El evangelio según san mateo rudolf steiner






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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO




RUDOLF STEINER



DOCE CONFERENCIAS PRONUNCIADAS EN BERNA (SUIZA) DEL 1° AL 12 DE SEPTIEMBRE DE 1910

NOTAS DEL TRADUCTOR

EI contenido de estas conferencias sobre el Evangelio según San Mateo, al igual que las anteriormente publicadas sobre el Evan­gelio según San Lucas, no consiste en meros comentarios o interpre­taciones personales sino que reproduce el resultado de la propia investigación espiritual de su autor, Rudolf Steiner (1861-1925), fun­dador de la ciencia espiritual de orientación antroposofica. Hacemos notar que los textos de estas conferencias se basan en apuntes taquigráficos que luego fueron dados a la publicación sin revisión previa de parte del autor. Además, para formarse un juicio adecuado de su contenido, es preciso estar familiarizado con los conocimientos básicos de la Antroposofia. No obstante, se puede afirmar que aun sin tal requisito, el lector exento de prejuicios se vera beneficiado con nuevos y profundos conocimientos relativos al tema en particular.

CAPITULO 1

LAS CORRIENTES POST-ATLANTES
Y
LA INDIVIDUALIDAD DE ZOROASTRO


EI año pasado hemos hablado en Basilea sobre el mas impor­tante acontecimiento de la evolución de la humanidad, el Misterio del Golgota, desde el punto de vista que nos ofrece el Evangelio de Lucas; ahora lo haremos basándonos en el Evangelio de Mateo. Muchas veces he puesto de relieve la importancia del hecho de que existen cuatro documentos religiosos que nos describen aquel acontecimiento de una manera aparentemente diferente, cada uno. Si para el pensar materialista, esto da motivo para ocuparse de la materia con una critica negativa, este mismo hecho se presenta, por lo contrario, como un factor muy significativo si lo consideramos desde el punta de vista de nuestra convicción antroposofica. Nadie debería tratar de caracterizar un ser o hecho alguno, mirándolo desde un solo punta de vista. A menudo me he servido de la siguiente comparación: no se puede pretender que la fotografía de un árbol, tomada desde un solo lado, represente su verdadero aspecto; en cambio, si se le sacaran fotografías desde cuatro lados distintos, por diferentes que salgan, podríamos formarnos una ima­gen concreta de ese árbol. Si esto es así con respecto a un objeto exterior, con mas razón es de suponer que no es posible comprender un acontecimiento que para el hombre encierra la plenitud y lo esencial de la existencia, si se lo describe desde un solo lado. No se trata, pues, de relatos contradictorios que se nos presentan en los cuatro Evangelios, antes bien se basan en el hecho de que sus autores sabían muy bien que ninguno de ellos era capaz de describir ese majestuoso acontecer sino desde un solo lado, y que la humani­dad podrá formarse, paso a paso, una imagen de conjunto por medio del aspecto total de los cuatro relatos. Esto nos obliga a acercarnos, pacientemente, a ese acontecimiento mas grande de la evolución terrestre, partiendo del contenido de esos cuatro docu­mentos del Nuevo Testamento. Antes de dar una característica formal de los cuatro relatos, quiero aclarar que al comienzo de este ciclo de conferencias no voy a referirme - tal como se suele hacerlo - al origen histórico de los Evangelios, o bien del Evangelio de Mateo. Será mas conveniente hacerlo al final, ya que es mas fácil comprender la historia de cual­quier cosa, una vez estudiado y captado ella misma. Así, por ejem­plo, no será útil ocuparse de la historia de la aritmética sin saber nada de ella; y algo parecido se podría decir de cualquier otra ma­teria: la consideración histórica se da al final, de acuerdo con la exigencia natural de la búsqueda del conocimiento. Examinaremos, pues, el contenido del Evangelio de Mateo y, al final, daremos la exposición de su origen histórico. Considerándolos "exteriormente", se notara cierta diferencia en cuanto a la manera de hablar de los distintos Evangelios. Al con­templar el Evangelio de Juan resulta que en todas sus partes en que tratamos de penetrar en la grandiosidad de su contenido, sentimos vagamente su magnitud espiritual de modo que dicho Evangelio nos revela lo mas supremo a que la sabiduría humana puede ele­varse y que, paso a paso, puede ser accesible al conocimiento hu­mano. En cierto modo, el hombre se halla abajo y eleva la mirada hacia la cumbre de la existencia del universo, diciéndose: "Por mas pequeño que tu te sientas como ser humano, el Evangelio de Juan te da una idea de que algo que tiene afinidad con tu propio ser se sumerge en tu alma y te hace sentir lo eterno cósmico." La grandiosidad espiritual de los seres cósmicos que tiene afinidad con nosotros mismos se apodera de nuestra alma cuando hablamos del Evangelio de Juan. Al contemplar el Evangelio de Lucas, en cam­bio, sentimos la intimidad, lo anímico mismo; la intensidad de todo cuanto las fuerzas del amor son capaces de hacer; y lo que las fuerzas del sacrificio, si obran en nosotros, pueden realizar. Si el Evangelio de Juan nos describe la magnitud espiritual del Cristo ­Jesus, el Evangelio de Lucas nos revela la infinita capacidad de sacrificio de esta entidad y nos da una idea de lo que la evolución del mundo y de la humanidad ha ganado por semejante sacrificio de amor que como fuerza entre otras, obra y teje en el mundo. Así que es principalmente el sentimiento que nos compenetra al con­templar el Evangelio de Lucas y, por otro lado, el elemento del conocimiento con sus fundamentos y su ultima finalidad lo que se nos presenta en el Evangelio de Juan; este habla mas bien a nues­tro conocimiento, aquel en cambio a nuestro corazón. Quien solo oye las palabras cuando hablamos de uno u otro Evangelio, no lo oye todo; en cada uno de ellos, la manera de hablar es distinta y, por eso, será también distinta cuando ahora hablamos sobre el Evangelio de Mateo. En las conferencias sobre el Evangelio de Lucas hemos visto que todo el amor humano que jamás existió en la evolución de la humanidad fluyo en la entidad que como Cristo-Jesús vivió al prin­cipio de nuestra era. El contenido del Evangelio de Mateo, tomado en su aspecto exterior, se presenta como un documento mas univer­sal que los otros tres. Si el Evangelio de Juan nos hace ver la mag­nitud y la sabiduría del Cristo-Jesús, el de Lucas la potencia del amor, veremos que en el Evangelio de Marcos se nos presenta ante todo lo que como fuerza, como potencias creadoras, o sea, como majestuosidad compenetra todo el espacio del universo. Si llegamos a comprenderlo, habrá algo imponente en el actuar de la intensa fuerza del universo, como si es la fuerza se nos acercara estrepitosa­mente desde todos los lados del espacio. En el Evangelio de Lucas hay algo que penetra calurosamente en nuestra alma; el de Juan nos da esperanza para el alma; estre­mecimiento ante el poder y la majestuosidad de las fuerzas del universo nos invade ante la contemplación del Evangelio de Marcos. EI Evangelio de Mateo abarca esos tres elementos: la esperanza y la amplia perspectiva que nos confiere el conocimiento; el elemento del sentir y del amor; y la majestuosidad del universo. Empero, en cierto modo los contiene en forma tan atenuada que todos estos elementos se nos presentan humanamente mas afines que en los otros tres Evangelios. Quiere decir que en cierto sentido podemos colocarnos no debajo sino al lado de ellos. Resulta pues que el Evangelio de Mateo es, en su genero, el documento mas humano de to­dos; nos describe al Cristo-Jesus como hombre mas afín a nosotros en todo su ser y en todos sus actos. Además, en cierto sentido, este Evangelio es como un comentario con respecto a los otros tres: lo que en estos a veces es demasiado grande como para abarcarlo con la vista, en el de Mateo lo comprendemos claramente, porque lo dice todo en "escala reducida". De esta manera hace caer luz sobre los otros tres Evangelios. Consideremos lo que sigue meramente desde el punto de vista estilístico. Con el fin de exponer como del Cristo-Jesus fluye a la humanidad y en el mundo el amor y el sacrificio en su máximo grado, el Evangelio de Lucas se refiere a una corriente evolutiva que se remonta a los tiempos mas antiguos del devenir terrestre, o sea, al origen primitivo de la humanidad. EI Evangelio de Juan nos describe en su primer capitulo la relación del Cristo Jesús con el Logos creador; nos habla de la mas alta espiritualidad a que po­demos elevarnos con nuestro conocimiento. Desde el principio so­mos conducidos a lo mas elevado a que el hombre aspira en el conocimiento, a lo mas alto que en su alma puede vivenciar. Muy distinto es el Evangelio de Mateo: empieza por describirnos la línea de descendencia hereditaria dentro de un determinado pueblo, y nos dice que en cierto modo se sumaron en Jesús de Nazareth todas las propiedades heredadas desde Abraham a través de tres veces catorce generaciones. Quiere decir que un pueblo hacia fluir en la sangre sus mejores cualidades a fin de reunir en una individualidad las mas altas fuerzas humanas. EI Evangelio de Juan nos conduce a lo infinito del Logos; el de Lucas a lo inconmensurable de la evolución de la humanidad, desde su origen; el de Mateo nos describe un pueblo que, por herencia desde el patriarca Abra­ham, a través de tres veces catorce generaciones, transmite sus cualidades al hombre Jesús de Nazareth. Con respecto al Evangelio de Marcos solo diré que para com­prenderlo verdaderamente es preciso conocer, en cierto sentido, las fuerzas cosmologicas que fluyen a través del devenir de todo el universo. El Evangelio de Marcos nos presenta al Cristo Jesús de tal manera que en un obrar humano hemos de ver la esencia de fuerzas cósmicas que, por lo común, viven como fuerzas del universo en lo inconmensurable de las vastedades cósmicas. Se nos hace ver que en el actuar de Cristo Jesús se ponen de manifiesto extrac­tos de un obrar cósmico. EI Hombre-Dios Cristo Jesús sobre la Tierra como un extracto de las fuerzas del Sol, con todas sus in­mensidades, o sea, el obrar de fuerzas estelares a través de las fuer­zas humanas, esto es lo que Marcos nos describe. En cierto sen­tido, el Evangelio de Mateo también parte de fuerzas estelares; pues­to que, al describirnos el nacimiento de Jesús de Nazareth, nos con­duce a un punto desde el cual el gran acontecimiento aparece de tal modo que el devenir de la humanidad guarda cierta relación con hechos cósmicos: nos hace mirar hacia el astro conduciendo a los tres magos al lugar donde nace Jesús. Sin embargo, no describe fuerzas cósmicas como el Evangelio de Marcos, sino que nos habla de tres hombres, tres magos, y del efecto que lo cósmico ejerce sobre estos tres hombres. Nuestro interés se dirige a ellos para sentir lo que ellos sienten. Se trata del reflejo de lo cósmico en el corazón humano. He dicho y vuelvo a señalar que lo expuesto debe tomarse en sentido estilístico, pues por su carácter fundamental los Evangelios describen desde distintos puntos de vista; la manera de como lo hacen es característico para lo que nos quieren decir acerca del acontecimiento mas grande de la evolución de la humanidad y de la Tierra. Es muy importante que al principio del Evangelio de Mateo se nos señala el parentesco sanguíneo de Jesús de Nazareth; se nos contesta la pregunta: ¿cual fue la característica física de Jesús de Nazareth? ¿Como se sumaron en esta personalidad todas las cualidades del pueblo hebreo, desde el patriarca Abraham, para que en ella pudiese aparecer la entidad del Cristo? Se nos contesta: para que el Cristo pudiese encarnar en un cuerpo físico, este debió poseer propiedades físicas que solo pudo tener si en la sangre de ese pueblo aparecían, sumadas como en un extracto, todas esas pro­piedades del pueblo de Abraham en la personalidad de Jesús de Nazareth. Y se demuestra que la formación de la sangre de Jesús de Nazareth se remonta, a través de las generaciones, al fundador del pueblo hebreo. Así vemos que principalmente en la personalidad física de Jesús de Nazareth se concentro la naturaleza de ese pueblo, con su misión en la historia universal, para la evolución de la humanidad y de la Tierra. Por consiguiente, para comprender lo que el autor del Evangelio de Mateo quiso mostrar con esta introducción, es preciso conocer la naturaleza del pueblo hebreo, su misión, en base a su peculiaridad en cuanto a la evolución de la humanidad. La historia materialista apenas toma en cuenta lo que esto significa; describe abstractamente los hechos exteriores, con el resultado de que un pueblo simplemente aparece al lado de otro sin que se aperciba el hecho fundamental de que dentro de la evolución cada pueblo tiene su misión específica. Cada pueblo tiene que contribuir su parte bien determinada al patrimonio total que la hu­manidad debe donar a la Tierra. Hasta en los pormenores de las condiciones físicas, cada pueblo posee las propiedades que le capacitan verdaderamente para contribuir su parte al conjunto de la hu­manidad. Dicho de otro modo: los hombres que pertenecen a un pueblo poseen tal naturaleza de sus cuerpos físico, etereo y astral que estos, en su conjunto, forman el instrumento adecuado para lle­var a cabo lo que cada pueblo ha de contribuir a la humanidad toda. Preguntemos entonces: ¿cual fue la parte que el pueblo hebreo tuvo que proveer y como se formo la esencia que encontró su expresión en el cuerpo de Jesús de Nazareth? Para comprender la misión del pueblo hebreo es preciso ahon­dar el estudio de la evolución de toda la humanidad. Al respecto, hemos de caracterizar mas exactamente algo de lo esbozado en mi CIENCIA OCULTA; y para ello nos referiremos brevemente al gran cataclismo ocurrido dentro de la evolución, al que hemos lla­mado la catástrofe atlante. Cuando esta iba cambiando, paso a paso, la faz de la Tierra, los pobladores del antiguo continente atlante emigraron hacia el Este. En este éxodo hubo principalmente dos corrientes: una que avanzo por el Norte, y la otra que tomo el camino por los territorios mas al Sur. Una gran corriente de po­bladores atlantes avanzo a través de Europa hasta el Asia, para establecerse en el territorio alrededor del Mar Caspio. Otra corriente se movió a través de Africa para encontrarse, allí en Asia, con la primera. Fue algo parecido a la confluencia de dos grandes co­rrientes de agua, formando un remolino. Preguntemos, ante todo, como fue la configuración del alma de esos pueblos o, al menos, de la mayoría de esos pobladores que desde la Atlántida fueron conducidos hacia el Este. Fue realmente así que durante los primeros tiempos post-atlantes el estado del alma fue totalmente distinto de las épocas posteriores, principalmente bien distinto de lo que ahora es. Todos esos pueblos post-atlantes aun poseían el don clarividente; en cierto sentido percibían lo espiritual e incluso veían de una ma­nera espiritual lo que se percibe físicamente. El modo de vivir y las formas del alma se basaban en la clarividencia. Aparte, es particularmente importante que, en cierto modo, la clarividencia de los antiguos pueblos post-atlantes era también distinta de la población atlante en sus tiempos florecientes. En los tiempos atlantes de florecimiento, la facultad clarividente permitía al hombre percibir de una manera pura el mundo espiritual, y las revelaciones de ese mundo impulsaban al alma humana a obrar en sentido del Bien; e incluso se podría decir que en la época de florecimiento de la evolución atlante, el impulso hacia el Bien se intensificaba a medida del aumento de la facultad clarividente. También es verdad que, debido a los cambios que hacia el ultimo tercio de los tiempos atlantes se produjeron y, en mayor gra­do, en las épocas post-atlantes, desaparecieron, cada vez mas, las buenas cualidades de la antigua clarividencia; solo pudieron con­servarlas quienes pasaban por la enseñanza de las escuelas de iniciación. En cambio, lo que de la antigua clarividencia atlante se con­servaba de una manera natural, tomó cada vez mas, tal característica que esa clarividencia fácilmente conducía a la percepción de las potencias seductoras del Mal; de modo que, por determinados territorios de la población post-atlante, cundió una clarividencia de­ficiente, o sea, una especie de potencia seductora. Paralelamente con la decadencia de la antigua fuerza clarivi­dente, surgió, poco a poco, el desarrollo de la percepción sensoria, es decir, la facultad normal de la humanidad de nuestros tiempos. Las cosas que con sus ojos vieron los hombres de los primeros tiempos post-atlantes y que también ve el hombre actual por la percepción común, no resultaban seductoras porque aun no existían las fuer­zas seductoras del alma. Lo exterior que actualmente puede sedu­cirnos al goce, no ejercía tal efecto sobre aquel hombre post-atlante, ni tampoco en sus aspectos que en nuestros tiempos serian los mas seductores. En cambio, si desenvolvía reminiscencias de la antigua clarividencia se sentía aguijoneado, pues apenas percibía entonces los buenos aspectos del mundo espiritual; antes bien, lo luciferico y lo arimanico influian sobre el con gran poder: veía las fuerzas y potencias seductoras y engañosas. Esto hacía necesario que los con­ductores de la evolución de la humanidad, iluminados por la sabiduría de los Misterios, tomaran las disposiciones apropiadas para que el hombre, a pesar de esas condiciones contrarias, encontrase el camino hacia el Bien y la clara orientación. Ahora bien, en los hombres emigrados hacia el Este, después de la catástrofe atlante, existían grandes diferencias, entre unos y otros, en cuanto a su nivel evolutivo. Se puede decir que cuanto mas hacia el Este dirigi­mos la mirada, tanto mas elevado era el grado evolutivo del hombre en sentido moral y espiritual. En cierto modo, su percepción exte­rior que le presentaba un mundo nuevo, adquiría una diafanidad cada vez mas grande y le hacía descubrir lo grandioso y maravilloso del mundo de los sentidos. Estas cualidades las poseían principal­mente las poblaciones establecidas en los territorios al norte de la India actual, hasta el Mar Caspio y los ríos Oxus y Jaxartes. En este territorio del Asia Central se había establecido una mezcla de pueblos como material propicio para distintas corrientes que después se extendían en diversas direcciones, incluso hacia aquel pueblo que con respecto a su cosmovisión espiritual frecuentemente hemos caracterizado: el de la antigua India. Poco después del cataclismo atlante y, en parte, ya al mismo tiempo, se había desarrollado en esos pueblos de Asia Central la orientación hacia la realidad externa. Pero los hombres encarnados en ese territorio también conservaban un viviente recuerdo – una especie de conocimiento por recuerdo - referente a lo vivenciado en la Atlántida. Esta facultad la poseía en el máximo grado la población que se traslado al territorio de la India. Si bien poseía, por su gran progreso en la observación del mundo físico, una buena comprensión para lo grandioso del mundo exterior, también había desarrollado, mas eficazmente que otros pueblos, el recuerdo de la antigua percepción espiritual de los tiempos atlantes. Debido a ello, se suscitaba en el pueblo indio un fuerte impulso hacia el mundo espiritual, del cual conservaba la memoria, y le era fácil volver a percibirlo. Por otra parte, se consideraba como maya o ilusión lo que para los sentidos exteriores se presentaba. Así surgía el impulso de ocuparse no del mundo físico exterior sino de empren­der todo lo posible para elevarse - ahora por desarrollo artificial, a través del yoga - hacia lo que en la antigua Atlántida se había recibido directamente del mundo espiritual. Esa característica de dar poca importancia al mundo circundante y de considerarlo como maya o ilusión, desarrollando solamente los impulsos hacia lo es­piritual, se había formado mucho menos en los pueblos al norte de la India. Pero esta mezcla de pobladores se encontraba en una situación trágica. Para el antiguo pueblo indio fue bastante fácil pasar por determinado desarrollo yoga con el fin de elevarse a las regiones en que había vivido durante los tiempos atlantes: a través de la cognición le era fácil sobreponerse a lo que se consideraba como ilusión. Para este pueblo, lo sublime era el conocimiento: "el mundo sensible es ilusión, es maya, pero si tu te esfuerzas en des­arrollar las fuerzas de tu alma, llegaras al mundo que se halla detrás del mundo de los sentidos." Quiere decir que por medio de un pro­ceso interior el habitante de la India alcanzaba lo que quiso alcanzar: sobreponerse a lo que para el era maya o ilusión. No así en los pueblos mas al norte que en la historia fueron llamados Arios, en sentido propio: iranios (o persas), medos, bactrianos, etc. Ellos habían desarrollado el sentido de la visión exterior, pero sin im­pulso pronunciado del alma de adquirir, a través del yoga, lo que el hombre atlántico poseía por don natural. Los citados pueblos nórdicos poseían un estado de alma tal que sus sentimientos, en ter­minos de nuestro tiempo, podrían caracterizarse de la siguiente ma­nera: "Si en tiempos pasados hemos vivenciado lo espiritual y lo anímico dentro del mundo espiritual y si ahora estamos colocados en el mundo físico al que vemos con nuestros ojos y al que comprendemos con el intelecto ligado al cerebro, tiene que haberse producido un cambio, no solamente en nosotros mismos sino también en la Naturaleza; y todo cuanto existe sobre la Tierra tiene que haberse transformado, al descender el hombre nuevamente a ella." Por esto no decían: "En torno mío se extiende la maya a la que yo tengo que sobreponerme para alcanzar el mundo espiritual" sino que decían: "el hombre es parte integrante del mundo que le circun­da; por consiguiente, no basta con transformar lo que en el hombre ha descendido de las alturas divino espirituales sino que también tiene que transformarse lo que se halla en torno nuestro." Debido a ello, esos pueblos recibieron el impulso de proceder activamente a la transformación y recreación del mundo. En la India se decía: "el mundo ha descendido y lo que ahora ofrece es maya"; mas al norte, en cambio, se decía: "ciertamente, el mundo ha descendido, pero nosotros hemos de transformarlo de tal manera que volverá a transformarse en espíritu." La intima búsqueda de conocimiento fue el carácter fundamental del pueblo indico, y con el mundo se conformo considerándolo ilusión o maya; el carácter fundamental del pueblo iranio y de los demás pueblos nórdicos encontró su expresión en la energía y la voluntad con que se dedico a todo cuanto existía en la Naturaleza externa. Ellos decían: "Lo que nos rodea ha descendido de esferas divinas, pero el hombre esta llamado a elevarlo nuevamente a lo divino." Lo que en el fon­do ya formaba parte del carácter del pueblo iranio, sus conductores espirituales provenientes de los Misterios lo ennoblecieron y lo reali­zaron con todas las fuerzas a su alcance. Las condiciones evolutivas al este y al sur del Mar Caspio no se comprenderán perfectamente - incluso en su aspecto exterior - sino comparándolo con las condiciones prevalecientes mas al norte, vale decir, en territorios lindantes con la Siberia, la Rusia actual, tierras pobladas por hombres que en alto grado se habían conservado la primitiva clarividencia, con cierto equilibrio entre la facultad de la antigua visión espiritual y la percepción sensoria, incluso el nuevo pensamiento intelectual. Gran parte de esas poblaciones aun poseía la visión del mundo espiritual, pero una visión ya reducida a un nivel inferior o, como hoy lo llamaríamos, una clarividencia astral inferior, con determinada consecuencia para la evolución de toda la humanidad. La persona dotada de semejante clarividencia adquiere un bien definido carácter lo que se verifica si se estudia la peculiaridad de las poblaciones que poseían esa clarividencia in­ferior. Semejante hombre se inclina a exigir que la Naturaleza le provea los medios de subsistencia, y que él tenga que trabajar lo menos posible para obtenerlos. Así como ahora el hombre físico sabe que existen plantas, animales, etc., así también aquel hombre sabia que detrás del mundo físico hay entidades superiores podero­sas; y de ellas exigía que le asegurasen la subsistencia sin que él tenga que esforzarse mucho. Muchos pormenores podríamos mencionar como expresión exterior del estado anímico de esas poblacio­nes dotadas de clarividencia astral. Nos referiremos a una sola par­ticularidad. En aquel tiempo, tan importante para nuestras consideraciones, todos esos pueblos eran nómadas que sin establecerse en morada fija, andaban como pastores de un lugar a otro. No se dedicaban mucho al cultivo de la tierra y no titubeaban en destruir lo que les rodeaba con el fin de conseguir medios de subsistencia. No estaban dispuestos a emprender nada para elevar el nivel cultural o de transformar la faz de la Tierra. Así se formo el importantísimo gran contraste, quizás uno de los mas significativos dentro de la evolución post-atlante: la gran diferencia entre esos pueblos mas al norte y la población irania. En esta ultima se desarrollo el afán de intervenir activamente en el acontecer del mundo circundante; establecerse en morada firme; obtener por medio de su trabajo lo que como hombre y como humanidad se necesita; en fin, transformar realmente la Naturaleza a través de las fuerzas espirituales humanas. Este fue el afán principal de los hombres en esa parte de Asia. Co­mo vecino inmediato hacia el norte: aquel pueblo con la percepción del mundo espiritual, el que, en cierto modo, vivía en fraternidad con las entidades espirituales, pero que prefería no trabajar, ni establecerse en morada fija, y sin interés en impulsar el trabajo cultural en el mundo físico. He aquí el contraste probablemente mas grande de los tiempos post-atlantes, a consecuencia del distinto desarrollo del alma, y que en la historia exterior es conocido como la gran diferencia entre Irán y Turan. Lo que no se conoce, es la causa la que acabamos de explicar. Al norte, hasta la Siberia: Turan, un conjunto de pueblos en alto grado dotados de remanentes de una clarividencia astral inferior; hombres pasivos sin inclinación para fundar una civilización exte­rior. Entre ellos e incluso entre sus sacerdotes había nigromantes y hechiceros. Al sur: Iran, donde desde temprano había surgido el impulso de transformar el mundo físico mediante la fuerza es­piritual humana y valiéndose de los medios mas sencillos como fun­damento de la civilización exterior. En hermosa forma legendaria se relata que la población mas evolucionada, en el referido aspecto cultural, emigro desde el norte hacia la región irania. La leyenda también relata que el rey Dshem­shid quien conducía a esos pueblos desde el norte hacia Iran, recibió del Dios que mas tarde ha sido llamado Ahura Mazdao, una daga de oro la que luego le serviría para cumplir su misión sobre la Tierra. Esta daga de oro fue símbolo de la búsqueda de sabiduría mediante las fuerzas humanas; de la sabiduría que vuelve a desarrollar las fuerzas decadentes, compenetrándolas de la fuerza espiritual que el hombre puede adquirir sobre el plano físico. Esa daga de oro es también símbolo del arado que ha cavado la tierra, transformándola en tierra laborable; además, ha traído los primitivos descubrimientos de la humanidad; finalmente, actúa en todo cuanto conduce a los progresos culturales, a que el hombre mira con orgullo. Es un he­cho significativo que el rey Dshemshid que desde Turan se traslado a la región irania, recibió de Ahura Mazdao esa daga de oro la que confiere al hombre la fuerza para conquistar, con su trabajo, el mundo físico exterior. Ese ser divino que dono la daga de oro, también ha sido la magna entidad que inspiro al conductor del pueblo iranio: Zaratustra, o Zoroastro. Fue Zoroastro quien, en tiempos remotos, poco después del cataclismo atlante, mediante las fuerzas extraídas de los Sagrados Misterios, instruyo a ese pueblo el que tuvo el afán de compenetrar la civilización exterior con la fuerza espiritual humana. Así le abrió el camino para comprender que el cuerpo solar visible no es sino el cuerpo de una magna entidad espiritual a la que Zoroastro llamo Ahura Mazdao, la "Gran Aura", en contraste a la pequeña aura humana. Con esto quiso señalar que ese ser que en aquella época aun se hallaba lejos, a su tiempo descendería a la Tierra para unirse substancialmente con ella, y para seguir obran­do dentro del devenir de la humanidad. Con ello, Zoroastro se refirió a la entidad que mas tarde apareció y vivió como el Cristo. Fue algo grandioso lo que Zoroastro dio a la humanidad post­-atlante que había perdido la visión de la divinidad: el elevarse nuevamente a lo espiritual y la esperanza de que con las fuerzas descendidas al plano físico será posible volver a unirse con lo espiritual. EI hombre de la antigua India, en cierto modo, volvió a alcanzar la espiritualidad mediante los ejercicios del yoga, pero un nuevo camino debió abrirse por lo que Zoroastro dio a la humanidad. Debo aclarar que, hablando de Zoroastro, me refiero a una en­tidad que ya los griegos hacían figurar en una época a 5000 años antes de la guerra de Troya; por consiguiente, nada tiene que ver con Zaratrustra de la historia exterior, ni tampoco con tal individualidad de la época de Darío. Zoroastro de los tiempos antiguos tuvo a un protector al que posteriormente se dio el nombre de Gushtasb. Resulta, pues, que Zoroastro fue una poderosa individualidad de naturaleza sacerdotal; el señalo el advenimiento de Ahura Mazdao, el gran espíritu Solar, la entidad que debió volver a guiar al hombre del plano físico al espiritual. Y en Gushtasb reconocemos la naturaleza-rey dispuesta a realizar en el plano físico todo cuanto pudiera contribuir a difundir en el mundo las grandes inspiraciones de Zoroastro. Como consecuencia de ello fue inevitable que esas inspiraciones e intenciones de Zoroastro y de Gushtasb llegasen a chocar contra lo que inmediatamente al norte de su territorio existía. Se suscito entonces una de las mas grandes guerras que jamás hubo en el mundo y de la cual la historia corriente nos dice muy poco, ya que tuvo lugar en tiempos remotos. Fue un violento choque en­tre Iran y Turan. A raíz de esta guerra que duro no solo decenios sino siglos, surgió un estado de animo que en el centro de Asia prevaleció durante mucho tiempo y que puede caracterizarse apro­ximadamente de la siguiente manera. EI pensamiento del iranio, hombre de la poca de Zoroastro, puede expresarse como sigue: "Por doquier se dirija la mirada exis­te un mundo que ha descendido de lo divino-espiritual, el que, sin embargo, se presenta ahora como decaído de la altura anterior. He­mos de suponer que en tiempos pasados todo cuanto nos rodea, los mundos de los animales, vegetales y minerales, anteriormente mas elevados, han decaído. No obstante, el hombre tiene esperanza de elevarlo nuevamente". Como ejemplo, tomemos el animal: para caracterizar los sentimientos del iranio con palabras de nuestra len­gua - como un maestro lo explicaría a sus alumnos - podríamos decir: "observa lo que te rodea; anteriormente era de naturaleza espiritual; ahora se halla en decadencia. El animal, el lobo, por ejemplo, que tu ves como ser físico, ha decaído. Anteriormente no ostentaba su naturaleza mala. Mas si tu, como hombre, empleas las buenas cualidades y tus fuerzas espirituales, serás capaz de do­mar y de domesticar ese animal, transmitiéndole tus propias cualidades; y el lobo se transformará en perro que va a servirte. El lobo y el perro son dos seres distintos que en cierto modo representan dos corrientes evolutivas". Quienes empleaban sus fuerzas espiritua­les para transformar el mundo circundante, eran capaces de domesticar y elevar los animales a un nivel superior, mientras que los demás dejaban los animales en su estado primitivo de manera que estos cayeron a niveles cada vez mas bajos. Son dos fuerzas distin­tas; una que se manifiesta con la disposición de animo: "si dejo la Naturaleza en su estado silvestre, decaerá mas y mas; mas yo puedo dirigir la mirada espiritual hacia una potencia del bien, de la cual me considero adepto; conseguir que ella me ayude y así volveré a elevar lo que tiende a decaer. Esa potencia me hace confiar en la evolución progresiva." Para el iranio, esa misma potencia fue Ahura Mazdao, y él se decía: "Todo cuanto el hombre podrá hacer con el fin de ennoblecer y de elevar las fuerzas de la Naturaleza, lo conseguirá si él se une con Ahura Mazdao, con la fuerza de Ormuzd; esta representa una corriente ascendente. En cambia, si el hombre deja la Naturaleza en su estado primitivo, todo se trans­formara en tierra agreste, porque obedece a las fuerzas de Ariman." surgió entonces el siguiente estado de animo: "En el norte hay mu­chos hombres que se hallan al servicio de Ariman. Andan vagando y se contentan con lo que la Naturaleza les ofrece; se niegan a poner mano a la obra para espiritualizar la Naturaleza. Nosotros, por el contrario, nos unimos a Ormuzd, el Ahura Mazdao." Así, los iranios de Zoroastro sintieron la dualidad en el mundo, e incluso le dieron expresión en las leyes. Quisieron que en la vida y en la legislación exterior se manifestase el impulso del desarrollo hacia arriba. De esta manera hemos de caracterizar el contraste entre Iran y Turan que encontró su expresión exterior en aquella guerra de la que la historia oculta nos dice muchísimo y en forma exacta, la guerra entre Ardshasb, el rey de los turanios y Gushtasb, el protector de Zoroastro. Comprenderlo, nos capacita para observar cierta corriente anímica que de Zoroastro fluyo en toda la humanidad en que el obraba. Ante todo tuvimos que caracterizar todo el ambiente, todo cuanto en aquel tiempo circundaba a Zoroastro. Pues sabemos que el fue la individualidad que se encarno en un cuerpo con la sangre que desde el patriarca Abraham fluyo a través de tres veces catorce generaciones hasta el Jesus de Nazareth del Evangelio de Mateo. Primero tuvimos que dirigir la mirada al lugar donde esa individualidad se nos presenta por primera vez en el curso del tiempo post-­atlante. Ahora surge la pregunta: "¿Por que hemos de considerar la sangre que de Abraham fluyo a través de las generaciones como la mas apropiada para la futura corporeidad de Zoroastro, la de Jesus de Nazareth?" En la próxima conferencia examinaremos, pues, el porque la sangre del pueblo hebreo fue la mas indicada para la corporalidad exterior de Zoroastro.
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