Paula Teck ss cc. 23






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Reflexiones sobre el Sacerdocio en Asia




David P. Reid ss.cc.

Escribir sobre el sacerdocio cristiano en Asia es una tarea de enormes proporciones. Escribir no siendo de Asia y teniendo poca experiencia de este mundo tan diverso culturalmente, es como lo de aquel proverbio de drenar de las aguas del mar con un dedal. Sin embargo, hay algo que invita irresistiblemente a este reto.

Antes que nada quisiera referirme a la hermenéutica de la retórica, lo cual es especialmente importante en el debate sobre sacerdocio. Para la Iglesia Católica Romana es casi imposible hablar de sacerdocio sin recurrir a la retórica de la figura de célibe masculino, que es la del sacerdote ministerial. La imagen siempre es justamente eso, y oscurece una discusión más profunda del sacerdocio de todos los bautizados vinculados con las funciones de profeta y rey. El contexto necesario se pierde en este retrato de tipo Hollywoodiense, al estilo del sacerdote que ya había hecho clásico Lacordaire, pero que se remonta a un tiempo incluso anterior.

Así, la discusión está cargada con un equipaje de siglos de antigüedad. Se complica aún más porque a través de las culturas la imagen del sacerdote, en contraste con la del "hombre santo", es la del poder, la posesión, el prestigio y el privilegio. Si uno objetara que esta imagen del sacerdocio es un producto de Occidente, sería una verdad a medias. Esta es la imagen importada en Asia, adaptado aquí y aún más complicada en la India, por ejemplo, por las castas y clases. Incluso en este Año Sacerdotal, las representaciones más vivas de lo que un sacerdote debe ser, se ponderan por esa imagen heroica de “santidad como soledad". Recuerdo un libro publicado en 2009, dedicado por entero a la espiritualidad del sacerdote, en el que el autor nunca menciona el sacerdocio de la comunidad, por no hablar de la comprensión misionera de la Iglesia como sacerdote, profeta y rey del mundo.

Pero hay esperanza... en el fracaso. La falta absoluta del Nuevo Testamento para presentar una imagen coherente de la reinterpretación del sacerdocio por la muerte y resurrección de Jesús es una bendición enorme. El desafío se da en cada edad y cada situación cultural: interpretar adecuadamente, en su tiempo y lugar, las riquezas inagotables de la acción del Padre resucitando a Jesús a la gloria y nombrándole sacerdote para el mundo. Cada situación y época debe invertir su propia retórica para proclamar esta verdad maravillosa en la reconfiguración de sus instituciones y costumbres. "¿Quién decís que soy yo?"

En la llamada Asia no cristiana, ¿quién decimos que es Jesús, el Cristo, sacerdote, profeta y rey? Este no es el lugar para discutir la integración de las funciones de profeta y rey en la de sacerdote, sino que es el lugar para decir que el individuo conocido en Asia como sacerdote católico cristiano sólo se le entiende sirviendo al sacerdocio de los bautizados en el triple de diálogo de la religión, la cultura y la pobreza. La iglesia identifica su misión en Asia en este triplete, y sólo en ese contexto funciona el sacerdocio ministerial.

Elijo destacar diálogo que ha sido bien discutido desde Pablo VI y que ahora está felizmente unido a la palabra "salvación". El nuevo contexto es el “diálogo de la salvación", que en el pensamiento de Benedicto XVI abarca el empuje para un" desarrollo humano integral”.

A esta mezcla se le añade un matiz particularmente importante en Asia. Si bien la reciente enseñanza católica ha hecho hincapié en que Jesucristo es nuestro único Salvador, el diálogo de la salvación, que consiste en escuchar a otras religiones, hace hincapié en que Dios es nuestro Salvador. Dios que los cristianos creen que salva a través de Jesús el Cristo. El diálogo con los judíos no es el único en ser atendido en este énfasis. El diálogo interreligioso es ayudado igualmente. Así como también lo es el diálogo interno en el movimiento cristiano, floreciendo actualmente en la recuperación de la fe trinitaria como elemento central de su credo. ¡El Dios de todos nosotros es un Dios que salva!

En todo esto ¿dónde está el llamado sacerdote ministerial? Está llamado a ser un oyente, un partícipe en el diálogo, un facilitador. Si el mensaje es el medio, el diálogo no es la preparación, sino de hecho la proclamación.

El diálogo es asunto de palabras; el diálogo de la salvación es sobre la palabra de Dios. Esa palabra es el dabar, en sentido bíblico, palabra y obra, que tan pronto como se pronuncia se realiza (Isaías 55). Esto no es magia sino presencia; no es superstición, sino relaciones; no son signos, sino sacramentos; no es hacerse ilusiones sino esperanza. ¡Si a veces parece sin luz, entonces es la levadura!

El sacerdote ministerial alimenta el diálogo de la salvación que impregna las funciones de profeta y rey. Tanto esfuerzo como se vierte en la religiosidad y en la devoción, debe ser vertido en el fortalecimiento de las capacidades de los cristianos para participar en un vivo diálogo con la religión, la cultura y la pobreza. La homilía involucrará a la comunidad en esta conversación. El diálogo sobre la pobreza revelará la justificación demasiado fácil y las resistencias al progreso del status quo de la pobreza, así como la negativa a participar en lo que se haga en favor de un "desarrollo humano integral." Vivir el sacerdocio ministerial es equipar a los cristianos para vivir y a confiar en su consagración bautismal como sacerdotes, profetas y reyes en el diálogo de valores que informa los asuntos diarios de cada uno.

¿Dónde lleva todo esto los a SS.CC. en Asia, tanto religiosos como sacerdotes? Recuerdo una escena en mi vida, hace muchos años, en un seminario sobre dirección espiritual. El punto en discusión era que pocos de los bautizados tienen alguna vez la oportunidad de la dirección espiritual. Sin embargo, ese sería el derecho de una persona incorporada a Cristo según el nuevo Derecho Canónico. La pregunta concreta era ésta: ¿está prevista la dirección espiritual para cada persona bautizada en cualquier fin de semana en Manila? Si una Congregación religiosa se niega a recibir nuevos miembros si carece de formadores, ¿cómo puede la iglesia católica llamar a tantos al bautismo sin proporcionarles los medios para alimentar la nueva vida? Para algunos el Movimiento Carismático está llenado ese vacío, pero para la inmensa mayoría de cristianos católicos, que luchan a diario con los problemas particulares de Asia, hay poca o ninguna preparación para la participación en el diálogo de la salvación.

Hay mucho espacio para una educación de recuperación en la fe, para la formación de la conciencia, para el desarrollo de la imaginación y de la conciencia católica. En este sentido, el sacerdote ministerial SS.CC. está llamado a la cura de almas, a un cuidado correctivo y preventivo del cansado combate de hermanos y hermanas, a una aventura en el amor reparador.

Junto con la mención anterior de la homilía, es necesario también reflexionar sobre el precioso momento del diálogo llamado sacramento de la reconciliación, un momento único de relación de diálogo con la experiencia vivida por cada cristiano católico en el momento actual. San Juan Vianny sin duda se relacionaba con este momento de gracia cuando él se comprometía a diario en el diálogo de salvación con cada penitente. Pero el religioso de los Sagrados Corazones, que sirve como sacerdote ministerial, no puede ser un "llanero solitario". Su ministerio hay que verlo en el contexto del carisma vivido de sus hermanos y hermanas.

Si se necesita una aldea para criar a un niño, se necesitan a ambos, hermanos y hermanas de los SS.CC. en su propio diálogo de salvación, para llevar a las personas a este momento delicado de encuentro personal de diálogo con el Señor Resucitado. Vuelvo a la declaración resumen de los hermanos y hermanas durante el tercer Seminario de Misión en Asia, en Bandung, Indonesia, en marzo de 2009. Estoy encantado de oír que se hizo eco de las preocupaciones de esta reflexión sobre el sacerdocio. El punto # 4 dice lo siguiente: Nos comprometemos a ser una comunidad que participa activamente en la misión de Jesús, cerca de los pobres y los necesitados, llegando en solidaridad y compasión a las víctimas de las violaciones de los derechos humanos, formados para la justicia social y el trabajo en red con otros .Hacemos lo posible para potenciar a las personas, especialmente a las mujeres, a los pobres, los maltratados y marginados.

Yo desafío a cualquiera a decir que esta declaración no es a la vez fiel al discurso inaugural de Jesús en Lucas 4, sobre el ejercicio del sacerdocio ministerial y el de los bautizados, y a nuestro propio compromiso de amor reparador para con un "desarrollo humano integral."

¡Viva el carisma de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María!
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