Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres






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fecha de publicación06.04.2017
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El Amor y la Locura

Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.

Cuando EL ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, LA LOCURA, como siempre tan loca, les propuso: ¿Jugamos al escondite?

LA INTRIGA levantó la ceja intrigada, y LA CURIOSIDAD, sin poder contenerse preguntó: ¿al escondite? ¿Y cómo es eso?

Es un juego - explicó LA LOCURA- , en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden, y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.

EL ENTUSIASMO bailó secundado por LA EUFORIA.

LA ALEGRÍA dio tantos saltos que terminó por convencer a LA DUDA, e incluso a la APATÍA, a la que nunca interesaba nada.

Pero no todos quisieron participar, LA VERDAD prefirió no esconderse ¿para qué? Si al final siempre la hallaban, la SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y LA COBARDIA prefirió no arriesgarse...

Uno, dos, tres... comenzó a contar LA LOCURA.

La primera en esconderse fue LA PEREZA, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino.

La FE subió al cielo y LA ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.

LA GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos ...que si un lago cristalino , ideal para LA BELLEZA, que si la rendija de un árbol, perfecto para LA TIMIDEZ, que si el vuelo de una ráfaga de viento, magnífico para LA LIBERTAD. Así terminó por ocultarse en un rayito de Sol.

EL EGOISMO en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... pero sólo para él.
LA MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arcoiris) y LA PASIÓN Y EL DESEO en el centro de los volcanes.

EL OLVIDO... se me olvidó donde se escondió...pero eso no es lo importante.

Cuando LA LOCURA contaba 999.999, EL AMOR aún no se había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado...hasta que encontró un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.

Un millón, - contó LA LOCURA- y comenzó a buscar.

La primera en aparecer fue LA PEREZA sólo a tres pasos de una piedra.

Después se escuchó a LA FE discutiendo con DIOS en el cielo sobre teología y a LA PASIÓN y EL DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes.

En un descuido encontró a LA ENVIDIA y claro, pudo deducir donde estaba EL TRIUNFO.

AL EGOISMO no tuvo ni que buscarlo, el sólo salió de su escondite, había resultado ser un nido de avispas.

De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió LA BELLEZA y con la DUDA resultó más fácil todavía pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de que lado esconderse.

Así fue encontrando a todos, EL TALENTO entre la hierba fresca, a LA ANGUSTIA en una oscura cueva, a LA MENTIRA detrás del arcoiris (mentira, si ella estaba en el fondo del océano) y hasta EL OLVIDO...que ya se le había olvidado que estaban jugando al escondite, pero sólo EL AMOR no aparecía por ningún sitio, LA LOCURA buscó detrás de cada árbol, cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las rosas... y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas había herido en los ojos AL AMOR; LA LOCURA no sabía que hacer para disculparse, lloró, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la tierra...


EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA.

La historia de un caballo que era bien bonito
















Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines.

Todos estábamos muy contentos con esa costumbre del caballo; y el caballo también porque como se alimentaba de jardines, cuando uno le miraba los ojos las cosas se veían de todos los colores en los ojos del caballo.

Al caballo también le gustaba mirarlo a uno con sus ojos de colores, y lo mejor del asunto es que con los ojos de ese caballo que comía jardines se veían todas las cosas que el caballo veía, pero claro que más bonitas, porque se veían como si tuvieran siete años. Yo a veces esperaba que el caballo estuviera viendo para donde estaba mi escuela. El entendía la cosa y miraba para allá, y entonces mi hermana Elba y yo nos íbamos para la escuela a través de los ojos del caballo.

¡Qué caballo tan agradable!

A nosotros cuando más nos gustaba verlos era aquellos domingos por la mañana que estaban tocando la retreta y ese caballo de colores llegaba por ahi vistiéndose de alfombra por todas partes que pasaba.

Yo creo que ese caballo era muy cariñoso. Ese caballo tenía cara de que le hubiera gustado darle un paseíto a uno, pero quien se iba a montar en aquel pueblo en un caballo como ese, pues a la gente de ahí le daba pena; ahí nadie tenía ropa aparente.

Como sería de bonito ese caballo que con ese caballo se alzó Miranda contra el gobierno porque se inspiró en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos.

Ese caballo si se veía bonito cuando estaban tocando ahí esa retreta y el Señor Presidente de la Sociedad de Jardineros lo traía para que se desayunara en la plaza pública.

Que caballo tan considerado. Ese caballo podía estar muy hambriento, pero cuando los jardineros lo traían para que se comiera la plaza, el sabia que en el pueblo había mucha gente necesitada de todo lo que alli le servían, y no se comía sino a los músicos.

Y los músicos encantados. Como el caballo estaba lleno de flores por dentro, ellos ahí se sentían inspirados y se la pasaban tocando música dentro del caballo.

Bueno, y como el caballo se alimentaba de jardines y tenía todos los colores de las flores que se comía, la gente que pasaba por ahí y lo veía esperando que los jardineros le echaran su comida decían: míreme ese caballo tan bonito que está ahí espantándose las mariposas con el rabo.

Como sería de bonito ese caballo que con ese caballo se alzó Miranda contra el gobierno porque se inspiró en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos.

Y el caballo sabía que decían todo eso, y se quedaba ahí quietecito sin moverse para que también dijeran que aquel caballo era demasiado bonito para vivir en un pueblo tan feo, y unos doctores que pasaron lo que dijeron es que lo que parecía ese caballo es que estaba pintado en el pueblo.

¡Así era de bonito ese caballo!

Todo el mundo era muy cariñoso con ese caballo tan bonito, y más las señoras y señoritas del pueblo, que estaban muy contentas con aquel caballo que se alimentaba de jardines. ¿No ve que como consecuencia de aquella alimentación lo que el caballo echaba por el culito eran rosas?

Así, cuando las damas querían adornar su casa o poner un matrimonio, no tenían más que salir al medio de la calle y recoger algunas de las magníficas rosas con que el caballo le devolvía sus jardines al pueblo.

Una vez en ese pueblo se declaró la guerra mundial, y viendo un general el hermoso caballo que comía jardines, se montó en él y se lo llevó para esa guerra mundial que había ahí, diciéndole: mira caballo, déjate de jardines y de maricadas de esas y ponte al servicio de tal y cual cosa, que yo voy a defender los principios y tal, y las instituciones y tal, y el legado de yo no se quien, y bueno, caballo, todas esas lavativas que tu sabes que uno defiende.

Apenas llegaron ahí a la guerra mundial, otro general que defendía el patrimonio y otras cosas así, le tiró un tiro al general que estaba de este lado de la alcabala, y al que mató fue al caballo que se alimentaba de jardines, que cayo a tierra echando una gran cantidad de pájaros por la herida porque el general lo había herido en el corazón.

La guerra por fin tuvo que terminarse porque si no hubiera quedado a quien venderle el campo de batalla.

Después que terminó la guerra, en ese punto que cayó muerto el caballo que comía jardines, la tierra se cubrió de flores.

Una vez venía de regreso para su pueblo uno que no tenía nombre y estaba muy solo y había ido a recorrer mundo buscando novia porque se sentía bastante triste, ¿no ve que le mataron hasta el perro con eso de la defensa de los principios y tal?, y no había encontrado novia alguna porque era muy pobre y no tenia ninguna gracia.

Al ver ese reguero de flores que había ahí donde había muerto el caballo que comía jardines, el hombre cogió una de su gusto y se la puso en el pecho. Cuando llegó al pueblo encontró a su paso una muchacha que al verlo con su flor en el pecho, dijo para ella misma: que joven tan delicado que se pone en el pecho esa flor tan bonita. Hay cosas bonitas que son tristes también, como esa flor que se puso en el pecho ese joven que viene ahí. Ese debe ser una persona muy decente y a lo mejor es un poeta.

Lo que ella estaba diciendo dentro de ella con ese asunto, el hombre no lo escuchó con el oído, sino como lo oyó fue con esa flor que tenía en el pecho.
Eso no es gracia; cualquiera pude oír cosas por medio de una flor que se ha puesto en el pecho. La cuestión es que uno sea un hombre bueno y que reconozca que no hay mayores diferencias entre una flor colocada en el pecho de un hombre y la herida de que se muere inocentemente en el campo un pobre caballo.

Qué iba a hacer, le regaló a aquella bonita muchacha la única cosa que había tenido en su vida, le regaló a la muchacha aquella flor que le servía a uno para oír cosas: ¿quién con un regalo tan bueno no enamora inmediatamente a una muchacha?

El día que se casaron, como el papá de ella era un señor muy rico porque tenía una venta de raspado, le regaló como veinticinco tablas viejas, dos ruedas de carreta y una moneda de oro.

Con las veinticinco tablas el hombre de la flor se fabricó una carreta y a la carreta le pintó un caballo, y con la moneda de oro compro una cesta de flores y se las dio de comer al caballo que pinto en la carreta, y ese fue el origen de un cuento que creo haber contado yo alguna vez y que empezaba: "Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines".

El campesino y el matemático

De esos cuentos tradicionales del mundo, "El campesino y el matemático" ha acompañado a la cuentería desde la época de los juglares (blasfemia dirán algunos) y la seguirá hasta quién sabe cuándo (en serio, ¿alguien sabe?). Bueno, de cualquier manera está para aquellos que no lo han escuchado o leído, y para los que ya pues pueden disfrutarlo nuevamente. Saludos.


Había una vez un viejo campesino y un matemático aburrido que se encontraron un buen día, a la misma hora, en la misma estación, en el mismo tren y en el mismo asiento del tren. El viejo campesino era uno de esos hombres campesinos que se levantan todos los días a descubrir el lugar en donde nacen los arco iris. De esos hombres campesinos que se quedan maravillados cuando ven el brillo de una gota de rocío. De esos hombres campesinos que se saben todas las coplas y todas las canciones de la tierra.


El matemático aburrido era un hombre completamente aburrido. A él esas cosas no le gustaban. A él sólo le gustaban las ecuaciones exponenciales y las logarítmicas, las derivadas y las integrales, los teoremas y las leyes por demostrar. Así que viajaba completamente aburrido.


En cambio el campesino viajaba feliz viendo, a través de las ventanillas del tren, las altas montañas que se elevaban al cielo, el cielo azul y radiante, los verdes valles y los ríos cristalinos. Mientras el matemático aburrido seguía aburrido. Así que queriendo salir de su aburrimiento, el matemático aburrido le propuso al viejo campesino que jugaran ese viejo juego de hacerse preguntas y respuestas, pues, para mitigar el aburrimiento de aquel tedioso viaje. Es más, le dijo el matemático aburrido, para hacerlo más emocionante nos echamos una apuesta; qué tal que se gane unos pesitos de más que nunca caen nada mal por estos tiempos, dijo el matemático aburrido tratando de interesar al campesino en su propuesta.


El viejo campesino le dijo que no entendía, que le explicara con palabras más sencillas. A lo que el matemático le explicó: "Mire viejo campesino, usted me hace una pregunta a mí, y si yo no se la respondo, cosa que me parece imposible, yo le pagaré mil pesos (para los no colombianos, el equivalente a 0.5 dólares, la conversión a euros si se las dejo a ustedes).Ahora bien, yo le hago una pregunta a usted, y si usted no me la responde, usted también me pagará mil pesos, y listo, jugamos hasta que lleguemos a nuestro destino, y colorín colorico de esta manera la pasamos bien rico":dijo el matemático aburrido queriendo entusiasmar al campesino en el jueguito.


El viejo campesino que no era tonto, ni estúpido, ni pendejo, le dijo que no, que si jugaba ese jueguito se iba quedar sin dinerito, pues a leguas se veía que aquel era un hombre instruido y él tan sólo un pobre bruto que apenas si sabía en donde ponen las garzas.


Así que el matemático se quedó aburrido, pero no vencido. Entonces le propuso al campesino una formula que estaba seguro le encantaría: "Está bien viejo campesino, escuchando sus razones, que me parecen valederas, le propongo lo siguiente: por cada pregunta que usted no acierte a contestar, usted me paga mil pesos, y por cada pregunta que yo no acierte a contestar, cosa que me parece imposible, yo le pago diez mil pesos, además porque estoy de acuerdo con usted en que usted es un pobre bruto que apurado sabe en donde ponen las garzas".


El viejo campesino, que como ya les dije no era tonto, no era estúpido ni pendejo, aunque sí todo lo que dijo el matemático, le dijo que bueno, que ahora si le gustaba el jueguito y que quería jugarlo, que quién empezaba a preguntar primero. El matemático le dijo que él, el matemático. Así que el matemático le lanzó la primera pregunta. Y no tuvo que rebuscarla mucho, pues ahí la tenía a la mano. El matemático le preguntó: "Dígame viejo campesino ¿cuál es la mínima partícula de la materia y cómo se descompone?".


El viejo campesino tampoco tuvo que rebuscar la respuesta, pues ahí la tenía a la mano. Sacó un billete de mil pesos y se lo entregó al matemático aburrido que ya no estaba tan aburrido.


Pero ahora le tocaba preguntar al viejo campesino, y éste tampoco tuvo que rebuscar la pregunta, pues ahí la tenía a la mano. El campesino le preguntó: "Dígame usted matemático aburrido ¿cuál es el animal que en la mañana sube la montaña con dos patas, dos brazos, dos cachos y una cola, y por la tarde la baja en cuatro patas, sin brazos, sin cachos y sin cola?".


Y se queda ese matemático aburrido más aburrido que antes, pero no vencido. Como era un hombre de ciencia, echó mano a todas las ciencias puras y a las impuras que el manejaba: a la zoología, a la biología, a la antropología, a la paleontología, a la arqueología, a la geografía, a la sociología, a la psicología, y a todas las demás gías que él se sabía. Buscó en los animales domésticos y no lo encontró, buscó en los animales salvajes y tampoco lo encontró, buscó en los animales prehistóricos y tampoco lo encontró, busco en los animales mitológicos y tampoco lo encontró, buscó en los animales imaginarios y no se lo imaginó. Así que cansado de buscar y no encontrar, se rindió. Sacó un billete de diez mil pesos y se lo entregó al viejo campesino que siguió feliz mirando el paisaje por las ventanillas del tren.


Pero ese matemático aburrido había quedado más aburrido que antes. Miraba al viejo campesino que miraba feliz el paisaje a través de las ventanillas del tren y no lo podía creer. No podía creer que ese bruto, que ese ignorante que apurado sabía en donde ponen las garzas, hubiera podido ganarle, pero peor aún, que supiera algo que él no sabía, porque los diez mil pesos eran lo de menos, pero la respuesta era lo demás. Así que no se aguantó la curiosidad y le preguntó: "Y se podrá saber ¿cuál es el animalito ese?".


Por toda respuesta el viejo campesino sacó un billete de mil pesos y se lo dio.

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