Algunas reflexiones en torno a la experiencia estética y formativa de la lectura y la escritura






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EMANCIPACIÓN FEMENINA DESDE LOS TEXTOS TRÁGICOS “MEDEA” DE EURÍPIDES Y “ANTÍGONA” Y “ELECTRA” DE SÓFOCLES.

Por: Hugo Steven Arango Valencia (11º-2.)

Como lo he venido desarrollando y meditando ya con anterioridad, pienso que este tema de la emancipación femenina es muy vigente en la actualidad nuestra que se ha venido desarrollando desde hace mucho tiempo, tiempos remotos en los que la mujer fue tomando un papel importante dentro la sociedad, y aún sin imaginarlo, desde la antigüedad este proceso viene formándose lentamente hasta poder explotar y obtener una ingente fuerza que hasta el sol de hoy impulsa con gran ímpetu a la mujer en todos los procesos sociales llegando al punto de haber mujeres presidentes y con altos cargos internacionales, claro está: dentro la cultura occidental y muchas veces sin el reflejo de la mano de un hombre.

Por esta etiología, me es pertinente hablar de este supuesto albedrío deliberado que ha obtenido la mujer durante tanto tiempo gracias al conocimiento de la importancia de este ser en las estructuras sociales y lo más importante: su imposición ante la sociedad con actos heroicos o ignominiosos, siendo adecuado decir que la finalidad de este trabajo consiste en resaltar algo de ese trabajo que tanto esmero le ha tocado sostener al sexo femenino durante tanto tiempo, haciendo hincapié en la antigüedad teniendo como claro ejemplo de tal situación los textos trágicos de Sófocles y Eurípides que se vienen trabajando en el área de castellano, que no sólo aportan a esta asignatura como obras maestras que deben entenderse para ganar los logros estimados en la facultad, sino también a nuestras propias vidas, pues se obtienen aprendizajes acerca de lo que es la vida en general, implementándolos cada quien como considere dependiendo de su contacto con dichas obras. No siendo más puedo comenzar con los planteamientos que he propuesto analizando lo que es en sí la emancipación femenina correlacionándola con lo examinado en los textos.

Teniendo en cuenta que en la antigüedad la emancipación se establecía como la liberación del esclavo por decisión del dueño (pues se consideraban como objetos en la antigua Roma), el término en tiempos modernos ha alcanzado una extensión mucho más amplia pero con el mismo sentido, es decir, tiene la esencia legal de establecer a quien la posea de ser libre y autónomo frente a la sociedad y en todo los actos que cometa, siendo el más importante responder por sí mismo de una manera honrada correspondiente a la ley. Pero lo que en realidad se convierte en el meollo de la situación es que las mujeres han participado de una forma muy activa en lo que refiere a su propia emancipación de la sociedad, con mayor exactitud del hombre, suscitando ideologías que promueven el trato digno y equitativo en cuanto a materia legal; por tanto que en muchas situaciones es el hombre quien agrede a tan ostentoso ser y génesis de todo lo existente, como se ve en los textos trágicos, sobretodo en “Medea”, donde injusta y cínicamente Jasón traiciona a Medea con la hija del rey Creonte, utilizando a ésta ultima para sus fines e intereses personales como él mismo lo confiesa a Medea como objetivo del desplante a su esposa. Trayendo a colación el propio discurso se nota de primera mano la crueldad que utiliza Jasón para hablarle a una mujer, siendo esta primero que todo madre de sus hijos y posteriormente su esposa.

“Jasón: Después que vine aquí de la tierra de Colcos arrastrando tras mí una suerte desastrada ¿qué hallazgo más feliz podía haber encontrado que casarme yo, un fugitivo, con una princesa real? No se trata de lo que a ti te irrita, esto es, cansancio de tu lecho y deseo de otra mujer, ni afán de multiplicar mis hijos, pues los que tengo bastan y de ello no me quejo, sino principalmente para que vivamos con comodidad y no suframos escaseces, pues bien sé cómo se apartan del pobre toda sus amigos; y levantar a mis hijos como cumple a mi estirpe; y engendrar hermanos de los hijos que me has dado tú, colocándolos todos en un mismo plano, uniéndolos en una sola familia; y vivir venturosos. Porque ¿qué falta te hace a ti tener más hijos? A mí, en cambio, me es provechoso ayudar a los existentes con los que han de venir.” (“Medea” de Eurípides. Pág. 18).

Como lo puede notar hasta un pequeño mancebo, en muchas de estas palabras se encuentra el detonante atroz que convierte a una grácil hembra en lo más funesto y destructivo de la naturaleza, una fiera que no perdona ni a su propia estirpe por los objetivos necesarios que tenga por hacer para defender lo que quiere: el machismo que tanto predomina en toda la faz terrestre desde los inicios de la creación, ya que primero fue el hombre y postrera la mujer. Ejemplo neto de machismo: “Jasón: ¡Cómo fuera posible que los mortales obtuvieran sus hijos de otra suerte, y que no existiese esta raza de las mujeres! Así se librarían los hombres de esta peste.” (“Medea” de Eurípides. Pág.19).

Para hablar con mayor propiedad acerca del tema y cómo se desarrolla en “Medea”, es necesario hablar de su escritor, principal factor generador e influyente para que este tipo de tópicos sobresalgan de la simple especulación popular, pues es de sustancial importancia tener en cuenta que para que un tema de esta envergadura sea comprendido por el lector debe éste escudriñar todo acerca de la vida del fecundante de la obra, conocer su contexto social, religioso e ideológico sobre la sociedad que tiene en ese tiempo histórico y de sobre manera saber el tipo de tendencias a las que recurría escribir, e incluso conocer los motivos y pasiones que movían al susodicho para escribir de esta forma acerca de lo que le llamaba con mayor fuerza la atención. Es necesario tener en cuenta el momento histórico en el que transcurrió la vida del autor, ya que los acontecimientos históricos y sociales influirán notablemente en su visión del mundo y, en consecuencia, en sus obras.

Por tanto, se entiende que Eurípides es uno de los autores dramáticos más importantes de la Grecia Clásica, el cual trata de dar una visión especial a una historia conocida por todos en aquel entonces. Para ello, se basa en el mito, pero sólo como revestimiento, ya que lo que verdaderamente pretende, de la misma manera que lo hacen sus coetáneos en sus respectivas obras, es crear una especial representación de la vida real. Este hecho es debido a que a este trágico, como a muchos otros, le ha tocado vivir en una época de crisis, en la que se tambaleaban las creencias y los ideales mantenidos hasta entonces, todo dado a un sincretismo religioso en el que se revelaba la identidad de muchas de sus deidades, explicando muchas cosas que no satisfacía mucho al individuo de la sociedad en aquel entonces. Sus tragedias se desarrollan en una atmósfera de ambiente realista. Eurípides personifica a los hombres como son y se atreve a presentar los problemas íntimos del hogar, penetrar en las alcobas y poner al descubierto todas las miserias que encierran, como ocurre en Medea, en donde la heroína deja a un lado la grandiosidad para dar paso a una mujer desquiciada, representante de la agonía y víctima de la crueldad del hombre. Los dioses y sus acciones se convierten en algo secundario, quedando el hombre abandonado en un mundo que ya no está construido de ilusiones y esperanzas.

Como se ha podido observar y analizar a través de toda la obra e incluso aprendido de varias investigaciones, es que Eurípides es un hombre que no confía demasiado en la bondad humana, crea un tipo especial de héroes, y consecuencia de esto son los cambios que se producen en la estructura de la obra respecto al resto de las tragedias de su época; una época en la que el mito deja de ser útil para glorificar el pasado y se centra en mostrarnos las realidades cotidianas, el interior del hombre, sus pasiones. Es como si la obra tuviera un sentido psicológico de la humanidad que no se había llevado a cabo hasta entonces gracias al embeleco mítico, y así profundizar en lo que verdaderamente representa la humanidad y sociedad como tal, sintetizándose en una frase de Roseau que plantea que el hombre es un leviatán para el propio hombre. Se produce un cambio de valores que alcanza en Eurípides su más fiel comprobación.

En la obra trágica de “Medea” la emancipación femenina surge inmediatamente desde la aparición de la propia Medea, pues según fuentes consultadas: “La mujer griega al igual que la romana estaba supeditada al control masculino desde su nacimiento hasta su muerte. En su más tierna infancia la mujer helena queda bajo la tutela femenina de su familia para su cuidado y educación en las tareas del hogar y sólo cuando alcanza una edad suficiente para ser prometida es cuando el patriarca familiar se hace con su control absoluto, esta edad podía estar en torno a los 15 años, es decir, la mujer griega pasa de estar bajo el yugo patriarcal al yugo marital. Hay casos en que la fémina dispone por herencia de mayores riquezas que el propio marido pero aún así, aunque sea ella la propietaria legal, queda supeditada al control del conyugue”. (http://www.atenea-nike.com/pagina_99.html). Pero cuando aparece Medea en acción, ella misma describe que ni sus propios hermanos y padre fueron obstáculos suficientes para detenerla a amar a Jasón, un hombre a quien le entrego sus favores pero desafortunada ella no conocía profundamente, y de sobremanera ese lado oscuro que flanqueaba su ambición y sed desenfrenadamente excesiva de fama para lograr engañar a su familia y desconsideradamente reconocer que su otra familia, o “estirpe real” será de mejor linaje que el de la mujer que sacrificó su cuna por el amor de un hombre insensato y poco centrado. Por ende, desde el principio Medea es una mujer que se vuelve autónoma en el momento que demuele a su casta y logra la independencia de tronco en otro país, pero que lamentablemente lo hace al lado de un hombre peor que su familia.

Junto a seres crueles, cínicos, cobardes y asesinos, resplandece el heroísmo inocente de tímidos muchachos y tiernas doncellas o mujeres, que sacrifican su vida por los demás, siendo éste el caso de Medea, que renuncia a todo por ayudar a Jasón y a la que solo le espera la traición y el sentimiento de culpa.

Lo que sí es claro en todo el texto es que Medea da una lección distinta de lo que es la mujer, sobre todo la griega en aquella época, pues consigue mostrar a sus enemigos que es tan capaz de hacer respetar lo que más adora como lo haría un macho enfurecido, que como en muchas ocasiones terminan encobardeciéndose al final ante la magnitud de los hechos; ratificando que en ella no aplica tal fórmula: “Obligada a la fidelidad más absoluta bajo pena de castigo y al cuidado de los hijos, siempre la veremos recluida en casa, encargándose de sus labores o en su defecto portando las riendas del hogar, en el caso que ésta tuviera un hijo varón, la tutela de la madre carece de cualquier autoridad y es únicamente el padre quién se hace cargo de la educación del hijo, sólo las niñas, exentas de educación escolar, quedarán bajo su cuidado hasta que alcancen la edad de casarse, iniciándose de nuevo el ciclo.” (http://www.atenea-nike.com/pagina_99.html).

Como parte importante del análisis, el cine y el teatro toman un papel esencial para la mayor claridad de lo que trasmite la obra, sus personajes deben representar aquellas situaciones de éxtasis que el autor plasma en la obra mediante el diálogo fuerte y enérgico entre los personajes, llevando a la realidad las escenas de cólera, nobleza, locura y maldad que hacen al vidente estremecerse ante la magnitud de las escenas, que muy bien se ofrecen en la obra de Eurípides; estas muestras de profesionalismo son las que llevan al observador a la reflexión de lo que la sociedad representa, y en este caso lo que la mujer enmarca en la obra: sus luchas, sus pasiones, sus ganas de sobresalir de las demás, de marcar un ícono de referencia respecto a lo que la mujer debe constituir para el resto del mundo, y lo más importante de la obra: la locura y desquicio que en ocasiones encarna un ser tan bello.

Lamentablemente en la película vista en clase titulada “Medea” no se cumple con los requisitos anteriormente mencionados, pues la puesta en escena es muy incipiente y no logra satisfacer al público lo que verdaderamente debe ofrecer una obra trágica como esta, y sobre todo si el espectador ya conoce la obra original, la cual, leída con juicio trastorna a cualquiera al darse cuenta de sucesos extraordinarios que uno no cree nunca ser ejecutados por una hembra y esencialmente el asesinato de sus hijos. Algo que no me gustó para nada fue la muerte de la hija de Creonte y el propio rey, pues consecutivo a la entrega de los regalos mandados por Medea a la princesa, esta corre sin explicación ni causa alguna de su habitación luego de probarse las ofrendas, no se ve ni el más mínimo rastro de tragedia hasta que se suicida, siendo este un acto muy estático, es decir, sin movimiento artístico representativo de la angustia y otros sentimientos que podría haber adoptado la princesa antes de su tonto suicidio. Y ni que decir de su padre, que luego de una larga persecución y ver a su hija estrellada en la arena no muestra ni una sola caracterización de la indignación de un padre al ver un hijo morir de este modo, lo mejor que pudo hacer fue quedarse callado, mirar y tirarse, así de sereno, como si nada hubiese ocurrido y al tirarse fuera a hacer volver su hija a palacio consigo mismo. Y no sé si sea la indignación en el momento por el filme, pero el final me pareció lo más absurdo y carente de sentido que haya visto antes; Medea asesina sus retoños, pero tampoco se capta el sentimiento de estos antes de la tragedia como se veía en la obra original de Eurípides:

“Un Niño: (Detrás de la escena.) ¡Ay, ay! ¿Qué haré, a dónde huiré de las manos de mi mamá?

El otro Niño: No sé, queridísimo hermano; perecemos.

El Corifeo: ¿Oyes, oyes como gritan los niños? ¡Oh miserable; oh desgraciada mujer! ¿Entraré en la casa? Hay que salvarlos de la muerte. (Toca a la puerta que está cerrada).

Un Niño: ¡Sí, por los dioses, socorro, aprisa!

El otro Niño: ¡Pronto, que ya la espada cae sobre nosotros! (Corre sangre por debajo de las puertas).” (“Medea” de Eurípides [2008]. Bogotá: Panamericana. Pág. 40).

En la película Medea limpia o baña en agua a sus hijos antes del asesinato, acto que me parece simbólico para dar muerte a alguien especial con el fin de purificar o limpiar ese ser querido que será sacrificado, no obstante, luego de la desconsolante escena en la que abraza por última vez sus pequeños niños no se les percibe agitados, momento en el cual esperaba desesperación y drama desenfrenado, pero que no se da por la estructura del filme, siendo una de las tantas razones para rechazar la película, como el final: una sucesión de reproches que no llevaban a nada y parecían no cesar y conducir a nada concreto, pero que sí dejaba vislumbrar el desquicio de una mujer cuando esta se encuentra en un estado de desesperación sin salida, sin patria, sin parientes, dejando inconclusa la suerte de Medea, una mujer que se logra emancipar del yugo masculino mediante la acción y devenir de la venganza, asesina para muchos, heroína para pocos.

En el caso de Antígona su emancipación da lugar en el momento que muerta de la ira decide dar honrada sepultura al cuerpo de su hermano Polinices, considerado por el rey Creonte de Tebas como traidor a la patria. Tras tan largo trecho se ve incapacitada para dar comienzo a la empresa liberadora de su espíritu. Sola, decide buscar apeo en alguien de su propia sangre, que sin embargo logró entender que quien es rebelde y sedicioso en numerosa prole, ninguno de su propia estirpe lo seguirá. El siguiente fragmento habla por sí solo:

“Antígona: ¿No ha decretado Creonte honrosa tumba al uno de los dos hermanos nuestros vedando sepultar al otro? Los honores debidos a los manes dicen tributa a Eteocles. Mas el cuerpo del tristemente muerto Polinices no enterrar, oigo, a la ciudad ordena ni lamentar; que yazca no llorado insepulto, a las aves carniceras grato botín, banquete apetecido. Esto, se dice, intímate el buen Creonte á ti, y mí también, según opino; y que aquí viene a pregonarlo claro, porque nadie lo ignore ni imagine ser de poco momento; pues quien haga de alguna suerte lo contrario sepa que lapidado habrá de ser del pueblo.
Tal es lo que te espera; y pronto mostrarás si generosa naciste ó de alta estirpe una villana.
Ismena: ¿Qué, pues, oh mísera, si tal es ello, podré yo hacer? ¿Dejar de hacer? ¿Qué ganaré?
Antígona: Ve si sufrir, obrar conmigo quieres.
Ismena: ¿En qué atrevida empresa? ¿Qué meditas?
Antígona: En si me ayudas a aliviar al muerto.
Ismena: ¿Al que enterrar a la ciudad se veda?
Antígona: A mi hermano y hermano tuyo, aunque no quieras.
Ismena: Oh audaz, ¿contra el mandato de Creonte?
Antígona: No puede, no, alejarme de los míos.
Ismena: ¡Pobre de mí! Oh hermana mía, piensa cuál nuestro padre ha perecido odioso, infame, sorprendiéndose a sí mismo en el delito y con su propia mano deshechos arrancándose ambos ojos, como luego su madre y mujer suya –todo á la vez– se estranguló a sí misma; y cómo al fin los dos hermanos nuestros matáronse uno al otro miserandos.


Las dos sólo quedamos; mira ahora cuánto más atroz muerte nos aguarda, si, a pesar de la ley, el regio edicto o imperio quebrantamos. Pensar debemos que mujeres somos, no poderosas a luchar con hombres; y a más que, sometidas a quien manda, hemos de obedecer en esto y cosas aun más acerbas. Por esto yo, a los manes de los muertos rogando, me perdonen; que forzada lo hago; a los soberanos me sujeto: lo imposible tentar es gran locura.
Antígona: Ya no te invito, y si venir conmigo hora quisieras, no me fuera grato. Mas sé cómo te plazca, yo le inhumo. Una vez hecho, moriré gustosa: le amé: con él quiero yacer amante, por mi piadoso crimen derribada; ya que más largo tiempo a los de abajo yo debo complacer que a los del mundo: allí por siempre yaceré. Tú, empero, si te parece, con desprecio mira lo que es ante los dioses lo más santo.
Ismena: No lo desprecio, mas obrar en contra de la ciudad entera yo no puedo.
Antígona: Tú tal pretextas; a erigir la tumba al hermano amadísimo yo parto.
Ismena: ¡Pobre de ti, cuál tiemblo por tu suerte!
Antígona: Por mí no temas: mira por ti misma.
Ismena: Tu intento calla, al menos, todo a todos, y yo otro tanto haré.
Antígona: ¡Ay publícalo!: muy más odiada de mí serás, si callas y no a todos lo anuncias.
Ismena: Corazón ardiente tienes en lo que hiela.

Antígona: Siento que complazco á los que complacer debo ante todo.

Ismena: Si lo pudieses: amas lo imposible.” ("Antígona." Microsoft Encarta 2007 [CD]. Microsoft Corporation, 2006).

Como se puede observar con claridad en el anterior fragmento, nos podemos enfocar en dos tipos de mujeres totalmente distintas, que en este caso, por ser hermanas y recibir la misma educación y costumbres no piensan similar a como se cree popularmente, error en el que yo mismo caí antes de analizar la obra trágica. Esencialmente, está la fémina revolucionaria y apasionada por sus deseos y ética como se personifica en Antígona, y la sumisa y recta ante la sociedad y mandatos establecidos como se personifica en su hermana Ismena, notándose a leguas el contraste existente entre los dos individuos, dando finalmente pie para poder reivindicar que en la antigüedad griega la mayoría de las mujeres estaban supeditadas al hogar y mantenimiento estructural de éste, convirtiéndose en las sirvientas de los hombres, sin importar a qué edad (desde que pudiera trabajar), ni a que varón, llamándose padre o hermano, esposo o hijos. Ismena como mujer de la obra trágica es un ejemplar indiscutible para la época, la cual en su propio discurso demostró darle más autoridad y gobierno a lo terrenal que a los muertos, al igual que señala las acciones que una mujer de la época no se atrevía a realizar, ni rayando en la desesperanza absoluta, pues si lo asía, era consciente de dos situaciones: su cabeza no volvería jamás a su cuerpo y su andar por la faz del planeta no cesaría en absoluto hasta encontrar asilo; el destierro era aquella situación en la que un griego optaría de gustosa manera andar solitario, jadeante y adolorido por los valles del Hades que humillándose en los áridos desiertos terrenales, siendo estos tal vez los determinantes más poderosos de la denominada cobardía femenina que hoy en día incluso se ven unos cuantos casos en la mujer tradicional. Por menester se trae de nuevo a colación: “Ismena: Las dos sólo quedamos; mira ahora cuánto más atroz muerte nos aguarda, si, a pesar de la ley, el regio edicto o imperio quebrantamos. Pensar debemos que mujeres somos, no poderosas a luchar con hombres; y a más que, sometidas a quien manda, hemos de obedecer en esto y cosas aun más acerbas. Por esto yo, a los manes de los muertos rogando, me perdonen; que forzada lo hago; a los soberanos me sujeto: lo imposible tentar es gran locura.” ("Antígona." Microsoft Encarta 2007 [CD]. Microsoft Corporation, 2006).

Respecto a Antígona, se establece desde el principio que es una mujer completamente autónoma para ejercer cualquier gestión por temeraria que sea, pues se puede notar que con la pérdida de tantos de sus familiares se ha vuelto muy reacia frente a lo que imponga el Estado y la sociedad como tal, pues estos actores son quienes prácticamente han atentado contra casi toda su familia llevándola al punto de no creer más en lo que se le imponga, sino más bien en lo que le dicta su forma de actuar frente a situaciones que ponen en peligro su integridad física como social, dejándose llevar completamente de su destino, que como muy bien lo sabe es morir algún día, y que siendo esto irremediable, es más prodigioso hacerlo muriendo por sus propios ideales y nos los impuestos por los mortales; ella lo traduce más como una forma de liberación hacia el Estado en la cuestión que el orgullo cuenta como una variable muy importante y significativa en este caso, ya que ella siente que debe responder antes a los intereses divinos que a los terrenales, para emprender una empresa familiar a la que tanto ha esperado desde los humillantes antecedentes de sus antecesores más cercanos como los de su padre Edipo y madre Yocasta, en los que igualmente a sufrido Layo.

Tomando a Antígona desde otra perspectiva se deja por sentado que es el tipo de mujer que más predomina en la sociedad actual, y no lo digo por enfrentarse a quien se le cruce por el camino sin importarle las consecuencias ni medios a proceder por cumplir con sus ideales (aunque también hay varios ejemplares, sobre todo en la televisión nacional), sino porque es una mujer que luchó hasta final en contra del sistema que tanto mal le ha hecho sin importar las consecuencias, y que no se rinde ante las dificultades de sus adversarios, como se puede contrastar con aquellas damas que a pesar de las circunstancias no se vencen para sostener a su familia enfrentándose contra el sistema u otros actores sólo por liberar el apetito de decir la verdad y enfrentar con rectitud todo lo que hacen, como es el caso de las periodistas y un sin número de madres colombianas cabeza de hogar que luchan día a día sin importar las inclemencias del tiempo para batallar por sus hijos y familiares.

Antígona refleja el dilema insuperable entre la voluntad o la razón individual y la fuerza de las leyes que fija la tradición.

Hablando un poco del autor, Sófocles se aprecia que transforma el mito y da a sus personajes una mayor humanidad, y va demostrando hasta que puntos antiguos mitos habían dejado de ser convincentes. Reconoce gran poder a los dioses y crea unos personajes con sentimientos propios, lo cual determina conflictos con el destino y la voluntad divina, como por ejemplo ese conflicto que surge en la tragedia Antígona, entre el amor a la estirpe y el sentido de un deber religioso por una parte, y por otra la prohibición que impone una ley humana.

Hallado en una fuente confiable y con mayor sentido crítico que supongo, me lanzo a apoyar la siguiente posición, pues sintetiza en muchos puntos la actitud de Antígona ante su liberación y puntos de vista acerca de sus propias normas y pensamientos ya que demostró ser una mujer con principios muy marcados capaz de argumentarlos y sostenerlos ante cualquier autoridad sin importar las consecuencias, pues su destino estaba marcado y lo conocía excelentemente.

“Antígona conjuga con modernidad augural el papel que desempeña la libertad frente al destino. Antígona es la protagonista femenina que desafía a los dioses, desobedeciendo las órdenes del rey Creonte, y entrega su vida honrando a su hermano muerto. Ella cumple su destino en el ejercicio de su libertad moral.

Toda la obra se presenta como un tratado político-moral que deja una enseñanza y en donde Antígona, le heroína, es atravesada por la tragedia y además cuestiona y revierte el sistema obedeciendo las leyes divinas, contraponiéndose de esta manera a las leyes humanas, impuestas por los mortales.” (http://es.wikipedia.org/wiki/Antígona).

Hilvanando el final de este análisis, encuentro apto razonar un poco más de la mujer pero con otro ejemplo de individuo que personifique el de una mujer enceguecida por la venganza siendo tan osada de atentar en contra de su propia madre. Aunque se nota muy agreste lo narrado anteriormente todo tiene su razón de ser, sus ‘causas’, a las que tanto se refiere Aristóteles para asignar el por qué de un hecho ocurre en la naturaleza. Resulta que entre las tantas oscuras pasiones humanas por las que debe navegar la humanidad como en fiera mar, Clitemnestra, la esposa de Agamenón y madre de Electra, decide asesinar a su esposo para obtener todos los favores de una viuda junto a su amante Egisto, en lo que luego del asesinato Clitemnestra justifica a Electra su proceder diciendo que su padre no es aquel hombre honorable y justo que ella conoce o por lo menos intenta, tachándolo de infanticida y mal conyugue, siendo esto el detonante para que Electra se sumergiera en la ira y emergiera como una vengativa hidra de numerosos miembros dispuesta a acabar con todos los homicidas de su querido padre con el cual se nota que tenía una gran confianza, respeto y admiración. La siguiente situación puede explicar un poco de lo que he dicho:

Clitemnestra: Tu padre, y nada más, es siempre para tí el pretexto: que fue muerto por mí. Por mí, lo sé bien, no puedo negarlo; la Justicia se apoderó de él, no yo sola, a la que deberías ayudar si fueras sensata. Este padre tuyo, al que siempre estás llorando, fue el único de los helenos que se atrevió a sacrificar a tu hermana a los dioses. ¡No tuvo él el mismo dolor cuando la engendró que yo al darla a luz! Anda, muéstrame por qué causa la sacrificó. ¿Es que vas a decir que por los argivos? Ellos no tenían derecho a dar muerte la que era mía. Por consiguiente, habiendo matado lo mío a favor de su hermano Menelao, ¿no iba a pagarme el castigo por ello? ¿Acaso no tenía aquel dos hijos, los cuales era más natural que murieran que ella, por ser hijos del padre y de la madre a causa de la que tenía lugar esa expedición?

¿O acaso tenía Hades mayor deseo de devorar a mis hijos que a los de aquélla? ¿Es que en el muy infame padre se había esfumado el amor por los hijos habidos conmigo y existía, en cambio, por los de Menelao? ¿No es esto mentalidad de un padre desconsiderado y perverso? Así lo creo, aunque hable de modo distinto a lo que opinas.

Y la que está muerta, si tomara voz, lo confirmaría.

Yo no estoy afligida por lo que he hecho. Si a ti, por tu parte, te parece que no tengo razón, censura a los que te rodean, pero con una argumentación razonable.” (“Electra” Sófocles. [1981]. Tragedias. Madrid: Gredos. Págs. 395, 396).

Deteniéndonos un rato se puede vislumbrar que en esta obra no es sólo una mujer la que lucha por lo que le corresponde, sino dos fieras que están dispuestas a hacer todo lo posible para persuadirse una con la otra para buscar y decidir los argumentos más válidos mediante la dialéctica para asesinar a alguien, cosa que no me parece muy civilizada establecer el destino de quien por las acciones que éste cometa, sobre todo si lo hacen dos mujeres que luchan por sus propios intereses sin importar que haya que hacer para tener la última palabra. En esta ocasión la hija sí es igualita a la mamá, aquí no cambiaron valores ni costumbres, desde siempre reconocieron que se repelerían como cargas eléctricas del mismo polo, y que cada una debía estar superpuesta de la otra, y la que no, en tierras lejanas, así fuese terrenal o divina.

Para finalizar cabe decir que el ejemplo de Electra o su madre no lo hayo en ningún lugar que conozca o frecuente, a excepción de que esté internada en alguna cárcel o tres metros bajo tierra, pero de lo que si estoy seguro es que toda mujer desarrolla este tipo de actitudes frente a su familia y con mayor especificación frente a su madre o padre, pero que con ayuda de la integración familiar se reduce a proporciones ínfimas de lo que considero y denomino como odio positivo, pues está presente pero no se libera.

No obstante siempre se encuentran casos parecidos, que en esta ocasión me topo con Anaïs Nin:

“Novelista norteamericana, famosa principalmente por el diario íntimo que llevó a lo largo de toda su vida y que constituye un testimonio de una época y de sus ambientes artísticos y literarios.

Nació en Neuilly-sur-Seine (Francia) el 21 de febrero de 1903, hija del compositor cubano Joaquín Nin y Castellano. Su infancia, cosmopolita y desarraigada, le hizo desarrollar el gusto por la vida errante y la costumbre de frecuentar los ambientes artísticos.

A los once años encontró en la escritura la única salvación posible a su drama íntimo: la fascinación amorosa por su padre y la conciencia clara de rechazar el incesto. Comenzó entonces un diario, publicado posteriormente con el título de “Diario de la infancia” y distinto del que continuaría en la edad adulta: “El Libro Incesto”, en el que se narran más pormenores sobre la relación que mantuvo con su padre.

Fue amiga de Henry Miller (cuyo Trópico de Cáncer prologó en 1934) y de su mujer June. Escribió, en colaboración con Henry Miller, el libro Una pasión literaria. La película norteamericana Henry & June (El diario íntimo de Anaïs Nin), dirigida en 1990 por Philip Kaufman, se ocupa precisamente de esta relación triangular y de los límites resbaladizos entre la amistad y el amor. Anaïs Nin, además, mantuvo una prolongada correspondencia con D. H. Lawrence. En París, donde formaba parte de la comunidad estadounidense de intelectuales de la generación perdida, intimó con el psicoanalista Otto Rank y tuvo una relación con Antonin Artaud. Murió el 14 de enero de 1977 en Los Ángeles.

La redacción de su Diario, que supone un total de varios miles de páginas, respondía, para Anaïs Nin, a una necesidad imperiosa. Este diario, que tiene algo de cuaderno de bitácora y algo de autoanálisis, relata tanto las conversaciones con sus amigos, escritores, artistas e intelectuales, como sus preocupaciones estéticas; anotó en él sus reflexiones cotidianas sobre los seres y las cosas, así como un análisis minucioso de sus propias emociones y motivaciones.” ("Anaïs Nin." Microsoft Encarta 2007 [CD]. Microsoft Corporation, 2006).

Sorprendentemente, la mujer anteriormente citada cumple con muchos rasgos similares a Electra, pues también demuestra un complejo al hablar de su padre Joaquín Nin y Castellano, tendencia que logró desarrollar positivamente a lo largo de su vida, aunque esta no hubiese sido muy normal por el constante deseo hacia la satisfacción de las más bajas pasiones, siendo aquí donde se puede aplicar el planteamiento aristotélico que referencia al justo medio y la prudencia como medios supremos para alcanzar la felicidad y estabilidad emocional. También se contrasta la ausencia de un modelo femenino claro, consolidándose como el factor de mayor importancia para la conducta de la dama, aunque al fin y al cabo fue una mujer de gran trayectoria e inteligencia capaz de trazar puntos de vista feministas y casi que revolucionarios en dicha época gracias a su irreverencia, siendo un modelo a seguir posteriormente por muchas mujeres.

Como conclusión puedo ser inequívoco en decir que cada una de estas mujeres hubieran realizado cambios significativos en la sociedad griega de no ser ficticias, no obstante no significa que estén muertas, pues hombres como Esquilo, Eurípides y Sófocles conscientes de la situación griega en aquel momento se arriesgaron a introducir textos con contenidos que superponían a las mujeres como seres heroicos que de alguna manera u otra en un factor importante en la vida del hombre, pues determinaba cómo debía vivir y cuáles eran sus funciones dentro el hogar, las mujeres son el regulador de la existencia humana y según eso el motor que día a día cuida de el hombre desde pequeños.

Aunque sus intromisiones en la política no fueron muy importantes influenciaban a los hombres con sus ideas equitativas, siendo estas las más grandes desconocidas de la historia.
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