Tema 13. José ortega y gasset (1883-1955)






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TEMA 13. JOSÉ ORTEGA Y GASSET (1883-1955)
Algunas citas para empezar.

- “Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos”.

- “Enamorarse es sentirse encantado por algo, y algo sólo puede encantar si es o parece ser perfección”.

- “La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora”.

- “Algunas personas enfocan su vida de modo que viven con entremeses y guarniciones. El plato principal nunca lo conocen”.

- “Ciencia es aquello sobre lo cual cabe siempre discusión”.

- “Dime cómo te diviertes y te diré qué eres”.

- “El amor, a quien pintan, ciego es vidente y perspicaz porque el amante ve cosas que el indiferente no ve y por eso ama”.

- “El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar”.

- “En tanto que haya alguien que crea en una idea, la idea vive”.

- “Con la moral corregimos los errores de nuestros instintos”.

-“El vanidoso necesita de los demás, busca en ellos la confirmación de la idea que quiere tener de sí mismo”

- “La fidelidad es la confianza erigida en norma”.

- “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.
1. ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS (1883-1955).

José Ortega y Gasset, nació en Madrid el 9 de mayo de 1883. Su padre, José Ortega y Munilla, fue periodista. Como tal fue redactor de "La Iberia", el pediódico de Sagasta, creador de la revista literaria "La Linterna" y director del periódico "El Imparcial", del que era propietaria la familia de su madre, Dolores Gasset, que pertenecía a la burguesía liberal e ilustrada de finales del siglo XIX. La tradición liberal y la actividad periodística de su familia marcarán la futura actividad de Ortega, tanto en su participación en la vida política española, como en su actividad periodística con la publicación de numerosos artículos de prensa, culturales y políticos. Por lo demás, el estilo periodístico puede reconocerse también en las obras más técnicas y filosóficas de Ortega.

Luego de haber realizado sus primeros estudios en Madrid, Ortega se trasladará a Málaga, en 1891, para comenzar los estudios de Bachillerato en el colegio de los jesuitas de Miraflores del Palo. Terminados sus estudios, en 1897, se trasladará a Deusto, para comenzar sus estudios universitarios, en 1898, estudios que continuará, poco después, en la Universidad de Madrid. Son los años de la guerra hispano-norteamericana, y de la consiguiente pérdida de las colonias (Cuba, Filipinas y Puerto Rico) que marcarán, como se sabe, la conciencia política y cultural de buena parte de los intelectuales españoles, elevando el tema de la decadencia de España al primer plano de la reflexión, así como el de la necesidad de una regeneración.

En 1902 obtiene la licenciatura en Filosofía, defendiendo su tesis doctoral dos años después, también en la Universidad de Madrid. En 1905 viajará a Alemania para completar su formación, siguiendo la tradición de la época o buscando las fuentes de la futura regeneración de España en la asimilación del pensamiento europeo. Así, visitará las universidades de Leipzig, Berlín y Marburgo, donde entrará en contacto con los neokantianos H. Cohen y P. Natorp, en 1906, asistiendo a sus cursos, ejerciendo ambos una gran influencia en su pensamiento, aunque Ortega no se limitará a aceptar los principios del neokantismo sin más, sino que adoptará una actitud crítica y constructiva ante ellos. En 1908 regresa a Madrid y, luego de una breve actividad docente en la Escuela de Magisterio obtiene la cátedra de Metafísica de la Universidad de Madrid en 1910. Ese mismo año contraerá matrimonio con Rosa Spottorno y Topete.
Tras otro viaje a Alemania, en 1911, comenzará su incansable actividad pública, intentando llevar a la práctica sus ideas regeneracionistas. Así, en 1914, año en que comienza la primera guerra mundial, fundará la "Liga de Educación Política Española"; en 1915 la revista "España"; y en 1916 será cofundador del diario "El Sol". Al mismo tiempo comienza la publicación de sus primeras obras, como las "Meditaciones del Quijote", (en 1914), "El Espectador", (en 1916), iniciando el período perspectivista de su filosofía, que predominará en su obra hasta 1923.

En 1923 se instaura en España la dictadura de Primo de Rivera. Ese año fundará la "Revista de Occidente", de marcada oposición política a la dictadura. Oposición que le llevará, en 1929, a dimitir de su cátedra en la Universidad de Madrid, continuando sus actividades filosóficas en lugares no vinculados anteriormente a la filosofía, como la Sala Rex y el Teatro Infanta Beatriz (actualmente el conocido restaurante Teatriz), impartiendo clases a modo de conferencia, algunas de las cuales serán recogidas posteriormente en su obra "¿Qué es filosofía?", y cuyos contenidos corresponden ya al período racio-vitalista de su pensamiento, iniciado en 1923.

En 1930 volverá a la cátedra de la Complutense, bajo la dictadura de Berenguer, más tolerante que la de Primo de Rivera, continuando, no obstante, su actividad pública. Ese mismo año publicará "La rebelión de las masas". En 1931, junto con otros intelectuales entre los que se contaban Gregorio Marañón y Pérez de Ayala, fundará la "Agrupación al Servicio de la República" y será elegido diputado a las Cortes Constituyentes de la recién proclamada II República por la provincia de León. Luego de su experiencia parlamentaria retornará a la actividad académica publicando, en 1934, "En torno a Galileo", y en 1935 "Historia como sistema", siendo homenajeado ese año.
A raíz del golpe de estado de 1936 contra la II República, que dará lugar a la guerra civil española, Ortega se autoexilia, estableciendo su residencia primero en París, y luego en Holanda y Argentina, hasta 1942, año en que establecerá su residencia en Portugal. Al finalizar la segunda guerra mundial regresará a España, en 1945 y, aunque se le autoriza un ciclo de conferencias en el Ateneo de Madrid, no se le permite recuperar su cátedra de Metafísica, ante lo cual funda, en 1948, el "Instituto de Humanidades", donde vuelve a impartir docencia ante un público no universitario. En 1950 realiza un último viaje a Alemania, decepcionado ante las dificultades de su estancia en España, siendo nombrado en 1951 Doctor Honoris Causa por las universidades de Marburgo y Glasgow. Regresará a España en 1955, muriendo en Madrid el 18 de octubre de ese mismo año.
2. CONTEXTO HISTÓRICO, FILOSÓFICO Y CULTURAL DE ORTEGA Y GASSET
2.1. Contexto histórico

Durante el período que duró la vida de Ortega, España pasó por cuatro etapas políticas distintas: la Restauración de la monarquía después de la I República, la Dictadura del general Primo de Rivera, la II República y la Guerra Civil y los primeros años del franquismo. Europa fue testigo del auge de los totalitarismos y tuvo un gran protagonismo en la I y II Guerra Mundiales.
Se conoce con el nombre de ‘Restauración’ al período de la historia de España que va desde que, en 1874, el general Martínez Campos restaura la monarquía borbónica en la persona del rey Alfonso XII hasta que, en 1923, el general Primo de Rivera, mediante otro golpe de estado, instaura una dictadura presidida por él mismo. Durante este período se establece un sistema de aparente democracia formal, destacando entre los líderes conservadores Cánovas del Castillo y Maura, y entre los liberales, Sagasta y Canalejas. En el panorama internacional, España ha dejado de tener relevancia y los restos de su imperio colonial han comenzado un movimiento de independencia que culminar  con la guerra hispano-norteamericana de 1898 y con cuantiosísimas pérdidas humanas y económicas para España. En el orden interno estamos ante un país con una escasa dotación industrial, donde el índice de analfabetismo alcanza cifras alarmantes y donde, tras la aparente democracia formal, el sistema electoral está  viciado por la oligarquía y el caciquismo, que manipulaban el sistema electoral en su beneficio.
El propio agotamiento del sistema de la Restauración, la crisis económica, la agitación social de 1921 y las derrotas del ejército español ante las guerrillas marroquíes impulsan al general Primo de Rivera a dar un golpe de estado con el apoyo del ejército, la burguesía y los terratenientes que temían en España un movimiento revolucionario análogo al de Rusia de 1917. Aunque tuvo ciertos éxitos económicos mediante el impulso de grandes obras públicas, tuvo que dimitir en enero de 1930 tras el derrumbamiento de la bolsa de Nueva York en 1929 y otros graves problemas internos.
Tras la dimisión de Primo de Rivera, el rey Alfonso XIII encargó la formación de gobierno al general Berenguer, dando lugar al período denominado humorísticamente la "Dictablanda". Cae la dictadura y arrastra consigo a la monarquía. El advenimiento de la II República fue declarado solemnemente el día 14 de abril de 1931. Ortega luchó por su llegada, e incluso llegó a ser diputado en las Cortes Constituyentes, pero muy pronto se sintió desengañado por los excesos republicanos, criticándolos en el artículo: "Rectificación de la República".
Finalmente, el cuarto período de la historia de España que le toco vivir a Ortega fue el de la Guerra Civil y la inmediata postguerra. Y así como había mostrado en público sus opiniones sobre la República, con motivo de la Guerra Civil, Ortega se encerró en un mutismo total, permaneció en el exilio desde 1936 hasta 1945 y ya nunca volvió a tener actividad pública.
2.2. Contexto filosófico y cultural.

Cuando Ortega inicia su andadura intelectual, en el panorama europeo destacan numerosas corrientes filosóficas: 1, el idealismo, que está  en regresión; 2, el positivismo, que también está ya en decadencia; 3, el vitalismo; 4, la neoescolástica; 5, el neokantismo; y 6, la fenomenología. De estas corrientes, las que Ortega tomará  más en serio serán el neokantismo, al que Ortega se adhirió al principio, y la fenomenología, a la que Ortega prestará una especial atención cuando su propio sistema filosófico está ya formado. Por el contrario, otras líneas de pensamiento que estaban surgiendo en Europa durante la vida de Ortega, y en especial las corrientes filosóficas que representan B. Russell, L. Wittgenstein o el Círculo de Viena (neopositivismo y filosofía analítica), no merecerán consideración especial por parte de Ortega, aunque posteriormente se hayan mostrado más relevantes que algunas de las que Ortega consideró.
En el caso de España, hay que decir que Ortega vivió en una época en la que parecía conveniente, pero no fácil, empezar a gestar una intensa reconstrucción cultural desde una apertura a Europa como respuesta a la grave crisis de la identidad nacional. El krausismo -uno de cuyos miembros destacados fue Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución de Libre Enseñanza- había perdido ya fuerza. Es la generación del 98 (A. Ganivet, R. Maetzu, P. Baroja, Azorín) la que toma el relevo. El común denominador que unía a dicha generación consistía en la preocupación por España. A este respecto, partían de una visión pesimista del presente español, provocada por la profunda crisis moral, política, económica y social de finales del siglo XIX y tendían a poner en cuestión los valores tradicionales.
Pero sobre todo destaca un pensador original, asistemático y solitario: Miguel de Unamuno, que recoge temas de Kierkegaard cuando éste era prácticamente desconocido en Europa, pudiendo así considerársele un precursor del existencialismo. Ortega, por su parte, recibió gran influencia del pensamiento europeo, como se ha dicho, especialmente del alemán (Nietzsche, Husserl, Dilthey, Simmel, Heidegger,...). Él mismo reconocía “deber a Alemania las cuatro quintas partes de su haber intelectual”. Así, Ortega recoge temas del vitalismo, del historicismo, del existencialismo,... aunque no pueda ser catalogado estrictamente dentro de estos movimientos filosóficos. También va a ser considerado como creador de la Escuela de Madrid, contando con discípulos de tan reconocido prestigio como María Zambrano o Xavier Zubiri.
El hecho de que Ortega haya sido, ante todo, un ensayista y periodista revela su preocupación prioritaria por la renovación cultural y la introducción en España del pensamiento europeo: su actividad intelectual enlaza con lo que entonces se llamó “Regeneracionismo”, cuyo lema era: "despensa y escuela", con el que pedía, a la vez, una política económica y educativa adecuadas, así como “europeizar España”¯.
3. RAZÓN VITAL E HISTÓRICA
3.1. El raciovitalismo.

El raciovitalismo, actitud filosófica fundamental de Ortega, es una teoría del conocimiento que parte de la vida, es decir, que considera que el conocimiento está arraigado a la vida. Trata de superar los extremos: ni sólo racionalismo (Platón o Descartes), ni tampoco sólo irracionalismo vitalista (Nietzsche), sino un término medio, considerando que existe una relación íntima entre razón y vida.
Considera Ortega que el racionalismo, como todo absolutismo, de alguna manera mata a la historia, la detiene, porque realiza la abstracción del tiempo. Situado entre verdades definitivas, el hombre deja de sentir el paso del tiempo y su constante creación y destrucción, deja de sentir el tiempo como oposición, como resistencia, deja de saberse en lucha perpetua contra el tiempo. Por otra parte, el vitalismo irracionalista nietzscheano, tampoco es válido en tanto que ignora a la racionalidad humana. Por lo que Ortega va a proponer el raciovitalismo que pone en estrecha e íntima unión a razón y vida, a razón e historia. Toda razón es vital, ya que el hombre es un ser dotado de razón, pero de una razón que tiene que usar sobre todo para vivir.
La razón vital de Ortega quiso superar, aunándolos, el racionalismo y el vitalismo. A partir de la evidencia de que el hombre no podía considerarse independiente de sus circunstancias y de que la vida era en sí la única realidad radical, la razón habría de dejar de construir en el aire, en el vacío. Todo conocimiento parte de la vida, y la razón es parte de ella, es razón viviente, por cuanto que vivir, para el hombre, implica dotar de sentido su existencia concreta. La razón, pues, no podía ser un constructo abstracto sino un modo de ser del hombre en su vida: en su historia.
3.1.1. El significado de la razón.

¿Qué es la razón? En sentido tradicional, hablaríamos genéricamente de lo que podríamos denominar “razón pura”, que está presente desde los filósofos griegos, como Platón, hasta Kant, en la Ilustración. En este sentido, sería la facultad que capta la esencia de las cosas, lo abstracto, lo inmutable, el concepto.
Los filósofos antiguos y modernos pusieron las mayores esperanzas en este tipo de racionalidad, creyeron que gracias a ella podríamos comprender y dominar el mundo pero también que con ella podríamos entender al hombre, e incluso establecer los fundamentos morales y políticos.  Estos ideales típicos de la Modernidad en parte se han cumplido, señala Ortega: se ha cumplido el ideal ilustrado del conocimiento del mundo físico pues este tipo de racionalidad nos permite comprender –y dominar– el mundo natural en un grado impensable en otras épocas. Pero ha fracaso en aquello que, tal vez, era aún más importante para la Ilustración y la Modernidad en su conjunto: el conocimiento de la realidad humana y el descubrimiento de principios de conducta racional que permitiesen al hombre una vida de responsabilidad, justicia y libertad (pero incluso en ciencias como las matemáticas no todo es racional. Recuérdese, por ejemplo, la existencia de los números irracionales).
Ortega y Gasset, por tanto, le da otro sentido a la razón: “Para mí es razón, en el verdadero y riguroso sentido, toda acción intelectual que nos pone en contacto con la realidad”, es decir, por encima de la razón pura está la razón vital, que es una misma cosa con el vivir. La razón, por ello, es constitutivamente histórica, se hace en la historia, no es algo ya acabado, sino algo que fluye, que está en constante devenir.
3.1.2. La vida como realidad radical: las categorías de la vida.

Decir que la vida es la realidad radical es considerar que es la realidad en la que descansan todas las demás realidades, es decir, que cualquier otra realidad sólo se comprende dentro de la vida, por lo que ésta es la realidad primera. Por tanto, no diríamos “Pienso, luego existo” (Descartes), sino que lo prioritario, para Ortega, es el vivir. Sólo se puede pensar o hacer alguna otra actividad si previamente se vive, por tanto, la realidad radical o primera es la vida.

Lo primero que hay que hacer al filosofar, por tanto, es definir el sentido de mi vida, buscar las categorías del vivir, que expresan las peculiaridades del vivir humano. Entre las categorías de la vida están:
1. Vivir es un modo de ser radical: la vida es la realidad radical porque a ella tenemos que referir todas las demás realidades. No existe otra realidad más indubitable que la vida particular que vivimos cada uno de nosotros.

2. Vivir es encontrarme en el mundo: La vida no es algo abstracto sino mi vida personalísima, intransferible, que consiste en ocuparme de mí y de mi mundo, condicionada por ambos. (Soy un ser-en-el-mundo, dirá Heidegger).

3. Vivir es ocuparme de algo: vivir es pre-ocuparse, tender hacia un futuro, anticiparse, tener una finalidad, convivir con unas circunstancias en las que hay que decidir.

4. Vivir es un continuo quehacer: el mundo abre un abanico de posibilidades y el ser humano se ve obligado a elegir un proyecto de vida. La vida es libertad.

5. Vivir es un problema: la vida es problemática. Encontrarse viviendo es ya encontrarse uno viviendo sin saber cómo ni por qué.

6. Vivir es encontrarse a sí mismo: la vida es radicalmente conciencia, tener conciencia individual de que se vive, sentirse vivir, percatarse de uno mismo y del mundo que le rodea.

7. Vivir es coexistencia y convivencia: el individuo vive en comunidad con otros individuos, donde es necesario apoyarse mutuamente, conllevarse, tolerarse,…

8. La vida es temporeidad: la vida es perspectiva en una realidad móvil, dinámica, temporal, que es la historia.
3.1.3. Razón vital e histórica.

La razón vital conduce invariablemente a la razón histórica, puesto que la vida es esencialmente cambio e historia. La razón histórica tiene como objetivo comprender la realidad humana a partir de su construcción histórica y de las categorías de la vida; con ella podemos superar las graves limitaciones de la razón pura y matematizante propuesta en la Modernidad. Ortega repite con frecuencia que uno de los más importantes defectos de la filosofía tradicional es la idea de que lo real tiene que ser estático, que lo cambiante, en lo que tiene de cambiante, no es del todo real.
Para la razón vital no existe la teoría pura, sino una razón que interpreta el medio donde vive. La razón vital e histórica es tan razón como la razón pura, pero además está capacitada para captar la realidad fluida que es la vida. Razón, vida e historia están unidas. No hay, por tanto, oposición entre razón y vida, como se pretendió en el pasado. La razón es una función viva y espontánea como el ver o el palpar. Por eso la razón pura debe ceder su imperio a la razón vital e histórica orteguiana.
Desde Grecia se ha entendido la “razón” como una facultad que capta la esencia de las cosas, lo abstracto, el concepto, lo inmutable. Esta postura culmina en la razón matemática de los racionalistas del siglo XVII y en la Razón Pura de Kant. Pero la razón matemática, la razón “exacta”, se hace matematizante en el curso del tiempo y se vuelve incapaz de captar las realidades cambiantes, inexactas y temporales de la vida. Por eso han surgido los irracionalismos.
Ortega no va contra la razón sino contra el Racionalismo. Razonar, entender algo, implica insertar ese algo en su contexto, en la vida misma. Por eso la vida misma funciona como razón. La razón vital me lleva a comprender al ser humano en una dimensión más compleja que la definición estática de la razón pura: yo soy yo y mi circunstancia, es decir, mi vida no sería lo que es, si no fuera mía y si no se diera en las circunstancias en las que se da. La interrelación que se da entre mi yo y el mundo es un todo concreto, indiviso e irrepetible:

Yo soy yo: la vida es individual, subjetiva, conciencia, íntima, mismidad (ser uno mismo), sin perder la visión del mundo exterior.

Y mi circunstancia: mi vida no soy sólo yo, sino toda la realidad que me rodea. La circunstancia es el mundo vital en el que se halla inmerso el sujeto, por lo que se incluye en ella el mundo físico y todo el entorno que aparece en la vida (cultura, historia, sociedad,...). En muchos textos también incluye en la circunstancia el cuerpo y la mente del propio sujeto. La razón de esta inclusión es que nosotros nos encontramos con nuestro cuerpo y nuestras habilidades, capacidades psicológicas e incluso con nuestro carácter como algo ya dado, con algo que puede favorecer o ser un obstáculo para nuestros proyectos, del mismo modo que el resto de las cosas del mundo.

En definitiva, el yo y sus circunstancias son algo inseparable, porque no se puede vivir al margen de las circunstancias. La vida humana sólo se puede entender como quehacer, proyecto, invento en unas determinadas circunstancias.
En conclusión, resumiendo, la razón vital:

1) Significa que cuanto los seres humanos crean, hacen o piensan se encuentra radicado en su vida ("...los conceptos fundamentales no se los saca de sí mismo el intelecto o la razón pura, sino que le vienen impuestos como vitales").

2) Pretende conocer cualquier realidad tal y como es, en su pleno sentido, en su singularidad y en su racionalidad o irracionalidad.

3) Es inexorablemente histórica, porque se encuentra siempre en una determinada circunstancia histórica y, además, transcurre en un determinado tiempo.
3.2. El hombre como ser histórico.
3.2.1. Dimensión histórica de la razón y del hombre.

La vida del ser humano es un continuo hacerse, es la realización permanente de un proyecto que se está  haciendo en la historia, en el devenir de la vida. La vida del ser humano no es algo acabado e inmutable, sino que es historia. El hombre vive en un determinado momento, en un tiempo, en una época histórica. Y ese tiempo es el que hay que abordar, no sólo con la razón, sino también con la vida y desde la vida, pues el tiempo no es lo que miden los relojes, sino tarea, vivencias, innovación,...
"El hombre no tiene naturaleza, sino historia". Y por ello precisamente, por no tener una naturaleza prefijada e inmutable, -como ocurrirá  con los animales y plantas-, sino ser un animal heredero de la historia, plástico y con capacidad de hacerse a sí mismo, hay que concebir al hombre como el fruto de una relación entre el pasado y el futuro. Lo que el hombre haga de sí mismo, sus proyectos para el futuro, estará  en función del pasado que ha heredado. De modo que, para Ortega, el recuerdo del pasado no es un regalo que le haya sido dado al hombre, sino una potencialidad, que el hombre ha desarrollado, originada en la necesidad de enfrentarse con su propio futuro, porque el futuro no le viene resuelto al ser humano al modo que le viene resuelto al animal. De modo que, aunque pudiera ser paradójico, es la posibilidad del hombre de tener futuro, de hacerse a sí mismo hacia el futuro, la que le hace necesario tener que recurrir al pasado. Y ello es porque el recuerdo del pasado, lo mismo del pasado personal que del pasado de la humanidad, le permite encontrar las coordenadas necesarias para orientarse en relación a su futuro. Pero no basta con el mero hecho de recordar el pasado para que el hombre pueda orientarse en el presente y de cara al futuro. Para que el pasado pueda ser útil al hombre hay que "vivirlo", hay que hacerlo presente como punto de referencia. Y es esta convicción de la necesidad ineludible de vivir el pasado para toda persona que quiera ser un hombre del hoy y del mañana la que llevará a Ortega a reivindicar el recurso constante a la tradición (no vivir en el pasado como pretenden los tradicionalistas, pero sí vivir del pasado). Y un modelo admirable de una disciplina que ha tomado conciencia de su tradición y de su dimensión histórica es la propia Historia de la Filosofía, que nos hace vivir a nosotros la serie entera de los filósofos que nos precedieron "como un sólo filósofo que hubiera vivido dos mil quinientos años y durante ellos hubiera seguido pensando". Esto hace que el recurso a la tradición no sea sólo propio de "tradicionalistas", sino que es tarea ineludible de todo hombre, por cuanto es la única manera razonable de enfrentarse al futuro con ciertas esperanzas de éxito. Si podemos seguir haciendo ciencia, arte, filosofía o innovadores artefactos técnicos en el futuro es porque tenemos nuestras raíces en el pasado, un pasado que nos alimenta al modo como las raíces de una planta la alimentan para que pueda dar bellas flores y frutos sabrosos.
3.2.2. Teoría de las generaciones

La vida, que es temporeidad, historia, devenir, es posible gracias a la coexistencia de varias generaciones. Entiende por generación el hecho de que en cada época hay una forma de vida (creencias, ideas, problemas, usos,…) que dura un cierto tiempo (15 años, según Ortega). En un mismo tiempo, por tanto, coexisten varias generaciones: niños, jóvenes, adultos y viejos. Por ello, hay que distinguir entre: contemporáneos (los que viven en un mismo tiempo) y coetáneos (los que tienen la misma edad).

En esta diferencia se basa la posibilidad de innovación: si todos los contemporáneos fuesen coetáneos la historia se detendría, porque cada generación tiene dos dimensiones:

1) recibir la tradición, lo vivido por las generaciones anteriores.

2) dejar fluir su propia espontaneidad, innovar, crear nuevos proyectos.

Cuando estas dos dimensiones no coinciden, cuando hay rebeldía ante lo recibido, es cuando hay generaciones polémicas y es posible la innovación. Toda generación tiene su propia misión, su propia tarea histórica.

Cada generación, a su vez, está compuesta por dos tipos de personas:

a) minoría selecta o elite.

b) masa.

La elite esta formada por los hombres creadores de proyectos de vida (“De lo que hoy se empieza a pensar dentro de veinte años se hablará en las plazuelas”) y su misión es dirigir a las masas (“La masa es lo que no actúa por sí misma. Tal es su misión. Ha venido al mundo para ser dirigida, influida, representada, organizada”.)
En su tiempo, considera Ortega que se ha creado una gran confusión entre quien manda y quien obedece, de ahí la “rebelión de las masas”, que no quieren someterse a las orientaciones de la elite, lo que provoca la “invertebración” de España. De ahí la preocupación de los intelectuales por el “problema de España”. Ortega dirá: “España es el problema, Europa la solución”. Europa es la ciencia, España la inconsciencia, un pueblo sin cerebro, un desierto intelectual y cultural. Tiene una visión pesimista de España por la incapacidad de ser críticos con nuestros propios vicios (odio, envidia, incultura,…). El problema, por tanto, es pedagógico. Es necesaria más educación, más cultura, pero una cultura arraigada a la vida, que no sea vana y carente de valor, sino que permita la moralización de España
4. EL PERSPECTIVISMO .

El perspectivismo es, según Ferrater Mora, la primera etapa del pensamiento de Ortega. Otros autores, sin embargo, suelen hablar de una etapa previa, el objetivismo (1902-10), siendo éste un período de escasa producción filosófica propia. En todo caso, el perspectivismo es la teoría del conocimiento que trata de superar el racionalismo (dogmático) y el relativismo (subjetivista) imperantes a lo largo de la historia de la filosofía.
El racionalismo, afirmando que el pensar coincide completamente con el ser, se vio abocado al idealismo; según esto, defiende que el ser humano es de naturaleza racional y que mediante sus actividades intelectuales descubre las esencias universales e inmutables de las cosas, válidas para todos los tiempos y para todas las personas. De este modo, el racionalismo (idealista y dogmático) se olvida de la vida real y concreta.

El relativismo, por su parte, recalca las diferencias entre los distintos sujetos que conocen y la imposibilidad de conocer la verdad. El ser humano, único sujeto que piensa, es siempre singular y concreto. Cada cual posee su verdad, o mejor, cada cual tiene su opinión. No se supera el escepticismo.

Ortega, frente a estas posiciones antagónicas, afirmará su teoría perspectivista. Ni idealismo, ni realismo; ni racionalismo, ni relativismo; ni idealismo, ni escepticismo, sino perspectivismo.

El perspectivismo, por tanto, es la teoría orteguiana del conocimiento de la realidad que desarrolla fundamentalmente en su obra El tema de nuestro tiempo, en la que propone que no hay un solo punto de vista absoluto sobre la realidad, sino que ésta está  formada por diversas perspectivas complementarias. A la pregunta de qué es la verdad, qué es la realidad, por tanto, habrá que responder que no es ni únicamente objetiva ni totalmente subjetiva, sino una síntesis entre objetividad y subjetividad: la perspectiva que un sujeto tiene de las cosas que le rodean.

La realidad, de una parte, tiene infinitas perspectivas, todas ellas verdaderas y auténticas. El ser humano, de otra parte, conoce desde una determinada situación, desde unas determinadas circunstancias y con una puntual perspectiva: donde está  mi pupila (mi entendimiento, mis sentimientos, mis preferencias, etc) no está  la de los demás. El yo es un punto de vista que selecciona las impresiones. Hay tantas perspectivas como individuos (en cada una de ellas entra la vida de cada cual, con la imaginación, la sensibilidad, la razón, los deseos, las circunstancias,...). La razón del hombre debe dominar la circunstancia que su perspectiva le ofrece y así humanizarla: es una razón vital, no opuesta a la vida sino que se desarrolla a la par que la vida.
El punto de vista individual es el único desde el cual puede conocerse la verdad del mundo. La realidad aparece a cada uno según la perspectiva que tiene. Ocurre como en un paisaje; lo veremos según el lugar en el que nos situemos para contemplarlo. Nadie puede captar el paisaje en su totalidad: las perspectivas, los distintos puntos de vista son infinitos, todos ellos verídicos y auténticos, pero cada uno contempla la realidad que le ha tocado vivir. Por eso, cada uno tiene la misión de buscar la verdad. Nadie tiene toda la verdad, pero cada cual aplica la razón a la vida, y entonces se van uniendo las distintas visiones particulares en una global articuladora. La realidad sólo puede ofrecerse en perspectivas individuales, lo cual no las invalida, sino que las hace valiosas, insustituibles, y necesarias para la colaboración entre ellas en su integración.
Para Ortega sólo podemos conocer en perspectiva, esto es, sólo podemos conocer el modo como una realidad determinada se nos presenta en un momento concreto. Y ello es así porque la perspectiva es uno de los componentes de la realidad; ésta se nos presenta en perspectiva. Todas las perspectivas son válidas, excepto una, aquella que tiene la intención de convertirse en la "única perspectiva". Desde la óptica orteguiana, el gran error del racionalismo fue creer que la razón humana podía adoptar una actitud absolutamente privilegiada en el conocimiento de la realidad y que, por tanto, sería capaz de encontrar la verdad en sí misma. El racionalismo había confiado en descubrir verdades y principios universales y se desentendió totalmente de las condiciones del simple vivir. Pero la filosofía moderna está en crisis: ahora asistimos al comienzo de una nueva etapa de la filosofía en la que se pretende haber superado tanto el realismo antiguo como el idealismo moderno. Ahora el conocimiento y la realidad son como dos caras de la misma moneda. El perspectivismo le afecta tanto al sujeto como al objeto.
Para el perspectivismo de Ortega, no existe algo que se pueda conceptuar como la verdad completa y absoluta. Al contrario, la verdad es algo que hay que ir conquistando cada día, cada persona y cada generación. La verdad es la perspectiva con que cada individuo, cada generación, cada momento histórico, cada cultura, percibe la realidad. No existe la verdad única y absoluta (salvo como suma de perspectivas). Pretender lograr una verdad absoluta es no haber entendido la historicidad de la razón.
De acuerdo con estas ideas, Ortega nos dice que la verdad es siempre parcial, lo cual no significa que sea relativa, sino que no es completa. Las verdades completas no se pueden alcanzar, las verdades universales e intemporales propuestas por los racionalismos e idealismos son meras ficciones, puesto que la vida humana es siempre concreta (la mía, la tuya,...) y el sujeto de conocimiento es siempre un ser humano (razón vital) no puede conocerse nada real de modo universal. Únicamente un ser abstracto y utópico podría tener este tipo de conocimientos, válidos para todo tiempo y lugar; pero las personas tienen que conformarse con conocimientos históricos, circunstanciales y perspectivísticos.
En definitiva, la teoría de Ortega es un ejemplo de tolerancia tanto desde el punto de vista epistemológico como desde el punto de vista ético-social: aceptemos el punto de vista de los demás, su perspectiva, como parte de ese largo camino que es la conquista de la verdad.
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