Gramaticalmente se puede conjugar cada verbo en los tiempos fundamentales: pasado, presente, futuro. Yo maté, yo mato, yo mataré. Un sustantivo, en cambio, no






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títuloGramaticalmente se puede conjugar cada verbo en los tiempos fundamentales: pasado, presente, futuro. Yo maté, yo mato, yo mataré. Un sustantivo, en cambio, no
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ALTERACIÓN Y AJUSTE

Un ser humano puede no tener alteraciones; es decir, no sentir dolor.

Luego se puede causar dolor en el ser humano, lo que signiñca crear una alteración.

Debemos entender que la alteración es una combinación de dos factores: el ser humano y aquello que le causa dolor. Luego de que el dolor crea el motivo, éste se resuelve en una intención, y ésta a su vez en una lucha con dificultades que se oponen. Después de que la intención ha ganado la batalla se obtiene un estado de ajuste.
Esto nos permite reconocer cuatro estadios:

1. El estadio inalterado.

2. La alteración o perturbación.

3. La lucha.

4. El ajuste.
El estadio inalterado

No puede resultar ninguna intención y en consecuencia ninguna acción de una situación sin alteraciones. No hay dolor causado a nadie. De modo que no hay nadie con motivos para la acción. Antes de que tenga lugar la alteración, el relato no puede ser una serie de incidentes sino que se limita a una descripción de circunstancias.

No es posible una situación completamente libre de alteraciones. Nacemos con alteraciones continuas como el hambre, la sed y el frío. Estos motivos dan como resultado las acciones más comunes de nuestras vidas. Sin embargo a un relato no le conciernen las acciones comunes y frecuentes sino las intenciones y alteraciones específicas. Esto no significa que sólo debemos hablar de la gente sobresaliente y sus acciones sobresalientes, sino que sólo debemos contar las alteraciones e intenciones específicas, aun si corresponden a gente común.

El relato puede comenzar en el estadio inalterado, en la alteración o a veces durante la lucha. A menudo resulta conveniente comenzar en el estadio inalterado para mostrar el contraste entre este momento y la alteración. Si uno comienza durante el estadio inalterado se hace mucho más fácil exponer la alteración.

Por ejemplo: se muestra la vida feliz de una familia antes de la llegada de visitantes del espacio exterior. Pero si uno quiere empezar en la alteración, debe dejar implícito un estadio inalterado: empieza con el accidente de un marido, e implica que antes vivía feliz con su esposa.
LA ALTERACIÓN

El ser humano se debe sentir molesto (alterado) para entrar en acción.

Una persona está alterada cuando algo o alguien le causa dolor. Queda claro entonces que una alteración es una combinación de dos partes: una parte es capaz de "amar" u "odiar" y en consecuencia puede sentir dolor y la otra parte es algo o alguien que despierta tal amor o tal odio.

Para crear una alteración por combinación de esas dos partes, sus características se deben rechazar o atraer. Se deben cumplir dos requisitos previos para satisfacer esta condición: en primer lugar, las dos partes componentes deben tener características distintivas, porque las características inexistentes o indefinidas no se rechazarían ni se atraerían. Esto no es aún suficiente. Puede haber combinaciones de caracterizaciones distintas que, pese a todo, resultan indiferentes entre ellas. De modo que el segundo requisito previo para crear una alteración es combinar las características de las dos partes componentes de tal todo que produzcan afinidad o repulsión. Por eso el escritor crea la base para una alteración y las batallas resultantes. Pero aún no ha creado la alteración en sí. Tómese por ejemplo la combinación de un hombre y una mujer que se aman. Las partes componentes se atraen. Si están felizmente casados no hay alteración. O un hombre en Nueva York y otro en Chicago que se desprecian.

Tenemos características que se rechazan. Pero si no existe relación entre ellos, no se sentirán alterados.

El paso final para crear una alteración es separar las partes afines o forzarlas a estar juntas si se repelen.

Es fácil, en comparación, separar las partes afines. Por ejemplo: a un hombre le gusta el dinero pero no lo posee. O a un hombre le gusta una mujer que no puede conseguir. Pero no hay alteración si el hombre que ama el dinero es rico, o si el hombre al que le gusta la mujer está casado con ella.

Es más difícil provocar una alteración mediante repulsión, porque hay que forzar a estar juntas a las partes que se repelen. Si no lo están, cualquier acción resultante se puede comparar con pelear con la propia sombra.

En tanto los dos contrincantes permanezcan en sus rincones, no podrán más que mirarse amenazadoramente. Sólo cuando se enfrenten en el cuadrilátero podrán comenzar a pelear.

Todos conocemos ejemplos de miembros de una misma familia que se aman mientras viven en distintas ciudades. Pero si se ven obligados a vivir en la misma casa comienzan a pelear de la forma más violenta. Muchos maridos aman profundamente a sus esposas mientras están de viaje, pero al regresar, los problemas vuelven a comenzar.

Hay distintas clases de fuerzas o relaciones que mantienen unidas a las partes que se repelen. Todos los seres humanos, por su nacimiento, tienen relación con el mundo exterior, es decir, con las circunstancias que los rodean.

Si las circunstancias y el carácter están en concordancia, no habrá alteración.

Pero si no lo están, se crea una alteración. Por ejemplo: un profesor de biología trabaja en una botica. Un hombre inocente está en la cárcel. Un ladrón es gerente de una joyería. Un hombre pacífico va a la guerra o uno ambicioso proviene de bajos orígenes. Puede haber una mujer celosa en un harén o una cortesana en un convento. En todos casos hay una discordancia entre la caracterización y las circunstancias, y el resultado es una alteración.

Luego encontramos que hay relaciones entre varias personas. Hay relaciones familiares como padres e hijos, o de matrimonio, amistad, relaciones entre jefe y empleado, entre personas que trabajan en la misma oficina o que viajan en el mismo tren.

Estas relaciones pueden tener alteración o no, según la concordancia o discordancia que haya entre la gente que forma la relación. Un marido y una mujer leales forman un matrimonio sin alteración. Un hombre flirteando y una mujer fiel representan una alteración si están casados. Si no lo están, no hay alteración porque no hay relación entre las caracterizaciones que se repelen. O un hijo trabajador y un padre holgazán conforman una alteración. Del mismo modo un jefe ahorrativo y un empleado derrochador. O gente que vive en una misma casa con un inquilino que toca el trombón. Pero no les molestará si una persona en otra ciudad toca el trombón.

Finalmente, se puede crear una relación mediante la intención de alguien.

En ese caso es su intención obligarse a sí mismo a hacer algo. Puede que la intención de la otra persona le resulte agradable a uno y entonces no hay alteración.

Pero si hace algo que a uno no le gusta habrá una alteración. Existe una relación si un hombre quiere robarle mil dólares a otro. La relación continúa mientras el otro teme que le robe, o en el caso de que ya se los hubieran robado, si deseara recuperarlos.

Queda claro ahora que debemos mantener la alteración mientras necesitemos acción, es decir, durante el relato dramático. Pero la naturaleza misma de las fuerzas de la afinidad y la repulsión es tal que desean que se elimine la alteración; esto no impide el hecho de que son requisitos previos para causar una perturbación. En otras palabras, las fuerzas de la afinidad desean formar una relación entre las partes que se atraen y las que están separadas; y las fuerzas de la repulsión desean romper una relación que une a las partes que se "odian". De modo que debemos cuidar que no obtengan su objetivo en tanto necesitemos la alteración para los propósitos dramáticos del relato.

Ya entendemos la naturaleza de la alteración. Sin embargo el asunto se complica más aun porque la afinidad y la repulsión pueden existir en la misma combinación. Un muchacho puede amar a una joven sin que ella le retribuya su amor. O puede que ambos se amen, pero pertenezcan a distintas facciones:
"Amor sin barreras (West Side Story). Hay afinidad entre los caracteres pero repulsión entre sus circunstancias. También puede haber afinidad entre algunas características y repulsión entre otras. Muchos matrimonios son así: marido y mujer se aman en lo físico y se detestan en lo intelectual.

El hecho de que existan en la misma combinación afinidad y repulsión puede provocar una alteración sin la influencia de fuerzas exteriores. La repulsión impide que la afinidad termine con la alteración formando una relación y la afinidad impide que la repulsión termine con la alteración rompiendo la relación. Sólo se puede eliminar la alteración si eliminamos la afinidad o la repulsión.

Esta es la base de casi todas las historias de amor. El autor se pregunta:

¿Por qué quieren estar juntos? ¿Y por qué no pueden estar juntos? En este círculo yace la historia. Considérese Romeo y Julieta. La afinidad a través de la juventud y la belleza de los amantes; la repulsión a través de la enemistad de sus familias. Ni la afinidad ni la repulsión triunfan, por eso el final trágico de la narración, destruyendo a los exponentes de la afinidad y la repulsión.

Los únicos dos modos en que se puede contar en forma dramática un relato de amor son: mostrar cómo los amantes se dan cuenta de su amor, lo que es simplemente un proceso de afinidad que se va haciendo efectiva, o que los amantes son conscientes de la afinidad pero la repulsión les impide estar unidos.

La historia de amor típica del cine comienza con la lenta comprensión de la afinidad y luego expone alguna clase de repulsión.

Hasta ahora sólo hemos hablado de caracteres muy simples con deseos claros y distintos. Por supuesto, los caracteres jamás son tan simples; no son del todo decentes o malvados, ni hermosos u horribles. Un hombre puede ser violento e indeciso, lascivo y puritano. El carácter puede contener cualidades que se contradicen o que contrastan.

Distintas características tienen distintos gustos o disgustos, distintos amores y odios. Si estas características contrastan, pueden dar como resultado una persona que quiere algo y no lo quiere a la vez. La afinidad y la repulsión están dentro de una persona. El choque se produce dentro del mismo ser humano.

Sólo se puede eliminar si se termina el poder de una característica o de la otra.

Dos personas con afinidades distintas, a menos que las una un vínculo como el del matrimonio, sencillamente se separarán. Pero una persona no puede separarse, de modo que si afinidades que se oponen se encuentran en un mismo carácter, la persona estará dividida. Este puede ser el caso con un hombre lascivo y puritano: puede estar casado con una mujer decente y amarla tanto como a sus hijos. A la vez puede tener una amante que corresponde a las cualidades sensuales de su carácter. Entre las dos mujeres, el hombre puede estar dividido. Tales personas son a menudo un misterio para sus amigos. La explicación es que tienen características y afinidades que se oponen.

Los ejemplos de tales alteraciones son tan frecuentes en la literatura como en la vida real. Goethe dice en Fausto: "Ay, dos almas tengo en mí".

Roben Louis Stevenson va más lejos aun al dramatizar el conflicto de una persona en "El hombre y la bestia" (Dr. Jekyll and Mr. Hyde). Crea la misma persona en dos caracterizaciones distintas que miran y actúan de manera distinta.

La institución de la oposición Dios y diablo es una dramatización del conflicto en el alma humana. Es difícil entender que una alteración mediante características opuestas como bien y mal pueda en realidad tener lugar dentro del mismo carácter. Por eso existe la tendencia a extender el conflicto a dos personalidades distintas tales como Dios y el diablo.

El conflicto entre características que se oponen dentro de una misma persona es uno de los efectos dramáticos más valiosos. Conduce á la prueba del carácter. Después de haberse establecido las características que se oponen, la persona se deber ver forzada a realizar una elección. Invariablemente esto trae una escena culminante de real fuerza dramática.

La conclusión de este examen teórico es que no es posible la acción sin caracterización.

Cuando más fuerte queramos que sea una acción, más cuidado debemos poner en la caracterización que deseemos crear. No hay alternativa: caracterización o acción. Ambas están inseparablemente ligadas. Además, aunque en un guión pueda haber distintas caracterizaciones, pueden no producir alteraciones si las combinaciones no están bien ajustadas entre sí. Si cada uno no quiere algo del otro o encuentra algo que no quiere, no tiene posibilidad de obtenerlo o no obtenerlo. No puede resultar acción alguna de caracterizaciones desinteresadas, aunque cada una de ellas pueda ser interesante en sí. Con frecuencia el escritor simplemente "creará" acción. El resultado es penoso y falso. La falsedad se hace evidente en muchas escenas porque la gente hace cosas sin motivo. Este error es común en los novelistas y en los escritores épicos que se prueban en la técnica dramática. A menudo no comprenden que el drama no sólo requiere caracteres interesantes sino también combinaciones de caracteres que produzcan alteraciones.

Al dirigir nuestra atención a la aplicación práctica de nuestros hallazgos, entendemos que debemos comenzar a crear la narración inventando caracterizaciones que produzcan afinidad o repulsión. Se puede reconocer este esfuerzo primario en todas las obras o películas de éxito.

Después de ajustar estas combinaciones de caracterizaciones debemos discriminar con precisión las fuerzas de la afinidad y las de la repulsión. Porque para ponerlas en funcionamiento debemos mantener separadas las partes que son afines y unidas las que se repelen. No es posible hacer correr a una persona detrás de algo que ya posee, ni que un hombre intente eliminar algo que aun no tiene. Para mantener separadas las partes afines debemos tener razones para que lo estén, y para mantener unidas las partes que se repelen debemos tener las fuerzas que impidan que se separen.

Los frecuentes errores con respecto a la afinidad son resultado de que el escritor no ofrece buenos motivos para que los amantes estén separados. Esos escritores deberían ver sus películas en las pequeñas salas de barrio, donde podrían oír expresiones como: "¿y por qué no la besa?" o "¿por qué no se casan?".

Esas expresiones suelen estar basadas en un real sentido dramático de afinidad que no es obstruido.

De manera semejante, es un error frecuente que la fuerza que mantiene unidas a las partes que se repelen sea más débil que las fuerzas de la repulsión.

En este caso la relación simplemente se rompería. Pero ésta puede no ser la intención del escritor: puede necesitar la acción por enemistad. Eso lleva a situaciones absurdas que se observan otra vez, en las salas de barrio. Allí, la gente pregunta: "¿y por qué no deja el trabajo?", si presencian una violenta discusión entre un jefe y un empleado, y este último puede conseguir otro empleo y el jefe otro empleado. La fuerza que mantiene unidas a las partes contrastantes es más débil que la lucha entre ellos.
LA LUCHA

Un relato sin lucha nunca puede ser dramático. Es un relato puramente descriptivo. Esto no signiñca necesariamente que sea un relato sobre una situación inalterada, un relato idílico; aun si cuenta acerca de gente que está resignada a la permanente aceptación de una alteración, sigue siendo un relato descriptivo. Porque el corazón de la narración dramática es la lucha, el deseo de eliminar el dolor mediante la adquisición o la repulsión.

Hay millones de clases distintas de luchas, pero en toda esta variedad la lucha dramática tiene sus requerimientos deñnidos. Es una lucha para eliminar la alteración. Las aventuras de un borracho pendenciero no representan lucha, pero aquellos a quienes él causó dolor lucharán para recuperar un estado inalterado.

Como tal, la lucha aparece como la transición desde el motivo a la intención
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