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Disertación del maestro:


  1. Problemas encarados por quienes no aplican la disciplina formativa. ¿Qué quiere decir “Crecer en la gracia”?.

  2. En cualquier camino de la vida hay disciplina formativa: en la familia, la escuela, los negocios, en lo físico, lo mental, y lo espiritual.

  3. Problemas que la iglesia tiene que afrontar cuando no ejercita la disciplina correctiva.

  4. ¿Por qué cuando la iglesia pone en práctica la disciplina correctiva no necesita ejercerla a menudo?


Tareas para el alumno:


  1. Explique la necesidad de la disciplina.

  2. ¿Por qué necesita el cristiano crecer en la gracia?

  3. ¿Cuál es el efecto de la disciplina formativa en el individuo y en la iglesia?

  4. ¿Cuál es la diferencia entre la disciplina correctiva y la formativa?

  5. ¿Cómo tratar las ofensas personales?

  6. ¿Cómo deben ser tratados las ofensas publicadas?


Preguntas para discusión:


  1. ¿Qué pasa al creyente que no crece en la gracia?

  2. ¿Cómo podemos ayudarnos mutuamente para crecer en la gracia?

  3. ¿Estamos todos propensos a pecar y ofender a otros?

  4. ¿Qué proporción de las ofensas son resultado de malos entendimientos?

  5. ¿Qué diferencia hay en entre ofensas privadas y publicas?

  6. ¿Cuál es el espíritu en que la iglesia debe basar sus actos?


Lección 43
COMO TRATAR LOS MIEMBROS SEPARADOS
Oración: Que Dios nos conceda gracia y valor para hacer lo que es recto en cuanto se refiere a la disciplina correctiva.
El asunto que nos ocupa es de mucha importancia, porque tiene que ver con el efecto que produce la disciplina de la iglesia. No se necesita cortar toda relación social con el miembro separado porque se perdería toda oportunidad para mostrarles buena voluntad; tampoco debe ser igual a la que se tenía antes de la separación pues se perdería el efecto de la disciplina. Los miembros de la iglesia tienen que actuar a modo que la separación surta el efecto moral deseado. El apóstol Pablo sienta la siguiente regla: “no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis”. I Cor 5:11. No debemos convivir con tales es decir. La relación social no debe ser al grado que preste apoyo a sus ofensas. Andrés Fuller lo expresa bien diciendo: “En caso de que miembros individuales obren en contraposición a esta regla y actúen libremente con el ofensor como si nada hubiera pasado la disciplina de la iglesia pierde su efecto total. Las personas que así obraren serán consideradas como amigas suyas y a los demás como si fueran enemigas, o por lo menos demasiadas severas sin razón; todo eso produce confusión nulifica la mejor y más sana disciplina. Debemos obrar de acuerdo si queremos conseguir algo. Los miembros que violan esta regla se hacen cómplices de los pecados de otros hombres y merecen la amonestación de parte de la iglesia por no acatar sus decisiones” (Obras, Vol. III pp. 334, 335). Terminamos el asunto con referencia a II Tes. 3:14,15. “Si alguno no obedece a lo que decidimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano”.
Metas a Conseguir por Medio de la Disciplina
De importancia son:

  1. La gloria de Dios. Todo cuanto permita la disciplina correctiva deshonra a Dios. Mientras más se alcahuetee, más se le deshonra. La necesidad de su existencia en cualquier terreno muestra que hay cosas en conflicto abierto con la voluntad de Dios. Todo lo que entra en conflicto con s voluntad afecta su gloria. Por tanto si el propósito es honrar a Dios y promover su gloria, hay que ejercer la disciplina de la iglesia para corregir cuanto está en conflicto con su voluntad y obscurece su gloria. Nuestro Dios es infinitamente Santo, y el no ejercer disciplina cuando hay ofensas personales o públicas, e muestra como alcahuete iniquidad. Las iglesias deberían temblar sólo frente a tal pensamiento y recordar que el Dios Santo a quien sirven, también es celoso.

  2. La pureza de las iglesias. Los seguidores de Cristo aunque viven en el mundo, no son del mundo. Son llamados de entre las tinieblas a la luz maravillosa – llamados a ser santos – llamados con llamamiento santo – y en la forma corporada de iglesias, son depositarios de los principios puros del evangelio. Son los representantes en el mundo de Cristo – luces en el mundo, ciudades edificadas en colinas que no se pueden esconder. Pablo dijo a los corintios: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia¿ ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? II Cor. 6:14,15. Estas preguntas significativas muestran que el espíritu del cristianismo y el espíritu del mundo son del todo irreconciliables. Por tanto para que las iglesias mantengan su pureza deben aplicar la disciplina correctiva a cuantos viven indignamente. Deben hacerlo para vindicar “la verdad que hay en Cristo” y representar su doctrina para antagonizar cuanto es malo. Especialmente cuando se trata de expulsar algún miembro indigno. En I Cor. 5:1 el apóstol dice: “¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?” como si hubiera dicho “¿ignoráis que la retención de un trasgresor flagrante corrompe a toda la iglesia?”. La pureza de las iglesias no puede ser preservada sin actos disciplinarios que tiendan a corregir.

  3. El bien espiritual del que es disciplinado. Esto es algo más que debe recordarse en los procedimientos disciplinarios. Ya hemos visto que en asuntos de ofensas personales “ganar” al hermano ofensor es lo que debe buscarse primero. Aquellos que han “sido hallados en alguna falta” siendo posible, deben ser restaurados. Y cuando una iglesia toma un acuerdo de separación – entregando a un miembro en manos de Satanás (I Cor. 5:5) – es decir formalmente pasándolo de la jurisdicción de Jesucristo a la del diablo – ha de hacerse “para que el espíritu pueda ser salvo en el día de el Señor Jesús”. No debe existir sentimiento de amargura, ni deseo de perseguir y oprimir, ni resentimiento o impulso de venganza. El acto de separación debe ser considerado como una necesidad dolorosa y la iglesia al acordarla debe hacerlo con gran solemnidad y pronunciada por el pastor con aún mayor solemnidad. Cuanto se hace debe ayudarse a pensar lo doloroso que es ser cortado del compañerismo del pueblo de Dios. Conviene elevar una oración sincera para que el ofensor reciba una bendición mediante tal acción disciplinaria, que ejerza influencia salubre en la congregación e impresione a la comunidad con la santidad de la doctrina de Jesús.

Se sugiere que el día del Señor más próximo al hecho, el pastor anuncia la expulsión del miembro a la congregación. No pocas veces los hombres del mundo tachan a la iglesia de ser encubridora de caracteres indignos porque no se dan cuenta de la separación de algún culpable. Por tanto, debe ser anunciado el hecho en alguna forma.
Disertación del maestro:


  1. ¿Por qué debe orar mucho la iglesia antes de hacer una decisión?

  2. ¿Por qué se debe vigilar a todo miembro de la iglesia?

  3. ¿Por qué se busca unanimidad de los miembros al aplicar disciplina a un miembro?


Tareas para los alumnos:


  1. ¿Cómo deben ser tratados los miembros separados?

  2. La gloria de Dios y la disciplina.

  3. La pureza de la iglesia y la disciplina.

  4. El bien espiritual del disciplinado y la disciplina.


Preguntas para discusión:


  1. ¿Cómo debe un miembro tratar a otro separado?

  2. ¿Cómo afectan nuestros actos el bien que procede de la disciplina de la iglesia? ¿En qué sentido afecta a la iglesia? ¿Qué efecto produce en el miembro disciplinado?

  3. ¿Qué significa la expresión bíblica cuando dice que el miembro excluido o separado se convierte en “gentil y publicano”?


Lección 44
DEBERES DE LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA ENTRE SI
Oración: Que los miembros de la iglesia aprendan a amarse y a servirse mutuamente como testimonio a Cristo en medio de un mundo carente de espíritu amistoso.
Aunque ya se han mencionado en forma incidental algunos deberes de la iglesia, conviene considerar seriamente el tema de esta lección antes de terminar el estudio. Se entiende que cuando Cristo proveyó los medios para la formación y la fundación de la iglesia reconoció y santificó el principio social respectivo. Una iglesia es una sociedad; una institución social. Los miembros que la forman, al mantener relación principal con Su Cabeza tienen a la vez relaciones estables entre unos y otros. “ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios”. Efesios 2:19. hay dos metáforas mencionadas en este pasaje; una representa a la iglesia como una nación, la otra como una familia. Uno de los conceptos del apóstol es el de ciudadanos con los santos, de una nación espiritual. Tal ciudadanía denota un estado opuesto al indicado por los términos “extranjeros y advenedizos”, o más bien extranjeros y transeúntes. El ciudadano tiene deberes que cumplir y privilegios que gozar que nada tienen que ver con el extranjero o con el transeúnte al menos en sentido muy limitado. El ciudadano no sólo ocupa un lugar honroso sino posición de responsabilidad, y los conciudadanos tienen que obrar de acuerdo. En conjunto el otro concepto del apóstol se representa a la iglesia como la familia de Dios. Una transliteración diría los domésticos de Dios, es decir, los que pertenecen a su familia. Queremos decir que los miembros de una iglesia sea que se consideren como conciudadanos en la nación de Dios o como miembros de su familia tienen algo que hacer. Sus deberes son urgentes, imperativos, sagrados.

1. Hay deberes de unos para con los otros. Pablo habla de la edificación propia de la iglesia. Su expresión es “recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”. Ef. 4:16. Cuando la iglesia no se edifica en lo más santo de su fe, algo muy serio le hace falta. Debe haber crecimiento constante en la gracia. Y del mismo modo en que la planta vigorosa, y el árbol potente crecen en todas sus partes constituyentes también todos los miembros de la iglesia deben crecer espiritualmente. Deben abundar en el amor supremo de Cristo y en el amor ferviente de unos a otros.

El amor cristiano es el mayor deber que tiene el miembro de una iglesia y cuando se expresa con fidelidad sella el éxito de todos sus otros deberes de unos a otros. Si recuerdan las palabras de Jesús: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros” nunca olvidarán las múltiples formas en que tal amor puede expresarse. Hacia el pastor se mostrará en respeto a sus enseñanzas y obediencia a sus amonestaciones, en imitación de su ejemplo en cuanto éste siga fielmente a Jesucristo. Proveerá un sostén económico adecuado para que pueda entregarse plenamente a su trabajo desprovisto de ansiedades en cuanto a las cosas de ésta vida.

El amor cristiano moverá a los miembros de la iglesia a hacerse el bien mutuamente en toda oportunidad que se presente. “hacer el bien” es una expresión muy completa; es genérica e incluye todos los métodos específicos para hacer el bien. Abarca toda forma de trabajo que busca el bienestar del cuerpo y especialmente el del alma. No desprecia los intereses del tiempo pero busca anhelosa los intereses de la eternidad.

Otra expresión inspirada que reclama consideración es: “soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”. Esto implica que los miembros de la iglesia hallarán ocasión para sobrellevarse mutuamente; lástima que no lo hacen a menudo. El mucho aguantamiento es puesto a prueba y también su paciencia. A veces inspira darse cuenta cuánto aguantan, y cuánto pueden sobrellevarse. Tal cosa no tendría explicación sino porque se hace “en amor”; sobrellevándose unos a otros en amor. El amor cubrirá multitud de faltas. Hace que los cristianos sean más dispuestos y tolerantes de las imperfecciones de sus hermanos cristianos. Los hace ver con paciencia lo que no pueden aprobar y esperara hasta que asume una forma que reclame aplicación de la disciplina que el Señor ha dado a las iglesias “para edificación y no para destrucción”. II Cor. 10:2. “Sobrellevándoos los unos a los otros en amor” sería un buen lema para una iglesia.

Dentro de la consideración misma de los deberes de unos a otros conviene mencionar el deber de procurar descubrir y alentar los dones para el ministerio que puedan hallarse entre los miembros. Esto es demasiado importante. Sin duda hay muchos jóvenes en las iglesias que deberían predicar el evangelio. Han tenido algunas impresiones acerca de ello; se asoman a la grandeza de la responsabilidad del ministerio y se alejan temblando. Sienten su incompetencia y a la luz de los deberes del ministro y de los sinsabores se hacen la ya trillada pregunta de: “¿Quién es suficientemente fuerte para soportarlo?” II Cor. 2:16. son esas las personas que necesitan ser descubiertas y estimuladas. Su concepto acerca de la grandeza de la predicación es correcta. No hallarse dignos es de apreciarse. El mejor de los ministros del evangelio algún día también se sintió como ellos. Necesitan ser instruidos. Ayúdeseles dándoles la oportunidad de hablar en los cultos de oración y pronto se les verá desarrollar dotes para el ministerio. Es el deber y privilegio de los pastores, y de los hermanos más experimentados y más juiciosos preparar a esos ministros del futuro para que sean útiles; y dondequiera que se requiera dinero para la educación de alguno de ellos, las iglesias deben donar con alegría. No hay mejor inversión económica que la de la educación para el ministerio. Pero recuérdese que la piedad es el requisito básico del predicador; sin él los mejores talentos y las riquezas más grandes de sabiduría harán de él solamente “metal que resuena o címbalo que retiñe”. I Cor. 13:1.
Disertación del maestro:


  1. Cosas comunes que unifican a los cristianos.

  2. Algunas cosas que los cristianos deben hacer para acercarse más unos a otros.


Tareas para los alumnos:


  1. ¿Cuál s el principio social que une a los miembros de la iglesia?

  2. Discuta Ud., dos formas en que el apóstol Pablo conceptúa los miembros de la iglesia.

  3. ¿Cuáles son los deberes de un miembro de la iglesia para los demás?

  4. ¿Cómo los miembros de la iglesia llevando y sobrellevando mutuamente sus cargas?

  5. ¿La iglesia debe buscar y ayudar a desarrollar talentos a los que Dios ha llamado?


Preguntas para discusión:


  1. ¿Debemos “cargar con nuestros sentimientos en los hombros” y tomar las ofensas como cosas pequeñas?

  2. ¿Qué hace Satanás con nosotros en estos casos?

  3. ¿Qué quiere decir la Biblia con la expresión “El amor cubre multitud de pecados”? I Ped. 4:8.

  4. ¿Qué opina Ud., de la expresión “Puedo personar pero nunca olvidar”?

  5. ¿Qué parte de culpa tenemos nosotros en estas cosas?

  6. ¿Podemos escapar de culpabilidad en tales cosas?

Lección 45
DEBERES DE LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA PARA CON EL MUNDO
Primera Parte
Oración: Que esta iglesia pueda cumplir con sus obligaciones para con el mundo mediante el reconocimiento individual de la responsabilidad de cada miembro pidiendo de Dios la ayuda necesaria para cumplir con ella.
La iglesia tiene deberes para con el mundo. El término mundo se usa aquí para referirse a los pecadores no salvados. Todo cristiano tiene la obligación de guiar a otros hacia Jesucristo; y cuando los creyentes individuales son integrados en las iglesias, sus obligaciones crecen porque aumentan las facilidades y la utilidad de su colaboración. Es necesario que los miembros de las iglesias reconozcan esas obligaciones y que aprovechen las ventajas que de ellas emanan. Deben trabajar por la salvación de otras almas bajo el convencimiento de que la misma gracia puede también salvarles a ellas. Así pueden laborar con fe y esperanza. Mencionemos a continuación algunos de los métodos que pueden emplear los miembros de la iglesia para cumplir con su deber para con los pecadores no salvos.

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