No lo podía creer: por fin la nave de Ami aparecía sobre las rocas de la playa en la noche encendida de estrellas. Mi alma estaba nuevamente feliz. La espera






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títuloNo lo podía creer: por fin la nave de Ami aparecía sobre las rocas de la playa en la noche encendida de estrellas. Mi alma estaba nuevamente feliz. La espera
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único” importante es defender su “bando”, llámese grupo racial o étnico, nacionalidad, religión, clase social, club deportivo, partido político, grupo ideológico o espiritual, empresa comercial, mafia, pueblo, barrio, calle, esquina, etcétera.

-A mí me gusta mucho mi equipo deportivo, Ami, y me pongo muy contento cuando va ganando, incluso quisiera hacerme socio y contribuir para que tenga más dinero y pueda contratar mejores jugadores. ¿Es malo eso? -pregunté.

-No, Pedro. Es bueno desear el bien de lo que elegimos como nuestro y trabajar por su mejoramiento, eso es necesario inclusive, porque las cosas que amamos son una parte de nosotros mismos.

-Ah, menos mal...

-Pero cuando se piensa que eso es lo “único” que cuenta, entonces no hay respeto ni amor por el resto, sino indiferencia o algo peor, como el odio, la violencia o la deshonestidad, y ésa es la señal de que allí están metidas las pezuñas del Tirano, que busca la división, la agresión, la falta de solidaridad y afecto entre los seres humanos.

-Claro... Entonces parece que el Tirano también está en mí, porque deseo que pierda el equipo rival...

Ami se puso a reír.

-Eso es normal, es parte de la competencia. Pero sé sincero, Pedrito. ¿Te gustaría que ese equipo desapareciera para siempre?

Yo me imaginé el torneo sin la presencia de “enemigo”, y sentí una especie de soledad, porque tengo varios amigos de ese cuadro. ¿De quién me iba a reír cuando estábamos en lo alto de la tabla de posiciones? ¿Con quién iba a jugar que me enfurecía cuando nos ganaban? Entonces comprendí que ese equipo era una gran fuente de emociones para mí, y que sin su presencia, el torneo iba a ser algo mucho más desabrido.

-Tienes razón. No me gustaría que no estuviese más... ¡Pero que sean más limpios! ¡Y que no se pavoneen tanto cuando ganan!...

Ami y Vinka se rieron de mí.

-Ésa es la señal de que no estás bajo la influencia del Tirano.

-¿Qué, cuál, Ami?

-Cuando se desea eliminar definitivamente al rival, entonces se está bajo la influencia de la oscuridad. Las ganas de destruir al otro, con las excusas y justificaciones que sean, son la señal de la influencia del Tirano.

-Ahhh.

-Nosotros, por allá arriba, no utilizamos la competencia, sino la cooperación. Pero en esta clase de mundos las rivalidades, cuando son sanas, son un estímulo aceptable, además, canalizan en forma menos dañina que las guerras ciertas energías internas. Pero el Tirano trata de meterse en ese terreno y les hace creer a algunos que sus preferencias deportivas o de otro tipo deben ser motivo de odio hacia el rival, y les pinta esos odios como “causas sagradas”, como “nobles ideales” y a veces algunos llegan al homicidio... Y lo que la humanidad necesita en estos momentos, por sobre todo lo demás, es su pacificación y fraternidad.

-Tienes razón, Ami.

-El Tirano tiene muchas astucias, y vuelvo a repetir que trabaja en primer lugar en las mentes y en los corazones. Allí se encarga de confundir a la gente.

-Entonces deberíamos unirnos contra sus secuaces y hacerles la guerra y... Ah, no, ahora recuerdo que se trata de enseñar...

Ami se rió nuevamente.

-Claro, porque un “trabajador por la paz y el amor” lleno de odio... Otra víctima del Tirano... Se trata primero de cambiar nosotros, de ser mejores, más honestos, respetuosos y afectuosos, y luego proyectar ese cambio hacia fuera educando, difundiendo valores positivos, energías y conocimientos que ayuden al cambio de conciencia, para que haya cada vez menos servidores de la oscuridad y llegue el día en que el “lobo” no tenga ya a quien morder, a quien manipular, y así se produzca el cambio definitivo de la humanidad.

-Los lobos son esos animales de la Tierra parecidos a los chug de Kía, pero con pelos en vez de plumas. ¿Verdad, Ami?

-Tienes razón, Vinka.

-Entonces no ofendas a los pobres lobos, Ami.

Nos miró sorprendido, con los ojos muy abiertos, como diciendo “soy un tonto”, porque él también había comparado a un animalito con las entidades de las sombras, y nos reímos muchísimo. Él también cometía errores, eso nos hacía sentirle más cercano a nosotros.

Tras los cristales apareció muy grande el planeta de mi compañera. Un poco más tarde nos sumergíamos en la enorme esfera azul, tan parecida a la Tierra, llamada Kía... (Oh, oh... sólo ahora me doy cuenta de que “Kía” al revés suena igual que “aquí”... Pero qué coincidencia tan sin intención)...
Vinka comenzó a pensar en voz alta.

-Mi mundo es muy lindo, pero lo dejaría feliz. Mi amor por Pedro es mucho más fuerte.

Yo fui a darle un beso en la mejilla.

-La posibilidad de dejar tu planeta e irte a la Tierra depende de Goro, tu tío terri, que es mucho menos agradable que este kiano que vemos en la pantalla.

En uno de los monitores aparecía el viejo Krato paseando su huerta con cara de estar un poco triste. Me alegré al verlo. Vestía su túnica o manto gris ceniza. Parecía un personaje bíblico, aunque de santo no tenía nada...

En unos minutos llegamos a su casa y nos detuvimos en el aire, en el mismo lugar de la visita anterior. La luz del tablero apagada indicaba que éramos invisibles, pero los animales del lugar, igual que antes, de algún modo percibieron nuestra presencia y se alteraron, hecho que indicó a Krato que su amigo espacial estaba allí nuevamente, en una invisible nave. Su rostro cambió por completo, ahora parecía brillar y estaba mucho más rojizo. Saludó muy alegre hacia nosotros con la mano. Ya conocía el lugar en el que Ami solía dejar la nave suspendida en el aire. Muy pronto llegamos a su lado, abrazándonos felices por el reeencuentro. Trask balanceaba alegre su largo cuello mientras nos lamía aullando de emoción, como los perros terrestres. Nosotros estábamos igual que él, aunque no somos tan demostrativos...

Ami le puso audífono traductor al viejo mientras éste hablaba con entusiasmo:

-Les eché mucho de menos, chicos, así que decidí que viviesen conmigo en forma permanente. Les puse lugar a cada uno en mi mesa y ahora conversamos todas las noches. ¡Jo, jo, jo! Vengan a ver -dijo, llevándonos al interior de su casa. Yo no comprendí qué quiso decir.

Nos mostró su mesa. Era redonda, una enorme rodaja de un gran tronco de árbol toscamente costada, aunque pulida ya por el uso, instalada sobre patas de madera rústica. Había cuatro sillas, cuatro platos, cuatro vasos y cuatro juegos de cubiertos, tres de ellos llenos de polvo.

-¿Ven? Éste es tu puesto, Ami, frente a mí, y los niños a los lados. Esta preciosura llamada Vinka, a mi derecha, y este campeón llamado “Betro”, a mi izquierda. Qué conversaciones amenas hemos disfrutado aquí al calor de una botella de jugo fermentado. ¡Jo, jo, jo! Pero como a Vinka le molestaba el humo de mi pipa tuve que dejar de fumar, o si no me expulsaba de mi propia cabaña. ¡Jo, jo, jo!

Aquello me conmovió. Comprendí que Krato, por cariño hacia nosotros y para disimular su soledad, imaginaba que vivíamos con él y hablaba solo todas las noches fantaseando que estábamos allí. Observé una húmeda emoción en las miradas de Ami y de Vinka. Yo estaba igual. Y pensar que muchas veces me había preguntado a mí mismo si Krato nos recordaría...

Cuando Vinka pudo controlar sus sentimientos, le dijo:

-No es broma lo del humo del pestozo (así se llama en Kía el equivalente al tabaco): ¡No lo soporto! ¿Pero cómo te pudiste enterar?

-Simples poderes extrasensoriales. ¡Jo, jo, jo!

Ami, con un tono misterioso dijo:

-Tal vez sí que nos reuníamos con él...

-¿De la misma forma que Pedrito y yo nos encontrábamos por las noches?

-¡Correcto! Algo así, aunque ahora no podamos recordarlo.

Yo quise alegrar al viejo. Muy entusiasmado le dije:

-¿Sabes, Krato? Te has hecho muy famoso en mi mundo.

-¡Guak! ¿En serio?...

-¡Claro!

-¿Y por cuál de todas mis hazañas? ¡Jo, jo, jo!

-Por tu pergamino, por tu receta para obtener amor. ¿Recuerdas? Muchos jóvenes hicieron reproducciones de él y las difundieron, fijándoles en los tableros de mensajes de los colegios, en revistas, o periódicos privados y en muchos otros lugares.

Lo vi serio por primera vez en mi vida. Me miró fijo, conmovido

-¿Es verdad... eso... snif?...

-Pregúntale a Ami. Lo puse en un libro que escribí después de conocerte y que ha tenido mucho éxito en varios idiomas.

Krato, incrédulo miró hacia Ami.

-Es verdad -le dijo éste.

-Y también te hiciste famoso aquí mismo, en Kía, porque yo, igual que Pedro, puse tu mensaje en mi libro y también ha tenido un gran éxito. Y en el tercer libro que voy a hacer indicaré exactamente dónde vives, así que vas a recibir muchas visitas -dijo Vinka muy contenta.

Una sombra pasó por la mirada del viejo.

-¡Oh, no!

-¿Qué es lo que no te gusta? -le pregunté, extrañado.

-Si quisiera visitas viviría en la ciudad...

Ami lo miró con malicia.

-¿De qué quieres esconderte, Krato?...

El viejo pegó un respingo.

-¿Esconderme?... ¿Yo?... Ja, ja. No me escondo de nada. Me gusta la soledad... -se puso muy nervioso.

-Si te gustara la soledad no te inventarías que nosotros te acompañamos., viejo mentiroso -le dijo Ami sonriendo, tomándolo del brazo con cariño-. ¿De qué te quieres esconder?...

-¿Yo? Ya te dije que de nada...

-No olvides que yo leo el pensamiento y que conozco bien tus historias, Krato...

-¿Eh?... ¡Ah! ¡Oh!... Lo olvidaba. ¡Entonces ya lo sabes!... y no me desprecias. Gracias Ami... ¡Pero no les digas nada a los niños!

Ami reía a carcajadas, aunque nosotros estábamos muy intrigados.

-¿No quieres que ellos lo sepan?

Krato se ponía cada vez más nervioso.

-Mejor... mejor hablemos de otro tema. ¿Qué... qué tal el viaje, niños?...

Desdichadamente para Krato, Vinka no tenía la menor intención de cambiar de tema.

-¡Ah, no! No me vas a dejar muriendo de curiosidad, Krato. ¿Que quieres ocultar? ¿Mataste a alguien? ¿Asaltaste un banco? ¿Escapaste de la cárcel?

-Qué cosas dices, pequeñita... Nunca fui capaz de hacer nada ilegal. ¡Pero estas cosas no son de niños! Vamos, vayan a jugar por ahí -dijo, intentando sacar un tono autoritario que no convencía a nadie, y menos a Vinka, que tenía la curiosidad en carne viva, igual que yo.

-¿Qué maldad hiciste? Vamos, cuenta, cuenta, dale...

-¿Yo?... ninguna...

-Cuéntales querido amigo, ellos no te van a retirar su afecto por algo de lo que no eres culpable.

-P-pero... no lo van a entender, nadie comprendería...

-Lo que pasa es que eres un viejo desinformado, jamás te enteras de las noticias.

-¿Las noticias? ¡Behhh! No, gracias; no quiero amargarme la vida. Con mi maravillosa huerta, con mi bodega de juego fermentado de muflos y con estos paisajes me basta y sobra.

-Puede ser, pero ignoras lo que sucede en el mundo.

-¡Puaf! Conflictos, guerras, muertos, escándalos, corrupción, enfermedades nuevas. Lo de siempre...

-Sí, y también procesos biológicos que se están acelerando, como el que está haciendo que miles de terris se estén transformando swamas en estos días -dijo Ami, adoptando un aire de niño inocente, pero Krato dió un respingo impresionante al escuchar esa novedad.

-¡¡¡Recontra guak!!!

-¿No sabes nada acerca del tema más importante del momento, Krato? -preguntó Vinka muy sorprendida, casi sin poder creerlo.

-¿Me... me están tomando del pelo?

Ami disfrutaba de lo lindo con lo que allí ocurría.

-No viajamos millones de kilómetros para tomarte el pelo, sino para visitarte y de paso contarte que la ciencia acaba de descubrir que swamas y terris son la misma especie humana, en una encarnación u otra... como te sucedió a ti en esta misma...

-¡¡¡Eres un terri transformado!!! -exclamó Vinka, con una luz en la mirada -¡Qué suerte, siempre quise conocer a uno en persona!

Krato parecía estar en otro mundo (bueno, lo estaba: en Kía)... nos miraba a todos sin saber qué decir. No esperaba que su “terrible pecado”, su gran “vergüenza”, su “espantoso secreto” fuese tan bien recibido.

-No es sólo eso, Vinka. Además tienes el privilegio de conocer al primer caso de transformación de los tiempos actuales, el primero de los que están vivitos y coleando, el inaugurador de esos procesos en los tiempos modernos: Krato.

-¡Qué maravilla, no puedo creerlo! -dijo Vinka, mientras tocaba y acariciaba al montañés de Kia.

-¿Hubo otros casos antes, Ami? -pregunté, pero Vinka se adelantó a responder.

-Oh, sí, unos tres o cuatro en la historia, pero yo creía que eran fantasía, superstición o algo así. Ahora todo el mundo sabe que eso era una realidad.

-Como tantas “fantasías” que no se atreven a aceptar... Pero no son tres o cuatro, Vinka, sino tres o cuatro MIL, sólo que la mayoría de ellos tuvieron que hacer lo mismo que este ermitaño a la fuerza, tuvieron que esconderse y luego adoptar una identidad nueva para que los terris no los moliesen a palos por “traidores a la especie”, “endemoniados” o alguna lindura por el estilo. Y así, esta humanidad nunca se enteró, hasta ahora, que el asunto es algo perfectamente natural.

A todo esto, Krato escuchaba fascinado, con la mirada perdida en el horizonte, sin poder hablar. Necesitaba de algún tiempo para asimilar su nueva realidad: ya no era el bicho más raro de su mundo, sino un caso especial, pero dentro de la normalidad. Había renacido, ya no tenía por qué ocultarse. Era demasiado prodigio para él en tan poco tiempo.

Ami y yo nos unimos a Vinka y abrazamos al buen Krato, reconfortándolo con palabras de aliento y cariño hasta que se puso a sonreír y lloriquear como un bebé, contagiándonos a todos, incluso a Ami, a quien dos lagrimitas le caían rápidamente por sus ahora rosadísimas mejillas, mientras que él mismo, un poco sorprendido tal vez por su propio descontrol emocional, no atinaba más que a reír, igual que todos nosotros.

-¡Parecemos viejas lloronas! -exclamó Ami, riendo entre alegres lágrimas.

-Como ya no soy más un especímen digno del museo de errores de la naturaleza, como yo creía, y como ahora puedo volver a la civilización con la frente en alto y sin que me fusilen, esto merece un buen brindis. Vamos a tomar una copa, amigos. Quiero que paladeen la joya de mi bodega: un Cuarenta y Dos Medallas (yo mismo se las concedí), Exposición, Gran Reserva, Reservado, LTD (eso quiere decir limitado, niños), año 39.880, muy buen año para las cepas de muflos de Bodegas San Krato. ¡Jo, jo, jo! Mmm, una delicia. Vamos, y cualquier negativa será considerada como ofensa y desprecio -dijo, perfectamente repuesto ya, quitando un tampón de cartón o cuero a una botella que contenía un líquido rosado.

-Chantaje borrachil... ¿No te parece que los niños merecen algo más suave? Además, ¿no crees que ahora que se acabaron tus penas ya no te hace falta el jugo de muflos?

El viejo se detuvo, nos observó a todos, miró la botella en sus manos y de pronto estalló en risas.

-¡Jo, jo, jo! Tienes razón. Brindaremos con jugo no fermentado, dulce y sano como esta hermosa pequeña.

Fue hacia la cocina y regresó con una bandeja conteniendo cuatro vasos con jugo de fruta.

-¡Muy bien, Krato! Me alegro de que ya no bebas más -dijo Ami entusiasmado.

-No sé de qué hablas, niño espacial... ¿Dejar de paladear el exquisito nectar?... ¿No volver a alegrar mi corazón? ¿Paralizar la producción de Bodegas San Krato?... Ni lo sueñes. Brindaremos con jugo no fermentado porque aquí hay niños, sólo por eso. ¡Salud! ¡Jo, jo, jo!

-Bueno -dijo Ami resignado-, brindemos y luego nos vamos. No quiero que se les peguen las malas costumbres de este viejo, engendro de la naturaleza. Por algo les dije que este es el swama menos espiritual que conozco, todavía es más terri que swama en muchos aspectos...

Vinka quiso defenderlo:

-Pero se supera poco a poco, ya dejó el pestoso...

-Además, soy el primer caso de transformación de terri en swama de los tiempos actuales, a mucha honra... para ustedes, afortunados. ¡Jo, jo, jo!

Y así, entre alegres bromas, hicimos un sano brindis por la nueva vida de Krato.

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