Manual en contra del hombre, por el contrario, "Dios mío, hazme viuda por favor"






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Dios mío, HAZME VIUDA por favor

Este no es un manual en contra del hombre, por el contrario, "Dios mío, hazme viuda por favor" es un llamado al crecimiento integral del ser humano, una invitación a la mujer para que cobre conciencia de su voluntad e inteligencia y se atreva a ser viuda del miedo a elegir, del temor a desarrollar sus talentos y potencialidades, de asumir su libertad y responsabilidad.

Esta lectura nos llevará a enfrentar uno de los desafíos más trascendentes en la vida del ser-humano: construirnos como un original, únicos e irrepetibles, teniendo el valor para descubrir nuestro propósito de vida y, en consecuencia, dar un sentido a nuestras acciones.

El desafío de ser yo misma es hoy por hoy el primero de una larga lista en la tarea humana de crecer constante y consistentemente hasta el día de nuestra muerte. Esta es una propuesta para transitar por el camino del amor, que si bien no es el más fácil ni el de menor esfuerzo, es el único a través del cual la persona puede aspirar a la felicidad.

"Dios mío, hazme viuda por favor" pretende ser una luz que ilumine la conciencia. A través de sus páginas logrará iniciar un viaje a lo más profundo de su ser, porque es justo ahí donde se forjan los cimientos para agrandar el espíritu y poder volar muy alto, sabiéndonos capaces de enfrentar la vida, útiles en el proceso de la creación y dignas de amor y respeto.



índice

Introducción 9

1

Aprendiendo a amarme 13

2

Por mi culpa, por mi culpa, por mi grande culpa 29

3

El listón rojo 45

4

Prisioneras del pasado 51

5

Adicta ¿yo? 57

6

La mujer maravilla 63

7

Darnos permiso 71

8

Trabajo, ¿enemigo o aliado? 81

9

Mujer y violencia 89

10

Familia a contracorriente 99

11

Cuando los hijos se van 113

12

Tomando las riendas 117

13

De profesión mujer 121

Bibliografía 129

Introducción

¿Quién es mi principal contrincante?Yo mismo.

¿En dónde cabe el mundo? En mis dos manos.

¿Qué es lo inevitable? La felicidad.

La reacción de mi esposo al oír este título, probablemente será la de muchos otros: creer que este libro es un compendio de amarguras y deseos de resolver la vida eliminando a otros. Nada más lejos del propósito del mismo.

"DIOS MIÓ HAZME VIUDA POR FAVOR", es un llamado a la mujer, al hombre, al joven, al ser humano para asumir el reto y la aventura de vivir.

Tomar las riendas de nuestra vida, ejercer la libertad en lo cotidiano y lo trascendente, cobrar conciencia de que poseemos inteligencia y voluntad, parece ser hoy la tarea más difícil que enfrenta el hombre a fin de siglo y principio del tercer milenio.

La cultura e idiosincrasia en esperar que sea el entorno —gobierno, políticos, escuelas, empresas, sindicatos, nuestros padres, la Virgen de Guadalupe y Dios los que vengan a decidir y resolver por mí y "esperar" las respuestas para aquello que no queremos o sabemos enfrentar, es más cotidiano de lo que podemos siquiera sospechar.

A pocas horas del siglo XXI muchas mujeres se mantienen adormecidas al no cobrar conciencia de su valor y dignidad como personas. La creencia de que nacemos incompletas y debemos por tanto ganarnos el amor de los demás junto con su aprobación para poder ser felices, sigue siendo un obstáculo enorme para este despertar.

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Josefina Vázquez Mota

Para muchas mujeres el entorno resulta adverso al margen de su nivel socioeconómico, estado civil y edad. Es claro entonces que seguir esperando a que todo cambie, nos colocaría en un terreno de renuncia al ejercicio de la libertad, al reto de convertirme en alguien y a asumir la maravillosa y única oportunidad de vivir mi vida.

Las mujeres que piden permiso en lugar de dárselo, las que sumisamente aceptan la infidelidad, los maltratos físicos o psicológicos, las que enseñan a sus hijos que ellos están ahí para ser servidos y a sus hijas a que sirvan a sus hermanos por el solo hecho de haber nacido hombre o mujer, las que por miedo se aferran a quien no las ama, o aceptan violentar sus creencias y valores con tal de ser aceptadas y sentirse queridas porque nadie les ha dicho que merecen el amor y no lo tienen que ganar. Las ejecutivas, que en múltiples ocasiones juegan el papel de ejecutadas, olvidándose de sí mismas.

En "DIOS MIÓ HAZME VIUDA POR FAVOR", intento reflexionar sobre aquellos gritos de miedo que nos impiden crecer como seres humanos y convertirnos en personas.

Si a alguien le asustó el título de este libro, espero haber dejado suficientemente claro, la clase de viudez a la que me refiero.

Quiero ser viuda:

del miedo a ser yo misma

de todo aquello que me impida el ejercicio de mi libertad

del activismo sin razón.

Quiero ser viuda

de la soledad

de los rencores y resentimiento

y de la arrogancia de pensar que poseo la verdad

Viuda

de los prejuicios que me limitan

para aprender y disfrutar de mí y también de los demás,

del desamor, la indiferencia

y el hastío de vivir

Viuda del olvido de Dios

porque es reconfortante y prometedor saber

que gracias a tu infinito amor,

haga lo que haga y

esté donde esté

siempre puedo volver a Ti.

1

Aprendiendo a amarme

Anulamos tres cuartas partes de nosotras mismas, con el fin de complacer a los demás.

1 ENER AUTOESTIMA es sentirnos capaces para vivir la vida. Capaces para elegir y en esa elección optar por aquello que nos hace crecer y ser mejores. Las mujeres, en nuestra gran mayoría, no hemos sido enseñadas a amarnos y a lo largo de nuestras vidas ejercemos el mandamiento de amarás al prójimo, pero olvidamos vivir el final de la sentencia: como a ti mismo.

Aprender a amarnos es la garantía de nuestra supervivencia en un entorno complejo en donde quererse a sí mismo es calificado de egolatría, mientras que el amor dirigido a otros es considerado altruismo. Por ello las mujeres seguimos buscando nuestra felicidad en la aprobación y aceptación por parte de los demás.

A la niña se le educa como un ser dependiente, incapaz de valerse por sí misma en muchos de los asuntos de la vida cotidiana relacionados con el trabajo productivo, y su sexualidad le es prohibida en muchas de sus manifestaciones. Se le estimula, en cambio, lo relacionado con el hogar: los juegos de cocina y de costura, así como el cuidado de los niños, representado por las muñecas. Es como si existiera un orden que le prohibe traspasar esos límites, en tanto que a los varones se les insta a hacerlo. La niña es una especie de inválida —y esto tiene relación con determinadas regiones y con la clase social—, siempre hay alguien que se presta para suplir sus deficiencias. Alguien que la ayuda a vestirse, a peinarse, a lavarse. Aun cuando no existan estos apoyos, desde pequeñas recibimos un catálogo rígido e inflexible de lo que podemos y de lo que no podemos hacer, de lo que distingue a una

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niña buena y cómo evitar cumplir los requisitos de las malas. Las niñas decentes contestan: "favor que usted me hace", cuando reciben un halago, y así se inicia el camino en donde el "qué dirán" se convierte en el centro de nuestras vidas. A la invalidez y a los temores se les ofrece una salida: la dependencia.

Una de las consecuencias es que la autoestima de la mujer está en función de la opinión y aceptación de los demás. En decisiones cotidianas, como cortarse el cabello, hay quien hace una consulta de orden popular —amigas, suegra, pareja, compañeros de trabajo— para decidir lo que le va bien; una vez sentada frente al peluquero éste le hará cambiar de opinión, y lo primero que hará al salir de ahí, será preguntar a cualquiera que se cruce en su camino con un gesto de angustia: "...oye, ¿cómo me veo, cómo me quedó?", esperando de antemano una respuesta aprobatoria, que de no darse podría provocarle una severa e irreversible depresión. Así, nuestro valor personal y nuestra bondad los depositamos en la aprobación de los demás.

El poco valor que en muchos ámbitos se da a la mujer y que ella misma se otorga, tiene raíces históricas ancestrales. Algunas sentencias podrían ilustrar el porqué a pocas horas del tercer milenio todavía hay mitos y tabúes que afectan el desarrollo de las mujeres y su capacidad de amarse así mismas. El entorno presenta obstáculos, pero las barreras más importantes no están fuera sino dentro de la mente y el corazón de miles de nosotras cuando nos consideramos indignas de la felicidad y hacemos de nuestras vidas una cadena interminable de sufrimientos, amputando un sin fin de talentos y posibilidades.

Algunas de estas frases revelan el sentir respecto a las mujeres que se manifiesta en casi todas las religiones, países y momentos históricos del mundo:

Antiguo proverbio árabe: Pégale a tu mujer, que si no sabes por qué, ella sí sabe.

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Proverbio chino: El hombre tiene dos ojos para ver y la mujer para ser vista.

Libro v. regla us: Durante su infancia, una mujer debe depender de su padre; durante su juventud, de su marido; si éste ha muerto, de sus hijos; no tiene hijos y ha muerto su marido, entonces de los parientes próximos a su marido y, en su defecto, los de su padre; y si no tiene parientes paternos, del soberano. Una mujer nunca debe gobernarse a su antojo.

Libro v. regla í54: La mujer virtuosa debe reverenciar a su marido constantemente, como a un Dios.

Eclesiástico, cap. lxil versículo u: Es preferible un hombre malo que una mujer buena. La mujer es toda malicia, ella cubre al hombre de oprobio y vergüenza.

Atribuido a rabinos ortodoxos: Loado sea el Señor, rey del universo, por no haberme hecho mujer.

HlPONACTE, SIGLOVA. DE C. POETA SATÍRICO GRIEGO: La mujer da

al marido dos días de felicidad: el de la boda y el del entierro.

Confucio, siglova. de C. El marido tiene derecho a matar a su mujer.

Eurípides, siglova. de G: Una mujer debe ser buena para todo dentro de la casa, e inútil para todo fuera de ella.

Aristóteles: La mujer es, por naturaleza, inferior al hombre. Debe pues obedecer.

ARISTÓTELES: La naturaleza sólo hace mujeres cuando no puede hacer hombres.

Corán, libro sagrado de los musulmanes, redactado por Mahoma y atribuido por este profeta a Dios mismo, siglo vil SURAIV, versículo li: Dad a los varones el doble de lo que dais a las hembras.

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Santo Tomás de Aquino, teólogo católico italiano del siglo XIII. Las mujeres son imperfectas por naturaleza; son varones mal concebidos.

Lady May wortley Montagu, siglo xviii, hija del duque de kington, embajadora de inglaterra en constantinopla: estoy muy contenta de ser mujer porque así no corro el peligro de casarme con una de ellas.

Napoleón Bonaparte, emperador francés, siglo xvni: Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo.

ÉPOCA VlCTORIANA INGLATERRA, SIGLO XIX: El desarrollo del cerebro atrofia la matriz.

BlSMARK, UNO DE LOS GRANDES FUNDADORES DE LA UNIDAD ALEMANA, HOMBRE DE ESTADO, MINISTRO DE GUILLERMO I, REY DE PRUSIA, SIGLO XíX- La mujer debe guiarse por las tres K: kuche (cocina) kirche (iglesia) y kinder (niños).

SlR WlLLIAM ACTON, EL GINECÓLOGO MÁS DESTACADO DE FINES DEL SIGLO XIX, PLENA ÉPOCAVICTORIANA: "La mujer que llegue a sentir el placer sexual, tiene alma de prostituta."

Isabel Allende, escritora chilena, siglo XX: Es mejor ser hombre que mujer, porque hasta el hombre más miserable tiene una mujer a la cual mandar.

ESTHER VlLAR, ESCRITORA ALEMANA, SIGLO XX (1971): A diferencia del varón, la mujer es un hombre que no trabaja.

Es indudable que somos el sexo fuerte, pues no obstante estos patrones culturales y religiosos, cientos de historias de mujeres exitosas se han escrito en el mundo entero. No obstante, la educación tradicional incentiva a las mujeres a que las cosas y la gente ajena a nosotras asuman la responsabilidad de nuestra felicidad. Cuando nos sentimos incompletas y no cobramos conciencia de que somos adultas y completas, de que somos únicas, irrepetibles e irreemplazables, busca-

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mos en otros lo que no somos capaces de darnos a nosotras mismas, y el resultado es un mayor vacío y una gran frustración porque insistimos en buscar fuera las respuestas que llevamos dentro.

Un ejemplo de este sentirse incompletas es el caso de las solteras que son objeto de persecución, más aún si han cumplido tres o más décadas de vida, y ello refuerza la creencia de que las mujeres sólo pueden ser y sentirse completas al lado de un hombre. Casarse como solución al mal carácter, como condición a la realización personal y requisito obligado para lograr la plenitud de vida, es considerado como cierto todavía por muchas mujeres.

Las solteras son promovidas con singular entusiasmo por familiares, hermanos, amigas e incluso sus padres. En ciertos grupos y culturas se ve como una tragedia el que una hija haya elegido no contraer matrimonio. Hace poco tiempo asistí a un curso invitada por una querida amiga creyendo que era para formar mejores parejas, pero mi sorpresa fue enorme cuando al llegar al hotel donde se llevaría a cabo el evento me encontré con un grupo de aproximadamente trescientas mujeres de todas edades, clases sociales, de todo color y variedad de vida, y en el pizarrón de la recepción se anunciaba el programa: Cómo conseguir pareja. Aunque reconozco mi desconcierto inicial, mi curiosidad finalmente venció y decidí quedarme.

Basada en once reglas, la expositora, con gran seguridad en sí misma y solemnidad, leía: regla número uno: sea decente, y si no lo es pues disimule... sólo acepte invitaciones con cuatro días de anticipación... nunca le cocine al hombre de sus sueños durante los tres primeros meses... no conteste el teléfono a la primera... Estas sugerencias eran lo de menos y estoy segura de que si alguien las sigue al pie de la letra se quedará sola de por vida.

Lo que más me llamó la atención fue la venta de pequeñas botellas de perfume que habían sido combinadas con hormonas femeninas llamadas feromonas y que, según explicaban, habían sido felizmente aisladas por una doctora de origen asiático. Al untarse el perfume las feromonas vuelan y

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eso provoca que las testosteronas (hormona masculina) se eleven y así la atracción se conseguirá en un dos por tres, lo cual aunado a lo que la expositora calificaba de eye contac apasionado y penetrante, volvería irresistible a la mujer portadora del perfume y la pareja caería rendida a sus pies. Debo apuntar que los pequeños frascos costaban alrededor de 40 dólares y la fila para adquirirlos no se hizo esperar. Me enteré también de que unos días antes este curso había reunido a poco más de mil mujeres en un conocido hotel de la Ciudad de México.

Llegada la sesión de preguntas y respuestas, una preocupada señora se levantó y con angustia señaló que a ella el tratamiento no le había funcionado y, por más perfumito que se untaba, su marido no reaccionaba y la testosterona no se le elevaba. Las mujeres ahí presentes volvieron a dar un voto de fe a las feromonas cuando esta participante aclaró que tenía 45 años de casada, entonces el resto del grupo expresó: ¡menos mal!

Que una mujer desee casarse es muy respetable, al igual que los cursos que para ello se impartan; lo que me cuestioné al final de ese día era la verdadera razón de que miles de mujeres estuvieran dispuestas a invertir tiempo, dinero y a seguir un manual riguroso para asegurar pareja. Por más que quise convencerme de que era natural, la verdad es que llegué a la conclusión de que muchas de esas mujeres querían una pareja para encontrar sentido a sus vidas, para cumplir los requisitos de la sociedad, para hacer realidad sus sueños de juventud y para sentirse completas. Se valía disimular, mentir, fingir, perder la espontaneidad, untarse fórmulas mágicas, vestirse de tal o cual forma, a cambio de no estar sola y llevar la etiqueta de soltera, quedada, amargada o fracasada.

Una expresión que refuerza lo anterior es cuando un grupo de 10 ó 12 amigas llegan a comer a un restaurante; la pregunta espontánea del capitán suele ser: "¿Vienen solas?", y lo más increíble es que van más de diez.

Fue una experiencia reveladora y tal vez muchas de esas asistentes hoy se encuentren más frustradas al no obtener en

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un dos por tres lo que aseguraba el curso. Reflexionando un poco más, es claro que desde esta perspectiva se considera a quien pertenece al sexo opuesto como un semental y se descalifica su inteligencia y sensibilidad. Desde esta óptica, atributos como la capacidad intelectual, la vida interna, las cualidades más allá del físico de la mujer, no cuentan en absoluto. También pensaba que las mujeres casadas deberían cuidar con más empeño su relación de pareja, pues hay un contingente de mujeres en busca de pareja con decálogo en mano.

Cuando aceptamos todo lo que se nos ha enseñado como un dogma y no lo cuestionamos, nos vamos convirtiendo en zombis, en robots, y las circunstancias dominan nuestras vidas. Así, la dependencia aumenta y se reproducen los miedos: miedo a ser nosotras mismas, miedo a perder el afecto de los otros, miedo a ser criticadas, miedo a ser diferentes, miedo a romper las reglas y tradiciones ancestrales de la familia —aunque muchas de ellas se enfoquen más en guardar las apariencias que en crecer como personas—, miedo a fracasar y también a triunfar, miedo a encontrarnos con nosotras mismas porque probablemente encontremos muy poco, miedo a perder la seguridad a que nos aferramos, miedo a elegir cuando por años nos han resuelto lo que debemos hacer, lo que es bueno y lo que es malo, aunque nada de esto tenga que ver con lo correcto, miedo a pensar y cuestionar, miedo a cambiar un neumático, un fusible, miedo a decir lo que pensamos, a vivir como sentimos, a expresar nuestros deseos, a decir sí y también no.

Dependencia y miedo se retroalimentan, y nos convierten en seres vulnerables, pequeños y víctimas del destino. Dependencia y riesgo son incompatibles.

Cuando ignoramos nuestro crecimiento interior, preferimos complacer a los demás, actuar como los demás y hacer lo que hacen los demás. Ser diferentes, aun en lo pequeño, nos genera conflicto y alienta los temores. No podemos seguir siendo una simple repetición de lo que nos dijeron, so pena de convertirnos en una veleta que se mueve conforme a los vientos del entorno.

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Las acciones que nos enseñan desde pequeñas están basadas en suposiciones que suelen ser falsas. Se nos enseña a vivir a salvo, a evitar riesgos de hacernos daño, a conformarnos con lo que somos, a amoldarnos a las circunstancias, a ser una más entre la gente, a andar de puntillas por la vida, en vez de bailar y correr por ella. En consecuencia, no sabemos lo que hay disponible para nosotras.

Querernos exige decidir y tener el valor de actuar conforme a nuestros principios y valores. Querernos es lo contrario de lastimarnos, de hacernos daño, de convertirnos en enanas y enterrar nuestros talentos. Querernos es enfrentarnos a veces y también ceder en otras: puedo acercarme pero también alejarme según mi elección. El amor no es el camino de la menor resistencia ni de la comodidad; es, sin embargo, el de la felicidad. Si a una mujer al nacer se le otorgaron cinco puntos de inteligencia y creatividad, sería lamentable que terminara con tan sólo uno o dos, porque el desamor la sumió en la apatía y la conformidad

Lo contrario al amor es la indiferencia y la peor de todas ellas es cuando somos indiferentes hacia nosotras mismas y adoptamos una actitud de: "...ni modo...", "... aquí me tocó nacer...","... matrimonio y mortaja del cielo bajan...". Nadie puede dar lo que no posee, y si terminamos siendo nadie, eso justamente devolveremos a la vida y la vida nos retribuirá de igual manera. Hace años vi una de las películas más hermosas y aleccionadoras, Una historia sin fin, en la cual la nada amenazaba con destruir el mundo y la vida. La nada era el desamor, la falta de capacidad y voluntad para soñar, para construir caminos distintos. La nada es la ausencia de esperanza y de posibilidades. Cuando dejamos que la nada nos invada, hemos decidido suicidarnos aunque nuestro corazón indique que el cuerpo aún tiene vida.

La nada es el hastío y el cansancio de quererme y, por tanto, de querer y aceptar a los demás tal como son. Cuando tenemos visitas en casa se saca la mejor vajilla, se limpia el baño y hasta papel se coloca en el sitio exacto y frecuentemente se dispone de una comida especial; ojalá nos diese-

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mos este trato a nosotras mismas de vez en cuando. No como aquella pareja de casados a quienes los años ya habían hecho estragos en lo físico y también en lo espiritual. Un día, el señor, al estar viendo la televisión en la habitación, escuchó un extraño ruido en la parte de abajo y preguntó: "¿quién anda ahí?" Y su esposa, que había tirado un florero, le contestó: "¡nadie! ¡no te preocupes!" Lo que quiere decir que ella se consideraba NADIE, y así seguramente sería tratada. Cuando no nos amamos, somos vulnerables y eso significa capaces de ser heridos.

Mujeres aburridas cuando hay tanto por ser, por hacer, por querer, por compartir, por darnos más allá de un satisfactor material. Mujeres en cuyos años de más energía decidieron hacer de la cafetería cercana al colegio de sus hijos su segundo hogar, y mientras los mandaban a estudiar a unos, y a trabajar a otros para deshacerse de ellos, las horas parecían interminables comentando la vida de los demás. Elegir esta opción es respetable, pero los resultados suelen ser pobres porque vamos perdiendo la pasión y alegría por vivir. La vida se lleva al terreno vegetativo, sin desarrollar lo que tenemos dentro.

Escuché decir a una excelente mujer que un día, al preguntar a sus hijas qué querían desayunar, le contestaron "lo que sea", así que bajó a abrir tres huevos crudos, los vació en un plato y se los sirvió. Cuando sus hijas bajaron se sorprendieron: "¡Mamá!, ¿qué es esto?" Y ella tranquilamente les contestó: "es lo que sea "; porque en la vida, al que pide lo que sea no solamente se le da, también se lo merece. Cuando no sabemos ni queremos elegir, dejamos que otros lo hagan por nosotras y después nos andamos quejando de por vida porque nos casamos con lo que sea, trabajamos en lo que sea, comemos lo que sea, tenemos una familia como lo que sea.

Para muchas familias el domingo es el día de las indecisiones, y la siguiente escena se repite constantemente:

—¿A dónde quieres ir? —Adonde tú quieras.

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  • ¿Qué quieres comer?

  • Lo que tú decidas.

  • ¿Cuál película te traigo?

  • Pues la que tú elijas.

El desenlace suele ser desafortunado y hasta trágico, ya que me llevaron a comer donde no quería, tuve que chutarme Exterminador versión cincuenta y la comida era contraria a mi dieta. Lo que viene después es fácil adivinarlo, una cara larga y sombría, un silencio sepulcral ante el cual el interlocutor se inquieta e investiga: "¿pero qué te sucede, dime qué tienes?" "NADA" será la clara y tranquilizadora respuesta que demos, porque a muchas de nosotras, cuando tenemos todo encima y los instintos más rupestres nos invaden, es cuando contestamos que tenemos NADA, esperando de los demás actos de adivinación propios de la divinidad. ¡Y quién sabe si hasta Dios estaría dispuesto a eso!

Si basamos nuestra autoestima sólo en lo externo corremos el riesgo de vaciarnos por dentro. Cuando la mayor importancia se la damos a la envoltura que la naturaleza nos dio, nuestra mayor energía y voluntad se canalizará a tener un cuerpo perfecto, que por cierto hoy quiere decir anoréxico, con los increíbles costos que exige la llamada cultura del abdomen. Vestirnos como manda la moda, comportarnos como se supone que debemos hacerlo. Cuando lo mejor de nosotras lo tenemos fuera, resulta insuficiente para vivir y ser felices.

No quiero decir que cuidar nuestro físico sea equivocado, al contrario, pero pedir imposibles a la naturaleza y obsesionarse con los cuerpos de las modelos alemanas de 1.90 de estatura y rasgos anglosajones, cuando nacimos en Latinoamérica y probablemente nuestros rasgos y cuerpo correspondan más a la cultura chichimeca, inca o chibcha que a la de los teutones, nos hará sentir en desventaja y eso justamente transmitiremos a los demás.

Es increíble la habilidad de algunas personas para detectarse defectos: barritos, arrugas, gramos de más o cualquier

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problema similar. Si la autoafirmación personal gira alrededor de la belleza física, esto no sólo indica una pobre vida interior, sino una muerte prematura.

Lo importante entonces no es ser bellas —conforme a los cánones establecidos—> sino gustarnos a nosotras mismas, y para lograrlo no es conveniente utilizar criterios rígidos y estrictos.

Una persona mantenía la firme convicción de que no era atractiva, aunque en realidad era muy hermosa. Se diseñó un experimento típico de medición de actitudes para convencerla de que no era una mujer fea. El 95 por ciento de los estudiantes la evaluó como muy bella, sensual, atractiva y deseable. "Es increíble... No puedo creerlo... Estoy realmente sorprendida. Jamás pensé que la gente tuviera tan mal gusto!", afirmó.

Gustarse es abrir los horizontes afectivos, es arriesgarse y aumentar nuestras probabilidades de conocer a otros. La verdad es que nadie puede dejar de gustarse si se observa con cuidado y con afecto.

"Tal vez suceda que una vez cada siglo, la alabanza eche a perder a un hombre o lo haga insufrible, pero es seguro que una vez cada minuto algo digno y generoso muere por falta de elogio".1

La verdadera seguridad es fugaz, pero puede ser destruida más fácilmente por fuentes internas y personales que por el agresivo y complejo mundo exterior.

Si te tratas mal y eres irrespetuosa con tu persona, tu diálogo obrará como un freno. Elimina de tus respuestas y juicios el no soy capaz, porque cada vez que te lo repites confirmas tu inseguridad y afianzas tus temores.

Queremos que nos amen, pero damos pistas falsas y no somos capaces de expresar y comunicar sentimientos y de-

1 POWEL, John, 1997. La felicidad es una tarea interior (edit. Diana, 5a. ed., p. 37, México).

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seos porque las niñas buenas sólo escuchan y no hablan, porque los resentimientos guían nuestra vida, porque en nuestro libro de contabilidad faltan sufrimientos todavía y porque, al no saber amarnos, no podemos ayudar a otros a que nos amen y mucho menos a que nos comprendan. Cuando aprendemos a querernos, aprendemos también que nos merecemos algo mejor que lo que sea. Algo mejor que desperdiciar mi tiempo, algo mejor que ir sobreviviendo, algo mejor en materia de amistades, algo mejor en qué invertir mi tiempo.

No obstante las ventajas del método, los humanos nos resistimos a pagar el costo de la superación. Optamos por el camino más fácil: el alivio que nos produce el compromiso, y la postergación nos paraliza. Otra forma de comportamiento de las personas poco autoeficaces es imponerse metas pobres y resignarse a su suerte de mediocres. La autocompasión es un veneno que mata lentamente. Cuando entro al terreno de ¡pobrecita de mí! y me lo creo, quedo atrapada en un laberinto, con grandes dificultades para encontrar la salida.

Si algo de mí no me gusta y está en mí modificarlo, manos a la obra, sabiendo que todo tiene un costo y debo pagarlo; pero si me rebasa, lo mejor es aceptarme y quererme tal cual soy ahora, el día de hoy. Ni puedo enojarme por estar pasada de peso cuando mi dieta es basada en pasteles y galletas todo el día, o por tener una pésima condición física cuando los aeróbicos los hago acostada en mi cama; ni tampoco se vale que quiera ser blanca como la leche cuando mi tez es de color serio, algo así como moreno tirándole a charol. Desafortunadamente es común que observemos con más cuidado y dureza nuestros defectos que nuestras cualidades.

Cada vez que veo una foto de lo que algún día fue Michael Jackson, lo único que puedo ver es a un ser humano que nunca se quiso, que nunca se aceptó.

Lo mismo sucede cuando observo a una mujer que se empeña en ocultar su edad haciéndola sólo más evidente, algo así como una abuelita asaltando el clóset de su nieta, para disfrazarse de adolescente y lograr la admiración de los demás.

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Sería bueno que así como nos empeñamos en cuidar la figura, lo hiciéramos con nuestra inteligencia y nuestro espíritu. La falta de educación sigue colocando a la mujer en seria desventaja, y los encantos tradicionales no servirán de nada en un mundo donde el conocimiento y el desarrollo de la inteligencia son ya determinantes. Ir a la universidad a cursar la carrera de MMC (mientras me caso) no nos ayudará en absoluto.

El verdadero despertar se dará cuando sepamos querer, es decir, qué queremos y para qué lo queremos, y conseguir este propósito sin educación es una tarea imposible de lograr. En el cuento de Alicia en el País de las Maravillas hay una escena en donde Alicia se extravía y al encontrarse frente a diversos caminos pregunta a un gato sabio:

—¿Qué camino debo seguir?

—¿A dónde quieres ir, Alicia?

—La verdad, no lo sé, responde ella.

—Entonces, Alicia, no importa qué camino tomes, de todas

formas te llevará a ninguna parte.

Probablemente el viaje más importante que podamos emprender es el viaje hacia nuestro interior. Hasta que no sepamos quiénes somos, ¿cómo será posible ofrecer lo que tenemos?

Cuentan que Dios no quería que la verdad fuera fútil y banal; entonces, conversando con los ángeles, pidió sugerencias sobre dónde debía colocar la verdad para estimular a los hombres en esa búsqueda. Uno de ellos dijo:" Coloque la verdad en el fondo del océano; así los hombres tendrán que sumergirse en lo más profundo para alcanzarla". Otro le dijo:"Colóquela en las estrellas; así ellos tendrán que subir para alcanzarla". Finalmente, le dijo otro: "Coló-quela dentro de ellos, así cada uno estará siempre en contacto consigo mismo al buscarla".

Pero parece que casi todos seguimos buscando la verdad en los títulos, en las posesiones, en las propiedades, en el control de los demás y fuera de nosotros mismos. Nuestra cultu-

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ra subraya más la consecuencia externa y esto es una política de mala inversión porque hacemos a un lado nuestra propia persona.

Vivir de dentro hacia fuera demanda un trabajo constante, que no tendrá resultados inmediatos, pues realizaremos nuestras tareas en un proceso a lo largo de nuestras vidas. Es por eso que junto con la voluntad e inteligencia requerimos de paciencia y tenacidad. El camino a la felicidad es un punto a cruzar, no una esquina a doblar, no es algo que se obtenga expreso o por servicio a domicilio.

La única alternativa para conocerte a ti misma es arriesgarte y ponerte a prueba. El balance costo-beneficio es justificable desde todo punto de vista.

No se puede vivir la vida por encargo, ni a dictado de nadie, so pena de renunciar a nuestra condición humana. Tenemos el deber moral de autorrealizarnos, de crecer a la máxima estatura posible, de tratar de desarrollar plenamente nuestras virtudes. Hemos sido hechas para lo magnífico y no debiésemos conformarnos con menos de eso.

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