Es comprensible que los grandes hombres adopten una actitud ambivalente cuando contemplan la posibilidad de sus biografías póstumas. Algunos intentaron disuadir






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BEETHOVEN
Maynard Solomon
PREFACIO
Es comprensible que los grandes hombres adopten una actitud ambivalente cuando contemplan la posibilidad de sus biografías póstumas. Algunos intentaron disuadir a los posibles biógrafos, o incluso impedirles que recogiesen datos de carácter íntimo, con el argumento de que debían juzgarse sus realizaciones creadoras sin considerar las fuentes biográficas. Pero Beethoven se había educado en la lectura de las Vidas de Plutarco, que asigna a los defectos de los héroes la misma importancia que a las principales cualidades. No temía que el juicio acerca de su música se viese afectado negativamente por el conocimiento cabal de los hechos de su vida. Es cierto que en 1820 declinó el ofrecimiento de uno de sus amigos, un hombre consagrado a la literatura, que le propuso suministrar un boceto biográfico exacto a una enciclopedia alemana que había publicado datos erróneos acerca de sus antepasados. Pero hacia el final de su vida al parecer superó sus inhibiciones, pues en agosto de 1826 autorizó a su amigo Karl Holz a emprender «la publicación de mi biografía», y agregó: «Confío absolutamente en que no trasmitirá desordenadamente a la posteridad la información que le suministré con ese propósito.»

No está muy claro qué exactamente entregó a Holz, pero en todo caso sabemos que a su muerte, Beethoven dejó una masa de documentos tan copiosa como la que más. Entre estos materiales había un elevado número de partituras manuscritas, publicadas o inéditas; una profusión de bocetos y hojas sueltas, cuyo estudio ha permitido una comprensión más clara del proceso creador de Beethoven; su biblioteca, que incluía varios libros en los cuales había subrayado pasajes favoritos e importantes; y la extraordinaria colección de cuatrocientos cuadernos  los Cuadernos de Conversación  que contenían los diálogos personales no censurados entre el compositor sordo y sus colaboradores durante la última década de su vida.

Quizá tenían un carácter más dramático que estos materiales otros documentos hallados entre sus efectos, por ejemplo el Testamento de Heiligenstadt, del 6 10 de octubre de 1802, en el cual según parece Beethoven exorcizó sus impulsos suicidas y afirmó su decisión de resistir a la adversidad; su Tagebuch (Diario) de 1812 18, donde podemos observar a Beethoven en sus estados de ánimo más vulnerables y dubitativos; y su apasionada carta a una mujer no identifcada (la llama «mi bienamada Inmortal»), escrita los días 6 y 7 de julio de un año no precisado.

Por lo tanto, es razonable suponer que Beethoven deseaba que conociéramos acerca de su persona más que la mera cronología de su vida y su trabajo. También ansiaba comprensión, como si hubiera percibido que el perdón y la simpatía serían sus consecuencias inevitables. O quizá Beethoven abrigaba la esperanza de que otros pudiesen aclarar algunos de los problemas más difíciles de su vida. Como artista y como hombre conocía el poder curativo de la comunicación y el efecto catártico de los temores compartidos. «Todos los males son misteriosos y parecen más graves cuando se los contempla en la soledad», escribió en su diario el año 1817. «Cuando se los comenta con otros, parecen más tolerables, porque uno se familiariza del todo con lo que suscita temor, y siente como si lo hubiese superado.»

Por desgracia, era inevitable que no se realizara muy pronto la esperanza de Beethoven en el sentido de que se expusieran ordenada y pulcramente los hechos reales de su vida. Antes de cumplirse un año de la fecha de su muerte se publicó en Praga una biografía plagada de errores, escrita por Schlosser.1 Lo que es todavía peor, Anton Schindler, que había sido su ayudante y secretario, retiró muchos de los documentos más importantes, que permanecían sin vigilancia en las habitaciones de Beethoven, y los convirtió en su propiedad privada. En 1845 Schindler vendió al rey de Prusia la mayoría de estos documentos y recuerdos, a cambio de una pensión vitalicia, pero destruyó dos terceras partes de los Cuadernos de Conversación, y es muy posible que haya suprimido o desechado otros materiales valiosos. Su biografía de Beethoven (1840, con ediciones revisadas y aumentadas en 1845 y 1860) que tuvo muchas traducciones y fue editada a menudo, en general determinó la concepción del siglo XIX acerca de Beethoven; y ha continuado influyendo incluso en nuestros tiempos. Sólo a partir de la publicación, entre 1866 y 1879, de la biografía en varios volúmenes de Alexander Wheelock Thayer se cuestionó seriamente el retrato poco fidedigno de Schindler, y comenzaron a reconstruirse fielmente las principales líneas de la vida de Beethoven. Después de la muerte de Thayer, su biografía de Beethoven fue completada y revisada por Hermann Deiters y Hugo Riemann (1901 17); el manuscrito inglés original fue compilado y completado por Henry E. Krehbiel, (1921) y compilado nuevamente hace poco (1964; edición revisada de 1967) por Elliot Forbes, que hábilmente le incorporó muchas observaciones de la investigación moderna. La edición de Forbes continúa siendo la biografía indispensable de Beethoven; pero el método de documentación de Thayer, rigurosamente cronológico, en una secuencia año por año y el hecho de que evite cualquier comentario acerca de la música, fuera de los detalles de la productividad de Beethoven, no le permitieron explicar el desarrollo psicológico del compositor, abordar la evolución de sus relaciones personales o demostrar la existencia de vínculos importantes entre su vida y sus obras.

El lector que consulte el ensayo bibliográfco incluido al final de esta obra descubrirá que el trabajo de documentación acerca de Beethoven comenzó más que concluyó con la obra de Thayer y sus eruditos contemporáneos Ludwig Nohl y Gustav Nottebohm. (Más aún, la exacta reconstrucción de la cronología de las obras de Beethoven se vio posibilitada sólo durante las últimas décadas gracias al estudio atento de sus bocetos y manuscritos autografiados.) Los estudiosos como A. C. Kalischer, Theodor von Frimmel, Ludwig Schiedermair, Romain Rolland, Max Unger, Jacques Gabriel Prod'homme, Stephan Ley, Joseph Schmidt Görg, Georg Kinsky, Hans Halm, Donald W. MacArdle, Emily Anderson y Alan Tyson  para mencionar sólo unos pocos  consagraron décadas de sus vidas a la acumulación de datos y a la organización cuidadosa de los cimientos concretos de los estudios acerca de Beethoven.

El estudio de la vida de Beethoven se basa en documentos contemporáneos: cartas, diarios, los Cuadernos de Conversación, los archivos judiciales y parroquiales, los manuscritos y los bocetos autografiados, las publicaciones musicales, las críticas, los programas de concierto y materiales análogos. El biógrafo puede usarlos depositando cierta confianza en su autenticidad, aunque, como verernos, incluso estos materiales deben ser abordados con cierta precaución. Otra fuente importante de material que arroja una luz significativa sobre la vida y la personalidad de Beethoven consiste en las reminiscencias de sus contemporáneos. Aquí se suscitan interrogantes más graves acerca de la validez de las anécdotas, los informes y las memorias trasladados al papel mucho después de los hechos por una amplia diversidad de individuos. La gravedad de los peligros implícitos en la utilización de documentos contemporáneos se vio ilustrada dramáticamente en marzo de 1977, durante el Beethoven Kongress, de Berlín, cuando se confirmó definitivamente la antigua sospecha. Mediante el análisis de la escritura, Grita Herre y Dagmar Beck demostraron que Schindler había falsificado más de 150 de sus propias entradas en los Cuadernos de Conversación.&& Hasta entonces esas entradas habían sido aceptadas sin vacilar como auténticas por los estudiosos de Beethoven; algunas de las falsificaciones de Schindler habían sido la base de amplias interpretaciones biográficas y musicales. Es cierto que Thayer tenía escasa confianza en el testimonio de Schindler, y que desde que Thayer publicó su trabajo Ein kritischer Beitrag zur Beethoven Literatur (Contribución crítica a la Literatura acerca de Beethoven) en 1877, se había considerado a Schindler un testigo poco fidedigno, tendencioso e interesado en su propio beneficio. De todos modos, incluso Thayer dependió mucho de Schindler, a quien no era posible desechar del todo, pues había mantenido un contacto íntimo con Beethoven durante una serie de años, y entrevistado personalmente a muchos de sus amigos. En definitiva, no será tarea fácil separar sus hechos de sus invenciones.

No afrontamos problemas tan graves en relación con otros observadores contemporáneos. Pero cuando tal cosa es posible deben comprobarse sus informes, y conviene evaluar la confiabilidad y la posible tendencia del conjunto de sus reminiscencias. Después de examinar las principales fuentes, considero que los recuerdos de Ignaz von Seyfried, Carl Czerny, Gerhard von Breuning, Fanny Giannatasio del Río y Kart Holz, en general son fidedignos en la medida en que reflejan observaciones personales, y que los Datos Biográfcos de Franz Wegeler y Ferdinand Ries revelan extrañas fallas y errores de hecho, pero en general son objetivos y exactos. Es más difícil evaluar el llamado Manuscrito Fischer, formado por las reminiscencias de Cäcilia y Gottfried Fischer, y redactado por el segundo más de medio siglo después que la familia Beethoven había alquilado un piso en el hogar de sus padres. Este manuscrito es quizás el más importante cuerpo individual de inforinación acerca de los antecedentes de la familia Beethoven y sus primeros años en Bonn. Para Thayer era un tanto sospechoso, pero Hermann Deiters y Joseph Schmidt Görg, cada uno de los cuales publicó partes del manuscrito, llegaron a la conclusión de que siempre que podían obtenerse datos paralelos de otras fuentes, se comprobaba que las memorias de los Fischer eran fidedignas. De todos modos, como he señalado en otro lugar, incluso los sencillos Fischer tenían su propio interés  a saber, el deseo de demostrar que Beethoven había nacido en el hogar de sus padres  y eso los llevó a una serie de falsificaciones intencionadas acerca de las fechas de la relación de la familia Fischer con los Beethoven. Pero en general, he aceptado como válidas las anécdotas hogareñas, agudamente observadas, acerca de la niñez de Beethoven, su familia y sus primeras experiencias.

Otro documento importante es el Manuscrito Fischhoff, que es una recopilación de materiales para un proyecto biográfco temprano. Además de muchas anécdotas y cartas interesantes, contiene una trascripción del Tagebuch de Beethoven, que abarca los años 1812 18. Este documento extraordinario contiene las reflexiones íntimas de Beethoven durante un período crítico de su vida, así como transcripciones de una amplia diversidad de textos filosóficos, literarios y teológicos que enriquecen nuestro conocimiento acerca de sus esfuerzos intelectuales y religiosos. Por desgracia, el manuscrito original de Beethoven ha desaparecido, y debemos depender de copias que incluyen muchás imprecisiones de detalles, a causa de la dificultad para descifrar la escritura de Beethoven.

Esta obra es un intento de ofrecer una reseña exacta de la vida y las obras de Beethoven, sobre la base de reminiscencias y documentos auténticos, y de los descubrimientos acumulados en el curso de la investigación acerca de Beethoven. Pero una nueva biografía de Beethoven carecería de sentido si no intentase también abordar por lo menos algunos de los muchos interrogantes sin respuesta acerca de su personalidad y su capacidad creadora. No alimento la ilusión de que sea posible resolver todos estos problemas, o incluso aportar más que respuestas provisorias a los principales. Pero creo que he resistido con éxito la tentación de delinear un retrato consecuente y sin contradicciones de Beethoven, de diseñar un esquema seguro, claro y ordenado; pues dicho retrato puede obtenerse sólo al precio de la verdad, eludiendo las zonas de penumbra que abundan en la documentación. Reseñaré los hechos principales y describiré con cierto detalle las relaciones importantes de la vida de Beethoven, pero me detendré en las coyunturas en que de pronto percibimos hechos y situaciones opacos y al parecer inexplicables, donde descubrimos engaños e incluso actitudes patológicas. Freud dijo: «En cada engaño se oculta un gramo de verdad,» Y también: «En él hay algo que realmente merece ser afirmado.» 2 Por lo menos, todo engaño merece un intento  aunque sea imperfecto  de aclaración. En este sentido, mi libro es un ensayo acerca de la interpretación y el significado: trataré de descubrir el sentido de varias de las ambigüedades y los engaños en la vida de Beethoven, y ofrecer ciertos indicios acerca del significado que tuvieron en su empresa creadora.

Creo que ni la obra de arte ni la vida de un hombre se ajustan totalmente a una sola categoría analítica. Por lo tanto, utilicé una diversidad bastante amplia de categorías  estéticas, históricas, psicológicas, sociológicas  en la búsqueda de los múltiples orígenes de la personalidad y la música de Beethoven. He intentado situar a Beethoven simultáneamente en los contextos de los hechos sociales, de la constelación de familia, de la historia de las ideas y de la evolución de los estilos y las formas musicales. El lector descubrirá muy pronto cuáles son las categorías y los contextos a los cuales asigno más importancia, pero no debe creer que atribuyo a ninguno de ellos  o a todos reunidos  la capacidad de agotar el sentido de una serie de hechos creadores únicos en la historia de la humanidad.

Nueva York.

Julio de 1977
RECONOCIMIENTO
Agradezco profundamente a las siguientes instituciones y personas su útil ayuda y el aporte de fotocopias de manuscritos y/o materiales escasos: las bibliotecas de la Universidad de Columbia, la Biblioteca Pública de Nueva York; la Biblioteca del Congreso; la Biblioteca Musical de la Universidad de Harvard; la Bibliothèque Nationale, de París; el Stadtarchiv, de Francfort; el Goethe Museum (Freies Deutsches Hochstift) de Francfort; la Deutsche Staatsbibliothek, de Berlín; la Universitätsbibliothek, de Münster; la Universitätsbibliothek, de Mainz; la Beethovenhaus, de Bonn; la Mugar Memorial Library, de la Universidad de Boston. Agradezco a George Marek haberme facilitado el acceso a sus fotocopias de las listas de visitantes de Karlsbad y los registros policiales coriespondientes a 1812 y de la Prager Oberpostamts Zeifung de junio julio de 1812; a Ruth Mac Ardle que me permitió la microfilmación de las páginas dactilografiadas de su finado marido, parte de la guía monumental de la literatura periódica, los Beethoven Abstracts unos años antes de su publicación; a mi amigo Harry Goldschmidt, que mantuvo una correspondencia muy interesante acerca de la Bienamada Inmortal, y me indicó varias fuentes que de no haber sido por él yo habría omitido, y (por intermedio de su ayudante Clemens Brenneis) las transcripciones de pasajes hasta entonces inéditos de los Cuadernos de Conversación de Beethoven; a Joseph Schmidt Görg y Hans Schmidt, que antes pertenecían a la Beethovenhaus, y que contestaron a varias preguntas; a Joseph Braunstein, Douglas Johnson, Christa Landon, Peter Riethus, William Drabkin, y Nathan Fishman por haber aclarado ciertos interrogantes referidos a hechos y cuestiones bibliográficas; a Achim von Brentano por haber permitido amablemente la reproducción de la miniatura de Antonie Brentano correspondiente a 1798; a Martin Staehelin, actual director dcl Beethoven Archiv, que suministró generosamente material recientemente adquirido acerca de Frau Brentano; a Ingrid Scheió de la Goethe House de Nueva York, que ayudó a descifrar y traducir la correspondencia manuscrita de Brentano; a los muchos comerciantes de libros antiguos que me ayudaron a obtener materiales raros acerca de Beethoven; y especialmente a Samuel Orlinick del Scientifc Library Service (Nueva York), Theodore Front (Los Angeles), H. Baron (Londres) y Walter Ricke (Munich); a Muriel Bennett, que dactilografió el manuscrito; a Ken Stuart, director de Schirmer Books por su confianza en este proyecto; y a Abbie Meyer, Eileen Fitzgerald DeWald, Valerie Klima y Robert Cohen que consagraron grandes esfuerzos a la preparación del manuscrito y su impresión.

El capítulo acerca de «Haydn y Beethoven» fue leído por James Webster, que generosamente corrigió una serie de errores de información. La sección acerca de la Bienamada Inmortal fue leída en un resumen manuscrito inicial por Elliot Forbes y Leon Plantinga; sus comentarios me ayudaron mucho.

Expreso mi más profunda gratitud a mis amigos Joseph Kerman, William S. Newman, Harry Slochower y Alan Tyson  cada uno de los cuales leyó la totalidad del manuscrito dactilografado  por sus agudas críticas, las numerosas correcciones de información, de interpretación y de estilo, su insistencia en un inalcanzable nivel de excelencia y también sus sentimientos de hostilidad muy vivaces, que confirmaron mi sensación y mi esperanza en el sentido de que había escrito un libro que podía originar algunas pequeñas controversias. Pero estas palabras no expresan debidamente la deuda que contraje con cada uno de ellos. Harry Slochower, me inició en el camino de la exploración biográfica, y pacientemente me suministró el equipo necesario para intentar la tarea. William S. Newman alentó mis estudios acerca de Beethoven durante las primeras etapas, y me indujo a abordar el carácter y las causas de las profundas variaciones de estilo de Beethoven. Alan Tyson compartió generosamente conmigo su inagotable caudal de saber acerea de Beethoven. Y la crítica sumamente detallada que hizo Joseph Kerman del manuscrito fue mi guía indispensable durante la revisión final.

Por supuesto, los errores de hecho y las extravagancias de interpretación que el lector sin duda encontrará en las páginas siguientes son exclusiva responsabilidad mía.

Varias secciones de esta obra aparecieron en diferente forma en The Musical Quarterly, Music Review, Music and Letters, Beethoven Studies, Telos y American Imago. Agradezco a los directores de estas publicaciones el aliento que me dieron y la autorización que me permitió reproducir esos materiales.

Mi esposa Eva ayudó a revisar una serie de los capítulos más difíciles del libro y, lo que fue todavía más fundamental, aportó una apropiada caja de resonancia a mis reflexiones acerca de Beethoven durante los últimos doce años.
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