Había una vez un par de amigos que sentían entre sí el cariño genuino de hermanos de sangre. Estaban juntos a cada paso, habían pasado por las más divertidas






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fecha de publicación06.01.2016
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EL VALOR DE LA AMISTAD

Había una vez un par de amigos que sentían entre sí el cariño genuino de hermanos de sangre. Estaban juntos a cada paso, habían pasado por las más divertidas aventuras y las más terribles reprimendas. Se llamaban Leonardo y Carlos. Ambos rebozaban de juventud a sus 19 años y vivían enamorados de la vida y la alegría. Pero eso cambió.

Ocurrió que un día mientras cabalgaban a la orilla del mar agitado y bajo un cielo nublado escucharon el suave canto de una dama. Al principio creyeron que se trataba del bullicio de las olas, pero al avanzar se dieron cuenta de lo que se trataba. Intentaron seguir ese sonido hechizante, pero este desapareció al instante en que lograron distinguir a una joven en la arena de la playa. Se acercaron, la chica parecía muerta, aun así irradiaba belleza. Leonardo con gran velocidad desmontó su caballo y trató de auxiliarla. Para su sorpresa la muchacha solo dormía.

Ella despertó poco a poco y miró a los dos jóvenes. El silencio permaneció hasta que Carlos hizo la pregunta.

  • ¿Qué haces aquí? ¿estás bien?

  • No lo sé. No logro recordar nada. Me siento confundida.

  • ¿No recuerdas de dónde vienes? ¿ni siquiera cómo te llamas?

  • No.

En ese momento Leonardo se adelantó a la siguiente pregunta

  • No podemos dejarte aquí, la noche esta por caer y es peligroso. Si nos permites te llevaremos a nuestro hogar donde podrás cambiarte y comer algo.

Ella respondió con voz baja – está bien -. Leonardo la ayudó a montar a su caballo.

El camino fue largo, no precisamente por la distancia sino por el penetrante silencio que se había establecido. Nadie sabía que decir y la principal razón era que ambos chicos se habían enamorado de esa mujer misteriosa.

Pasaron algunos días y las jóvenes se habían empezado a distanciar, no lo decían pero ambos sabían que entre ellos surgiría la confrontación.

En cuanto a ella, se encontraba feliz en aquel sitio. Por alguna extraña razón no le agobiaba no recordar nada y su inocencia no le permitió ver que era la causa de la separación de sus salvadores.

Una tarde, mientras ella peinaba su larga cabellera negra frente a la ventana Carlos se acercó, no resistía más, debía confesar ese sentimiento que lo calcinaba por dentro.

  • Querida niña, hay algo que he querido decirte- dijo con voz suave.

  • Si, dime.

Entonces el tono en la voz de Carlos se elevó a fin de desatar todas sus emociones.

  • Estoy enamorado de ti, desde aquel momento en que mire tu ser desvanecido sobre la arena de esa playa, desde que mire tus ojos de radiante esmeralda y tus labios de carmesí. No me juzgues por favor como a un desamparado que ha caído en el abismo de la locura sino como al poeta enamorado de la belleza que despertó su inspiración. Ahora, por piedad te pido, dime que también me amas y que correspondes a mi pasión.

La joven estaba sorprendida pero su respuesta no se hizo esperar:

  • ¿Realmente me amas?- su tono de voz era totalmente diferente al usual. En el existía intensidad y reto.

  • Si, haría todo cuanto tu me pidieras

La joven se puso de pie, tomo algo de un cajón y se colocó frente a él.

-Bien, si realmente es así buscarás a Leonardo y clavarás esto en su corazón-. Ella le dio el objeto que había tomado del cajón, era una daga que años atrás el mismo le había regalado a Leonardo en su cumpleaños.

Se quedo petrificado, no podía decidir entre su amada y su hermano. Algo se rompía dentro de él.

  • Ahora te pido que seas tú el que responda, ¿Lo harás?

  • ¿Por qué me pides eso? Podrías pedirme tierras, sirvientes, riquezas… ¿Por qué entonces reclamas la vida de mi hermano?- dijo Carlos con profundo dolor.

  • Estoy probando tu amor, pero con tu duda veo que no es más que una quimera en la mente de un chiquillo ingenuo.

Carlos se enfureció al oír esto. – Te equivocas y te lo probaré. Tú serás mía-. Salió de la casa dando un fuerte portazo, se dirigía a buscar al que alguna vez fue su amigo y ahora ocupaba el lugar de la presa.

El ambiente dentro de la casa se relajó. Ella volvió a la silla donde peinaba su cabello y asumió la postura dulce y serena de siempre. En ese momento entró Leonardo.

  • Hola niña hermosa.

  • Hola Leonardo, ¿no encontraste a Carlos?

  • No, ¿salió?

  • Sí, creo que iba a buscarte

  • ¿Enserio? Es curioso, hace algún tiempo empezamos a distanciarnos

  • ¿Por qué?

  • Tú conoces la razón, es solo que no has querido darte cuenta

  • ¿A qué te refieres?

  • Al amor que Carlos y yo sentimos por ti

  • ¿Estás enamorado de mí?

  • Si. Tu belleza nos ha embrujado y nos ha convertido en tus esclavos, ha fracturado nuestra hermandad. Si no hable de esto antes fue porque no quería acrecentar la rivalidad entre nosotros, pero ahora ya no importa.

  • ¿Por qué dices eso? No hables así por favor

  • Lo siento, pero es la realidad. Nuestra amistad no ha podido sobrevivir a tu presencia. Sabes, esperaba que con el tiempo eligieras a Carlos, el con su valentía se ha mantenido cerca de ti, yo en cambio trataba de pasar desapercibido frente a tus ojos; prefiero saberte con él a formar parte de la causa que lo atormente.

  • Entonces no perdamos más tiempo, vayamos a buscarlo. Dile lo mismo que acabas de decirme a mí y renueven sus lazos de amistad.

Carlos se quedo pensativo, caminó por toda la habitación y al fin contestó con tono animado.

  • Está bien, ¡vayamos al encuentro de mi hermano!

Ambos jóvenes salieron de la casa, él con la esperanza de revivir el sentimiento de amistad que se encontraba tan lejano, ella, pensando en lo que ocurriría cuando los amigos se encontraran. Caminaron durante largo rato, el sol se ocultaba tras el horizonte; después de algunos pasos se encontraban en la playa.

  • Leonardo no aparece por ningún lado, empieza a preocuparme

  • No te preocupes, estoy segura que aparecerá

Y así fue. A unos cuantos metros adelante se miraba su silueta. La chica movió el brazo de su acompañante y fijo su mirada al frente para que él encontrara al que buscaba. Leonardo con emoción corrió hacia Carlos y cuando estaba a punto de rodearlo con sus brazos sintió un frio que traspaso su ser, miró su vientre y descubrió la causa: su amigo acababa de apuñalarlo. Cayó de rodillas al suelo y miró a su amigo con tristeza. En ese momento la ira de Carlos se torno en arrepentimiento pero ya no podía remediarlo.

La joven caminó hasta ellos y contempló la escena. Carlos habló como si tuviera un nudo en la garganta:

  • Per… perdóname hermano, no quise orillarte a esto. Te… te quiero-. En ese instante Carlos perdía su último aliento de vida.

  • Te equivocaste- dijo la joven a Carlos.

  • No, solo hice lo que tu querías a fin de que te entregaras a este amor

  • Esto no era lo que yo quería ni Leonardo tampoco. Cuando tú saliste a buscarlo él llegó a casa y me confesó su amor, pero además dijo: prefiero saberte con él a formar parte de la causa que lo atormente. Es cierto, te dije que si realmente me amabas lo asesinarías, creía que el amor de amigos, de hermanos que sentían entre ustedes seria mas fuerte que la pasión que sentías por mi. Si lo recuerdas, te dije que estaba probando tu amor. No me refería al que supuestamente sentías por mí sino al que había entre Leonardo y tú. Te equivocaste-.

Hubo un momento de silencio. Prosiguió:

  • Que ironía. Mira a tu alrededor Carlos, ¿Te das cuenta? Estamos en el lugar donde todo comenzó, solo que ahora es el cuerpo de Leonardo el que se encuentra inerte sobre la playa.

Carlos no pudo decir nada, ahora entendía lo torpe que había sido. Trató de contenerse pero no pudo y cedió al llanto al arrodillarse junto a su amigo.

  • Lo siento amado hermano, como lo siento. Tu solo querías mi felicidad y fui tan egoísta. Haría lo que fuera por cambiar esto.

  • Lo que fuera- preguntó ella

  • Si, ¿Qué podría perder?- dijo con tono desesperanzado

  • Tu vida. Déjame explicarte- dijo la muchacha con seriedad – Yo no aparecí en sus vidas por casualidad, tampoco perdí la memoria. El propósito de haberme cruzado en su camino era probar su amistad, tú fallaste, pero te daré la oportunidad de redimirte. Para salvar a tu amigo debes hacer un sacrificio, debes tomar la daga del cuerpo de Leonardo y clavarla en tu corazón. Tal vez no lo creas, pero tengo el poder para devolverle la vida a él en función de tu muerte. Solo debes decidir.

  • Lo haré-. Carlos tomó la daga, miró a su amigo y dijo:- se feliz mi hermano, también te quiero.

  • Con decisión dirigió la daga a su corazón y cuando estaba a punto de insertarla en su pecho una luz cegadora lo detuvo. Giró la cabeza para poder ver la fuente de esa luz, se quedó estupefacto. Esa luz tan intensa provenía de una de las manos de la muchacha que se acercaba despacio al cuerpo de Leonardo, la colocó sobre la herida y esta comenzó a sanar. Leonardo se incorporó, Carlos lo abrazó y le dijo con lagrimas en los ojos:

  • Perdóname, perdóname por el daño que te he causado, por mi necedad, por mi egoísmo, por…

Carlos no dejó que siguiera hablando

  • No hay nada que perdonar amigo, lo importante es que tenemos la oportunidad de estar de nuevo juntos y esforzarnos día a día por cultivar nuestra amistad.

Se habían olvidado de la joven por un momento, pero ella se hizo notar casi enseguida

  • Creo que es hora de que me marche.

  • No te vayas- pidió Leonardo- quédate con nosotros, no como novia sino como amiga y cómplice de nuestras travesías.

  • No, ustedes sufrieron mucho por mi causa pero fueron salvados del dolor gracias a su amor. Ya no tengo lugar en sus vidas. Adiós para siempre.

La joven había tomado la daga que Carlos dejó caer al abrazar a Leonardo. La usó para lacerar su ser, al momento en que el filo se incrustó en su piel esta comenzó a desintegrarse en partículas brillantes uniéndose al infinito. De su presencia no quedaba ninguna evidencia, solo una: la imborrable lección de que la verdadera amistad debe ir por encima de todas las cosas.

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