En esta guerra que nos traemos contra la Fe, que es lo mismo que contra la Realidad, es importante que intentemos aclarar con cierta precisión en qué consiste






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títuloEn esta guerra que nos traemos contra la Fe, que es lo mismo que contra la Realidad, es importante que intentemos aclarar con cierta precisión en qué consiste
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¿Agustín García Calvo?
Ateneo de Madrid.

Tertulia política nº 270.

23 de Febrero de 2010.

En esta guerra que nos traemos contra la Fe, que es lo mismo que contra la Realidad, es importante que intentemos aclarar con cierta precisión en qué consiste eso de la Realidad. Lo hemos atacao desde otros puntos de vista, pero ahora el que voy a elegir es el de las imaginaciones; porque no sé si os habéis dado cuenta, pero más de una vez hemos insistido en que entre las cosas realizadas, es decir, las cosas que viven, y vivimos, nosotros, como cosas que somos, en una lucha entre la necesidad de ser el que es, de ser uno el que es, y la resistencia contra esa orden, nos hemos empeñado en no distinguir entre cosas de las llamadas (malamente) físicas, y también los sueños, los ensueños, las fantasías, hasta las ideas. Todo eso tendría que ser cosas realizadas, de manera que eso es lo que puede costar un poco de trabajo, y en lo que voy a pediros no sólo la atención, sino las ojeciones que enseguida van a venir en cuanto os suelte la palabra.
Nos empeñamos en no distinguir, nos parece que distinguir entre unas cosas propiamente reales en cuanto físicas o como queráis decir, y otras cosas como las ensoñaciones, las fantasías, etc., es una distinción que confunde a nuestro propósito de entender qué es esto de la Realidad. Todo serían pues cosas, lo mismo las unas que las otras, y aún antes de entrar a discutirlo más ya podéis daros cuenta de que entre las cosas que se llaman decididamente reales entre nosotros, aparte de las que se pueden palpar, o con las que se puede uno tropezar, que parecen el caso más evidente, están cosas como el Dinero, con el cual no se tropieza uno ni lo palpa jamás, y esto nos lleva ya a tener que admitir sin más entre las cosas igualmente las no palpables, las meramente ideadas, porque ¿cómo no vamos a contar entre las cosas el Dinero mismo, que es un ente tan importante para esto de la Realidad? De manera que cualesquiera de ésas son cosas: las imágenes, las imaginaciones, también. Si alguien nos dice que las imágenes no son más que imágenes, lo primero que conmigo tendríais que responder es enseguida “pero es que las otras cosas, sin su imagen, tampoco son nada real; se sostienen gracias a su imagen, o a la idea de ellas que se tiene, de manera que es evidente la presencia en la realización de las cosas de este elemento, la imagen”. Después de eso ya no tendrá ningún inconveniente nadie en reconocer que igual que hay imágenes de piedras, o de estrellas, o de árboles, puede haber imágenes de imágenes una vez que ya las imágenes se han hecho cosas, y hasta imágenes de ideas. Efectivamente estamos todo el día viviendo en realidades que son, como el Dinero, esencialmente cifras de nada palpable, y que son por otra parte Tiempo, el Tiempo del Crédito por ejemplo, del Crédito Bancario (que tampoco es nada palpable eso del Tiempo, sobre lo que tendremos que volver), y por tanto en cuanto que las imaginaciones se han hecho cosas naturalmente caben imágenes de imágenes, imágenes de esas imaginaciones, imágenes de esas ideas, ideas de esas ideas, y todo eso estaría dentro, todo eso pertenece a la Realidad, todo eso son realidades.
Pues bien, es en esta entrada a través de la imaginación, a través de las imágenes, como quería que hoy atacáramos el problema. Antes de seguir discurriendo un poco más sobre ello lo que quiero primero es llamaros al asombro, al asombro de la riqueza y de la velocidad; de las imágenes, quiero decir, al asombro de la riqueza de las imágenes: cómo nos llegan, nos atraviesan, se nos meten, en número al parecer incontable a cada paso, enlazándose unas con otras en una riqueza la de estas imaginaciones que parece que supera cualquier cómputo real; y naturalmente a una velocidad incontable. Os lo quiero hacer sensible recordando lo que a mí mismo o a cualquiera le pasa por ejemplo en un rato en que ha despertado en la noche, ha salido del sueño en un rato, no voy a decir de insomnio, sino de no dormir: se ha quedado tumbado, dejando que le vengan, y entonces es cuando uno aprecia de una manera más inmediata la riqueza y la velocidad: no puede uno controlar ni contar para nada las imágenes de sitios o paisajes, de personas, de trances, lo mismo pasados y recordados que nunca recordados, de cosas o que estaban ahí en el recuerdo o que se inventan; que se inventan a sí mismas en el trance ése, a veces por la combinación de otras de las cosas que produce la desfiguración de cada una de las imágenes, y así en un chorro que puede llegar a negarle a uno el reposo, hasta tal punto puede ser imperiosa esta riqueza casi continua y esta velocidad en que se producen y se enlazan unas con otras las imaginaciones. Supongo que cualesquiera de vosotros participa conmigo de esperiencias similares, y era sobre todo para llamar al asombro de esa velocidad, de esa riqueza incontable, para lo que las traía aquí a cuento.
Alguien puede decir que de dónde vienen, preguntar que de dónde vienen todas esas escenas recordadas o inventadas que se enlazan con otras que se les parecen un poco; muchas veces nada más que por el rabo, por una coincidencia parcial del nombre, por cualquier otra cosa, pero que se enlazan y te llevan a parar a otro mundo distinto que no tenía nada que ver, saltándose todas las diferencias de tiempos, de lugares cualesquiera de la Realidad. Y claro, lo más inmediato es decir que vienen de uno mismo al que le pasan esas cosas, al que le pasan tanto que ya no le dejan ni reposar. “Que vienen de uno mismo”, los que me acompañáis de hace tiempo ya sabéis que es una respuesta bastante vaga, ambigua, que no sirve de mucho. Tenéis que recordar a este propósito nada más que lo que aquí hemos distinguido como sub-cosciencia (o subconciencia, como prefiráis decirlo, es decir, el sitio adonde van a parar las cosas que se han sabido y han dejado de saberse y se han olvidado, ese pozo del olvido, olvido pero nunca total), esa zona subcosciente pertenece desde luego a la Realidad: también lo subcosciente es real, y de ahí pueden manar efectivamente los trances que os propongo al asombro, pueden venir algunos de los elementos que costituyen esas imaginaciones. Pero por debajo de la subcosciencia (que puede ser real y además personal, la subcosciencia de cada uno), está lo no cosciente de verdad, lo ajeno a la conciencia de verdad, lo cual ya no es ni real ni personal, de manera que cuando os planteáis de dónde vienen las imaginaciones, si lo queréis decir de ahí, tenéis que reconocer al mismo tiempo que entonces ya no vienen de uno mismo. En efecto, lo que os propongo, os estoy proponiendo, es que esas imaginaciones nos vienen de fuera, nos asaltan, nos disparan, nos hieren, se nos meten, se nos clavan, sin que nosotros en trances como esos podamos hacer nada ni para impedirlo, ni para regularlo, ni nada por el estilo.
El significado de las palabras que en un idioma cualquiera pretenderían dársele a esas imágenes (también ocasionalmente los Nombres Propios con que el insomne podría tratar de designarlas (Fulano, Mengana)), todo eso nos obliga a volver a una cosa que los que me acompañáis ya sabéis hace tiempo: la Realidad consistente en las cosas ya realizadas, ya costituídas, y que están, estamos, en esta Realidad debatiéndonos contra esa necesidad de que sean las que son, de que seamos cada uno de nosotros el que es. Esas cosas pertenecen lo mismo a la Realidad que a la lengua que habla de ellas, y los significados, y también los convenios de los Nombres Propios, son de la lengua, pero son realidad. Ya recordáis los que me acompañáis que por eso se dice que no hay una Realidad común, que la Realidad depende del idioma, que hay tantas realidades como maneras de lengua real, de idioma; que no son la lengua de verdad, que son simplemente idiomas, de forma que cada tribu, en la medida en la que tenga un idioma determinado, pues tiene una Realidad determinada. Se trata de la Realidad de esa tribu, y es vano intentar pensar en una Realidad común: cualquier cosa a la que se aluda con el adjetivo ‘común’ se referirá a otras cosas, como a veces veremos. Se referirá a la razón común, o se referirá por el contrario a lo desconocido, que es, como desconocido, también común; se referirá a esas cosas, pero malamente, equivocadamente, podrá referirse a la Realidad, pues no hay una Realidad común, hay realidades idiomáticas dependientes de cada uno de los idiomas, del idioma que la tribu tenga.
Bueno, pues volviendo a las imaginaciones, que tan ligadas están con esto, ya veis que en trances como los que os refiero, en que (para evitar el “¿de dónde?”), ‘se nos’ producen, nos vienen de no sé donde, cantidad inconmensurable, incontable, de imaginaciones, a una velocidad vertiginosa que supera la velocidades reales de cualquier tipo, y todas ésas se nos producen, nos vienen, sin nombre, sin significado, y sólo gracias a eso pueden efectivamente escurrirse a esa velocidad, cambiarse unas por otras, dejar de ser esa cara la cara que era para convertirse en otra cara, o en una lechuga, o en cualquier otra cosa tranquilamente, rápidamente, sin poderlo evitar, de manera que es justamente eso lo que nos da testimonio de que las imaginaciones son tan reales como cualesquiera otras cosas. Porque eso de que tengamos nosotros cosas, y las otras cosas en general, que resignarnos a la Ley de tener un nombre, un significado, al que atenernos cada uno de nosotros, es una imposición que sólo se da al mismo tiempo que una resistencia, una lucha que nos viene de abajo por no admitir ese significado, por no admitir esa idea de uno que se nos trata de imponer. De manera que lo que en esos trances de vertiginosa aparición de imaginaciones se nos da es una exageración simplemente, una exageración en riqueza, en velocidad, de lo que pasa en la existencia corriente, en la existencia a la que, ya sabéis, a veces tratan de llamarla vida, que es mentira, que aquí decimos ‘existencia’, ‘Realidad’. Son una mera exageración de lo que se da en la existencia corriente. Podíamos decir que si el que se encuentra en un trance de esos de invasión de imágenes tumbado en la cama y sin dormir, viene a dormirse, y sueña, podríamos decir que ya los ensueños del durmiente son más moderados en velocidad, menos ajenos a la riqueza y al descontrol; podríamos decir que se produce como un enlentecimiento de lo que en esos trances estremos se da. Se producen así los ensueños, y luego, en el paso a lo que suele llamarse (mal) ‘vida real’ (porque también lo otro lo es), no habría más que otro enlentecimiento mayor: en la vida corriente, en la vida falsa, en la existencia diaria, nos pasa eso mismo, pero nos pasa ya por tramos, por etapas, con separaciones, que producen mayores lentitudes en el cambio, más aferramiento a lo de que cada cosa sea lo que es; aferramiento en vano, pero aferramiento, a que cada cosa sea lo que es, que cada uno de nosotros sea el que es, y todo lo demás.
Estamos por tanto acribillados de imágenes. Lo mismo en los trances estremos que he puesto para el asombro, que en los ensueños, que en la vida corriente, estamos acribillados de imágenes. Este acribillamiento que padecemos es simplemente lo que desde un punto de vista, del que prefiere la Física, la Ciencia, hemos llamado interacción entre las cosas. ¿Qué pasa con las cosas reales, las cosas ya realizadas, en cuanto a cantidad?: pues ya sabéis: desde luego no son de verdad sin fin, porque eso de lo sin fin, lo continuo, no pertenece a la Realidad, sino que está por debajo. No es ningún infinito concebible, ninguna idea de infinito: es, con la negación viva, no-finito; es sin fin, es continuo, es sin separación ni distinción alguna, mientras que en cambio ya dentro de la Realidad las cosas (y nosotros en cuanto cosas entre ellas), las cosas son ciertamente incontables, no se acaban nunca de contar, pero eso no es ninguna prueba de que sean de veras sin fin; es por el contrario una prueba de que son reales. Pasa, como creo que el otro día decíamos con los números y con la serie de los números, que desde luego nunca se acabarán de contar; se sabe que siempre se estarán descubriendo con los más potentes ordenadores nuevos números primos, nuevos números del todo desconocidos antes, pero eso no es ninguna prueba de verdadera infinitud. También a los números aquí que usamos para contar las cosas les pasa algo como a las cosas mismas que cuentan, es decir, que lo que están es en una contradicción, de manera que están obligados por ley desde Arriba a ser finitos, definidos, cada uno el que es, en conjunto todos, como los números, que tienen que designarse con el último ordinal, N, el cardinal de todos los números, pero al mismo tiempo tienen que estar revelándose contra esa orden y rompiendo las pretensiones de finitud, de ‘todo’, de ‘1’, y es esa contradicción lo que llamamos Realidad.
Pues en eso estábamos a propósito de las imaginaciones por las que nosotros (por lo pronto nosotros como cosas) estamos continuamente acribillados. Estamos acribillados por todas ellas, y eso no es más que una manifestación de la interacción entre cualesquiera cosas con cualesquiera otras que costituye la Realidad, y de la que desde el punto de vista físico hemos hablado más de una vez. Ésa es la interacción, lo mismo por choques (cualquier tropiezo que uno tiene con cualquier cosa, cualquier choque con otro en el sentido mal llamado físico sirve), o de una manera puramente imaginativa, pero que es lo mismo: de todas maneras los choques se dan, y todo el mundo sabe que las imaginaciones, y también las ideas, pueden actuar sobre uno, contra uno, a favor de uno, igual que si fueran golpes, igual que si fueran choques de cosas llamadas físicas, no hay la menor diferencia que aquí pueda importarnos.
Voy a recurrir un momento, para que esto tal vez se entienda mejor, a algo que los que me acompañan ya conocen, que es la imaginería de la primera Física materialista o atómica que surgió en nuestro mundo, la de Epicuro, cantada después en el poema de Lucrecio. Recordáis que ahí cualquier forma de sensación, incluida la que parece más pura de todas, la vista, tiene que reducirse a tacto; no puede admitir esta Física ninguna otra forma de relación, y también de relación cognitiva, más que el contacto, el choque, el tacto de unas cosas con otras. De manera que por eso surge la Doctrina de los éidola, los idólos. Idólos, a los que en latín Lucrecio llama de otras maneras, pero el término de Epicuro es ‘éidola’, ‘idólos’, que tiene la raíz de ‘idéin’, de ‘ver’. Según ellos, es que de cada cosa se está continuamente desprendiendo como membranas de sí misma, membranas que son representantes de sí misma, a una velocidad por supuesto insuperable, como la de los átomos mismos, que estos idólos vienen a herir por ejemplo los ojos, y que la visión consiste en eso. Esto como veis, aunque no lo podamos tomar tan en serio (ninguna teoría física ni antigua ni moderna nos la podemos tomar demasiado en serio), sin embargo está bastante de acuerdo con lo que más en general os estaba mostrando acerca de imaginaciones.
De las cosas se desprenden por supuesto también olores, sabores, sones, que pueden herir otros sentidos, pero hasta la vista se esplica así, como una forma de tacto. En todo caso vienen de fuera, y esto presenta un problema en el que no puedo entrar porque sería muy largo, que es el de la luz misma, que en esta visión de la visión, en esta teoría acerca de la visión, se introduce sin más: si viene de fuera adentro, si sale por ejemplo por el contrario de dentro y va hacia fuera. ¿Podría la luz tener dos sentidos de tránsito, cosa que la Física más avanzada ha descubierto que no puede ser? ¿Tendría la luz una condición objetiva o subjetiva, por decirlo a lo filósofo, que es la manera más detestable de decirlo? Éstas son las preguntas que siguen por fortuna sin respuesta incluso después de la Relatividad y en el sucesivo progreso de la Física desde entonces. Ya sabéis que si la luz es algo físico entonces inmediatamente tiene que empezar a comportarse como cosas (el descubrimiento de los fotones como partículas de luz), y si no, si la luz consiste justamente en la visión, la ideación, se quedaría directamente fuera de las cosas reales como un agente que funciona entre ellas. Podéis elegir, que el problema, repito, está por fortuna abierto, pero tiene que ver de una manera inmediata con lo que estamos diciendo.
En todo caso, ¿qué hacemos con las imaginaciones que nos invaden, que nos acribillan? Naturalmente lo que hacemos de ordinario ya sabéis lo que es: despreciarlas, dejarlas de lado, porque son ensoñaciones; son ensoñaciones, son meras ilusiones, ideación, y se acabó. Por eso es por lo que todo el rato he estado intentando que entendáis bien cómo entran en la Realidad a la par con las otras cosas que suelen llamarse físicas y palpables. Hay que entender esto bien. Nos acribillan por todas partes, dormidos, despiertos, y de cualquier manera, imágenes de lo uno y de lo otro, sin nombre, que rechaza cualesquiera nombres y se cambia por cualquier otra cosa, y así nos vienen también de parte de.........los muertos, de nuestros muertos, los muertos en general. ¿Quién puede evitar esto? Entre otras imaginaciones que le invaden, lo mismo dormido que despierto que de otra manera, ¿quién puede evitar que le vengan algunas que procedan efectivamente de los muertos? Los muertos más cercanos, pero también de otros muertos de los que se sabe, los que están muertos; y por un momento, por un vislumbre, pretenden tener el Nombre Propio del muerto en cuestión; por un momento, porque evidentemente, dada la fluidez, dada la velocidad de la imaginación, se cambian en otros, traicionan ya la imagen y el nombre del muerto al que quería referirse, pero el caso es que nos vienen de ahí, y da desde luego lo mismo dónde haya quedado el cadáver, o si no hay cadáver, da igual el tiempo que hace o que deja de hacer..............da igual, vienen con la misma libertad; vienen con la misma libertad, se pueden enganchar con cualesquiera otras, ya os digo, por un rabo, por un parecidillo de forma o de color, pero que ahí se presentan enlazadas y traídas por lo que sea. Y evidentemente eso nos está diciendo, como sabíamos ya, que las cosas, y nosotros entre ellas, no estamos nunca muertos del todo. Esto es evidente, porque si estuviéramos muertos del todo ni siquiera podríamos tener miedo de la muerte futura, que es lo que se nos manda tener: para efectivamente estar sometidos a esa Ley del miedo de una muerte que nunca está aquí es preciso lo primero que no estemos muertos del todo; que no estemos nunca muertos del todo y nunca acabemos de estar muertos del todo, y sólo así, aunque sea utilizando un poco paródicamente lo de Epicuro, nos esplicamos que por el procedimiento que sea cualesquiera muertos nos estén enviando imágenes y noticias de sí mismos. Están de esa manera viniendo y volviendo a nosotros.
No hace falta que sean personas: imágenes de casas derruidas pero que uno reconoce como aquella casa donde parecía que se vivía de aquella manera, igualmente regiones enteras que el Progreso puede haber arrasado vuelven tan frescas, los mismos bosques, las mismas praderas que el Dinero se ha cargado, nos vuelven lo mismo. Entonces, claro está, tenéis que preguntaros el inverso o reciproco: con respecto a uno, de manera que uno, lo mismo muerto que vivo, no puede menos de seguir emitiendo imágenes, dejando por el aire, para que se entrecrucen y vayan a acribillar a cualquier otro, imágenes de él mismo. Esto es verdad, esto es así, en cuanto que se trate de uno como cosa; lo que he dicho vale para las cosas y sus imaginaciones, para la emisión y la recepción, el intercambio, la interacción entre cosas. Si uno mismo es cosa, o en la medida en que uno es cosa, así funciona; en la medida en que nosotros hombres, perdida la pretensión de ser algo que se opone a las cosas, nos resignamos a ser cosas como las otras, pues así vale, efectivamente. Pero ya sabéis: si resulta que uno es uno mismo, si uno es el que es, como Dios, para ése no le vale nada, para ése no puede haber ninguna duda ni ningún resquicio en eso de la emisión y recepción de imágenes, para ése la muerte es la aniquilación de veras. Es la aniquilación, que por otra parte es imposible, inconcebible, pero que no por eso deja de ser la única forma de muerte que a uno, en cuanto siendo el que es, le toca: aniquilación. Ése no cuenta para nada en todo lo que estamos diciendo, el único sentido de muerte para ése, para ése que “soy el que soy soy, como Dios”, para ése no hay más muerte que la aniquilación, que por otra parte no tiene ni sentido; en lo cual no voy a tratar de insistir.
Voy a acercarme a terminar para dejaros que os surjan cualesquiera respuestas respecto a esto. Tendría que pararme un momento en el caso o trance especial de cosas como nosotros humanos en el que a otros propósitos nos hemos parado: el que sueña; el que sueña por ejemplo dormido. Ése desde luego no es real, porque una de dos: o es el que está dormido y es así tan físicamente real, y entonces cuando está dormido ya cumple su realidad, o es la figurilla que a lo mejor entre otras le aparece en el sueño y que pretende ser él mismo, y que según lo dicho hoy es igualmente real. De ninguna de las dos maneras es real el que está soñando; ni desde luego es ése que es el que es, porque éste por el contrario es como yo que me anulo en el momento de decir ‘yo’, que pasa a ser otro, como AHORA, que en cuanto se dice ya no es AHORA. Ése es el que sueña, y ése es el que el otro día también recordábamos que se puede presentar con el actor de una obra de teatro, que no es real: el actor más o menos famoso, con su nombre a la entrada del teatro, y el personaje (Otelo, Lady Macbeth, el que sea) que está representando, los dos son reales pero ninguno de los dos es el actor. El actor, como el que sueña, se agotan en el acto, se agotan en la acción misma, y es por tanto lo contrario de cualquier realidad y al mismo tiempo desde luego no es un caso de Dios, no es el que es.
Pues así podríamos seguir con otros. Cualquier ‘ensoñador’, recogiendo un nombre prostituído como el de ‘poeta’, habría que incluirlo también ahí: éstos, que ni son reales ni son el que son cada uno de ellos, son algo así como los ‘intercomunicadores’ entre unas formas de realidad y otras: en el caso de la ensoñación, en el caso de la representación teatral, en el caso de una supuesta poesía que ya no sé a qué poesía se puede referir después de toda la Literatura que tiene encima, pero en cualquiera de esos casos se trataría de poner en comunicación y mostrar como lo mismo las realidades duras que el Orden impone (físicas malamente llamadas, o dinerarias, o de cualquier otra forma (legales, teóricas, etc.)), el paso entre eso y las libres imaginaciones, las libres ensoñaciones en las que uno no manda y que le acribillan continuamente. En esos trances a los que me refiero (la ensoñación, la representación teatral, la poesía en algún lejano sentido), se trata de poner en comunicación y hacer sentir la identidad entre lo uno y lo otro.
Bueno, no quiero pararme en esto, porque esto lleva a especulaciones que nos pueden crear ilusiones respecto a cosas como la poesía y demás, pero quede por lo menos sugerido: de lo que se trata con esta labor de intercomunicación es de hacer sentir que aunque la Realidad es la Realidad tal como hoy os la he vuelto a recordar (una lucha, una contradicción, entre la orden de los entes ideales, de Dios, de ser cada uno el que es, y la resistencia a eso que viene de lo sin fin y todo eso, de lo sin fin, de lo desconocido), aunque la Realidad está ahí en medio y consiste en esa lucha, con esa intercomunicación se nos recuerda que también dentro de la Realidad siguen de alguna manera viviendo las cosas pre-reales, la pluralidad incontable, sin número, de cosas que había antes del establecimiento de la Realidad; pero está recordando que no sólo es que lo había en un tiempo, sino que sigue habiéndolo, y por entre las definiciones, las personas costituídas, las leyes, etc., se sigue colando eso que hay por abajo de cosas incontables, de cosas que no paran nunca en un ser, y que así se cuelan, se escurren, y a través de las imaginaciones nos acribillan de la manera que he contado. Con esto me paro, de manera que a partir de cualquiera de las cosas que he sacado................
-Sí.
A-Espera un momento para ver si sale alguno de los que no hablan de ordinario, Isabel, porque es que si no...... Por favor, cualquier ocurrencia que os venga.
-.........................
A-¡Venga! Aunque fuera nada más con el sentido ése pedagógico de pedir aclaraciones, porque aunque yo suelo dejarme hablar aquí con vocabulario corriente y sintaxis corriente, puede que haya algo que........
-....................
A-Bueno, voy a seguir esperando. Venga, Isabel. Si no hablan los que no hablan, pues habla tú que hablas.
-Ya que estás hablando de las ensoñaciones, que nos acribillan y que se cuelan y escurren sobre todo lo demás, yo pienso que con los años (y lo digo por mí además), la acumulación de imágenes y de ensoñaciones se va haciendo más nítida con los años, y la juventud no tiene esta especie de acribillamiento, que con los años se van teniendo esas ensoñaciones que van saltando como si fueran estrellas fugaces.
A-No sé por qué lo dices, Isabel, yo no lo entiendo así; con la vejez lo que puede crecer es el archivo, y lo que yo he presentao es todo lo contrario del archivo: te están acribillando, desde pequeñitos hasta la muerte y después, por lo que acabo de decir, por lo que he dicho al final, sin ninguna diferencia, no hay nada que mande en eso. A lo que tú te refieres con esa acumulación es a la triste cosa que es el álbum de fotos de familia, o las memorias escritas de lo que le pasó a uno: el archivo. Eso sí crece con la edad, pero eso no tiene nada que ver. ¡Menos mal que a pesar de toda la vejez y de todo el archivo, si te descuidas un poco te vuelven a acribillar todas estas imaginaciones que no controlas de ninguna manera! ¡Venga, por favor, más!
-Lo que parece un poco es que todas estas imágenes que vienen de golpe, mientras no se las ponga en orden están fuera del Tiempo, pero lo que hacemos al ordenarlas es introducirlas en el Tiempo real, en el Tiempo sucesivo, y en ese sentido falsearlas también.
A-¡Claro!, es lo que a propósito del archivo he dicho: uno puede efectivamente coger una ensoñación y ponerla por escrito, que es la forma más evidente, con lo cual la presencia del Tiempo real, que es un tiempo espacial, que no aparece clara en la lengua suelta, en lo escrito aparece clara: has convertido aquello en una ordenación, en un registro. Pero tiene que darte muy mala conciencia haberlo hecho, porque () que aquello no era así, que aquello no respetaba ni órdenes ni nada. Con eso pasas al Tiempo real, que es un espacio, mientras que a lo otro si se le llama tiempo es para negar su condición de Tiempo real: lo que está pasando, lo que pasa, sin más. Y lo del acribillamiento de imágenes, en cuya riqueza incontable y velocidad insuperable os he hecho parar mientes, está claro que no se daba en ningún Tiempo real.
-Claro, lo que estaba pensando es que parece que entonces la ordenación es el propio Tiempo, o sea, que........
A-Es el Tiempo real; el Tiempo real es un espacio, que no sólo tiene arriba y abajo, sino izquierda y derecha.
-Lo de la línea que hablábamos el otro día. Pero en el momento en que unes un poco del Pasado y un poco del Futuro..........
A-Es un Tiempo que es tan espacial que puede tener dos flechas.
-Ya, ya , pero la ordenación misma lo hace. Por ejemplo estaba pensando que si dices “tuve higos y tendré brevas”, la conjunción copulativa ‘y’ es lo que en este caso me parece como el Tiempo mismo, la unión entre un poquito de lo de antes, de lo de ahora..........
A-Sí, y todavía puedes decir “tengo higos ahora, y tendré brevas después”, para aclararlo. Estás contando algo perfectamente real y lo estás contando de una manera realista, es decir, aceptando el Tiempo real como si fuera el único tiempo que hay, el tiempo verdadero, y ordenando en él las cosas (los higos, las brevas), el Tiempo de los años. Bueno, no quería volver mucho sobre eso, porque lo hemos tratado mucho otras veces, pero recordad que ése es el Tiempo real, que no es el de verdad. Ya sabéis que ‘verdad’ no quiere decir más que ‘no mentira’. No es el de verdad, que es AHORA, que tiene esa virtud de que cuando se dice ya no es AHORA, lo del sin fin y lo demás. ¡Venga, alguno de los nuevos que haya caído más o menos desprevenido, que se haya llevado un susto o que haya encontrado alguna otra cosa, pues que lo diga, porque siempre sería bueno oírlo!
-Si he entendido bien, cuando se presentan los varios tipos de realidades, que son bastante inseparables, de los vocabularios, de las lenguas que se hablan, ¿de qué manera (porque lo has sacado después) un caso de lengua, al menos un tipo de lengua como es el de un lenguaje formal, al cual a lo mejor no se le puede asignar un vocabulario fácilmente, pero se pretende, que yo no digo que esté unido a una realidad, pero al menos rigiendo realidades, y además en muchos casos los que desarrollan las lenguas piensan que este tipo de lenguas formales son normales en cierto sentido como lenguas, o al menos debían de............
A-Perdona, vas a tener que esforzarte un poco, porque me temo que allí a lo mejor no te oyen. Sigue un poco fuerte.
-Venía a decir que si suponemos, un poco exagerando, que un lenguaje formal es un caso de lengua (exagero bastante), y que algo de significado podemos darle a los términos que se usan, ¿de qué manera corresponde a alguna forma de Realidad? Lo decía porque cuando has sacao lo de los números los hacías mezclados un tanto con las cosas.
A-Que les pasaba lo mismo, vamos, que en cuanto a infinitud les pasaba lo mismo.
-Les pasaba por una parte que pretendían ellos ser finitos y estar definidos, y por otra parte estaban amenazados en su definición. Este tipo de números propiamente un lenguaje matemático no los aceptaría, serían unos números de los que hablas que quizás estarían más cerca de los números que están en el baile, o a lo mejor en el cómputo de cosas, pero la esplicación en lenguaje matemático no sería ésa. El caso de los primos habría que dejarlo un poco aparte.
A-No se puede. Por otra parte no se puede dejarlo aparte, porque afecta al problema. Lo que me importaba era la distinción entre lo de ‘simplemente incontable’, que nunca se puede acabar de contar, siempre puede haber números primos, y lo de verdaderamente sin fin, que es lo que tú como bien dices la Matemática no puede darle entrada, no puede aceptar, no puede aceptar así, declaradamente: la Matemática tiene por supuesto que pretender moverse en el reino de los ideales, de la esactitud, no del más o menos en el que vivimos los mortales. De la esactitud, pero por otra parte, en la medida en que tiene que aplicarse, no ya al vocabulario ideal de triángulos y esferas, sino al vocabulario de las cosas llamadas físicas, sin querer sin embargo está cediendo a una ‘conversión’ de los puros números en algo que se parecen más a las cosas.
-Si. Yo estaba pensando en el ejemplo que sacaste de los fotones, y por supuesto en la interacción, que por supuesto tiene que ser digamos ‘cuántica’, tiene que ser en cierto sentido. Ahora, cuando los físicos en general, el dialecto físico (para hablar así un poco aproximadamente a como presentamos aquí la cosa), desarrolla una teoría de campos, ¿qué está haciendo? Porque claro, en el ejemplo que ponías tú de que te estaban acribillando, evidentemente esa imaginería se acerca bastante a lo que puede ser un campo cuántico: se puede pensar que no hay puntos propiamente, sino que hay vibraciones por todas partes, pero al mismo tiempo hay en cierto sentido que regirlas, desarrollar líneas que determinen fijación de situaciones, ¿no?
A-A nosotros nos sirve desde luego esa imaginería de los cuánticos, lo que pasa es que a ellos no, porque ellos parecen restringir su observación a los entes subatómicos, y el paso a aplicarlo a lo que aquí llamamos cosas, así a lo bruto...........
-Bueno, en el caso del campo electromagnético lo consideran que está a caballo entre lo subatómico y la Realidad.
A-Sí, es un puente ciertamente, sí.
-Bueno, no sé, habría que preguntarles a quienes manejan más esto.
A-Sí, es muchas veces ilustrativo (aquí lo habéis comprobado) acudir a las imaginerías de los físicos, sobre todo cuando andan un poco desmandados, pero en cuanto dejamos todas las restricciones con que necesariamente tienen ellos que producir sus teorías y lo traemos a este descubrimiento del acribillamiento, del desastre en que las cosas y nosotros estamos metidos cada día. ¿Qué más quedaba por ahí?
-En esto de las imágenes, por ejemplo en una noche oscura de repente ves 3 farolillos de luciérnaga en el suelo, y en este acribillamiento de la imagen de los 3 farolillos tiene tal entidad el 3, que no existiría tal acribillamiento si no aparece el 3 al mismo tiempo. Es eso que decías tú de que para que haya realidad tiene que haber varias cosas de lo mismo, contar algo. Pasa también en el imaginario: hay una invitación, una compulsión a la tranquilidad del contar en una cosa tan negra y tan sin fin como la noche.
A-De todas maneras, tal como lo has planteado no vale mucho la cosa, porque de esas 3 lucecitas, ¡sabes tanto!: sabes que son de luciérnagas, sabes que son 3, sabes...........
-El tema está en que tú puedes luego decir ‘luciérnagas’, porque está unido al vocabulario de la lengua, pero........
A-Luego puede venir alguien que anule las luciérnagas y el 3 por el procedimiento que sea, porque eso quiere decir someterse a la Realidad, y de esa manera indirectamente descubra lo que os decía al final de que aún dentro de la Realidad se cuelan, siguen vivas, sugerencias de las pre-cosas. ¡Bueno, venga, más, más, por favor!
-Te comento una cosa que tengo desde el principio de los tiempos de la tertulia, que es que tal como se plantea aquí este tema de las imágenes, la imagen que yo me hago de esto de las imágenes es como que uno es como una especie de San Sebastián que lo están acribillando. Pero digamos la otra imagen que yo tengo siempre, y que siempre me ronda, y es a la que más me aproximo, es que no hay tal San Sebastián, no hay más que esas heridas y ese entrecruzamiento, que es lo que a uno le hace. Y entonces me llama la atención que podamos hablar de esto con tanta claridad, por así decir. Dices que a uno le hieren las impresiones, y yo no soy más que una herida que va como un resorte de un lado para otro, y esa sospecha también será una imagen seguramente, pero es como si viene el mar y yo voy dando un paso para atrás, un paso para atrás, un paso para atrás.........
A-Para evitar alguna desviación inútil, ya has oído al final: uno emite y recibe imágenes en la medida en que uno es cosa, y tu San Sebastián se olvida de la Persona, del Nombre Propio, en la medida en que uno es cosa. En la medida en que uno es uno (ésta es la Fe), y en la medida en que uno es uno y se lo cree, entonces ni recibe ni emite imágenes ninguna.
-Quiero decir que cuando hablas de la ensoñación, ese estado de ensoñación en que parece que uno desaparece un poco, también será cuando uno está cansado simplemente.
A-Sí, sí, ya he dicho que se da todos los días.
-Quiero decir que se da continuamente.
A-Sí, estamos continuamente acribillados de imágenes.
-¿Qué me trae a mí aquí?: pues una impresión, vete a saber el qué, algún resorte que ha saltado por ahí, pero desde luego yo no. Creo que aquí la voluntad se está sobrevalorando una barbaridad.
A-¿¿La Voluntad??
-Sí, la Voluntad.
A-¡Ostias! ¡Ostias la Voluntad, Rosa! ¿Pero dónde ha aparecido aquí? ¿Dónde coños ha aparecido la Voluntad?
-Aquí, continuamente.
A-Pero ¿dónde? ¿Dónde?
-En el hecho de pensar que se puede esplicar lo inesplicable.
A-Pero eso es una crítica de la tertulia. ¿Ahora te pasas a hacer una crítica de la tertulia? ¡Venga, hombre! Aquí no sabemos si podemos conseguir algo o no; la gracia que tenemos es que lo intentamos. Venga, no te salgas del tema para ocuparte de la tertulia, ¿eh?, porque eso sí que es un vicio que tenemos harto conocido. ¿Qué más?
-La zona no cosciente, ¿puede generar imágenes también?
A-Y no sólo eso............ Bueno, tú has distinguido bien lo de lo subcosciente, ¿no?: sub-cosciente es la bolsa adonde van a parar cosas sabidas, y es tan real como lo cosciente, y de eso dije que evidentemente las imágenes (), pero por decirlo así el impulso viene de más abajo, de lo no cosciente. Al final he dicho que justamente la labor del intercomunicador, del que sueña, del poeta, consistiría en mostrar que aún dentro de la Realidad sigue habiendo cosas de ésas no definidas que había antes de imponer sobre ellas la Ley, y ésa es la aparición de las imágenes mismas dentro de la Realidad. El motor viene de abajo.
-“Toda la imaginería/ que no ha brotado del río/ barata bisutería”.
A-Eso lo ha dicho para los poetas, es una lección para los poetas. ¡Recuérdalo, recuérdalo para ti! Es una Pedagogía para poetas.
-¡Qué va! Es que Don Antonio cuando habla del río............
A-Sí, sí, habla del poeta.
-Cuando habla del río está hablando también del cielo del río, es decir, del subcosciente de la vida.
A-Que no sé por qué lo sacas. Da, como muchas veces, una recomendación para poetas: que toda imaginería que no ha salido del río, sino que ha salido de las otras poesías ya escritas, de lo aprendido, de las ideas que se tienen, de las concepciones que uno se ha hecho, que ha salido de cualquiera de esas cosas reales, no del río, que es el flujo costante, el reconocimiento de la presencia, ésa es, como suele ser en cualquier poesía, bisutería, no sirve para nada. De manera que ya está. ¿Y qué mas?
-......................
A-Siento no oír llegar más voces. Es que a mí lo que me anima a seguir con esto es encontrar un poco más de jaleo. Bueno, ¡qué le vamos a hacer! Si nos dejan vivos, si el Señor nos deja vivos dentro de...........
-Yo quería sacar la sensación que se tiene cuando te despiertas de un sueño que ha sido muy complejo, muy largo, que parece que llevas toda la noche soñando, y miras el reloj y ves que hace media hora que te levantaste para ir al servicio.
A-Sí, el tiempo es distinto. En esas esperiencias Freud se fijó ya debidamente, y bueno, cualquiera se puede fijar: no es el tiempo de la Realidad despierta el mismo que corre en el tiempo de los sueños, si es que corre alguno. Pues si el Señor nos deja dentro de 7 días, pues seguimos aquí dándole vueltas al asunto.

-Ataque contra la Realidad desde el punto de vista de las imaginaciones, esplicando cómo sueños, ensueños, fantasías e ideas entran en la Realidad a la par con las otras cosas que suelen llamarse físicas y palpables.





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