Principio del espacio en la escultura






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títuloPrincipio del espacio en la escultura
fecha de publicación21.06.2016
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Mario Vuillermoz
Principio del espacio en la escultura
Carlos Ciriza es capaz de dotar de movimiento y vida a un único bloque de hierro. Este don de fragmentar y torcer algo tan sólido y macizo es consecuencia de su voluntad de dejar que el aire penetre en la materia. No sólo crea volúmenes manipulando el hierro y el acero, sino que también busca la forja de los espacios.

Para ello, el autor fragmenta los bloques originales en diversas piezas que, al desplazarse o torcerse, generan múltiples huecos por los que se inserta el aire. Es decir, que al desencajarse una pieza de un volumen, es el espacio lo que está encajando, abriéndose paso a través de la obra. Esto expresa de forma contundente la relación directa e inseparable entre el volumen y los espacios, que es uno de los principios artísticos fundamentales del autor.
La descomposición de la materia en favor del espacio supone la reivindicación de lo aparentemente frágil e intrascendente sobre lo que a priori es más corpóreo y sustancial. Lo invisible también actúa y da forma a las cosas. A Ciriza le gusta reflexionar sobre la ambivalencia de estas realidades como dos tipos de espacios complementarios: uno lleno y otro vacío. Aunque de forma diferente, ambos se ocupan de rellenar el vacío.
La física de este siglo ha descubierto que el espacio vacío “no está tan vacío”. Más bien al contrario, está lleno de partículas encargadas de interacciones esenciales. El poeta Jorge Guillén iba más allá en este “rescate de lo etéreo”, con una frase que Chillida identificaba como filosofía propia: “Lo profundo es el aire”.

En el caso de las obras para espacios abiertos, la luz solar y los demás elementos atmosféricos añaden un componente extra de vitalidad. Ciriza quiere que sus obras se bañen de luz natural, dibujen siluetas, se mojen, se desgasten, se llenen de hojas y césped... Es decir, que “respiren” y se integren en su medio. Este tipo de piezas, de formato grande y monumental, plasman una poética íntimamente relacionada con la naturaleza. Así pues, los espacios y la luz son tan importantes en la obra de Ciriza como la recia materia a la que rodean y complementan.

Principio de la obra dinámica
Otra forma de dar vida a sus obras es el dinamismo que el autor imprime a cada una de sus partes. Unas veces, los fragmentos dispersos de sus esculturas se agrupan de diversas formas, desafiando el equilibrio tanto horizontal como verticalmente; en otras ocasiones, se deslizan hasta el borde de los huecos o flotan suspendidos en el aire, desafiando la gravedad.
De esta manera, componen “puzzles escultóricos” en constante movimiento, que se encajan y desencajan, organizándose o desorganizándose en relación al vacío que les rodea. Esta “metamorfosis constante” de piezas, como la define Rosa Martínez, “mutará rotundidad en flotación” y “gravidez en ascensión etérea”. En cuanto a los lienzos, su pincelada es, en palabras de Ignacio Urricelqui, “acelerada, briosa, nerviosa; hiriente, en algunas ocasiones; provocativa, rupturista”.
Ciriza se define a sí mismo como un “pintor y escultor del movimiento”. Este dinamismo quiere expresar “voluntad, impulsividad, pasión”, cualidades que el autor considera parte de un “significado gestual inherente al movimiento”.
Se trata, en todo caso, de un dinamismo fruto de la tensión entre las piezas, no de la velocidad con que éstas se desplazan. Las obras no transmiten fugacidad, sino más bien solidez y contundencia.
A través de los desprendimientos y desplazamientos del metal, así como de los tensos equilibrios entre fragmentos, estas piezas macizas parecen perder peso material y descomponerse ante nuestros ojos, aunque manteniendo intacto su “peso visual”.
Los volúmenes de Ciriza son racionalistas y sólidos en sus formas, ya que son eminentemente geométricos; pero a la vez son sensitivos, espirituales y apasionados en sus rupturas y movimientos.
Para el autor, “el acero oxidado hace la referencia precisa a la tierra”, a lo que posee las cualidades de “originario” y a la vez de “mudable”.
Esta es precisamente la sensación que transmiten sus esculturas: están hechas de un “material contundente, duro, sobrio y permanente”, aunque dirigidas a la “búsqueda de un lenguaje estético”; por tanto, se recrean en diversas formas y reflexionan sobre infinidad de conceptos. Hablamos de obras que exploran diversas variantes, aunque siempre interconectadas a través de un hilo conductor muy coherente. Gracias a esto, componen una poética

que es a la vez singular y universal, y sirve por tanto de reflexión individual y de encuentro colectivo. En palabras del autor, su arte cambia constantemente “el rumbo de las formas”, pero siempre dentro del mismo “mundo cosmopolita del volumen”; es libre y coherente, como corresponde.
Principio de la complementariedad de realidades contrarias
La convivencia entre realidades contrarias pero complementarias es otro principio habitual en la obra de Ciriza.

El autor suele plasmar conceptos duales que se contradicen sólo a nivel teórico, ya que en la realidad se dan conjuntamente. Esta es otra cualidad que otorga vida a sus obras, ya que parecen querer abarcar la complejidad de aspectos y matices que se dan en la existencia humana. Ciriza encuentra en esta “paleta de realidades filosóficas, matéricas y estéticas un campo de investigación y de creación muy amplio”.
Realidades contrapuestas como lo macizo y lo etéreo, o lo estable y lo dinámico, son, como hemos visto, dos de las más estudiadas por el artista. Chillida también consideraba fundamentales ambas parejas de cualidades, y se refería a ellas entremezclándolas metafísicamente: lo visible es “espacio lento”, y lo invisible, “materia rápida”.
Allí donde hay volúmenes tangibles, hay espacios incorpóreos que los rodean y perforan. Las piezas rectas conviven con las torcidas, las estables con las dinámicas... Mientras unos fragmentos se dispersan, otros se aproximan entre sí, mediante un proceso de síntesis y contención.

Incluso algunos parecen hacer una cosa o la otra, dependiendo del punto de vista desde el que se observan (lo cual genera otro juego de contrarios). Algunas formas están en equilibrio armónico con las demás; otras se acoplan generando tensiones entre sí; también las hay se desplazan siguiendo su propio rumbo.
El hecho de que todos los fragmentos se desprendan de volúmenes mayores, y no sean sólo piezas añadidas al metal, habla de la relación íntima entre el todo y las partes, entre diversas realidades y un origen común. Para Ciriza, “son necesarias varias partes enfrentadas para la consecución de la propia unidad”.
Cada pieza que se fragmenta y se desprende queda emparentada con la pieza “madre” a través del hueco que ha dejado, de forma y tamaño idénticos. Aquí surge también la idea del objeto y su huella, del aspecto positivo y negativo de una misma realidad.
En ocasiones, y debido a diversos juegos de desplazamientos, se hace más difícil averiguar el origen de las piezas fragmentadas. Pero si nos fijamos con atención en las siluetas que dibujan sus bordes, podremos seguir el rastro visual de todos los volúmenes hasta su convergencia en la pieza originaria.
Incluso los fragmentos más diferenciados entre sí pueden estar emparentados por haberse desprendido del mismo “cuerpo mayor”. Pero para darnos cuenta de estas interrelaciones tan íntimas, como sucede en la vida, hemos de estar dispuestos a realizar una observación más profunda, que trascienda las apariencias.

Las obras de Ciriza exigen, por tanto, una contemplación serena y abierta, para poder captar la amplia gama de conceptos que sintetizan. No podemos quedarnos en la disposición inicial de las piezas. La primera impresión tiene que llevarnos a todo un mundo de reflexiones en las que este “pensador de volúmenes” nos invita a introducirnos. Como vemos, sus obras son sencillas en tanto que despojadas de ornamentaciones, pero nunca simples en su mensaje.
Principio de la experimentación y la investigación
Ciriza es un escultor y pintor eminentemente empírico. Su obra no sería como es sin su vocación investigadora y experimentadora, y sin la tenacidad y la disciplina que le acompañan. Por tanto, su proceso creativo, “tanto a nivel conceptual como físico”, no obedece a ráfagas fortuitas de creatividad, sino que es “profundo y constante”.

Ciriza hace suyo el dicho de que “la inspiración te encuentra trabajando”.
Como afirma Carmen Areopagita, el arte de Ciriza no responde a “emociones pasajeras”, sino que es “el fruto de un trabajo”. El pilar fundamental de esta labor es “un deseo de racionalidad y reflexión profunda” acerca de “los diferentes elementos y campos plásticos”. Se trata de un “proceso cognitivo, plástico y emocional” a un tiempo, como sintetiza Urricelqui.
De ahí que, en palabras del propio Ciriza, sus obras irradien “la fuerza y la energía de la creatividad ordenada”.

Su proceso creativo parte del esfuerzo inicial por “visualizar las emociones y pensamientos” que plasmará en la materia. Sus fuentes de inspiración pueden ser múltiples: estéticas, emocionales, conceptuales… En cualquier caso, siempre busca “el desarrollo de una idea que armonice la efectividad con la belleza, y la persuasión con la estética”.
Cuanto más “inmediata, directa y limpia” sea esa premisa original, más posibilidades de trasladarla a volúmenes escultóricos.

Algunas de sus obras constituyen “expresiones totalmente genuinas”, y otras se desarrollan “como forma de comunicación”.

Como ya hemos visto, el espacio, el volumen y el vacío juegan un papel fundamental en su lenguaje escultórico, así como el color y el trazo lo hacen en el pictórico.

Principio de la “abstracción gestual“
Este espíritu indagador le ha llevado a ir abandonando las esculturas arquitectónicas y complejas para desembocar en formas más orgánicas, simplificadas y austeras. Pero no por ello menos ricas y elocuentes. Más bien al contrario, su técnica se ha ido volviendo más sencilla y rotunda.
En pintura, ha ido restringiendo y esquematizando la gama de colores, así como alejándose de los temas figurativos.
En palabras de Francisco J. Zubiaur, en sus lienzos “el mundo ya no es mirado, sino vivido, incorporado a la experiencia de cada cual”. Desde ese momento, lo importante pasa a ser “el valor expresivo del color”. El autor ha ido depurando su lenguaje hasta conseguir, en sus propias palabras, “el máximo de comunicación con un mínimo de medios y materiales”. Él mismo define este lenguaje como “formal-creativo” y como “abstracción gestual”, donde encuentra “casi infinitas las posibilidades estéticas”. Algo imprescindible para quien, a medida que pasan los años, dice sentirse “mentalmente más libre”.
La abstracción “escapa a las barreras de lo ya establecido”. En este universo lingüístico “la creatividad no tiene límites, ni para el artista ni para el subjetivismo del receptor”. Ciriza piensa que “cada obra tiene que estar absolutamente libre de asociaciones” para que, de esta manera, “el espectador pueda relacionarla como suya”.

La abstracción tiene voz, color, imaginación y creación en sí misma”, no necesita de referencias figurativas concretas.

Éstas más bien le estorban, ya que su finalidad última es convertirse en “un lenguaje universal, capaz de transmitir todo tipo de información”.
Principio de la interrelación pintura-escultura
Otro principio fundamental de la obra de Ciriza ha sido la interrelación entre pintura y escultura, hasta el punto de no poder existir la una sin la otra. De hecho, el autor afirma que tiene que “pintar y esculpir al mismo tiempo”.

Nuevamente, nos encontramos dos realidades complementarias en la esencia de su arte.

En sus comienzos, la relación pictórico-escultórica se daba a través de lo que Zubiaur define como “apropiacionismo”.

La pintura se acercaba a la escultura desde la tridimensionalidad que aportan los materiales y objetos adheridos, así como las capas de pintura en relieve. Parecen cuadros deseosos de tomar cuerpo.
Esta “sensación de vida y libertad absoluta”, la misma que irradian sus esculturas, es aun más contundente en el Ciriza actual, ya que su pintura viene a ser hoy la que “ubica, sugiere y descubre” posibles nuevas esculturas.
Sus dibujos y lienzos han pasado a ser un campo de experimentación, germinación y crecimiento de volúmenes que aspiran a materializarse en metal. De hecho, casi todas sus obras acaban dando el salto de un lenguaje al otro. A través de dibujos sobre papel y cartón, va surgiendo “un equilibrio sorprendente de formas, volúmenes y espacios”, señal para el artista de que “el volumen escultórico se hace, que la imagen se consolida”.
Este “descubrimiento del movimiento y de las diferentes posibilidades estéticas” hace que esos pequeños dibujos tengan una función central en el nacimiento y desarrollo de las grandes esculturas. En algunos casos, el artista llega a plasmar sobre el papel “todos y cada uno de las líneas y planos” que después llevará a escala.

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