Un joven curioso camina hacia las luchas de Puerto Rico






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Roberto de Jesús Toro y la ética de la responsabilidad

A manera de prólogo

Por Héctor Luis Acevedo, editor

“De Jesús, Moscoso, Jaime Benítez, Picó, Fernández García, Lucchetti, Belaval, Fernós, Buscaglia, Nigaglioni, Descartes, Cuevas, Sánchez- all the administrative group- were men of one mind and one service, that they could not be bought with money or gain of any kind, and many of them, not even with power”.

Rexford Guy Tugwell1
Un joven curioso camina hacia las luchas de Puerto Rico

La virtud del recuerdo es que germina vidas y mensajes más allá de su tiempo. La experiencia vivida por otros seres de luz ilumina el entendimiento y hace más liviano el peso de nuestros retos.

Don Roberto de Jesús Toro vivió intensamente sus noventa años. Durante ellos vio la transformación de sus sueños en realidades participando de manera significativa en esas luchas. Cultivó su propio criterio, pues viniendo de un ambiente conservador, vino a ser uno de los grandes administradores de la revolución de los años cuarenta y cincuenta en Puerto Rico.

En este ensayo nos proponemos invitar al lector a examinar el contexto o circunstancia en que transcurre la vida de Roberto de Jesús Toro y las fuerzas de las ideas y de realidades que influyeron en su desarrollo. Examinaremos varios de los principales estudios y testimonios de la época a fin de ubicarnos en las grandes controversias de su tiempo. Cada ser vive en su mundo y es partiendo de él donde se producen sus grandes transformaciones. Recorramos junto a don Roberto la historia de su viaje en esta vida.

El joven de Jesús estudió escuela superior en una academia militar en Nueva York. Luego fue aceptado en la más prestigiosa escuela de economía y finanzas de Estados Unidos, el Wharton School de la Universidad de Pennsylvania. En esa misma universidad los gobernadores Rexford G. Tugwell y Jesús T. Piñero habían estudiado sus respectivas carreras de economía e ingeniería.

A temprana edad, dieciséis años, el joven de Jesús, a pesar de venir de un entronque republicano en nuestra política, comenzó a escuchar los mensajes de Luis Muñoz Marín desde 1936.2 Cuando el Partido Liberal estaba en el proceso de dividirse con la expulsión de Muñoz, y con sus diecinueve años, presencia la confrontación de dos mítines alternos en la ciudad de Ponce. En ese mitin, el cual se conoció como el mitin de los 5,000 y los 500,3la convocatoria de Muñoz había sido más correspondida que la del ya enfermo, de don Antonio R. Barceló.

En 1940, antes de las elecciones, se entera del caso ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos4 donde se debatía el procedimiento usado por el gobierno de Puerto Rico para proceder a aplicar la llamada “Ley de las 500 Acres” contra las corporaciones latifundistas. Veamos un poco de historia.

La disposición prohibía a las corporaciones agrícolas poseer y operar más de quinientos acres en Puerto Rico. Siguiendo diferentes subterfugios la ley se había constituido en letra muerta. El gobierno en ocasiones alegaba no tener fondos para pagar los terrenos en exceso, o por no tener los mecanismos legales adecuados para ponerla en vigor. Finalmente el gobierno procedió. El Tribunal Supremo de Puerto Rico confirmó el poder del gobierno, pero el Tribunal de Apelaciones del Primer Circuito en Boston revocó y se ventiló el caso finalmente ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos.

Esta disposición de la Ley Orgánica Jones de 1917 vigente en 1940, era parte de la Ley Foraker y es una de las grandes ironías de nuestra historia. La limitación fue incorporada por los productores de azúcar de Florida y Luisiana y por los intereses remolacheros para impedir el desarrollo de la industria azucarera vigorosa obligando al minifundio no eficiente que no les brindara competencia.5

La historia se encargó de hacerla una de las fuentes principales de reclamos de justicia social en los años treinta y cuarenta. Un encuentro al azar con Don Miguel Guerra Mondragón en el Hotel Taft en Nueva York, el cual se prolongó más de ocho horas fue decisivo en envolver al joven de Jesús en la defensa del caso.6 De ahí surge un Manifiesto de tres páginas firmado por veintiún jóvenes estudiantes puertorriqueños apoyando en la opinión pública la esperada decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos.

El mismo comienza de la siguiente forma:
“Puertorriqueño:
“Si la futura felicidad y el bienestar de Puerto Rico representan mentalmente para ti tu mayor preocupación-lee adelante- pues fundamentalmente estamos en comunión de ideas. Encontrarás en nuestro movimiento un modo efectivo de alentar a la unión de todos los puertorriqueños conscientes de nuestro pavoroso problema económico–social y que se encuentran disgustados por las luchas fratricidas y desorientados sus espíritus por una generación dominada por el cinismo y por la falta de propósito.
“Deseamos informarte de hechos de trascendental importancia para Puerto Rico acontecidos últimamente los cuales tenemos la certeza levantarán inmediatamente en tu mente deseos de acción similares a los que nos han motivado.
“Se trata del latifundismo absentista en nuestra querida isla-mal que ha gravitado sobre la economía puertorriqueña durante los últimos cuarenta años que nos despoja de nuestra principal fuente de riqueza.”7
Esa disposición fue incorporada en nuestra Constitución en 1952 a pesar de que ya había conciencia de las consecuencias prácticas que sobre la agricultura causaría.8La historia de las grandes luchas reivindicatorias chocaron con la economía. Venció el compromiso político sobre la realidad práctica de la economía. En parte por ello la solución el adquirir como propiedad por el gobierno las grandes fincas y centrales. En ese mundo se desenvolvería el joven universitario que transitaba entre Pennsylvania y San Juan.
El joven de Jesús viene a Puerto Rico luego que se gradúa de la Universidad de Pennsylvania y trabaja como contador en el Federal Land Bank of Baltimore y como economista en el Departamento de Agricultura de Puerto Rico. Regresa en 1941 a estudiar en la misma universidad su maestría, la cual completa en un año. Al regresar lo recluta el Dr. Rafael Picó para dirigir la nueva División de Finanzas de la Junta de Planificación de Puerto Rico. Dicha división tenía seis empleados.

En diciembre de 1943 ingresa en el ejército donde presta servicios hasta mayo de 1945 cuando el entonces Gobernador Tugwell consigue su licenciamiento para nombrarlo Director del Negociado de Presupuesto a sus veintisiete años. Fue su segundo Director y el primer puertorriqueño.

Durante ese tiempo de Jesús asistía a las asambleas del Partido Popular Democrático y se identificó con los mensajes de Luis Muñoz Marín.
Tres gobernadores, un Director de Presupuesto
El gobernador Rexford Guy Tugwell gobernó a Puerto Rico del 19 de septiembre de 1941 al 3 de septiembre de 1946. El gobernador Jesús T. Piñero gobernó a Puerto Rico del 3 de septiembre de 1946 al 2 de enero de 1949. El gobernador Luis Muñoz Marín gobernó a Puerto Rico del 2 de enero de 1949 al 2 de enero de 1965.

A fin de entender el mundo en que le tocó vivir y participar a Roberto de Jesús Toro (en adelante don Roberto) veamos el contexto de Puerto Rico en esos tiempos y sus grandes dramas

El Profesor Henry Wells en su libro La modernización de Puerto Rico9 nos consigna los cambios fundamentales que suceden durante ese período; desde una economía principalmente agrícola a una dominada por la manufactura, desde una población rural a una principalmente urbana, desde una sociedad estática a una de grandes movimientos poblacionales y de profundos cambios migratorios.

Esos cambios vinieron acompañados y en muchos casos provocados por una nueva visión y ejecución gubernamental iniciada por el último gobernador americano de Puerto Rico Rexford Guy Tugwell. En sus memorias sobre su gobernación de 1941 a 1946 nos expresa su filosofía política:

“I dwell here on what to me is an old theme- the organizing principle of all the public work I have ever done-which I have developed again and again, shouted about as loudly as I dared, tried to organize my work for planning: that peace and security are products of co-operation not of competition; that welfare is merely an extension and not a very far one of the principle of which have allowed our economic life to be organized”10
Esta visión del estado como generador de oportunidades e igualdad para la gente fue profundizada por el primer gobernador electo por los puertorriqueños don Luis Muñoz Marín11. En un discurso ante el 30 de junio de 1940 en el Ateneo de Puerto Rico titulado Cultura y Democracia y se expresó de la siguiente manera:

“..democracia definida como la igualdad esencial de las gentes que nacen, viven y se mueren; democracia definida como la ignorancia igual de todos ante la muerte; democracia definida como la dignidad igual de todos ante la vida; democracia de este modo definida, tiene que llevar a los que alcancen a comprenderla, a que las superioridades superficiales y transitorias se usen, no para aprovechar y ahondar esas superioridades superficiales y transitorias, sino para compensarlas, para igualarlas”.12

El Profesor Henry Wells profundiza con certera precisión el rol crucial del liderato en esta transformación al señalar que:

“It was Muñoz and his followers who turned the Organic Act arrangements to the advantage of the Puerto Rican economy. For it was after Muñoz and his party came to power that the insular government began to exploit the opportunities for economic growth that has been latent all along Puerto Rico’s relationship with the United States. The ensuing development of the economy was therefore largely to the Puerto Rican leader’s initiative, imagination, energy, resourcefulness and good management.”13

Estos pensamientos junto a una voluntad férrea frente a la reacción de los reaccionarios, cambió la vida de nuestro pueblo tanto en sus realidades materiales como en su actitud ante la vida.

Los índices de expectativa de vida, escolaridad, vivienda y trabajos mejor remunerados y multiplicados, fueron el mensaje de los frutos de ese esfuerzo histórico que se inició en 1941 bajo el Gobernador Tugwell (1941-1946), y continuó ininterrumpidamente con las gobernaciones de don Jesús T. Piñero (1946- 1949), don Luis Muñoz Marín (1949-1965) y don Roberto Sánchez Vilella (1965-1969).

Los valores tradicionales cedieron su espacio progresivamente a los valores de la modernidad que incluía el de tomar riendas de nuestro propio destino y darle la bienvenida a cambios acelerados en la vida diaria de nuestra gente.14 Los valores de igualdad, progreso y apertura de oportunidades sin miedo a los cambios habrían de sustituir los valores anteriores de una sociedad de pocos cambios, fatalista y con gran sentido del poder de las jerarquías.15

Las estadísticas, aunque ni explican ni definen toda la realidad humana envuelta, ilustran sus dimensiones.

En 1940 la expectativa de vida era de 46 años y llega a 72 años en 197016. La tasa de nacimiento era de 39 por cada mil habitantes en 1940 y de 25 por cada mil en 1970. La tasa de mortandad era de 18 por cada mil habitantes en 1940 y se redujo a 6.7 en 1970.

El 30% de la población residía en áreas urbanas en 1940 y el 58% en 1970.De una sociedad predominantemente agrícola se convirtió en una dominada por la manufactura, los servicios y el gobierno. En 1969 había 77 mil empleos agrícolas, 135 mil empleos en manufactura, 122 mil en el comercio y 104 mil en el gobierno.17

Mientras que en 1969 el ingreso per cápita era de $1562.18, en 1940, el ingreso per cápita era $154 dólares al año. Los precios de los productos principales de exportación habían sufrido una merma durante la década anterior.

“El precio del tabaco en la finca era de 13.87 centavos la libra en 1940; en 1930 había sido de 23.38. El café verde en la finca se cotizaba a $12.78 el quintal en 1940; diez años antes su precio ascendía a $26.64. El precio del azúcar también había estado sujeto a fluctuaciones significativas. El precio promedio de 1930 a 1934 fue de $4.26 la tonelada, en comparación con $3.72 en 1940.”19

La escolaridad aumentó dramáticamente y las oportunidades de estudios universitarios se multiplicaron por siete. Los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico en 1942 eran 5,44120 y en 1970 eran 37,83921.

Los administradores y su quehacer

Estos cambios dramáticos fueron producto de la unión de un impulso nunca antes visto de acción gubernamental. Este cambio fue generado por un gobernador americano creyente en la planificación y en la intervención agresiva del estado en la economía típica de los creyentes en el Nuevo Trato del presidente Franklin D. Roosevelt22 y por un programa de justicia social y de iniciativa gubernamental en las áreas principales de la vida puertorriqueña, generado por el liderato de Don Luis Muñoz Marín y el partido político que dominó la gestión pública de 1940 a 196823.

Tugwell a diferencia de Muñoz tenía una amplia formación académica y una sólida experiencia gubernamental. Había estudiado en el Wharton School de la Universidad de Pennsylvania, donde hizo su doctorado en economía. Fue catedrático de economía en la Universidad de Columbia. Era miembro del “brains trust” del presidente Roosevelt. Fue secretario auxiliar y subsecretario de Agricultura de Estados Unidos y luego Presidente de la Comisión de Planificación de la ciudad de Nueva York.24

Nuestro primer gobernador puertorriqueño Jesús T. Piñero, era un ingeniero graduado de la Universidad de Pennsylvania y un exitoso hombre de empresas agrícolas además de estar activo en la política del país. Esa experiencia, su seriedad y sentido de compromiso en la gestión pública, su personalidad generosa y amigable y su entendimiento de su rol frente al liderato político principal, así como sus lealtades, fueron la clave de su gran aportación a Puerto Rico.25

Muñoz Marín por el contrario era el líder carismático, poeta, orador y atrevido, que había desafiado a los líderes y a los conceptos establecidos en su época y quien en su desarrollo había contado con una relación de acceso y confianza con la familia Roosevelt que lo proyectaron como una esperanza ante el país. De un poeta y bohemio, Muñoz se convirtió en un gran administrador al reconocer el talento de otros, al entender sus limitaciones y al tomar el consejo de Tugwell de mantener el equipo que éste había reclutado durante su gobernación.

A raíz de su primera elección como gobernador, Tugwell le escribe a Muñoz Marín donde le señala:

“You are lucky to have at least twenty of the best people who ever lived, and the most efficient too, who are profoundly loyal to you and are in the highest sense dedicated to Puerto Rico. It is not possible for you and they together to fail.”26

Nos anima el pensamiento, de que una idea por buena que sea no se torna en realidades de impacto masivo en un pueblo sin gestores de acción administrativa que le brinden dirección y encaminen hacia resultados concretos la acción colectiva.

Este esfuerzo es un inicio hacia el objetivo de sacar a la luz pública la realidad, de que en la vida colectiva de un pueblo, se depende del esfuerzo y liderato de muchos seres humanos para hacer posible cambios fundamentales. Ningún ser humano encamina procesos de profundos cambios sin la mano amiga de un liderato administrativo que persiga con pasión, eficiencia y creatividad los objetivos trazados.

Este libro es parte de un esfuerzo de toma de conciencia, de ir más allá de los titulares de las eras de los gobernadores y mostrar y estudiar los líderes, a veces casi anónimos, cuyas luchas y logros se sumergen más allá del recuerdo.

Se dice frecuentemente que no hay nadie indispensable. Disiento. El liderato transformador y valiente, que mueve conciencias y recluta seres para el sacrificio por un ideal, es indispensable. Los líderes intermedios que profundizan ese mensaje son indispensables. Los líderes administrativos que queman sus vidas haciendo de sueños realidades son indispensables. Hay gente indispensable.

La historia de la humanidad está llena de buenas ideas que no culminaron en realidades porque no estuvieron presentes en ese preciso momento las personas claves para impulsar y correr el tramo vital de ejecutar y llevar a resultados concretos programas y pensamientos.

El profesor Charles T. Goodsell publicó el excelente estudio sobre la reforma del poder ejecutivo en Puerto Rico bajo el gobernador Tugwell titulado Administración de una revolución.27 Ante la ausencia de una tradición de servicio público en Puerto Rico Tugwell llevó a cabo tres transformaciones fundamentales.

Primero ejerció un control sobre los nombramientos del ejecutivo superando las ternas tradicionales que le enviaban los partidos de mayoría al Gobernador para la selección de sus puestos de confianza.28

Segundo, trajo a Puerto Rico talento con experiencia de Estados Unidos para sentar las bases para las nuevas estructuras de gobierno que estaba encaminando. Entre estos estaban Frederick Barlett quien ayudó a crear la Junta de Planificación y a Louis Sturcke quien ayudó a crear el Negociado de Presupuesto. Se contrató al Public Administration Service de Chicago para asesorar a las agencias y en particular sobre los sistemas de personal y contabilidad de gobierno.29

Tercero, reclutó o motivó a un grupo excepcional de personas a incorporarse a poder ejecutivo que permearon con sus destrezas y principios el quehacer público por más de veinticinco años. El certero juicio de Tugwell y Muñoz para incorporar personas de primera categoría al servicio público es quizás el testimonio crucial de su gran éxito, muchas veces sumergido en el olvido

Debemos recordar que el Senado que Muñoz presidía confirmaba buena parte del gabinete. El Presidente de Estados Unidos se reservaba, bajo el régimen de la Ley Jones de 1917, los nombramientos de los jueces del Tribunal Supremo, el Procurador General, el Secretario de Instrucción Pública y el Auditor.30

Goodsell identifica a ocho de estos administradores.31

Don Jaime Benítez quien advino Rector de la Universidad de Puerto Rico en 1942 hasta 1966 y luego Presidente de la institución de 1966 a 1971. Luego fue electo como Comisionado Residente en 1972.

Don Rafael de J. Cordero quien fue Administrador del Fondo del Seguro del Estado, Auditor de Puerto Rico en 1943 y luego nombrado por el gobernador Muñoz Marín en 1952 contralor de Puerto Rico.

Don Sol Luis Descartes quien dirigió la Oficina de Estadísticas del Gobernador, miembro de la Junta de Planificación, Tesorero de Puerto Rico, y luego director ejecutivo de la Autoridad de las Fuentes Fluviales. Posteriormente fue Presidente de la Universidad Interamericana de Puerto Rico.

Don Roberto De Jesús Toro fue Director de la Unidad de Finanzas de la Junta de Planificación y luego fue Director del Negociado de Presupuesto con los gobernadores Tugwell, Piñero y Muñoz Marín. Fue vicepresidente del Banco Gubernamental de Fomento. Luego presidió el Banco de Ponce por veinticinco años.

Don Teodoro Moscoso fue Director de la Autoridad Municipal de la Vivienda en Ponce, Coordinador de Asuntos Insulares del Gobernador y presidente y gerente general de la Compañía��de Fomento Industrial. Luego fue Administrador de la Alianza para el Progreso y Embajador de Estados Unidos en Venezuela con los presidentes Kennedy y Johnson.

Don Guillermo Nigaglioni fue Director Auxiliar del Negociado de Presupuesto Director de la Oficina del Servicio Civil de Puerto Rico.

Don Rafael Picó trabajó en la Autoridad de Tierras, fue presidente de la Junta de Planificación, Secretario de Hacienda de Puerto Rico y Presidente del Banco Gubernamental de Fomento. Posteriormente fue Senador y vice presidente de la Junta de Directores del Banco Popular de Puerto Rico.

Don Roberto Sánchez Vilella ocupó simultáneamente los puestos de Ayudante Ejecutivo del Presidente del Senado Luis Muñoz Marín y subcomisionado del Interior, dirigió la Autoridad de Transporte, luego fue Administrador de la Capital, Secretario Ejecutivo de Puerto Rico, Secretario de Obras Públicas y Secretario de Estado. Luego fue electo Gobernador en 1964.

Sobre este grupo señala Goodsell lo siguiente:

“Quizá la característica común más evidente de estos administradores era su juventud. Al ser nombrados cuatro de los ocho no habían alcanzado los treinta años y los otros cuatro tenían poco más de treinta. En enero de 1942 la edad promedio era de 31.1 años.

“La segunda característica era un alto nivel de instrucción formal. Todos poseían el bachillerato universitario y además de entre ellos se contaban seis maestrías, un grado en derecho y dos doctorados. Todos menos uno, recalquemos, estudiaron algunos años en universidades reconocidas de los EE.UU. tres de ellos pasaron sus años exclusivamente en el continente.

“En tercer término la experiencia previa de trabajo de estos hombres no había sido amplia, con la excepción de Cordero.”32

En el caso de don Roberto los logros mayores fueron la estructuración del área de presupuesto en uno funcional, detener de las asignaciones en fondos especiales que hacían inmanejable el mismo que llegaron a ser 643 y que se redujeron a menos de 200. El poder tener una predicción profesional de ingresos y ajustar los gastos a los ingresos recurrentes, le rindieron frutos al país por décadas.33El no seguir esa lección le ha costado caro a Puerto Rico..

Es imprescindible tener presente que la administración de Tugwell tuvo que sobrevivir un angustioso proceso de ataques de aquí y de allá y una serie de investigaciones hostiles del Congreso de Estados Unidos que pretendían su remoción y detener las acciones que se estaban tomando en Puerto Rico por considerarlas contrarias al capitalismo tradicional.

En una de esas investigaciones se atacó a su grupo de trabajo puertorriqueño. El Gobernador en sus Memorias expresó que estos visitantes no podían creer que:

“De Jesús, Moscoso, Jaime Benítez, Picó, Fernández García, Lucchetti, Belaval, Fernós, Buscaglia, Nigaglioni, Descartes, Cuevas, Sánchez- all the administrative group- were men of one mind and one service, that they could not be bought with money or gain of any kind, and many of them, not even with power34(énfasis suplido).

Luego de salir de la gobernación Tugwell, los gobernadores Piñero y Muñoz Marín le dieron continuidad a esta visión administrativa, brindándole un largo período de estabilidad que contribuyó a profundizar su cultura gerencial e institucionalizar su quehacer en el servicio público.

Uno de los grandes placeres de dirigir es descubrir talentos y desarrollarlos.

Así Tugwell, Piñero y Muñoz, descubrió a decenas de excelentes puertorriqueños que le brindaron lo mejor de su ser para convertir sueños en realidades.

Otro aspecto importante fue la delegación que se brindó a esos líderes. Veamos un pasaje que nos relata Goodsell:

“Cuando el joven Picó trajo el primer plan maestro de la Junta de Planificación solicitándole crítica y sugerencias, Tugwell, quien era ya un planificador famoso, rehusó siquiera mirar el documento. ’Ese es su problema’, le dijo a Picó. Lo mismo ocurrió cuando de Jesús vino a mostrarle a Tugwell el primer presupuesto preparado bajo su dirección; el gobernador lo aprobó sin cambios después de haber hojeado apenas el documento.”35

Continúa Godsell:

“Cuando los administradores cometían algún error-como era de esperarse que ocurriere de vez en cuando- se presentaban avergonzados ante Tugwell en busca de simpatía o previendo una reprimenda. Pero lo que recibían era la orden: ‘equivóquese de nuevo”.36

Don Roberto nos aporta una significativa reflexión sobre los estilos y procederes de los tres gobernadores con quien laboró. De Tugwell señala su profesionalismo, su sentido organizativo y su visión planificadora. En adición su gran sentido y tino para reclutar personal. Ningún gobernador ha sido más ferozmente atacado por miembros del Congreso y la prensa del Puerto Rico37

En cuanto al Gobernador Piñero nos explica su sentido de responsabilidad, su sistema de trabajo y las grandes decisiones que se tomaron bajo su incumbencia entre ellas la decisión a de aprobar la Ley de Incentivos Industriales que fue una pieza clave para el desarrollo económico de Puerto Rico.38

Es importante tener presente el contexto de los retos que enfrentaron el gobernador Piñero y su Director de Presupuesto. Para ello hay que conocer que el Presupuesto General de Puerto Rico no alcanzaba los sesenta millones de dólares. El Presupuesto General era en:

1945 $35,466,599.63,

1946 era $43,682,670.87

1947 era$53,061,505.13;

1948 era $58,174,418.07 y

1949 era $62,165,288.22.

(Ver Tabla I, Apéndice I)

El gobernador Jesús T. Piñero reconoce en su Informe Final al pueblo del 13 de agosto de 1949 a tres administradores excepcionales, al Tesorero y presidente del Banco Gubernamental de Fomento Rafael Buscaglia, al Director de la Autoridad de Tierras, José Acosta Valverde y al Director Ejecutivo de la Autoridad de las Fuentes Fluviales, Antonio Lucchetti39. Dice el gobernador Piñero:

“Cuando se inició el periodo de mi gobernación estaba nivelada la carga contributiva, al extremo que no parecía razonable exigir mayor contribución a nadie, ni al pobre ni al rico. Me tocó afrontar el descenso vertical en las contribuciones por concepto de rentas internas federales sobre nuestros rones ante el mandato de continuar los servicios públicos al mismo nivel que me fueron confiados. La tarea impresionaba. En el año 1943-44 el erario público había recibido alrededor de $64,000,000 por concepto de tributos sobre exportación de ron. De esta fuente de ingresos provenía la mayor parte de los fondos necesario para mantener los servicios públicos. En el año anterior a mi inicio en la gobernación se cobraron por este concepto $33,000,000 y el año que acaba de terminar en junio 30 se cobraron solamente $2,600.000. Más de sesenta millones de dólares de diferencia por este concepto entre los años 1943-44 7y 1947-48.

“¿Cómo se ha conjurado el problema hasta el presente? En el año 1945-46 solamente pagaron contribución sobre ingresos 12,984 individuo, sociedades y corporaciones, por una suma de $18,744,000. En el año 1847-48 pagaron 16,855 contribuyentes por una suma de $ 31,000,000. En el año 1945-46 la contribución sobre la propiedad produjo $9,400,000. Este año de 1947-48 la misma contribución produjo $10,300,000. En el año 1945-46 se cobraron $24,000,000 de arbitrios. Este años de 1947-48 los arbitrios insulares han producido $33,000,000. En el año 1945-46 la Lotería produjo $1,200,000. Este año de 1947-48 produjo $3,500,000.

“Lo más notable de esos resultados es que se lograron sin aumentar los tipos contributivos. Todo lo contrario. Se inició en este periodo una política de exención y rebaja contributiva, que beneficia a instituciones de fines no pecuniarios, a profesionales no residentes, a artistas, a industrias nuevas, a veteranos de la última guerra. Se ha reducido la contribución sobre ganancias de capital. En virtud del refinanciamiento de la deuda insular y municipal se ha rebajado el tipo de contribución sobre la propiedad. Sesenta mil padres de familia no pagan ya contribuciones sobre sus hogares. Se han rebajado los arbitrios sobre la gasolina, sobre los camiones, sobre las piezas, partes y accesorios de automóviles…”40

Los submarinos alemanes habían infringido grandes pérdidas a la flota mercante inglesa y americana durante los años 1941 a 1944 disminuyendo significativamente los embarques de “whiskey” escocés a los Estados Unidos. Esta situación representó una oportunidad para la exportación del ron puertorriqueño a Estados Unidos pues aunque existía el peligro de los submarinos, este no era con la misma intensidad que el cerco que intentaban crear a la Gran Bretaña. 41Esa fue la razón del incremento tan marcado en los ingresos del arbitrio del ron y su posterior reducción cuando terminó la guerra el 8 de mayo de 1945 y regresaron progresivamente los cargamentos del elixir escocés.

Ese reto fue superado. Atribuyo a ese sentido de responsabilidad fiscal, el continuado respaldo del presidente Truman al nombramiento de un puertorriqueño como gobernador, la firma de la Ley del gobernador electivo en 1947, la ley 600 en 1950 y la aprobación de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico mediante la Ley 447 en 1952. Mucha de la oposición en Washington al crecimiento democrático de Puerto Rico se fundamentaba en la ausencia de control y de responsabilidad legislativa en cuanto a los gastos públicos.

El gobernador Tugwell fue el gran maestro de nuestra administración pública y de la responsabilidad fiscal que fue la semilla indispensable de nuestro desarrollo político. Una de las grandes injusticias del Puerto Rico presente es el olvido de su aportación y compromiso con nuestra gente. No hay testimonio público a su recuerdo ni a su obra. Eso es agenda de futuro.

Si no hubiésemos cuadrado el presupuesto, y a la vez mejorado la calidad de vida hubiese sido cuesta arriba convencer al Congreso. Con el testimonio de los números de incremento en la expectativa de vida, de la construcción de escuelas y centros de salud, de la continuidad de un equipo envidiable de gerencia pública el presidente Truman y el gobernador Tugwell tenían armas poderosas para dar la batalla.

Don Roberto, el doctor Picó y Moscoso y el resto del grupo de administradores tenían el conocimiento y luego de algunos años la experiencia. Lo que no tenían era la poesía y ni el liderato político para explicar y convencer a un pueblo. Esa era la tarea de Luis Muñoz Marín.

Una de las grandes transformaciones de Puerto Rico se dio en su líder político. De una persona con fama de bohemio y de inconsecuente productividad económica, vino a ser el más meticuloso y responsable servidor público. La buena administración encontró ahora su buen político y maestro comunicador. Don Roberto y otros pueden aportar los mensajes sustantivos, la empatía y el entendimiento son la magia de Muñoz.

El tiempo que le tocó vivir a estos administradores reunía una profunda crisis de prioridades. El liderato político cumplía la misión de tomar las decisiones fundamentales, y de comunicarlas al país para su entendimiento. Porque sin entendimiento no hay votos ni visión de futuro.

Don Luis Muñoz Marín enfrentó este reto y dedicó totalmente un Mensaje a la Asamblea Legislativaen 1950 a explicar y convencer. En ese Mensaje no hay una sola estadística. Su sabiduría está en la profundidad de su pensamiento y en su explicación sencilla porque ese es el arte del buen político.

“Es decir, el dilema es entre invertir y gastar. Mientras más se gasta menos se invierte. Mientras menos se invierte menos hay para gastar después. Mientras más se invierte más hay para gastar después. Gastar es lo fácil, y además es lo que alivia más visiblemente aunque pasajeramente. Por eso hay que hacer fuerza de voluntad para invertir lo más posible y gastar lo menos posible, siendo esa la manera de acortar la actual situación de nuestro pueblo y llevarlo cuanto antes a libertarse de la miseria, a una vida de modesta prosperidad y buena seguridad.”

“Gran fuerza de voluntad ha de ejercitar el agricultor pobre en exceso para no aliviar el hambre de sus hijos dándole a comer la semilla que tiene para sembrar su pequeña finca. Pero si no ejercita voluntad, más grande y más irreparable será su hambre un poco más tarde; y si la ejercita la cosecha recompensará su sacrificio.”

“En los niveles más humildes: algunos granos para el surco, no todos para la olla.”42

“A nosotros nos toca velar porque ese sacrificio no sea en vano. Cada dólar invertido y no gastado, representa un renunciamiento de necesidades humanas en pos de una esperanza. A nosotros nos corresponde que a esa esperanza no se le malogre su necesaria realidad.”43

Esa fue la encomienda de una generación de administradores que encontraron su felicidad en quemar sus vidas forjando sueños en realidades en las vidas de otros. En un sentido real encontraron el sentido heroico de las grades aventuras en las gestas de construir y de crear.44

Durante el año 1950 Don Roberto estuvo presente en el ataque nacionalista contra el gobernador Muñoz Marín en la Fortaleza. La organización de la Convención Constituyente coincidió con la Revuelta Nacionalista del 30 de octubre de 1950. Las inscripciones para la aprobación de la ley 600 fueron el detonador en tiempo del levantamiento armado por cerca de cien nacionalistas así como el atentado contra la vida del Gobernador Muñoz Marín y contra el Presidente Truman.45

Esos incidentes produjeron veintiocho muertos- siete policías, un guardia nacional, dieciséis nacionalistas y cuatro otras personas. La Revuelta duró tres días. Se arrestaron cerca de 800 personas algunas de las cuales no tuvieron relación con la revuelta. El líder nacionalista Don Pedro Albizu Campos fue encarcelado a raíz de esos sucesos.

En sus Memorias el gobernador Muñoz Marín relata lo siguiente:

“Los guardias habían comenzado a disparar desde la azotea del edificio terrero que llamado Los Pabellones, situada en el ángulo recto a la izquierda de la mansión. A uno de los guardias se le acabaron las balas de su revólver que era la única arma que tenía y Roberto de Jesús, que tenía una ventana en su segundo piso que daba a la azotea, le tiró su revólver cargado al guardia. “46

Don Roberto narraba a nuestros estudiantes su profunda conmoción al ver estos incidentes de violencia y como el valor personal de unos puertorriqueños se usaba para intentar matar al gobernador que por primera ocasión en nuestra historia ocupaba ese puesto fruto de los votos de los hijos de esta tierra.
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