Para las mujeres y los hombres






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Bernard Sesboüé

Creer

Invitación a la fe católica

para las mujeres y los hombres

del siglo XXI


¿Eres tú el que ha de venir,

o tenemos que esperar a otro?

(Mtll,3)

Introducción

Este libro es una invitación Este termino lo sitúa en un clima de libertad mutua y de gratuidad entre el autor y el lector El primero no desea imponerle nada al segundo, ni exhortarlo a lo que quiera que sea El segundo, por su parte, no esta obligado a nada Es invitado simplemente a entrar en un dialogo de hombre a hombre y a recorrer un camino en relación con cuestiones de hombres

Una invitación tiene por objeto proponer un bien o un acontecimiento deseable Si yo lo invito a cenar, usted me contestara «si» o «no» dependiendo de su deseo Una invitación va dirigida siempre al deseo Espero, con estas paginas, llegar hasta sus deseos mas profundos y auténticos Como una invitación no es una obligación, no insistiré en los problemas de la ley moral o de la ley religiosa, no porque no existan, sino porque no es eso lo que hay que considerar en primer lugar Es sobre esta base sobre la que yo quisiera hacerle desear creer O, como dice Pascal en sus Pensees a propósito de la religión cristiana, «hacer desear que fuera verdadera» Despertar o reavivar el deseo en esta longitud de onda nos situaremos

Este libro es también una invitación a creer No tratara pues solo de la fe quiere abordar la cuestión del acto de creer La fe puede presentarse en forma de un contenido bien estructurado de «verdades» El acto de creer supera infinitamente este conjunto de determinaciones Es un acto de libertad personal, que ningún otro puede realizar en nuestro lugar Un acto que requiere ciertas condiciones para poder llevarse a cabo Un acto que ha de superar numerosos obstáculos en nosotros y fuera de nosotros Por eso estas paginas se dedicaran preferentemente a las dificultades que hay hoy para creer y a las innumerables objeciones que cierran el camino de la fe como vallas.

Pero todo creer reclama un mínimo de saber. No ha de sorprender pues el carácter voluminoso de esta obra, que pretende presentar información honrada y al día sobre un gran número de cuestiones. Evidentemente no tengo respuestas para todo. Es este un libro sobre la fe escrito de buena fe.

No se trata, por tanto, ni de un catecismo ni de un curso de teología. De estas obras existen ya muchas y de gran calidad. No considero por consiguiente una obligación tratar todos los temas de la fe cristiana. Mi intención aquí es otra. Allí donde tantos libros proponen contenidos, yo quisiera presentar ante todo un itinerario. Lo importante no es decirlo todo, sino expresar aquello de lo que se habla de acuerdo con un orden y un dinamismo elocuentes para el lector.

Este libro que hablará del cristianismo pretende pues dirigirse al hombre en cuanto hombre. La experiencia humana de todos y cada uno será en cierto modo su punto de partida. Un evangelio que no se dirigiera a la experiencia humana más profunda no interesaría a nadie. Una respuesta que no se corresponde con ninguna pregunta, no es una respuesta: es un propósito vano. Es necesario que lo que se anuncia afecte de manera vital a lo más profundo de la conciencia humana.

Porque la cuestión del sentido de nuestra existencia concierne a la totalidad de la persona humana y no sólo a su esfera religiosa. Hoy las cuestiones últimas y el problema de Dios mismo se entrelazan con lo más cotidiano de nuestra vida, aunque sólo fuera en la forma de la frustración y la carencia. Los diferentes sectores de la existencia humana están vinculados entre sí.

Los destinatarios

Este libro va dirigido a todos, es decir, a los cristianos y a los que no lo son. Unos y otros, por lo demás, están inmersos en el clima del mismo mundo occidental, que un sociólogo contemporáneo ha podido caracterizar como «la era del vacio»1 Este clima nos afecta a todos en mayor o menor medida

Si nuestra sociedad, en efecto, esta comprometida en un gran proceso de personalización, lo que es un bien, al mismo tiempo promueve un individualismo nunca antes conocido Por lo mismo, los hilos que tejen una sociedad activa y portadora de valores y de sentido para la existencia se están diluyendo en una especie de apatía o indiferencia Los referentes sociales, morales y religiosos se difuminan cada vez mas El orden de los fines reconocidos desaparece Cada uno busca su felicidad de acuerdo con sus propios principios

El individuo se encuentra entonces frente a si mismo en una especie de desierto en el que nada tiene ya sentido Vive la prueba de la soledad y ve como se le impone una forma nueva de narcisismo, que la vida económica con la publicidad, la vida artística con la canción, la no-vela y el teatro, la vida mediática con sus innumerables expresiones, la misma vida política, no dejan de alimentar y fomentar Todo trata de seducirnos de la manera mas elemental y mas inmediata En este «nihilismo» pasivo, la cuestión misma del sentido de nuestra existencia se encuentra obturada «Vivir sin ideal, sin un fin trascendente, se ha hecho posible»2 No se plantean ya las cuestiones ultimas, como las de lo verdadero y lo falso, el bien y el mal, sino que la gente se limita a resolver los problemas de la vida diana lo mejor o lo menos mal posible Todo esto se vive por lo general sin drama, con tranquilidad y naturalidad Pero no por ello se es «feliz»

Por supuesto, este estado de nuestra sociedad deja en una inmensa frustración contra la cual muchos reaccionan, a riesgo de parecer héroes a los ojos de los demás La necesidad de encontrar sentido a la existencia sigue estando ahí, aun cuando trate de negarse La forma religiosa de esta búsqueda de sentido se manifiesta en el gusto por las espiritualidades orientales o en el compromiso sectario

1 G Lipovetsky Lere du vide Essais sur l individuahsme contempormn Galh mard París 1983 (trad esp La era del vacio ensayos sobre el individualismo contempoianeo Anagrama Barcelona 1998") Me inspiro en este autor en las reflexiones que siguen

2 Ib 57

Sin duda muchos de nuestros contemporáneos tienen una especie de alergia espontánea al cristianismo, en particular en su forma católica, por la sencilla razón de que el catolicismo ha sido la religión dominante en Francia desde sus orígenes Ha sido ella la que ha moldeado nuestra cultura, nuestro sentido espiritual y moral, en definitiva, nuestros valores Ha sido ella la que ha ejercido autoridad sobre las costumbres y los comportamientos De ahí la necesidad de liberarse de ella y de buscar en otra parte, como si el cristianismo no tuviera ya nada que decirnos hoy

Este libro va dirigido pues a los que no se sienten hoy de ningún modo vinculados al cristianismo Hombres y mujeres de buena voluntad sin duda —al menos así es como cada uno de nosotros ha de considerar a pnon a su prójimo—, pero que han perdido toda familiaridad con la fe cristiana desde hace varias generaciones Para algunos esto se remonta a la Revolución francesa y a la evolución del siglo XIX, para otros a la crisis del laicismo y del anticlericalismo de comienzos del siglo XX, para otros en fin es mas reciente Sus padres habían perdido ya la fe o, incómodos con el cristianismo, dejaron a sus hijos «libres» La generación de los jóvenes adultos ha entrado pues espontáneamente en el mundo de valores que transmite nuestra sociedad Para algunos la cuestión de Dios ni siquiera parece ya plantearse Tratan de dar sentido a su vida en el marco de su familia, de su profesión, de su tiempo libre, de sus compromisos políticos o sociales, humanitarios o culturales Respetan incluso las reglas de una ética que ellos mismos se han modelado Pero, saturados como están por tantas cosas «penúltimas», consideran que ya tienen bastante trabajo con hacer frente lo mejor posible a estas complejas realidades No se plantean cuestiones «ultimas» como el sentido de la vida humana, la vida después de la vida terrena, etc Y a veces se sienten superados por ellas O bien, la gravedad del problema del mal, cuyos azotes no han dejado de manifestarse de un extremo al otro del siglo XX, les parece un obstáculo insuperable en todo pensamiento sobre Dios Hoy, por lo demás se percibe una evolución en este comportamiento Ya que la cuestión del «sentido» de la vida es de las que brotan sin cesar y reclaman de una manera u otra solución Tal es la

Introducción

11

razón del éxito de ciertas «sectas», o de movimientos que proponen una religión cósmica bastante difuminada e invitan a un nuevo estilo de vida

Esta obra va dirigida también, evidentemente, a los cristianos entre ellos existe toda una gama de situaciones muy diferentes

Hay por supuesto cristianos convencidos, pero que necesitan madurar, aclarar, hacer consciente, en una palabra, «reapropiarse» el sentido y el contenido de su fe Desean asimismo encontrar la justificación de su actitud de creyentes, ante su propia razón y ante las objeciones que suelen escuchar Nunca acaba uno de «acceder» a la fe Cada uno ha de ser capaz de rehacer su propio itinerario, de volver a los fundamentos, con el fin de lograr una fe serena que no se aver-guence de si misma El consejo de la primera Carta de Pedro va dirigido a nosotros Estad «dispuestos siempre a contestar a todo el que os pida razón de vuestra esperanza» (IPe 3,15-16) Retomando unas afortunadas palabras del teólogo alemán Karl Rahner3, la cuestión se formula con frecuencia así para muchos ¿es posible hoy creer «con toda probidad intelectual» y vivir una fe «intelectualmente honesta»?

Pienso también en los cristianos algo «cansados» de creer Han recibido una educación cristiana Fueron sm duda durante mucho tiempo «practicantes» Y luego, un día, el evangelio se les cayo de las manos Hoy se plantean cada vez mas cuestiones, principalmente sobre la Iglesia, sus limites, sus carencias humanas, su imagen, que les parece esclerótica y perteneciente definitivamente al pasado Esta Iglesia es para ellos con frecuencia un obstáculo rechazan a veces las formas de la liturgia, incluso las que el Vaticano II ha restaurado Son espontáneamente reticentes, por no decir a veces francamente hostiles, a las enseñanzas del Papa, en particular en materia de moral ¿«Creer» conlleva realmente todo eso7 Son sensibles también al «mercado común» de las religiones En definitiva, ¿donde esta la verdad y que es la verdad7

Mas profundamente aun, se preguntan quien es Jesús, se interrogan sobre su persona, que la fe cristiana proclama Cristo y Señor. ¿Qué sentido tiene afirmar que un hombre, de nuestra raza humana, es Hijo de Dios y Dios? Se plantean además tantas cuestiones acerca de la historia de este hombre: ¿Puede creerse que naciera de una virgen? ¿Qué se sabe realmente de su vida? ¿Por qué motivos fue crucificado? ¿Acaso no pesan numerosas sospechas sobre lo que cuentan los evangelios de él y de sus milagros4? ¿Qué se sabe verdaderamente del hombre Jesús? Y por otro lado, lo que se sabe de él ¿es compatible con lo que la fe cristiana ha construido alrededor de su nombre, atribuyéndole un gran número de títulos divinos? Por no hablar, en fin, del problema de Dios mismo, que se ha hecho inconcebible ante los horrores del siglo XX.

Está también toda la masa de jóvenes que parece dar «la impresión de una salida de la religión»3. Salida pacífica por lo demás, sin crisis aparente. Entre ellos, algunos han roto, de hecho o por decisión, con la memoria cristiana y creyente de nuestro país y de nuestra cultura. Otros han crecido en esta situación de ruptura con la herencia cristiana, de la que a veces ignoran hasta los rudimentos. La Iglesia les parece una nebulosa sin fronteras. Su esperanza se confronta cada vez más rápidamente con las crueldades de la vida y tratan, a veces desesperadamente, de dar un sentido a su vida. El destinatario de toda afirmación sobre la fe es hoy, en fin, «el hombre que sufre» (W. Kasper).

No olvido tampoco a todos los que «vuelven a empezar». Eran cristianos sin demasiada convicción; un día abandonaron la práctica religiosa y se fueron alejando de la fe. Luego, se produjo un acontecimiento en su vida, una dura prueba a veces, que les hizo dejar sus incertidumbres y reanudar el camino de la fe.

4 Los programas de telvisión titulados «Corpus Chnsti», emitidos en Francia durante las semanas santas de 1997 y 1998, han subrayado holgadamente todas las dudas que las autoridades científicas sobre la cuestión, por lo demás pertenecientes a religiones diversas, podían plantear al respecto

5 Cf Y Lambert, Lesjeunes el le chnstmnisme le grand defi, Le Debat, mayo-agosto de 1993, Galhmard, 63

Un testimonio

El acto de creer es siempre resultado de un compromiso de nuestra libertad Cada uno solo puede hablar de la fe a los otros desde el fondo de su propio acto de creer No tengo por tanto intención de enseñar la fe como se puede enseñar geografía o matemáticas, aun cuando, como veremos, en los especialistas de estas disciplinas puede estar presente también cierta forma de pasión o de fe y marcar fuertemente su enseñanza por la constatación de su convicción. Yo quisiera ofrecer el testimonio personal de mi propia fe diciendo, esto es lo que me hace feliz, esto es lo que me hace vivir. Yo quisiera poder decir, con la discreción que se impone, lo que los primeros discípulos de Jesús se susurraban unos a otros. «¡Hemos encontrado al mesías!» (Jn 1,41). Este término de «mesias», por cierto, sigue estando muy presente en nuestra cultura, en virtud del gran número de personas que pretenden serlo y de una especie de expectativa mesiamca que no deja de cernirse sobre nuestra generación

Un niño de siete u ocho años pedía ser bautizado. A sus padres, que le interrogaban sobre los motivos de su decisión, temiendo que se tratara de un entusiasmo pasajero, les contesto. «Quiero bautizarme porque quiero ser feliz». Respuesta sorprendente quizá, pero respuesta justa y verdadera. El creer aquí propuesto quiere ser una invitación a la felicidad

El testimonio que trato de dar es pues el de una experiencia que se dirige a otras experiencias. Yo lo he vivido, ¿os dice a vosotros algo? ¿Puede la fe hacerse «contagiosa», como lo era en los primeros siglos, en los que el «boca a boca» fue el gran factor de difusión del evangelio por toda la cuenca mediterránea7 El legado del emperador Trajano, Plinio el Joven, hablaba del cristianismo como de un «contagio». Pero para el evidentemente se trataba de una enfermedad.

La invitación y el testimonio serán los dos resortes de la pedagogía aquí propuesta Darán el mayor espacio posible a la narración y los relatos, por la sencilla razón de que el contenido de la fe cristiana se presenta como un gran relato narrado relatos bíblicos del Antiguo y del Nuevo Testamento, relatos de la vida de la Iglesia a lo largo de las épocas, relatos a los que se une el relato mismo del narrador, cuyo mayor deseo es que aquellos puedan salirle al paso al lector en su propio relato íntimo.

La arquitectura del libro

Hemos elegido como hilo conductor de estos capítulos el texto del credo de los apóstoles. Es el credo más simple y más familiar, que quizá haya quien todavía lo recuerde de memoria, el que la Iglesia de todos los tiempos ha pedido profesar a los que iban a recibir el bautismo. En su misma brevedad, dice lo esencial. Es mucho más que un catálogo de verdades: es un breve relato, una historia, que nos anuncia a la vez el designio de Dios para el hombre y la respuesta del hombre a este designio a través del acto de creer. Además, este relato constituye un corto resumen del mensaje que se encuentra expresado con todo detalle en el gran libro de las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, en el que la Iglesia reconoce el testimonio escrito de la palabra de Dios.

Tenemos ahí una referencia de base que permitirá tomar en consideración al sujeto humano mismo confrontado con la opción de la fe. Es conocida esta reflexión de origen inglés: «Para enseñarle latín a John, no basta conocer el latín, hay que conocer también a John». Al hombre de hoy, no basta hablarle de Dios o de Cristo, hay que hablarle primero de él mismo. Es necesario ponerse a escucharle.

Cuatro grandes partes estructuran este libro. La primera se dedicará al comentario del «Creo». ¿Quién es el yo humano que cree? ¿Qué es el acto de creer? Las otras tres seguirán el orden de los tres «artículos» del credo, es decir, sus tres partes, articuladas cada una en torno a uno de los nombres divinos que han intervenido en la historia de nuestro mundo. Esos tres nombres son los del Dios «trinitario», el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo que vive en la Iglesia.

Se propone de este modo un itinerario, que parte del hombre que se plantea la cuestión de Dios, para luego irse adentrando progresivamente en los puntos clave de la fe cristiana. Pero periódicamente nos encontraremos con una dificultad.

Como todo se sostiene en esta fe, será necesario evocar o suponer adquiridos ciertos puntos cuyo tratamiento pedagógico vendrá mas tarde

Quiero dar las gracias a quienes me han ayudado en la redacción del texto dos hogares cercanos que aceptaron leer la primera redacción en su conjunto y me transmitieron sus reacciones, criticas y sugerencias, Andre Paul, de la editorial Desclee, que ha puesto toda su pericia a mi disposición, y mis compañeros jesuitas que han revisado esta obra Todos han contribuido en gran medida a su estado final y por ello les expreso todo mi agradecimiento
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