Charles Baudelaire nació en París en 1821, en una familia acomodada. Tras la muerte de su padre, ocurrida en 1827, su madre volvió a casarse, con un estricto






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títuloCharles Baudelaire nació en París en 1821, en una familia acomodada. Tras la muerte de su padre, ocurrida en 1827, su madre volvió a casarse, con un estricto
fecha de publicación29.03.2017
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BAUDELAIRE Y SU ÉPOCA


Charles Baudelaire nació en París en 1821, en una familia acomodada. Tras la muerte de su padre, ocurrida en 1827, su madre volvió a casarse, con un estricto militar, con el que Baudelaire nunca tuvo buena relación, lo que ha servido a algunos biógrafos para explicar el difícil y atormentado carácter del autor. Fue expulsado del colegio y desechó la carrera diplomática para dedicarse a la literatura. Frecuentó grupos literarios y se movió por los bajos fondos, donde conoció a la mulata Jeanne Duval, con la que mantuvo una tormentosa relación durante toda su vida. Probablemente fue también entonces cuando contrajo sífilis, enfermedad cuyas secuelas acabarían causándole la muerte.
Al cumplir 21 años recibió la herencia paterna, que casi agotó en gastos compulsivos: fiestas, ropas caras, antigüedades, regalos… Su padrastro intervino y le retuvo el resto de la herencia, dejándole una pequeña pensión. Baudelaire rechazaba radicalmente la vulgaridad, lo que le llevó a adoptar actitudes e indumentarias extravagantes: se consideraba un dandi, por completo alejado del materialismo burgués. Intentó ganarse la vida como crítico de arte en los famosos ‘Salones’ parisinos, como traductor de Poe y como conferenciante, sin lograr nunca el éxito en ninguna de estas actividades.
Consumidor de hachís, constantemente asediado por las deudas, con continuas crisis en su enfermedad y en su relación con Jeanne Duval, en 1857 publicó Las flores del mal, obra que fue inmediatamente atacada por atentar contra la moral pública: esto le ocasionó una multa y la prohibición de seis de sus poemas. Enfermo y endeudado, murió en París en 1867, tras sufrir en Bélgica una parálisis a consecuencia de la sífilis que padecía.
Contexto histórico-literario.

La Europa posterior a 1848 se caracteriza por una serie de transformaciones producidas en la incipiente sociedad capitalista: un rápido crecimiento demográfico, especialmente urbano, por la expansión económica centrada en el avance de la industrialización por la intensificación del comercio y por un notable progreso técnico: extensión del ferrocarril, el teléfono, barco vapor … Todo ello presidido por la consolidación de la burguesía, clase social dominante preocupada por aumentar la productividad, de posiciones conservadoras para salvaguardar sus nuevos privilegios frente a las crecientes presiones del proletariado industrial urbano, que se organiza en sindicatos para reivindicar sus derechos, inspirados por las teorías de K. Marx. Proliferan los movimientos revolucionarios comunista, anarquista y socialdemócrta.

El mito del progreso  está trabajando el tejido social en profundidad. El único ideal que se persigue es el del progreso. El progreso es visible en lo científico, en lo técnico, en la arquitectura del hierro, en el ferrocarril. Las exposiciones universales se suceden y cantan las alabanzas del irremediable progreso  hacia la felicidad y el bienestar. El progreso es la nueva religión. Sin embargo, el progreso científico trajo progreso económico, pero no progreso moral  y esto explica el malestar general de la generación de Baudelaire.

Baudelaire se encuadra en la segunda generación romántica, precursor del  Decadentismo: el dandismo como rechazo de la moral burguesa, afán de rebeldía individual y social, concepción no utilitaria del arte, se busca el arte por el arte. Estos ideales se acercan también al Simbolismo, pero éstos desprecian al gran público al que consideran incapaz de comprender su arte.  Defienden la importancia de los sentidos (paisaje, mujer, un cuadro); todo puede ser hermoso, es fuente de goce para el oído, la vista, tacto y olfato. Recurre a la musicalidad de las palabras y a la sinestesia o cruce de sensaciones. Emplean el símbolo como medio para expresar lo inefable, lo que no puede encerrarse en conceptos. El lenguaje cotidiano se incorpora a la poesía.
El fracaso de los ideales románticos llevó a los escritores, especialmente los novelistas, de la segunda mitad del XIX a la observación realista de la realidad. Sin embargo, simultáneamente, la poesía emprende otros caminos: la exploración de la propia interioridad y la búsqueda de la belleza a través de la palabra. La nueva visión del hombre y el mundo, surgida tras la crisis del positivismo, no puede ser expresada ni por la poesía romántica -excesivamente sentimental y emotiva- ni por la literatura realista -demasiado atenta a la realidad y al servicio de una ideología, ya sea de signo burgués o socialista-. Es necesaria una nueva poesía no utilitaria, en la que la obra no se convierta en una confesión de sentimientos arrebatados ni en un espejo interesado de la realidad.

Las primeras manifestaciones de la nueva poesía son las obras de Edgar Allan Poe y de Charles Baudelaire, que tradujo al francés los textos de Poe. Para ambos, la poesía, y el arte en general, tiene como objetivo la belleza absoluta. Pero esta belleza absoluta es un misterio, algo inalcanzable para el hombre. El artista se mueve siempre en los límites de un abismo: entre lo divino y lo humano, entre lo visible y lo invisible, entre lo consciente y lo inconsciente. La naturaleza -la vida- se entiende como una visión, una correspondencia del cielo en la tierra. Y los poemas transmiten el significado mediante símbolos, que pueden adquirir más de un nivel de significación.

Poe y Baudelaire son seguidos por diferentes tendencias poéticas, tanto en Europa como en América. En primer lugar, el Decadentismo, movimiento en el que suele incluirse a los propios Poe y Baudelaire. Los decadentistas rechazan la sociedad burguesa y adoptan una actitud de superioridad que les lleva a transgredir la moral y a complacerse en lo morboso. Se trata en realidad de una actitud estética, que acompañan con costumbres e indumentarias particulares -el dandismo-. En Francia, surgen después dos movimientos poéticos de gran importancia: el Parnasianismo y el Simbolismo. El Parnasianismo defiende una poesía no sentimental, donde se unan arte y ciencia para alcanzar la belleza. La poesía ha de ser muy elaborada, de gran perfección formal. Su representante principal es Leconte de Lisle. El Simbolismo concibe la poesía como la expresión de sugerencias sensoriales -forma, color, música, efectos visuales-, mediante el uso de metáforas e imágenes... Los poetas se expresan por medio de símbolos, que no significan, sino que sugieren, porque lo sugerido se abre a múltiples significados. Los principales poetas simbolistas son los llamados “poetas malditos”: Verlaine, Rimbaud y Mallarmé. La influencia del Simbolismo en la literatura y el arte posteriores es de enorme importancia.

Además de en Francia, la nueva poesía se extiende por otros países, tanto en Europa como en América. En Inglaterra se impone el Prerrafaelismo, iniciado por John Ruskin. En Portugal surge la “Generación de Coimbra”, encabezada por Antero de Quental. En Hispanoamérica nace el Modernismo, iniciado por José Martí y Rubén Darío, que tendría enorme influencia en la literatura española. Y en Estados Unidos aparece la figura fundamental de Walt Whitman, autor del poemario Hojas de hierba.

LAS FLORES DEL MAL Y LA OBRA DE BAUDELAIRE
La obra de Baudelaire es breve y escasa, salvo los numerosos escritos de crítica de arte. Su primera obra es una novela corta, La Fanfarlo, un autorretrato como dandi. El mismo sentido autobiográfico tiene su breve texto Mi corazón al desnudo. En Los paraísos artificiales analiza los efectos del alcohol y el opio, sobre los que mantiene una posición ambivalente de rechazo y entusiasmo. Su obra se completa con dos poemarios fundamentales: Las flores del mal y los Pequeños poemas en prosa, también conocidos como Spleen de París.

Las flores del mal recoge los poemas que Baudelaire escribió entre 1840 y 1866. Ya en 1841 Baudelaire había anunciado la publicación de un libro titulado Las lesbianas, que nunca llegó a ser publicado. Luego lo anunció como Los limbos, en 1850 y 1851, sin que tampoco tuviese lugar su publicación. Finalmente, en junio de 1857, se publica su libro con el título de Las flores del mal. El libro constaba de un prólogo –“Al lector”- y cien poemas agrupados en cinco secciones. Seis de los poemas fueron eliminados por la censura por atentar contra la moral pública y religiosa. La siguiente edición es de 1861: contiene 35 nuevos poemas y añade otra sección: “Cuadros parisinos”. La edición póstuma de1868 no añade nuevos poemas, sólo algunos reescritos.

Las flores del mal sorprendió a sus contemporáneos por su originalidad. El realismo de sus imágenes, el feísmo incluso, la violencia, junto al clasicismo de la forma eran absolutamente novedosos. Baudelaire exalta el dandismo y el malditismo como rechazo de la moral burguesa y defiende el simbolismo como modo de interpretación de la realidad. Su idea central es mostrar la maldad de los hombres, al mismo tiempo que encuentra en la bajada a los infiernos de esa maldad una respuesta al “spleen”, al hastío vital. Otros han visto en el libro una especie de moral inversa: mostrar el vicio y el horror para evitarlos.

En cualquier caso, Las flores del mal es el punto de partida de la poesía moderna y Baudelaire probablemente el más importante poeta del siglo XIX. Su valor es múltiple: lleva hasta las últimas consecuencias la concepción visionaria de la poesía –herencia romántica-: el poeta es aquel que ve más allá y es capaz de expresar la verdad profunda de las cosas. Supera el prosaísmo realista y la grandilocuencia romántica. Es precursor de las tendencias poéticas posteriores: simbolismo, decadentismo, malditismo… Y, sobre todo, anticipa el nihilismo de la literatura contemporánea frente a un mundo desencantado, mecanizado y vulgar.

“Las flores del mal” aparecieron impresas en 1857, pero su versión definitiva será póstuma  (1868). El título “flores” (poemas) del mal son poemas, flores enfermizas, en tanto que no respetan el estilo ni los recursos de la poesía precedente.  Su poesía está desnuda de artificios y eleva el lenguaje coloquial, incluso vulgar, a la categoría poética. Juega con los ripios e incluso con las cacofonías.

Por su temática, son flores del mal porque abordan temas marginales y sórdidos, alejados de la moral convencional: la exploración del mal y el hastío vital. La visión descarnada del erotismo, el retrato de grupos marginales, delincuencia y prostitución, alusiones al alcohol,  a las drogas y al juego.

En esta obra defiende la teoría de las correspondencias, según la cual todo es símbolo de otra realidad y se ganó el tópico del poeta maldito y rechazado  por la sociedad, que se inspira en el modelo del antihéroe romántico. En su poesía busca una belleza superior y no le importa enfrentarse a la moral y a los cánones tradicionales.

La obra está formada por seis secciones, los seis caminos de evasión o salvación,:

Spleen e Ideal. Son poemas que muestran la distancia entre la realidad y el ideal poético y vital. Cuando el amor, la belleza o el arte fracasan como formas de huida, triunfa el “spleen” el tedio, el abatimiento o angustia ante la monotonía y el tiempo.

 Cuadros parisinos.  En ellos descubre  en la ciudad de París la belleza fugitiva  y sus gentes para tratar de olvidar la angustia confundiéndose con la multitud. Sus protagonistas son los marginados, los viejos y  los perdedores. Y los espacios: los suburbios, burdeles, locales y parques públicos, lejos de la naturaleza y el mundo rural.

El vino. Es un elogio a los paraísos  artificiales. Se acerca a la posible salvación en la embriaguez, las drogas (paraísos artificiales).

Las flores del mal. Constituyen la parte central de la obra. En ella se encuentran cuatro de los seis poemas condenados por el Tribunal Correccional del París por atentar contra la moral. En ellos, el poeta expresa la atracción irresistible del mal.  Desciende hacia lo más profundo del  abismo, los vicios, el sexo destructor o la delincuencia. La mujer aparece como una figura diabólica que lo aleja de Dios. Esta sección representa el intento de huida por la vía maligna, la perversión, el sadismo, el vampirismo… Ofrece unos cuadros desoladores.

Rebelión. El poeta se rebela. De nada sirve el sufrimiento del hombre ante un Dios que está ausente del mundo. Poeta satánico, tenebroso y blasfemo que reniega de Dios.

La muerte. Constituye el final del viaje. La muerte como reacción frente al materialismo burgués. Sólo la muerte puede librar al hombre de un mundo lleno de miserias.

 

El TEMA.

Los temas de “Las flores del mal” son variaciones sobre un mismo tema:

La exploración del mal y el hastío vital. Algunos de los temas recurrentes en su obra son:

La analogía vital y las correspondencias, siguiendo la línea de pensamiento del Renacimiento y desarrollada por los románticos. La correspondencia entre el macrocosmos y el microcosmos; el mundo visible y el invisible y del que el poeta es el intérprete, analogías  con todas las percepciones y los sentidos, aromas, colores sonidos….

El artificio. Baudelaire criticaba la idea de lo natural y espontáneo y reivindicaba el valor del artificio, la máscara, el maquillaje, el mundo urbano. Frente a la naturaleza domesticada, exalta los paisajes exóticos donde el hombre puede en toda su plenitud, casi como un animal, dejarse llevar por sus instintos.  Nostalgia del paraíso.

El amor y el erotismo. El amor relacionado con la muerte, el erotismo basado en la transgresión, en la perversión en el gusto por el pecado y el remordimiento que aumenta el goce y se adelanta muchas de las teorías psicoanalistas de Freud, y a las relaciones sadomasoquistas.

El mal. El poder universal del Mal. El hombre no puede escapar de su naturaleza humana, que lo arrastra hasta lo más bajo. Su condición de poeta satánico y blasfemo nace de su rebeldía ante quien nos condenó a ello. Y su “spleen” o abatimiento tiene aquí su origen.

La embriaguez.  El horror supremo es la repetición del tiempo, el spleen.

El devenir del tiempo. La angustia existencial del inevitable paso del tiempo crea la conciencia de que la vida no es eterna y que hay que aprovecharla. El reloj se convierte  en un símbolo del transcurrir del tiempo.

La marginalidad.

El tedio. Sensación vital, negativa y angustiosa, sensación de vacío  y de falta de expectativas e ilusiones hacia la vida.

Los arquetipos  de “el dandi” y “la mujer fatal”. El dandi es el hombre refinado de aspecto, vestimenta, modales y lenguaje. El artista  como genio elegido muy superior al hombre burgués.  (Oscar Wilde) Desprecia a la burguesía que sólo busca el progreso y el dinero, pero al mismo tiempo la necesita pues su vanidad necesita la admiración y el aplauso. La mujer fatal, Salomé, la mujer lésbica, exonerada de su finalidad procreadora como se la considera tradicionalmente. La mujer sensual y la abominable, frívola siniestra que lo arrastra a la destrucción. Por un lado, seducción e idolatría; por otro, misoginia y rechazo.

El bohemio y el decadente. El artista bohemio, además de dandi es un hombre maldito, antisocial y amoral, rechazado por sus contemporáneos.

El paraíso perdido.  El hombre ha perdido el Bien desde que fue expulsado del paraíso terrenal. Esta idea viene reforzada por la del pecado original.

El viaje. De la vida para buscar otra realidad, otros mundos en medio de éste a través de cualquier vía de escape.

La ciudad. El desierto urbano.  Triunfo del progreso y de la miseria humana. La metrópolis será la Nueva Taturaleza, que ocupa el lugar de la antigua Tierra. El lugar de la muchedumbre, de las masas donde todo y todos se confunden y donde  los transeúntes aparecen desvalidos y viven su soledad en ambientes nocturnos, cafés, teatros…

 

LA FORMA DE LA OBRA.

--Los personajes. El poeta siente gran predilección por personajes de un ámbito marcadamente urbano, como borrachos, prostitutas, mendigos…

--Género literario. La obra pertenece al género lírico. El argumento principal es presentar el lado criminal de los hombres, (el pecado, la avaricia…) y mostrar en el descenso a los infiernos una salida al tedio, al spleen, al abatimiento vital.

-- Estilo y recursos literarios. La poética de Baudelaire es de naturaleza dualista: la carne se enfrenta al espíritu; el spleen y el ideal se alternan, incluso en el mismo poema; el universo poético de Baudelaire se basa en el oxímoron, el  símil o la comparación la alegoría y la metáfora, es decir su poética es un juego de oposiciones y equivalencias; usa frecuentemente la antítesis, la personificación, la metonimia, imágenes dotadas de una gran fuerza evocadora. Las palabras ‘muerte’ o ‘libertinaje’ resultan personificadas (Libertinaje y Muerte son dos buenas muchachas….).

Su lengua sonora y rítmica pretende la sugerencia, la vaguedad y el símbolo. Su poesía está muy adjetivada, el vocabulario es rico y concreto, recurre a las exclamaciones, interrogaciones retóricas, invocaciones, anáforas, paralelismos (recursos que tienen un gran efecto rítmico, refuerzan la cohesión textual) e incorpora el lenguaje cotidiano a la poesía.

En general concilia los metros y formas tradicionales con otras innovadoras; muchos  de sus poemas son sonetos pero también emplea alejandrinos y juega con los versos eneasílabos y heptasílabos, propios de la versificación francesa antigua.

En los temas se relaciona con el Romanticismo, el Parnasianismo y claramente con el Simbolismo (en su intento de armonizar formas, colores y perfumes; y sus efectos musicales.) Es un poeta que ya anuncia la poesía del s. XX.

Son frecuentes los poemas organizados con secuencias dominantes descriptivas y narrativas; de esta manera sus poemas se convierten en pequeñas estampas o cuadros simbólicos o alegóricos. Suele comenzar sus composiciones con partículas temporales o adverbios (cuando, esta tarde, en aquellos tiempos, cuando una noche…).
COMENTARIO CRÍTICO, VALORACIÓN PERSONAL, RELACIÓN CON NUESTRO TIEMPO Y CON OTRAS MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS.
Claves de valoración personal y relación con nuestro tiempo.

-Es el gran teórico del “dandi” y del cuerpo como mercancía.

-El erotismo está  basado  en la perversión, en la transgresión, en el gusto del pecado y el remordimiento. Se adelanta a las teorías del psicoanálisis.

-La metrópolis como objeto artístico, identifica el término “modernidad” con el mundo de las grandes ciudades donde aparecen los nuevos héroes: los desheredados,  los indefensos,  los marginados.

Relación con nuestro tiempo:

-Fue un “dandi” y se refugió en el arte como forma de vida. Guarda las distancias entre él y sus semejantes. Defiende la belleza de lo cotidiano, lo feo, y lo malo.

- En su época fue un incomprendido. Incluso en su vestimenta y peinado, una vez llevó el pelo de color verde.  La forma de vestir identifica a las personas o grupos sociales,  hoy podemos comprobarlo en las tribus urbanas.

Las flores del mal“ y la literatura. Baudelaire fue el primero en elaborar una “teoría de las correspondencias” entre las artes y los sentidos, como medio para lograr una visión más completa del mundo. Los simbolistas proclaman la fusión de las artes. (El poeta Rimbaud escribió un soneto “vocales” con el que pretendía  encontrar la analogía entre sonidos y colores.)  El azul es el color de la lírica. Lo musical y lo plástico  entran en el terreno de lo literario. Términos como sonata, preludio, cuadro, compás, esbozo… son frecuentes en sus composiciones.

El poeta es aquel que es capaz de ver más allá de la realidad y de expresar la verdad profunda de las cosas.

Baudelaire fue precursor del Simbolismo, abrió el camino de la poesía moderna, precursor en la percepción de la vida urbana y existencialista.

El poema en prosa ha sido uno de los grandes logros de la poesía moderna.

Incorporó una de las novedades temáticas más importantes, la de la mujer fatal que surge entre entre  el Eros y el Thanatos (Amor y Muerte).

Relación con la pintura.

El movimiento pictórico  impresionista tiene bastante relación con los movimientos poéticos de la época y con Baudelaire. Ambos son transgresores, luchan contra el academicismo y proponen una estética radicalmente nueva que influirá en las artes de todo el s. XX. (Monet, Renoir, Cézane, tratan el tema de la gran ciudad y sus gentes, desarrollado por Baudelaire en sus poemas. Toulouse Lautrec reflejó en sus cuadros lo mismo que Baudelaire en sus poemas, los bajos fondos parisinos. Llevó a la fama a Delacroix, defendió a Courbet -arquitecto renovador-, y a Manet).

En cuanto a la música, en su trabajo como crítico musical,  defendió a su autor predilecto: Wagner. Hoy podemos vincular la influencia que ha ejercido “Las flores del mal” en las letra de rockeros como Lou Reed, cuyas canciones recuerdan la esencia maldita del libro de Baudelaire.

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