Asunto: «Me dejaste estupefacto con tus comentarios sobre Oswald Pohl»






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Agermanament «o como se escriba en catalán hermanamiento» lo has escrito bien y se traduce en castellano exactamente por lo que escribiste y sin necesidad del éxito que haya habido en entenderlo, de donde ya no me despierta interés, después de un cuarto de siglo de vivir aquí, la relación plañidera que enfrenta a las dos lenguas, insumergible a los presuntos grandes patrones de cambio social, cuando se sienten responsables de hallar una variante ortográfica administrativa a lo que es un mismo aire barrial. Agermanament, en cuanto grupo, Hermanamiento, más allá del tiempo, es la asociación que gestiona el centro, aunque, como suele producirse en las repartijas interburocráticas, es tan sólo la punta del iceberg de muchas entidades más, entre las cuales está el Institut d’Estudis Catalans y creo que la propia Generalitat.
El número diría que era 133.
El director es un cura del TM, como corresponde al trade mark, y de la liberación (muy fácil de venir a serlo si es Europa la concertada) que se mostraba más valeroso que enojado por causa de las figuras, figurones y figuritas que entraban y salían de allí por la época de la que me das las cepilladuras, época del primer exilio. Se llamaba Josep Ribera, hipocorístico Pep, no Riera. (Ignasi Riera era uno del PSUC, medio cura también.) Os ayudó mucho y, coyundas tiene la Iglesia mas no con pobres que arroja a las costas el vendaval, ayudaba a todos los que llegaban, muchos de ellos con lo puesto, habiendo salido de allá a mata caballo.
El cura Ribera adoptaba ante el drama del desarraigo de tanta gente, en muchos casos traumático y sincero, una actitud de “Callaron todos, tirios y troyanos”. Había destinado una pieza del CIDOB a lugar de reuniones, refugio y reconciliación, un poignant meeting point para los que llegaban sin saber qué hacer ni por dónde empezar.
Cuando en el primer mensaje del sábado (hora 1.16) escribiste el nombre de uno de los que estaban y que parecía ser mejor hablador que mayor oidor, la mágica referencia al curtido personaje me hizo un «click en el bocho» como a ti (jueves 8 de enero) cuando mencioné al Capitán Amargo. Traíamos la dirección del CIDOB desde allá, junto a las de Alejandro Vignati, Mario Sexer y otros, fuera cada una de ellas la de un bandido, y fuimos a la calle Lauria sin esa gallardía que en el cine se manifiesta acorde con la curiosidad de vivir que siente el protagonista. Cuando asomamos la cabeza a aquel gimnasio de Academo, vimos al zagalón Gerardo mal acomodado entre otros tan descolocados allí como hambrientos estábamos nosotros, y tan ideológicamente turbios como —lo acertó a despejar la vieja canción de Joaquín Sabina— «un torero detrás del telón de acero». Estaban matándose, a diez mil kilómetros de la matanza; Ribera meneó la cabeza y nos dijo por lo bajo que él les cedía ese salón no para reñidero, sino para que no se sintieran solos lejos de la patria y de lo que habían tenido que dejar, pero que no había Dios fácil y claro que los amigase. Buscábamos dónde comer que nos saliera gratis y en qué trabajar —por ese orden— y comprendimos, en lo que alguno se nos había adelantado, que a ese postizo paraíso se iba a perder el tiempo. No volvimos más.
[...] Ayer entré en una charla de MSN (Messenger) con un amigo que tiene un puesto de venta de libros usados en el mercado de San Antonio de los domingos. Se llama Pedro Aguerre, es uruguayo, nacido en 1950, y yo lo llamo por dos apodos: Piotr y Muncial Mardelo, capitán de bandoleros. Él por nombre corto de e-mail ha escogido Rock Brasiliano de Groninga, un pirata del Caribe necesitado de un patrimonio en el libro de Exquemelin, el médico de los bucaneros. Este hombre posee, no sé, tiene acceso a una información que para mí es sorprendente, quizá porque le llegan lotes de libros, colecciones deshechas y saldadas, de todas partes y por todos los flancos.
Por la merced recibida de la devastación, a veces le cae una joya.
Te digo, por ejemplo, que me dio el dato de una novela planeada por Julio Verne y escrita por su hijo Michel en la que ha quedado la constancia de la aplicación... ¡de la picana eléctrica! ¡En una novela publicada en folletín en 1914, la primera vez, y por Hachette cinco años más tarde, pero cuyos datos procedían de una verdad histórica suprimida antes de morir el padre en 1905!
Le he preguntado si le parecía bien que te pasase su dirección del correo electrónico y me ha dado su consentimiento.
[...]
Igual te grabo la charla para que veas cómo se desarrolló. Verás que conocía a Philip Agee y ha quedado en buscarme algo (3).
En fin, con discreta consideración y por ahora culpable discurso por lo breve, manténte prevenido y dispuesto al (sobre)salto.
GRIZZLY GROAN GRANT.

ASUNTO: la letra pequeña

FECHA: domingo 1 de febrero 22.45
[...]
Santander, «conservador, gorila, un tarado» (sábado 24 de enero, hora 2.17). La sensación de mismidad, de que es lo mismo lo que está entre comillas que Santander debo confesar que no ha cruzado de la sensación al razonamiento. Un envión, que habría que atribuir a tu prisa («voy a mil» [lunes 26]), orienta al lector para que acabe y capitule en ese razonamiento, pero este lector no consigue intuir la relación a través de la expresión directa «conservador... un tarado».
Yendo al nivel sintáctico, fuente de displacer y delación, el gran secreto que «la prisa barniza» es el tipo de construcción elegida, una yuxtaposición vinculada al asíndeton e inevitable resultado de éste (omisión de conjunciones con el fin de añadir energía a la idea), apta para inspirar la definición férrea del político, decidir su condena histórica y darle sepultura.
La yuxtaposición amenaza con que los límites entre esos substantivos se esfumen.
Se presenta ruidosa, interesada. Peligrosa.
Dices que Santander fue utilizado y, para exaltar la debilidad, pues a esto se reduce equiparar las malas acciones, lo pones a pleito con Monner Sans, «denunciador diez veces mejor». ¿Qué pasa?, ¿que la conciencia moral se atenúa por que haya un denunciador diez veces menor? La locución latina reconstruida según empréstito Quandoque maiores loquuntur, silent parvi (maiores con su doble significación de personas de más edad y los antepasados, que entre los romanos no era como entre nosotros, nunca se extinguían) me ha parecido, dado que la cultura responde a un darwinismo camuflado que nos obliga a unirnos en una masa que obedece (familia, tradiciones, religión, orden y bandera), como condición previa, un cuento urdido por el caudillismo e injusto, como mínimo. ¿De dónde proviene en esa situación la balanza? ¿Y quién no ha sido utilizado?
Hefesto / Vulcano utilizó a sus hijos, los Cabiros, para la forja de metales, en rivalidad con los tubalcainitas (Génesis 4, 22), y en otro taller les quitaba a los Cíclopes la plusvalía y los tenía haciéndole rayos. Se cree que ese taller estaba en la Lípari, una isla de ensueño, la más importante de las Eolias, sobre el extremo NE de Sicilia, en cuyas aguas las lanchas parecen colgadas debido a lo transparentes que son.
Darío I utilizó a Zópiro que se mutiló, se cortó orejas y nariz para entrar en Babilonia y convencer a los sitiados de que era un desertor. Los convenció y le abrió a Darío las puertas desde dentro.
Parvus utilizó a Trotski para transvasar la teoría de la revolución permanente.
Rita Hayworth fue utilizada por el argentino Dick Haymes, que se casó con ella para que no lo deportaran. Barbara Leaming explicó cómo se hace en Si aquello fue felicidad..., la descarnada biografía de la actriz que editó Tusquets en su colección Andanzas.
John [Winston] Lennon utilizó la protesta y habló de lejos a la paz cuando estaba artísticamente frito, y Elvis los casinos de Las Vegas mientras se sometía a una penitencia de adelgazamiento para volver y la muerte se interpuso.
Yo fui utilizado por los profesores de la secundaria para sacar a pasear su sadismo.
¿No utilizaste tú el teléfono del Mamut para refrescar tus agostadas relaciones públicas en Barcelona?
Ahora te utilizo yo como frontón para este squash de cuatro paredes virtuales.
Conozco a Enrique Dickmann [...], seguí su itinerario cuando me documenté para la novela; con J. J. Hernández Arregui, los hermanos Irazusta, el viejo Lisandro de la Torre, el Tigre que come en los Frigoríficos, los de la agrupación FORJA y el último Walsh, es de los que ven pasar la justicia de largo y le chistan, de los que dan voces en el desierto del voto.

ASUNTO: Querétaro y otras causas perdidas

FECHA: miércoles 11 de febrero
Guardando un orden, machacando etapas, prosigo con otro de tus mensajes, cuyo asunto se titula De pájaro rojo (4) a Tom [?], el oso gruñón, del lunes 26 de enero.
[...]
2. A Cuitiño lo fusilaron, no lo ahorcaron. El número «diez mil» que aparece al final de Garage Olimpo, la película de Marco Bechis (5) sobre el campo de concentración del barrio de Floresta, sobreimpreso en fondo negro en la pantalla, que se cree que fue el número de personas arrojadas vivas al Río de la Plata o al océano Atlántico desde un Hércules C-130 es, sería frívolo rebajar con exceso, la mitad de las que la Mazorca sacrificó entre 1840 y 1843 (aunque la fecha de su creación se remonta a 1834).
Ciriaco Cuitiño fue un precursor de Astiz, el teniente general Juan Carlos Sánchez, Feced y su furgoneta y la «brigada turca», como la citan en el libro de la CADHU (pág. 224). En las eras bárbaras del hombre la justicia no suele entretenerse.
3. Preguntas si junto a Lombilla y Amoresano había «un tal Lovell, padre de un boxeador». Creo que se trata del mismo Enrique Lovell que, se cuenta, «asistía» a la octava. Lamas no lo menciona o lo identifica en su libro entre los que rodeaban al doctor Caride cuando se incorpora «para dar a Lombilla mi diagnóstico [de un pobre diablo respirando con dificultad en el suelo de un calabozo] y me encontré rodeado por robustos individuos en mangas de camisa...» (pág. 144).
Sin embargo, está comprendido en la afinidad de las suposiciones que se recurriese a un especialista para que el adversario político o el sospechoso común —hay que tener presente que la octava solventó el desafío de cubrir todos los rubros— no se les quedara en la silla a la primera piña mal dada.
Ablandar es la manera más discreta de matar sin llamar la atención.
Hay en el lunfardo recogido por José Gobello un vocablo en el que se puede apreciar el escalafón: biabista.
No lo proclamaban con añafiles, pero cuando era chico y recién ido el de la gomina Brancato, se rumoreaba que Eduardo Lausse, el valor en alza de los medios, cumplió esa función.
[...]
5. El tropo de Alberto Szpunberg enmascaraba un viejo proyecto de publicación que se adelantó al primer plano de la memoria, entre las lentejuelas soterradas, y con él volvió Agermanament. ¿Qué quiere ser esto? Alberto es como la tapa. Te explico.
En 1978, viéndolo todo negro porque no encontrábamos colocación y se nos escapaba en diarrea la poca guita que habíamos traído, llamaba una y otra vez a los pocos contactos que nos quedaban porque a los demás ya los habíamos visitado y les habíamos agotado la paciencia y las provisiones. En una de esas —fue una mañana gris, me acuerdo, en una cabina telefónica de la avenida del Hospital Militar— Marcelo Covián, para quien hacía lotes de corrección en Grijalbo, me contó que el Escarabajo Pelotero (Mario Muchnik) estaba por lanzar una colección de libros de cocina y andaba buscando un redactor. «¿Te ves capaz de hacerlo? Mira que tiene que ser castizo.» Castizo o no, el hambre no es castiza y le dije que así fuera Goliat en el valle de Ela. Me presenté y me tomaron... como redactor que les mentí que sería y que no fui. Mi mujer redactaba las recetas de cocina con el brazo de Santa Teresa, prácticamente durmiendo, pero, eso sí, las pasaba en limpio a máquina y las corregía yo. Pagaban un sueldito y tenían dos por uno cantando se van las penas.
La bague de fiançailles para casarme me la dieron en la sede de Fathersons, una editorial o aduar trashumante que reunía a Mario, su tío Pedro, hermano del legendario don Jacobo, el que confió en Sobre héroes y tumbas, y su hijo Pablo Mauricio, el Bisonte, primo del Escarabajo. Te acordarás del viejo Pedro y de su hijito. Eran los patrocinadores de un programa obscurantista de la tele, Buenas tardes, mucho gusto, dirigido por Osías Wilenski y en el que también trabajaba Ana María, la hermana de Pablo, creo que como presentadora. Estos dos Muchnik eran como zares en canal 9. Hablo de los sesenta.
Cuando llegan los militares, Pablo editaba una revista, Emmanuelle; víctima de su optimismo apolítico, no advirtió que al Reich filisteo-vaticanista-militar Grondona-Caggiano-Videla tampoco le agradaba que se fuese «apolítico» con una revista que equivocaba la mezcla de artículos de actualidad con desnudos para el ramadán del hombre. A otra renegada, Adán, le había pasado lo mismo una década antes por hacer lo mismo que es regalarse y acariciarse las partes, echando por en medio de la virtud, durante el fascismo navideño de Onganía. Total, que se llevaron al Pablo Mauricio junto a su periodista Mario Mactas [...].
Salvaron la vida a condición de pirarse. Mactas se fue a México y el Bisonte se vino a España, en una encrucijada de humillación y furia porque lo habían echado del infierno. Ahí está toda la filosofía del agradecimiento.
En Barcelona formaron la editorial que te digo, Mario ya había venido de París con su mujer Nicole Thibon y Anatole, el hijo menor, que era chiquito entonces, y necesitaba una pista para aterrizar y quedarse. Aquí fueron llegando y juntándose como pecios los demás de la flotilla, incluida la señora Kipa (Cecilia), la madre de Pablo. En las oficinas de Balmes casi General Mitre parecíamos, cuando estábamos todos, los Frank y los Van Daan en la buhardilla de Prinsengracht 263.
El Escarabajo Pelotero tenía además su propio sello, el índice pirógeno de la mano que señala al lector y produce fiebre a los culpables, Muchnik Editores, y colaboraba con él, ¿quién?, ¿a que no lo imaginas?..., piensa, piensa... Mario Pellegrini, Chupamiel. Padre e hijo, Aldo y él con una sortija de pedida no muy distinta de la mía, unidos, uno por el pasado, el otro por el accidente de la emigración, a la suerte plural de los Muchnik que proletarizan a quien se les acerque.
Una tarde, Marcelo Covián llevó a las oficinas de la calle Balmes a tres muscardinos o ratones almizcleros que en esa época estaban quizás un poco menos hambrientos, pero formaban parte igual del magma sin techo como todos: Eduardo Galeano, Vicente Zito Lema y Alberto Szpunberg. Marcelo me contaría después que eran unos fantasmas, creo que dijo algo peor, y que el proyecto que depositaron sobre el escritorio de Mario no tenía gollete. Ese proyecto lo vi, era un intento de poner en circulación en el mercado español material de la revista Crisis —en rigor, un refrito que se asemejaba a lo que estaba haciendo la familia Muchnik con el ADN de las recetas de la revista Buenas Tardes Mucho Gusto, editada para sacar tajada del programa de televisión—, pespunteándolo con la denuncia de la tiranía militar. Claro que una cosa era darles nuevo envoltorio a viejos contenidos culinarios, la cocina, en el fondo, no es un dinosaurio que se tiene que adaptar, y otra muy otra hacer que el público español que ingresaba en un proceso histórico alentador se interesase por una lucha contra una tiranía a diez mil kilómetros de aquí. Marcelo tenía razón: un proyecto editorial suicida.
Se hizo agua de cerrajas, pero al menos una obra de Zito Lema, el Homenaje a Rodolfo Ortega Peña in memoriam. A los caídos, fue financiado por Agermanament (Secretariat de Cooperació Interdiocesana). Lo tengo ahora ante mis ojos y compruebo en la página de créditos que tu memoria goza de más salud que el papado y la puedes seguir usufructuando sin temor a oír «los insistentes llamados del alemán Alzheimer» (sábado 24, 2.17). El local estaba en Roger de Llúria, 125, cuarto piso.
[Hughes] Galeano, el
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