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Textos bíblicos que lo apoyan


  1. I Pedro 4:7. “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración”. I Cor. 7:29-31; heb. 1:10-12; Mateo 24:35; I Juan 2:17; Mat. 28:20; 13:39,40; II Pedro 3:3-13.

  2. Hechos 1:11. “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”. Apo. 1:7; Heb. 9:28; Hechos 3:21; I Tes. 4:13-18; 5:1-11.

  3. Hechos 24:15. “…ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos”. I Cor. 15:12-59; Luc. 14:14; Dan. 12:2; Juan 5:28,29; 6:40; 11:25,26; II Tim. 1:10; Hechos 10:42.

  4. Mat. 13:49. “… saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos”. Mat. 13:37-43; 24:30,31; 25:31-33.

  5. Mat. 25:35-46. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”. Apo. 22:11. “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía”. I Cor. 6:9,10; Marcos 9:43-48; II Pedro 2:9; Judas 7; Fil. 3:19; Rom. 6:22; II Cor. 5:10,11; Juan 4:36; II Cor. 4:18.

  6. Rom. 3:5,6. “¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre). En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?” II Tes. 1:6-12. “Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, … cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron…”. Heb. 6:1,2; I Cor. 4:5; Hechos 17:31; Rom. 2:2-16; Apo. 20:11,12; I Juan 2:28; 4:17.


PUESTO QUE TODAS ESTAS COSAS HAN DE SER DESHECHAS, ¿CÓMO NO DEBÉIS VOSOTROS ANDAR EN SANTA Y PIADOSA MANERA DE VIVIR, ESPERANDO Y APRESURÁNDOOS PARA LA VENIDA DEL DÍA DE DIOS?”. II Pedro 3:11,12.
CONFESION DE FE
La presente Confesión de Fe, es conocida como la Confesión Ortodoxa Bautista de Fe. Participaron en su redacción varias personas, especialmente deben mencionarse el Dr. W. Lee, Rector, Pastor de la iglesia de Ardmore Oklahoma, y el Dr. T. Nelson Colyar de Denver, Colorado, EE. UU., de Norteamérica.

1. Dios
Creemos que hay un solo Dios Vivo y Verdadero; Absoluto en naturaleza, perfecto en atributos, santo en carácter, hacedor y supremo gobernante del cielo y de la tierra. Que es infinito en sabiduría, maravilloso en poder y sorprendente en amor; que es santo, justo y verdadero, digno de toda confianza y amor; que une en sí lo infinito, lo eterno, y el Todopoderoso Dios trino: Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu Santo. Que las tres personas de la trinidad de Dios subsisten en la misma naturaleza divina, esencia y ser; y que son coexistentes e iguales juntamente en todo atributo divino, cada uno desempeñando oficios distintos y armónicos en al gran obra de redención.
Gen. 1:1; Deum. 4:39; Marcos 12:29; Gen. 17:1; Mat. 5:48; Isa. 6:3; I Cro. 29:11-12; Salmos 19:9; Mateo 28:19; I Pedro 1:2-3; I Juan 5:7; Exodo 3:14, Gen. 1:26 y Tito 3:3-7.

2. La Santísima Trinidad
1. DIOS EL PADRE. Creemos que Dios el Padre es la primera persona de la Santísima Trinidad. Que es Todopoderoso, misericordioso y justo; que es santo, recto y verdadero. Que existe eternamente, es glorioso en naturaleza, poseedor de los atributos de omnipotencia, omnisciencia y omnipresencia; y que en armonía con sus oficios divinos, ama, provee y protege con cuidado providente, a los hijos de los hombres, y especialmente en cuidado paterno de los hijos de Dios.
Mat. 28:19; Gén. 17:1; Mat. 19:26; Sal. 19:9; Isa. 6:3 ; Sal. 100:5 ; Prov. 15:3; Sal. 139:1-6; Sal. 139:13-14; Sal. 103:13; Mat. 6:25-30; Mat. 10:29-31 y Mat. 7:11.
2. DIOS EL HIJO NACIDO ENGENDRADO VIRGINALMENTE. Creemos que Dios, el Hijo es la segunda persona de la Santísima Trinidad. Que es Dios, el verdadero Dios; que es Todopoderoso, misericordioso y justo; que es santo, recto y verdadero. Que existe eternamente, es glorioso en naturaleza, poseedor de los atributos de omnipotencia, omnisciencia y omnipresencia. Que Dios el Padre, por medio del Espíritu Santo es su Padre divino, real y eterno. Y Maria la virgen es su madre humana e inocente, y que El en armonía con sus oficios divinos, media, busca, salva, en ejercicio de su obra mediadora de redención.
Mat. 28:19; Juan 1:1-3,14; Isa. 9:6; Mat. 28:18; Tito 3:5-6: Juan 8:15,16; II Cor. 5:21; Heb. 13:8; fil. 2:6; Juan 2:24; Mat. 28:20; Lucas 1:35 y 2:7-14; I Tim. 2:5-6; Lucas 19:10 y Juan 3:16.
3. DIOS EL ESPÍRITU SANTO. Creemos que Dios el Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, que es Todopoderoso, misericordioso y justo; que es santo, recto y verdadero. Que existe eternamente, glorioso en naturaleza, poseedor de atributos de omnipotencia, omnisciencia y omnipresencia. Que El reprime al mundo, la carne y al diablo; que testifica la verdad, da convicción al perdido, enaltece a Cristo, y da testimonio de los juicios correctos de Dios. Que El en armonía con su oficio divino, conforta, enseña, atestigua, predica, guía, regenera, comisiona, santifica, y unge fortaleciendo la obra de salvar al perdido y supervisar la vida del que ya es salvo.
Juan 14:16-17,26; Juan 15:26; Juan 16:7-13; Heb. 9:14; I Pedro 4:14; Isa. 40:12-15; I Cor. 2:10-12; Salmo 139:7-12; II Tes. 2:6-7; Juan 3:6,6; Efe. 1:13-14; Hech. 1:8; I Ped. 1:2; Isa. 61:1.

3. El Demonio
Creemos que Satanás es una persona real y no sólo influencia imaginaria. Que hubo tiempo en que gozó de grandes honores y altos privilegios celestiales; que su orgullo, ambición y voluntad propia trató de traicionar al Todopoderoso y por eso echó sobre su cabeza los juicios de Dios. Que él trabaja como señor de este mundo y como príncipe del poder de los aires; que es un inventor diabólico, engañador y padre de toda mentira. Que es el enemigo mayor, el genio más poderoso y acusador incansable de todos los santos; que un día será encarnado en la persona del anticristo y que como tal se enfrentará a Cristo en la batalla de Armagedón. Que entonces, la “simiente de la mujer, destruirá la cabeza de la serpiente” y que él será arrojado al lago de fuego ardiente; el lugar de castigo eterno preparado para el demonio y sus ángeles.
Job 1:6-12; Job 2:1-7; Eze. 28:12-19; Isa. 14:12-27; Gen. 3:14; II Cor. 4:4; Efe. 2:2; Mat. 24:11; II Tes. 2:7-11; Juan 8:44; I Ped. 5:8; Gen. 3:1-6; Apo. 12:10; Dan. 7:8; Apo. 13:1-10; Apo. 19:20; Gen. 3:15; II Cor. 11:13-15; Juan 14:30 y Efe. 2:2.

4. La Santa Biblia
Creemos que la Santa Biblia es un libro sobrenatural; que es la Palabra de Dios; que es la revelación completa, final y plena de la voluntad de Dios para el hombre. Que tiene por autor a Dios, el Espíritu Santo; su fin es la salvación, y la verdad original su base, sin mezclar error alguno en su forma. Que fue escrita por hombres santos de la antigüedad bajo la dirección y dictado inmediato del Espíritu Santo. Que está inspirada verbalmente y es un tesoro perfecto para la instrucción religiosa; que revela los principios por medio de los cuales Dios habrá de juzgarnos y por consiguiente es el verdadero centro de la unidad cristiana, así como la norma suprema por la cual son probados la conducta humana, los credos y las opiniones.
Sal. 119:89; II Tim. 3:16-17; Apo. 22:18-19; Juan 17:17; Juan 3:32-34; II Pedro 1:20-21; I Pedro 1:10-12; Sof. 1:1; Sal. 19:7-11; Exodo 20:3-17; Sal. 1:2 y Juan 12:48.

5. La Creación
Creemos que el relato de la creación del Génesis, es literal, y no alegórico o figurativo. Que Dios personalmente creó los cielos y la tierra; que milagrosamente sacó la materia de la nada; que hizo toda forma específica de alma viviente, sujeta a los cambios limitados dentro de su especie; que ordenó en forma definida a cada especie crecer, y multiplicarse. Que después de lo demás formó al hombre del polvo de la tierra no por algún proceso evolutivo, sino por acción instantánea y que habiendo soplado en su nariz aliento de vida de inmediato el hombre se transformó en ánima viviente. Que creó al hombre a su imagen y semejanza; que su acto creador fue completo y perfecto; y que ninguno de sus actos creadores, quedó sujeto a cambios naturales que habrían de efectuarse en períodos interminables o de tiempo.
Gen. 1:1; Juan 1:1-3,14; Heb. 11:3; Gen. 1:21,24-27; Gen. 2:7 y Col. 1:16.

6. La Caída del Hombre
Creemos que el hombre fue creado originalmente en estado de santidad, realmente asociado con Dios en inocencia bajo su ley. Que por trasgresión voluntaria del mandato de Dios, cayó del estado alto y feliz del que fue creado, y en consecuencia se convirtió en pecador, alejado de Dios, e hizo caer la justa condenación sobre toda la humanidad. Y que ahora, por virtud de su naturaleza caída está desprovisto de la santidad, y está inclinado positivamente hacia el mal, y condenado a la ruina eterna, sin defensa o excusa.
Gen. 1:26-27 y Ecl. 7:29; Gen. 3:6; Gen. 3:23,24; Ezeq. 18:4; Rom. 5:12; Rom. 1:21-23; Rom. 3:10-18 y Apo. 21:8.

7. Expiación por la Sangre
Creemos que el pecador perdido es culpable, por tanto está bajo justa condenación; que por naturaleza está alejado de Dios y por su pecado, condenado a morir; que la expiación del pecado se efectúa por la obra mediadora del Hijo quien por designación divina libremente tomó sobre sí, nuestra naturaleza pero sin pecado; que por obediencia, durante su vida terrenal cumplió la ley divina y por su muerte en la cruz, realmente satisfizo el castigo de la ley quebrantada sufriendo en lugar del pecador; que por medio de su obediencia y muerte sacrificial, Él efectuó expiación vicaria completa por todo pecado; que él murió, el justo por los injustos llevando sobre su cuerpo nuestros pecados en la cruz; y que por el derramamiento de su sangre en la cruz del calvario hizo provisión eterna para la limpieza, el perdón, la pez y el descanso.
Rom. 6:7; Isa. 53:6 y Rom. 8:23; I Tim. 2:5,6; Heb. 2:17; II Cor. 5:21; Mat. 5:17-18; I Ped. 2:24; Heb. 10:10-12; I Ped. 3:18; Apo. 1:5; Isa. 55:7; Juan 14:27; Mat. 11:28; I Juan 1:7; Efe. 1:7 y Heb. 9:22.

8. Arrepentimiento y Fe
Creemos que el arrepentimiento y la fe son requisitos inseparables para la salvación; son gracias inseparables que se efectúan en el corazón por la virtud del Espíritu Santo; que el pecador alejado, convencido profundamente de su pecado, de justicia y del juicio que vendrá; por ministerio personal del Espíritu Santo, y habiendo sido iluminado en su entendimiento por Él, a fin de que pueda ver el camino de salvación que hay en Cristo; se arrepiente, se torna a Dios con genuina contrición, confesión y súplica; y que rindiéndose de todo corazón al Señor Jesucristo, lo recibe de inmediato como su Salvador personal único y suficiente; y lo confiesa abiertamente ante sus semejantes.
Hech. 20:21-22 y Mar. 1:15; Hech. 11:18; Efe. 2:8; Juan 6:44; Juan 16:8-11; Mat. 3:1-2,8; Hech. 3:19; Luc. 13:3; Luc. 18:9-14; Hech. 9:6 y Rom. 10:10.

9. Salvación por la Gracia
Creemos que la gracia es efectiva y salva; que abarca el ministerio personal trino redentor del Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo; que abarca toda la obra realizada por el Todopoderoso en interés de la justicia perfecta, y salvación del alma perdida; que incluye toda presciencia, toda preordenación y predestinación; que ésta y solo ésta salva eternamente a aquel que se arrepiente ante Dios y cree en el Señor Jesucristo; que por tanto la salvación se obtiene plenamente por la gracia. “El don gratuito de Dios”, que no necesita cultura, obras, de alguna forma para su obtención ni para retenerla.
II Tim. 1:8,9 y Efesios 2:8,9; Tit. 3:3-7 y I Pedro 1:2-5; Mat. 23:37; Rom. 8:28-30; Heb. 7:25 y Hechos 20:20,21; Rom. 6:23; Rom. 11:6; Rom. 5:20; Isa. 1:18; e Isa. 55:1

10. Regeneración
Creemos que el pecador perdido para ser salvo necesita nacer de nuevo; que la regeneración es un acto recreador, que sobrepasa la comprensión; que es llevado al corazón del creyente por ministerio personal del Espíritu Santo; que es instantáneo, milagroso, y no es evolutivo o cultural; abarca los actos divinos de la limpieza del corazón de todos los pecados internos y el perdón del alma de toda culpa externa en conexión con la obra de convertirse en criatura nueva en Cristo Jesús; que al pecador muerto se le hace vivir por medio del nuevo nacimiento y se convierte en espíritu regenerado poseedor del don de Dios que es vida eterna; que el nuevo nacimiento viene después que el Espíritu Santo, produce arrepentimiento voluntario y creencia en el evangelio; que es impartimiento de la vida divina; no una mera transformación de la vida humana; y que la evidencia adecuada de la regeneración aparece en los frutos santos de la fe obediente y dispuesta de los seguidores del Señor Jesús.
Juan 3:3-5,7; II Cor. 5:17; Juan 3:8 y Juan 3:16; Juan 1:12-13; Isa. 1:18 y Tito 3:5-7; Efesios 2:1,5 y Rom. 6:23; Juan 16:8-11; Mateo 7:16-18 y Santiago 2:17-20.

11. Justificación
Creemos que la justificación es una de las grandes bendiciones obtenidas por medio de Jesucristo para quienes confían en él; que es un acto divino que declara justo al pecador arrepentido; que por tanto es un estado libre de condenación, que incluye el perdón de los pecados internos y de los externos; que por medio de la fe obtiene la liberación legal que exime de la ira de Dios, y la posesión de paz que sobrepuja todo entendimiento; que es concedida, no en atención a obras de rectitud o hechos, sino sólo ante la evidencia de fe en Dios y en la sangre redentora; que nos brinda una situación de paz inefable y favor con Dios, y nos da toda bendición necesaria para hoy y para la eternidad.
Rom. 3:24,25; Rom. 3:28; Rom. 8:1; Juan 5:24 y Rom 4:3-8; Rom. 6:6; Rom. 5:9; Rom. 5:1 y Fil 4:7; Rom. 8:31-33; Gen. 15:6; y Heb. 2:4.

12. Seguridad del Creyente
Creemos que la salvación que proviene. De la gracia es eterna; que el alma salvada del valle de sombra de muerte no debe tener ningún mal; que el engendrado y nacido del Espíritu Santo es protegido por el poder de Dios; que el creyente en Cristo Jesús no será llevado al juicio del trono blanco; que nadie puede acusar a los escogidos de Dios; que ambos están asegurados en la mano de Dios y la del Hijo y que la antigua doctrina bautista de “Una vez en la gracia, siempre en la gracia” es gloriosa y celestialmente verdadera.
Juan 3:16; Juan 3:36; Juan 5:24; Juan 6; Salmo 23:4; Isa. 37:23,24; Fil. 1:6 y I Pedro 3:5; Juan 5:24 y Rom. 8:1; Juan 10:27-29; Rom. 8:31-33; Rom. 8:35-39 y II Tim. 1:12.

13. Santificación
Creemos que la santificación es obra de la gracia divina; es un acto de gracia por medio del cual se aparta al creyente para Dios y es dedicado a su propósito y a su rectitud; que por medio de ella entramos en posesión de los privilegios divinamente señalados, y somos participantes en mayor grado de su santidad; que es una obra progresiva que principia con la regeneración y es llevada a cabo en la vida de todo creyente por la presencia y el poder del Espíritu Santo y la Palabra de Dios; y que es alimentado sólo por señalados medios celestiales, especialmente por el Espíritu Santo, la Palabra de Dios, y el examen personal del individuo salvo, la obediencia, la negación individual, el cuidado esmerado y la oración.
I Tes. 4:3 y I Tes. 5:23; Rom. 15 :16 y Jer. 1 :5 ; Prov. 4 :18 ; Juan 17 :17 y II Cor. 3:18; I Juan 2:29 y Rom. 8:5; I Tim. 4:5; Lucas 9:23; Mat. 24:42 y Mat. 7:7-11.

14. La Segunda Venida
Creemos que Jesucristo vienen otra vez a la tierra; que su regreso será personal, audible, visible y corporal; que ello marcará el adviento del “día del Señor” e introducirá el milenio; y que en aquel día, El trastornará las mesas de Satanás, tomará el trono de David su padre, pondrá a sus enemigos bajo sus pies con vara de hierro, triunfará sobre el pecado, y dará al mundo ejemplo de su gobierno recto durante mil años de reinado personal en la tierra.
Job 18:25,26; Isa. 9:6-7; Zac. 14:4; Mal. 4:2; Luc. 1:31-33; Mat. 25:31-34; Apo. 19:11-21; Hechos 1:11; I Tes. 4:16-17; Apo. 1:7; II Ped. 3:10; Apo. 20:4-6; 19:20; 20;1-3; 20:10; Isa. 9:7; I Cor. 15:25-27; Salmo 2:9; Apo. 12:5; 19:15; I Juan 3:8 y Salmo 72:1-20.

15. Resurección
Creemos que Jesucristo resucitó corporalmente de la tumba el primer día de la semana por el cual celebramos en la actualidad, el Día del Señor como día de adoración. Que su emergencia milagrosa de la tumba anuncia una resurrección igual para todo miembro de la raza de Adán. Que los muertos en Cristo se levantarán con cuerpos glorificados como el de Él; que serán arrobados para recibir al Señor en el aire; que los muertos en pecado o os muertos sin Cristo se levantarán al terminar el milenio; y serán presentados ante el gran Trono Blanco del Juicio cara a cara con el Juez de los vivos y de los muertos.
Mateo 28:6 y Lucas 24:1-12; I Cor. 15:12-22; I Tes. 4:13-18; Apo. 20:5,6; 11:15; Dan. 12:3; I Sam. 2:6; Isa. 26:19; Oseas 13:14 e Isa. 25:6-8.

16. Recompensas Individuales
Creemos que las recompensas y la salvación no son la misma cosa. Creemos que el Señor premiará a los suyos; que descenderá del cielo con poder; que primero se levantarán los muertos en Cristo; que se hará una separación solemne; que los lavados con la sangre y (los) engendrados por el Espíritu serán reunidos para recibir al Señor en el aire y que habrá recompensas de acuerdo con lo hecho en el cuerpo. El lugar llamado nuevo cielo y nueva tierra son ordenados como lugares perennes para ser habitados por los hijos de Dios. Creemos que los malos son hijos del diablo; que se han rebelado contra Dios; que han rechazado el don gratuito de la salvación por medio de Cristo; que ignoran los llamados del Espíritu Santo y en consecuencia se hallan ceñidos por el infierno, bajo sentencia de muerte. Que pasarán la eternidad en el lago de fuego encendido con azufre, donde el dragón, la bestia, y el falso profeta estarán para siempre.
I Cor. 3:11-15; I Tes. 4:16-18; Mat. 24:40,41; Mat. 13:47-50; I Cor. 3:8 y Apo. 21:1-8; Juan 8:44; Rom. 8:7; Juan 3:18; Apo. 20:10-15 y Rom. 6:23.

17. Los Justos y los Impíos
Creemos que hay una diferencia radical entre los justos y los impíos. Creemos que los justos son los que creen en Cristo Jesús, han sido justificados por la fe y santificados por el Espíritu y la Palabra. Que los justos son herederos de Dios y coherederos con el Señor Jesucristo; y que la vida eterna, el don de Dios, es la posesión inigualable con los justos. Creemos que los impíos no creen en Jesucristo, están condenados por su incredulidad y están corrompidos por el dios de este mundo; que los injustos menosprecian los privilegios de la gracia de Dios escogiendo la vida de rebelión y de pecado; y que el hundimiento eterno es la porción inescapable de los impíos.
Mal. 3:16-18 y Juan 3:6; Rom. 3:22-24; Rom. 4:3; Rom. 1:17; Rom. 8:1-17; Hechos 20:32; Juan 15:3; Rom. 8:17; Rom. 6:23; II Cor. 4:4; Apo. 21:8; Mat. 23:37; Prov. 29:1 y Mat. 25:41.

18. La Iglesia Local
Creemos que una iglesia en armonía con el N.T. de acuerdo con el propósito y el plan divino, es un cuerpo local, organizado y visible; que está integrada por los creyentes bautizados y asociados mediante pacto en la fe y el compañerismo del Evangelio; y su validez del N.T. fluye de la obediencia estricta a los principios esenciales de la ley del N.T. Que es un cuerpo soberano, independiente, demócrata y autónomo. Que su ministerio es bendecido gloriosamente con la presencia y dirección del Espíritu Santo y por la luz y la revelación de la Palabra escrita; que el trabajo debe ser siempre de dentro hacia fuera, y no de fuera hacia adentro; que es un cuerpo de gobierno propio; es su único juez, bajo las limitaciones que le da la Escritura, en cuanto a la medida y el método de la cooperación. Que es el único tribunal eclesiástico que tiene el Señor en la tierra; que su juicio es la última palabra en cuanto a la membresía, las misiones, las ofrendas, alineamiento de cooperación, y sostén económico; que fue fundada personalmente por Jesucristo durante su ministerio en la tierra; que está sujeta a sus leyes y es custodio de sus ordenanzas. Que la perpetuidad de nuestra fe, de nuestras doctrinas, prácticas, ordenanzas y ordenaciones se ha llevado a efecto por medio del Espíritu Santo quien planta y preserva las iglesias bautistas de la misma fe y orden a través de las edades hasta el presente.
Mateo 28:19,20; I Cor. 1:1-3; Hechos 2:41,42; II Cor. 8:5; Mat. 16:19; Mat. 18:15-17; Juan 14:16-17,26; Hechos 1:8 y 13:1-4; Mateo 18:17,18; Mat. 16:18,19; Mat. 26:26-29; Mat. 28:19,20; I Tim. 3:15; Marcos 3:13,14; y Lucas 6:12,13.

19. Ordenanzas
Creemos que el bautismo y la Cena del Señor son ordenanzas establecidas personalmente en la iglesia de Dios por el Señor Jesucristo. Creemos que el bautismo es la sepultura en agua del creyente por la autoridad e instrucción de la iglesia bautista local; que simboliza la muerte, sepultura y resurrección del Señor Jesucristo; también tipifica la muerte del creyente en cuanto al pecado, la sepultura de su naturaleza vieja y su resurrección a la vida nueva; también que es administrado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Nosotros creemos que la Cena del Señor es un rito conmemorativo administrado por autoridad e instrucción de la iglesia bautista local; que simboliza el cuerpo traspasado y la sangre derramada del Hijo de Dios; que celebrarla apunta hacia el Señor crucificado en el calvario, y hacia delante a Su retorno en gloria. Creemos que estas ordenanzas no son sacramentos, sino símbolos sagrados que señalan al único Salvador del mundo e invitan a los hijos de los hombres a anticipar el compañerismo eterno con el Rey de reyes y Señor de señores cuando retorne a tomar para Sí mismo todo reino y todo gobierno.
Mateo. 26:26.29; Mateo 28:19; Rom. 6:3-5; Mateo 16:19; Hechos 10:47; I Cor. 11:23,24; I Cor. 11:24,25; y I Cor. 11:26.

20. Administración de la Iglesia
Creemos que las iglesias de Dios deben estar completamente separadas del estado; que se debe orar por los oficiales civiles, se les debe respetar y obedecer conscientemente. Que con diligencia, debe procurarse hacer la voluntad de Dios en todos los asuntos de la iglesia; que el trabajo misionero de la iglesia debe extenderse de dentro hacia fuera. Que los pastores y diáconos como únicos oficiales de la iglesia nombrados por acción divina deben ser ordenados debidamente haciéndoles comprender los deberes sagrados que de allí se derivan. Que tanto los santos como los pecadores deben guardar el Día del Señor, el primero de la semana; que las enseñanzas de la Biblia han de presentarse en forma constante y completa a los cuerpos leales de la iglesia; que con oración y deliberación debe integrarse a todos los miembros en la comunión del cuerpo local; que la iglesia debe corregir, y disciplinar en oración y de acuerdo con las Escrituras a los miembros que no ameriten; y que cuando lo soliciten, debe extenderles cartas de traslado para iglesias hermanas de la misma fe y práctica.
Hechos 1:8 y Hechos 13:1-35; Rom. 13:1-7; Hechos 14:23 y Hechos 6:1-6; Hechos 2:42; Apo. 1:10; Mat. 16:19 y Hechos 10:47; Mateo 18:15-17; Hechos 15:19-27 y Hechos 18:27 y Rom. 16:1,2 y Mateo 28:19,20.

21. Cooperación Eclesiástica
Creemos que es privilegio y derecho de las iglesias locales cooperar unas con otras para llevar a efecto el mandato del Señor; que esa cooperación se hace efectiva sólo cuando se conservan los principios de Cristo en el trabajo realizado; y que todos los esfuerzos juntos de las iglesias locales deben llevarse a cabo de modo que preserve la integridad soberana de cada cuerpo local en todos los asuntos de fe y prácticas.
II Cor. 8:1-6; 16-24; II Juan 1-4; Mateo 16:18,19 y Hechos 15:19-27.

CITAS DE ESCRITOS AUTORIZADOS, QUE PRUEBAN

LA ANTIGÜEDAD DE LOS BAUTISTAS

“Si la verdad de la religión hubiera de juzgarse por la disposición y osadía que cualquier miembro de una secta muestra en el sufrimiento, no hay opinión o persuasión más verdadera y segura que la de los anabaptistas puesto que en los últimos doce siglos nadie ha sido mas castigado, ni nadie se ha sostenido con mayor gozo, hasta el caso de ofrecerse a los castigos más crueles, que esa gente” (Cartas de Hosio, Apud, opera, 112-113 Magazine Bautista CVIII, 278. Mayo de 1826).
El cardenal católico – romano Hosio fue presidente del Concilio de Trento. Escribió en 1554 D.C. Esto establece la existencia de los bautistas, por lo menos desde 354 D.C.
“La institución del anabaptismo no es una novedad, pues ha causado gran confusión en la iglesia por trescientos años, y ha adquirido tal fuerza que cualquier esfuerzo para oponerse a ellos en esta época resulta inútil al menos por algún tiempo”.
Zwinglio el reformador suizo, colaborador de Lutero y de Calvino en la reforma de 1525.
“Anterior al levantamiento de Lutero y de Calvino, había latentes en casi todos los países de Europa persona aferradas tenazmente a los principios de los bautistas holandeses modernos”.

Moheím; historiador luterano de gran reputación.
“Mas adelante mostraremos que el movimiento de los anabaptistas se llevó a efecto antes de la Reforma de la Iglesia de Inglaterra, y hay razones suficientes para creer que en el continente europeo había pequeñas sociedades cristianas ocultas que sostienen muchas de las opiniones de los anabaptistas, los cuales han existido en el tiempo de los apóstoles. Parece posible en cuanto se trata de la transmisión directa de la verdad divina y de la verdadera naturaleza espiritual de la religión que estas iglesias tienen linaje sucesión más antigua que la Iglesia Católica Romana” (Barclay, “La vida interna de las sociedades de la nación”, 11, 12, Londres 1876).
Dicho por el Cuáquero Roberto Baclay.
“De los bautistas, pueden decirse que no son reformadores. Esa gente constituye cuerpos de creyentes cristianos conocidos con varios nombres en diferentes países, los cuales son independientes y distintos de las iglesias griegas y romanas; y que han mantenido su continuidad a través de los siglos desde los tiempos apostólicos. Durante ese largo periodo fueron perseguidos duramente por herejía, lanzados de un país a otro, privados de sus derechos, de sus propiedades, fueron encarcelados, torturados y muertos por militares; sin embargo no renegaron de la fe en el Nuevo Testamento, su doctrina o sus practicas”.
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