Prólogo






descargar 1.27 Mb.
títuloPrólogo
página7/29
fecha de publicación07.04.2017
tamaño1.27 Mb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Finanzas > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   29

Capítulo seis



Querido primo:

Más allá de vuestro tono de alarma, he advertido que no reveláis si conocéis o no a su señoría personalmente. Tal vez debería preguntarle a él cuáles son los amigos que invita a sus fiestas. Podría ser una conversación más instructiva.

Vuestra curiosa allegada, Charlotte

Madeline tuvo que contener la risa ante la expresión desconcertada de lord Norcourt. Sólo sus chicas podían dejar a un vizconde sin habla. Sintió lástima por él e intervino.

—Dado que su señoría ha tenido la amabilidad de instruiros sobre estas cuestiones, no creo que debamos preguntarle...

—No, no, quiero responder. —Miró pensativo a las chicas—. La señora Harris y vuestra maestra me pidieron que ofreciera estas clases debido a mi reputación de libertino. Ellas han decidido que soy una bestia disfrazada de caballero, y suponen que nadie conoce mejor el comportamiento de una bestia que otra bestia semejante. Puede que tengan razón.

Apoyó la cadera contra el escritorio de Madeline y miró a las chicas con una expresión extrañamente seria.

—Pero tendrán que decidir por ustedes mismas. A pesar de lo que les he dicho, el carácter de un hombre no siempre es fácil de determinar. En los próximos días, espero ofrecerles maneras de hacerlo, pero finalmente la decisión de cómo valorar a un hombre, a cualquier hombre, sólo puede ser suya.

Qué truco tan inteligente. Sin embargo, no era una mala respuesta dadas las circunstancias. Si se descubría y decía que era una bestia, las chicas probablemente de todos modos no le creerían. O peor aún, quedarían fascinadas.

A decir verdad ya estaban fascinadas. Mientras él describía las astutas técnicas de un sinvergüenza para tocar la mano, el brazo o el cabello de una mujer sin que ésta se alarmase, había conseguido que todas las chicas de la habitación, incluida ella misma, anhelaran ser tocadas de ese modo.

Madeline suspiró. ¿Cómo podía culparlas? Incluso vestido con ropa de luto conseguiría estar a la moda. En esos momentos llevaba pantalones de montar de ante con botones de ébano tallado. Sus botas de arpillera tenían un brillo intenso, y su chaqueta de equitación y el chaleco de seda negro tenían un corte excelente hecho a medida. Incluso su pelo estaba despeinado a la moda, aunque probablemente fuera por el trayecto a caballo y no por la intervención de su ayuda de cámara.

A menos que intencionadamente tratara de parecer despreocupado.

¿Cómo podría, una simple maestra de escuela, distinguir los caprichos aristocráticos ? Aquel hombre acababa de ilustrar magníficamente los trucos de un sinvergüenza. Si ella tuviera sentido común, no confiaría en él en absoluto. Precisamente, el día anterior, cuando había admirado su interés por la historia natural y declaró su pasión por las matemáticas, probablemente ni siquiera era cierto. Simplemente estaría tratando de ablandarla para poder ganarse su ayuda.

Y su beso...

Tragó saliva. Nadie podía decir que esa caliente e inquietante caricia fuera el acto de un caballero. La había hecho pasar despierta la mitad de la noche preguntándose cómo sería sentir sus labios en su cuello, y en sus hombros, y en sus pechos.

Que Dios la ayudara, debía de haberse vuelto loca. Él la estaba volviendo loca. Debería hacer caso de sus lecciones y tener cuidado de él hasta que lo conociera mejor. O todavía más importante, hasta que él organizara la fiesta de óxido nitroso.

La culpa la atenazó. No debía soñar con el vizconde. Lo necesitaba para cumplir con su objetivo, nada más, y debía olvidarlo.

El reloj del vestíbulo dio la hora y ella se sobresaltó. Él la desconcertaba hasta tal punto que se había olvidado hasta de la hora.

Se adelantó unos pasos y lo interrumpió.

-Gracias por su instructiva información, lord Norcourt, pero tendremos que dejar el resto para mañana. —Ante la predecible protesta de las chicas, ella frunció el ceño—. Ya nos hemos privado de la clase de historia natural por estas lecciones, no vamos a renunciar también a las matemáticas.

—¿Pero puede quedarse su señoría durante la clase? —gritó una de las chicas.

—¿No veo por qué iba a querer él escuchar mi clase de matemáticas?

—Al contrario —señaló él, con un brillo en los ojos—. Disfrutaría enormemente. ¿Y qué mejor forma de mejorar mis propias habilidades que observando las suyas?

—¡Oh, sí!—dijo la señorita Seton, casi sin aliento—. ¡Y después de eso podrá ayudarnos en nuestra clase de danza! Puede mostrarnos cuál es la forma apropiada de que nos sostenga un caballero.

—Sabéis perfectamente que vuestro profesor también puede hacerlo —las reprendió Madeline—. Además, su señoría sólo se ha comprometido a estar aquí durante una hora al día, y probablemente tiene cosas que hacer.

—La señorita Prescott tiene razón —dijo él, con un débil deje del típico acento de antiguo alumno de Eton que a ella le puso los nervios de punta—. Tengo una cita con mi administrador esta tarde en mi finca, cerca de Chertsey.

Ella sintió una oleada de alivio.

—Pero eso me deja tres horas libres. —Su mirada tenía un brillo decididamente peligroso—. Si lográis convencer a la señorita Prescott de que baile conmigo durante vuestras clases estaré allí hasta el final. Al fin y al cabo, necesitaré una pareja para mis demostraciones, y escoger a una de vosotras no sería apropiado.

Un clamor instantáneo se alzó entre las estudiantes, haciéndola contener un quejido. Lo último que necesitaba era pasar una hora dando vueltas en brazos del vizconde. Pero él claramente gozaba incomodándola, y eso la sacaba de quicio.

No estaba dispuesta a permitir que él creyera que sus astutas tácticas la harían desistir de su intención de exigirle la fiesta. Además, sería útil para las chicas ver cómo responde una mujer sensata ante un sinvergüenza.

—Muy bien, señor. Bailaré con usted.

Las chicas hicieron una ovación, y él les guiñó el ojo. Astuto demonio...

—Y si insiste en quedarse a observar nuestra clase —añadió—, deberá tomar asiento. —Mientras él se dirigía a un asiento libre en el fondo, ella miró a las chicas con severidad—. Pero si ustedes, señoritas, no se concentran en sus estudios por culpa del visitante, él tendrá que irse, ¿entendido?

Ellas asintieron y mostraron su buena disposición, sacando lápiz y papel y enderezándose en sus asientos. Ella buscó las notas en su escritorio y luego fue hasta la pizarra para escribir los problemas en los que iban a trabajar.

Hasta aquel día no había notado cómo se le subía el vestido dejando al descubierto un trozo de media cuando levantaba el brazo para escribir. Tenía que esforzarse para que no se le subiera la falda. Juraría sentir la mirada de lord Norcourt en ella como una cierva notaría la de un depredador calculando sus fuerzas... y sus debilidades.

Se dijo a sí misma que lo estaría imaginando, pero cuando se volvió hacia la clase la sonrisa que vio en sus labios no dejaba lugar a dudas. Oh, Dios, ¿habría estado contemplando su trasero y sus tobillos? ¿O era simplemente que notaba de qué manera la incomodaba su presencia?

Bueno, si él pensaba que iba a cambiar su idea acerca de la fiesta si conseguía ablandarla, estaba muy equivocado. No conseguiría sus cometidos usando sus trucos con ella, desde luego que no.

Lamentablemente, a él no parecía importarle que ella lo ignorara cuando comenzó a dar la clase. Mientras hacía gestos y daba explicaciones y hacía preguntas a sus estudiantes, los ojos de él la recorrieron de la cabeza a los pies en un examen lento y minucioso. Y para su horror, ella sintió que cada parte que él recorría con la mirada se calentaba bajo el influjo de su indiscreta mirada.

Sin embargo, si detenía sus explicaciones para mirarlo de frente él volvía a dirigir los ojos hacia su rostro con la expresión de un muchacho inocente que no pudiera concebir estar siendo regañado.

Granuja escandaloso... ¡Y ella había aceptado bailar con él!

¿Cómo se suponía que podría soportarlo sin revelar los alarmantes efectos que él le provocaba?

¡Maldito tipo, ya se estaba pasando con sus gracias! Había confesado que le gustaban las matemáticas, ¿no es así? Muy bien, habría que ponerlo a prueba.

Fue hasta la pizarra y borró los problemas que ya habían terminado, luego escribió una larga ecuación. Las chicas gimieron. Durante toda la semana pasada, ella les había propuesto ese desafío mental. Y todavía no habían logrado resolverlo.

—Creo que deberíamos dejar que lord Norcourt demostrara su habilidad esta vez, señoritas. -Se dirigió a él con una sonrisa—. ¿Vemos si puede resolver esto?

Mientras las chicas mostraban su conformidad en voz alta, él ladeó la cabeza.

—Creí que no quería que interrumpiera su clase.

—No es una interrupción. Mis alumnas llevan días tratando de resolver esta ecuación, creo que es justo que le demos a usted una oportunidad. Claro que si le parece demasiado difícil...

—No, para nada. —Una sonrisa se dibujó en sus delgados labios y volvió a recorrerla con la mirada, como diciéndole «haz lo que quieras, pero no vas a conseguir que deje de mirarte». Luego, salió del pequeño pupitre y caminó hacia el frente.

Pero en lugar de coger otro trozo de tiza, deliberadamente acarició sus dedos al coger el de ella.

El ligero roce envió una corriente eléctrica a través de su piel y tuvo que tragar saliva. Nunca debería haberle dicho que sus intentos de seducción no la afectarían. Por un lado, comenzaba a pensar que eso no era del todo cierto. Por otro, eso representaba para él un desafío que ningún seductor que se precie sería capaz de ignorar. Y además ella no se atrevería a informar a la señora Harris hasta conseguir la fiesta.

Bien. Le daría a probar sus propias tácticas. Ahora le tocaría a él sentirse incómodo.

Por eso, cuando él fue hasta la pizarra, ella se colocó de forma que él pudiera alcanzar a verla de reojo. Luego procedió a mirarle descaradamente el trasero de la misma forma que él había mirado descaradamente el suyo.

No era difícil. Tenía un bonito trasero, por lo que podía entrever bajo su chaqueta de montar. Y sus piernas eran muy atractivas, largas y musculosas, el cuero les sentaba estupendamente bien a sus pantorrillas. Podría quedarse mirándolas todo el día.

Y lo haría, si con eso conseguía molestarlo, pero él ni siquiera pareció advertirlo. Por lo visto el problema de la pizarra había absorbido toda su atención, pues mantenía los ojos allí clavados y los labios apretados mientras trabajaba. Ella continuaba tratando de idear la forma de conseguir que él reparara en su grosera mirada cuando él soltó la tiza y la miró de frente.

—Ya está. —Se sacudió el polvo de tiza de las manos—. ¿También debo explicar la solución?

Ella lo miró boquiabierta. Y luego miró boquiabierta la pizarra. Maldito sea, ella había tardado treinta minutos en lograr resolver el problema cuando lo encontró, en un libro de ecuaciones. ¡Y él lo había resuelto en un momento, y a la primera!

Así que no había mentido acerca de su interés en las matemáticas. Peor aún, era superior a ella. Eso nunca le había pasado antes. Era espantosamente desconcertante.

—Por favor —dijo con frialdad—. Explíquelo si puede.

Él se rio.

—Será un placer.

—Yo voy a salir un momento para decirle a la señora Harris que va a quedarse usted más...

—¿Cómo? —Él se interpuso en su camino y le sonrió descaradamente—. Fue la forma en que me miraba lo que me inspiró para resolver el problema.

Entonces había notado cómo lo miraba y eso no le había molestado en absoluto. En todo caso, había sido un halago a su coquetería.

—Vamos, señorita Prescott, se supone que tiene que supervisarme. No puede supervisarme si se escapa.

—No me estoy escapando —replicó ella. Nunca se debe mostrar la propia debilidad ante una bestia—. ¿Y por qué iba a estar tratando de escapar?

A él le brillaron los ojos.

—¿Quizás para superar los efectos de mi encanto?

Las niñas soltaron risitas tontas y ella forzó una risa.

—Ya que usted ha dedicado tanto esfuerzo para convencernos de que su encanto es falso, señor, desde luego no sería tan tonta como para sucumbir a él.

—Lo que yo he revelado es que el encanto de un sinvergüenza es falso, madam —dijo él, bajando ligeramente la voz—. ¿Opina usted que mi encanto también es falso ?

—Usted nos instruyó para que tratáramos a todo hombre como a un extraño. Dado que yo lo conocí apenas ayer...

A él se le escapó una risa reticente.

—Continúa empeñada en usar mis propias lecciones contra mí. Muy bien, vaya a ver a su superiora.

—Oh no, señor, no puedo irme ahora, ya que diría que estoy huyendo. —Le lanzó una sonrisa—. No permitiré que mis chicas me tomen por cobarde.

—Sólo un tonto la tomaría por cobarde, querida.

La palabra cariñosa sonó como una piedra que cae en medio del silencio extasiado de las chicas. Un murmullo de gritos ahogados de emoción llenó la habitación. En ese momento, Madeline se dio cuenta de que por un momento él había olvidado a su público. Igual que ella.

Presa del pánico, se volvió hacia las chicas.

—Y ésta ha sido, mis queridas chicas, otra demostración de cómo trabaja un sinvergüenza. —Señaló a lord Norcourt—. Su señoría y yo ofreceremos muchas de estas demostraciones a lo largo de las próximas dos semanas. Debéis estar preparadas para ser testigos de ellas en cualquier momento.

—Exacto. —Su voz ronca hizo estragos en los sentidos de ella—. Ahora habéis visto lo fácil que resulta que un coqueteo exceda los límites de lo debido. Puede que penséis que un combate amistoso con un sinvergüenza no puede heriros, pero se os puede ir de las manos antes de que os deis cuenta, como la señorita Prescott acaba de demostrar.

Lo que Madeline acababa de demostrar era lo terriblemente sensible que era a sus coqueteos. Porque un segundo después de que la llamara «querida», sintió una oleada de calor... satisfacción... placer. Oh, Dios.

—Y ahora, señor —dijo ella, sin importarle que su voz sonara jadeante como la de una muchacha—, comunicaré nuestros planes a la señora Harris.

Se habían escapado por muy poco, pero si alguna de las chicas llegara a revelar cómo la había llamado, la señora Harria sin duda sospecharía que existía una atracción entre ellos.

Y eso sería infernal.

1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   29

similar:

Prólogo iconPrólogo

Prólogo iconPRÓlogo

Prólogo iconPrologo

Prólogo iconPrólogo

Prólogo iconPrologo

Prólogo iconPrologo

Prólogo iconPrólogo

Prólogo iconPrólogo

Prólogo iconEl prólogo

Prólogo iconPrologo






© 2015
contactos
l.exam-10.com