Los diez toros del zen versión e introducción de osho fina atención de






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LA BÚSQUEDA.

LOS DIEZ TOROS DEL ZEN




Versión e introducción de



OSHO

Fina atención de


Manuel López Sánchez

(Topecatete)

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MA GYAN DARSHANA

osho_library@gruposyahoo.com


SUMARIO




Capítulo 1

La búsqueda del toro. El descubrimiento de las huellas.

Capítulo 2

Percibiendo al toro. Capturando al toro.

Capítulo 3

Domando al toro. Montando el toro hasta casa.

Capítulo 4

El toro trascendido. El toro y el ser trascendidos.

Capítulo 5

Llegando a la fuente. En el mundo.

CAPÍTULO 1



LA BÚSQUEDA DEL TORO.

EL DESCUBRIMIENTO

DE LAS HUELLAS



  1. LA BÚSQUEDA DEL TORO.


En el pasto de este mundo,

incesantemente aparto las hierbas altas en búsqueda del toro.

Siguiendo ríos sin nombre,

perdido en los senderos entrecruzados de montañas distantes,

con mi fortaleza fallándome y mi vitalidad exhausta, no puedo

encontrar al toro.

Sólo oigo las cigarras chirriando en el bosque por la noche.
Comentario:

El toro nunca se ha perdido. ¿Qué necesidad hay de buscar?

Sólo porque estoy separado de mi verdadera naturaleza no lo en-

cuentro. En la confusión de los sentidos pierdo incluso sus hue-

llas. Lejos de casa, veo muchas encrucijadas, pero no sé qué ca-

mino es el bueno. La avaricia y el miedo, el bien y el mal, me

enredan.



  1. EL DESCUBRIMIENTO DE LAS HUELLAS


¡Junto a la orilla del río, bajo los árboles,

descubro huellas!

Incluso bajo la hierba fragante veo sus huellas.

En la profundidad de montañas remotas también se

encuentran.

Estas huellas ya no se pueden ocultar más que la propia nariz

mirando hacia el cielo.
Comentario:

Al comprender la enseñanza, veo las huellas del toro. Entonces

aprendo que, de igual forma que muchos utensilios están hechos

de un mismo metal, así también hay innumerables entidades he-

chas del mismo material del ser. A no ser que discrimine, ¿cómo

distinguiré lo verdadero de lo falso? Aunque aún no he cruzado la puerta, ya he discernido el camino.

Entramos en un raro peregrinaje. Los Diez Toros del Zen son algo único en la historia de la conciencia humana. La verdad ha sido expresada de muchas formas, y siempre se ha visto que permanece inexpresada se haga lo que se haga. La expreses como la expreses, elude, permanece esquiva. Simplemente se escapa a la descripción. Las palabras que usas no pueden contenerla. Y en cuanto la has expresado, inmediatamente te sientes frustrado, como si lo esencial hubiese quedado excluido y sólo se hubiera expresado lo inesencial. Los Diez Toros del Zen han intentado expresar de una vez lo inexpresable. Así que, primero, algo acerca de la historia de los diez toros.

Básicamente, había ocho pinturas, no diez; y no eran budistas, eran taoístas. Su origen se ha perdido. Nadie sabe cómo empezaron, quién pintó los primeros toros. Pero en el siglo XII, un maestro zen chino, Kakuan, volvió a pintarlos; y no sólo eso, sino que añadió dos imágenes más, de forma que ocho se convirtió en diez. Las pinturas taoístas acababan en el ocho; el ocho es vacío, nada. Pero Kakuan añadió dos imágenes nuevas. Esta es, justamente, la contribución del zen a la conciencia religiosa.

Cuando uno entra en un viaje interior, uno abandona el mundo, renuncia a todo lo que obstaculiza el camino, renuncia a todo lo no esencial para poder buscar, descubrir lo esencial. Uno trata de quedar sin lastres para que el viaje se haga más fácil, porque el viaje, este viaje, es hacia lo alto, la mayor altura que existe, el pináculo mismo de las posibilidades humanas, el clímax mismo. Uno deja el mundo, uno renuncia al mundo; y no sólo al mundo: uno renuncia a la mente, porque la mente es la causa del mundo entero. El mundo de los deseos, el mundo de las posesiones, es sólo la parte externa. La parte interna es la mente: la mente deseante, la mente lasciva, la mente celosa, competitiva, la mente llena de pensamientos; esa es la semilla.

Uno renuncia a lo externo, uno renuncia a lo interno, uno se vuelve vacío, eso es de lo único de que se trata, la meditación. Uno se vuelve totalmente vacío. Pero ¿es eso el final? Las pinturas taoístas acababan en el vacío. Kakuan dice que esto no es el final, uno vuelve al mundo, uno vuelve al mercado; sólo entonces está completo el círculo. Por supuesto, uno vuelve totalmente nuevo. Uno nunca vuelve con lo viejo; lo viejo se ha ido, ido para siempre. Uno viene totalmente renovado, resucitado, renacido, como si este hombre nunca se hubiera ido; como si este hombre viniera totalmente fresco y virgen. Uno vuelve al mundo y vive de nuevo en el mundo y, sin embargo, más allá de él. Uno se hace corriente de nuevo –cortando madera, trayendo agua del pozo, caminando, sentándose, durmiendo-, uno se vuelve absolutamente corriente. En lo profundo de uno, el vacío permanece incorrupto. Uno vive en el mundo, pero el mundo no está en tu mente, el mundo no está dentro de ti. Uno vive sin ser afectado, como una flor de loto.

Estas dos pinturas traen al buscador de vuelta al mundo, y Kakuan ha hecho algo tremendamente bello. Uno viene al mercado; no sólo eso, sino que viene con una botella de vino, borracho –borracho de lo divino-, para ayudar a que los demás también se emborrachen, porque hay muchos que tienen sed, hay muchos que están buscando, hay muchos tropezándose en su camino, hay muchos que se hallan en profunda oscuridad. Uno vuelve al mundo debido a la compasión. Uno ayuda a que lleguen otros viajeros. Uno ha llegado, ahora ayuda a que lleguen otos. Uno se ha iluminado, ahora ayuda a alcanzar el mismo objetivo. Y todos y cada uno están buscando el mismo objetivo.

Los ocho toros taoístas están bien, pero no son suficiente; son bellos, pero les falta algo. L vacío es perfecto, pero aún queda una perfección por alcanzar. El vacío es perfecto, dejad que lo repita, pero aún queda una perfección por alcanzar. El vacío es perfecto de forma negativa. Has renunciado, esto es negativo, pero aún no has amado. Falta lo positivo. La desdicha se ha ido, el sufrimiento se ha ido, pero aún no estás extático. Has alcanzado el silencio y el silencio es bello, pero tu silencio aún no es una plenitud, no es un desbordamiento; no es una danza gozosa de tu ser interno.

Con esto Kakuan va más allá del taoísmo y más allá del budismo, porque ambos terminaban en el vacío, como si el viaje estuviera completo. Has llegado al Everest, fresco, sosegado, en calma. Ahora, ¿para qué volver al mercado? Pero si tu meditación no se convierte en compasión, entonces tu meditación de alguna forma está ocultando tu ego, entonces tu meditación aún es egoísta.

Si no loras, si no llegan las lágrimas a tus ojos por los demás, y si no empiezas a regresar al mundo para ayudar a los que tropiezan, entonces de alguna forma tu meditación aún no es religiosa. Te ha ayudado; puede que te sientas muy, muy bien, pero a no ser que se convierta en compasión y se desborde en todas las direcciones, el árbol se ha parado en un punto, aún no ha florecido. El árbol es verde, está sano, tiene un aspecto perfectamente bello, pero un árbol sin flores no está totalmente realizado. Un árbol sin flores puede que sea muy bello, pero aún queda una perfección por alcanzar. El árbol debe florecer, el árbol debe liberar la fragancia a los vientos para que pueda llegar a los confines mismos de la existencia.

Kakuan trae al buscador de vuelta al mundo. Por supuesto, es totalmente diferente, así que, naturalmente, el mundo no puede ser igual. Él vuelve al mercado, pero permanece en su meditación; ahora, el mercado ya no puede convertirse en una distracción. Si el mercado se convierte en una distracción, entonces tu meditación aún no está completa. Si algo puede distraerte, entonces tu meditación ha sido algo forzado, te has hecho silencioso, de alguna forma te has controlado a ti mismo. Tu meditación aún no es espontánea, no es un flujo natural. No te ha sucedido; tú has hecho que suceda. De ahí el miedo a volver al mercado.

Encontrarás muchos sannyasins* en el Himalaya que se han estancado en el octavo toro, el vacío, el silencio. No hay nada de malo en ellos, como mucho se puede decir que no hay nada de malo en ellos, pero no se puede decir que hayan florecido, no se puede decir que su fragancia se lance a los vientos. Su luz aún sólo arte para ellos mismos. Hay cierta fealdad en ello. Puede que uno no lo vea inmediatamente, pero si reflexionas, verás que esto es egoísmo. Al principio es bueno ser egoísta, de otra forma nunca crecerías; pero al final, cuando la meditación alcanza una conclusión, un crescendo real, el ego debe desaparecer, el egoísmo debe desaparecer. Deberías hacerte uno con la totalidad.

Y no sólo eso: Kakuan dice que uno llega con una botella de vino. ¡Tremendamente significativo!: uno llega borracho de lo divino. Uno no es solamente silencioso, uno baila, canta, se vuelve creativo. No está simplemente escapándose y ocultándose en una cueva. Uno es tan libre
* Sannyasin: tradicionalmente, monje hindú que renuncia al mundo. (N. del T.).

ahora que no hay ninguna necesidad de ocultarse en ningún sitio. Ahora la libertad es una cualidad propia. El mundo se vuelve una aventura nueva. El círculo está completo: desde el mundo de vuelta al mundo; comenzando desde el mercado, acabando también en el mercado. Por supuesto, totalmente diferente, porque ahora no tienes mente, de manera que el mercado es tan bello para ti como el silencioso Himalaya; no hay diferencia. Y la gente está sedienta. Tú los ayudas, les muestras el camino.

Buda ha dicho que cuando alguien se vuelve un siddha, cuando alguien llega, hay dos posibilidades. O bien permanece satisfecho en su logro, sin salirse de él; entonces es como una balsa de agua, fresco, tranquilo, silencioso, sin ondas, pero aún una balsa de agua; en cierta manera estático, no como un río, que fluye. Buda ha usado dos palabras. Si te vuelves como una balsa de agua te llama arhat. Arhat significa uno que ha alcanzado la perfección pero al que no le interesan los demás. Y la otra palabra que usa es bodhisattva. Si tu meditación florece y se vuelve compasión eres un bodhisattva; entonces ayudas a los demás y tu éxtasis es compartido.

Kakuan pintó diez pinturas de la búsqueda entera del hombre, y el hombre es una búsqueda. No sólo hace preguntas: es una pregunta. Desde el momento mismo de la concepción, la búsqueda comienza. Si preguntas a los científicos te dirán que cuando un hombre y una mujer se unen, el hombre libera millones de células, y esas células comienzan a correr a algún sitio, hacia el huevo femenino. No saben dónde está, pero corren rápidamente. Ha comenzado la búsqueda. Son células muy diminutas, pero buscan el huevo. Una de ellas lo alcanzará; las demás perecerán en el camino. Una de ellas llegará al huevo, nacerá al mundo. En ese momento ha comenzado la búsqueda, ha comenzado la pregunta. La búsqueda continúa hasta la muerte.

Sócrates se estaba muriendo. Sus discípulos comenzaron a llorar y a gemir; es natural, pero él les dijo: “¡Parad! No me molestéis, dejadme investigar. ¡No me distraigáis! Podéis llorar luego, pronto me habré ido. Ahora mismo, dejadme investigar qué es la muerte. Toda mi vida he estado esperando este momento para entrar en la realidad de la muerte”.

Él fue envenenado. Estaba tumbado en su cama observando qué es la muerte. Investigando qué es la muerte. Y entonces dijo a sus discípulos. “Mis pies se están entumeciendo, pero sigo siendo tanto como era antes. No se me ha quitado nada. La sensación de mi ser es total como antes. Mis pies se han ido”. Luego dijo: “Mis piernas se han ido, pero aún soy el mismo. No puedo verme reducido a algo menos. Permanezco total”. Luego continuó: “Mi estómago se está entumeciendo, mis manos se están entumeciendo”. Pero él estaba muy animado, extático. Y siguió: “Pero aún os digo: soy el mismo, no se me ha quitado nada”. Y entonces comenzó a sonreír y dijo: “Esto muestra que tarde o temprano la muerte tomará también mi corazón, pero no puede tomarme a mí”. Luego continuó: “Mis manos se han ido, ahora incluso mi corazón está apagándose, y estas serán mis últimas palabras porque mi lengua se está entumeciendo. Pero os digo, recordad, estas son mis últimas palabras; aún soy el mismo, total”.

Esto es investigar la muerte. Desde la concepción misma hasta la misma muerte, el hombre es una investigación en búsqueda de la verdad. Y si no estás buscando la verdad, no eres un hombre. Entonces has perdido la oportunidad. Entonces, como mucho, pareces un hombre, pero no lo eres. Tu humanidad es sólo una apariencia, pero no está en tu corazón. Y no te dejes engañar por las apariencias: cuando te miras en el espejo puedes ver que un hombre, pero eso no prueba nada. A no ser que tu investigación crezca hasta alturas tales que toda tu energía se transforme en pregunta y te vuelvas una búsqueda, no eres un hombre.

Esa es la diferencia entre los demás animales y el hombre. Ellos viven, no preguntan. Simplemente viven, no preguntan. Ningún animal ha preguntada nunca: ¿qué es la verdad? ¿Qué es la vida? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Por qué estamos aquí? ¿De dónde venimos? ¿A qué meta estamos destinados? Ningún árbol, ningún pájaro, ningún animal o esta gran Tierra ha preguntado esto. Este cielo tan tremendamente grande nunca ha hecho preguntas sobre ello.

Esta es la gloria del hombre. Es muy pequeño, pero más grande que el cielo, porque hay algo único en él, la pregunta. Incluso el cielo inmenso no es tan grande como el hombre, porque puede que el cielo tenga un final, pero la pregunta del hombre no tiene final. Es un peregrinaje eterno, sin principio, sin fin.

Estos diez toros son una representación pictórica de la pregunta, la pregunta a la que llamo hombre. Kakuan pintó las pinturas pero no estaba satisfecho. La verdad es tal que hagas lo que hagas permaneces descontento. No se puede expresar. Entonces escribió poemas, como sustituto. Primero pintó estas diez pinturas; como se sentía insatisfecho, escribió diez breves poemas para completarlas. Lo que faltaba en las pinturas lo intentó en los poemas. De nuevo se sintió insatisfecho. Entonces escribió diez comentarios en prosa. Sé que también entonces debió haberse sentido insatisfecho, pero ya no había nada más por hacer. La verdad es inmensa, la expresión limitada, pero él había hecho todo lo que había podido. Nadie había hecho eso antes o después.

La pintura es el lenguaje del inconsciente. Es el lenguaje de la visualización. Es el lenguaje de los niños. Los niños piensan en imágenes, de ahí que en los libros para niños tengamos que hacer muchísimas ilustraciones, imágenes de colores. El texto es muy pequeño, las ilustraciones son muy grandes. El texto es muy pequeño, las ilustraciones son muy grandes, porque es esa la única forma de persuadir a los niños para que los lean, porque ellos sólo pueden aprender por medio de imágenes. La mente primitiva piensa en imágenes.

Por eso se piensa que lenguas como el chino deben de ser las más antiguas, porque son pictóricas. La lengua no tiene alfabeto; el chino, el japonés, el coreano, no tiene alfabeto, tienen miles de imágenes. Por eso es tan difícil aprender chino; un alfabeto simplifica mucho las cosas. ¡Para cada cosa una imagen! ¿Cuántas cosas hay en el mundo?

Y las imágenes no pueden ser muy exactas. Sólo te dan una pista. Por ejemplo, si tienes que escribir en chino “guerra”, “lucha”, “conflicto”, el chino tiene un pictograma: un pequeño tejado, y bajo el tejado hay dos mujeres sentadas, eso es “lucha”. ¡Un tejado y dos mujeres! Eso significa un marido y dos mujeres, lucha. Pero esto es sólo indicativo, una pista.

Los niños piensan en imágenes. En sueños. Lo que tengan que pensar, primero tienen que visualizarlo. Todos los seres primitivos hacen eso. Ese es el lenguaje del inconsciente. Tú aún lo haces; no importa lo articulado que seas con el lenguaje, y no importa la destreza que hayas adquirido en la argumentación racional, por la noche aún sueñas en imágenes. Cuanto más primitivo seas, más llenas de color estarán tus imágenes; cuanto más civilizado te hayas vuelto, tus imágenes irán teniendo menos y menos color. Poco a poco, se vuelven en blanco y negro.

El blanco y negro es el lenguaje de la civilización. El arco iris es el lenguaje de lo primitivo. El blanco y negro no es un lenguaje verdadero, pero tendemos... todas las personas que se han adiestrado en la lógica aristotélica tienden a pensar en blanco y negro, bueno y malo, noche y día, verano e invierno, bien y mal, ¡blanco y negro! Y no hay otras frases intermedias. ¿Quién está entre Dios y el diablo?, nadie. Esto no es posible. Observa un arco iris: siete colores. Negro a un lado, blanco al otro lado, y entre estos dos una gran gama de colores, uno detrás del otro.

La totalidad de la vida está llena de color. Piensa en colores, no pienses en blanco y negro. Esa es una de las mayores enfermedades que ha afrontado la humanidad. La enfermedad se llama “Aristotelitis”, proviene de Aristóteles. Dices: Ese hombre es bueno, ¿Qué quieres decir? Y luego dices: Ese hombre es malo. ¿Qué quieres decir? Dices: este hombre es un santo, y ese es un pecador. ¿Qué quieres decir? ¿Has visto alguna vez un pecador en el que el santo haya desaparecido completamente? ¿Has visto alguna vez un santo en el que el pecador haya desaparecido completamente? La diferencia puede ser de grado; no es la del blanco al negro.

El pensamiento en blanco y negro vuelve esquizofrénica a la humanidad. Dices: Éste es mi amigo y aquél es mi enemigo. Pero el enemigo puede volverse un amigo mañana, y el amigo puede volverse un enemigo mañana. De forma que la diferencia puede ser, como mucho, relativa; no puede ser absoluta.

Piensa en colores, no pienses en blanco y negro.

La visualización es el lenguaje de los niños, de todos los pueblos primitivos, y del inconsciente. Tu inconsciente también piensa en imágenes.

Kakuan intentó primero el lenguaje inconsciente porque es el más profundo: pintó estos diez toros. Pero se sintió insatisfecho. Entonces escribió diez poemas como suplemento, como apéndice. La poesía es el camino intermedio entre el inconsciente y el consciente : un puente, un terreno brumoso en el que las cosas no están absolutamente en la oscuridad y no están absolutamente a la luz, están por el medio. Por eso, donde falla la prosa la poesía puede indicar. La prosa es demasiado superficial; la poesía es más profunda. La poesía es más indirecta pero más significativa, más rica.

Pero Kakuan aún se sintió insatisfecho, por lo que escribió comentarios en prosa.

Primero escribió el lenguaje del inconsciente, el lenguaje de los pintores, los escultores, los soñadores; luego escribió el lenguaje de los poetas, el puente entre el inconsciente y el consciente, el de todo el arte. Y entonces escribió el lenguaje de la lógica, la razón, Aristóteles, el consciente. Por eso digo que semejante experimento es único; nadie más ha hecho esto. Buda habló en prosa. Mira cantó en poesía. Pintores y escultores desconocidos han hecho muchas cosas, Ajanta, Ellora, el Taj Mahal. Pero una sola persona no ha hecho las tres cosas juntas.

Kakuan es excepcional, y debe de haber sido un gran maestro. Su pintura es magnífica, su poesía es magnífica, su prosa es magnífica. Raramente sucede que un hombre tenga un talento tan extraordinario en todas las direcciones, todas las dimensiones de la consciencia.

Ahora, los poemas de Kakuan:

La búsqueda del toro...
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