Resumen El propósito del presente artículo consiste en mostrar los problemas argumentativos y teóricos que provoca el análisis epistémico de David Hume sobre la identidad personal.






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títuloResumen El propósito del presente artículo consiste en mostrar los problemas argumentativos y teóricos que provoca el análisis epistémico de David Hume sobre la identidad personal.
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fecha de publicación14.07.2015
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algún modo han llegado a entenderse con determinado nombre, entre las miles y miles de estrellas que sabemos están por encima de nosotros.23 Sin la restricción de la apropiación de las ideas por parte del yo, sin la referencia a la semejanza y la causalidad se pueden traspasar los límites entre una mente y otra,(Pears, 1990, 141-142)24 Struod asevera: “Hume (…) deja por completo en la ininteligibilidad y en el misterio el hecho de que esos ‘datos’ se presentan de esa manera.”(Stroud, 1995, 203)25

La analogía con las estrellas y las ideas queda de lado ante una analogía más elaborada que apela a lo absurdo del planteamiento humeano: si hemos sido testigos de un asalto, dice Pears,26 sabemos indudablemente que las impresiones son nuestras impresiones y no me dirijo de modo tal que al encontrar huellas de otra persona me las adscriba a mí, porque de entrada sé que son de otra persona (al presenciar un acto violento e injusto no me pregunto si tales acciones me pertenecen o no)

A la necesidad de la dimensión subjetiva se suma la vía de solución de Pears y Penehulm, dado que para estos autores la solución al problema se encuentra en la dimensión física, incluir este ámbito en la caracterización del yo nos permitiría justificar y explicar la individuación y especificación del yo - haz de percepciones. Penehulm argumenta:

(…) es demasiado exagerado si consideramos únicamente la parte que podemos hallar de nosotros cuando miramos dentro e ignorar la parte física de nosotros que pueda ser discernido desde fuera (…) si las relaciones son consideradas como una ‘condición necesaria’ para adscribirlas a una persona, es al menos posible que su conexión común con un cuerpo que permanece, es la relación que únicamente muchas de ellas tienen de una a otra.(Penehulm, 1975,83)27

Sin la dimensión física o corporal el yo - haz queda suspendido en un misterioso haz integrado de ideas, venidas de un proceso desconocido y enlazadas de forma igualmente desconocida en una persona. La reflexión humeana sobre las ideas se enfoca con exclusividad a los contenidos mentales y a la mente, lo cual erradica la participación y presencia del cuerpo. Penehulm afirma: “Sin cuerpos no hay modo de individualizar las mentes entre sí. Hume no puede responder a la pregunta ¿cómo puedo distinguir la serie de percepciones que constituyen tu mente? De no ser con la distinción de los cuerpos, no podría responderse.”(Penehulm, 1975, 83)28

El error, en suma, se dirige al apego radical de Hume a la teoría de las ideas, lo cual le lleva a otorgar todo el énfasis de su proyecto a los contenidos mentales. Esta miopía (propia de una teoría mentalista para Pears 29 (Pears, 1990, 126-134) se debe a la estrecha posibilidad de explicación que las ideas encierran.

No obstante, recurrir al cuerpo (estímulo), a la sustancia o a una especie de condición de posibilidad es inadmisible en la teoría de las ideas humeana, ya que si reconocemos a la experiencia como límite del conocimiento, nada anterior o externo a ella caracteriza la identidad personal y como hemos visto, las impresiones nos conducen solamente a sus copias (ideas) (Pears, 1990, 115)30.

La respuesta de Hume a esta ‘salida’ sería negativa porque explicar la unificación de las percepciones de un haz mediante el cuerpo o un elemento de individuación exige algo distinto de las impresiones y las ideas. La experiencia, más bien, hace referencia a las relaciones entre ideas y al modo de sentir dichas relaciones, tendríamos que buscar la unificación de determinadas percepciones en la relaciones entre ideas (línea horizontal) y, desafortunadamente, Hume no encuentra mayor sustento que la memoria y la imaginación, es decir, en la manera en que intervienen los principios de asociación que él llama ‘naturales’: semejanza, contigüidad y causalidad.

Hume no tiene otra respuesta a la pertinente demanda de la conformación del haz que la repetición constante de las ideas (memoria), los principios de la imaginación y la intensidad (el modo de sentir) con que asumimos nuestras las relaciones entre ideas. Si unimos una idea determinada con otra estamos dentro la creencia de que en todo momento se trata de las mismas ideas (creencia dada por la semejanza) y dentro de la idea de que ambas se continúan una tras otra (contigüidad en tiempo); incluso suponemos de forma natural que existe una relación necesaria entre las ideas pasadas y las presentes (causalidad).

Lo anterior no nos acerca a una respuesta sobre la individuación del haz sino a una descripción sobre nuestra creencia en el yo. El único elemento, en Hume, a favor de una respuesta sería un modo de sentir el haz que sea ‘nuestro’, es decir, puede ser que la individuación del haz dependa de una intensidad en cada idea del haz que me permita apropiarme esa y no otra idea. Pero sentir de tal forma que esas son mis ideas nos habla de una coyuntura entre el alcance de la experiencia (intensidad) y la referencia a, por lo menos, un sentido interno (apoyado por Locke) o a una especie de perceptor no sólo de ideas sino de intensidades.

Si Hume aceptara el cuerpo o alguna condición necesaria en la identidad personal provocaría el derrumbe general de su teoría y de su interés por separar la raíz metafísica de la construcción epistémica. Por la vía corporal Hume no puede dar solución al problema del modo en que las percepciones de un haz se unen porque si no podemos ir más allá de las percepciones, por ende, no podemos integrar a su argumentación un elemento externo o distinto a ellas.

Podemos reformular el argumento del haz de percepciones desde otra perspectiva que admita un tipo de intensidad específica que nos haga apropiarnos de determinadas ideas y sus relaciones. Con todo, quedaría nuevamente a la deriva la explicación de esta intensidad o capacidad de apropiación, las ideas tendrían la capacidad de referirnos a un modo de sentir que, junto con las ideas, llamamos ‘yo’ porque ¿de qué naturaleza es este sentir? o ¿qué lo hace ser de tal vivacidad y con ese sentido de apropiación o unificación?

Este es un intento por responder a la objeción sobre la individuación del haz con el que Hume podría comulgar, pero más allá de esto es difícil contestar en el lugar del pensador escocés.

Es posible argumentar en razón de la dimensión corporal o en la experiencia y su condición de posibilidad; no obstante, esto rebasa la teoría de las ideas de Hume, cualquier alusión a algo más allá de las percepciones y sus capacidades o relaciones sería otra teoría que no podría representar una modificación o corrección a la postura humeana. Aunque sea susceptible de cuestionamiento, la manera de Hume de asumir el estudio de la identidad personal hace evidente la fidelidad con que el autor escocés sigue su delimitación argumentativa.


Conclusión

¿Cómo se puede formular el problema sobre la identidad personal? ¿Qué elementos son necesarios en la cuestión? ¿es correcto expresar este asunto preguntando ‘¿qué es la identidad personal o de qué se compone?’ o, más aún, ¿existe el yo? A estas preguntas Hume propone una reformulación: ¿existe alguna justificación indubitable a la luz de la razón sobre la identidad personal? La respuesta es: no. ¿Qué podemos saber o preguntar sobre este tema? ¿hasta dónde podemos llegar? Para nuestro autor sólo cabe preguntar: ¿de qué modo se elabora la creencia en un sí mismo?

No se puede negar la existencia del yo pero tampoco se puede justificar éste bajo las dos vías posibles que Hume transita: el yo como sustancia o sustrato y la vía de las ideas. La ‘sustancia’ parece más bien un constructo categorial de la imaginación y las ideas nos conducen a un haz poco sustentable al momento de determinar cómo se lleva cabo su individuación, sin salir de las ideas y sin recurrir al cuerpo.

Por otro lado, la conciencia, la memoria y la continuidad como factores constitutivos del yo encierran este problema en la mente y lo traducen a un esquema de contenidos mentales donde la participación de la imaginación y la ficción se hace todavía más evidente.

De ahí que la postura del pensador ilustrado se considere escéptica, radical, negativa e incluso destructiva. Sin ser la más adecuada de las argumentaciones en sentido lógico y expresivo, los problemas que plantea el yo como haz de percepciones nos ubica en la débil línea entre el pensar coherente y la filosofía misma… ¿hasta dónde divaga la filosofía y hasta dónde llega el pensar coherente y estricto? ¿hasta dónde llegan ambos en la búsqueda de la verdad o en la estructura de una base cierta para el conocimiento?

Las impresiones surgidas de nuestro pensar dan cuenta de que el sentimiento, la sensación o la pasión, caminan de forma paralela al pensamiento y en este recorrido no sólo habría un origen en la experiencia y en los sentidos sino incluso una influencia determinante y constante de la forma en que sentimos respecto a determinar un haz de percepciones. El peso de la ficción y el modo de sentir en el problema de la identidad personal no tienen por qué ser desechados (por dubitables), sustituidos (en la obsesiva búsqueda de certeza), arreglados (por estimarse incompletos) o evitados (por la molestia que ocasiona al “deseo de dogmatizar” - como apunta Félix Duque31).
Referencias
Bibliografía:

1.- Hume, David. A Treatise of Human Nature, (Vol. I y II) Editado por y con índice analítico de L. A. Selby - Bigge, Oxford University Press, Hong Kong, 1987.

2.- Hume, David. Tratado de la Naturaleza humana, Trad. Félix Duque, Editora Nacional, Madrid, 1977. 427 pp.

3.- Descartes, Rene, Meditaciones Metafísicas, (AT IX - 22 28), trad. Juan Gil Fernández, Aguilar, Buenos Aires, 1975.

3.- Fogelin, Robert, Hume’s skepticism in the Treatise of Human Nature, Routledge y Paul Keagan, Londres, 1985, 195 pp.

4.- García de Oteyza, Mercedes, La identidad personal en Hume, UNAM (IIF), México, 1984, 138 pp.

5.- Michaud, Yves, Hume et la fin de la Philosophie, Presses Universitaires, París, 1983, 287 pp.

6.- Passmore, John, Hume’s Intentions, Cambridge University, Londres, 1952, 164 pp.

7.- Pears, David, Hume’s System, Oxford University, Londres, 1990, 204 pp.

8.- Penehulm, Terence, Hume, Macmillan, Londres, 1975, 223 pp.

9.- Stroud, Barry, Hume, trad. Antonio Zirión, UNAM (IIF), 1995, 363 pp.

1En Los principios de la filosofía Descartes refiere: “Mediante la palabra pensar entiendo todo aquello que acontece en nosotros de tal forma que nos percibimos inmediatamente de ello; así pues, no sólo entender, querer, imaginar, sino también sentir es considerado aquí lo mismo que pensar” René Descartes, Los principios de la filosofía, trad. Guillermo Quintas, Alianza, Madrid, 1995, p. 26.

2 Benítez G. y J. A.Robles,: “La vía de las ideas” en Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía, Vol. 6, del Renacimiento a la Ilustración, edit. Por Ezequiel de Olaso, Madrid, Trotta, 1994, p. 111.


3 René Descartes, Meditaciones Metafísicas,Op. Cit., (AT IX 14), p. 48.

4 Ibidem, (AT IX 15), p. 50.

5 René, Descartes, Discurso del método, (AT VI – 33), Trad.Guillermo Quintás Alonso, ed. Alfaguara, Madrid, 1987., p. 26. Es importante aclarar que para Descartes la unidad de la mente y el cuerpo, en el orden de existencia, no es un problema filosófico, el ser humano es ciertamente un compuesto mente - cuerpo; el problema consiste en ‘la existencia de las cosas materiales’ y en la ‘distinción real del alma y del cuerpo’. Cfr. Meditaciones metafísica, Op.cit., p. 107 - 125.

6 Ibidem, p. 322.


7 Ibidem, p. 362.

8 Ibidem, p. 376 – 377.

9 La definición del yo aparece en la sección dedicada al “escepticismo con respecto a los sentidos” (sección III de la cuarta parte del Tratado).

10 Ibidem, p. 344.

11 Ibidem, p. 400.

1281David, Hume, Tratado de la naturaleza humana, Trad. Félix Duque, Ed. Alianza, España, 1977, p. 344 - las cursivas son mías.


13 Barry Stroud, Hume, Op. Cit., p. 181.

14 Ibidem, p. 408 - 409.

15 David Pears, Hume’s system, An examination of the first book of his Treatise, Oxford University, London, 1990, p. 141.

16 Hume, Ibidem, Vol II, pp. 634 - 635.

17 Ibidem, p. 399.

18 Ibidem, p.401.


19 Ibidem, p. 364 – 365.


20 Ibidem, p. 199.

21 David Pears, Hume’s System, Oxford University, Londres, 1990, p. 142.

22 Barry Stroud, Hume, trad. Antonio Zirión, UNAM (IIF), 1995, p. 201.

23 Cfr. David, Pears, Op. Cit., p. 122.

24 Ibidem, p. 141 - 142.

25 Barry Stroud, Hume, Op. Cit., p. 203.

26 David Pears, Op. Cit., p. 144.

27 Terence Penehulm, Op. Cit., p. 83.


28 Ibidem, p. 83.

29 Cfr. David, Pears, Op. Cit, pp. 126 - 134.

30 David Pears, Op. Cit., p. 115.

31 David Hume, Op. Cit., p. 398 (Cfr. Estudio preeliminar de Félix Duque).

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