Memorias de Vladimir






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tipoMemorias
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1Trilogía de Entre Ríos: La Hija Pródiga vuelve a casa
Presentación de Trilogía de Entre Ríos/The Entre Ríos Trilogy

Basavilbaso, 30 de abril de 2006

Por Rhonda Dahl Buchanan








Tapa de la Edición en lengua inglesa, traducida
por Rhonda
Dahl Buchanan




Se dice en inglés y seguramente existe el mismo dicho en castellano: “You can’t go home”, “no se puede volver a casa”, pero creo que la presencia aquí esta noche de Perla Suez, hija pródiga de Basavilbaso, desmiente ese refrán. Como seguramente todos Uds. saben, la autora de Trilogía de Entre Ríos pasó los primeros quince años de su vida en Basavilbaso, y aunque ella ha vivido gran parte de su vida en Córdoba, nunca ha dejado del todo esta provincia. Aparecen en su ficción como una huella indeleble de esta tierra las vivencias de su juventud y las historias de sus antepasados rusos que le contaron a ella su abuelo paterno, Efraín Yagupsky, un rabino conocido como el Gaucho Froique, y su padre, Naúm Aarón Yagupsky, un doctor prominente y muy querido del pueblo. Además, para escribir obras tan conmovedoras como Memorias de Vladimir, Dimitri en la tormenta y las tres novelas de esta trilogía, va sin decir que Perla Suez siempre lleva Entre Ríos en el corazón.

Y ahora puedo decirles con toda sinceridad que después de sumergirme en el mundo de Perla Suez, que yo también llevo esta Provincia de Entre Ríos dentro de mí, y su historia y su gente me han marcado profundamente. Antes de decirles unas palabras sobre la Trilogía de Entre Ríos y la gran aventura que tuve al traducir las novelas al inglés, quisiera agradecerles a algunas personas, primero a Sergio Carlín, Director del Instituto Autárquico Provincial del Seguro de Entre Ríos, a quien conocí hace tres años en mi primera visita acá. Recuerdo que poco después de nuestra llegada, Sergio nos buscó en el Hotel Robertito y nos dio un tour nocturno de Basavilbaso. Jamás me olvidaré del cielo tan estrellado esa noche, ni tampoco de los ricos knishes y otras delicias que disfrutamos con Sergio y su esposa Zuni en su bella casa, junto con otros amigos aquí presentes. También quisiera agradecerles esta noche a Don Horacio Fabián Flores, el Presidente Municipal de Basavilbaso, a Sussi Rossi, la Intendente de la Municipalidad de Basavilbaso y al Dr. Julio César Aldaz el Diputado Provincial de Entre Ríos. Es un gran placer para mí estar aquí esta noche con Uds. entre tantos amigos que conocí en mi primera visita a Basavilbaso, y un honor compartir esta mesa con Susana Cabuchi y Perla Suez. Estoy tan contenta que la Editorial Norma en Buenos Aires haya publicado una nueva edición tan hermosa de las tres novelas en un solo tomo, siguiendo el modelo de The Entre Ríos Trilogy, la traducción publicada por la University of New Mexico Press en su serie de literatura judía latinoamericana. Cuando supe que los dos libros dieron a luz en casi la misma fecha del mes de marzo, pensé: “¡che, qué alegría, nacieron gemelos, uno argentino y el otro yanqui!”

Y alegría es lo que siento ahora al estar aquí con Uds. después de un largo viaje que comenzó en junio del año 2000, cuando Perla Suez me envió su novela Letargo, recién publicada por la Editorial Norma en Buenos Aires. Me conmovió mucho esta novela que cuenta la historia de Déborah, una mujer de unos cincuenta años que emprende un viaje de Córdoba a Basavilbaso para visitar la tumba de su madre, quien se suicidó cuando su hija tenía doce años. Los siete cuadernos que constituyen la novela son el diario de un viaje retrospectivo que transcurre en la realidad, pero sobre todo en la memoria, mientras la protagonista vela por sus muertos y los revela textualmente. Al intentar encontrarse otra vez con la niña que era durante los últimos años de la década de 1950, la búsqueda de identidad le lleva a Déborah mucho más allá de su propia historia, hacia la tierra lejana de sus antepasados judíos que huyeron de los pogroms del Zar Nicolás II en Rusia a fines del siglo 19, encontrando refugio finalmente en las colonias agrícolas de Entre Ríos.

Me acuerdo como si fuera ayer mi primera lectura de Letargo, que me transportó a otro mundo, a un lugar asediado por lluvias perpetuas, silencios cargados de angustia y recuerdos poderosos que sobrevivieron todo, aún la locura, el olvido y la muerte. Nunca me habría imaginado en aquel entonces que tres años después, en agosto de 2003, me encontraría en la provincia de Entre Ríos atravesando el mismo camino de barro que lleva a Déborah al cementerio judío de San Gregorio. Y jamás me habría imaginado que seis años después de mi primera lectura de Letargo estaría aquí presentando La trilogía de Entre Ríos en la Biblioteca Popular Lucienville en Basavilbaso, la misma biblioteca mencionada en la última página de El arresto. Pensé que podría publicar unos artículos críticos sobre Letargo, y lo hice, pero en junio de 2001, poco antes de que la novela quedara finalista para el Premio Rómulo Gallegos, Perla me pidió que la tradujera, y mientras lo hacía, me sumergí en un mundo que solamente podía conocer por experiencia ajena ya que no soy ni judía ni argentina.

Como un voyeur poseído por el anhelo prohibido de penetrar al otro desde una distancia cómoda, el traductor también se encuentra en la periferia y desde allí se asoma hacia adentro con el deseo ferviente de cortar esa distancia que separa una cultura de otra y un lenguaje de otro. En su libro Experiences in Translation, Umberto Eco escribe que “cada lengua expresa una visión distinta del mundo” (12) y “la traducción es una mudanza no entre dos lenguas sino entre dos culturas” (17). Aunque hace más de veinte años que estudio la fascinante historia y cultura de la Argentina y he visitado el país muchas veces, el proceso de traducir Letargo, y luego El arresto y Complot, llegó a ser una de mis aventuras más delirantes. De hecho, mientras yo cruzaba la frontera entre el castellano y el inglés, tuve que enfrentar el desafío de encontrar las palabras apropiadas para captar esa perspectiva única del mundo que Suez ofrece a sus lectores. Las palabras fluyeron como los ríos majestuosos que nutrieron esta trilogía, el Uruguay y el Paraná de la provincia de Entre Ríos, y el gran Río Ohio por cuyas orillas está la ciudad de Louisville, Kentucky, donde vivo yo. También tuve que modular la narración en inglés para reflejar el estilo del original, una prosa lírica y parca cuyos silencios tienen tanta fuerza como las palabras pronunciadas, o como dice Griselda Gambaro en la contratapa de Complot, “una escritura transparente, recorrida por la inteligencia y la emoción”.

El traductor le ofrece a su lector un pasaporte a tierras lejanas y a través de la magia de la lectura las fronteras entre dos mundos se borran. Si leer es viajar para el lector, el proceso de traducir es un viaje aún más intenso y un acto más íntimo para el traductor, quien trata de meterse bajo la piel de su autor. Para mí, la traducción es un acto erótico, una labor de amor y pasión que me lleva a investigar todo lo que pueda acerca del autor, su vida, la época en que tiene lugar su obra, y los hechos históricos, políticos, sociales y culturales que informan el texto. En su trilogía, Suez narra la saga de varias familias judías, insertando en la petite histoire de sus personajes ficticios hechos verídicos sobre la experiencia colectiva de la diáspora judía y el desarrollo histórico de la Argentina, como también historias de sus propios ancestros, judíos rusos de herencia Ashkenazi que emigraron a fines del siglo 19 de Odessa y Besarabia a San Gregorio, Villa Clara y Basavilbaso en esta provincia de Entre Ríos.

Para entender mejor lo que estaba traduciendo, entrevisté a Perla acerca de su familia y leí todo lo que pude sobre las colonias agrícolas de Entre Ríos. Por ejemplo, aprendí que los bisabuelos paternos de Perla fueron asesinados por los cosacos en un pogrom, y que sus bisabuelos maternos y abuelos paternos emigraron por barco a la Argentina en el Wesser, y al llegar al puerto de Buenos Aires, se alojaron en el Hotel de Inmigrantes antes de trasladarse a las colonias agrícolas de Entre Ríos, establecidas por el Barón Maurice de Hirsch como un nuevo Sión en las pampas húmedas argentinas. De hecho, la primera frase de El arresto es: “Vasili y Ana Finz llegaron a Villa Clara con los inmigrantes que trajo el Barón Hirsch, a fines del siglo diecinueve” (111).

Para traducir El arresto, investigué La Semana Trágica que ocurrió en Buenos Aires en enero de 1919, evento histórico que sirve como trasfondo para la segunda parte de la novela. En El arresto, Lucien Finz, un joven arrocero de Villa Clara va a Buenos Aires para estudiar la medicina y sin querer se encuentra involucrado en los eventos turbulentos de La Semana Trágica cuando fuerzas paramilitares detuvieron, torturaron y mataron a obreros huelguistas y personas inocentes, entre ellos, inmigrantes judíos como el protagonista, víctimas del anti-semitismo. Para Complot, fue necesario estudiar el papel que la Gran Bretaña desempeñó en la historia argentina durante las primeras décadas del siglo 20, por ejemplo, las inversiones de tierra, el desarrollo del sistema ferroviario, la exportación de carne vacuna y el tráfico de carne humana, es decir, la prostitución, entre otros negocios corruptos. Estas investigaciones sirvieron la doble función de ayudarme a traducir mejor las novelas y, al mismo tiempo, documentar los artículos críticos que publiqué sobre la obra de Perla.

Otro desafío para mí fue encontrar una editorial que me publicara la traducción de Letargo una vez la había terminado. Le envié el manuscrito de Lethargy a Ilán Stavans, Director de la serie de literatura judía latinoamericana de la University of New Mexico Press, y me dijo que le había encantado la traducción, pero que era un poco breve y quería saber si la autora tenía otras novelas que yo pudiera traducir. Cuando le dije que Letargo era la primera novela de una trilogía, seguida por El arresto y una tercera novela, Complot, que la autora estaba terminando en aquel entonces, Stavans propuso publicar las tres novelas en un solo tomo, tal como había hecho con The Algarrobos Quartet, una tetralogía de novelas deslumbrantes de Mario Goloboff, publicadas en 2002 en la misma serie de la University of New Mexico Press.

Ilán Stavans escribió la introducción a The Entre Ríos Trilogy como una despedida a la Jewish Latin America Series ya que él había decidido que este libro sería el último de la colección. La serie, que incluye más de veinte títulos de ficción de autores judíos latinoamericanos de la Argentina, el Brasil, Chile, México, el Perú, Uruguay y Venezuela, se inauguró en 1998 con una traducción del libro clásico del canon argentino, Los gauchos judíos de Alberto Gerchunoff. Me parece apropiado que el círculo se cierre ahora con la publicación de otro libro que capta la vida de las colonias judías de Entre Ríos. De hecho, Stavans se refiere a Perla Suez como “una descendiente de Gerchunoff, una soñadora, una maga del lenguaje” (xiv).

Después de recibir el contrato para traducir las tres novelas, fui a la provincia de Entre Ríos para ver con mis propios ojos lo que solamente había estudiado en libros. ¡Qué lujo para una traductora poder viajar con la autora a la tierra de su infancia y tener al volante un excelente chofer, su esposo Roberto Suez, quien aguantó durante una semana las mil preguntas que le hice a su mujer en el camino! Retrazamos los pasos de Déborah, la protagonista de Letargo, viajando de Córdoba a Basavilbaso, parando primero en la casa de infancia de Perla en la calle Uchitel 355, el modelo para la casa de Déborah en Letargo. Allí nos recibió Doña Rosita, con su pelo en ruleros ya que habíamos interferido en su hora de belleza. Pensé que la vería otra vez en esta visita, pero desafortunadamente ella falleció el mes pasado, lo cual me da mucha pena.

Fue tan emocionante para mí entrar en la casa y ver los espacios íntimos que aparecen en la novela filtrados por la memoria de la autora y transformados en ficción. Cruzamos el umbral y estuvimos en la salita, donde la madre de Déborah tejía una manta celeste para su bebé, la misma salita donde Perla y Sergio Carlín, compañeros de la Escuela No. 9 Matías Zapiola, bailaban el twist a los discos de Elvis Presley, Pat Boone y la música popular del Club de Clan. Luego vi el dormitorio donde Déborah, como la autora, pasaba horas leyendo y escribiendo en sus cuadernos. Después vi la cocina donde la Bobe preparaba el borsch y los knishes, y afuera de la casa, el patio y el jardín donde ella regaba los junquillos y cortaba las calas. Luego vi tantas otras cosas que figuran en Letargo: la estación del tren de Basavilbaso, los terraplenes al lado de los rieles, el paso al nivel y un cochemotor. Visitamos la Sinagoga Novibuco construida por la familia de Silvia Roskin, quien me enseñó a hacer la Oración de las Velas, tal como hacía la bobe de Déborah cada viernes al atardecer. Luego visitamos los cementerios judíos de Basavilbaso y el de San Gregorio, donde Perla y yo dejamos piedras en la tumba de su abuela Pesi Winocur como una muestra de recuerdo.

En Villa Domínguez visitamos el Museo de las Colonias de Entre Ríos y allí vimos muchos artefactos y fotografías de los primeros colonos judíos, incluyendo los instrumentos quirúrgicos del celebrado Doctor Yarcho, mencionado en Letargo. Pasamos la noche en Cólon, y por la mañana dimos un paseo por el gran Río Uruguay, cerca de cuyas orillas tiene lugar la novela Complot. Luego fuimos a Pueblo Liebig, fundado por los ingleses al principio del siglo 20, y allí visitamos el frigorífico junto al Río Uruguay, elemento fundamental en la novela Complot que tiene como personaje principal un inglés llamado Mister Broker. En agosto de 2003, cuando hicimos nuestro viaje, Perla todavía no había terminado la novela. En la cafetería del frigorífico de Pueblo Liebig, tuve el privilegio de ver el proceso creativo desarrollarse mientras la autora se puso extática al conversar con el dueño del restaurante, el Señor Rubén, quien había trabajado casi toda su vida en el frigorífico. Mientras Roberto y yo disfrutábamos de unas milanesas enormes, Perla apenas comió, prefiriendo hacerle mil preguntas al Señor Rubén acerca del la historia del frigorífico y la exportación de productos de carne a la Inglaterra, detalles que ella incorporaría luego a la novela.

Saliendo de Pueblo Liebig, comenzó a llover y los caminos de barro se pusieron resbalosos y una bruma espesa nos rodeó, cubriendo la tierra como una manta de silencio, tal como lo describe Perla en sus novelas. Y la lluvia y la niebla no nos abandonaron durante el resto del viaje, por lo tanto, puedo decir que fue una experiencia entrerriana auténtica, enriquecida por los knishes de Sarita Guiter de Moguilevsky que comíamos a lo largo del camino, “los mejores knishes de Basavilbaso” (270), según el libro Shalom Argentina. Llegamos finalmente a Concordia, donde nos alojamos en casa de Raúl y Alicia Schinder, amigos de los Suez, y allí tuve la oportunidad de aprender todo lo que quise sobre el cultivo de arroz, aspecto integral de la novela El arresto. Resulta que entre otros oficios, Raúl Schinder es arrocero, y él y otro amigo suyo, Alberto Livore, un arrocero agrónomo egresado de la University of Texas A & M, me explicaron en lujo de detalles la faena precaria de la arrocera, mientras Alicia nos servía knishes y un rico Malbec. ¿Qué más podría yo pedir? Tal vez un poco de ese limoncello casero tan delicioso hecho por Carlos Schinder, el padre de Raúl.

Como Uds. se pueden imaginar, ese viaje a Entre Ríos fue fundamental para mí y enriqueció muchísimo la traducción de las tres novelas. Después vino el trabajo meticuloso de terminar la traducción en casa, con la ayuda de Perla, a quien le consulté por correo electrónico acerca de detalles que no comprendí bien. Y eso no fue fácil porque en aquel entonces las únicas palabras que Perla sabía decir en inglés era una expresión que le había enseñado en el viaje, “I am a backseat driver”, que quiere decir que le gusta decirle a su esposo cómo debe manejar. Pero gracias a su enorme paciencia y las imágenes que le envié de mis búsquedas por internet, pude encontrar las palabras exactas que necesitaba para traducir al inglés elementos que tenían que ver con arquitectura, mueblería, transporte, armas, ropa, comida, baile, música, y costumbres religiosas, como también nombres de pájaros, insectos, flores, árboles, peces y animales originarios de la provincia de Entre Ríos. Tengo que confesar que a veces esto fue difícil para mí porque no soy una niña del campo como Perla, y la verdad es que no podría distinguir un tero de una tijereta, ni un dorado de un surubí, ni un paraíso de un peteribí, como tampoco reconocería la diferencia entre los ovarios de una vaca y los testículos de un toro, incluidos en la lista de productos exportados a Londres del frigorífico de La Lucera en la novela Complot. Pude resolver todas mis dudas, gracias a la ayuda de Perla y otros amigos, incluyendo las escritoras Ana María Shua y Tununa Mercado, colegas de mi departamento, mi propio padre Ronald Dahl, quien me ayudó con las escenas de pesca y caza en Complot, y mi esposo Bob Buchanan, siempre mi primer lector.

Ahora que el libro está publicado, espero que al leer esta trilogía, en su original o en traducción, los lectores sientan lo mismo que sentí yo cuando leí las novelas por primera vez: un renovado aprecio por el espíritu humano y una comprensión más profunda de por qué algunas personas se convierten en víctimas de sus circunstancias, mientras que otras superan el trauma y encuentran semillas de esperanza entre las ruinas del pasado.

Obras Citadas


Eco, Umberto. Experiences in Translation. Toronto: University of Toronto Press, 2001.

Kapszuk, Elio, et. al. Shalom Argentina: Huellas de la colonización judía. Buenos Aires: Ministerio de Turismo, Cultura y Deporte, 2001.

Suez, Perla. The Entre Ríos Trilogy. Trans. Rhonda Dahl Buchanan. Jewish Latin America Series. Albuquerque: University of New México Press, 2006.

---. Trilogía de Entre Ríos. La otra orilla. Buenos Aires: Grupo Editorial Norma, 2006.


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