El evangelio según san mateo rudolf steiner






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CAPITULO 6

LOS DISCÍPULOS DE JESHU BEN PANDIRA

LOS DOS NIÑOS JESÚS
Quien estudie el Evangelio de Lucas, principalmente el capítulo que trata de la genealogía del Jesús natanico, estará de acuerdo con que las intenciones de su autor coinciden con lo expuesto en la conferencia anterior. Hemos dicho que en el mismo sentido en que una fuerza divina penetró los cuerpos físico y etéreo del Jesús salomónico, otra fuerza divina debió penetrar el cuerpo astral y el yo del Jesús natanico del Evangelio de Lucas. En el se expresa claramente que esta ultima fuerza divina se caracterizó por el hecho de que la sucesión genealógica fluye en línea directa desde el estado evolutivo en que el ser humano aun no había entrado en su pri­mera encarnación físico-terrenal. Vemos, por cierto, que el Evan­gelio de Lucas remonta a través de generaciones, la descendencia de Jesús hasta Adán, hasta Dios. Esto quiere decir que para encontrar aquel principio en el cuerpo astral y el yo del Jesús nata­nico, hemos de remontarnos hasta un estado del ser humano en que este aun no había entrado en la encarnación terrenal físico-sen­soria, un estado en que aun no había descendido de la existencia divino-espiritual sino que todavía se encontraba dentro de las esferas espirituales como un ser que en cierto sentido podría denominarse un ser divino. De acuerdo con la investigación antroposófica hemos de señalar el periodo de la antigua Lemuria en que el hombre aun no se había encarnado en los elementos de la existen­cia terrestre, sino que se hallaba en una esfera divino-espiritual. El Evangelio de Lucas realmente sigue observando la descendencia de Jesús hasta los tiempos antiguos en que el hombre aun poseía naturaleza divina y en que aun no había sufrido la influencia lu­ciferica. Efectivamente, fue la intención de los Misterios, que a sus discípulos proporcionaban la iniciación, como en la conferencia an­terior lo hemos caracterizado, o sea el conocimiento de los grandes secretos del espacio cósmico, conducirlos a un estado mas allá de su desarrollo terrenal. Esos Misterios quisieron enseñar a sus discípulos como hay que juzgar el mundo sin servirse de los instru­mentos dados al hombre desde que se halla bajo la influencia luciferica. ¿Como se presenta el universo para la percepción clarividen­te, cuando el hombre se independiza de la percepción mediante el cuerpo físico y el etéreo, librándose de todo cuanto desde lo terres­tre le afecta? Este fue para los discípulos de los Misterios el gran interrogante. Antes de entrar en encarnaciones terrenales, y antes de convertirse en el "Adán terrestre" (hablando en sentido de la Biblia y, principalmente, del Evangelio de Lucas) el hombre se hallaba en aquel estado clarividente de una manera natural. Hay solamente dos posibilidades para llegar a ser un hombre divino­-espiritual: la primera es la sublime iniciación de los grandes Misterios; la otra no es posible realizarla en una época cualquiera, sino que existió en un primitivo nivel de la existencia humana, antes de que, durante el periodo de la Lemuria, el hombre divino des­cendiera a convertirse en lo que la Biblia llama el "hombre te­rrestre"; pues "Adán" significa "hombre terrestre" que ya no es de índole divino-espiritual sino arropado de elementos terrenales. Al exponer estos hechos, podría llamar la atención el que tan solo se enumeren setenta y siete generaciones o escalones de des­cendencia o de existencia; y ya en el Evangelio de Mateo podría parecer extraño que solo se enumeren cuarenta y dos generaciones desde Abraham hasta Cristo, de modo que la cantidad de los años que generalmente se calculan por cada generación no alcanzaría para cubrir la distancia al remontarse hasta Abraham. Sin em­bargo, habrá que tener en cuenta que para los tiempos de los patriarcas anteriores a Salomón y David, con toda razón se calcu­laban tiempos mas largos por cada generación. Para adecuarnos simplemente a los datos históricos hemos de calcular, por ejemplo, las tres generaciones de Abraham, Isaac y Jacobo, no según la norma actual, sino que el total de estas tres generaciones debe fijarse en doscientos quince años aproximadamente, lo que también con­cuerda con el resultado de la investigación oculta. Tiempos aun mas largos resultan para las generaciones desde Adán hasta Abraham; y a partir de este hacia abajo es fácil verificar que los tiempos de cada generación eran mas largos, ya que a cada uno de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacobo se les atribuye una edad bastante avanzada al nacerles un hijo heredero. Si actualmente se suele calcular en treinta y tres años el tiempo de una generación, los autores del Evangelio de Mateo justificadamente calculaban setenta y cinco u ochenta e incluso mayor número de años para una generación. Cabe destacar que desde abajo hasta Abraham, dicho Evangelio se refiere a hombres individuales, lo que no es el caso si desde Abraham nos remontamos hacia arriba, tomando en cuenta los respectivos nombres dados en el Evangelio de Lucas. Para explicarlo, hemos de recordar lo que, si bien parece increíble para el hombre actual de ideas materialistas, es, sin embargo, lo correcto. Lo que actualmente llamamos nuestra memoria, nuestro conciencia coherente y el recuerdo de lo constante de nuestra naturaleza interior no abarca, para el hombre normal, sino el tiempo hacia atrás hasta la primera infancia. El hombre moderno, al evocar el recuerdo de su vida, encontrara que el hilo del recuerdo se corta en algún punto; la memoria de uno abarcara mas, la de otro menos de lo vivenciado en la infancia; pero nuestra memoria no se extiende sino únicamente sobre la vida personal del individuo; ni tampoco la abarca en su totalidad, hasta el fin del nacimiento. Si nos hacemos presente como fueron las facultades anímicas, como asimismo las particularidades de la conciencia del hombre de los tiempos antiguos, y si recordamos que al remontar al pasado de la evolución de la humanidad, llegamos a épocas en que cierto estado clarividente ha sido lo normal de la conciencia humana, entonces no nos parecerá extraño que con respecto a esos tiempos relativamente cercanos podamos decir (y la investigación espiritual lo confirma): que en tiempos antiguos la relación de la memoria con la conciencia humana era muy distinta de la de las épocas mas nuevas. Si nos remontamos pues, a los tiempos anteriores a la época de Abraham, encontraremos que todo el estado del alma y principalmente de la memoria, eran distintos; y esta diferencia se acentúa si nos remontamos aun mas, hasta y a través del periodo atlante. En esos tiempos remotos fue así que la memoria abarcaba no solo las vivencias personales de la vida propia, sino que se recordaba - pasando mas atrás del nacimiento - lo vivenciado por el padre, el abuelo, etc. La memoria había sido algo que fluía, por medio de la sangre, a través de una sucesión de generaciones; solo mas tarde se delimito a tiempos individuales y a la vida del individuo. Los nombres utilizados en los tiempos antiguos significaban algo muy distinto a lo que actualmente se entiende por el nombre de una persona; haría falta un estudio especifico para comprender el modo de fijar los nombres propios en los tiempos antiguos. Es simple­mente diletantismo lo que al respecto dice la filología exterior de nuestros tiempos. En la antigüedad, el hombre pertenecía a la esencia de la cosa, era algo esencialmente relacionado con el ser o la cosa correspondiente, expresión y reflejo fonético del intimo carácter de un ser. Nuestra época no tiene la menor idea de estas verdades; pues, de otro modo, no podría haber libros como por ejemplo "Critica del lenguaje" de Fritz Mauthner; obra grandiosa, por cierto, en cuanto a los resultados modernos y la critica cientí­fica del lenguaje, pero sin decir nada sobre lo esencial del lenguaje de los tiempos antiguos, en los que el nombre no se aplicaba al hombre como individuo y con respecto a su vida personal, sino a todo cuanto se abarcaba mediante la memoria. Quiere decir que se usaba el nombre por todo el tiempo que se conservaba el recuer­do. El nombre Noe, por ejemplo, no se limita a un individuo, sino que significa que hay un hombre que recuerda su vida propia y, traspasando su nacimiento, la de su padre, su abuelo, etc. hasta donde se acababa la memoria; de modo que por el tiempo que la memoria abarcaba se usaba un solo nombre para las personas que se sucedían por descendencia. "Adán", "Set", "Enoch", igual­mente son nombres que se usaban para tantas personas como por la memoria retrospectiva formaba una unidad. Por consiguiente, si con respecto a los tiempos antiguos se dice que alguien se llama "Enoch", esto significa que en una persona, hijo de otra de un nombre distinto, se inicia un nuevo hilo de memoria, de modo que aquella ya no se acuerda de las personas anteriores. Pero el nuevo hilo de memoria no se corta con la muerte de la personalidad que por primera vez es llamada "Enoch", sino que se transmite del padre al hijo, al nieto, etc. hasta que se forme otro nuevo hilo de memoria. Quiere decir que cuando se habla de Adán, esto se re­fiere a diversas personalidades dentro de la sucesión genealógica. Se entiende que el Evangelio de Lucas emplea los nombres en tal sen­tido para explicar que a la entidad-fuerza de la existencia divino-espiritual que se sumergió en el yo y el cuerpo astral del Jesús natanico, la hemos de seguir remontándonos hasta donde el ser humano descendió por primera vez en la encarnación terrenal. Resulta pues que el Evangelio de Lucas primero nos da los nombres de personalidades-individuos. Pero al remontarnos mas allá de Abraham, llegamos a las épocas en que la memoria abarca tiem­pos mas largos, de modo que varias personalidades que a través de la memoria forman un yo, figuran bajo un solo nombre. Sobre esta base es mas fácil comprender que los setenta y siete nombres enumerados por el Evangelio de Lucas realmente cubren tiempos muy largos que se remontan hasta donde la entidad divino-espiritual del hombre se encarnó por primera vez en un cuerpo humano físico-sensible. El otro aspecto de este misterio es el siguiente: quien en los grandes Misterios, a través de los setenta y siete esca­lones, lograba purificar su alma de todo cuanto la humanidad había introducido en su naturaleza durante la existencia terrestre, alcan­zaba entonces el estado que actualmente solo es posible si el hom­bre se independiza de su cuerpo y es capaz de vivir en el cuerpo astral y el yo; y esto le permite derramarse sobre lo que ha dado origen a la Tierra, sobre todo nuestro sistema cósmico. Esta ha sido la meta y así se llegaba a la entidad-fuerza que penetro en el cuerpo astral y el yo del Jesús natanico. En el Jesús natanico se nos presenta lo que el hombre posee no por las condiciones terrestres sino desde lo celestial y, por eso, el Evangelio de Lucas nos describe la entidad divino-espiritual que compenetró e impregnó el cuerpo astral y el yo de Jesús. El Evangelio de Mateo, en cambio, nos describe la entidad-fuerza divino-espiritual que por un lado obró en Abraham para dar origen al órgano interior que le permitió adquirir conciencia de Jehová. Por otro lado, se trata de la misma entidad-fuerza que a través de cuarenta y dos generaciones, actuó en el cuerpo físico y el etéreo manteniendo una línea de transmisión hereditaria. En la conferencia anterior ya se ha dicho que esas verdades, principalmente las enseñanzas del Evangelio de Mateo referentes al origen de la sangre de Jesús de Nazareth, se cultivaban y enseñaban en las comunidades de los Terapeutas y Esenios, con su gran maestro Jeshu ben Pandira, quien debió preparar la época del Cristo-Jesús. A sus discípulos, al menos a unos pocos, debió pre­parar para la comprensión de que, al cumplirse determinado momento, a saber: a cuarenta y dos generaciones después de Abraham, el pueblo hebreo debería alcanzar el grado de desarrollo para que la individualidad de Zoroastro pudiese encarnarse en un descen­diente de Abraham de la línea salomónica de la casa de David. Naturalmente, para dar esta enseñanza, se requería entonces la ex­periencia de los Misterios, y dentro de las Escuelas de los esenios hubo también discípulos que efectivamente habían pasado por los cuarenta y dos escalones, de modo que pudieron ver, como clari­videntes, como fue la entidad que descendía a través de cuarenta y dos escalones. Fue la misión de los esenios procurar que algunos pocos llegasen a la comprensión de lo que debió ser el Cristo. Ya hemos hablado de la singular evolución de la individualidad que debió encarnarse en la sangre de cuyas cualidades habla el Evangelio de Mateo. Sabemos que ese gran maestro, conocido como Zaratustra o Zoroastro, enseño en Oriente lo que en estas conferencias hemos tomado en consideración y que lo muestra a él como apropiado para la referida encarnación. Sabemos, además, que Zoro­astro inauguro la cultura egipcia, por haber cedido su cuerpo astral a Hermes; y que cedió a Moisés su cuerpo etéreo. Zoroastro mismo pudo volver a encarnarse en otros cuerpos astral y etéreo, siendo de principal interés su encarnación como Zarathas o Nazarathos en la antigua Caldea, en el sexto siglo antes de nuestra era, cuando los sabios y magos caldeos y, principalmente, los mas sabios de los adeptos hebreos fueron sus discípulos, durante el cautiverio de Babilonia. También en los seis siglos subsiguientes prevalecían, en las escuelas ocultas caldeas, las tradiciones, ceremonias y cultos pro­venientes de Zoroastro por mediación de Zarathas. Además, todas las generaciones de discípulos de la ciencia oculta de Caldea, Ba­bilonia y Asiria, veneraban profundamente a su gran maestro Zoro­astro, reaparecido en Zarathas o Nazarathos, impacientes de su próxima encarnación; pues sabían que el gran maestro y guía de­bía reaparecer seis siglos mas tarde. Ellos conocieron el secreto de esa reaparición como algo que irradiaba desde el porvenir. Al acercarse el momento en que ya estaba preparada la sangre para la nueva encarnación de Zoroastro, se encaminaron desde el oriente los tres magos sabios, pues sabían que el nombre venerado de Zo­roastro mismo, como su astro, hubo de guiarles al lugar donde debió realizarse su reencarnación. Fue el gran maestro mismo, que como "estrella" condujo a los tres magos al lugar de nacimiento de Jesús del Evangelio de Mateo. Puede documentarse hasta filológicamente que, en tiempos antiguos, la palabra estrella o astro se usaba como nombre para individualidades humanas. No solamente por medio de la investigación espiritual, sino también por el uso de la palabra "astro" para altas individualidades humanas, podría comprobarse que la estrella que orientó a los sabios fue Zoroastro mismo, quiere decir que los magos fueron guiados por Zoroastro, el "Astro de Oro" quien los condujo al sitio donde él debió en­carnarse. Seis siglos antes de nuestra era, los magos de Oriente se hermanaron con la individualidad que mas tarde se encarnó como Jesús del Evangelio de Mateo; y fue Zoroastro mismo quien los condujo; ellos siguieron sus huellas. Pues fue, en cierto sentido, el paso de Zoroastro, la estrella yéndose a Palestina la que indicó a los magos los caminos hacia el país en que Zoroastro estuvo por entrar en su nueva encarnación. El secreto de la futura encarnación de Zoroastro fue también del conocimiento de los Misterios caldeos. Pero el secreto de la preparación de la sangre del pueblo hebreo a fin de obtenerla apropiada para la nueva corporalidad de Zoroastro, lo enseñaban aquellos que en los Misterios de los esenios se elevaban a través de cuarenta y dos escalones. Había pues dos categorías de hombres conocedores de los secretos concernientes al Jesús del Evangelio de Mateo: los iniciados caldeos que conocieron lo relacionado con Zoroastro, la individualidad que debió encarnarse en la sangre judaica y, por otra parte, los esenios con el conocimiento del secreto exterior de la sangre y del cuerpo, conocimiento que se había enseñado en las es­cuelas de los esenios durante cien años aproximadamente, referente al advenimiento del Jesús salomónico quien debió cumplir todas las condiciones, de las cuales hemos hablado, como asimismo otras mas las que podemos caracterizar de la siguiente manera. Después de muchos ejercicios y la purificación de su alma, el discípulo esenio fue conducido hacia arriba por los cuarenta y dos escalones para conocer los secretos del cuerpo físico y del etéreo. En cambio, aquella entidad que debió nacer encarnándose en esa san­gre, poseía las facultades que el discípulo esenio sólo alcanzaba a través de los cuarenta y dos escalones, después de muchas y muy severas pruebas. De aquel otro había que decir: "El posee desde un principio, desde el nacimiento, las facultades para desarrollar las predisposiciones". Los ejercicios y la purificación del alma que se buscaban en las comunidades de los esenios fueron, en el fondo, la continuación de un discipulado oculto que desde tiempos remotos existía dentro del judaísmo. En el siempre hubo lo que se denomi­naba como "nasireado" o "nasireísmo" el que consistía en que el discípulo - ya antes de formarse las sectas de los Terapeutas y de los Esenios - practicaba métodos bien definidos para desarrollar las facultades del alma y del cuerpo. Principalmente, los nasireos empleaban un método que se basaba en un determinado régimen dietética, método que incluso en nuestros tiempos es, en cierto sentido, útil cuando en su desarrollo anímico el hombre desea progre­sar mas pronto de lo comúnmente posible. Ante todo, renunciaron totalmente a la carne y al vino, y con ello obtuvieron cierto alivio, porque la comida de carne efectivamente puede retardar el desarro­llo espiritual, mientras que la abstención respectiva proporciona un sensible alivio: crece la capacidad y la fuerza del alma para superar los respectivos obstáculos y estorbos en el cuerpo físico y el etéreo. Pero esto no debe considerarse como una propaganda a favor del vegetarismo. Pues el desarrollo no se consigue por el solo hecho de abstenerse de comer carne, sino ante todo por el fortalecimiento del alma. La abstención meramente implica un cambio en lo físico, y si no existe lo que desde el alma debe influir sobre el cuerpo, aquella no cumplía su finalidad. Hubo pues en su tiempo el nasireísmo, y los esenios lo continuaron con su reglamento y con instrucciones mucho mas severas, ampliándolo con todo lo descripto en las conferencias anteriores; principalmente observaron la mas absoluta abstención de comer carne. Esto les permitía alcanzar relativamente pronto una memoria mas extensa y la visión a través de cuarenta y dos genera­ciones. Aprendieron a obtener la visión de los secretos de la crónica del Akasha. Se convirtieron en lo que puede llamarse un brote primitivo de una rama, o de una planta, que enlaza muchas generaciones. Así tuvieron conciencia de los hilos que los enlazaban con el árbol de toda la humanidad, de modo que fueron hombres dis­tintos de los que se separaban del tronco y cuya memoria se limi­taba a la personalidad individual. A aquellos hombres, dentro de las comunidades de los esenios, se los denominó con una palabra que significaba "una rama viviente" en contraste a la rama cortada; eran hombres que se sintieron aunados con la sucesión de las generaciones, no desprendidos del árbol de la humanidad. A los discípulos esenios que principalmente observaban esa dirección, y que habían pasado por los cuarenta y dos escalones, se los llamaba "Necireos". De entre esta categoría de los Necireos, Jesús, hijo de Pandira, el maestro de las comunidades de los esenios, tuvo también un discípulo predilecto y leal. De sus cinco discípulos, cada uno tuvo a su cargo una rama de la grandiosa enseñanza común de Jeshu ben Pandira. Sus nombres fueron: Mathai, Nakai; el tercero que pertenecía a la clase de los necireos, se llamó directamente Necireo; luego Boni y Thona. Estos cinco discípulos de Jeshu ben Pandira, quien un siglo antes de nuestra era fue muerto por sacrilegio y herejía, cultivaron la magna enseñanza de su maestro en cinco distintas esferas. La investigación oculta nos dice que después de la muerte de Jeshu ben Pandira, su discípulo Mathai se dedicó particularmente a la sabiduría de la preparación de la sangre para Jesús del Evangelio de Mateo. Por otra parte, Nacireo, el otro gran discípulo cultivó la sabiduría del intimo estado del alma, ciencia relacionada con el antiguo pero también con el nuevo na­sireado. Su misión particular consistió en fundar una pequeña colonia. En Palestina hubo muchas de tales colonias, y en cada una de ellas se cultivó una rama especial de la enseñanza de los esenios. El nasireado a cargo de Necireo, debió cultivarse particularmente en la colonia de misteriosa existencia y que en la Biblia obtuvo el nombre de "Nazareth". En esta colonia fundada por Na­cireo hubo hombres que cultivaron el antiguo nasireado y que vivieron dentro de un severo secreto. Debido a ello fue lo mas natural que Jesús, después de traerle de vuelta de Egipto fuese llevado al ambiente de este nasireado. A esto alude el Evangelio diciendo: Jesús fue llevado a la aldea de Nazareth "para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que debía de ser llamado Naza­reno". Esto se ha interpretado de la mas variada manera puesto que los traductores no conocían exactamente su significado. Lo im­portante fue que allí existió una colonia de los esenios en que Jesús debió pasar su infancia. Ahora, antes de referimos a otros pormenores, principalmente a la relación con el Jesús del Evangelio de Lucas, trataremos bre­vemente algo de lo característico del Jesús del Evangelio de Mateo. Lo que al principio de este ultimo se relata, se basa en la enseñanza esenia de Jeshu ben Pandira, la que acogió su discípulo Mathai, y ya los primeros secretos del Evangelio nos remiten a Mathai. A través de todo ello y lo caracterizado por Mateo, ha sido posible preparar el cuerpo físico y el etéreo de Jesús, si bien se trata igualmente, dentro de las cuarenta y dos generaciones, de influen­cias sobre el cuerpo astral. Si hemos dicho que durante las prime­ras catorce generaciones lo principal fue el cuerpo físico, durante las segundas catorce generaciones, el cuerpo etéreo, y para las terceras catorce generaciones, a partir del Cautiverio de Babilonia, el cuerpo astral, hemos de señalar, no obstante, que lo preparado de esta manera para Zoroastro, solo le resultó idóneo en cuanto a los cuerpos físico y etéreo. En otras oportunidades siempre hemos dicho que desde el nacimiento hasta los siete años de edad, el ser humano individual desarrolla particularmente el cuerpo físico; durante los siete años siguientes - desde la segunda dentición hasta la madurez sexual­ - principalmente el cuerpo etéreo; solo después viene el libre des­arrollo del cuerpo astral. El desarrollo de los cuerpos físico y etéreo a través de las generaciones desde Abraham en adelante, debió llegar a su termino con la nueva encarnación de Zoroastro. Pero una vez concluido el desarrollo del cuerpo etéreo, lo así preparado ya no fue suficiente, por lo cual el debió buscar el desarrollo del cuerpo astral. Para este fin se realiza lo grandioso y maravilloso sin cuya comprensión tampoco podemos comprender todo el su­premo misterio acerca del Cristo Jesús. Durante su infancia, hasta la edad de doce años, la individualidad de Zoroastro se desenvolvió en los cuerpos físico y etéreo del Jesús del Evangelio de Mateo. En este niño, debido al clima, la pubertad que en nuestros terri­torios se calcula para los 14/15 años, sobrevino algo mas temprano, de modo que a los doce años se había alcanzado todo cuanto pudo alcanzarse en los debidamente preparados cuerpos físico y etéreo de la línea salomónica. Sucedió entonces que la individualidad de Zoroastro abandonó esos dos vehículos de los cuales trata el Evange­lio de Mateo y pasó al Jesús del Evangelio de Lucas. Por lo expuesto en las conferencias sobre este ultimo, ya sabemos que el "relato acerca del niño Jesús en el Templo" significa lo siguiente: cuando este niño del Evangelio de Lucas repentinamente aparece a sus padres tan cambiado que ellos no pueden comprenderle, fue, preci­samente, porque en su ser interior había penetrado la individualidad de Zoroastro, la que hasta entonces había vivido en el cuerpo físico y el etéreo del Jesús salomónico. Semejantes eventos pueden produ­cirse en la vida, por inverosímil que parezca a las concepciones superficiales materialistas. Realmente, puede producirse el tras­paso de una individualidad de un cuerpo a otro; y esto sucedió cuando la individualidad de Zoroastro abandonó su cuerpo primi­tivo y pasó al de Jesús del Evangelio de Lucas, es decir a un cuerpo en que se había especialmente preparado el cuerpo astral y el yo. A partir de los doce años de edad, Zoroastro pudo entonces continuar su desarrollo en el especialmente preparado cuerpo astral y el yo del Jesús natanico. Es por eso que el Evangelio explica lo extraordinario y grandioso que el niño de doce años, sentado en el Templo entre los doctores de la ley, expone cosas de singular signi­ficado. Pudo hacerlo porque en ese mismo instante la individualidad de Zoroastro había penetrado en el. El cambio fue tan grande, que los padres no pudieron reconocerlo al encontrarlo entre los doctores de la ley. Existieron pues, dos parejas, los padres de ambos niños Jesús, Con los nombres "José" y "Maria" en ambos casos. En aquel enton­ces, José y Maria eran nombres muy comunes. El Evangelio de Mateo habla de la genealogía de la línea salomónica de la casa de David; el otro niño, el Jesús de la línea natanica, es el hijo de distintos padres, y de el nos habla el Evangelio de Lucas. Ambos niños viven en la misma aldea y se desarrollan uno al lado del otro, hasta los doce años. Los Evangelios dicen la verdad, solo hace falta com­prenderlos. El Jesús de la línea natanica se desenvuelve con inmensas fuer­zas interiores. No es muy hábil en el apropiarse de la sabiduría y conocimientos exteriores, pero posee una intimidad de animo y fuerza de amor casi ilimitadas, porque en su cuerpo etéreo vivió la fuerza que fluía de los tiempos en que el hombre poseía existen­cia divina y aun no había descendido a la encarnación terrenal. Este ser divino vivió en el con toda su fuerza de amor. Tuvo poco de cuanto el hombre se apropia en el curso de las encarnaciones, por medio de los instrumentos del cuerpo físico, pero su alma estuvo compenetrada de inmenso amor. Su fuerza interior fue tan grande que ocurrió algo que hizo comprender la interioridad de este niño. El niño Jesús del Evangelio de Lucas tuvo la facultad que comúnmente solo se suscita por la vida exterior: habló, es decir, pronunció ciertas palabras inmediatamente después de nacer, palabras que sus padres pudieron comprender. Fue grande con respecto a todo lo interior; pero poco apto para todo cuanto a través de las generaciones se adquiere sobre la Tierra. Así se explica la gran sorpresa de los padres al presentárseles inesperadamente un niño compenetrado de sabiduría exterior, de todo cuanto se adquiere por instrumentos exte­riores. Este enorme y repentino cambio fue posible porque en ese instante la individualidad de Zoroastro había pasado del Jesús salomónico al Jesús de la línea natanica, de modo que fue Zoroastro, Zaratas, quien habló en ese niño, cuando sus padres vinieron al Templo para buscarle. Se entiende que Zoroastro había adquirido todas las facultades que pueden conquistarse por el uso de los instrumentos del cuerpo físico y del etéreo. También había buscado la sangre de la línea salomónica y la corporalidad correspondiente, pues en ellas habianse desarrollado al máximo las grandes fuerzas. De esta corporalidad tomó todo lo que pudo apropiarse, y después lo aunó con la interio­ridad de la figura del Jesús natanico, proveniente de los tiempos en que el hombre aun no había entrado en la encarnación terrenal: Los dos elementos unieronse en una sola entidad. Pero hay algo mas que se nos presenta: aparte del cambio peculiar notado por los padres de Jesús, hubo también una transformación exteriormente perceptible, pues se agrega expresamente: "Y Jesús fue de buena apariencia exterior, creciendo en hábitos nobles y en sabiduría". ¿Por que enumeranse estas tres cualidades? Porque las tres le son propias ahora que en él se halla la individualidad Zoroastro. En la Biblia las tres palabras comúnmente se traducen como sigue: "Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia para con Dios y los hombres". No se si efectivamente hace falta que el Evangelio nos diga: ¡un adolescente de doce años crece en edad! Weizsacker tra­duce: "Y Jesús crecía en sabiduría, figura y gracia para con Dios y los hombres". Todo esto no da el sentido correcto sino que se quiere decir que en el Jesús natanico se halla ahora una individua­lidad que ya no es - como antes - un ser meramente interior, sino que, por haberse desarrollado en un cuerpo físico perfecto, también alcanzó una bien formada apariencia exterior. El Jesús natanico tampoco tenia antes los hábitos que el hombre mediante su cuerpo etéreo adquiere en la vida. El poseía la inmensa fuerza de amor que sirvió como base del futuro desarrollo. Pero esa disposición fue espontánea sin entrar en los hábitos; mas la otra individualidad dio las fuerzas adquiridas en el desarrollo del cuerpo físico y del etéreo que ahora se manifestaron en los hábitos impregnados en el cuerpo etéreo. La sabiduría como tercer elemento ya es una cosa mas natural. El Jesús natanico no la poseía, pero si la inmensa fuerza de amor. El crecer en sabiduría se explica por haberle pene­trado la individualidad de Zoroastro. En una de las conferencias sobre el Evangelio de Lucas ya hemos dicho que un hombre cuyo yo se ha desprendido, quedando solamente con los cuerpos físico, etéreo y astral, posiblemente pueda seguir viviendo por algún tiempo. Pero el Jesús salomónico, tal como había quedado después de haber sido abandonado por la indi­vidualidad de Zoroastro, fue decayendo y murió poco después; quiere decir que el niño Jesús de los primeros dos capítulos del Evangelio de Mateo murió poco después de sus doce años de edad. Al prin­cipio se trata no de un solo niño Jesús, sino de dos; después los dos se convierten en uno. A veces, los documentos de tiempos antiguos mencionan cosas bastante extrañas que solo comprenden quienes conocen los hechos respectivos. Mas adelante nos ocuparemos de como llegaron a encontrarse los dos niños Jesús; ahora solo agrega­remos lo siguiente. En el así llamado "Evangelio egipcio" hay un pasaje que ya en los primeros siglos de nuestra era fue considerado como herético, porque dentro de círculos eclesiásticos trataban de ocultar la verdad. Mas existe un Evangelio apócrifo donde se dice" . . . que en el mundo aparecerá la salvación cuando los dos se conviertan en uno y lo exterior será como lo interior". Estas palabras expresan exactamente lo que acabo de relatar de acuerdo con los hechos ocultos. Pues la salvación depende de que los dos se conviertan en uno. Esto se cumplió cuando a la edad de doce años la individualidad de Zoroastro paso al Jesús natanico; y lo interior se transformó en lo exterior. El alma del Jesús de Lucas fue de inmensa fuerza interior, pero esta interioridad se convirtió en apariencia exterior cuando la individualidad de Zoroastro, que se había desarrollado en lo exterior del cuerpo físico y el etéreo del Jesús salomónico, compenetró aquella interioridad, impregnándole a la vez fuerzas desarrolladas en los cuerpos físico y etéreo; así los dos se convirtieron en uno. En esta conferencia hemos dirigido la mirada sobre la entidad de Zoroastro desde su nacimiento como niño Jesús del Evangelio de Mateo hasta que el, a los doce años, deja su cuerpo primitivo para penetrar en la corporalidad del Jesús natanico y para seguir desarrollándose hasta tal perfección que mas tarde pudo ofrecerla en sacrificio, acogiendo a la entidad del Cristo, en sus cuerpos físico, etéreo y astral.
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