Las edades de la vida, sus límites y sus características en relación a la educación, el trabajo y el tiempo libre






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SC: ¿Cómo te imaginás de acá a unos años?

D: Yo estoy queriendo terminar la escuela para poder entrar al ejército.

SC: ¿Al ejército? ¿Y por qué al ejército?

D: Porque me gusta esa carrera.

SC: ¿Te gusta? ¿Cómo te imaginás?

D: No me imagino ¿viste? pero…

SC: Ponele, de acá a… ¿Vos tenés 16?

D: Sí.

SC: Cuando tengas 26…

D: Si entro, no sé. Yo pienso que estoy entrenando para entrar al ejército, juntar la plata así… Un año viste o así dos seguidos e irme a España ahí. Cuando me den las vacaciones, me voy a España a conocer.

SC: ¿Si? ¿Y por qué España?

D: Y…porque me gusta España.

SC: ¿Entonces el plan ahora es terminar noveno y ya entras a la escuela militar?

D: Aja, me mando porque ¿viste mi abuelo y mi mamá? Tienen conocidos. Pero igual yo no voy a entrar por corte, yo voy a entrar solo yo quiero entrar libre, no así de acomodado.

SC: Querés entrar por las tuyas…

D: Dejé mi casa para hacer las cosas solo y las voy a hacer solo. No le voy a pedir ayuda a nadie

SC: Bueno, igual pedir ayuda no viene mal…

D: Si, ayuda a Marisa sí. Acá sí. Pero de mi familia no necesito nada.

SC: ¿Por qué? ¿Te llevás mal con la familia?

D: Sí, son… Les das una mano y cuando necesitás una mano no te la quieren dar. ¿Entendés?

(…)

SC:¿Cómo es tu familia? Vos me decías que vivís con tu abuela pero…

D: Ahora estoy viviendo en la casa de un amigo. Me voy a ir a vivir de mi abuela por ahí, si consigo las chapas. Y… ¿Cómo es mi familia? Mi abuelo era gendarme, mi tío era militar, mis dos tíos eran militares. Uno después se pasó a seguridad. Después a gendarmería de vuelta, un tío. Después dejó. Y ahora los dos están sin trabajo, de boludos. Y nada, y mi abuelo ya se jubiló. Mi abuela era peluquera. Mi mamá era encargada en un restaurante del ejército…

SC: Ah, todos relacionados con el ejército…

(..)

SC: Y se armó… Bueno, entonces me decías que la idea sería terminar noveno. ¿A dónde lo vas a terminar?

D: Espero… espero si Dios quiere que lo termino este año acá, en Adultos a la mañana. Acá en el salón que está acá al lado.

SC: Buenísimo. ¿Entonces ya podrías entrar al otro año al ejército?

D: Sí.

SC: Esta bueno, es un buen plan…

D: Si, pero no estoy viniendo nunca. No tengo los documentos, nada. Así que no sé si voy a entrar.

(…)

SC: Y me decías… ¿Se te había ocurrido este año lo del ejército o era algo que ya pensabas?.

D: Si, desde que era chico chico. Desde que era chiquito. Siempre quise, me gustó ese oficio.

SC: ¿Te gusta?

D: Sí.

SC: ¿Y te imaginás dentro de 10 años laburando ahí?

D: No, no me imagino nada porque puede pasar cualquier cosa, cualquier cosa en la calle.

SC: ¿Te parece?

D: Sí, mira si entro en cana y no puedo ir al ejército porque tengo una causa…

SC: ¿Y por qué vas a entrar en cana? ¿Te pasó alguna vez que cayeras en cana o algo así?

D: No, pero por eso. Puede pasar cualquiera cosa. La policía ahora viene y te levanta por nada.
Brenda es prima de Ezequiel, y concurre a Aula Abierta de B. Mitre por su consejo. Vive con su madre y una hermana pequeña, a la que cuida cotidianamente mientras su madre trabaja como empleada doméstica. Tiene 15 años y dejó la escuela en 1ero del Polimodal, actualmente está embarazada, por lo que su idea es retomar la escuela secundaria a la noche, después que nazca su bebé. Brenda tiene muchos intereses: quiere tomar clases de canto, escribe poemas y en un momento cuenta que su sueño es ser escritora.
Si bien por las condiciones estructurales de vida que muchos de ellos mismos vislumbran, parece poco probable que puedan llevar adelante estos proyectos que mencionan (como es el caso de Darío y Brenda), llama la atención como en los relatos no se hace referencia a la escuela (o Aula Abierta) y los docentes como punto de partida para vocaciones, intereses u oportunidades (si de contención ante problemas de familia, por ejemplo).
Al mismo tiempo, se observa el interés de los jóvenes adolescentes en la búsqueda de referentes para el empleo en otros ámbitos familiares o locales. Para profundizar en estos procesos, a continuación desarrollaremos las fuentes de experiencias de niños y jóvenes hoy: el trabajo informal/familiar y la formación profesional.

Los oficios y habilidades desde la educación informal: trabajar solos, trabajar en familia
Si bien en algunos casos el hogar está a cargo de la madre, es llamativo que muy pocos jóvenes consideren continuar el oficio o actividad de sus padres. Esto puede deberse a que en la mayoría de los casos se trata de tareas no calificadas pero, en este sentido, es interesante observar como algunos de los jóvenes buscan orientación o antecedentes en otros adultos próximos, sean estos familiares o vecinos, como puede verse en el relato de Juan, anteriormente citado.
Marta constituye un ejemplo de la primer situación mencionada; esta madre de tres niños de la escuela de FyA, que asiste al curso de formación profesional de corte y confección, cuenta como las tareas que realiza su marido no son opción para sus hijos: mi marido hace changas, al varoncito lo lleva a veces, pero todavía no lo quiere llevar mucho al nene porque tiene miedo que se le golpee, no quiere que llore. Yo le digo: cómo va a conocer las cosas si no lo llevas? Sale con el carro, se va a la costa del rio y hace arena, escombros. Como ahora el río está crecido a veces los caballos se quedan y tiene que tirar, entonces tiene miedo de llevar al chico. Tengo un vecino que siempre llevaba a su nenito y se le cayó del carro y se quebró el brazo, estuvo internado un mes. Así que por eso no quiere llevarle.
El ejemplo contrario lo constituye la experiencia de Julia y su esposo, que llegaron al barrio hace 9 años, luego de trasladarse por distintas zonas de la capital provincial. Julia nació en el conurbano bonaerense pero desde pequeña vive en Corrientes, su marido es de otra zona de la misma provincia. Esta familia tiene 5 niños: Víctor, de 14 años; Jair, de 12; Lucia de 11, otra nena de 10 y un nene de 9. Tanto Julia como su marido tienen estudios primarios, si bien ella hizo además algunos cursos de enfermería. Su trayectoria se destaca porque se trata de uno de los pocos relatos donde la formación profesional es recuperada, ampliada y transmitida a los hijos: El curso de huerta fue una de las cosas que enganchamos acá con FyA, era una época en que se trabajaba todo lo que era agricultura urbana, creo que de las familias que iniciaron somos prácticamente la única familia que quedamos de ese plan que era para sacar a las familias del hambre, no? En la huerta tenemos lechuga, acelga, perejil, todo lo que sea verdura de hoja… producción de huevos caseros, criadero de chanchos, biogás con estiércol de caballo, de chanchos y de humanos, tenemos todo un sistema en casa instalado desde las letrinas que funciona re-bien. (…) Después tenemos ferias donde vendemos los productos, tenemos un camión del programa de agricultura, que traslada nuestra producción, y mi esposo y yo nos trasladamos de un lugar a otro para vender. (…) Por la gracia de Dios este año pudimos, con nuestro esfuerzo, regalarles su pileta, su televisión, sus cositas, nosotros procuramos que la colaboración de ellos sea en la casa, haciendo la comida, limpiando. Ellos trabajan con nosotros: uno cuida los pollos, otro a los chanchos, tienen que ver que coman, que tomen agua. Cada uno tiene su tarea: el mayor se ocupa con su papá del reciclado, después de la huerta nos ocupamos todos porque una vez que está limpia hay que regar y mirar que no haiga bichos, así que día por medio hay que estar nada más. De los animales hay que hacer cosas todos los días, que coman, que tomen agua… y de la casa nos ocupamos todos, los fines de semana. (…) Ahora entramos en los microcréditos, yo pretendo… me gustaría que sea una granja de capacitación, para emprendedores, que vengan técnicos y ayuden para que la gente pueda aprender.
Es interesante detenerse a analizar los rasgos que hacen que Julia y su marido hayan podido aprovechar esta oportunidad formativa y laboral, destacandose aspectos de cuidado en sus respectivas crianzas pero también características que ellos mismos le otorgaron a su familia en términos de atención de las necesidades de los niños y proyección del grupo doméstico a futuro: nosotros trabajamos en familia porque a mi esposo y a mí nos enseñaron así, siempre nos enseñaron a ganarnos dignamente el pan, no nos mandaron así a la calle, y arreglate por tu cuenta. Yo siempre digo que el oficio es bueno aprender, el estudio es muy lindo. Yo soy muy exigente y a ellos les gusta. A Víctor le gusta lo de mover la tierra, sentirse útil en algo, viene a la escuela porque le exijo, que estudie para ser alguien en la vida. Siempre les decimos que ellos son muy importantes, nosotros sentimos que nuestros hijos son la base de nuestro matrimonio. Jair entiende todo lo que sea la técnica, el es muy cuidadoso, el biogás lo instala y desinstala como quiere… en una feria de ciencias hizo un trabajo sobre el biogas, hizo una maqueta con material reciclable que lo ayudó el papá y se sacó un diez. (…) El nos dijo una vez: yo voy a estudiar y me voy a ir lejos a trabajar, con lo que gane les voy a comprar el campo… porque nosotros con el papá soñamos con tener un campo, un vivero. Así que él les dice a los hermanos: “vos Víctor no te vas a hacer el loco porque me tenés que ayudar a comprarle el tractor que papá tanto quiere”.
En el testimonio anterior de Julia se destacan tanto la atención de los padres a las necesidades y características particulares de sus hijos, como los proyectos a futuro individuales y familiares. Ambos rasgos se vinculan con una actitud reflexiva sobre las experiencias de la propia vida, que les permiten problematizar actitudes propias y de sus padres: Víctor es así, mamero, porque nació a los dos días que falleció su hermana, tenía un año y medio y una enfermedad terminal, ya sabíamos que no iba a durar… y cuando Víctor nació fue como que él llegó a complementar todo, no tuve tiempo de llorar ni nada, porque el nene me necesitaba. (…) Cuando nace Jair yo lo atendía, pero él necesitaba algo más de mamá, entonces se me enferma… el famoso bronco espasmo. Entonces me voy al hospital y la doctora lo revisa, lo medica. Pero yo no soy de quedarme así nomás, entonces le pregunto a la doctora: por qué si yo lo atiendo, se me enferma? Y ella me dice: “mamá, no te va a gustar lo que te voy a decir, pero a él le falta atención”. Ella era una de las pediatras de mi nena cuando vivía, así que me dijo: “vos te aferraste tanto al mayor que descuidas al más chico”. Ahí empecé a ser mamá realmente, a compartir el cariño con los otros chicos. (…) Nosotros con mi esposo conversamos mucho, y tratamos de no cometer los errores que vimos que por ahí cometieron nuestros padres con nosotros. Por ejemplo cuando yo me enfermé recién ((1er período menstrual)), mi mamá en vez de atenderme me llevó a un médico para que me revisen de arriba abajo para ver si no me habían violado… en vez de enseñarme que eso es normal. Entonces yo ese error con mi hija no cometí, le enseñé: a ella le vino en la escuela, pero ella ya estaba preparada, vino a casa y me contó… pero como algo normal.
Si bien sus reflexiones están centradas en el universo familiar propio, es en el testimonio de Julia donde quizás pueden verse más claramente los desafíos que la protección de los derechos de la infancia plantean al trabajo en el contexto familiar: Víctor nos ayuda en el tema de la venta de las verduras, viene y toma los pedidos de las maestras, no lo dejamos ir lejos… y viene a resultar que hace poco le dijo a la directora que el padre y yo lo habíamos autorizado a dejar la escuela para ir a trabajar con nosotros… Ella me mandó hacer llamar pero nunca llegaba el recado, entonces un día viene Jair diciendo que vayamos a la escuela por una pelea de Víctor con un compañero. (…) Y resulta que el tema nada que ver, ya tenían lista una nota para ir al juzgado por abandono, (…) que tuvieron que rehacerla porque nos condenaba, al papá y a mí. Porque yo ya sé que hoy por hoy la ley los ampara, yo estoy muy atenta a todo: si dicen que los diputados van aprobar una ley u otra ley… yo soy muy cuidadosa porque yo mezquino mucho a mis hijos y no voy a permitir que por una ley me los saquen. Y yo entiendo que el trabajo es cuando uno va y cobra un sueldo, no colaborar en la casa. Porque con mi marido decimos que es mejor que estén acá atareados, que en la calle.

Límites y potencialidades actuales de la formación profesional
De los relatos de los adultos surge que una calificación en algún oficio otorga un punto de partida relativamente ventajoso, aunque la alternativa de la estabilidad de un empleo público la desplaza. Este proceso parece ser común en ambos contextos: en lo que se diferencian drásticamente (vinculado esto a los procesos de conformación de los centros urbanos) es que en el caso de Ongay, puede verse asimismo el proceso de migración a las ciudades en la generación de los padres de los jóvenes, lo que en el conurbano bonaerense se retrotrae a generaciones de abuelos o bisabuelos: en el caso de Mártires, un referente barrial de Ongay, el traslado a la ciudad significó que abandonara las tareas agrícolas y adquiriera el oficio de electricista, que actualmente complementa al empleo público.
Mártires nació en el Chaco, a los 19 años terminó el servicio militar y decidió viajar: Vine a Corrientes a laburar, tenía un hermano trabajando acá, y una tía que tenía un terreno… Pero además mi familia son todos correntinos. (…) En el Chaco todos vivíamos en el campo, hacíamos ganadería y agricultura, plantábamos tabaco, algodón, batata, mandioca, maíz. Dejábamos en cementera, plantábamos cebollín, verduras para comer, teníamos chivos, chanchos. De los 8 años empecé con mi papá, y de los 13 a los 18 años era encargado de la estancia con mi papá, yo ya me había acostumbrado a trabajar, por eso acá para mí era una joda… agarrar una pala, un mazo… acá me malacostumbre a dormir la siesta, a comer a horario; allá recién cuando bajaba el sol volvíamos para comer. (…) Acá hice un curso plomería, después de electricista, en un año me recibí y hasta el día de hoy soy electricista. Yo ahí terminé la primaria y tres veces por semana tenía solamente electricidad. Entré a trabajar con un hombre que era empleado de Agua y Energía, mi hermano trabajaba con ese hombre, y ahí aprendí más que con los estudios. Me sirvió el papelito de que me recibí, pero más aprendí trabajando.
Es interesante advertir que en esta trayectoria exitosa en términos de progreso económico y social que relata Mártires, al igual que en el caso anterior de Julia con la huerta, sus hijos siguen sus pasos: Después me junté, tengo media docena de hijos, por no decir mucho… Uno está por cumplir 22, el otro 20, 19 la otra, 17, 15 y 12. Todos están estudiando, los dos varones mayores están estudiando industrial de noche, y de día trabajan por supuesto. Uno en la Dirección de Deportes, el mayor, y el otro me ayuda a mí con lo de la electricidad. La mayor estudia de noche también, se recibió de peluquera acá en FyA hace dos años y trabaja de supervisora de comedores comunitarios. Yo trabajo cuando tengo tiempo a la tarde de electricista, plomería, y a la mañana soy portero de escuela. Mi mujer es ama de casa, supuestamente está de balde pero tiene más trabajo que todos. La de 19 está en 5to, y la otra en 3ero, creo. (…) En la escuela que está más cerca al principio no los querían recibir, FyA no estaba oficializada, la tenían como un templo, una iglesia. Después con el tiempo, cuando vino el gobernador, con el 2005 se conoció. Por eso los mas grandes tuvieron que ir a la secundaria retirada, lejos…
Como surge del anterior testimonio de Mártires (y se expuso anteriormente), el hecho de que la escuela a la que asisten sus hijos no brinde la oferta de la secundaria orientada parece generar un proceso de incertidumbre e interrupción de los proyectos de muchos de los jóvenes, ya que deben procurar otra institución donde continuar los estudios y no se observan, en varios de ellos ni en sus familiares, acciones que pudieran conducir a la resolución de este trayecto. Quizás este motivo incida en que la reflexión sobre la educación y el empleo estén disociadas: a excepción de algunos de los jóvenes que mencionaron el oficio de embarcadizo, los otros arriesgan tareas que les gustaría hacer pero no saben que educación es necesaria para lograrlo, lo que permite anticipar que las dificultades para concretar estas ideas serán significativas.
Quizás la pregunta más importante que surge de los distintos testimonios es la del sentido de la formación profesional en relación a la educación y el trabajo de las jóvenes generaciones en los contextos periurbanos de la Argentina de hoy: si bien las actividades son lo suficientemente diferentes como para ameritar reflexiones especificas, proponemos además tener en cuenta la información disponible sobre las trayectorias de aquellos que las ofrecen y reciben, así como del contexto socio-histórico de presentación de la oferta. Esta reconstrucción permite analizar cómo las experiencias de formación en oficios –a cargo o no de FyA- resultan posteriormente en actividades laborales sostenidas, potenciadas o abandonadas en el transcurso de las sucesivas generaciones.
De acuerdo al testimonio de Griselda, Directora de Adultos y Formación Profesional en FyA-Ongay, varios cursos dejaron de dictarse por la falta de alumnos (albañilería, instalación sanitaria y horticultura y floricultura). La falta de alumnos tiene desde su relato condicionamientos desde dos procesos bien diferentes: por un lado, el requisito de acceso a los cursos de formación profesional es haber cumplimentado la escuela primaria y, como ya se presentó anteriormente, esto constituye un obstáculo para muchos habitantes del barrio. Por otra parte, la falta de alumnos se vincula con la permanencia, ya que los cursos requieren la asistencia durante de dos años para otorgar la certificación, mientras que el logro de ciertas competencias hace que los interesados abandonen la cursada al momento de lograr poder desempeñarse en la actividad con alguna solvencia, especialmente en algunos de ellos. Nos interesa trabajar con ustedes el tema de la duración de los cursos, porque nos falta información sobre cómo se decidió que se dictaran los actuales y con qué modalidad, pero da la impresión de que podría revisarse algunas decisiones. En el caso de B. Mitre, los cursos se dictan en el Colegio Máximo, por lo que quienes asisten son gente de barrios aledaños y no de BM (excepciones?). No tenemos información sistematizada de cuantos cursos se han dejado de dictar por cuestiones de matrícula, pero si otros datos que pueden ser interesantes a modo comparativo.
A continuación se incluye un cuadro donde se observan las ofertas de los barrios y el GCBA, a modo de ejercicio (CUADRO). El propósito de este cuadro es analizar potencialidades, desafíos y logros de la oferta existente en formación profesional desde lo que sistematizamos hasta ahora (aclaramos que falta analizar materiales de campo aun), teniendo en cuenta un horizonte de oferta y recursos mayor (GCBA) como insumo para pensar elecciones y procesos, no como modelo a imitar. La propuesta es considerar los cursos desde el area de actividad principal, por lo que dividimos la oferta en 4 grandes rubros:

1. Construcciones y mantenimiento

2. Servicios

3. Tecnologia

4. Otros

5. Oficina y comercio
1. Construcciones y mantenimiento
Se trata de un área de actividad con un número muy importante de propuestas en el GCBA, del que registramos un curso relativamente nuevo en B. Mitre de refrigeración y dos cursos, albañilería e instalación sanitaria, que fueron discontinuados por falta de alumnos.
El caso de albañilería es interesante para analizar, dado que en los testimonios se menciona como una de las actividades más frecuentes de los adultos del barrio Ongay. Según relata Griselda: si no me equivoco, el horario que tenía albañilería era de 2 a 6 de la tarde, en cuanto consigue una changa el albañil se va y trabaja, y ahí aprende seguro mucho más que estando toda la tarde acá sentado. La última que daba clases ahí era una arquitecta. Si bien no contamos con suficiente información, este breve testimonio es sugerente para pensar en el formato y contenidos aparentemente propuestos: una formación excesivamente teórica y general, en un horario poco conveniente. Si miramos la oferta del GCBA, es interesante revisar la oferta de cursos de FyA, ya que permite anticipar un amplio abanico de contenidos que involucran conocimiento teórico y práctico, los que en un horario conveniente podrían constituir un interesante recurso para la población, tanto de jóvenes como de adultos. Asimismo este recurso formativo permite afrontar, individual y colectivamente, los problemas de vivienda e infraestructura barrial, con la opción de articular proyectos de cooperativas de autoconstrucción y construcción de viviendas para terceros, tendencia que en distintos municipios y el Estado Nacional se viene desarrollando en los últimos 10 años.
Además, si se analizan las trayectorias de adultos y jóvenes de Ongay relativamente exitosos, se ve que Martires y un hermano de Juan se dedican a electricidad, plomería y cerrajería respectivamente. El potencial aprovechamiento de los oficios ligados a la construcción es evidente en esas trayectorias, y la propuesta de refrigeración de B. Mitre muestra que una mayor complejidad redunda tambien en oportunidades laborales mayores (si bien no tenemos información aun sobre los resultados de este curso).
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