red neuronal, y enriquecemos de tal manera ese caudal de comportamientos que construimos conductas, algunas propias otras adquiridas en los grupos de pertenencia, que nos hace sentir uno en tanto identidad y percibir cero al otro que no es o pertenece a lo que somos o pertenecemos. Cada uno de nosotros hacemos nuestra propia especie, y si bien compartimos lo común a lo humano general y al grupo del cual somos siendo parte, cada uno, incluso con nosotros mismos somos uno y el otro cero.

Esto es el eje de la idea que deseo dejar planteada.

Todo lo que hacemos es todo lo que somos, y si lo que hacemos es vivir eso es todo lo que somos un ser vivo que desea eso vivir, y lo que hace tiene esa intención principal, primaria y final. Solo basta observar detenidamente cualquier conducta, sea una acción, un pensamiento, un imaginario, un sueño, tienen, en un principio, la intención de preservar al organismo que somos. Toda acción es reacción.

Todo pensamiento es para resolver lo importante, lo grave como nos dice Heidegger.

Todo lo que imaginamos es para revisar o prever.

Todo sueño es una comunicación de nuestro fondo perceptual, que simbólicamente, libre de las trabas de la censura ordinaria, nos demarca cuestiones que nos pasan, y nos indica caminos. Reaccionar, resolver, revisar, prever, darse cuenta de los mensajes de nuestro fondo, se colocan, están, aparecen, como disposiciones existenciales, es decir para ir hacia el mundo, hacia fuera, en el pro-yecto de vivir y existir.

Digo, decimos vivir y existir porque pensamos que son dos niveles de estar en el mundo, uno de base biológica conductual, otra de cimientos psicoespirituales,

ambas sin embargo, puestas a disposición de cumplimentar los designios de la especie, los simples designios de transitar, procrear y morir.

Toda creación por sobre estos principios sirven de sostén de los mismos, sino se anulan o desaparecen. Toda cuestión de lo humano sea en el nivel que sea sostiene lo humano, sostiene a los humanos, a las personas en si, a cada uno como tal, y al todo que somos.

Las ideas, las creencias, la filosofía, las ciencias, las disciplinas, el arte, las religiones, son cuestiones que emergen para que la especie se sostenga.


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