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El barroquismo del padre ausente

Lecturas de “Madres y huachos. Alegoría del mestizaje chileno” de Sonia Montecino.
Dr. Miguel Alvarado Borgoño

Universidad de Playa Ancha

E-mail: alvarado@upa.cl

http://sincronia.cucsh.udg.mx/borgono04.htm

 

Síntesis del artículo

 

En este artículo comentamos el libro “Madres y huachos” de la antropóloga literata chilena Sonia Montecino. Donde se dan rupturas de distinto orden. En este análisis, intentamos demostrar cómo estas rupturas se generan desde un argumento, el de la existencia de una identidad cultural barroca, basándose en una apertura a la intertextualidad y la teoría literaria, y desde una identidad de género: la de "ser mujer que escribe", hasta llegar a un tipo de texto que definimos como barroco, tanto porque habla del barroquismo latinoamericano, como porque sus formas textuales, recargadas de un "barroquismo textual" lo asocian con la literatura, y en el que la metáfora -bella y estridente- ocupa el lugar que en algún momento ocupó el "dato empírico".

  

 

Introducción

 

Cuando el psicoanalista Jacques Lacan suspende su propia Escuela, cometiendo casi un parricidio voluntario, anuncia su cometido desde su condición de gran padre perverso y polimorfo, y así consciente y cruel; da cuenta icónicamente del papel del padre en la cultura occidental como sostén simbólico de la ley, pilar del sentido, epicentro de la estabilidad y la integración del sistema social. Lacan, el inanalizable según Roudinesco (1993), es el que no tuvo padre en un sentido conceptual, cometiendo la originalidad de mezclar más allá de lo que se creía posible distintas disciplinar y teorías; tuvo que refundar el freudismo para crearse a sí mismo. Por ello, es el único padre posible capaz de asesinar ritualmente su propia escuela, dejando en la orfandad incluso a aquellos que aseguran ser “más lacanianos que Lacan”.

 
Desde un intento de pensar lo latinoamericano, en las distintas formas de pensamiento situado que ensayamos, nos preguntamos ¿Qué ocurre cuando esta figura totémica está ausente? ¿ Cuándo el padre es una ausencia que no del todo suscita añoranza?, Y peor aún ¿Qué ocurre con un sistema cultural cuando este se define desde esta condición de orfandad? Tanto o más que el padre violento, el padre como huella aislada, como ausencia, es aún más dañino; esta carencia de presencialidad ocasiona el desmembramiento de la personalidad, en definitiva de sufrimiento intrapsíquico; en esta situación,  la presencia vive en el plano de la subconciencia pero no se materializa en el gesto del abrazo, el padre que ignora es más cruel que el padre que conscientemente daña. El daño de ignorar es negar mezquinamente un trozo de vida, una parte de la estructura psíquica diseñada para soportar temporales, remedio para el desamor o para el exceso de éste y, en general, para todas las formas de dolor.

 

El libro de la antropóloga Chilena  Sonia Montecino Madres y huachos. Alegorías del mestizaje chileno, se estructura desde esa carencia que de dolorosa, pasa a ser ritual y luego festiva. Montecino demuestra que la ausencia del padre no es una carencia, sino una ausencia legitimada, una forma de hacer cultura, como en el sistema avuncular[1], particularmente donde la figura del padre la ocupa el hermano de la madre. El sistema cultural latinoamericano resuelve en el rito una vivencia que llega a no ser carencia y, por ello, no llega a ser dolor sino diferencia, especificidad.

 

Tal ejercicio teórico requiere de la transgresión textual, para hacernos olvidar el pecado de negar al padre, negarlo más de tres veces, sin dejar que ningún gallo cante. Tal pecado sólo puede hacerse desde un texto heterodoxo, desarraigado de los géneros y, por ello, luminoso en su libertad expresiva

 

Este libro es, sin duda, un nicho de transgresiones, y toda lectura interpretativa del mismo debe llegar en algún momento a la enumeración de las irreverencias ideológica de género, la científica, y por sobre todo, la más importante para este estudio, la transgresión tipológica...

 

"Gozosa es la transgresión a la cual nos convida Sonia  Montecino con este libro: travesía en nuestras máscaras, por nuestros ladinos disfraces de mestizos.

El texto, que viola públicamente una de las leyes primordiales, según la autora, de nuestra cultura, la palabra (como encubridora de la experiencia y el rito que le están disociados), no provoca en forma ininterrumpida un gesto de asombro, de temor incluso, ante las figuras reconocibles que éste desentraña. Sorpresa y euforia contenida de quien es atrapado en su propia bufonada, "demonio feliz" sin lugar a dudas, descubierto en la comedia festiva que ayuda a levantar como escenario" (Santa Cruz, 13: 1991).

 

En este análisis, intentamos demostrar cómo estas rupturas se generan desde un argumento, el de la existencia de una identidad cultural barroca, basándose en una apertura a la intertextualidad y la teoría literaria, y desde una identidad de género: la de "ser mujer que escribe", hasta llegar a un tipo de texto que definimos como barroco, tanto porque habla del barroquismo latinoamericano, como porque sus formas textuales, recargadas de un "barroquismo textual" lo asocian con la literatura, y en el que la metáfora -bella y estridente- ocupa el lugar que en algún momento ocupó el "dato empírico".

 

Desde el subtítulo del libro, como primera estrategia paratextual, se habla justamente de una "alegoría del mestizaje chileno. Sabemos que una alegoría no es en ninguna forma una descripción objetiva; por el contrario es una recreación creativa, un hecho semiótico que mantiene el vínculo entre significado y significante de forma mimética, no pudiendo nunca confundirse lo alegorizado con la alegoría misma El texto de Montecino no es Chile en ninguna de sus esferas, y ninguno de los valores que nos propone tienen pies ni caminan. El texto es un mundo propio que se gesta en la conjunción de las condicionantes de la autora empírica, combinadas creativamente por la autora textual, y de allí la "barroca alegoría" de las obsesiones de Montecino.

 

Se trata de textos disímiles[2], lo cual se explica, como tratamos más adelante, desde el origen de los mismos; no obstante, los hilos conductores son básicamente macroestructurales, se definen desde temas: la mujer y la maternidad, la huerfanía expresada en el huacherío, la síntesis ritual, la oralidad, el poder.

 

Su hipótesis esencial es la primacía que tendría la condición de hijo ilegítimo o "huacho" en la identidad cultural de nuestro país, ello desde una lectura que se apoya en términos argumentales en fuentes sociológicas, antropológicas e históricas, y recurre, a nivel del estilo - en el plano de las metáforas utilizadas y de las citas que afianzan la textualidad- a las formalidades de la literatura, la que se constituye en una fuente básica; por ello, lo literario es tanto un sostén intertextual como expresivo.

 

El texto ha sido leído como un alegato desde el género sexual. Nosotros creemos que, sin dejar de serlo, es ante todo un experimento textual que busca llenar vacíos, que no sólo se remiten al tema del género sexual, sino que guardan relación con la expresión misma en un contexto de redemocratización. Por ello, más que demostrar un argumento respecto de lo femenino -que de paso lo hace-, este texto es una experimento que abre la ruta nuevas formas expresivas.

 

 

El costo de transgredir

 

Una frase clandestina escuchada hace unos años ...“todo estaba bien en la antropología chilena hasta que apareció Sonia Mortecino“ es la evidencia de la significación pragmática de la autora en general y de este libro en particular. Esta frase no tiene las connotaciones agresivas que pareciera, y en realidad ni siquiera quien la dijo pensaba que todo estuviese tan bien en la antropología chilena antes deMontecino; más bien refleja el desconcierto frente a la capacidad de una pluma para subvertir el orden, mostrar caminos, generar modos de expresión y alterar los tipos de discurso. De esta forma, el texto representa -en términos de una comunidad científica en Chile-, un límite, un paradigma, y una frontera, que se puede cruzar o descruzar pero nunca dejar de reconocer.

 

Madres y Huachos es, en opinión de algunos, el primer texto donde verdaderamente se ve la audacia de la teoría dentro de la antropología de nuestro país. No obstante, para ello el texto debe romper con una premisa básica, que la antropología chilena aprendió de sus maestros europeos: la reflexión antropológica teórica es el fruto esforzado de años interminables de trabajo de campo; así entendido, el esfuerzo teórico de la antropología en su función de "acumuladora de verdades", es posterior a un proceso sistemático de búsqueda de información empírica. La data es posible de encontrar a través de la experiencia de nuestros sentidos, los que no mienten, desde el principio positivista y neopositivista de isomorfia entre lenguaje pensamiento y realidad. Por lo tanto, el texto de Montecino, se sale del margen. Visto así, este libro es antropología, pero no la antropología -insistimos- que enseñaron los maestros europeos, Metraux, Titiev, Stuchlik, entre otros y que sus discípulos latinoamericanos digirieron con sumisión, en ocasiones inteligencia y, por sobre todo, con disciplina.

 

En realidad, las cosas no andan tan bien antes de Sonia Montecino, porque el texto antropológico chileno aún no adquiría ningún tipo de impronta propia. El efecto del pensamiento antropológico chileno, luego de la época dorada que va desde el “20 al “40 con maestros como Latcham o Guevara, da paso a una fuerte repetitividad respecto de las formas textuales de la antropología, propia de los países centrales; más aún si consideramos el contexto de dictadura militar en que debe funcionar el Departamento de Antropología de la Universidad de Chile, y la represión sufrida por la Carrera de Antropología de la Universidad de Concepción.

 

Poco podía esperarse de la década de los ochenta, sin embargo, se obtiene mucho; en ese contexto se generan las tres obras fundacionales de la Antropología Poética Chilena: El umbral roto de Juan Carlos Olivares, Crónicas de la Otra Ciudad de Carlos Piña, y Madres y  Huachos de Sonia  Montecino.

 

 

El género y a metalengua de "Madres y Huachos"

 

Desde una mirada tipológica poco profunda, el texto es un ensayo, así nos lo dice su autora y así es leído; no obstante, cabe inmediatamente la pregunta ¿De qué tipo de ensayo se trata?, ¿Es un ensayo antropológico, un ensayo literario, un ensayo histórico o un ensayo sociológico? Nuestra hipótesis sostiene que se trata de un ensayo antropológico poético y ello se demuestra en una visión de conjunto del mismo. Las preguntas anteriores no son solamente importantes para nosotros en este capítulo, ya se la plantea la propia autora en el inicio del libro y la respuesta la intenta dar ella misma desde el principio, pero a decir verdad, no nos deja del todo satisfechos...

 

... se trata de un ensayo es decir de una tradición escritural que más que en la rigurosidad se posa en la libertad de asociar ideas sobre un objeto“ (Montecino, 14:1991).

 

Luego agrega justamente el dato respecto de su valoración de lo intertextual, lo cual nos da luces para entender su esencia tipológica...

 

...escritura que se vale de otras, escritura que toma lenguajes y metáforas para constituirse" (Montecinos, 15:1991).

 

Queda pues la pregunta por la tradición que da sentido al texto en términos de género y la continuidad que intenta generar. Para nosotros, ello se explica por el carácter transgresor del mismo. Se trata, en definitiva, de un nuevo tipo de ensayo que se abre desde la intertextualidad y la metalengua a un nuevo tipo de género textual.

 

En lo que respeta al plano concreto de la metalengua de este texto, es difícil hablar de un texto que ya ha tomado un carácter "canónico" en el ambiente intelectual chileno. No obstante, la transgresión que significa en el canon antropológico tradicional para nuestro país, al incluir tanta referencia literaria y -por sobre todo- al no significar en sí mismo una sistematización de una experiencia de campo prolongada, representa así una nueva forma de hacer antropología.

 

La utilización del lenguaje, que proviene del ámbito del arte y la literatura, no es nueva en las ciencias sociales latinoamericana. Como hemos visto en capítulos anteriores, se trata justamente de retomar una línea que proviene del romanticismo sudamericano a nivel literario y que representa la base primero del ensayismo y, luego del propio texto con pretensiones científico social. Mas la novedad del libro de Montecino, es el abierto recurso a la analogía estética como modo de articular el texto y darle un sentido; dice todo cuidando el estilo, pero además el argumento racional se define desde categorías originadas en lo estético, particularmente en lo estético literario.

 

El eje metalingüístico se juega de la siguiente forma: el proyecto ecuménico del barroco determina, desde el primado del rito y de la oralidad, la aparición de una identidad mestiza que se juega en la polaridad hombre/ mujer, blanco/ negro, y dialécticamente se resuelve en la polaridad esencial de nuestra identidad como país, la de la madre y su(s) huacho(s).

 

Concretamente en la metalengua de este texto, vemos diversas intencionalidades en su emica, una es ideológica, la del género sexual, la otra es teórica, no obstante, paranosotros, la teórica rebasa y supera ampliamente a la ideológica. Si se trata de un texto de agitación, ello se hace desde una originalidad teórica que sobrepasa la meta valórica. Pero existe un tercer factor metaligüístico implícito y que es la licencia de la metáfora, la posibilidad implícita de recurrir a la metaforización de los conceptos para elaborar el texto. Justamente, este factor de la metalengua, el cual aunque está centrado en la reflexión analítica, no obstante, recurre a un lenguaje lleno de belleza y barroquismo que define el tipo textual; ello no constituye argumento sino una práctica textual permanente que representa un hecho fundante también de la emica del libro.

 

Respecto del pensamiento de Sonia Montecino y específicamente respecto de la metalengua del libro aquí analizado, existe un texto externo que resulta fundamenta. Se trata del discurso de aceptación del Premio Academia Chilena de la Lengua, donde la metalengua a nivel teórico e ideológico quedan bastante claras...

 

... la oralidad es la forma en que ethos latinoamericano ha transmitido su historia y su resistencia frente a la expansión del texto. la oralidad es también el lenguaje, que apropiado por las mujeres, desencadena un habla que se resiste a una cierta economía por que sus tiempos nos son los de la producción en serie sino los tiempos artesanales de la elaboración de alimentos, del hilado, del arrullo maternal, de la dilapidación festiva (...) claves de comprensión en donde tradición oral y tradición escrito, roto y palabra se han conjuntado para proponer una escritura de bordes, de sitios fronterizos” (Montecino, 1992)

 

Como ya afirmamos, en el plano de la ideología, estos textos se definen metalingüísticamente desde la opción de género; el género, y no otra cosa, es el punto articulatorio de las orientaciones de valor presentes; más aún, en el plano pragmático el texto tiene un intención ideológica: la de pensar el tema de la identidad cultural chilena desde lo femenino, y así lo lograr, al menos en lo que respecta a la presentación de un esquema coherente consigo mismo. Esta "Teoría del Huacherio“ conlleva asumir un desarraigo fundamental, que pone en la madre, es decir, en lo femenino el acento y allí encuentra su fuente explicativa; no obstante, es una metalengua plenamente situada, comprometida con su contexto social inmediato y mediato; es parte del esfuerzo de una intelectualidad que responde al proyecto refundacional de la dictadura militar, pero es también un pensamiento definido desde el género femenino. Por ello, no sólo es antropología o literatura es también ideología. En este sentido, vemos una metalengua militante.

 

 
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