Biografía y Entrevista a Andre Gorz






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títuloBiografía y Entrevista a Andre Gorz
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fecha de publicación10.07.2015
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Este distanciamiento del trabajo sin duda tiene un lado positivo, pero resulta importante señalar que, en los países de la OCDE, entre el 70 y el 90% de los trabajadores de tiempo parcial, la mayoría de los cuales se encuentran en formas precarias de empleo, son mujeres entre 25 y 40 años, empleadas en el sector de servicios. Para muchas de ellas laborar menos horas significa un "doble turno": trabajo sin pago en el hogar más trabajo pagado (por lo general mal) sin oportunidad de mejoras en la carrera. El resultado es que una gran cantidad de mujeres tienen mucho menos tiempo libre están más sobrecargadas que los hombres.
En primer lugar, el sistema económico produce mayor riqueza con una cantidad descendente de trabajo. Sin embargo, rehúsa redistribuir el trabajo de manera tal que todos puedan trabajar menos y mejor sin pérdida de ingreso. Prefiere tener a una sección de la población trabajando de tiempo completo, otra desempleada y una tercera, cuyos números crecen constantemente, trabajando un día reducido por una paga menor. Además, la mayoría de los trabajos de tiempo completo los tienen hombres y la mayor parte de los empleos con horas reducidas, mujeres. Si la semana laboral normal no tuviera más de 30 horas, que es el objetivo de la izquierda y de los sindicatos de los Países Bajos, Italia y Alemania, entonces la división sexual actual del trabajo perdería su base económica y no habría excusa para ella.
Ciertamente ésta es la tendencia. En primer lugar, una proporción creciente de padres jóvenes están solicitando menos horas de trabajo o licencias, aun sin pago, para poder cuidar a sus hijos. Hace cuatro años, la cifra era del 12% en Estados Unidos. Hace un año del 26% y la mitad de las empresas estadounidenses ofrece a sus empleados de sexo masculino la opción de trabajar menos horas. En segundo lugar, casi la mitad de las parejas francesas, alemanas y suizas permanecen sin casarse, y en la mitad de estos casos no viven juntas Los hijos viven con la madre, con el padre o con cada uno por turnos. Esto cambia de manera fundamental el significado de la labor doméstica no pagada. Las mujeres u hombres que viven solos hacen sus tareas domesticas por sí mismos, no por el mayor beneficio o comodidad de su pareja. De manera que conforme ésta tendencia continúa ya no existe ningún sentido en pedir a la sociedad que reconozca la utilidad social del trabajo domestico al pagar sueldos por éste. Sin embargo, éste desarrollo lleva a una mayor urgencia y legitimidad de la demanda por el derecho de licencia paterna pagada, año sabático, u otra forma de reducir el tiempo en el trabajo. Éste tipo de derecho con frecuencia se enarbola en bien de "la utilidad social" del trabajo de la madre (o del padre) en el hogar. El argumento es que el valor social del trabajo domestico debe reconocerse como igual al del trabajo pagado. No estoy de acuerdo con ese enfoque, que toma como criterio básico la utilidad del individuo para la sociedad, debido a que implícitamente niega la autonomía del individuo y la existencia de sus derechos inalienables sobre la sociedad. Debemos abandonar la idea de que la sociedad tiene prioridad y los individuos se hacen útiles al reproducirla. La sociedad estará mejor conforme reconozca los derechos de sus miembros para satisfacerse a sí mismos y ofrecerles las oportunidades para ello. El derecho a la maternidad, a la paternidad, al cuidado del propio cuerpo y del propio habitat, a "cuidarse" y a cuidar al prójimo deben ser incondicionales y privilegiados.
¿La extensión del tiempo libre no es también un medio de reducir el sobreconsumo? Mientras más bienes consumimos, más necesitamos trabajar para adquirirlos y menos tiempo tenemos para otras actividades, incluyendo la de ser ciudadanos.
Sí, y lo contrario también es cierto. Mientras más trabaja, más tiende a consumir bienes, pero también servicios ya que no tiene el tiempo o energía para hacer las cosas por y para usted mismo. La obligación de trabajar tiempo completo ha sido la clave del crecimiento económico en las sociedades capitalistas ricas. Si pudiéramos ajustar nuestro tiempo de trabajo a las necesidades que en realidad tenemos, ¿cuántas horas trabajaríamos? Pero ésta posibilidad de "elegir nuestras horas de trabajo" no se nos ofrece. Nos permitiría limitar nuestro consumo de bienes, lo cual se ha vuelto un imperativo ecológico en las naciones ricas.
En Ecology as politics, usted adopta dos puntos de vista contradictorios. Por una parte afirma que el enfoque ecológico es incompatible con la racionalidad capitalista, y por la otra argumenta que el capitalismo con el tiempo aceptará los imperativos ecológicos, así como aceptó el sufragio universal y la semana de 40 horas. De ésta forma, de acuerdo con usted, estos imperativos no deben ser los objetivos mismos del Movimiento Verde. ¿Por qué ésta ambigüedad ?
El movimiento ecologista no puede reducirse a la exigencia de que se proteja al ambiente. Si así fuera, sus demandas terminarían tarde o temprano adoptadas por el capitalismo, y nada cambiaría. Ya tenemos ecoempresas y una ecoindustria, y podríamos tener una tecnoecosfera, si no es que en realidad llegamos al tecnoecofascismo según se describe en la ciencia - ficción. El capitalismo puede desarrollar un econegocio muy benéfico, así como creó una industria armamentista que producía altos beneficios, para cubrir contratos públicos. Y en respuesta a los nuevos estándares de contaminación, quizá resulte mejor eliminar y reciclar los productos de desperdicio industrial y adoptar tecnologías diferentes, más intensivas en cuanto a capital, con el resultado de mayores precios y desigualdades. Es en ésta dirección en la que avanzamos por el momento. A diferencia de lo que se denomina "ecologismo" en los países anglosajones, la ecología política no se confina a intentar reducir el impacto del sistema existente de producción sobre el ambiente. Cuestióna las razones en las que se basa el desarrollo de cierto tipo de tecnología, productos y formas de consumo en primer lugar, que están contenidas en la lógica de la acumulación capitalista. Por tanto, la población debe ser inducida a satisfacer sus necesidades a través de un consumo mayor y deben crearse más opciones de consumo de bienes. Ahora bien, muchas necesidades podrían satisfacerse mediante un flujo menos intenso de mejores productos y más durables, y las necesidades mismas del consumidor podrían reducirse por medio de un estilo de vida más relajado y de convivencia que dejara más tiempo libre. Podríamos vivir y trabajar mejor al consumir menos, siempre y cuando consumiéramos en forma diferente.
Los enfoques "medio ambientalistas" y "ecológicos" son entonces fundamentalmente distintos entre sí. El primero impone nuevas restricciones y limitaciones sobre la libre operación de la racionalidad económica según la ha desarrollado el capitalismo. Pero no alteran la tendencia básica del sistema, que consiste en ampliar la esfera de racionalidad económica e incrementar el valor de cantidades cada vez mayores de capital. Por el contrario, el enfoque ecológico implica un cambio de paradigma, que puede resumirse en el lema "menos pero mejor". Busca reducir la esfera en la cual se aplican la racionalidad económica y los intercambios de bienes, y subordinarla a objetivos no cuantificables sociales y culturales y al libre desarrollo de los individuos. La reestructuración ecológica de la economía, según se plantea dentro de la izquierda en Alemania y los Países Bajos y en la izquierda extrema italiana, tiene entonces necesariamente una dirección anticapitalista socialista.
Los Verdes alemanes fueron los primeros en popularizar la idea de un ingreso social garantizado o "beca universal', que ahora está avanzando a través de toda Europa, en particular en los Países Bajos, donde la apoyan todos los movimientos de izquierda, algunos de los sindicatos y muchas personalidades influyentes. Se está debatiendo en Italia y ha dado surgimiento en Francia a la creación del "ingreso mínimo de inserción". Muchos consideran el ingreso social garantizado para todos como un derecho del ciudadano: el de "pago de ciudadanía". También podría ser la forma más importante de redistribuir el trabajo pagado de manera justa y reducir la duración de las horas laborales. Usted se ha declarado en contra de esta formula en varias ocasiones. Preferiría un sistema que garantizara empleo a todo ciudadano durante su vida, a cambio de efectuar una cierta cantidad de trabajo durante ella, que disminuiría y se volvería más y más intermitente conforme aumentara la productividad social. Con frecuencia, al ir en su contra, se ha hecho notar que al enlazar el derecho a un Ingreso con el de trabajar, está uniendo de manera crucial el derecho a un Ingreso con una obligación de trabajar. ¿No existe una contradicción y ruptura con la ideología del trabajo que apoya en cualquier otra parte?
Considero utópicos, en el mal sentido del término, aquellos objetivos ideales que no indican nuevas posibilidades de acción emancipadora. Esta es la critica que haría, igual que lo hace Jürgen Habermás, a los discípulos de Hannah Arendt, quien ve el "pago por ciudadanía como una forma de revivir el ideal de la polis griega". Yo veo dos defectos fundamentales en esta idea del salario universal. La primera es que un salario de éste tipo, al eximir a las personas de efectuar cualquier trabajo pagado, deba de crear un espacio público para actividades no económicas. La actividad económica hoy en día ocupa una extensión exagerada del espacio público y Arendt tuvo razón al desear disminuirla, dejando más tiempo para actividades políticas que se refieran al "bien común". Sin embargo, no se podrá excluir de ese espacio a aquéllos que permanecen fuera de la esfera económica y, por tanto, apartados de lo que es hoy la dimensión más importante de la esfera pública. Por el contrario, un pago o salario que exime a la gente de cualquier empleo en la esfera económica profundizará la brecha dentro de la sociedad. Se tenderá a monopolizar el espacio público y a marginar a los receptores no trabajadores de los pagos del Estado, que entonces se verán condenados a una vida de servicios privados y olvido social. Si usted desea que otras actividades suplanten el trabajo dentro del espacio público, entonces la importancia del trabajo tiene que ser reducida a través de la acción pública organizada, la cual de manera simultánea abre los espacios públicos a actividades cuyos objetivos no son económicos y ayuda a establecer tales actividades en ese espacio. Es por esto, en mi opinión, que tenemos que acercarnos al problema "desde abajo", y reducir el número de horas laborales. Y esto tiene que concebirse no como una sola medida sino como una política general a largo plazo, que concierna tanto al gobierno como a los sindicatos, y englobe una visión alternativa de la civilización. La acción de los sindicatos es indispensable si ese objetivo ha de alcanzarse. En primer lugar, porque sólo el sindicato (renovado) puede organizar a la población en la esfera pública del trabajo y abrir ese espacio de actividades públicas fuera del lugar de trabajo; y en segundo lugar, debido a que la disminución de las horas labora les tiene que realizarse en detalle y aplicarse a través de acción colectiva y regateo en todos los niveles. Es necesario establecer un nuevo "contrato para la sociedad" de manera que las relaciones sociales puedan transformarse. Un salario universal creado por una ley y pagado por una agencia administrativa no tendría el mismo alcance.


Es necesario el derecho al trabajo en este contexto: como un derecho político de acceso a lo que en la actualidad es la principal actividad dentro de la esfera pública y a los poderes que eso le confiere, en particular al de participar en las decisiones relacionadas con la organización de la actividad económica y su lugar en la sociedad. Desde luego, resulta bastante concebible que los desempleados deban tomar parte por derecho, con sus propias asociaciones, en el planteamiento de la política sindical. Pero entonces es necesario comprender el desempleo como una interrupción temporal y parcial de la participación en las actividades económicas y no como la elección de no participar en ellas para nada. Al abrir este derecho a la no participación, la idea de la beca universal en realidad crea dos categorías de ciudadanos, y da a la sociedad el derecho de perpetuar formas de exclusión social. El segundo defecto de la beca universal puede verse si enfocamos el problema desde el ángulo opuesto. Una cierta cantidad de trabajo es esencial para la existencia de la sociedad y de los individuos. Esta necesidad está impuesta por la naturaleza de las cosas, no por una obligación social La igualdad y libertad de los individuos requiere ahora que el trabajo se organice socialmente en la esfera pública, en donde todos participan. Nadie debe llevar la carga de la necesidad para el beneficio de otros, y por tanto ninguno debe estar exento de cumplir con su parte. Ahora bien, la idea de la beca universal abre el derecho a la exención. Permite a la sociedad despreocuparse de distribuir la carga en forma equitativa. Al hacerlo así, a partir del idealismo, le sigue el juego a la ideología del trabajo que parece considerarse como una actividad electiva y opcional, que puede reservarse para aquéllos que gustan de realizarla. Pero el punto es que el trabajo tiene que realizarse, nos guste o no, y es sólo empezando a reconocer esta necesidad que podemos intentar hacerlo tan placentero y satisfactorio como sea posible, disminuir su intensidad y abreviar su duración.
Hay que reconocer que no todo el trabajo necesario puede organizarse socialmente en la esfera pública, ni debe hacerse. Existe un ámbito en el cual los individuos deben pertenecerse y producir por sí mismos, libres de todo control y normas sociales. Ésta es la esfera privada. El trabajo necesario dentro de ella no puede tener el mismo estatus que el de la esfera pública. A esto yo le llamo "trabajar para uno mismo". Es ambivalente, al ser al mismo tiempo una carga y una gratificación, o cada una de estas cosas por turnos, dependiendo de las circunstancias. No realizar ese trabajo significa confiarlo a sirvientes. Principalmente está constituido por todas las varias actividades del automantenimiento. Este trabajo será menos pesado y más gratificante conforme el tiempo libre sea más abundante, en una forma diaria, semanal y anual.
Si el tiempo de trabajo gradualmente se reduce hasta el punto en que el trabajo pagado se vuelva intermitente, ¿de qué vivirá la gente durante los intervalos de trabajo? Ha hablado de un ingreso social garantizado repartido a lo largo de la vida, que se pagará a cambio de una cantidad de trabajo que irá disminuyendo. Pero los patronos, e incluso un gran número de sindicatos, le dirán que el costo de ese sistema estaría por encima de lo que puede soportar la economía.
La semana de seis días y el día de ocho horas originalmente se consideraron como demandas que llevarían a la ruina. El sistema actual de seguridad social habría parecido totalmente fuera de la realidad hace 70 años. A principios de siglo el empleo de tiempo completo significaba trabajar más de tres mil horas al año. En 1960, la cifra fue de 2100. En 1985, fue de 1600 horas y aún este volumen de trabajo, que era 25% menor que la cifra de 1960, produjo un producto nacional bruto dos y media veces mayor. En su último libro, Jacques Delors señala que en 1946 un trabajador asalariado podría esperar pasar un tercio de su vida, mientras estuviera despierto, trabajando. Para 1975, esto se había reducido a un cuarto, y en la actualidad es menos de un quinto. Agrega que este desarrollo continuará, y debe dar "nacimiento a otras lógicas de producción e intercambio". En realidad, si usted considera los distintos tipos de licencias de trabajo, ya sean pagadas o cubiertas por un seguro, el trabajo de tiempo completo ya es intermitente. No existe razón por la cual no debamos gradualmente tener un promedio de mil horas de trabajo al año (que era la norma en el siglo XVIII) o de 20 mil a 30 mil horas durante la vida, permitiendo a cualquiera adoptar sucesivamente varios estilos de vida, trabajos, carreras o tipos de actividad sin cesar de recibir un salario completo. Tenemos que acostumbrarnos a pensar en el tiempo libre como una parte principal de la vida, no sólo como el tiempo de baja calidad que queda después del trabajo. Es el tiempo del trabajo pagado el que debe transformarse, y en realidad ya se transformó en algo de segunda importancia.
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