Ver qué abarca el Antiguo Testamento y conocer el pueblo judío, sus costumbres y sus leyes






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Los levitas: encargados de guardar el Santuario, preparaban los panes de la propiciación 21, recibían los diezmos, cantaban en las festividades, contaban la limosna, instruían y ejercían justicia. No podían entrar al Sancta Sanctorum. Todo lo realizaban en el atrio.

Los sacerdotes: debían ser descendientes de la familia de Aarón, sin defectos físicos. Mantenían el fuego perpetuo en el altar de los holocaustos, quemaban las entrañas de los animales que se ofrecían en sacrificios, penetraban al Santuario, pero no al Sancta Sanctorum ofreciendo el incienso para las bendiciones, tocaban las trompetas, enseñaban la ley, juzgaban causas oficiales, visitaban enfermos y exhortaban a los soldados, etc. 

El Sumo Sacerdote era el juez supremo del culto. Le tocaba vigilar el tesoro del templo y gobernaba en todos los aspectos del ministerio religioso. El descendiente primogénito en línea directa de Aarón era elegido como Sumo Sacerdote. Ofrecía el cabrito del sacrificio y entraba una vez al año, en la fiesta de la Expiación, al Sancta Sanctorum, donde rociaba el velo y el Arca con la sangre del animal y quemaba incienso. Consultaba a Yahvé por medio del Urim y Turim que eran piedras que llevaba en el pectoral. Usaba una tiara, especie de corona con la inscripción de “Santidad Yahvé”, un efad o roquete y sobre éste, un pectoral rectangular con doce piedras preciosas. Su subsistencia estaba asegurada, gracias a los diezmos. 

2. La Biblia es Historia de la Salvación 

Los 73 libros de la Biblia tratan del esfuerzo que Dios ha hecho para salvarnos. Por eso, la Biblia es el libro que contiene la historia de la salvación por parte de Dios. Esta historia de la salvación gira alrededor de un eje: Jesucristo. Todos los libros de la Biblia nos hablan de Jesús; con una diferencia: los 46 libros del Antiguo Testamento hablan de Jesús 
“que va a venir”; en cambio, los 27 libros del Nuevo Testamento nos hablan de Jesús que “ya vino” y “que va a volver”

Con este nombre de Historia de la salvación, entendemos la entrada de Dios en nuestra historia y en nuestra vida. Es Dios que viene para conducir a todo hombre a su fin último, que es el Reino de Dios. La enseñanza más importante, el mensaje que el Señor da en cada página es que Dios interviene con su poder en la historia del hombre e interviene siguiendo un plan, un proyecto determinado, desde la creación hasta el final de los tiempos. 

En esta historia de la salvación hay tres componentes importantes: Dios, el Pueblo elegido y la Alianza.

a) Dios: 

El Dios de nuestros padres, de Abraham, de Isaac y Jacob revela su nombre: Yahvé (cf. Ex 3, 13-15), “Yo soy el que soy”, es decir, soy el Idéntico, la Existencia. Es un Dios que toma partido por el débil y explotado; es el Dios liberador, Señor de la historia humana (cf. Am 2, 10-12; 9, 7; Is 10, 24-27; 22, 11). Es el Dios de la naturaleza y de la creación (cf. Gn 1; Sal 8; Job 38, 41). Fuera de Él no hay ningún otro Dios (cf. Is 41, 24.29; 43, 11; 44, 6). Es el Dios que no podemos encasillar (cf. Job 38, 42), ni localizar (2 Sam 7, 5-7), ni manipular ni fabricar a nuestra medida (cf. Os 11, 9; Nm 23, 19; Jud 8, 16), ni siquiera hacer su imagen (cf. Ex 20, 4-5; Deut 5, 8-9), pues su imagen está en el prójimo (Gn 1, 26-27; 9, 6).

Jesús nos lo ha revelado preferentemente con el nombre de Padre (cf. Mt 11, 25-27; Mc 14, 36; Lc 23, 34.46; Jn 11, 41; 17, 1.5.11) para mostrarnos así su misericordia. Su Padre lo ha enviado a Él (cf. Jn 3, 16; 4, 34; 5, 36), y juntamente con su Padre nos dan el Espíritu Santo Paráclito (cf. Jn 14, 16-17.26; 16, 13-15). 

En continuidad con el Antiguo Testamento Dios en Cristo Jesús se identifica con el marginado, el necesitado (cf. Mt 25, 31-46).

b) El Pueblo 

Dios que ha creado al hombre como ser sociable, ha querido también ofrecer la salvación no al hombre aislado, sino al hombre llamado a formar una comunidad. Por eso, desde el Antiguo Testamento Dios se eligió para sí un pueblo, para que fuera de su propiedad (cf. Deut 7, 6; 14, 2), pueblo consagrado a Él por la alianza (cf. Ex 19, 5-6); pueblo de Yahvé (cf. Jc 5, 13). 

El motivo de la elección no radica en los méritos o cualidades de Israel, sino en la misericordia de Dios que lo ama. De ahí que la elección no sea fuente de privilegios, sino de responsabilidades. 

En el Nuevo Testamento Jesús constituye el nuevo Pueblo de Israel (cf. Mt 2, 15; 4, 1-11). Será un pueblo universal, sin barreras de ninguna especie, tal como lo habían anunciado los profetas (cf. Is 19, 16-25; 49, 6; 45, 14; Miq 4, 1-3; Zac 14, 9.16). Este nuevo pueblo es la Iglesia, abierta a todos los hombres. 

c) Alianza 

Es el pacto que hace Dios con su pueblo, donde le promete su protección, su cercanía. 

Se escogió hombres para hacer su Alianza: Noé (cf. Gn 6, 18), con Abraham (Gn 17, 2. 4), con David (cf. 2 Sm 7; Is 55, 3; Sal 89, 4-5), con Leví (Mal 2, 4-5). Pero principalmente la hizo con su pueblo (cf. Ex 19 y 20). No obstante las infidelidades de éste, Dios le prometió una nueva y definitiva alianza (cf. Jer 31, 31-34; Ez 36, 25-28) que se llevaría a cabo a través del Siervo de Yahvé (cf. Is 42, 6; 49, 6; 53, 12).

Esta nueva Alianza fue sellada en la sangre de Jesús (cf. Mt 26, 28) poniendo así fin a las transgresiones de la antigua (cf. Heb 8, 6-13; 9, 15). Es la alianza nueva de la que los escritos del Nuevo Testamento dan fe que ha sido cumplida (cf. 2 Cor 3, 4-6; Gal 3, 15-20; Heb 12, 18-19).

3. Etapas de la Historia de la Salvación 

a) Un pueblo que se prepara

Dios desde el principio quiso la salvación de todos los hombres. Desgraciadamente el hombre, desde sus orígenes, rechazó esa amistad divina, separándose así de Dios, enemistándose con sus semejantes y trastornando su relación con la misma naturaleza. A pesar de esto Dios nunca abandonó a la humanidad caída por el pecado. 

Deseando la reagrupación de los hombres divididos por el pecado, Dios quiso formar un pueblo, y para eso eligió a los patriarcas: Abraham, Isaac y Jacob. Ellos son los portadores de las promesas que se harán realidad en un futuro: promesas de la descendencia, de la tierra y de la bendición de todos los pueblos. 

b) Un pueblo que se libera y se forma 

Los descendientes de los patriarcas se establecieron en Egipto, allí sufrieron la opresión y la esclavitud. Clamaron a Dios y Él los liberó sacándoles de la esclavitud. Moisés fue el guía elegido por Yahvé su Dios para llevar a cabo esta empresa. Salieron de la tierra y marcharon por el desierto. Pero se rebelaron contra Dios, porque durante esa trayectoria Dios los fue probando. Dios les perdonó y les mostró su cuidado providente, dándoles pan, agua. En el desierto Dios hizo un pacto con ellos y así quedó constituido y formado el Pueblo de Dios.

c) Un pueblo que vive bajo la Alianza 

Al conquistar la tierra de Canaán, bajo el mando de Josué, se establecieron allí. Hubo momentos de gran fidelidad a Dios. Pero otra vez volvieron a apartarse de Dios. Dios les mandó los profetas que les anunciaban de nuevo la alianza, y les denunciaban sus extravíos. 

¿Cuáles fueron los pecados de este Pueblo? La idolatría, utilización del culto para sobornar a Dios, explotación de los débiles, rebeldía, etc. Por eso, Dios rechazó a su pueblo con la destrucción de los reinos de Israel y de Judá. El exilio fue la consecuencias de la ruptura de la Alianza. 

d) Un pueblo bajo la esperanza de la Nueva Alianza 

El castigo del exilio no es la última palabra del Señor, sino que de nuevo les mostrará su misericordia, devolviéndoles a la tierra que habían perdido y dándoles la esperanza de una nueva alianza que no fallaría como la anterior. El pueblo del exilio reconoce su error y se convierte al Señor. 

Al regresar a la tierra comienza ese pueblo a vivir la época de los humildes comienzos, sin grandes seguridades humanas. Sólo con la seguridad de la promesa divina va preparándose en el anhelo y la esperanza de la plenitud de los tiempos, la venida del Mesías y la instauración del reinado universal y definitivo de Dios. 

e) Un pueblo bajo la Nueva Alianza 

Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su hijo nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley. En Jesús se cumplen todas las promesas del A.T; en Él llega a su plenitud toda la historia de la salvación. 
Con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, con sus signos y milagros, y sobre todo con su muerte y gloriosa resurrección, con el envío del Espíritu de la verdad instaura y hace presente el Reino de Dios, nos revela la misericordia de Dios que es nuestro Padre, manifiesta y realiza la reagrupación de los hombres dispersos y divididos por el pecado. Agrupa en torno a sí discípulos y gente que lo sigue, formando con ellos la comunidad, el nuevo Pueblo de Dios, abierto a judíos y gentiles. Ese nuevo Pueblo es la Iglesia. Con su sangre sella la nueva y definitiva Alianza. 

Sus discípulos son peregrinos en este mundo, colaboran en la construcción del Reino de Dios y anhelan el retorno glorioso del Señor Jesús. 

4. Visión panorámica de la historia de la salvación 



 Dios crea al hombre para compartir con él su vida divina.



 El hombre, por instigación de Satanás, falla a Dios por soberbia y desobediencia.



Dios hace una promesa de salvación (Gn 3, 15).



Llama a Abraham para restaurar la alianza rota. (Año 1900 a.C).



Escoge a Moisés para liberar al pueblo esclavizado y celebrar la Pascua



Con Josué, Dios renueva la Alianza (Jos 24, 1-28) 



 Período de los jueces para liberar o salvar a su pueblo y darles Canaán (año 1200 a.C)



 Período de los reyes, sobre todo con David, que anuncia la venida del Mesías (año 1000 a.C.)



 Período de los profetas que predican la Palabra de Dios (anuncio y denuncia), llaman a la conversión, purifican el culto, luchan por la justicia, anuncian al Mesías, preparando el camino para la Palabra hecha carne. Hacia la Nueva Alianza (año 1000 a.C).



 Cisma: Reino del sur en Jerusalén, y Reino del Norte en Samaria. La infidelidad y la idolatría son camino hacia el fracaso. Bajo la dominación asiria. Elías y Eliseo son campeones de la fe (930 a.C).



 Destierro: Tiempo de prueba: lejos de la tierra, sin templo, sin culto, sin rey. Bajo la dominación babilónica. Israel se purifica y se convierte. Madura la conciencia del pueblo de Dios. Responsabilidad individual. Se va formando el Israel cualitativo (Años 587-538 a.C.).



 Queda el resto fiel (Is 35, 10; 51, 11), los pobres de Yahve (Ez 36, 26; Jr 32, 37-41). Viene una ardua tarea de reconstrucción material (Nehemías) y espiritual (Esdras) hasta el reencuentro con la alianza (Esdras 8 y 9). Retorno del exilio. Dominio persa con Ciro. Hacia un nuevo reino (año 538 a.C.)



 Los sabios de Israel (Proverbios, Job, Eclesiastés, Cantar, Eclesiástico, Sabiduría y Salmos): guías espirituales de Israel que dan testimonio de Dios, son precursores del evangelio y vivifican los valores humanos. Rebelión macabea en defensa de la fe verdadera contra la idolatría pagana. Dominio griego y romano (333 a.C. y 63 a.C). 



 El precursor Juan Bautista, última voz profética: “convertíos porque ha llegado el Reino de los cielos” (Mt 3,2).



 LA VENIDA DE JESUCRISTO, el Enmanuel. Nueva Alianza con su pasión, muerte y resurrección. 



 Pentecostés: nuevo Pueblo, la Iglesia, formada por pastores y fieles. Su misión es evangelizar con el testimonio y con la palabra. Este nuevo pueblo tiene un modelo, la Virgen; y un día, el domingo, para actualizar la Pascua. Pueblo que tiene como compromiso la caridad y la justicia. Pueblo que peregrina hacia la patria celestial

VI. CONCLUSIÓN:

Todo el Antiguo Testamento es una espera siempre más creciente de la venida de Cristo. Todo es una tensión hacia Él. Quien termina de leerlo, queda con el ánimo suspenso, en espera de la realización de todo el misterio de salvación ofrecido por Dios. El Nuevo Testamento, con Cristo Jesús, dará respuesta a esa espera de salvación. Jesús es ese Cordero cuya sangre salva al pueblo de la esclavitud (cf. Ex 12), es el Alimento misterioso que en el desierto alimenta a los hebreos (cf. Ex 16); es el Rey-Mesías prefigurado en David; es el Siervo de Yahvé del que habla Isaías. En una palabra, Jesús realiza lo que en el Antiguo Testamento era presentado como una figura. 

La síntesis más sublime de este Plan divino, que hace del hombre una imagen perfecta en su Hijo, y de la humanidad un Pueblo santo la encontramos en san Pablo, Col. 1, 3-2, 17 y Ef. 1, 3-21. Podemos resumir estos textos así:



La preparación del plan de salvación en la mente de Dios desde la eternidad, en Cristo.



La preparación de la plenitud de los tiempos (todo el A.T).



La realización de la salvación en su plenitud con Cristo Jesús (Evangelios).



El desarrollo de la salvación en el tiempo, por medio de la Iglesia, como nuevo pueblo de Dios, en macha hacia el Reino (Hechos y Apocalipsis).



El término al final de los tiempos, cuando la historia acabe y se restaure plenamente el Reino de Dios. 

VII. ORACIÓN: Señor, que sepa descubrir detrás del Antiguo Testamento tu amor misericordioso y providente; que detrás de cada página del Antiguo Testamento vaya descubriendo la imagen de tu Hijo Jesucristo, Mesías prometido y anunciado por tus profetas; y esto me llene de esperanza y alegría. Amén. 

2a sesión. El Pentateuco
I. INTRODUCCIÓN

Nos separan casi tres mil años de los primeros libros de la Biblia. Hay que ambientarnos en aquella época, para poder entenderla. Hay dos peligros: uno por exceso, es decir, creer al pie de la letra lo que dice la Biblia, a través de sus metáforas y géneros literarios; y el otro por defecto: rechazar todo, por considerarlo fantástico y lleno de colorido imaginativo. Nuestra actitud debe ser otra: sacar el mensaje de Dios, que se esconde detrás de ese revestimiento literario.

La religión del Antiguo Testamento es una religión histórica, es decir, fundada en la intervención directa de Dios a determinados hombres, en determinados tiempos y lugares. Dios hizo su elección y promesa e invita al hombre a su amistad y le pide fidelidad como respuesta a su alianza. Esta fidelidad pasa por cumplir la Ley que el Señor les ha dado. Por tanto, la historia sagrada se mueve en torno a estas realidades: Promesa, Elección, Alianza y Ley. 

Todo el Antiguo Testamento podemos dividirlo en libros históricos, libros proféticos y libros doctrinales. Los judíos lo dividen así: 

La Ley o Torah: los primeros cinco libros.



 Los Profetas o Nebim: los libros proféticos.



 Los Escritos o Ketubim: los Salmos, Proverbios, Job, Cantar, Ruth, Lamentaciones, Cohelet, Esther, Daniel, Esdras y Crónicas.

Los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, conocidos tradicionalmente como Pentateuco, constituyen un magnífico pórtico que da acceso al majestuoso edificio de la Biblia.

El nombre Pentateuco, de origen griego, alude a los cinco (penta) libros o “rollos” que lo forman y a los instrumentos o estuches (teukhos) en que se guardaban. No estamos ante cinco independientes. Al contrario, cada libro desemboca en el siguiente o arranca del anterior. , de forma que todos juntos desarrollan una misma trama narrativa que va desde la creación del mundo, pasando por el nacimiento de los pueblos, la era patriarcal, la estancia israelita en Egipto y en el Sinaí, hasta el comienzo de la Conquista de Canaán y la muerte de Moisés, en los umbrales de la tierra prometida. Esta historia unitaria y continua, formada casi a partes iguales por relatos y leyes, se divide a su vez en seis grandes etapas o capítulos, perfectamente diferenciados:



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