Realiza el comentario poético del siguiente poema de Rosalía de Castro. Sitúalo en su contexto histórico (época, siglo) mencionando el movimiento literario y haz una breve introducción de la autora. Comenta la estructura interna y externa y los aspectos morfosintácticos y retóricos






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títuloRealiza el comentario poético del siguiente poema de Rosalía de Castro. Sitúalo en su contexto histórico (época, siglo) mencionando el movimiento literario y haz una breve introducción de la autora. Comenta la estructura interna y externa y los aspectos morfosintácticos y retóricos
fecha de publicación20.06.2016
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TRABAJO DE VERANO

DE

LENGUA CASTELLANA


4º ESO




NOMBRE Y APELLIDOS

GRUPO


ACTIVIDADES


  1. Realiza el comentario poético del siguiente poema de Rosalía de Castro. Sitúalo en su contexto histórico (época, siglo) mencionando el movimiento literario y haz una breve introducción de la autora. Comenta la estructura interna y externa y los aspectos morfosintácticos y retóricos.


Los tristes


De la torpe ignorancia que confunde
lo mezquino y lo inmenso;
de la dura injusticia del más alto,
de la saña mortal de los pequeños,
¡no es posible que huyáis! cuando os conocen
y os buscan, como busca el zorro hambriento
a la indefensa tórtola en los campos;
y al querer esconderos
de sus cobardes iras, ya en el monte,
en la ciudad o en el retiro estrecho,
¡ahí va!, exclaman, ¡ahí va!, y allí os insultan
y señalan con íntimo contento
cual la mano implacable y vengativa
señala al triste y fugitivo reo.




  1. Realiza el comentario de este fragmento de la leyenda La corza blanca de Gustavo Adolfo Bécquer. (Como en el ejercicio anterior, haz una introducción de la época y del autor y después indica a qué tipología textual pertenece y comenta los aspectos destacables del mismo en relación con el periodo histórico al que pertenece. )

La corza blanca

En un pequeño lugar de Aragón; y allá por los años de mil trescientos y pico, vivía retirado en su torre señorial un famoso caballero llamado don Dionís, el cual después de haber servido a su rey en la guerra contra infieles, descansaba a la sazón, entregado al alegre ejercicio de la caza, de las rudas fatigas de los combates.

Aconteció una vez a este caballero, hallándose en su favorita diversión acompañado de su hija, cuya belleza singular y extraordinaria blancura le habían granjeado el sobrenombre de Azucena, que como se les entrase a más andar el día engolfados en perseguir a una res en el monte de su feudo, tuvo que acogerse, durante las horas de la siesta, a una cañada por donde corría un riachuelo, saltando de roca en roca con un ruido manso y agradable.

Haría cosa de unas dos horas que don Dionís se encontraba en aquel delicioso lugar, recostado sobre la menuda grama a la sombra de una chopera, departiendo amigablemente con sus monteros sobre las peripecias del día, y refiriéndose unos a otros las aventuras más o menos curiosas que en su vida de cazadores les habían acontecido, cuando por lo alto de la más empinada ladera y a través de los alternados murmullos del viento que agitaba las hojas de los árboles, comenzó a percibirse, cada vez más cerca, el sonido de una esquililla semejante a la del guión de un rebaño.

En efecto, era así, pues a poco de haberse oído la esquililla empezaron a saltar por entre las apiñadas matas de cantueso y tomillo, y a descender a la orilla opuesta del riachuelo, hasta unos cien corderos blancos como la nieve, detrás de los cuales, con su caperuza calada para libertarse la cabeza de los perpendiculares rayos del sol, y su atillo al hombro en la punta de un palo, apareció el zagal que los conducía.

-A propósito de aventuras extraordinarias -exclamó al verle uno de los monteros de don Dionís, dirigiéndose a su señor-: ahí tenéis a Esteban el zagal, que de algún tiempo a esta parte anda más tonto que lo que naturalmente lo hizo Dios, que no es poco, y el cual puede haceros pasar un rato divertido refiriendo la causa de sus continuos sustos.

-¿Pues qué le acontece a ese pobre diablo? -exclamó don Dionís con aire de curiosidad picada.

-¡Friolera! -añadió el montero en tono de zumba-: es el caso que, sin haber nacido en Viernes Santo, ni estar señalado con la cruz, ni hallarse en relaciones con el demonio, a lo que se puede colegir de sus hábitos de cristiano viejo, se encuentra, sin saber cómo ni por dónde, dotado de la facultad más maravillosa que ha poseído hombre alguno, a no ser Salomón, de quien se dice que sabía hasta el lenguaje de los pájaros.

-¿Y a qué se refiere esa facultad maravillosa?

-Se refiere -prosiguió el montero- a que, según él afirma, y lo jura y perjura por todo lo más sagrado del mundo, los ciervos que discurren por estos montes se han dado de ojo para dejarle en paz, siendo lo más gracioso del caso que en más de una ocasión los ha sorprendido concertando entre sí las burlas que han de hacerle, y después que estas burlas se han llevado a término, ha oído las ruidosas carcajadas con que las celebran.


  1. Realiza lo mismo que en el ejercicio anterior (época, autor, tipología, estructura...etc) con el siguiente fragmento de La Regenta (cap. XVI) de Leopoldo Alas, Clarín.


Con Octubre muere en Vetusta el buen tiempo. Al mediar Noviembre suele lucir el sol una semana, pero como si fuera ya otro sol, que tiene prisa y hace sus visitas de despedida preocupado con los preparativos del viaje del invierno. Puede decirse que es una ironía de buen tiempo lo que se llama el veranillo de San Martín. Los vetustenses no se fían de aquellos halagos de luz y calor y se abrigan y buscan su manera peculiar de pasar la vida a nado durante la estación odiosa que se prolonga hasta fines de Abril próximamente. Son anfibios que se preparan a vivir debajo del agua la temporada que su destino les condena a este elemento. Unos protestan todos los años haciéndose de nuevas y diciendo: «¡Pero ve usted qué tiempo!» Otros, más filósofos, se consuelan pensando que a las muchas lluvias se debe la fertilidad y hermosura del suelo. «O el cielo o el suelo, todo no puede ser.»

Ana Ozores no era de los que se resignaban. Todos los años, al oír las campanas doblar tristemente el día de los Santos, por la tarde, sentía una angustia nerviosa que encontraba pábulo en los objetos exteriores, y sobre todo en la perspectiva ideal de un invierno, de otro invierno húmedo, monótono, interminable, que empezaba con el clamor de aquellos bronces.

Aquel año la tristeza había aparecido a la hora de siempre.

Estaba Ana sola en el comedor. Sobre la mesa quedaban la cafetera de estaño, la taza y la copa en que había tomado café y anís don Víctor, que ya estaba en el Casino jugando al ajedrez. Sobre el platillo de la taza yacía medio puro apagado, cuya ceniza formaba repugnante amasijo impregnado del café frío derramado. Todo esto miraba la Regenta con pena, como si fuesen ruinas de un mundo. La insignificancia de aquellos objetos que contemplaba le partía el alma; se le figuraba que eran símbolo del universo, que era así, ceniza, frialdad, un cigarro abandonado a la mitad por el hastío del fumador. Además, pensaba en el marido incapaz de fumar un puro entero y de querer por entero a una mujer. Ella era también como aquel cigarro, una cosa que no había servido para uno y que ya no podía servir para otro.

Todas estas locuras las pensaba, sin querer, con mucha formalidad. Las campanas comenzaron a sonar con la terrible promesa de no callarse en toda la tarde ni en toda la noche. Ana se estremeció. Aquellos martillazos estaban destinados a ella; aquella maldad impune, irresponsable, mecánica del bronce repercutiendo con tenacidad irritante, sin por qué ni para qué, sólo por la razón universal de molestar, creíala descargada sobre su cabeza. […]
Se asomó al balcón. Por la plaza pasaba todo el vecindario de la Encimada camino del cementerio, que estaba hacia el Oeste, más allá del Espolón sobre un cerro. Llevaban los vetustenses los trajes de cristianar; criadas, nodrizas, soldados y enjambres de chiquillos eran la mayoría de los transeúntes; hablaban a gritos, gesticulaban alegres; de fijo no pensaban en los muertos. Niños y mujeres del pueblo pasaban también, cargados de coronas fúnebres baratas, de cirios flacos y otros adornos de sepultura. De vez en cuando un lacayo de librea, un mozo de cordel atravesaban la plaza abrumados por el peso de colosal corona de siemprevivas, de blandones como columnas, y catafalcos portátiles. Era el luto oficial de los ricos que sin ánimo o tiempo para visitar a sus muertos les mandaban aquella especie de besa—la—mano. Las personas decentes no llegaban al cementerio; las señoritas emperifolladas no tenían valor para entrar allí y se quedaban en el Espolón paseando, luciendo los trapos y dejándose ver, como los demás días del año. Tampoco se acordaban de los difuntos; pero lo disimulaban; los trajes eran obscuros, las conversaciones menos estrepitosas que de costumbre, el gesto algo más compuesto... Se paseaba en el Espolón como se está en una visita de duelo en los momentos en que no está delante ningún pariente cercano del difunto. Reinaba una especie de discreta alegría contenida.



  1. Explica el significado de las palabras o expresiones marcadas en negrita del texto de Clarín.



  1. Lee el siguiente texto sobre el movimiento modernista y distingue su tipología (tipo y subtipo) y estructura, e indica los aspectos lingúísticos y morfosintácticos destacables del mismo.


EL MODERNISMO
El Modernismo es un movimiento artístico y literario que se sitúa, aproximadamente, entre 1880 y 1915, es decir en la transición del siglo XIX al siglo XX. En España discurre paralelo a la Generación del 98, que para algunos críticos no es sino un subgrupo dentro de un mismo espíritu general de rebeldía vital y antiburguesa, que recuerda en muchos aspectos al Romanticismo. Ambos se relacionan con la crisis del positivismo y del racionalismo y la influencia de filósofos irracionalistas y vitalistas como Kierkegaard, Schopenhauer, Nietzsche o Bergson. En el aspecto estético, los antecedentes del Modernismo se encuentran en autores como Óscar Wilde, con su decadentismo, o Gabriel D´Annunzio, con su refinamiento aristocrático. Recoge también las influencias de dos corriente literarias francesas: el parnasianismo (Gautier, Leconte de Lisle), con su culto de la perfección formal y de “el arte por el arte”, y el simbolismo, con su valoración de la musicalidad y su idea de sugerir el mundo interior, emocional, a través de símbolos del mundo exterior, especialmente del paisaje. Asimismo, muestra influencias de los pintores prerrafaelitas ingleses.
En el ámbito hispánico se suele considerar que el Modernismo se inicia en Hispanoamérica con autores como el colombiano José Asunción Silva o el cubano José Martí, aunque su gran impulsor es el nicaragüense Rubén Darío, quien lo difundirá en España en sus estancias como diplomático. Su trayectoria personal, como la de todo el movimiento, va de una primera etapa más preciosista y formalmente brillante (libro Azul) hacia una poesía con contenidos más existenciales y profundos (Cantos de vida y esperanza). De hecho, el modernismo español va a ser, en general, más simbolista, o intimista, que parnasiano. Sus principales cultivadores (aparte de precursores como Salvador Rueda) fueron Eduardo Marquina, Francisco Villaespesa, Manuel Machado (todos ellos poetas y autores teatrales) y tres grandes autores que dejaron atrás el movimiento al evolucionar en su madurez: Antonio Machado (con Soledades. Galerías. Otros poemas), Valle-Inclán (con sus cuatro novelas de las Sonatas) y Juan Ramón Jiménez (dentro de su primera etapa, que él denominó “sensitiva”, con libros como Arias tristes o Jardines lejanos).
Las características del Modernismo literario son las siguientes: preocupación primordial por la forma, por la estética; preferencia por el género lírico; cosmopolitismo (admiración por París); rebeldía y evasión antiburguesas, que se reflejan en el gusto por lo exótico, lo refinado y lo aristocrático (abundancia de motivos como cisnes, joyas, jardines, princesas…); sensibilidad mórbida, decadente; sensualidad (plasticidad, cromatismo); gusto por los efectos rítmicos y fónicos, que se traduce en la abundancia de recursos como pies acentuales, armonías imitativas (“está mudo el teclado de su clave sonoro”) o las aliteraciones; preferencia por un léxico culto y refinado (“Ínclitas razas ubérrimas”); abundancia de metáforas y sinestesias (“caricia rosa”). De este modo, el Modernismo renueva profundamente el lenguaje y la métrica españolas; se vuelven a usar, a la manera francesa, versos como el eneasílabo y el alejandrino o estrofas como el serventesio. Todo ello no impide que, junto a temas más evasivos, eróticos o galantes aparezcan otros de tipo existencial (el tiempo, la muerte, la melancolía de vivir) e incluso político (defensa de la civilización hispana frente a la anglosajona).



  1. Redacta un texto argumentativo. Pon atención a la estructura, al contenido y a la finalidad que marcarán la selección adecuada de tus argumentos (de la mayoría, de utilidad, éticos, hedonistas/ racionales o emotivos). Haz uso, en la medida de lo posible, de los conectores de causa y consecuencia, de citas de autoridad, de apelaciones al receptor, de figuras retóricas...



  1. Indica el tipo de oración (simple o compuesta, coordinada o subordinada) y sus subtipos, y realiza el análisis morfosintáctico de la misma.




  1. Fui al quiosco, pero estaba cerrado.

  2. Subieron ya cansados a la cima de aquella montaña.

  3. El guardia sacó la libreta e impuso la multa.

  4. Nos veremos en Madrid el fin de semana.

  5. En aquel poblado carecen de alimentos y agua potable.

  6. Se construyeron puentes después de las inundaciones.

  7. Quien vino esta mañana era mi hermano.

  8. Temo que llueva esta tarde,

  9. Los agricultores del sindicato han sido recibidos en el Parlamento por el presidente.

  10. Le expliqué el lugar donde estaba el tesoro.

  11. Yo vivo donde están talando los árboles.

  12. Tengo el propósito de que nos acompañe el próximo verano.

  13. Lo hizo cansado del modo que lo pensó en su casa ayer.

  14. Como Esteban está enfermo no contaremos con él.

  15. Me gustó tu peinado de Lady Gaga.

  16. Se rieron de nosotros en aquella actuación memorable.

  17. Ayer estuvo lloviendo; así que no fuimos al campo.

  18. ¿Es aquí donde se apunta uno para la excursión.

  19. La pequeña se parece a su padre.

  20. No tengo tiempo de pedirte explicaciones sobre lo ocurrido.

 

FICHA DE LECTURA
TÍTULO DEL LIBRO:

AUTOR/A:

PUNTUACIÓN (del 1 al 10):


  • ¿Recomedarías su lectura? ¿Por qué?

  • ¿Cambiarías alguna cosa del libro? ¿Cuál? ¿Por qué?

  • ¿Has tenido dificultades de comprensión? ¿Cuáles?

  • El vocabulario utilizado te ha parecido (subraya la opción que elijas):

fácil – comprensible – complicado – difícil

  • Explica alguna posible relación de esta obra con otro libro, una película…



  • RESUME BREVEMENTE EL ARGUMENTO (100 palabras aproximadamente):



  • ENUMERA CINCO LUGARES O ESPACIOS NARRATIVOS QUE TENGAN IMPORTANCIA EN LA TRAMA DE LA HISTORIA Y DI BREVEMENTE QUÉ PASA EN CADA UNO DE ELLOS:



  • ELIGE UN PERSONAJE DE LA NOVELA Y DESCRÍBELO. DI SI ES PROTAGONISTA, ANTAGONISTA O SECUNDARIO.



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