Liderazgo Gedeón






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III —Gedeón; el principio de la dirección


El libro de Jueces ha sido llamado el libro de la tercera generación. Trata de la Edad del Oscu-rantismo en Israel, trazando un espiral de descenso espiritual. Cuando comienza el relato, Israel estaba en la cumbre del triunfo donde la obra de Josué le había conducido. Al final, su condición es una de anarquía política y religiosa.

Cada cual hacía según le parecía; no había rey en Israel. Se relata siete vueltas de la espiral, cada una identificada con las palabras, “los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová”. Pero en el debido tiempo Dios levantaba un libertador, un “juez”, para conducir al pueblo de nuevo a Él. Algunos tuvieron más éxito que otros. Algunos, como Sansón, fracasaron tristemente la mayor parte del tiempo.

La historia de Gedeón es la más detallada. Samgar cuenta con un solo ver­sículo, pero se dedican tres capítulos a la vida de Gedeón. Ello abarcan sendas esferas: su hogar en el capítulo 6, el campo de batalla en el 7 y su relación con sus hermanos en el 8. Él triunfó holgadamente en las primeras dos y fracasó trágicamente en la tercera esfera.

La condición de Israel


Su pecado era el de la idolatría. Ellos se dedicaban a la sucia adoración de Baal y Astarot, 2.11 al 19. Una sola generación bastó para que volviesen a ese fango de paganismo. Dios en disciplina los entregó en manos de los madianitas y amalecitas. Madián significa contienda y Amalec la carne. Son pareja.

Estos invadieron la tierra y destruyeron los alimentos. Eran como saltamontes, cayendo sobre todo y dejando atrás un peladero. Llegaron con su ganado, tiendas y camellos, con el propósito de quedarse. En efecto, su ocupación duró siete años y para Israel eso quería decir hambre de inmediato. Débora en su período de gobierno despachó desde debajo de una palmera en el sol de Ramá y Bet el, pero ahora el pueblo está refugiado en cuevas. Al estar Madián y Amalec en el man­do, este es siempre el resultado.

El llamamiento de Gedeón


En condiciones de alejamiento y opresión, Dios siempre busca a un hombre. En este caso lo encontró en Gedeón, quien no sacudía su escuálida cosecha de trigo al aire libre, sino secretamente en el lagar excavado en la tierra, para no ser visto de los madianitas. Él representa la fuerza subterránea de Israel, opuesto al poderoso invasor.

Obsérvese tres cosas en cuanto a este hombre:

  • Estaba resuelto que él y su familia no iban a pasar hambre, no obstante el madianita.

  • Le pesaba la condición espiritual y material de la nación; 6.13.

  • Tenía un concepto humilde de sí mismo.

Dijo que su tribu, la de Manasés, era la menos numerosa en Israel. Su familia era la más pobre de la tribu, y él se consideraba el más insignificante de la familia.

Nada sorprende que Jehová le haya mirado, 6.14. Tres pronunciamientos del Ángel comunicaron su llamamiento:

  • Jehová está contigo, varón esforzado y valiente, versículo 12.
    Fue una promesa de la presencia del Señor.

  • Vé con esta tu fuerza, versículo 14. Fue una orden a actuar.

  • Ciertamente yo estaré contigo, versículo 16. Fue una promesa de triunfo.

Tres señales confirmaron este llamado:

  • Un sacrificio acepto, figura del Calvario. Fue una ofrenda de paz,
    una oblación y una libación.

  • El rocío en el vellón, figura del rocío del Espíritu de Dios,
    primeramente sobre el pueblo de Dios y luego sobre el mundo seco en derredor.

  • El sueño del pan de cebada, una señal no solicitada que confirmó su llamamiento.
    Es alimento para el hambriento que pone a los madianitas a huir, ¡y en la forma
    del pan de los pobres!

Preparación, prueba y pertrechos


Gedeón había edificado un altar para Dios, llamándolo Jehová salom, “El Señor es paz”. Pero había otro altar en su hogar, un altar a Baal, y tenía que ser quitado. Los dos no podían existir a la vez; él no podía atacar al enemigo hasta haber tratado el problema que estaba más cerca. Temeroso de hacerlo de día, lo derribó en la noche y de esta manera puso su vida a riesgo. Pero, ines­peradamente, su padre le apoyó y al hacerlo salvó la situación. Su primer convertido fue uno de su propia familia.

Entonces recibió un nombre nuevo, Jerobaal, y una fuerza nueva. “El Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón”. Esta maravillosa declaración figura en Jueces 6.34, 1 Crónicas 12.18 (Amasai) y 2 Crónicas 24.20 (Zacarías), cual señal de fortalecimiento para la tarea por delante.

Gedeón tocó trompeta y pronto 32.000 hombres se presentaron a seguirle. Pero en la estima de Dios el número era exagerado; Él no siempre está al lado de los grandes batallones. La gente puede afirmar que puede lograr cualquier cosa con dinero, hombres y metodología, pero así no es en lo espiritual. No pocas veces la mayoría está equivocada.

La multitud mixta fue puesta a prueba doble: primeramente su coraje y luego su carácter.

Se mandaron a casa de una vez aquellos que tenían miedo, de manera que 22.000 se aprovecharon de la oportunidad, dejando un tropa de 10.000 verda­deros guerreros. Pero todavía sobraban, así que fueron llevados al arroyo con la orden de beber. La prueba fue sencilla pero fecunda en su moraleja. Los avisados se quedaron de pie y tomaron el agua en las manos cerradas como vaso. Otros se agacharon sobre rodillas y manos para beber, y fueron rechazados. De los 32.000, resultó que sólo 300 estaban en condiciones de enfrentar al enemigo.

Una tea, una trompeta y un cántaro. Una trompeta a sonar, una tea a brillar y un cántaro a quebrar.

Parecen armas ridículas con que enfrentar un ejército de 135.000 hombres, pero fue con ellas que Dios iba a ganar la victoria, y es así todavía. La trompeta de plata es el mensaje del evangelio, una necedad en la estima de hombres pero poderoso en Dios para la destrucción de fortalezas. La tea es el testimonio que brilla en la oscuridad del desierto que es este mundo. Y, el cántaro roto es el cuerpo humano del siervo, presentado cual sacrificio vivo, santo y agradable a Dios al decir de Romanos 12.1,2.

Estas armas extraordinarias, empleadas conforme a las instrucciones de Dios y bajo su dirección, resultaron en una desbandada entre los madianitas. La lección para nosotros es tan clara como el sol al mediodía: “un hombre más Dios es mayoría”.

El triste fracaso de Gedeón


El libro de Jueces ilustra el principio del liderazgo en tiempos adversos. Pero muchas veces vemos fracaso en el hombre que Dios ha usado en una gran obra de avivamiento. Así como Noé, Salomón y Uzías, Gedeón cayó en una trampa al final de su vida.

El rechazó ser rey, pero guardaban la ambición de ser sacerdote. Destruyó una forma crasa de idolatría, pero estableció una forma modificada en su comunidad. Gedeón ha podido razonar que el efod es una vestimenta enteramente bíblica, ordenada de Dios para simbolizar la adoración, pero este efod constituyó un tropiezo para él y su nación. Como sucede tan a menudo en la historia humana, es posible ganar la guerra y perder la paz. Rogaba George Müller, aquel hom­bre de fe y oración que vivió 93 años: “Señor, ¡sálvame de ser vil en la vejez!”

El principio de la dirección


Gedeón fue llamado, capacitado y guiado por Dios en su servicio. Pidió señales para asegurarse que estaba en el camino acertado. Dios confirmó su presencia por medio del sacrificio acepto, el vellón y rocío, y el sueño del pan de cebada.

¿En estos tiempos debe uno pedir la confirmación de un llamado a un servicio especial? Se oye con frecuencia de “colocar el vellón en la era”. A menudo Dios, en su gracia providencial, sí envía señales visibles de que Él nos está guiando, pero el principio fundamental en esta época de la gracia es que andamos por fe y no por vista. Él nos guía en la actualidad por medio de su Palabra aplicada en el poder del Espíritu Santo, y no pocas veces por las circunstancias.

Dios todavía abre y cierra portones de hierro. No debemos buscar un atajo al consejo de creyentes espirituales, gente piadosa que están en contacto con Él y conocen su Palabra. Nuestra responsabilidad es ser sensibles a la dirección del Espíritu Santo en toda decisión que tomemos en nuestra vida y servicio por el Señor.
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