4 Descartes y la confusión de Locke La respuesta de Kant a Locke: el camino hacia la creencia verdadera justificada






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En Descartes el escepticismo es usado para poder superarlo. Descartes no es un escéptico sino un luchador contra el escepticismo. Es interesante notar en este sentido que deja fuera de duda cuanto afecta a la práctica, esto es hace excepción de la moral y acepta una moral provisional (como si…) De manera que Descartes centra el foco analítico en lo teórico para desde allí abordar la práctica. Excluye todo lo que es materia de fe76. Pide autonomía de la teología.77 Las verdades dogmáticas son intocables por la duda78. Es necesario considerar que finalmente recurrirá Dios (verdad de la teología y, por ello, indudable) Se inicia así un camino con diferentes escalas, la primera de ellas es el conjunto de las ideas que adquiero a través de los sentidos. Éstos no son fuente aceptable del conocimiento porque nos han engañado en numerosas ocasiones. Ahora bien “el hecho de que algunas veces estemos equivocados, o seamos “engañados” con respecto a nuestros juicios que se basan en los sentidos, no es suficiente en sí mismo para mostrar que los sentidos no son nunca una base fidedigna y que por tanto tampoco fiables como fuente de conocimiento”.79


Partiendo de este nivel de conocimiento y de la aplicación de la regla de la evidencia llegaremos a la duda; en tanto, los sentidos no siempre son ciertos. Los sentidos nos engañan (1a. meditación). Llamaremos a este primer momento de la duda, duda de los sentidos. Tenemos razones de peso para dudar de aquello que nos engañó una vez. Los escépticos ya son un precedente en esta afirmación. Descartes juega con un principio de causalidad implícito: son las cosas las que causan nuestras percepciones.

Pasemos pues a un segundo nivel de la duda: Duda general o global del conocimiento del mundo externo: Hipótesis del sueño. En este caso, se trata de una duda general que no sólo afecta a algunos casos en que por deficiencia de los sentidos caemos en el error. En el caso de la duda del sueño, somos conducidos a la duda global de todo nuestro conocimiento adquirido a través de los sentidos. Descartes lleva al extremo la duda del mundo exterior a través de la hipótesis del sueño. ¿Y si nuestra vida es sueño? “Piensa que es eminentemente razonable insistir en que si ha de saber que está sentado junto al fuego debe saber que no está soñando que está sentado junto al fuego. Ve esto como una condición necesaria para saber algo acerca del mundo que le rodea. Y encuentra que no puede satisfacer esta condición. Después de una cuidadosa reflexión descubre que “no hay indicios seguros por medio de los cuales podamos distinguir claramente la vigilia del sueño”. Concluye que no sabe nada acerca del mundo que le rodea pues no puede determinar que no está soñando; no puede cumplir una de las condiciones necesarias para saber algo del mundo”.80

El argumento del sueño descansa sobre un supuesto: Los objetos inmediatos de la conciencia son los objetos independientes del mundo. Nuestras ideas son modificaciones de la conciencia. 81Descartes supone que nuestras representaciones en el sueño y en la vigilia son las mismas82. Las impresiones sensoriales no pueden ser observadas, según Descartes, y por otro lado, las ideas sí pueden ser observadas por la conciencia. Somos conscientes de nuestros procesos interiores83. La hipótesis del sueño acepta el presupuesto racionalista según el cual lo que se experimenta directamente es la idea.

Descartes no descansa aquí, como dije, no busca quedarse en el escepticismo sino superarlo. Hay un tercer nivel de la duda: Duda del razonamiento matemático, hipótesis del genio maligno. Se trata de una radicalización de la duda, que en las Meditaciones llega incluso a las tautologías, en un paso metafísico. La radicalización del genio maligno se funda en que parece ponerse en duda la regla de la evidencia. “Y si existe un genio maligno que me hace evidente lo que es falso...” Lo que hay que precisar es que esta regla no se cancela sino que se le sustrae su carácter de criterio de la verdad intersubjetiva.

Si, como venimos aceptando, Descartes duda para buscar la certeza, entonces se suponen los conceptos de verdad y falsedad. Estamos en un momento límite en el que no hay un sistema de coordenadas en el que podamos apoyarnos, ya que verdad y falsedad no son objetivas. La intención de Descartes parece ser que la cancelación entre certeza y verdad lleva a hacer posible el dar con una certeza que pueda tener la garantía de verdad. Descartes se va alejando de la hipótesis del genio maligno, y además supone un Dios veraz que será el sustento desde el que partirá toda fundamentación.

Podemos decir, llegados a este punto que se trata de una concepción del conocimiento como ideística. No llama ideas a las imágenes de la fantasía. Son ideas falsas las que representan cosas que no existen; ideas verdaderas las que representan cosas que existen. Para hablar de verdad y falsedad se necesita establecer una correlación entre la idea y lo ideado. Hay una analogía entre la duda de los juicios matemáticos y las percepciones. En ambos casos lo que se pone en duda es la correspondencia entre la idea y lo ideado.

El genio engañador nos ayuda a poner en duda tal correspondencia. Por eso tiene plausibilidad poner en duda las condiciones de verdad de los juicios matemáticos. Sólo se puede dudar de esos juicios de forma hiperbólica o metafísica. Se llega a dudar de dichos juicios por exigencias del método. La aspiración de objetividad de los juicios no es posible en tanto se da la ausencia de intersubjetividad. Lo que se está buscando en última instancia son principios metafísicos absolutos.

La idea de un Dios veraz es fundamento y prueba, en tanto que deja caer el genio maligno. Ella será garantía del primer axioma absolutamente indubitable “Pienso, luego existo”.
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