Liderazgo Gedeón






descargar 141.34 Kb.
títuloLiderazgo Gedeón
página1/10
fecha de publicación15.07.2015
tamaño141.34 Kb.
tipoLiderazgo
l.exam-10.com > Documentos > Liderazgo
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   10


El llamado de Dios a un servicio especial

T.E. Wilson, Angola desde 1924 hasta 1961
God’s call to special service.
Missions, 1984 a 1987.


Contenido


  1. Abraham, Génesis 12.1 al 5; el principio de la fe

  2. Moisés, Éxodo 3,4: el principio del liderazgo

  3. Gedeón, Jueces 6.16; el principio de la dirección

  4. Eliseo, 1 Reyes 19.19 al 21; el principio del discipulado

  5. Isaías, Isaías 6; el principio de la santidad

  6. Jeremías, Jeremías 1; el principio del quebrantamiento

  7. Ezequiel, Ezequiel 1; el principio de la gloria

  8. Simón Pedro, Marcos 1.17; un pescador y pastor

  9. Pablo, Hechos 20.17 al 38; un pionero y plantador de iglesias

  10. Timoteo, 1 y 2 Timoteo; un pastor

Introducción


Para muchos entre el pueblo de Dios es un misterio la idea de un llamado personal al servicio. Ellos piensan que la presentación de una necesidad de por sí constituye un llamamiento a atender esa necesidad y que más nada hace falta. Otros dirían que el llamado general de la Gran Comisión de ir por todo el mundo y predicar el evangelio, Mateo 28 y Marcos 16, es todo lo necesario para que uno emprenda una obra misionera de por vida en el gran campo de la mies. Tal vez todo esto parezca sensato, pero esta especie de razonamiento ha causado muchas tragedias. Algunos corren sin haber sido enviados, caen al lado del camino y como consecuencia se amargan.

La Biblia habla de por lo menos tres llamamientos:

  • a la salvación, Mateo 11.28,29. Al ser obedecido, es un llamado eficaz.

  • al sacrificio, Romanos 12.1,2. Es a la consagración y al discipulado.

  • al servicio, Marcos 1.17: “Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres”.

Todo creyente tiene una relación quíntupla. Es:

  • hijo en una familia

  • miembro de un cuerpo

  • sacerdote en un templo

  • ciudadano de un reino

  • obrero en un campo

En la esfera del servicio, le incumbe a cada uno averiguar del Señor de la mies qué es la obra para la cual el Señor le ha capacitado. Esto implica mucho tiempo con Dios en oración en el lugar secreto. El Señor Soberano es quien llama, capacita y despacha al servidor suyo, y le señala la tarea que debe realizar.

Hay diez ejemplos en la Biblia —siete en el Antiguo Testamento y tres en el Nuevo— de hombres que fueron llamados por Dios a realizar una obra específica. Se describe cada experiencia en detalle. Cada uno es diferente, pero hay ciertas características comunes a todos. Cada uno tuvo un trato íntimo con Dios en lo secreto de su presencia, cuando Él habló a su corazón, le llamó y luego le usó en el servicio suyo.

Un estudio de los diez hombres reseñados en este libro mostrará que eran humanos como nosotros, con muchas debilidades y fracasos, pero con todo Dios los usó poderosamente en el servicio suyo. Lo llamativo acerca de cada uno es que Dios llamó a cada uno por sí para una obra específica y le sostuvo en ella.

El ejemplo supremo del servicio, único en todo sentido de la palabra, es nuestro Señor mismo. “Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz a las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas”, Isaías 42.6,7.

Desde luego, Él es el perfecto Siervo de Jehová cuya obra se describe tan hermosamente en Isaías capítulos 40 al 66.

I — Abraham; el principio de la fe


El llamamiento de Abraham fue una divisoria en la historia. Según la cronología de Usher, él vivió en exactamente el punto intermedio entre Adán y Cristo. Los primeros once capítulos del Génesis cubren aproximadamente dos mil años, y desde Génesis 12 hasta la encarnación hay igual lapso de tiempo. Las dispensaciones de la conciencia y el gobierno humano estaban llegando a su fin y Dios estaba por hacer algo nuevo.

“El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopo­tamia, antes que morasen en Harán, y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré”, Hechos 7.2,3. Ur de Caldea era en ese entonces una civilización altamente desarrollada, como descubrió en 1926 el arqueólogo Leonard Wooley. Se nos informa que Abraham era muy rico en ganado, en plata y en oro, Génesis 13.2.

Obedecer a Dios y abandonar el ambiente sofisticado de Ur para ir a Canaán, era como dejar Park Avenue en Nueva York para residenciarse en Tombouctou en Mali. Pero con todo él obedeció el llamado divino y emprendió su viaje en sencilla fe en las promesas de Dios. Pero, como muchos otros peregrinos desde ese entonces, él encontró problemas.

Las pruebas de la fe


Sus problemas vendrían de la familia, el hambre, el temor y la contienda.

Su primer problema tenía que ver con el círculo familiar. Dios había llamado a Abraham pero aparentemente su padre Taré asumió el control del grupo emi­grante. “Tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí”, Génesis 11.31,32.

Harán quedaba en el lindero entre Mesopotamia y Canaán. El gran río Éufra­tes separaba los dos países. Uno comprende cómo se sentiría Taré. Cruzar el río sería dejar atrás de un todo la vida y tierra conocida, y prefirió quedarse a medio camino. ¡Pero murió! Ahora Abram tenía libertad para actuar; el impe­dimento a una obediencia entera había sido quitado.

Muchos en estos tiempos encuentran esta dificultad al intentar obedecer el llamamiento divino. “Los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí”, Mateo 10.36,37. Jonatán, el amigo íntimo de David, estaba atormentado por afectos opuestos: lealtad a su padre, y amor por David. Escogió, volvió al campamento de Saúl y perdió la vida por haberse equivocado; 1 Samuel 20.

El hambre dio lugar a la segunda prueba de fe para Abram. Cruzó el Éufrates y llegó a la tierra prometida. Desde esa ocasión en adelante sería conocido como el hebreo: el hombre del otro lado del río. El río le separaba para siempre de Babilonia; él nunca tomó licencia para regresar. Hasta el fin, era un extranjero y peregrino con un altar y una tienda.

Pero había hambre en la tierra, cosa que puede ser una prueba severa en cualquier época. Más del 50% de la población del mundo se acuesta cada noche hambriento. Aun el pueblo de Dios puede morir por falta de sustento, como los acontecimientos recientes en Angola nos mostraron. Puede haber hambre en Belén, la casa de pan, y tanto Moab como Egipto pueden lucir atractivos como lugares de refugio. Pero son terreno peligroso, como descubrieron Elimelec y Abram.

Abram decidió bajar a Egipto, donde encontró su próxima prueba, la del temor. Temía por su vida a causa de su esposa hermosa, Sarai. Le pidió decir que era su hermana. Conforme a la costumbre oriental, era cierto; ella era hija de su padre pero no de su madre, y él se había casado con ella.

Pero el propósito era engañar y, como temía, Sarai fue conducida al harén de Faraón. Dios intervino en misericordia. Sarai recobró su libertad sin haber sido abusada; la compañía se marchó de Egipto, tal vez más triste y más sabia a raíz de la experiencia.

La Palabra de Dios afirma que el temor del hombre pondrá lazo, Proverbios 29.25. Pedro aprendió la lección por las amargas, sentado en el patio ante el fuego de mundanos. El hombre que se jactaba que iría a la cárcel y aun a la muerte por el bien de su Señor, le negó en el momento de prueba. Ninguno de nosotros debe decir qué haría al sufrir, ser torturado o condenado a morir por el testimonio de Cristo. Se nos manda no temer a quienes matan el cuerpo, sino a Aquel que puede lanzar alma y cuerpo en el infierno; Mateo 10.28.

Al salir de Egipto de regreso a la tierra prometida, Abram enfrentó una cuarta prueba de su fe. Fue la de una contienda. Hubo choque entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot.

El cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra, y esa población pagana estaba observando. La afluencia presenta peligros. Los dos tuvieron que sepa­rarse; con benignidad Abram le dio a Lot la oportunidad de escoger su rumbo. Tristemente, éste escogió mal, y con resultados desastrosos. Lo que había visto en Egipto le influenció; las bien regadas llanuras del Jordán eran como la tierra egipcia, y él fue poniendo su tienda hacia Sodoma. Aquella estadía en Egipto tuvo repercusiones de largo alcance.

Las Escrituras y la historia de la Iglesia contienen muchos ejemplos trágicos de las consecuencias de fricción entre el pueblo de Dios. Una de las principales armas de Satanás es la cuña. Él introduce el filo delgado y luego golpea fea­mente hasta abrir gran brecha. Abram y Lot, Pablo y Bernabé, son ejemplos primarios. La obra del Espíritu es de construir y unir; la de Satanás, de dividir y destruir.

El ocaso de la fe


Dios le había prometido a Abram que en él y su simiente serían bendecidas todas las familias de la tierra. Dijo que su descendencia sería como el polvo de la tierra, Génesis 13.16, y las estrellas del cielo. El patriarca creyó a Dios y le fue contado por justicia, 15.5,6. Un pacto solemne lo confirmó; habría una des­cendencia terrenal y una celestial. Ahora su nombre sería Abraham, que quiere decir, “padre de muchas naciones”.

Pero no tenía prole. Dios le había dado la promesa y el pacto, pero muchos años habían corrido sin evidencia de su cumplimiento. ¿Dios se había olvidado? Abra­ham tenía 85 años, y por sugerencia de su esposa Sarai se casó con una esclava egipcia. Nació Ismael.

Las consecuencias de esa iniciativa y lapso de fe han perdurado cuarenta siglos. La enemistad entre Isaac e Ismael, entre judío y árabe, es más pronun­ciada que nunca, y desaparecerá tan sólo cuando el Hijo y simiente de Abraham, el Mesías, vuelva y establezca su reino.

El triunfo de la fe


En el cumplimiento del tiempo nació Isaac, el hijo de la promesa. Dios no se había olvidado. Pero se presentó la prueba definitiva de la fe y obediencia de Abraham: “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré”.

Abraham no titubeó. La fe había alcanzado su apogeo. El escritor a los hebreos nos cuenta que el patriarca pensó que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también volvió a recibir a Isaac.

Varios grandes términos bíblicos figuran por primera vez en Génesis 22. Ejem­plos son hijo único en el sentido de unigénito; amar; adorar; holocausto. El capítulo es una magnífica figura de la muerte sustitutiva del Salvador; se pre­senta como transacción entre padre e hijo. En el 22.17 se repite y se enfatiza el pacto original con Abraham, agregando una tercera metáfora: la simiente. Además del polvo de la tierra y las estrellas del cielo, su simiente sería como la arena que está a la orilla del mar. Al final del capítulo se presenta la genealogía de la esposa de Isaac, Rebeca.

Tres veces Abraham figura en las Escrituras como El Kalil, el amigo de Dios: 2 Crónicas 20.7, Isaías 41.8, Santiago 2.23. Cuatro veces en el Nuevo Testamen­to encontramos las palabras, “Abraham creyó a Dios;” Romanos 4.3,17, Gálatas 3.6, Santiago 2.23. Así era su vida.

Cuando Dios llama a uno y le manda a su obra, Él espera una obediencia implícita y una fe sencilla en su promesa de proveer lo necesario para cada día. Abraham es el ejemplo sobresaliente. En tiempos modernos George Müller en Inglaterra y Hudson Taylor en la China nos enseñaron la lección de que no ha cambiado el Dios de Abraham. Dijo Hudson Taylor: “La obra de Dios, realizada a la manera de Dios, siempre contará con el apoyo de Dios”. El siervo que Él ha enviado —encomendado por sus hermanos y gozando de la confianza de la iglesia local— que se dedica honestamente a la labor que le corresponde cada día, normalmente recibirá el sostén que requiere. Podrá ser probado como Abraham, pero Dios es fiel y cumple lo que promete; Hebreos 11.11.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   10

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Liderazgo Gedeón iconLa lección más importante del liderazgo
...

Liderazgo Gedeón iconLa lección más importante del liderazgo
...

Liderazgo Gedeón iconLiderazgo Estilos

Liderazgo Gedeón icon1. Liderazgo Comunicación

Liderazgo Gedeón iconLiderazgo de otoniel

Liderazgo Gedeón iconLiderazgo personal

Liderazgo Gedeón iconLiderazgo audaz

Liderazgo Gedeón iconLiderazgo 5 min

Liderazgo Gedeón iconLiderazgo Conflicto

Liderazgo Gedeón iconLiderazgo Nivel 3






© 2015
contactos
l.exam-10.com