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fecha de publicación14.07.2015
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LAS ESTRUCTURAS NARRATIVAS EN "DOÑA BLANCA DE NAVARRA"

El corpus narrativo de Doña Blanca de Navarra1 refleja una de las ca­racterísticas más analizadas y estudiadas por nuestros historiadores medie­vales: las luchas internas que ensangrentaron toda la península durante la Baja Edad Media. En la novela de Navarro Villoslada se narran las peripecias protagonizadas por los bandos agramonteses y beamonteses; los primeros, acaudillados por el señor de Agramont, serán los defensores de Juan II, rey de Navarra y Aragón; los segundos, dirigidos por Luis de Beaumont, abogarán por los intereses de su hijo Carlos, príncipe de Viana. En este contexto histórico idéntico por otro lado al de las rivalidades entre los Lu­nas y Gurreas, en Aragón, Centelles y Soler, en Valencia, por ejemplo - se teje la trama histórica de nuestra novela, relato sujeto a un marco geográfi­co afín a la propia idiosincrasia de nuestro autor, pues no debemos olvidar que Navarro Villoslada da vida a unos hechos históricos enraizados en un concreto y específico entorno geográfico - Navarra - conocido a la perfección por nuestro autor2. Recordemos, por ejemplo, que su novela se tituló en un principio La Princesa de Viana, ubicación que corresponde al lugar de nacimento del autor. Sin embargo, esto no es causa u objeto de especial atención, pues Navarro Villoslada aunque teje a la perfección un entramado histórico basado en hechos reales, no concede gran importancia a la descrip­ción ambiental. En el caso opuesto estaría, precisamente, El señor de Bem-bibre, narración engarzada e identificada con el Bierzo y en la que Gil y Carrasco analiza y describe pormenorizadamente3 .

En Doña Blanca de Navarra se pueden observar dos grandes bloques o estructuras, enlazadas hábilmente por el autor. Por un lado, la exhaustiva y compleja relación de personajes históricos analizados desde una perspectiva asaz objetiva. Por otro, la inclusión de personajes y episodios netamente novelescos que no se corresponden con la fidelidad histórica. Precisamente cuando Navarro Villoslada da rienda suelta a su imaginación, el relato cauti­va al lector por su tensión emotiva. Sin embargo, si el autor se detiene en la relación exhaustiva de acontecimientos o presentación de personajes históricos, la novela pierde interés a la par que suspende la sucesión de los lances y aventuras. Esto ocurre en contadas ocasiones, de ahí que la novela de Navarro Villoslada pueda considerarse como novela plena de acción, a diferencia de las concesiones ofrecidas por Gil y Carrasco en El señor de Bembibre, concesiones protagonizadas por la nota ambiental en perjuicio de la movilidad y sucesión de los hechos.

En la novela objeto de nuestro estudio las detenciones o alusiones a los acontecimientos históricos se nos ofrecen como ya hemos indicado de forma esporádica. A partir del capítulo quinto - En que el autor suspende los amoríos para tratar de cosas muy graves - Navarro Villoslada introduce fragmentos o páginas que guardan estrecha

relación con el hecho histórico narrado. Las principales anotaciones o alusiones históricas analizan, como es lógico, la figura del monarca Juan II, hijo de Fernando de Antequera y de doña Leonor de Albuquerque, que sucedió a su hermano Alfonso el Magnánimo en el trono de Aragón en 1458. Nuestro héroe novelesco, Gime-no, será, precisamente, hijo natural de este último monarca, circunstancia que no se revela hasta el final del relato. Las alusiones históricas del presente capítulo y posteriores pretenden ilustrar al lector acerca de todos estos acontecimientos históricos, sucesos que están en estrecha relación con la descendencia del rey Juan II. Del matrimonio habido entre dicho monarca y doña Blanca de Navarra nacerán los personajes-protagonistas de nuestra historia, es decir: don Carlos - príncipe de Viana -, doña Blanca y doña Leo­nor. Muerto el primero en trágicas circunstancias, doña Leonor tratará a lo largo de la novela de arrebatar el trono a su hermana, violando los derechos sucesorios y utilizando el ingenio y la intriga para sus propósitos.

Doña Blanca de Navarra aparece en el relato de Navarro Villoslada como mujer perseguida por el fatal destino romántico. Casada con Enrique IV, rey de Castilla, fue repudiada por su esposo "por causa de impotencia recí­proca debida a influencias malignas". Anulado su matrimonio volvió Blanca de Navarra a la corte de su padre, circunstancia que motivó las iras de su madrastra Juana Enríquez, enviándola, con el consentimiento de Juan II, al castillo de doña Leonor - condesa de Fox - en condición de presa. Como bien señala Navarro Villoslada, nuestra heroina fue víctima de las intrigas palaciegas de doña Leonor, siendo ella, precisamente, la mano ejecutora que puso fin a sus días. En estas exposiciones históricas realizadas por el propio autor se puede observar la linealidad de unos hechos que guardan un gran rigor histórico. Navarro Villoslada recreará una ambientación típica­mente romántica sin menospreciar los hechos históricos.

Incluso enmarca la peripecia argumental en un paréntesis de años que corresponde a la realidad histórica, época que en nuestra novela se fija con gran precisión4 al tener como telón de fondo los hechos comprendidos entre finales de 1461 y 1463. En la presentación de los principales protagonistas históricos demuestra Navarro Villoslada profundos conocimiento sobre la historia de Navarra, hecho que se repite cuando analiza el comportamiento de otros personajes históricos pertenecientes a la nobleza de Aragón, Castilla y Navarra. De todos ellos destaca el conde de Lerín, don Luis de Beaumont, caudillo del bando agramontés, presto siempre a la intriga5 y a las alianzas de provecho. Su carácter, presentación y hazañas envuelven el relato de Navarro Villoslado desde el principio hasta el final, constituyéndose en numerosas ocasiones en el verdadero protagonista de la novela.

No faltan los breves apuntes o bocetos históricos que ilustran al lector sobre los acontecimientos históricos acaecidos en otra monarquías de la Baja Edad Media. De igual forma aparecen con cierta insistencia las digresiones del autor que tienen como propósito el esclarecimiento del complicado árbol genealogico de determinados personajes, desde el mismo conde de Lerín o condesa de Fox hasta la no menos compleja y fantástica de nuestro héroe de ficción, don Gimeno.

Existen personajes que tienen una fugaz aparición, sin participación directa en los hechos y utilizados como mero pretexto para ofrecer escenas propias de las novelas históricas, como, por ejemplo, los duelos o enfrenta-mientos entre nuestro héroe y el noble desconocido en los anales de nuestra historia que milita en las filas de los antagonistas.

En la disección realizada en torno a Doña Blanca de Navarra - prescin­diendo del contexto histórico ya señalado - observamos una serie de estruc­turas narrativas marcadas y condicionadas por una serie de recursos narrati­vos propios de los escritores de novelas históricas6. Las estructuras narra­tivas están condicionadas por el soporte y protagonismo de sus personajes centrales, unidos en un principio por un marco geográfico específico y se­parados casi en el inicio de la ficción novelesca por causas que el lector desconoce. A partir de este preciso instante se va a operar una serie de muta­ciones en nuestro héroe novelesco, ocupando, de esta suerte, el protago­nismo de la novela. Su cambio de actitud o transformación física y espiritual hace posible que el héroe de ficción se sitúe en tres planos distintos. En primer lugar, presentado por Navarro Villoslada como aldeano o rústico, de nombre Simón e hijo del judío Samuel. Más tarde, convertido al cristianismo, se hará llamar Gimeno. A partir del rapto de la misteriosa dama vestida de rústica labradora, nuestro héroe, Gimeno, protagonizará un nuevo episodio que dará lugar a una segunda estructura. Dicho episodio estará motivado, precisamente, por su amor a la dama, sentimiento que provocará una pro­funda transformación en el personaje. Como única solución a su pesar decide convertirse en capitán de aventureros e iniciar así la búsqueda de la miste­riosa dama que, como muy bien sabe el lector, no es otra que doña Blanca de Navarra. Lances, enfrentamientos, amarguras y un sin fin de aventuras y desventuras protagoniza nuestro héroe de ficción hasta dar con su paradero, circunstancia que si en un principio es causa de felicidad muy pronto se verá truncada por el cúmulo casuístico de situaciones adversas. La fantástica reve­lación que hace la judía Raquel a Gimeno - tercera estructura - hará posible que pueda acceder al amor de doña Blanca, pues conocedor ya de su ver­dadera personalidad, el mayor obstáculo - su condición de plebeyo - queda salvado. La diferencia de estamentos sociales la soluciona Navarro Villosla­da con la revelación de la judía Raquel, pues le informa que él es hijo de Alfonso el Magnámino y, como tal, príncipe de Napóles y Aragón. Sin em­bargo, la dicha es fugaz. Doña Blanca de Navarra, como indican todas las crónicas y refleja nuestro autor, muere envenenada por su propia hermana, doña Leonor, condesa de Fox.

Navarro Villoslada utiliza una serie de recursos narrativos propios de los relatos o novelas históricas de la época. La presencia de un autor omniscien­te, la comunicación autor-lector y las digresiones en los inicios de ciertos capítulos para explicar los hechos históricos más relevantes son aspectos harto repetitivos entre nuestros novelistas.

De igual forma Navarro Villoslada utiliza un recurso narrativo nada innovador y que no es otro que apoyar las estructuras narrativas de la peripecia argumental en crónicas de la época, con especial atención a la citada Crónica de Irache. La utilización de legajos, documentos o autógrafos sirven como pretexto para la presentación de unos hechos narrados por Navarro Villoslada, actuando su autor como trans-criptor de la citada crónica. Este recurso narrativo, inmortalizado en el Quijote, se utilizó en el siglo XVIII - recuérdese las Cartas Marruecas - y en la centuria pasada. Sirva de ejemplo una de las novelas más interesantes del género analizado. El señor de Bembibre. Gil y Carrasco informará a los lectores que ha encontrado un manuscrito que refiere la historia de los amores de Beatriz y don Alvaro, recurso narrativo que si bien aparece en el inicio del relato, volverá a ser utilizado al final del mismo para poder así desvelar la suerte que ha corrido el protagonista de su novela.

Existen otros recursos narrativos en Doña Blanca de Navarra de fácil señalización. Por ejemplo la utilización de objetos personales para reconoci­miento o identificación de los protagonistas. Este recurso empleado por Walter Scott - recuérdese, por ejemplo, Ivanhoe o La novia de Lammermor -fue utilizado por el mismo Gil y Carrasco y por legión de autores de la épo­ca, entre ellos, Cosca Vayo7, López Soler8, Trueba y Cossío9, Gertrudis Gómez de Avellaneda10, Fernández y González11 ... En Doña Blanca de Navarra la condesa de Fox ofrecerá su anillo a nuestro protagonista para que pueda actuar con entera libertad entre la soldadesca del castillo de Orthés. El anillo será el salvoconducto que permita salvar los primeros escol­los que se presentan ante don Gimeno.

No menos interesantes son los recursos propios de la novela gótica o de terror insertos en Doña Blanca de Navarra, rasgos que se prodigan incesan­temente en las sucesivas estructuras narrativas del relato. Puertas secretas12, subterráneos, corredores angostos, resortes ocultos, castillos o mansiones que su sola mención inspira terror, como las ruinas del castillo que sirven de refugio a Sancho de Rota, capitán de bandoleros. Numerosos son, también, los lances o episodios protagonizados por el misterio. Los héroes de nuestra novela se presentan ante los lectores envueltos en una capa de misterio, pues tanto su origen como ascendencia nobiliaria es desconocida por el lector, misterio que se resuelve al final de la novela mediante procedimientos harto conocidos y utilizados por anteriores novelistas. En lo que respecta a don Gimeno el autor nos indicará al final que es hijo de Alfonso el Magná-nimo. La rústica o aldeana del primer capítulo se convertirá más tarde en la princesa doña Blanca de Navarra. Inés, mujer que siente un profundo amor por don Gimeno, será hija natural del rey don Alfonso de Aragón, hecho que no se revela hasta mediados de la novela. Las interrogantes y preguntas mis­teriosas formuladas por el propio autor en forma de digresiones darán tam­bién al relato una aureola de misterio. Por ejemplo, en la primera estructura narrativa, Gimeno ante la misteriosa desaparición de la heroina emitirá estas interrogaciones retóricas: ¿A donde se han llevado a Gimena? ¿Quienes son sus perseguidores? ¿Por qué la han arrebatado de casa de sus parientes? ¿Quién es ella? ¿Quién soy yo para libertarla ... ?13.

Interrogantes que se repiten en los sucesivos capítulos sin llegar a conocer el protagonista las respuestas. Sólo al final el autor resolverá esta cadena de misterios engarzada hábilmente. Recurso, por otro lado, característico también de nuestra dra­maturgia romántica, poblada de héroes misteriosos que desconocen su pro­pia identidad y que el destino hace posible enfrentamientos entre padres e hijos o entre hermanos. Recordemos La Conjuración de Venecia o El trovador, obras que pueden ejemplificar lo anteriormente dicho. La ascen­dencia misteriosa del héroe es otra de las coordenadas típicas del Romanti­cismo, siendo Don Alvaro o la fuerza de sino el ejemplo más representativo de nuestro teatro romántico.

En una época en la que se entrecruzan y suceden rápidamente las tenden-cas literarias - década de los cuarenta no podía faltar la influencia de los productos subliterarios o infraliterarios, es decir, la novela de folletín y la entrega. Estos subgéneros influyen, en determinados momentos, en la no­vela Doña Blanca de Navarra, como aquellos episodios truculentos en que se describen con todo detalle el enfrentamiento existente entre nuestro héroe y Sancho de Rota. De igual forma Navarro Villoslada aplicará a su relato los procedimientos ya empleados por Walter Scott en sus novelas. Como, por ejemplo, el utilizar disfraces para la introducción del personaje en un lugar prohibido. Recuérdese el disfraz de rústico o labriego del conde de Lerín presto a introducirse clandestinamente en la fortaleza de Orthés14, al igual que en Ivanhoe, al disfrazarse Wamba de monje para poder introducirse en el castillo de Font-de-Boeuf, o el disfraz de don Alvaro, protagonista de El señor de Bembibre, vestido de aldeano para lograr así entrevistarse con doña Beatriz.

El duelo o enfrentamiento entre los distintos personajes que aparecen en Doña Blanca de Navarra es, igualmente, un procedimiento literario utili­zado por Walter Scott. Don Gimeno se enfrentará contra sus adversarios en numerosísimas ocasiones, circunstancia repetitiva a lo largo de sus estructras narrativa. Desde el principio hasta el final don Gimeno se convertirá en una especie de máquina portadora de la muerte incapaz de ser vencida. Sólo el enfrentamiento verbal o las injurias de la condesa de Fox, al revelar ésta a doña Blanca que su salvador es descendiente de judíos y capitán de bandi­dos, pondrán fin a las escenas de enfrentamientos. Don Gimeno desconoce­dor de su linaje y sabedor de las reglas del código del honor no podrá enfren­tarse contra los nobles acaudillados por la condesa de Fox, desistiendo, por ello, del enfrentamiento y sufriendo la humillación ante los ojos atónitos de su amada doña Blanca. Sin embargo, en los episodios anteriores don Gi­meno se enfrentará con éxito contra el terrible bandido de las Bárdenas-Sancho de Rota - y contra el no menos cruel Sancho Erviti, raptor de doña Blanca de Navarra. De igual forma será el brazo invencible que salve a don Gastón de Fox, envuelto en una maraña de espadas enemigas que hacen pre­ludiar la muerte del joven Gastón. La súbita presencia de don Gimeno, oculto siempre en su armadura, provocará el espanto y la huida de los contendientes, asombrados y temerosos por su bizarría y fortaleza.


Frecuente es también en estos relatos la presencia de un personaje perteneciente a una raza y religión distintas. En nuestra novela será la judía Raquel15 la conocedora de la misteriosa ascendencia de don Gimeno. Mujer con fama de bruja y hechicera tendrá una existencia plagada de dificultades, calumniada y repudiada por todos, salvo por doña Inés. La judía Raquel revelará la historia de los padres de don Gimeno, dándole a conocer su verda­dera ascendencia. Sabedor don Gimeno que es hijo de Alfonso el Magnáni­mo intentará una vez más salvar a doña Blanca, pero esta vez en condiciones harto ventajosas, pues su hidalguía al ser equiparable a la de su amada será preludio de un final feliz. Como muy bien sabe el lector doña Blanca morirá envenenada por su propia hermana, muerte que se produce en los brazos de don Gimeno y doña Inés, personajes que al final de la novela se verán unidos para siempre por deseo de la moribunda.

En esta historia caballeresca, motivada esencialmente por los sentimien­tos de su protagonista, Navarro Villoslada introduce el tema de los celos. Doña Inés y doña Blanca unidas en su amor por don Gimeno sufrirán las causas y efectos de los celos. Ambas, sin embargo, lejos de odiarse se verán unidas hasta en los momentos más trágicos de la acción. La figura de doña Inés alcanza así unas cotas de entrega difícilmente superables. Su amor es tal que no duda en ningún momento en favorecer a don Gimeno y a doña Blanca, aun sabiendo que ello le puede costar su propia vida. El romanticis­mo de nuestras heroinas es de una entrega y sufrimiento total, sin aspavien­tos ni tintes grotescos o violentos. El romanticismo truculento de nuestros pri­meros dramas se atenúa conforme avanza el correr de los años. Los héroes, en nuestro caso, las heroinas, harán gala de un sufrimiento vertido hacia el interior, de reclusión y sacrificio hacia el ser querido, sin pensar en ningún momento en la resolución fatal del suicidio. Doña Blanca de Navarra será víctima de las intrigas palaciegas, ajena siempre a tomar una solución que atente contra su propia vida. La dramaturgia romántica con el correr de los años suaviza las situaciones y caracterización de los personajes estereoti­pados, hecho que también se produce en la novelística de la década en que se publica nuestra novela. Recordemos, por ejemplo, El señor de Bembibre, relato en el que doña Beatriz fallece de muerte natural y don Alvaro, lejos de pensar en el suicidio, llevará hasta el final de su vida una existencia ere­mítica.

Existen, finalmente, otros recursos y espectos que tienen singular impor­tancia en la novela de Navarro Villoslada, tales como la utilización de un lé­xico16 adecuado a las situaciones descritas por el autor. Caracterización perfecta de los personajes - como la del conde de Lerín -. Presentación y ambientación irreprochables de los bandos antagónicos. Doña Blanca de Navarra supone la exposición de unos hechos que en gran medida correspon­den a los tiempos vividos por Navarro Villoslada. Nuestro autor, militante en las filas del carlismo, conoció una España fragmentada en guerras civiles, sucesos derivados del enfrentamiento entre hermanos.

La aplicación de la ley sálica enfrentó a Fernando VII y a su hermano Carlos. En nuestra novela el hecho se repetirá, aunque esta vez sean dos hermanas - doña Leonor y doña Blanca - quienes propicien estas rivalidades. La España carlista e isa-belina se convierte en el mundo de ficción analizado en beamonteses y agra-monteses. El resultado ofrecerá un cuadro nada edificante y desolador, in­merso en un mar de revueltas y luchas de partido.

ENRIQUE RUBIO Universidad de Alicante

Notas

1) FRANCISCO NAVARRO VILLOSLADA, Doña Blanca de Navarra. Crónica del siglo XV, Madrid, Imprenta a cargo de D.Anselmo Santa Coloma, 1846. Los repertorios o catálogos bibliográ­ficos no tienen en cuenta esta primera edición, pues consideran la del año 1847, impresa también en los talleres de A.Santa Coloma, como la edición princeps. Tal es el caso, entre otros, de A.PALAU y DULCET, en su Manual del librero hispanoamericano, vol. X, p. 450; J. SIMON DIAZ, en Manual de Bibliografía de la Literatura Española, Madrid, Gredos, 1980, p. 674; JUAN IGNACIO FERRE-RAS, en su Catálogo de novelas y novelistas españoles del siglo XIX, Madrid, Cátedra, 1979, p. 275, etc. Tanto los estudios de conjunto como los. monográficos señalan como primera edición la del año 1847, tal es el caso de E. ALLISON PEERS en su Historia del movimiento romántico español, Madrid, Gredos, 1973, p. 247. Para un estudio de Navarro Villoslada cfr. J.Símon Díaz, "Vida y obra de Navarro Villoslada", Revista de la bibliografía nacional, Madrid, 1946, VII, pp. 169-220.

El primer boceto de la novela de NAVARRO VILLOSLADA se publicó en el año 1846, en El Siglo Pintoresco, periódico universal, ameno e instructivo, al alcance de todas las clases, Madrid, im­prenta de V.Castelló y después en la de B.Gonzáles. Navarro Villoslada y Fernández de los Ríos fueron los directores de esta publicación. En esta ocasión la obra de Navarro Villoslada se titularía La Princesa de Viana. Posteriormente se publicó, ya corregida, en El Español. Revista, periódico se­manal de literatura, bellas artes y variedades, Madrid, Imprenta de la Sociedad de Operarios y en la de El Español.

En nuestro estudio citamos siempre por la edición princeps, fechada, como ya hemos indicado, en el año 1846.
2) La ficción novelesca obedece a un plan o itinerario preconcebido. Desde el inicio hasta el final de Doña Blanca de Navarra, Navarro Villoslada sitúa a los personajes y sucesos históricos más relevantes en las guarniciones o fortalezas de Mendavia y Orthés. Una gran parte de la acción transcu­rre en estos dos núcleos geográficos. Navarra y sus límites fronterizos ocupan un lugar privilegiado en esta cadena de hechos y lances novelescos. Topónimos como Baigorri, Eguarás, Viana, Bearne, Bárde-nas, Tudela ... aparecerán insistentemente en la novela de Navarro Villoslada.

3) Recuérdese, por ejemplo, el boceto preparatorio que sirvió de base a la redacción de El

señor de Bembibre, titulado Bosquejo de una viaje a una provincia del interior.

4) Navarro Villoslada utiliza para su propósito - fijación de la época - un documento firmado por el conde de Lerín - capítulo segundo - que lleva al final de la carta la fecha 15 de octubre de 1461. Más tarde - capítulo sexto - Navarro Villoslada introduce a dos misteriosos personajes - don Gi-meno y su fiel escudero, Chafarote - caminando en una tarde de invierno de 1463. En el capítulo déci­mo, en una breve digresión, nos indica su autor que "todo esto pasó hace 383 años", es decir en 1463. Finalmente, el propio autor indicará con no menos precisión - capítulo XIX - que doña Leonor fue proclamada reina el 28 de enero de 1479. La alusión temporal del capítulo décimo supone el inicio de nuevas aventuras que alargarán brevemente este periodo temporal.



  1. Las intrigas y camarillas palaciegas aparecen a lo largo del relato de Navarro Villoslada. En el capítulo XIV - De cómo el paje rubio se encargó de una embajada, cerca del capitán de aventu­reros - la intriga se constituye en la única arma valedera para la consecución de los fines políticos. Contexto histórico muy semejante al vivido por el propio Navarro Villoslada. Si analizamos la actitud, ideología y hechos del autor, diputado y senador carlista, observaremos como todos estos elementos expuestos en el presente capítulo y posteriores páginas se pueden adecuar o identificar con el periodo español comprendido entre los años 1834 - 1845, época en que la vida española se empequeñece y fragmenta en guerras civiles, regencias y luchas de partido que empiezan a hundir al país.

  2. En la clasificación de novelas históricas ofrecida por JUAN IGNACIO FERRERAS, en su estudio El triunfo del liberalismo y de la novela histórica (1830-1870), Madrid, Taurus, 1976, sitúa a Doña Blanca de Navarra en el apartado de "aventuras", etapa intermedia entre la tendencia de la novela histórica de origen romántico y la novela de aventuras históricas.

  3. R. COSCA VAYO, La conquista de Valencia por el Cid. Novela histórica original, Valencia, Imprenta Mompié, 1831. Recuérdese de la presente novela el episodio en el que el caballero del Armi­ño envía una sortija a don Rodrigo Díaz de Vivar con el ruego de que conceda la mano de doña Elvira al portador que se presente con la otra mitad de la sortija y la cabeza de Abenxafa.

  4. LOPEZ SOLER, El primogénito de Albuquerque, Madrid, Imprenta de Repullés, 1833.

  5. TRUEBA y COSSIO en sus novelas El Castellano o aventuras del Principe Negro en España, Barcelona, Imprenta S.O. Linares, 1840 y Gómez Arias o los moros de las AIpujarras, Madrid, Oficina de Moreno, 1831, introduce estos recursos. En la primera, Enrique de Trastamara, al ser puesto en li­bertad, ofrece en señal de agradecimiento un anillo a Pimento, objeto que le permitirá a Pedro I huir del castillo de Egas. En Gómez Arias, Bermudo recibe del héroe novelesco una sortija para poder demostrar la falsedad de las acusaciones y su inocencia.

  6. Vid. por ejemplo, G. GOMEZ DE AVELLANEDA, Guatimocí, último emperador de Méjico. Novela histórica, Madrid, Espinosa y Cía., 1846.

  7. Sería el caso de la novela de M. FERNANDEZ Y GONZALEZ, Obispo, casado y rey, Madrid 1850.

  8. Recurso utilizado en los comienzos del relato, como por ejemplo, en el capítulo segundo, cuando el conde de Lerín desaparece por una "puertecüla secreta". De igual forma utilizará el autor dicho recurso al final de la novela, como en el episodio en el que don Gastón abre "una puertecilla secreta que comunicaba por una escalera con la muralla del castillo" para poder así librar a don Gi-meno y a doña Blanca de sus perseguidores.

La existencia de intrincados y complejos laberintos se da igualmente en El doncel de don Enrique el Doliente, El golpe en vago, Martín Gil, La conquista de Valencia por el Cid, Sancho Saldaña, El pastelero de Madrigal, Doña Isabel de Solís ...

  1. F. NAVARRO VILLOSLADA, op. cit. , cap. II, p. 18.

  2. En idéntico caso estaría el paje del conde de Lerín que a instancias de su señor debe suplan­tar la personalidad del conde de Fox, su enemigo, para llevar el siguiente mensaje a don Gimeno: "Señor capitán, los muy egregios y muy esclarecidos príncipes de Fox y Bearne me encargan de ma­nifestaros su voluntad de que me pongais por obra de su deseo, que no es otro, sino el de rogaros ahincadamente les hagais la alta honra de asistir a las bodas de su muy amado hijo don Gastón con madama Magdalena, hermana del rey de Francia; en lo cual se considerarán muy honrados, y yo otro que tal, por haber cumplido su mensaje con harta gloria mía y complacencia suya". El falso mensaje propiciará, por un lado, el posterior enfrentamiento entre don Gimeno y la condesa de Fox; por otro, el conde de Lerí, enemigo de don Gimeno, conseguirá alejar al capitán de los bandidos de sus territorios, asolados continuamente por las incursiones del protagonista.

  3. La figura del judío aparece insistentemente en el mundo de ficción escottiano. Entre nues­tros novelistas cabe recordar, entre otros, los siguientes relatos: El doncel de don Enrique el Doliente, Sancho Saldaña, Doña Isabel de Solís, Gómez Arias, El auto de Fe...

  4. Cfr. INES LILIANA BERGQUIST, El narrador en la novela histórica española de la época

romántica, University of California, Berkeley Ph. D., Ann Arbor (Mi), University Microfilms Inter­national, 1978, Apud Ma Antonia Martín Zarraquino, "Sobre la lengua de la novela histórica", en Entre pueblo y corona. Larra, Espronceda y la novela histórica del Romanticismo, Actas de las Jor­nadas de la Sociedad Suiza de Estudios Hispánicos, Zürich, noviembre, 1984, pp. 179-210.




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