Gramaticalmente se puede conjugar cada verbo en los tiempos fundamentales: pasado, presente, futuro. Yo maté, yo mato, yo mataré. Un sustantivo, en cambio, no






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Eugene Vale
TÉCNICAS DEL GUIÓN

PARA CINE Y TELEVISIÓN
Capítulo 2

TRANSICIÓN DE LA ACCIÓN

FUTURO, PRESENTE, PASADO

Gramaticalmente se puede conjugar cada verbo en los tiempos fundamentales: pasado, presente, futuro. Yo maté, yo mato, yo mataré. Un sustantivo, en cambio, no está sujeto al tiempo. "Casa", "perro" o "ira" no se pueden conjugar.

Un verbo representa acción. De modo que la acción se puede conjugar en las tres dimensiones temporales.

Dramáticamente hablando, el pasado, el presente y el futuro existen juntos en el relato cinematográfico.

Esta comprensión es fundamental. Parecería que sólo nos importa el presente, porque los hechos se muestran en su ejecución real. Esta impresión es falsa. El pasado y el futuro forman una parte muy importante del relato. Alguien puede decir en una película: "Cometí un asesinato". O se lo puede mostrar asesinando; o puede decir: "lo mataré". En consecuencia, estamos en posición no sólo de representar el presente, sino también el pasado y el futuro.

Estos distintos tiempos tienen distintos efectos sobre nosotros y despiertan distintas emociones: la anticipación de un hecho horrible despierta temor en nosotros; cuando en realidad lo vemos nos llena de terror; y cuando ha pasado, nuestra única emoción es el dolor. De modo similar, algo bueno que se espera nos llena de esperanza; cuando en realidad sucede nos da alegría y luego satisfacción. No es posible experimentar temor o esperanza con respecto a algo que está sucediendo o que ha sucedido, sino sólo si está por suceder. Tampoco podemos sentir terror o placer por algo que sucederá en el futuro, ni pena o satisfacción antes de que algo haya ocurrido en realidad. En consecuencia, el pasado, el presente y el futuro del relato son muy importantes.

El tiempo progresa del futuro al presente y luego al pasado. Por eso toda acción progresa del mismo modo: lo mataré, lo mato, lo maté. Siendo así, no nos es posible considerar sólo una de estas etapas. Las tres están ligadas: antes de hacer algo debo tener la intención de hacerlo; una intención desea su ejecución, es decir, una acción; y luego de que la acción ha tenido lugar hay un resultado. Del resultado podemos deducir que fue necesaria una acción para lograrlo, y de la acción, que debió precederla una intención de realizarla.

Por esta razón pueden existir distintas acciones en distintas etapas en un momento del relato de la película. A oye que B ha matado a C. El asesinato es una acción en el pasado. A toma el revolver de un cajón. Esta es una acción en el presente. A tiene la intención de matar a B. Esta es la intención de realizar una acción en el futuro. En consecuencia los tres tiempos existen en un momento en la misma escena.

Es necesario reconocer ciertos factores en la naturaleza de estos tres tiempos.

Una acción planeada para el futuro se registra en nuestra mente como un hecho inminente. Conociendo el progreso del tiempo del futuro al presente, esperamos que este hecho inminente se haga en cierto momento presente, es decir en su ejecución real. Pero hay una doble falta de certeza conectada con esta transición del futuro al presente. Por un lado, la extensión del futuro es limitada; no sabemos en qué momento el hecho planeado llegará al presente.

Puede suceder dentro de una fracción de segundo si es que decidimos abofetear a alguien. O pueden pasar dos años hasta que tengamos la oportunidad de hacerlo.

Pero aun la fracción de segundo representa un plan para el futuro, es decir que una intención precedió a la acción. La segunda incerteza es el hecho de que una intención de hacer algo se puede frustrar. Aunque podamos tener la intención de abofetear a alguien, quizá no tengamos oportunidad de hacerlo.

El presente disuelve ambas inseguridades. Si vemos el hecho real, es decir la ejecución de la intención, sabemos automáticamente en qué momento el futuro se movió hacia el presente. Además, nuestra duda sobre el cumplimiento de la intención desaparece porque vemos el hecho real. El presente no es un estado real de ser sino que es sólo la línea en que el futuro se mueve hacia el pasado. En tanto la extensión del futuro no tiene límites, el presente no es ni tan siquiera la fracción de un segundo. Si dejamos caer un martillo, hemos tenido la intención de dejarlo caer y avanza centímetro a centímetro hacia el resultado, es decir, del futuro a través del presente hacia el pasado. Hablando en general, el presente se va con tanta rapidez que no tenemos tiempo de concebir o entender una acción en su ejecución real. Debemos tener información previa de lo que la gente quiere hacer para entender lo que están haciendo. El conocimiento del futuro debe preceder al hecho para hacerlo inteligible. Al igual que el futuro, el pasado no tiene límites. Un hecho se mueve cada vez más hacia el pasado y así se aleja cada vez más de nosotros, que siempre estamos en el presente. De modo que cada vez es menos interesante. La diferencia fundamental entre pasado y futuro reside en que un hecho una vez pasado nunca puede volver a llegar al presente, en tanto que un hecho inminente sí puede llegar a él.

Por estas razones, el pasado de la historia de una película nos resulta de muy poco interés. Sólo tiene valor como motivación para intenciones futuras.

El presente es tan corto que no nos da oportunidad de concebir o entender un acontecimiento. En consecuencia, el futuro es el tiempo más importante en el relato de una película.

La creencia general de que el presente es el tiempo esencial parte de una concepción equivocada: nos interesa el futuro en su movimiento hacia el presente.

Pese a ello, nuestro interés permanece en el futuro. Y las dos faltas de certeza conectadas con el futuro (si se moverá hacia el presente y cuándo) no son una desventaja, sino, por el contrario, un incentivo para nuestro interés.

Las investigaciones precedentes sobre pasado, presente y futuro son difíciles

de entender pero son por entero necesarias. No sólo hemos descubierto que el futuro es el tiempo más importante, sino que veremos más tarde que el futuro en el cine es más importante que en cualquier otra forma de relato. Este es un conocimiento nuevo, pero sin él no es posible escribir una buena película.
MOTIVO, INTENCIÓN, OBJETIVO
Habiendo entendido la relación entre pasado, presente y futuro, necesitamos conocer más aspectos de la acción.

Imaginemos, por ejemplo, que un hombre es asesinado. Debe haber una razón para que se haya realizado tal acción.

Un motivo para una acción dará como resultado una intención de actuar.

Antes de hacer algo debemos tener la intención de hacerlo. Una intención siempre busca el logro de un objetivo. En el ejemplo anterior el objetivo sería la muerte de la otra persona. Cada acción tiene un resultado, de modo que cada intención debe tener un objetivo. No puede existir una intención sin objetivo.

El motivo está siempre antes que la intención y la intención antes que el objetivo.

Los investigaremos según su orden de aparición.
EL MOTIVO

Ninguna acción es posible sin una causa. Hay acciones de objetos y acciones de seres humanos. Una piedra cayendo de una montaña es la acción de un objeto. Pero si un hombre mata a otro tenemos una acción de un ser humano.

Las acciones de objeto son causadas por leyes físicas y las de los hombres

por la voluntad humana. Hablamos de la causa para la acción de un objeto y del motivo para la acción de un ser humano.

La conexión entre causa y efecto es directa. Pero el motivo como causa de una acción humana es menos obvio. Le ha correspondido a la psicología moderna mostrar que cualquier acción (aun la más accidental y menos importante) tiene sus motivos, que se pueden hallar en el remoto pasado o en el subconsciente.

Ningún ser humano hará nada sin motivo.

Ahora debemos preguntar qué constituye un motivo y qué hace actuar a un ser humano.

Un hombre actuará para eliminar el dolor. Si no siente dolor, le bastará con seguir así y no actuará. Entonces el motivo es el dolor.

El ser humano siente dolor o aflicción cuando quiere algo y no lo tiene o cuando no quiere algo que tiene. Estos dos tipos de motivos podrían ser llamados afinidad y repulsión. La afinidad es el deseo de estar unido a algo y la repulsión es el deseo de estar separado de algo. Afinidad significa que el ser humano quiere algo y repulsión signiñca que no quiere algo. Se podría describir a la afinidad como "amor" y a la repulsión como "odio". Tanto la falta de algo deseado como la presencia de algo no deseado se reflejan en el dolor. El ser humano actúa para tener algo que quiere o para eliminar algo que no quiere.

Si obtiene lo que le falta el dolor deja de existir y en consecuencia se destruye el motivo para la acción. Si elimina lo que no quiere el dolor cesa y así también el motivo para la acción. Si un hombre tiene hambre, siente dolor porque le falta alimento. El hambre es dolor causado por una carencia. De esto resulta la intención de comer. Si un hombre está cansado es porque le falta sueño. La fatiga es dolor causado por una carencia. De esto resulta la intención de dormir o descansar. Se podría decir que el hombre "ama" el alimento o el sueño.

Pero si un hombre se está congelando, siente dolor por la presencia del frío. El frío es dolor causado por la presencia de algo no deseado. De esto resulta la intención de entrar en calor. Si un hombre siente calor, es por la presencia de temperaturas elevadas. Sentir calor es dolor causado por la presencia de algo no deseado. De esto resulta la intención de refrescarse. Se podría decir que el hombre "odia" el frío o el calor excesivos.

No debemos creer que se deba causar dolor antes de que se constituya un motivo. Podemos temer estar hambrientos y entonces hacemos algo para evitarlo.

El motivo de nuestra acción no es el dolor ya causado sino el temor al dolor. Nuestra acción intentará prevenir el dolor que se nos podría originar en el futuro. Podríamos decir que el temor al dolor ya se siente como dolor.

La afinidad principal en nuestras vidas es el amor entre dos personas y la repulsión principal es el odio entre enemigos. Se debe entender el amor como el deseo de estar unidos a algo que nos falta. En El simposio, Platón nos cuenta lo siguiente sobre la creación de los hombres: el hombre y la mujer fueron una vez un ser humano con cuatro pies y cuatro brazos. Más tarde un dios los cortó en mitades, siendo una parte el hombre y la otra la mujer. Desde ese tiempo cada mitad ha estado buscando a la otra, de la que fue separada. Esta leyenda nos resulta interesante porque concibe al hombre carente de la mujer y viceversa.

La intención de superar esta carencia es sentida como amor. Es el deseo de superar un dolor causado por la separación de hombre y mujer. El amor no es un estado del ser sino una lucha incesante para eliminar el dolor. Cuando los amantes están unidos, la carencia, y en consecuencia el motivo del dolor, deja de existir. Ya que esto jamás es totalmente posible para cualquier medida de tiempo, el lazo entre el amor y el dolor, siempre deplorado en la poesía, queda explicado así.

Los enemigos, en cambio, quieren repelerse. En este caso no se siente dolor por la falta de algo sino por la presencia de algo no deseado. En consecuencia el motivo existe al juntar a los enemigos.

El dolor causado por las fuerzas de la afinidad se origina en la separación de las partes que se "aman" y el dolor causado por las fuerzas de la repulsión nace al unir las partes que se "odian".
LA INTENCIÓN

Para entender el significado total de la intención debemos dar una definición muy completa.

Si pusiéramos un jarro con agua sobre el fuego podríamos decir que éste tiene la intención de hacer hervir el agua. Si arrojamos una piedra desde una montaña, la piedra tiene la intención de caer. Si un tren avanza a una velocidad de 70 km por hora, tiene la intención de continuar a esta velocidad, mientras la ley de la fricción tiene la intención de hacer que la reduzca.

Con respecto a las intenciones humanas, hallamos una gran variedad: hay intenciones conscientes e inconscientes, hay intenciones de actuar e intenciones

de reaccionar, hay intenciones voluntarias e involuntarias. Pueden ser directas o indirectas, obvias o sutiles. Debemos descartar la creencia de que la única clase de intención es la consciente y voluntaria, la volición por la que un hombre quiere algo y sabe lo que quiere.

Aquí hay algunos ejemplos del último tipo: alguien quiere ir a Nueva York; una mujer quiere obtener el divorcio; un banquero puede querer ganar un millón de dólares o un ladrón puede querer robar ganado; una niña puede querer que le hagan cosquillas y un niño puede querer jugar al fútbol. Aunque el ejercicio de la voluntad humana, la intención consciente, es la intención dramática de mayor valor, no podemos restringirnos a ella.

Si a un hombre lo golpean, tiene la intención de sangrar. Un hombre en una casa en llamas tiene la intención de huir. Debe entenderse que al sangrar no tenemos la intención de actuar sino de reaccionar. El hombre que huye de la casa en llamas no lo hace voluntariamente sino forzado.

Aunque la cantidad de intenciones posibles es tan inagotable como la vida misma y aunque estas intenciones difieran en mucho unas de otras, hay ciertos principios invariables para todas ellas.

Una intención siempre lleva al futuro. Todo lo que lleva al futuro es una intención. Nada puede suceder en el futuro a menos que algo o alguien tenga la intención de que eso suceda.

Una intención cobra existencia por medio de un motivo. La intención siempre busca lograr un objetivo. El objetivo es siempre idéntico a la eliminación del motivo. De modo que la intención se extingue no bien se logra el objetivo.

Pero nada en la naturaleza de la intención garantiza su éxito. Un motivo da siempre como resultado una intención; la intención siempre establece un objetivo, pero tal vez este objetivo no se logre. La intención se puede cumplir o frustrar. Si un hombre quiere ir a Nueva York el objetivo está establecido. Pero no es seguro si él llegará a Nueva York o no.

Por supuesto que una intención que no tiene oposición obtendrá necesariamente

el objetivo que busca lograr. Si el hombre quiere ir a Nueva York llegará allí a menos que algo o alguien se lo impida. Sin embargo, es posible que el camino de la intención esté obstruido por dificultades que la frustren.

En cualquier hecho, se debe completar la intención. Completarla no es lo mismo que lograr el objetivo; sólo quiere decir que la intención se termina, por cumplimiento o frustración, con éxito o fracaso.

El choque entre la intención y la dificultad da como resultado una lucha.

Esta es la función más importante de la intención. Se debe entender que los seres humanos pueden contrastar pero el conflicto sólo puede ser resultado de sus intenciones. En tanto dos personas sólo estén juntas, no importa cuán grande sea su contraste, no podrá haber conflicto. Sólo cuando sus intenciones chocan surge el conflicto.

Hemos hallado así las dos razones que dan a la intención importancia capital sobre todos los otros elementos dramáticos: es el único medio de crear conflicto y es el único elemento que lleva al futuro.
EL OBJETIVO

Preferimos usar la palabra objetivo antes que propósito. El último implicaría una intención consciente, voluntaria, en tanto que al objetivo lo establece cualquier clase de intención.

El objetivo es un resultado en el futuro. La intención desea lograr este resultado.

El objetivo existe aunque no se lo logre. De todos modos, un objetivo no puede existir sin una intención. Si queremos ir a Nueva York, esta ciudad es nuestro objetivo. Pero Nueva York no es un objetivo en sí misma, no es un objetivo por cualidades específicas propias sino sólo por nuestra intención de ir allí. Si no queremos ir, pierde su calidad de objetivo.

Causa y efecto están conectados directa e inmediatamente. Pero entre motivo y objetivo puede haber o no una distancia. Esta distancia es la longitud de la intención. Si un hombre es abofeteado y devuelve el golpe, la longitud de la intención es muy corta. Pero si planea desinflarle los neumáticos a su agresor en lugar de devolverle el golpe, la distancia entre motivo y objetivo es más tardía.

Puede pasar un día o una semana antes de que cumpla con su intención.

En ambos casos la intención es la venganza pero la dirección que toma la intención para alcanzar el objetivo difiere. Los dos componentes del objetivo son distancia y dirección.

Si vamos a una excursión debemos saber dos cosas: o conocemos el objetivo y la dirección en que se lo puede hallar, en cuyo caso la distancia es resultado de los dos factores conocidos, o debemos conocer la dirección y la distancia y mediante estos dos factores conocidos encontramos el objetivo.

En otras palabras, si sabemos que nuestro objetivo es Nueva York y sabemos en qué dirección ir, conoceremos la distancia después de haber llegado a Nueva York. O si sabemos que tenemos que hacer 15 Km. en cierta dirección, sabremos que hemos alcanzado nuestro objetivo después de viajar 15 Km.

El factor más importante con respecto al objetivo es que dos o más intenciones pueden tener el mismo objetivo. Varias personas pueden querer ir a Nueva York. Varios hombres pueden querer por esposa a la misma mujer. El mismo objetivo puede ser idéntico para distintas intenciones.

Primero supongamos que un bandido quiere robar un banco. La policía quiere evitarlo. Ellos tienen el mismo objetivo, pero el objetivo del bandido es positivo y el de la policía negativo.

O imaginemos que un hombre quiere casarse con una joven cuyo padre quiere evitarlo. Otra vez tenemos un objetivo negativo y uno positivo. Pero si dos hombres se quieren casar con la misma mujer tenemos intenciones que se oponen. Pero el objetivo es idéntico.

Es obvio que la identidad del objetivo originará una relación entre las distintas personas. Es obvio que dos rivales por el amor de una misma mujer pelearán entre ellos. Consideremos ahora la otra posibilidad: cada uno de ellos ama a una mujer distinta. Cada uno de ellos tiene un objetivo separado. Sus acciones apenas se pueden relacionar porque sus intenciones no se concentran en el mismo objetivo. Ya que sus intenciones son paralelas, el relato se divide en dos mitades separadas. La conexión entre ellas se hace difícil y penosa, casi imposible.

De modo que la concentración de intenciones sobre el mismo objetivo es de importancia vital para el relato. De allí resulta la confrontación, el conflicto, la acción. Con frecuencia el objetivo es difuso. Entonces el escritor se pregunta por qué no puede llevar a sus personajes a situaciones atractivas.

A pesar de los peligros que contienen dos objetivos distintos, a menudo es necesario usarlos, sobre todo en las películas que tienen un relato de acción pero requieren a la vez uno de amor. Una intención es la victoria sobre el adversario; la otra debe ser: joven quiere obtener muchacha. Para evitar que el relato se divida en dos partes separadas por estas intenciones paralelas, el autor debe tratar de conectarlas lo más posible. Tendrá éxito si puede unirlas de este modo: joven sólo puede obtener muchacha si triunfa sobre adversarios; o sólo puede vencer adversarios si obtiene muchacha. Así se elimina el segundo objetivo. En el primer caso el único objetivo es conseguir a la muchacha, en tanto que la victoria sobre sus adversarios se reduce a una condición necesaria para lograr el objetivo. En el segundo caso es a la inversa. Un gran grupo de gente puede desear el mismo objetivo. En este caso los une la identidad del objetivo. Por ejemplo: un equipo de fútbol se entrena para ganar un juego importante.

El objetivo común es ganar ese juego. O todos los miembros de un grupo secreto tienen el deseo de derrotar a la Gestapo. Pero la gente que vive en la misma casa de departamentos no es buena base para una buena construcción por el solo hecho de vivir en el mismo edificio. Pero si se rompe la calle frente a su casa y su objetivo común es hacerla reparar pronto, ellos se unen desde el punto de vista de la estructura dramática. O un aeroplano en peligro, que puede unir no sólo a los pasajeros y la tripulación sino también a varias personas en tierra.
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