Literatura 2º bachillerato. Tema ilustración y neoclasicismo






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títuloLiteratura 2º bachillerato. Tema ilustración y neoclasicismo
fecha de publicación01.09.2015
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LITERATURA 2º BACHILLERATO. TEMA 1.
ILUSTRACIÓN Y NEOCLASICISMO.

1- CONTEXTO HISTÓRICO Y CULTURAL DEL S. XVIII: LA ILUSTRACIÓN.
a) Rasgos del pensamiento racionalista. (Ilustración o Siglo de las Luces).
- La luz de la razón debe iluminar todos los actos humanos (científicos, artísticos, etc.).

- Experimentalismo: todo se investiga y comprueba, nada se acepta como dogma.

- El hombre intenta conseguir la felicidad terrenal, (no espera a la otra vida).

- Deísmo: se busca la religiosidad natural, sin la presión de la Iglesia.

- Separación del poder civil y el eclesiástico (el trono y el altar, unidos desde la EM).

- Origen y difusión de la Ilustración: Francia (la superpotencia cultural del siglo XVIII).
b) Política y sociedad.
- Ideología: Despotismo ilustrado (“todo para el pueblo pero sin el pueblo”).

- Centralismo absolutista en toda Europa: el poder del rey frente a la Iglesia y el Papa.

- Desarrollo de la burguesía: sociedad urbana, no agraria, el dinero y no la sangre.



  1. LA ILUSTRACIÓN EN ESPAÑA.


a) Contexto político.
- Reinados: Dinastía de Borbón, Felipe V, Fernando VI, Carlos III y Carlos IV.

- Fortalecen el poder real: * Centralismo (abolición de los fueros regionales).

* Enfrentamiento con la Iglesia (expulsión jesuitas).

* Reforma de Enseñanza (antes dominaban jesuitas).
b) Contexto cultural.
- Nuevas instituciones: * Biblioteca Nacional (guarda un ejemplar de cada libro).

* RAE: Marqués de Villena (Diccionario, Gramática, Ortografía)

* Real Academia de la Historia (investigación científica).

* Sociedades Económicas de Amigos del País (crean escuelas).

* Reforma de las Universidades (laicas, estudios científicos).

- Fin de la Ilustración: Revolución Francesa, 1789, (ideas peligrosas, se persiguen).


  1. EL ARTE Y LA LITERATURA: LA ESTÉTICA NEOCLÁSICA.


a) Neoclasicismo.
Actitud estética que corresponde a la Ilustración. El arte se basa en unas reglas impuestas por la razón y busca los modelos en los clásicos. Se evita la expresión del sentimiento y se busca la belleza perfecta, por eso resulta un arte frío. Se usa un estilo claro, sin adornos y sin pasión (poco adecuado para la creación poética, predomina el contenido ilustrado sobre la riqueza formal, lo contrario que en el barroco).

b) La prosa.
Hay pocas obras de creación: se prefiere el ensayo crítico sobre los temas más variados, pues la razón se aplica a cuestiones más provechosas que lo estrictamente literario.

*Feijoo. Teatro Crítico Universal. Colección de ensayos donde defiende ideas ilustradas

* J. Cadalso. Cartas Marruecas (obra de crítica social: el país visto por un extranjero).

* Jovellanos. Informe sobre la ley agraria. La necesidad de unir las ciencias y las letras

c) La poesía.
No hay expresión de sentimientos íntimos. Temas pastoriles, filosóficos o didácticos.

* F.M. Samaniego. Fábulas. (Enseña comportamientos sociales. Ej: La lechera).

* T. Iriarte. Fábulas literarias. (Hace crítica literaria en verso, enseña las reglas).

* Meléndez Valdés. Poesía anacreóntica (temas pastoriles, el Carpe Diem, etc.).
d) El teatro.
Vuelve a las reglas aristotélicas: tres unidades, separación de tragedia y comedia, personajes burgueses (no mezcla altos y bajos), temas cotidianos (no lo imaginativo)... Hace propaganda de la ideología ilustrada, no gusta al público popular. Está en prosa.

* L. F. de Moratín. El sí de las niñas (educación jóvenes, matrimonios entre iguales).



  1. EL PRERROMANTICISMO: MOVIMIENTO DE TRANSICIÓN.


Se inicia en la segunda mitad del siglo. Respeta las ideas ilustradas pero reacciona contra la estética neoclásica.

Rasgos característicos: * Predominio del sentimiento sobre la razón.

* Rechazo de la rigidez absoluta de las reglas.

* Naturaleza violenta y espectacular (no armónica y perfecta).

Autores: algunos de los anteriores en sus obras tardías. Ejemplos:

* Cadalso. Noches lúgubres. (Prosa). Un enamorado intenta desenterrar a su amada.

* Jovellanos. El delincuente honrado. (Drama que condena los duelos de honor).

5- Breve estudio de El sí de las niñas de Moratín.
Moratín ajusta sus obras a las reglas del teatro neoclásico, que recuperan en el siglo XVIII las ideas que expuso Aristóteles en la Grecia clásica. El sí de las niñas pertenece al género dramático de la comedia: trata un tema de la vida cotidiana, está protagonizada por personajes corrientes y tiene final feliz. El lenguaje es correcto y elegante, pero sin adornos que dificulten la claridad y la enseñanza moral.
En la obra se desarrolla un tema ilustrado: se condenan los matrimonios de conveniencia, tan habituales en aquella época y que ocasionaban graves perjuicios sociales (infelicidad, falta de descendencia, adulterios, hijos ilegítimos, viudas indefensas, etc.). Don Diego, un “hombre de bien”, guiado por la luz de la razón, renuncia a su propio bienestar para respetar los deseos de una joven pareja que no podía elegir libremente su destino por culpa de las presiones sociales. El autor utiliza la acción dramática para poner en boca del protagonista auténticos discursos ilustrados en los que se abordan otras cuestiones relacionadas con la filosofía de la Ilustración (Acto III): se critica el exceso de autoridad familiar, la falta de libertad de los jóvenes, la deficiente educación que reciben las mujeres y la discriminación que sufren. Así que la obra es una crítica de costumbres equivocadas, tiene una finalidad didáctica.
La estructura de la obra mantiene la división en tres actos establecida por Lope en la comedia barroca. El Acto I corresponde al planteamiento, mientras que el Acto II muestra el nudo de la acción. En el Acto III asistimos al feliz desenlace y recibimos la enseñanza de los discursos ilustrados.
Los personajes pertenecen todos a la burguesía, si bien existen entre ellos diferencias económicas. Sólo los criados se encuentran en una posición inferior, pero su relación con los amos es tan familiar que se convierten en sus confidentes, más que actuar como criados. En cualquier caso, no aparecen nobles orgullosos mezclados con villanos deshonrados y tampoco sale un rey en escena para restablecer el orden como en las obras barrocas. Sin embargo, la tipología de los personajes guarda ciertas semejanzas con el teatro de Lope, aunque el comportamiento de tales tipos ha cambiado: son más moderados puesto que se guían por las reglas de la razón.

  • Galán (D. Diego). Su virtud no es la valentía, sino la sensatez, el saber renunciar.

  • Criado (Simón). Por su prudencia es un “hombre de bien” (ideal de la Ilustración).

  • Dama (Dña. Paquita). Incapaz de defenderse sola, se somete a las normas sociales.

  • Antagonista (D. Carlos). No se enfrenta al rival, se somete a la autoridad familiar.

  • Gracioso (Calamocha). Es más culto y menos exagerado que su equivalente barroco

  • Criada (Rita). Confidente de la dama, tiene sus devaneos amorosos con el gracioso.

  • Madre (Dña. Irene). La autoridad familiar, no defiende la honra sino el dinero.


La obra respeta escrupulosamente las tres unidades clásicas:

  • Una acción: El proyectado matrimonio de conveniencia entre D. Diego y Paquita termina con el triunfo del amor (D. Carlos y Paquita) y la sensatez (D. Diego).

  • Un lugar: la habitación de una posada. (El lugar se aprovecha para criticar el mal estado de las posadas, un indicio del atraso del país que denunciaban los ilustrados).

  • Unidad de tiempo: una noche (desde el atardecer al amanecer del día siguiente). El tiempo está utilizado con intención simbólica: los errores, los malentendidos y los engaños son posibles en la oscuridad de la noche, pero se aclaran con la llegada de la luz, que guía a los personajes por el camino correcto (es la luz de la razón).



TEXTO. LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN. El sí de las niñas.

Acto III. Escena XIII. (Final)



DON DIEGO.-   Aquí no hay escándalos... Ése es de quien su hija de usted está enamorada... Separarlos y matarlos viene a ser lo mismo... Carlos... Abraza a tu mujer. (Se abrazan D. CARLOS y DOÑA FRANCISCA, y se arrodillan a los pies de D. DIEGO.)

DOÑA IRENE.-   ¿Conque su sobrino de usted?...

DON DIEGO.-   Sí, señora; mi sobrino, que con sus palmadas, y su música, y su papel me ha dado la noche más terrible que he tenido en mi vida... ¿Qué es esto, hijos míos, qué es esto?

DOÑA FRANCISCA.-   ¿Conque usted nos perdona y nos hace felices?

DON DIEGO.-   Sí, prendas de mi alma... Sí. (Los hace levantar con ternura.)

DOÑA IRENE.-   ¿Y es posible que usted se determina a hacer un sacrificio?...

DON DIEGO.-   Yo pude separarlos para siempre y gozar tranquilamente la posesión de esta niña amable, pero mi conciencia no lo sufre... ¡Carlos!... ¡Paquita!... ¡Qué dolorosa impresión me deja en el alma el esfuerzo que acabo de hacer!... Porque, al fin, soy hombre miserable y débil.

DON CARLOS.-   Si nuestro amor (Besándole las manos.), si nuestro agradecimiento pueden bastar a consolar a usted en tanta pérdida...

DOÑA IRENE.-   ¡Conque el bueno de Don Carlos! Vaya que...

DON DIEGO.-   Él y su hija de usted estaban locos de amor, mientras que usted y las tías fundaban castillos en el aire, y me llenaban la cabeza de ilusiones, que han desaparecido como un sueño... Esto resulta del abuso de autoridad, de la opresión que la juventud padece; éstas son las seguridades que dan los padres y los tutores, y esto lo que se debe fiar en el sí de las niñas... Por una casualidad he sabido a tiempo el error en que estaba... ¡Ay de aquellos que lo saben tarde!

DOÑA IRENE.-   En fin, Dios los haga buenos, y que por muchos años se gocen... Venga usted acá, señor, que quiero abrazarle. (Abrazando a DON CARLOS. DOÑA FRANCISCA se arrodilla y besa la mano de su madre.) Hija, Francisquita. ¡Vaya! Buena elección has tenido... Cierto que es un mozo muy galán... Morenillo, pero tiene un mirar de ojos muy hechicero.

RITA.-   Sí, dígaselo usted, que no lo ha reparado la niña... señorita, un millón de besos. (Se besan DOÑA FRANCISCA y RITA.)

DOÑA FRANCISCA.-   Pero ¿ves qué alegría tan grande?... ¡Y tú, como me quieres tanto!... Siempre, siempre serás mi amiga.

DON DIEGO.-   Paquita hermosa (Abraza a DOÑA FRANCISCA.), recibe los primeros abrazos de tu nuevo padre... No temo ya la soledad terrible que amenazaba a mi vejez... Vosotros (Asiendo de las manos a DOÑA FRANCISCA y a DON CARLOS.) seréis la delicia de mi corazón; el primer fruto de vuestro amor... sí, hijos, aquél... no hay remedio, aquél es para mí. Y cuando le acaricie en mis brazos, podré decir: a mí me debe su existencia este niño inocente; si sus padres viven, si son felices, yo he sido la causa.

DON CARLOS.-   ¡Bendita sea tanta bondad!

DON DIEGO.-   Hijos, bendita sea la de Dios.
Leandro Fernández de Moratín. El sí de las niñas. (Texto completo):

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/90252843213492717665679/index.htm

Félix María de Samaniego. Fábulas.



LA CIGARRA Y LA HORMIGA



Cantando la Cigarra

pasó el verano entero,

sin hacer provisiones

allá para el invierno;

los fríos la obligaron

a guardar el silencio

y a acogerse al abrigo

de su estrecho aposento.

Vióse desproveída

del precioso sustento:

sin mosca, sin gusano,

sin trigo, sin centeno.

Habitaba la Hormiga

allí tabique en medio,

y con mil expresiones

de atención y respeto

la dijo: «Doña Hormiga,

pues que en vuestro granero

sobran las provisiones

para vuestro alimento,

prestad alguna cosa

con que viva este invierno

esta triste Cigarra,

que alegre en otro tiempo,

nunca conoció el daño,

nunca supo temerlo.

No dudéis en prestarme;

que fielmente prometo

pagaros con ganancias,

por el nombre que tengo.»

La codiciosa Hormiga

respondió con denuedo,

ocultando a la espalda

las llaves del granero:

«¡Yo prestar lo que gano

con un trabajo inmenso!

Dime, pues, holgazana,

¿qué has hecho en el buen tiempo?»

«Yo, dijo la Cigarra,

a todo pasajero

cantaba alegremente,

sin cesar ni un momento.»

«¡Hola! ¿conque cantabas

cuando yo andaba al remo?

Pues ahora, que yo como,

baila, pese a tu cuerpo.»



LA LECHERA

Llevaba en la cabeza

una Lechera el cántaro al mercado

con aquella presteza,

aquel aire sencillo, aquel agrado,

que va diciendo a todo el que lo advierte

«¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!»

Porque no apetecía

más compañía que su pensamiento,

que alegre la ofrecía

inocentes ideas de contento,

marchaba sola la feliz Lechera,

y decía entre sí de esta manera:

«Esta leche vendida,

en limpio me dará tanto dinero,

y con esta partida

un canasto de huevos comprar quiero,

para sacar cien pollos, que al estío

me rodeen cantando el pío, pío.

Del importe logrado

de tanto pollo mercaré un cochino;

con bellota, salvado,

berza, castaña, engordará sin tino,

tanto, que puede ser que yo consiga

ver cómo se le arrastra la barriga.

Llevarélo al mercado,

sacaré de él sin duda buen dinero;

compraré de contado

una robusta vaca y un ternero,

que salte y corra toda la campaña,

hasta el monte cercano a la cabaña.»

Con este pensamiento

enajenada, brinca de manera

que a su salto violento

el cántaro cayó. ¡Pobre Lechera!

¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,

huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.

¡Oh loca fantasía!

¡Qué palacios fabricas en el viento!

Modera tu alegría,

no sea que saltando de contento,

al contemplar dichosa tu mudanza,

quiebre su cantarillo la esperanza.

No seas ambiciosa

de mejor o más próspera fortuna,

que vivirás ansiosa

sin que pueda saciarte cosa alguna.

No anheles impaciente el bien futuro;

mira que ni el presente está seguro.













Tomás de Iriarte. Fábulas literarias.

El Burro Flautista


Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.

Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.

  Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.

  Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.

  En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.

«iOh!», dijo el borrico,
«¡qué bien sé tocar!
¡y dirán que es mala
la música asnal!»

  Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.

Los dos conejos



Por entre unas matas,
seguido de perros,
no diré corría,
volaba un conejo.
  

De su madriguera
salió un compañero
y le dijo: «Tente,
amigo, ¿qué es esto?»
  

«¿Qué ha de ser?»,

responde;
«sin aliento llego...;
dos pícaros galgos
me vienen siguiendo».

«Sí», replica el otro,
«por allí los veo,
pero no son galgos».
«¿Pues qué son?» «Podencos.»
  

«¿Qué? ¿podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo.»

«Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso.»
«Son galgos, te digo.»
«Digo que podencos.»
 

  En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.
  

Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
Ilévense este ejemplo.

EL RICOTE ERUDITO


Hubo un rico en Madrid (y aun dicen que era

más necio que rico),

cuya casa magnífica adornaban

muebles exquisitos

«¡Lástima que en vivienda tan preciosa»,

le dijo un amigo,

«falte una librería!, bello adorno,

útil y preciso.»

«¡Cierto», responde el otro. «¡Que esa idea

no se me haya ocurrido!...

A tiempo estamos. El salón del Norte

a este fin destino.

Que venga el ebanista y haga estantes

capaces, pulidos,

a toda costa. Luego trataremos

de comprar los libros.

Ya tenemos estantes. Pues, ahora»,

el buen hombre dijo,

«¡echarme yo a buscar doce mil tomos!

¡No es mal ejercicio!

Perderé la chaveta, saldrán caros,

y es obra de un siglo...

Pero ¿no era mejor ponerlos todos

de cartón fingidos?

Ya se ve: ¿por qué no? Para estos casos

tengo yo un pintorcillo

que escriba buenos rótulos e imite

pasta y pergamino.

¡ Manos a la labor!» Libros curiosos

modernos y antiguos

mandó pintar, y a más de los impresos,

varios manuscritos.

El bendito señor repasó tanto

sus tomos postizos

que, aprendiendo los rótulos de muchos,

se creyó erudito.
Pues ¿qué mas quieren los que sólo estudian

títulos de libros,

si con fingirlos de cartón pintado

les sirven lo mismo?

José Cadalso. Cartas Marruecas. Carta XXVI. (De Gazel a Ben-Beley)





Por la última tuya veo cuán extraña te ha parecido la diversidad de las provincias que componen esta monarquía. Después de haberlas visto hallo muy verdadero el informe que me había dado Nuño de esta diversidad.




En efecto, los cántabros, entendiendo por este nombre todos los que hablan el idioma vizcaíno, son unos pueblos sencillos y de notoria probidad. Fueron los primeros marineros de Europa, y han mantenido siempre la fama de excelentes hombres de mar. Su país, aunque sumamente áspero, tiene una población numerosísima, que no parece disminuirse con las continuas colonias que envía a la América. Aunque un vizcaíno se ausente de su patria, siempre se halla en ella como encuentre con paisanos suyos. Tienen entre sí tal unión, que la mayor recomendación que puede uno tener para con otro es el mero hecho de ser vizcaíno, sin más diferencia entre varios de ellos para alcanzar el favor del poderoso que la mayor o menor inmediación de los lugares respectivos. El señorío de Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y el reino de Navarra tienen tal pacto entre sí, que algunos llaman estos países las provincias unidas de España.

Los de Asturias y sus montañas hacen sumo aprecio de su genealogía, y de la memoria de haber sido aquel país el que produjo la reconquista de toda España con la expulsión de nuestros abuelos. Su población, sobrada para la miseria y estrechez de la tierra, hace que un número considerable de ellos se empleen continuamente en la capital de España en la librea, que es la clase inferior de criados; de modo que si yo fuese natural de este país y me hallase con coche en Madrid, examinara con mucha madurez los papeles de mis cocheros y lacayos, por no tener algún día la mortificación de ver a un primo mío echar cebada a mis mulas, o a uno de mis tíos limpiarme los zapatos. Sin embargo de todo esto, varias familias respetables de esta provincia se mantienen con el debido lustre; son acreedoras a la mayor consideración, y producen continuamente oficiales del mayor mérito en el ejército y marina.

Los gallegos, en medio de la pobreza de su tierra, son robustos; se esparcen por la península a emprender los trabajos más duros, para llevar a sus casas algún dinero físico a costa de tan penosa industria. Sus soldados, aunque carecen de aquel lucido exterior de otras naciones, son excelentes para la infantería por su subordinación, dureza de cuerpo y hábito de sufrir incomodidades de hambre, sed y cansancio.

Los castellanos son, de todos los pueblos del mundo, los que merecen la primacía en línea de lealtad. Cuando el ejército del primer rey de España de la casa de Francia quedó arruinado en la batalla de Zaragoza, la sola provincia de Soria dio a su rey un ejército nuevo con que salir a campaña, y fue el que ganó las victorias de donde resultó la destrucción del ejército y bando austríaco. El ilustre historiador que refiere las revoluciones del principio de este siglo, con todo el rigor y verdad que pide la historia para distinguirse de la fábula, pondera tanto la fidelidad de estos pueblos, que dice serán eternos en la memoria de los reyes. Esta provincia aún conserva cierto orgullo nacido de su antigua grandeza, que hoy no se conservaba sino en las ruinas de las ciudades y en la honradez de sus habitantes.

Extremadura produjo los conquistadores del nuevo mundo y ha continuado siendo madre de insignes guerreros. Sus padres son poco afectos a las letras; pero los que entre ellos las han cultivado no han tenido menos suceso que sus patriotas en las armas.

Los andaluces, nacidos y criados en un país abundante, delicioso y ardiente, tienen fama de ser algo arrogantes; pero si este defecto es verdadero, debe servirles de excusa su clima, siendo tan notorio el influjo de lo físico sobre lo moral. Las ventajas con que la naturaleza dotó aquellas provincias hacen que miren con desprecio la pobreza de Galicia, la aspereza de Vizcaya y la sencillez de Castilla; pero como quiera que todo esto sea, entre ellos ha habido hombres insignes que han dado mucho honor a toda España; y en tiempos antiguos, los Trajanos, Sénecas y otros semejantes, que pueden envanecer el país en que nacieron. La viveza, astucia y atractivo de las andaluzas las hace incomparables. Te aseguro que una de ellas sería bastante para llenar de confusión el imperio de Marruecos, de modo que todos nos matásemos unos a otros.

Los murcianos participan del carácter de los andaluces y valencianos. Estos últimos están tenidos por hombres de sobrada ligereza, atribuyéndose este defecto al clima y suelo, pretendiendo algunos que hasta en los mismos alimentos falta aquel jugo que se halla en los de los otros países. Mi imparcialidad no me permite someterme a esta preocupación, por general que sea; antes debo observar que los valencianos de este siglo son los españoles que más progresos hacen en las ciencias positivas y lenguas muertas.

Los catalanes son los pueblos más industriosos de España. Manufacturas, pescas, navegación, comercio y asientos son cosas apenas conocidas por los demás pueblos de la península respecto de los de Cataluña. No sólo son útiles en la paz, sino del mayor uso en la guerra. Fundición de cañones, fábrica de armas, vestuario y montura para ejército, conducción de artillería, municiones y víveres, formación de tropas ligeras de excelente calidad, todo esto sale de Cataluña. Los campos se cultivan, la población se aumenta, los caudales crecen y, en suma, parece estar aquella nación a mil leguas de la gallega, andaluza y castellana. Pero sus genios son poco tratables, únicamente dedicados a su propia ganancia e interés. Algunos los llaman los holandeses de España. Mi amigo Nuño me dice que esta provincia florecerá mientras no se introduzca en ella el lujo personal y la manía de ennoblecer los artesanos: dos vicios que se oponen al genio que hasta ahora les ha enriquecido.

Los aragoneses son hombres de valor y espíritu, honrados, tenaces en su dictamen, amantes de su provincia y notablemente preocupados a favor de sus paisanos. En otros tiempos cultivaron con suceso las ciencias, y manejaron con mucha gloria las armas contra los franceses en Nápoles y contra nuestros abuelos en España. Su país, como todo lo restante de la península, fue sumamente poblado en la antigüedad, y tanto, que es común tradición entre ellos, y aun lo creo punto de su historia, que en las bodas de uno de sus reyes entraron en Zaragoza diez mil infanzones con un criado cada uno, montando los veinte mil otros tantos caballos de la tierra.




Por causa de los muchos siglos que todos estos pueblos estuvieron divididos, guerrearon unos con otros, hablaron distintas lenguas, se gobernaron por diferentes leyes, llevaron diversos trajes y, en fin, fueron naciones separadas, se mantuvieron entre ellos ciertos odios que, sin duda, han minorado y aun llegado a aniquilarse, pero aún se mantiene cierto desapego entre los de provincias lejanas; y si éste puede dañar en tiempo de paz, porque es obstáculo considerable para la perfecta unión, puede ser muy ventajoso en tiempo de guerra por la mutua emulación de unos con otros. Un regimiento todo aragonés no miraría con frialdad la gloria adquirida por una tropa toda castellana, y un navío tripulado de vizcaínos no se rendiría al enemigo mientras se defienda uno lleno de catalanes.






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