¿por qué fernando rospigliosi, jaime bayly y aldo m también se afanan en “aislar (y demoler) a ollanta humala”? (II)






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1.6 ¿No fue ni es fascistizante el fujimorismo?

Mas, el problema de MA no es solo su actitud contemplativa, doctrinarista e individualista. Como lo expresan claramente sus últimos escritos, no logra sacarse de la cabeza los esquemas y contenidos políticos populistas de los años 60 y 70 del siglo pasado, cuando sus mentores ideológicos, a partir de sus concepciones sobre la sociedad y la revolución, caracterizaron el proceso velasquista como esencialmente fascista y repetían la caracterización del Apra como fascista, hecha por Eudocio Ravines: “En nuestro país -nos dice MA, sin aportar más “demostración” que una relación abstracta de características del fascismo- a lo largo de la historia del siglo XX podemos reconocer la formación de tres movimientos fascistas: en primer lugar el APRA de Haya, Villanueva y las bandas de ‘búfalos’ entre los años 30 y 60; en segundo lugar la Unión Revolucionaria de Sánchez Cerro y Flores en la década de 1930; y en tercer lugar el movimiento ‘velasquista’ de la década de 1970.” (“Nacionalismo, socialismo y fascismo“, de MA, 26-05-11)

Desde ese enfoque y esas ideas políticas, a MA le resulta imposible comprender la vida socio política misma de los años 90, cuando la guerra interna, con todo lo que ésta representó, generó las necesidades e impulsos en los explotadores y su estado para que los gobiernos de ese entonces y sobre todo las FF.AA. experimenten un proceso de fascistización, llegando a su máxima expresión durante el fujimorato y de manera particular a partir del 5 de abril de 1992. Necesidades e impulsos de fascistización que si no se desarrollaron plenamente se debió al pare que le hicieron al fujimorato organismos internacionales y sobre todo a la ascendente lucha democrática del pueblo y otros demócratas peruanos, culminada victoriosamente con la Marcha de los cuatro Suyos; que no por casualidad, MA ignora, desdeña y calumnia con acentuado maniqueísmo como obra de la CIA y del financista Soros.

Desde ese enfoque, el fujimorismo no fue ni es fascistizante, insinuando más bien que lo es el PNP, por ser continuador del velasquismo “fascista”, según el esquema de MA: “Tanto el neoliberalismo fujimorista, como el populismo humalista, son movimientos políticos burgueses antidemocráticos, eso no está en duda. Pero si somos objetivos, y conocemos la historia contemporánea, a la ligera no podemos calificar a esos dos movimientos como fascistas (N y S de DAC).” (“Nacionalismo, socialismo y fascismo“, de MA, 26-05-11)

Para MA, solo podemos calificar de fascista o germinalmente fascista a uno de los dos movimientos en contienda electoral, quedando claro, a pesar de no decirlo francamente con todas sus letras, que para MA el PNP y a OH si lo son: “A la luz de esta relación de características (anti socialismo, anti liberalismo, nacionalismo, corporativo y autoritario -paréntesis de DAC) tenemos que analizar cuál de los dos movimientos que están pugnando en la actualidad por la presidencia lleva en su seno el germen y se encuentra más próximo a degenerar en un movimiento fascista… Esa evaluación concreta, la tenemos que hacer cada uno de nosotros por nuestra propia cuenta, y no dejarnos engañar por la demagogia nacionalista, ni caer en la temporal borrachera populista y nacionalista (N de MA) actualmente en apogeo en nuestro país.”

Una vez más presente el “análisis concreto” de MA, en este caso, una plantilla de características del fascismo, al margen de la historia concreta de la lucha de clases, que ocultan las necesidades e impulsos fascistizantes del fujimorato, así como su trágica y repulsiva plasmación en el Perú de los 90.

Así resulta ya más entendible el rechazo de MA a Gana Perú, su aparente indiferencia ante un posible triunfo electoral de Keiko Fujimori, sus críticas, menosprecios y verdadera molestia ante la masiva e intensa lucha contra el fujimorismo de ese vital y precioso sector de lo mejor de nuestro país que representa la juventud popular y progresista peruana y su convocatoria al “voto digno”; que en el contexto de la presente lucha de clases concreta en el Perú de hoy día es realmente un voto por el fujimorismo.

1.7 ¿Merecen los socialistas peruanos la acusación de arrastrarse ante el nacionalismo burgués?

Pero MA no solo combate a Gana Perú y a OH, sino que desde su incontaminado purismo “socialista” ataca a todos los dirigentes de las izquierdas que hemos participado en las elecciones al Congreso dentro del mencionado frente político, caracterizando indiscriminadamente como “rastreros” no solo a todos quienes participamos en Gana Perú sino a quienes luchamos en la década de los 90 contra el fujimorato hasta su derrota el año 2000: “No nos ponemos a la cola de las organizaciones políticas de la burguesía. No apoyamos a Fujimori el año 1990, no apoyamos a Toledo el año 2000 y 2001, y tampoco apoyaremos a Humala el 2011. En la comedia de la política criolla peruana, ese papel rastrero (negritas y subrayado de DAC) lo dejamos a la ‘izquierda’ peruana, …” (Comentario Nº 7, de Miguel Aragón, 17-04-2011)

Palabras que traslucen de manera inequívoca que MA no solo no participó en la masiva lucha contra el fujimorato (o fujimontesinismo en el gobierno), que el pueblo y los distintos tipos de demócratas peruanos intensificamos a partir de 1997 hasta la insurgencia democrática de masas sintetizada en La Marcha de los Cuatro Suyos, sino que consideró inconveniente e incorrecto participar en esa lucha; que históricamente constituye el punto de partida de las demás luchas masivas de los primeros lustros del siglo XXI, que se han desarrollado contra el capitalismo realmente existente en nuestro país, el neoliberalismo. El pretexto: que aquella lucha estuvo liderada en su parte final por Alejandro Toledo, detrás de quien estaba Soros, y él (MA) no se alía con ningún burgués, en ninguna circunstancia, así fuere para combatir al militarismo fascista.

Más aún, no solamente MA oculta el carácter militarista fascistizante del fujimorato sino que llega a justificar la plena imposición de la política neoliberal que hizo este gobierno, ya que, aparentemente en abstracto, preconiza que la aplicación de aquella política, el autogolpe fujimorista, la imposición de la constitución de 1993, “el despido masivo de los trabajadores, desregulaciones laborales y otras medidas conocidas que eran necesarias para ese momento (S y N de DAC)” y punto (“Urgente: elecciones 2011…”, de Miguel Aragón, 16-05-2011), planteándolo así, por encima de una ubicación histórico concreta en la lucha de clases y sus correlaciones de fuerza (cuando en el mundo había sido derrotado el socialismo del siglo XX y en el Perú, ese enorme aborto de la revolución que significó el inicio y desarrollo de la guerra interna, habían facilitado el ascenso del fujimontesinismo y el desbaratamiento del movimiento popular y de su organización de ese momento; cuando los imperialistas y todos los reaccionarios desarrollaban en todo el mundo una multilateral y agresiva contraofensiva reaccionaria contra el socialismo, la clase obrera, los pueblos y las naciones oprimidas) sin ninguna condena moral (por lo menos progresista y democrática) de su parte contra dicha imposición y desde la pretendida frialdad “científica” del observador “imparcial” y “objetivo”.

¿Qué diferencia esencial existe aquí entre estas afirmaciones de MA y las de los fujimoristas más recalcitrantes cuando repiten que en las condiciones de 1992 su autogolpe fue necesario, inevitable y salvador del país? Aquí no se evidencia el análisis objetivo y realista del combatiente, ninguna concepción y método dialéctico materialista, como filosofía de la praxis, filosofía de la lucha, sino una contemplación no solo fatalista y resignada sino adaptada y justificadora y una moral de complicidad; enfoque y actitud emparentado con el positivismo en filosofía y el neoliberalismo en política. Para qué, entonces, tanta discusión teorética sobre si la concepción y método marxista es dialéctico materialista o materialista dialéctico, si a la hora de estudiar la vida y la lucha concretas se lo hace desde un enfoque y una ética tan distintos a los del marxismo.

Constituye, pues, un deber, ante el cual los socialistas no podemos hacernos de la vista gorda, profundizar el análisis, contestar y refutar la propaganda doctrinarista, contemplativa y fatalista de MA, que lejos de orientar a las nuevas generaciones socialistas, las neutraliza, desorienta e invita a la pasividad y el sometimiento político de facto ante la burguesía y su actual política mundial neoliberal, más allá de frases formalistamente muy socialistas.

    1. MA “descubre” que todas las izquierdas ignoran u ocultan el carácter burgués del PNP

Como hemos visto, MA sustenta el desarrollo de su postura política en dos afirmaciones generales: 1) La naturaleza burguesa del PNP, hecho por el cual, según él, ningún socialista auténtico debería aliarse prácticamente en ninguna circunstancia y 2) Peor aún, que este partido levanta y desarrolla la política más reaccionaria (“la restauración populista”) de todos los partidos y alianzas que han estado y están en campaña electoral, incluyendo a los neoliberales, en general, y al fujimorismo, comprobadamente militarista y semi fascista, en particular; mayor motivo aún -siempre según MA- para rechazar y condenar cualquier alianza de los socialistas y progresistas con el PNP.

Reparemos bien que, según este enfoque, no se trataría aquí de la posibilidad o realidad de que la postura moderadamente anti neoliberal del PNP ceda a la presión gran burguesa e imperialista, para terminar capitulando ante su neoliberalismo; porque en el razonamiento de MA eso sería para él preferible, un mal menor, de carácter solo conservador, ante un pretendido “reaccionarismo” actual del “populismo” ollantista.

Por ello, es el segundo de los puntos arriba señalados el que concentra la confusión y desviación que MA viene difundiendo en el movimiento socialista, sin que haya merecido hasta ahora la debida contestación. Es este punto, por lo tanto, el más importante tema a dilucidar y en el que nos veremos obligados a extendernos un poco en el desarrollo de nuestra argumentación. Porque más hondo y determinante que la naturaleza de clase de cualquier movimiento político es su ubicación en la historia, el sentido y papel progresivo, conservador o reaccionario de su teoría y sobre todo de su actuación política, en cada contexto concreto de la lucha de clases. Sobre esa base, los socialistas no solo podemos sino que tenemos el deber de apoyar, neutralizar o combatir a cualquier partido político y realizar todas las alianzas necesarias para ello; partiendo del hecho de que los socialistas constituyen -o deben constituir- el movimiento contemporáneo más progresista y revolucionario de todos, sobre todo por expresar a la clase obrera; a pesar que desde un comienzo no tenga todavía el respaldo de las masas, la que solo se puede conquistar mediante un arduo y prolongado trabajo, científicamente planificado y orientado.

Pero antes de tratar este punto esencial, es necesario un breve paréntesis para recordar que el “descubrimiento” de MA sobre la naturaleza burguesa del PNP, que ideológica y políticamente se expresa como nacionalismo burgués, es hace ya varios años consenso entre los socialistas peruanos. También que, en sus términos más generales, este carácter lo comparte el PNP con sus antecesores en la historia del Perú del siglo XX, es decir, con el APRA auroral y el velasquismo.

Mas, no podemos quedarnos en esa esencia general sino que -por lo menos los de Voz Socialista- nos hemos esforzado por avanzar su estudio, concretando que el PNP ha emergido en un nuevo momento histórico del Perú, cualitativamente distinto al del surgimiento del APRA y del propio velasquismo. Es decir, luego precisamente de aquel decisivo hecho histórico que, sobre la base de la centenaria lucha de nuestro campesinado indígena y del conjunto del pueblo peruano contra el feudalismo heredado de la Colonia, representó la abolición de jure y la erradicación de facto, por acción del proceso velasquista (1968-1975) de los amplios rezagos feudales que subsistieron en el país hasta inicios de los años 70 del siglo XX; finiquitando así la liquidación de los terratenientes semi-feudales como clase (y desbaratando incluso a los antiguos latifundistas capitalistas de la Costa, que solo en los últimos lustros, en las nuevas condiciones capitalistas neoliberales y bajo nuevas formas más depuradamente capitalistas, se están reconstruyendo como tales) así como de la condición servil y semi servil de nuestros campesinos; permitiendo con todo ello la depuración y consolidación del capitalismo, pero, determinando al mismo tiempo el agotamiento definitivo de la revolución democrático burguesa, en todas sus variantes, incluidas tanto la denominada de nuevo tipo o de nueva democracia (por ser la revolución burguesa en cualquier lugar del mundo, en todas sus formas y tipos, una revolución esencialmente y ante todo anti-feudal) como también la confusa “socialista democrática” (¿¡?!) de MA (“El termómetro del sufragio”, 10-09-10 y “Apoyar a los candidatos del pueblo”, 26-03-11, ambos de Miguel Aragón).

A su vez, fue este mismo hecho histórico, que colocó de manera definitiva a la revolución socialista o proletaria en gestación como la única posible en nuestro país. Pero ha sido, en el fondo, este mismo hecho el que empujó a las izquierdas en el Perú a una profunda crisis histórica, que no hizo sino agudizarse con la guerra interna iniciada por SL, la “caída del muro de Berlín” y la derrota y dispersión de IU y la absorción de una buena parte de sus conformantes por el propio PNP. Mientras la vida hace lo suyo (el desarrollo económico-social del capitalismo, la industria, la recuperación numérica de la clase obrera y su lucha espontánea junto a la de todo del pueblo), esta crisis de las izquierdas (llamémoslas así provisional y convencionalmente) no se solucionará para pasar a otra etapa de desarrollo mientras no se realice una profunda evaluación autocrítica y crítica de los factores objetivos y subjetivos de la misma y se desarrolle la teoría particular y el programa de los socialistas peruanos, replanteándose particularmente su estrategia fundamental de lucha, desde el punto de vista del socialismo proletario a la luz del siglo XXI y de la actual realidad mundial y nacional.

Por estas mismas consideraciones, el PNP no es ni puede ser ya un partido revolucionario (democrático revolucionario) sino, en el mejor de los casos, solo uno reformista, reformista burgués.

Concretamos, así mismo, que este nuevo nacionalismo burgués, expresado en el PNP, surgió y avanzó fundamentalmente como una conformación política que socialmente expresa los intereses (al menos hasta hoy) de una extendida capa de burguesía media emergente en nuestro país, de origen y antecedentes no exclusiva pero si básicamente campesinos; capa burguesa que precisamente se acrecentó y extendió por todo el país -no por casualidad- luego del velasquismo, y que en el terreno étnico es mayoritariamente indo-mestiza, a diferencia de la mayoría de la gran burguesía, tradicionalmente criolla.

En otras palabras, la actual burguesía media emergente, mayoritariamente de origen social campesina y étnicamente de la vertiente indo-mestiza de la nación peruana, es parte de la clase dominante del país, por ser una capa de la clase burguesa, que también extrae plusvalía o, en general, ganancia, de la fuerza de trabajo de trabajadores peruanos, mediante actividades económicas básicamente agropecuarias y sobre todo comerciales, pero ya también crecientemente industriales y algunos hasta inicialmente financieras. Con una constatación adicional: todavía solo algunos pocos de estos burgueses emergentes indo-mestizos han dejado el nivel medio, para convertirse en grandes burgueses y, por lo menos uno o dos de estos, desarrollarse últimamente hasta el nivel de inicial grupo transnacional, asociado a capitales extranjeros, como los Añaño. No obstante, la gran mayoría de esta burguesía emergente se encuentra todavía en un nivel mediano de acumulación capitalista.

Políticamente, a pesar de haber ya rozado el poder central en los inicios del primer período de Fujimori y con Toledo, y de estar avanzando y casi dominando en los gobiernos regionales y locales, realmente aun no dirigen los destinos del país, es decir no tiene el poder central, no es capa burguesa hegemónica; estando subordinados a la gran burguesía criolla tradicional y a las transnacionales imperialistas, pero desarrollando al mismo tiempo contradicciones con éstas (secundarias pero no despreciables). Repetimos, pues, que la lucha de esta capa burguesa no es ni puede ser democrático revolucionaria, mucho menos socialistas, sino enteramente burguesa, y en el mejor de los casos y por un tiempo, reformista. Reformista porque como capa burguesa subordinada aspira a tener un mejor lugar dentro del capitalismo, buscando ganar para ello el apoyo del pueblo y viéndose precisada a plantear determinadas reivindicaciones inmediatas de aquel. Y lógicamente, esta aspiración burguesa emergente viene expresándose ya hace buen tiempo políticamente. El asunto es, con qué capacidad, calidad y consecuencia lo hace. Como en otras partes del mundo, la realidad una vez más demuestra en nuestro país que lo hace también con mucha vacilación y de manera todavía rudimentaria. Pero, a pesar de todo ello, por su número, empuje emergente y su mayor contacto y alianzas con el pueblo, en varias ocasiones han colocado ya a la gran burguesía al borde de la desesperación, como hoy está sucediendo.

Por todo ello, sería un gran simplismo dogmático y pereza charlatana, en lo teórico, y un marcado error político de los socialista, no registrar, investigar ni extraer las correspondientes conclusiones del significado y consecuencias estratégicas y sobre todo tácticas de tales diferencias en el seno de la actual burguesía peruana (y por lo tanto también en las actuales elecciones); de manera particular, las diferencias en su conformación histórica, los grandes desencuentros históricos, étnicos y políticos entre estas dos burguesías, su distinto grado de acumulación de capital, así como sus diferentes tipos de vínculos con los grandes capitales transnacionales. Y a partir de ello la posibilidad y necesidad de alianzas tácticas en la lucha contra la gran burguesía y las transnacionales.

Pero tampoco en este punto MA manifiesta una comprensión concreta. Cuando dice que el PNP es parte de la clase dominante, en ningún momento constata la existencia de esta burguesía media emergente ni su relación con el PNP. A qué se deberá esta ceguera. Si no constata ni evidencia la presencia de esta burguesía emergente ni en la economía ni en la política ¿Será porque la confunde (por su apariencia étnica y racial) con el campesinado, con los sectores medios en el pueblo trabajador? Porque para MA, la clase dominante, la burguesía en el Perú solo está constituida por la gran burguesía criolla: “Usted se podrá imaginar como algo posible ver a los Vargas Llosa, Toledos, Humalas y asesores llamar a luchar ‘Contra la Dictadura de la Burguesía’, contra la ‘Dictadura de los grupos Romero, Brescia, Benavides, Moreyras, Raffos, Miro Quesadas y otros pocos grupos más’, que son los propietarios de la banca, del comercio mayorista, de las minas y de otros sectores claves de la economía peruana, y por lo tanto, son los que realmente detentan el poder, y seguirán detentando el poder después de la tercera vuelta electoral del 5 de junio.” (¿Cómo entender: “dictadura nunca más…”?, de Miguel Aragón, 03-05-2011).

Tres cosas quedan claras en la cita. La primera, MA reduce toda la burguesía en el Perú a la gran burguesía criolla, sin darse cuenta que él y todos nosotros estamos rodeados de burguesía media emergente por donde vayamos en el país, incluidos los lugares por donde MA se desplaza ejerciendo su profesión de ingeniero, como trabajador, empleador o contratista; sin olvidar que el ser social, es decir el conjunto de las relaciones sociales, y principalmente las económicas, en las que participamos regularmente, determina en última instancia nuestra conciencia social. Segundo, implícita pero nítidamente, para MA en ninguna parte del país operan directamente, y menos de manera creciente y avasallante, las filiales de las empresas transnacionales de matriz imperialista (nuestros campesinos y comunidades de la Sierra y Selva estarían luchando contra fantasmas o solo contra grupos gran burgueses peruanos) ni éstas controlan “sectores claves de la economía peruana”; es decir, no sólo políticamente sino también en el plano económico, el Perú sería un país independiente y la burguesía peruana autónoma; donde la caracterización de la economía peruana por José Carlos Mariátegui como colonial sería inexacta o, en todo caso, la economía de nuestro país con el desarrollo de su capitalismo no habría sufrido, como lo previó JCM, la profundización de su sometimiento a las potencias imperialistas; por lo que tampoco la política económica neoliberal que difundió y aclimató programáticamente el FREDEMO a fines de los 80 del siglo pasado, la aplicó y consagró jurídicamente el fujimorato como política oficial del estado peruano con la Constitución de 1993 y continuaron su aplicación los gobiernos de Toledo y Alan García, no sería la política del imperio, de las transnacionales, impulsada y monitorizada por el BM y el FMI, sino una política y escuela ideológica nacional. Tercero, no existiría una notoria contradicción en el campo de las burguesías en el Perú entre la gran burguesía imperialista y la gran burguesía peruana, por un lado, y la burguesía media emergente, por el otro; ni la aplicación de la política neoliberal habría exacerbado en cierto sentido tal contradicción, estimulando, a su vez, su expresión política y partidaria, particularmente en las actuales elecciones.

Podemos ver aquí más profundamente, con la hondura y determinación que implica el factor económico, el verdadero pensamiento político de MA. ¿Hasta qué punto su falta de comprensión e identificación de la burguesía media emergente lo embarga y su imaginario Perú económica y políticamente independiente determinan sus demás ideas y actitudes políticas?
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