Modernismo 1 Rubén Darío






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títuloModernismo 1 Rubén Darío
fecha de publicación02.09.2015
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MODERNISMO
4.1 Rubén Darío

c ¿Cómo son las tres mujeres de que nos habla y qué efecto obraron en el poeta? ¿Qué les reprocha a cada una de ellas? ¿Por qué crees que califica de “síntesis de eternidad” los besos y abrazos de la tercera mujer? Sin embargo, ¿qué amarga verdad descubre el poeta? (vv. 45-48)
En los tres episodios amorosos relatados, el poeta encarna la pureza y la inocencia (“yo era tímido como un niño” v. 13; “mi amor hecho de armiño” v. 15, “tomo mi ensueño/ y lo arrulló como a un bebé”, v. 30). Las mujeres, en cambio, sólo le han correspondido con una sensualidad perversa que no ha saciado su “sed de amor”: La primera, es comparada a “Herodías y Salomé”, la segunda , a una “bacante”, aunque envuelta en “un peplo de gasa pura”; la tercera le ofreció “un amor hecho de exceso”, con un erotismo convertido en “síntesis de eternidad”, es decir, como si fuese un gozo perpetuo, capaz de hacer olvidar la mortalidad.
d ¿A qué mujer no ha logrado hallar? ¿Qué relación tiene esta mujer con la imaginada en «Venus»? A pesar de su fracaso y del “tiempo terco”, ¿renuncia el poeta a sus aspiraciones?
El poeta, hastiado de la sensualidad recibida de las mujeres, dice, en cambio no haber hallado a “la princesa / que estaba triste de esperar”, es decir el amor ideal, tal como aparece figurado en el poema “Venus”. Cuando es viejo (“con el cabello gris”), pese a que la vida le “amarga y pesa”, sigue enamorado de la hermosura (“me acerco/ a los rosales del jardín”). Así pues, el impulso hacia la belleza, lejos de mitigarse, se ha agudizado y esencializado con el tiempo, según la tendencia platónica ya apuntada en el comentario al poema anterior. Cuando “ya no hay princesa que cantar”, el deseo de amor se proyecta hacia la esperanza en un más allá de renovación y plenitud espirituales. Así se explica la mayúscula de “Alba” en el verso final: “¡Mas es mía el Alba de oro!”. Para corroborar esta interpretación, diremos con Jaime Concha que, en Cantos de vida y esperanza, poemario al que pertenece “Canción de otoño en primavera”, aparece reiteradamente la contraposición entre la luz como esperanza escatológica de plenitud salvadora, y las tinieblas de una existencia mortal carente de sentido, pese a los placeres ocasionales.

4.3 Antonio Machado

c ¿Sobre qué elementos del paisaje incide el pincel de Machado en esos tres apartados? ¿Qué colorido emplea? ¿En qué estación del año sitúa su descripción?
Las tres primeras secciones de “Campos de Soria” se dedican a la descripción del paisaje rural que rodea la ciudad provinciana. El poeta se esfuerza en captar los matices lentamente cambiantes de una primavera que llega con retraso a Soria, zona extremadamente “árida y fría”: es abril y aún hay nieve en el Moncayo y tanto “el caminante”-poeta como “los pastores” van abrigados como en invierno (vv. 10-12).

El poeta selecciona aquellos elementos del paisaje propios de una altiplano estepario, en el que la presencia vegetal y animal es pobre sobre y predomina visualmente el sustrato geológico desnudo. Así pues, los colores oscuros, de la gama tierra-piedra son los más frecuentes, con ocasionales notas metálicas: “las colinas y las sierras calvas”, “cerros cenicientos” “tierras labrantías / como retazos de estameñas pardas”, “plomizos peñascales”, “llanos plomizos”, “lomas plateadas”. La incipiente primavera aporta pinceladas de diversos tonos de verde (“verdes pradillos”, “verde oscuro”, “glauco vapor”) y manchas de colores más vivos de las distintas floraciones (“diminutas margaritas blancas”, “zarzales floridos”, “violetas perfumadas” , “montes de violeta”). Las superficies más amplias de colores luminosos pertenecen al cielo de poniente o a la luz que de él emana: “lienzo de oro del ocaso”, “tornasoles de carmín y acero”, “cumbres de nieve sonrosada”.
d ¿Qué hace cada uno de los tres miembros de la familia en la sección IV? ¿En qué estación del año y en qué parte del día sitúa la escena? ¿Qué impresión nos produce el conjunto?
Los seres humanos que el poeta enfoca a partir de la sección IV son tan pobres como el paisaje en que se integran, La contemplación estética de estas figuras no mengua la descripción crítica de su miseria. El primer miembro de la familia presentado es un niño cuya cuna es “un cesto de juncos y retama” entre las “negras testas” de los bueyes, “doblegadas / bajo el pesado yugo”. Casi tan oprimidos por el duro trabajo como los animales de tiro están las figuras de los padres del bebé, “un hombre que se inclina hacia la tierra,/ y una mujer que en las abiertas zanjas arroja la semilla”. Los personajes está sembrando, presumiblemente cereal, en otoño, con el objeto de que germine en la primavera siguiente. La escena se sitúa en el crepúsculo, de modo que las figuras aparecen a contraluz: “las sombras se agigantan” en contraste con el intenso cromatismo del cielo (vv. 48-50). Tales sombras, sin dejar de ser un efecto natural, vienen a simbolizar la tristeza de unas duras condiciones de vida que parecen destinadas a prolongarse hacia las generaciones futuras, según sugiere la situación del niño, tan ásperamente acunado.
e En la sección V se nos describe a otra familia. ¿Qué drama han vivido y cómo lo reflejan los viejos? ¿De qué modo destaca su soledad? El poema se abre con una estampa invernal y se cierra con una alusión a la primavera. ¿Qué relación simbólica tienen dichas estaciones con cada uno de los personajes?
La sección V se sitúa en un “mesón al campo abierto”. Dentro de él, lo que podría ser una escena meramente costumbrista, se presenta como el resultado de una tragedia, no heroica, sino producida por las duras condiciones de vida campesina. El hombre que debería ser sostén de la casa ha muerto en un accidente de trabajo. Era un arriero que se ha perdido y ha muerto sepultado en la nieve (vv. 63-66) —de ahí que la nevada sea descrita como el caer de la tierra “sobre una fosa”. Ha quedado un hueco generacional entre “los viejos” (padres del hombre muerto) y su hija (“la niña”): “en torno al fuego hay un lugar vacío”. Por ello el viejo está marcado con un rasgo de dolor en el que se incide con una doble comparación: su “hosco ceño” es como un “tachón sombrío” y mortal como un “golpe de hacha sobre un leño”.

La madre-abuela parece amagar una esperanza que se frustra, cuando “mira al campo / cual si oyera pasos sobre la nieve”, pero “nadie pasa” y todo en derredor está “desierto”. En contraste con la triste presencia del pasado, en la escena invernal, la niña representa la esperanza, pues proyecta sus pensamientos hacia la primavera futura (vv. 75-78), mientras tiene en sus manos las prendas de color (“cose / verde ribete a su estameña grana”) que preludian la estación venidera y simbolizan su juventud.
f ¿Cómo plasma sus críticas de la ciudad y de sus habitantes?
Pese a reconocer la belleza de Soria bajo la luz de la luna, Machado relaciona la pobreza de la ciudad con su carácter ranciamente aristocrático —que se perfila, en consecuencia, como reaccionario—, al modo como lo hiciera el autor del Lazarillo, con el Escudero, y Cervantes, con el Ingenioso Hidalgo. Por eso fija en su “castillo guerrero”, pero “arruinado”, sus “murallas roídas / y sus casa denegridas”. La ciudad “de señores, / soldados o cazadores” que evoca Bécquer en El monte de las ánimas, está “muerta”; posee “portales con escudos / de cien linajes hidalgos”, pero son “famélicos”, “flacos y agudos” los galgos que “pululan” por sus “sórdidas callejas”.
g ¿Qué elementos del paisaje soriano reúne a modo de síntesis en la sección VII? ¿De qué modo se manifiesta en este poema la implicación emocional del autor?
En el poema domina la enumeración de sustantivos que designan elementos del paisaje soriano, complementados mediante adjetivo (“calvas sierras”), sintagma preposicional (“álamos de río”) o proposiciones adjetivas introducidas por adverbio relativo (“donde parece que las rocas sueñan”). Tres de los miembros enumerados se repiten al principio y al final del poema, confiriéndole una estructura circular, y, por lo tanto, cobran relieve sobre los demás: “Colinas plateadas, / grises alcores, cárdenas roquedas”.

Los sentimientos del poeta están implícitos en los marcadores modales: interpela a todas las realidades que nombra, cuya enumeración es, pues, vocativa, y se dirige a ellas exaltadamente, pues el poema todo está formado por tres períodos exclamativos. Pero su implicación emotiva también se hace expresa en los versos 107-9 (“hoy siento por vosotros / en el fondo del corazón, tristeza, tristeza / que es amor”) y en el 111, donde la expresión “conmigo vais”, connota la situación de despedida que contextualiza la enunciación.
h ¿Qué carga afectiva, de obvias resonancias personales, tienen los “álamos dorados” que protagonizan la sección VIII?
Antonio Machado, que abandona Soria tras la muerte de su esposa Leonor, antes de irse vuelve “a ver los álamos dorados”, y simbólicamente se los lleva consigo, “en el corazón”. Los álamos guardan perpetua memoria del amor que los ha marcado (“tienen en sus cortezas/ grabadas iniciales que son nombres / de enamorados, cifras que son fechas”) y el poeta admira en ellos la capacidad de regenerarse: se mantienen firmes, trascendiendo el tiempo (“el agua/ que corre, pasa y sueña”) y renovando cíclicamente su alegría; aunque aparecen ahora con su aspecto otoñal (alude a “sus hojas secas”), “ayer ” estuvieron poblados de ruiseñores —antiguo emblema del poeta enamorado— y “mañana” sus hojas volverán a sonar como “liras / del viento perfumado en primavera”.
i Tras la crítica al atraso de la ciudad y de sus gentes de la sección VI, ¿qué deseo expresa el poeta al final de la sección IX?
En la sección IX se hace más explícito el tono de despedida emocionada. El poeta reconoce que el paisaje soriano y su paisanaje le han “llegado al alma”, acaso despertando lo que estaba “en el fondo de ella”. Sin embargo, se niega a idealizar la inmovilidad de esas gentes como hicieran los llamados escritores del 98, singularmente Clarín y Unamuno, que convirtieron el paisaje rural y urbano de Castilla la Vieja en símbolos casticistas de una mítica espiritualidad española opuesta a los valores de la modernidad y el progreso. Por este motivo, a esas gentes que Machado vincula al “llano numantino” de la resistencia y a la reaccionaria actitud de los cristianos viejos, les desea que adquieran aquello de lo que carecen: “alegría”, “luz” (de razón

y progreso) y “riqueza”.

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