Espiritualidad y disponibilidad misionera del sacerdote segun la exhortacion apostolica "pastores dabo vobis"






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títuloEspiritualidad y disponibilidad misionera del sacerdote segun la exhortacion apostolica "pastores dabo vobis"
fecha de publicación15.06.2016
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ESPIRITUALIDAD Y DISPONIBILIDAD MISIONERA DEL SACERDOTE SEGUN LA EXHORTACION APOSTOLICA "PASTORES DABO VOBIS"
(Juan Esquerda Bifet)
Presentación
La exhortación postsinodal "Pastores dabo vobis", según Juan Pablo II, "es el fruto del trabajo colegial del Sínodo de los Obispos de 1990... Juntos hemos elaborado un documento, muy necesario y esperado, del Magisterio de la Iglesia, que recoge la doctrina del Concilio Vaticano II y también la reflexión sobre las experiencias de los veinticinco años transcurridos desde su clausura"1.
Desde las primeras páginas del documento, aparecen dos líneas de fuerza: la exigencia de vida evangélica y la disponibilidad misionera de todo sacerdote. Santidad y misión de postulan mutuamente. Se cumple, pues, también a nivel sacerdotal, la afirmación de la encíclica "Redemptoris Missio": "La llamada a la misión deriva, de por sí de la llamada a la santidad" (RMi 90).
La exhortación postsinodal es más explícita que los documentos anteriores respecto a la relación entre el sacerdocio ministerial y la misión "ad gentes". La disponibilidad misionera del sacerdote está íntimamente relacionada con la llamada a la "vida apostólica", que incluye la sequela evangélica, la vida comunitaria y la misión sin fronteras. Por el hecho de ser sacerdote ministro, de formar parte con el Obispo de la sucesión apostólica, de pertenecer a una Iglesia particular (por el hecho de gracia de la "incardinación") y de ser miembro del Presbiterio, la vocación sacerdotal está impregnada de una responsabilidad misionera "ad gentes".2
A mi entender, la doctrina misionera de la exhortación apostólica queda íntimamente entrelazada con todos los temas sacerdotales. Pero tengo la sensación de que tardará tiempo en ser comprendida, puesto que se trata de todo el espacio de la "vida apostólica", especialmente a partir de la "sequela evangélica" sin recortes. Ahí queda indicado, a mi parecer, el campo de trabajo de la Pontificia Unión Misional, de las Asociaciones y servicios sacerdotales existentes en las diócesis: ¿cómo ayudar a vivir la misión "ad gentes" a partir de la misma identidad sacerdotal de ser miembro de un Presbiterio diocesano? Se va a entender la originalidad misionera de la exhortación sólo en la medida en que se comprenda y viva la espiritualidad sacerdotal específica en que se basa.
1. Actualidad de la espiritualidad sacerdotal
El sacerdote está llamado a ser "transparencia" de Cristo. "Por tanto, los presbíteros son llamados a prolongar la presencia de Cristo, único y supremo Pastor, siguiendo su estilo de vida y siendo como una transparencia de el en medio del rebaño que les ha sido confiado" (PDV n.15). El decreto conciliar sobre el sacerdote había señalado unas líneas de fuerza: comunión (PO 7-9), misión universal (PO 10-11), santificación al estilo del Buen Pastor (PO 12-17). Concretamente se pueden subrayar tres afirmaciones clave: ser "instrumentos vivos de Cristo Sacerdote" (PO 12), "ascesis propia del pastor de almas" (caridad pastoral) (PO 13), "conseguirán la santidad ejerciendo sincera e incansablemente sus ministerios en el Espíritu de Cristo" (PO 13). Es siempre la caridad pastoral que se expresa concretamente en las virtudes del Buen Pastor (humildad, obediencia, castidad, pobreza) (PO 15-17), y que necesita la puesta en práctica de unos medios comunes y particulares (PO 18ss).
2. El contexto y contenido de la vida espiritual en la exhortación postsinodal
Al señalar importancia y centralidad de la vida espiritual, el documento deja entrever esta línea de fuerza en todos y cada uno de los capítulos, ya desde la introducción, pidiendo "programas de formación permanente, capaces de sostener, de una manera real y eficaz, el ministerio y vida espiritual de los sacerdotes" (n. 3). Los "desafíos" actuales sobre la vocación y la formación sacerdotal (cap. I) indican una "exigencia de vida espiritual correspondiente" (n. 5). La naturaleza y misión del sacerdocio ministerial (cap. II), como participación en el ser y el obrar de Cristo Sacerdote y Buen Pastor, indican "el aspecto esencialmente relacional" del sacerdote respecto a la persona del Señor, para llegar a ser "una imagen viva y transparente de Cristo Sacerdote" (n. 12). La pastoral vocacional (cap. IV), en sus contenidos más profundos y auténticos, consiste en "suscitar un seguimiento integral y atrayente de Jesucristo" (n. 40), puesto que se trata de un "dinamismo" vocacional de "buscar a Jesús, seguirlo y permanecer en El" (n. 34).
3. Significado de la espiritualidad sacerdotal
La presencia de Cristo resucitado en la Iglesia y, de modo particular, en la vida del sacerdote, confiere profundo sentido relacional a su estilo de vida o "espiritualidad": "El que nos ha llamado y nos ha enviado sigue junto a nosotros todos los días de nuestra vida, ya que nosotros actuamos por mandato de Cristo" (PDV n.4, citando el Mensaje de los Padres Sinodales).
La "vida espiritual" o "espiritualidad" del sacerdote se presenta en la exhortación apostólica "Pastores dabo vobis" a partir de la llamada universal a la santidad que consiste en la caridad (cf. LG 40). "Espiritualidad" es equivalente a "vida animada y dirigida por el Espíritu hacia la santidad o perfección de la caridad" (n. 19). Para el sacerdote ministro hay una nota específica de esta perfección: "la caridad pastoral".
4. Características específicas de la vida espiritual del sacerdote
Las características específicas de esta santidad y espiritualidad se concretan en las siguientes: caridad pastoral como configuración con Cristo Cabeza, Pastor, Siervo y Esposo, santificación en los mismos actos del ministerio, seguimiento evangélico expresado en los llamados "consejos evangélicos" como imitación de la "vida apostólica", pertenencia a la Iglesia particular en unión con el propio Obispo y con los demás sacerdotes del Presbiterio (esta pertenencia, expresada en la "incardinación", es un hecho de gracia), disponibilidad para la misión en la Iglesia particular y universal.
5. En el seguimiento evangélico para ser signo del buen Pastor
El seguimiento evangélico es una nota característica de la espiritualidad y de la formación sacerdotal. De hecho, el documento postsinodal presenta este tema íntimamente relacionado con los presbíteros, por el hecho de participar (con los Obispos) del mismo estilo de vida de los doce Apóstoles. Para todo sacerdote que esté llamado a presidir la comunidad eclesial, el seguimiento evangélico forma parte esencial de su espiritualidad. En esto no hay distinción entre diocesanos y religiosos, puesto que se trata de las mismas exigencias evangélicas y del mismo radicalismo. La caridad pastoral incluye el seguimiento radical de Cristo por parte de quien es su signo personal y sacramental.
Hay una afirmación que se repite de diversas maneras y que es un compendio sapiencial de esta doctrina sobre la caridad pastoral como "officium amoris" (S. Agustín): "testigo del amor de Cristo como Esposo" (PDV n.22). A partir de esta perspectiva de correr la misma suerte de Cristo, en el seguimiento esponsal de radicalismo evangélico (sequela Christi) como los Apóstoles, se puede comprender mejor todo el rico contenido de los llamados "consejos evangélicos" (nn.27-30). Se sigue esponsalmente a Cristo, buen Pastor, en su "caridad pastoral" expresada por la obediencia, castidad (virginidad) y pobreza.
La práctica concreta del seguimiento evangélico se realiza siempre en la comunión del Presbiterio como "familia" (PDV 74), con matices de vida comunitaria que puede revestir formas diferentes. "Cada sacerdote, tanto diocesano como religioso, está unido a los demás miembros de este presbiterio, gracias al sacramento del Orden, con vínculos particulares de caridad apostólica, de ministerio y de fraternidad" (n.17). "Son muchas las ayudas y los medios... entre éstos hay que recordar las diversas formas de vida común entre los sacerdotes, siempre presentes en la historia de la Iglesia, aunque con modalidades y compromisos diferentes" (n.81).
6. María en el itinerario sacerdotal
La dimensión mariana de la espiritualidad sacerdotal es una señal de autenticidad: "Cada aspecto de la formación sacerdotal puede referirse a María como la persona humana que mejor que nadie ha correspondido a la vocación de Dios; que se ha hecho sierva y discípula de la Palabra hasta concebir en su corazón y en su carne al Verbo hecho hombre para darlo a la humanidad... Con su ejemplo y mediante su intercesión, la Virgen santísima sigue vigilando el desarrollo de las vocaciones y de la vida sacerdotal en la Iglesia" (n.82).
Para que "la nueva evangelización tenga en los sacerdotes sus primeros nuevos evangelizadores" (n.2), urge construir la fisonomía sacerdotal como imagen de Cristo buen Pastor.

7. Los presbíteros colaboradores de los Obispos, partícipes de la sucesión apostólica
El documento postsinodal da mucha importancia a la relación del sacerdocio ministerial (de los presbíteros) con la sucesión apostólica (nn. 4-5, 15-16, 22, 24, 42, 46, 60).
La sucesión apostólica o del ministerio apostólico une estrechamente Obispos y presbíteros (que forman parte del mismo Presbiterio, presidido por el Obispo). En el Mensaje de los Padres sinodales, citado por la exhortación, los Obispos dicen: "Vosotros sois nuestros primeros cooperadores en el servicio apostólico" (n. 4 de la exhortación postsinodal). En realidad, "el sacerdocio de segundo orden se incorpora a la estructura apostólica de la Iglesia. Así el presbítero, como los Apóstoles, hace de embajador de Cristo (cf. 2Cor 5,20)... Por tanto, el ministerio ordenado surge con la Iglesia y tiene en los Obispos, y en relación y comunión con ellos también en los presbíteros, una referencia particular al ministerio originario de los apóstoles, al cual 'sucede' realmente, aunque respecto el mismo tenga unas modalidades diversas" (n.16).
Uno de los párrafos más explícitos sobre la sucesión apostólica es el n. 42 del capítulo V ("Instituyó doce para que estuvieran con él"... "vivir como los Apóstoles, en el seguimiento evangélico"). Antes de pasar a los cuatro niveles de formación (humana, espiritual, intelectual y pastoral), el documento quiere dejar claro que se trata de una formación para la vida apostólica de los Doce: "dejarse configurar con Cristo Buen Pastor" y, por tanto, aprender en la "escuela del Evangelio", a "vivir en el seguimiento de Cristo como los Apóstoles" (n.42). El tema se repite al hablar del Seminario como "continuación en la Iglesia, de la íntima comunidad apostólica formada en torno a Jesús... comunidad promovida por el Obispo para ofrecer, a quien es llamado por el Señor para el servicio apostólico, la posibilidad de revivir la experiencia formativa que el Señor dedicó a los Doce". De este modo el Seminario será "fiel a los valores evangélicos en los que se inspira y capaz de responder a las situaciones y necesidades de los tiempos" (n.60).3
8. La vida apostólica
Hay que recordar que la "vida apostólica" de los Doce se delinea por la vida comunitaria, el seguimiento evangélico y la disponibilidad misionera. Los tres puntos son muy explícitos en el documento y se repiten insistentemente.
La exhortación, en diversos apartados, señala algunas características específicas que derivan de la caridad pastoral: santificación en los mismos actos del ministerio (nn.24.25), seguimiento evangélico expresado en los llamados "consejos evangélicos" como imitación de la "vida apostólica" (nn.27-30), pertenencia a la Iglesia particular en unión con el propio Obispo y con los demás sacerdotes del Presbiterio (esta pertenencia, expresada en la "incardinación", es un hecho de gracia especial para los sacerdotes diocesanos) (nn.31-32, 74), disponibilidad para la misión en la Iglesia particular y universal (nn.16-18, 31-32). Esta disponibilidad misionera es expresión de una caridad sin fronteras. El seguimiento evangélico al modo de los Apóstoles lo hemos resumido más arriba; es la caridad pastoral sin recortes. La pertenencia a la Iglesia particular, como un hecho de gracia, lo estudiamos más abajo.
9. La naturaleza misionera del sacerdocio ministerial
La disponibilidad para la Iglesia universal dimana, por una parte, de la misma naturaleza del sacerdocio ministerial. El documento postsinodal cita y comenta "Presbyterorum Ordinis" n.10 y "Optatam totius" n.20, puesto que "cualquier ministerio sacerdotal participa de la misma amplitud universal de la misión confiada por Cristo a los Apóstoles" (PO 10). Así, pues, "por la naturaleza misma de su ministerio, deben estar llenos y animados de un profundo espíritu misionero" (n.18). El sacerdocio de Cristo, en su ser, en su misión y en su entrega, tiene las características de universalismo. Esas mismas características han pasado al sacerdocio participado por los Apóstoles y, por tanto, por sus sucesores e inmediatos colaboradores (los presbíteros). No es posible hacer recortes a lo que por su misma naturaleza es para todos los redimidos.
10. La pertenencia misionera al Presbiterio, a la Iglesia particular y universal por parte de "diocesanos" y "religiosos"
Por otra parte, esta disponibilidad universal deriva también del hecho de pertenecer a la Iglesia particular y al Presbiterio y colaborar en la responsabilidad misionera del Obispo, siempre en la línea de universalismo: "La pertenencia y dedicación a una Iglesia particular no circunscriben la actividad y la vida del presbítero, pues, dada la naturaleza de la Iglesia particular y del ministerio sacerdotal, aquellas no pueden reducirse a estrechos límites... (cita PO 10)... sino a la misión universal" (n.32). La Iglesia particular es el eco y concretización de la Iglesia universal, como corresponsable de la misma misión universalista (cf. nn.31-32, 65, 74)4. El Obispo con su Presbiterio es responsable de hacer efectiva esta misión, en la que deben participar todos los componentes de la comunidad eclesial y, de modo particular, los presbíteros como colaboradores necesarios de los Obispos en el "servicio apostólico" (nn.4, 16-18, 31-32).
La responsabilidad misionera se presenta también en el contexto de la trilogía Iglesia misterio, comunión y misión, relacionando los tres elementos: la Iglesia es misionera siendo portadora de Cristo (misterio) como fraternidad imagen de la Trinidad (comunión), que debe construir la comunión universal de hermanos en Cristo. El sacerdote ministro sirve a esta Iglesia que es, pues, misionera por su misma naturaleza (Cf. nn.12, 16, 59, 73).
Hay que tener en cuenta que la base fundamental del ser, del actuar y de la espiritualidad sacerdotal, es común a diocesanos y religiosos. La configuración con Cristo Sacerdote, Cabeza y Pastor, exige para todos el mismo seguimiento radical (vida apostólica de los Doce), la misma disponibilidad misionera (local y universal) y la misma vida de "comunión" con los demás presbíteros del Presbiterio de la Iglesia particular, cuya cabeza es el Obispo. Las exigencias de "vida apostólica", al estilo de los Doce, son las mismas. La caridad pastoral es la quintaesencia de la espiritualidad sacerdotal, sea del sacerdote diocesano que del religioso.
Ahora bien, todas estas realidades de gracia quedan matizadas por otras gracias, que podrían resumirse, para el sacerdote "diocesano", en la "incardinación", como pertenencia especial a la Iglesia particular y al Presbiterio, y como dependencia espiritual y ministerial respecto al Obispo; todo ello "como valor espiritual del presbítero" (n.31). En cuanto al sacerdote "religioso" (o de instituciones analógicas), estas realidades de gracia quedan matizas por el "carisma fundacional", que se concreta en compromisos especiales de seguimiento evangélico y en modos peculiares de vida comunitaria y de misión.5



1     Carta a los sacerdotes para el Jueves Santo de 1992, n.1. La Exhortación Apostólica lleva fecha del 25 de marzo de 1992 (Anunciación del Señor).

2     Hay que recordar la doctina del Vaticano II (LG 28; PO 10; AG 38-39), que ya quedó sintetizada en la encíclica "Redemptoris Missio": "Colaboradores del obispo, los presbíteros, en virtud del sacramento del Orden, están llamados a compartir la solicitud por la misión (cita PO 10)... Todos lo sacerdotes deben tener corazón y mentalidad misioneros, estar abiertos a las necesidades de la Iglesia y del mundo... no dejarán además de estar concretamente disponibles al Espíritu Santo y al Obispo para ser enviados a predicar el Evangelio más allá de los confines del propio país" (RMi 67).

3     La dimensión misionera del presbítero está en relación con la responsabilidad misionera de los Obispos (AG 38). "Los Doce son los primeros agentes de la misión universal, constituyen un 'sujeto colegial' de la misión" (RMi 61). "Así como el Señor resucitado confirió al Colegio apostólico encabezado por Pedro el mandato de la misión universal, así esta responsabilidad incumbe al Colegio episcopal encabezado por el Sucesor de Pedro" (RMi 63).


4     "Toda Iglesia particular debe abrirse generosamente a las necesidades de las demás... La misión de la Iglesia es más vasta que la 'comunión entre las Iglesias'; ésta, además de la ayuda para la nueva evangelización, debe tener sobre todo una orientación con miras a la específica índole misionera" (RMi 64)

5     Orientación bibliográfica: A. BANDERA, Presbiterado, colegialidad e Iglesia universal, "Ciencia tomista" 11 (1984) 463-486; J. DELICADO, Dimensión misionera del sacerdocio, Burgos 1976 (38 Semana Misional) 109-126; J. ESQUERDA BIFET, Sacerdotes al servicio de la Iglesia particular y universal, en: Signos del Buen Pastor, Espiritualidad y misión sacerdotal, Bogotá, CELAM 1991, cap. VI; Idem, Presenza e animazione missionaria del sacerdote nella comunità ecclesiale, "Rivista Vita Spirituale" 40 (1986) 437-460; P. GIGLIONI, Formazione missionaria dei sacerdoti, "Omnis Terra" 22 (1990) 44-51; J. LOPEZ GAY, La dimensione missionaria nel ministero sacerdotale, in: La dimensione missionaria..., Roma, PUM 1978, 15-38; R. MACIAS, Vocación sacerdotal, vocación misionera, "Ominis Terra 13 (1981) 471-478; J. SARAIVA, Il dovere missionario dei Pastori, in: Chiesa e Missione, Roma, Pont. Univ. Urbaniana 1990, 141-157; I. TRUJILLO, En torno a la identidad misionera del clero diocesano, "Misiones Extranjeras" 88-89 (1985) 311-322; R., ZECCHIN, I sacerdoti fidei donum, una maturazione storica ed ecclesiale della misionarietà della chiesa, Roma, Pont. Opere Missionarie 1990.

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