Introducciones y conclusiones






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fecha de publicación05.06.2016
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Introducciones y conclusiones
Las introducciones y conclusiones son párrafos especialmente difíciles y comprometidos: la introducción debe «ambientar» al lector con el escrito; la conclusión debe dejar al lector con una buena impresión. A menudo oímos decir que el párrafo introductorio es el que cuesta mayor trabajo, ya sea por la necesidad de superar el obstáculo del “folio en blanco”, ya porque normalmente tiene un contenido importante (indicar el problema, plantear una tesis, etc.), ya, finalmente, porque en él el escritor presenta su estilo. De forma análoga, la conclusión contiene un último y significativo mensaje que a menudo resume todo el texto. En realidad puede abordarse el primer (y también el último) párrafo cuando el “cuerpo” del escrito está ya concluido. En efecto, la introducción y la conclusión siguen sus propias convenciones, que en parte difieren del resto del escrito.

INTRODUCCIONES
El propósito de la introducción es despertar el interés del lector. Si el primer párrafo es estimulante, inusual, el lector querrá saber más acerca de las opiniones de este escrito. La habilidad para comenzar un texto es un arte que se puede practicar siguiendo ciertos patrones. Al principio es difícil porque nos encontramos sin un pensamiento previo al cuál dirigirnos, nos exige un pensamiento original y un toque personal del autor.
En esta sección se describen algunos tipos de introducción y de conclusión, utilizando ejemplos tomados de artículos de prensa. El objetivo no es el de transformarnos todos en periodistas, sino más bien el de desarrollar el interés y la atención hacia un tipo de escrito en el que el principio y el final poseen una gran importancia: el inicio de un artículo tiene que resultar atractivo y eficaz, pues de otro modo el lector pasará a otro texto; el final ha de resultar agradable para dejar un buen recuerdo. Algunas de estas introducciones y conclusiones pueden también utilizarse en otros tipos de texto.



  1. Introducción-síntesis


La introducción-síntesis es una de las más frecuentes en todo tipo de texto. En ella se resume el tema o la tesis del escrito, en ocasiones desarrollando el título.
El problema del perdón a Curcio llega al Tribunal constitucional. En efecto, el ministro de Justicia, Martelli, ha firmado el recurso a los jueces para dirimir el conflicto de atribuciones planteado entre el propio ministro, el presidente del Consejo y el jefe del Estado, en torno a la concesión de un eventual perdón para el fundador de las BR (Il Messagero, 4-9-1991).
A pesar de los indicadores actuales y de las previsiones pesimistas en muchos ambientes alemanes, el «Economist » ha predicho que una parte importante de la Alemania oriental de antes podría transformarse en la región más moderna y desarrollada del país antes del final del siglo (11 Venerdi di Reppublica, 30-8-1991).
Este tipo de introducción ofrece la ventaja de dar, de forma rápida, informaciones esenciales sobre el contenido del texto; pero con el defecto de hacerlo previsible, y en ocasiones un poco reiterativo (véase en particular el segundo ejemplo).


  1. Introducción con anécdota


Las introducciones que incluyen una anécdota, un hecho, una historia, atraen e implican al lector, siempre muy interesado en hechos concretos y en experiencias individuales. Por ejemplo, en el párrafo siguiente se consigna un hecho concreto bastante sorprendente.
«Hace pocos días se presentó en mi pequeña aldea un muchacho que huía de la heroína, de la policía y de los mafiosos. ¿Qué podía hacer? Le ayudé a esconderse.» Bastan estas pocas palabras para emitir un juicio severísimo sobre la nueva ley contra la droga aprobada el año pasado. Quien las ha pronunciado no es el líder carismático de algún organismo de rehabilitación, uno de esos gurús que se disputan las mesas redondas y los programas de debate de la tele. Quien habla, en voz queda, es un humilde sacerdote calabrés, don Giacomo Panizza (L'Espresso, 30-6-1991).


  1. Introducción con breves afirmaciones


La introducción con breves afirmaciones es típica de un estilo periodístico, fragmentado. Está constituida por frases breves, formadas por pocas palabras y en ocasiones sin verbo. Es sintética y efectiva, pero puede resultar incomprensible si se lee aisladamente. Generalmente se repite y desarrolla a lo largo del párrafo introductorio. La lectura resulta en general fluida y poco trabajosa, en especial si se compara con otros estilos.
Final sorpresa de novela de misterio. Y con probable continuación que tal vez obligue a mucha gente, dentro y fuera de la Unión Soviética, a diluir el júbilo por el regreso a Moscú de Mijaíl Gorbachov y su reinstalación en el poder que le ha devuelto una multitud valerosa que ha luchado por él (L'Espresso, 1-9-1991).
Un contragolpe más. Es una de tantas definiciones posibles de la última fase de la Revolución rusa (Il Giornale, 4-9-1991).
Yeltsin por la mañana y Gorbachov por la tarde. Los dos líderes suben a la tribuna e increpan a los diputados del Congreso del Pueblo (11 Messaggero, 4-9-1991).
La URSS seguirá siendo una superpotencia, a pesar de Yeltsin. Son palabras de Stephen Cohen, el mayor sovietólogo americano (Panorama, 8-9-1991).


  1. Introducción-cita


La introducción-cita es una de las formas más utilizadas y eficaces para atraer la atención del lector. Puede tratarse de un proverbio, de unos versos de un poeta o de la frase pronunciada o escrita por una persona más o menos famosa. Es importante que el contenido de la cita se ajuste de manera no forzada al tema del texto. Sobre el golpe del verano de 1991 en la URSS, Enza Biagi cita una frase de Tolstói sobre Rusia; Massimo Fini, por su parte, recuerda una frase de Nenni sobre Italia, y la amplía al mundo soviético.
Lo dijo Tolstói: «Es imposible comprender a Rusia, sólo se puede creer en ella». En estos días hemos tenido la confirmación. Caídas y resurrecciones, torvas traiciones y fidelidades exaltantes. Algunos mitos se han derrumbado: por ejemplo, el del kremlinólogo (E. Biagi, «La era de Yeltsin », Panorama, 1-9-1991).
Decía el viejo Nenni que «en Italia todo lo que deja de estar prohibido se convierte en obligatorio». Los recientes acontecimientos soviéticos demuestran que, en realidad, el principio tiene una aplicación universal y se relaciona con la inagotada y extenuante vocación del hombre por el conformismo, su sempiterna ansia por encaramarse, lo más rápidamente posible, al carro del vencedor (M.Fini, «Contraorden, camaradas, el anticomunismo no es obligatorio», Europeo, 13-9-1991).
Quien desee utilizar citas en sus escritos habrá de construirse un auténtico archivo propio, notando pacientemente en el curso de sus lecturas frases o textos breves, interesantes incluso fuera de su contexto. Existen en el comercio libros que recogen frases, réplicas agudas y anécdotas (pero sólo servirán para los principiantes); entre ellos, por ejemplo:
Anónimo, Frases célebres y citas, 1.a ed., Barcelona, Sopena, 1990. Clarasó, N., (1970), Antología de textos, citas, frases, modismos y decires, 6.a ed., Barcelona, Acerva, 1992. Sintes, J., (1957), Diccionario defrases célebres, 7.a ed., Barcelona, Sintes, 1993. Sintes, J., (1941), Diccionario de máximas, pensamientos y sentencias, 9.a ed., Barcelona, Sintes, 1990. Sintes, J., Diccionario de axiomas juicios y reflexiones. Diccionario de la sabiduría, 1.a ed.: Barcelona, Sintes, 1991


  1. Introducción-interrogante


La introducción-interrogante plantea un problema. El texto posterior describe su desarrollo y, en ocasiones, añade otros Interrogantes que ilustran los diferentes aspectos de la cuestión inicial. Este tipo de introducción, como el anterior, tiene la ventaja de la inmediatez: el escrito aborda su asunto principal desde el inicio, de la forma más directa posible.
¿En qué se había equivocado Mijaíl Gorbachov? ¿En qué repliegues de su historia se esconden los errores que en los días pasados han permitido a sus enemigos plantar sus carros de combate frente a la puerta del Parlamento ruso? ¿De qué fallo pudo aprovecharse la Junta que por breves momentos ha hecho temblar al mundo con un torpe golpe residuo de épocas pasadas, casi patético frente al valor mostrado por los nuevos rusos convertidos en ciudadanos? (Panorama, 1-9-1991).
¿Son los académicos aburridos, antipáticos y presuntuosos? ¿Es verdaderamente insultante para una persona culta ser llamado «profesor universitario»? Desde las páginas de nuestro periódico, el crítico Guido Almansi ha lanzado una gravísima acusación a los docentes y a todos los que, con razón o sin ella, pueden ser definidos como académicos (11 Venerdi di Reppublica, 30-8-1991).


  1. Introducción-analogía


La introducción-analogía establece una comparación entre el tema del escrito y otra situación. Su objetivo es explicar el problema aprovechando un contexto similar que sea capaz de atraer la atención inicial del lector.
Nadie malgasta saliva en alabar el aire y el oxígeno. Por lo menos, mientras respira. Se alaban los beneficios del aire cuando falta el oxígeno, o cuando el sofoco o el asma impiden respirar. Así sucede con todas las cosas de este mundo, y por ende, así sucede también con la democracia (Europeo, 13-9-1991).
En las localidades veraniegas siempre se encuentra un personaje que es la cruz o la delicia de los visitantes: el animador. Por la mañana organiza grupos y partidos de diversos deportes, al anochecer bailes y canciones. No permite que nadie se aburra, no tolera que alguien se sumerja en una pacífica tranquilidad: omnipresente, combativo, todos los días enseña, arrastra, divierte, hace compañía. En agosto, también la enorme localidad veraniega que es Italia ha tenido su gran animador: nada menos que el presidente de la República, Francesco Cossiga (I/ Venerdi di Reppublica, 30-8-1991).


CONCLUSIONES
El párrafo que concluye un escrito tiene, como el introductorio, una función particular: la de dejar un buen recuerdo, enviar un postrer mensaje que resuma el sentido del escrito y dar a la lectura un sentido de plenitud. No se debe repetir lo planteado en la introducción, se debe ser contundente en las palabras. El último párrafo debe dar un cierre a las ideas antes desarrolladas. En él quedará claro cuál ha sido el punto de vista dominante a lo largo del trabajo: humor, desafío, profundidad en las ideas, etc.
Al presentar algunos ejemplos de conclusiones, seguiremos la misma tipología vista para las introducciones; de nuevo, utilizaremos para ello artículos de prensa.


  1. Conclusión-síntesis


La conclusión-síntesis, muy común en todo tipo de escritos, presenta un breve resumen de las principales ideas del escrito.
En realidad no estamos ante un jefe del Estado excéntrico [Cossiga], sino ante un jefe del Estado con características destructivas, reivindicadas por él mismo y proclamadas públicamente. A algunos les gustará. A nosotros, no. Pero poco importa. Lo que importa es que se ha colocado desde hace tiempo fuera de la ley y de la constitución (La Reppublica, 17-11-1991).


  1. Conclusión con anécdota


La conclusión con una anécdota, una historia, un hecho concreto, una imagen afortunada, recupera el hilo de todo el texto a través de elementos narrativos o visuales que atraen la fantasía y la imaginación del lector, dejándole un buen recuerdo del escrito. En el texto siguiente aparece una imagen eficaz.
Con el fracaso del golpe de Estado declina también el sueño neoimperial de la «fortaleza de las Repúblicas fuertes ». El futuro dependerá del resultado de conflictos internos cada vez más incontenibles. En el imperio soviético, el sol de Moscú está próximo, muy próximo al ocaso (L'Espresso, 1-9-1991).


  1. Conclusión con breves afirmaciones


Del mismo modo que puede construirse la introducción a partir de una frase breve, existe una conclusión con breves afirmaciones. Este tipo de conclusión sigue a un período que representa el verdadero final del texto, y se plantea como un eco, una resonancia que profundiza en él. A menudo ese «añadido» está constituido por un fragmento, una frase sin verbo explícito.
Estos tres días no pasarán a la historia por haber cambiado la faz del mundo. Aunque quedan todavía demasiados misterios por esclarecer (L'Espresso, 1-9-1991).
Para el discípulo de Occidente, nada volverá a ser igual que antes. Ni en su patria, ni en el exterior (L'Espresso,1-9-1991).
Para muchos, éste es precisamente el dilema que debe resolver la Unión Soviética de hoy. Primero comer. Para sobrevivir (Panorama, 1-9-1991).


  1. Conclusión-cita


También en la conclusión de un escrito es posible utilizar citas de todos los tipos, siempre que se adapten al tema tratado. Por ejemplo:
KGB, Ejército rojo, burocracia. ¡Pobre tovarich, que no se fía de nadie porque está acostumbrado a que le engañen! Querría tener al menos una seguridad: el pan cotidiano y la casa caliente. Las ideas, como decía Kruschev, vienen después: primero el gulasch. Siempre es difícil vivir: «Cuánto valor se necesita / para recitar a lo largo de los siglos: / como recitan los torrentes, / como recita el río». Son versos de Pasternak (E. Biagi, «La era de Yeltsin», Panorama, 1-9-1991).
Es preciso admitir que la profecía que hizo años atrás el viejo Solzhenitsin (<

  1. Conclusión-interrogante


La conclusión-interrogante plantea al final del escrito las cuestiones no resueltas, los problemas abiertos a las hipótesis de futuro:
Ahora, después de la victoria de Yeltsin y del regreso de Gorbachov, llegan de Europa muchas nuevas promesas de ayuda y de crédito. ¿Se mantendrán esas promesas? (Panorama, 1-9-1991).


  1. Conclusión-analogía


La conclusión-analogía establece un parangón entre el tema tratado y una situación que ofrece similitudes con él, únicamente en el párrafo de conclusión. Se trata de una última imagen o idea que se utiliza para reforzar los asuntos ya tratados en el escritorio.
En las peleas de gallos, lo que importa es que el pico golpee feroz y brote copiosa la sangre del pescuezo del animal herido de muerte. Ocurre que toda la vida italiana ha asumido los rasgos espasmódicos de la pelea callejera: hay competencia para ver quién grita más fuerte, quién se lanza a morder al adversario en la yugular y le envía al diablo, a él y a todos los filisteos que le hacen coro (Panorama, 26-5-1991).

Fuente: “Cómo se escribe” de María Teresa Serafini, editorial Paidós: Buenos Aires, 2005.

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