Traducción de Flora Casas






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Aplicar las siete caras a la conexión con la intención

Tras haber dedicado la mayor parte de mi vida al desarrollo humano, la pregunta que me plantean con más frecuencia es la siguiente; «¿Qué tengo que hacer para conseguir lo que deseo?». En este momento de mí vida, aquí sentado escribiendo este libro, la respuesta es: si llegas a ser lo que piensas y lo que piensas es conseguir lo que quieres, continuarás en un estado de carencia. De modo que la respuesta a qué hacer para conseguir lo que deseas consiste en reformular la pregunta: «¿Qué tengo que hacer para conseguirlo que tengo intención de crear?». La respuesta a esta pregunta aparece en las siguientes páginas de este capítulo, pero ahora puedo dar una respuesta breve: consigues lo que tienes intención de crear estando en armonía con la fuerza de la intención, responsable de toda la creación. Iguálate con la intención y contribuirás a crear cuanto contemplas. Cuando llegas a ser uno con la intención, trasciendes la mente orientada por el ego y te conviertes en la mente universal que todo lo crea. Dice John Randolph Price en A Spiritual Phtlosophy for íhe New World [Una filosofía espiritual para el Nuevo Mundo]: «Hasta que no trasciendas el ego, no podrás sino contribuir a la locura del mundo. Deberías alegrarte con estas palabras en lugar de desesperarte, porque te quita un peso de encima».

Empieza a quitarte de encima el peso del ego y vuelve a conectarte con la intención, Cuando renuncies al ego y regreses a aquello de lo que emanaste en origen, empezarás a ver inmediatamente que la fuerza de la intención trabaja contigo, y para y por mediación de ti, de múltiples maneras. Vamos a revisar las siete caras para ayudarte a que empiecen a formar parte de tu vida,



  1. Sé creativo. Ser creativo significa confiar en tu propósito y tener una actitud de firme determinación en tus actividades y pensamientos cotidianos. Seguir siendo creativo significa dar forma a tus intenciones personales. Una manera de empezar a darles íorma consiste en ponerlas por escrito, literalmente. Por ejemplo, en la habitación en la que escribo aquí, en Maui, he apuntado mis intenciones, y he aquí unas cuantas que tengo delante todos los días mientras trabajo:

  • Mi intención es que todas mis actividades estén dirigidas por el Espíritu.

  • Mi intención es amar e irradiar mi amor hacia lo que escribo y hacia cualquiera que lea estas palabras.

  • Mí intención es confiar en lo que pasa a través de mí y ser vehículo del Espíritu, sin juzgar nada.

  • Mi intención es reconocer el Espíritu como mi Fuente y distanciarme de mi ego.

  • Mi intención es hacer cuanto pueda para elevar la consciencia colectiva con el fin de mantener una relación más estrecha con el Espíritu de la suprema fuerza de la intención.


Para expresar tu creatividad y llevar tus intenciones al mundo de lo manifiesto te recomiendo que practiques el japa una técnica que aparece en los antiguos Vedas, La meditación japa consiste en repetir el sonido de los nombres de Dios al tiempo que te concentras en lo que tienes intención de manifestar. Repetir el sonido del nombre de Dios mientras buscas lo que quieres genera energía creativa para manifestar tus deseos. Y tus deseos son el movimiento de la mente universal en tu interior. Quizá no te convenza la viabilidad de semejante tarea. Pues bien; te pido que te abras a la idea del japa como expresión de tu vínculo creativo con la intención. No voy a describir el método en profundidad porque he escrito un librito al que acompaña un CD titulado Getting in the Gap; Making Conscious Contact with God Through Meditation [Introducirse en el vacío. Establecer contacto consciente con Dios mediante la meditación). De momento, basta con saber que considero esenciales la meditación y la práctica del japa para reajustarte a la fuerza de la intención. Esa fuerza es la Creación, y debes encontrarte en tu propio estado de creatividad para colaborar con ella. La meditación y el japa son métodos infalibles para conseguirlo,



  1. Sé bondadoso. Uno de los atributos fundamentales de la suprema fuerza creadora es la bondad. Todo lo que se manifiesta llega aquí para crecer. Ha de ser una fuerza bondadosa la que desee que cuanto crea crezca y se multiplique. En otro caso, todo lo creado sería destruido por la misma fuerza que lo creó. Para volver a conectarte a la intención, tienes que estar en la misma onda de bondad que la intención misma. Haz un esfuerzo por vivir con bondad y alegría. Es una energía mucho más alta que la tristeza o la maldad y posibilita la manifestación de tus deseos. Recibimos cuando damos, y mediante actos de bondad hacia los demás se fortalece nuestro sistema inmunológico e incluso aumentan los niveles de serotonina.

Los pensamientos de baja energía que nos debilitan entran en la categoría de la vergüenza, la ira, el odio, la censura y el miedo. Cada uno de estos pensamientos nos debilita y nos impide atraer lo que deseamos a nuestra vida. Si nos convertimos en lo que pensamos y lo que pensamos es que el mundo anda mal y en lo enfadados, avergonzados y temerosos que nos sentimos, lógicamente actuaremos con esos pensamientos desagradables y nos convertiremos en lo que pensamos. Cuando piensas, sientes y actúas bondadosamente, tienes la oportunidad de ser como la fuerza de la intención. Cuando piensas y actúas de otro modo, dejas el campo de la intención y te sientes engañado por el Espíritu omnicreador de la intención.

  • La bondad para contigo mismo. Piensa en ti mísmo en los siguientes términos: existe una inteligencia universal que subsiste en la naturaleza inherente a todas y cada una de sus manifestaciones. Tú eres una de esas manifestaciones. Eres una parte de esa inteligencia universal, un trozo de Dios, por así decirlo. Sé bueno con Dios, pues todo lo creado por Dios es bueno. Sé bueno contigo mismo, Tú eres Dios manifiesto, razón suficiente para tratarte a ti mismo con bondad. Recuerda que quieres ser bondadoso contigo mísmo en todas las decisiones que tomes en tu vida cotidiana. Trátate con bondad cuando comas, cuando hagas ejercicio, cuando juegues, trabajes, ames y todo lo demás. Tratarte con bondad acelerará tu capacidad para conectarte a la intención.

  • La bondad para con los demás. Un principio básico para funcionar y ser feliz, además de conseguir la ayuda de los demás para lograr cuanto deseas atraer, consiste en que la gente quiera ayudarte y hacer cosas por ti. Cuando eres bondadoso con los demás, recibes bondad a cambio. Un jefe poco bondadoso consigue escasa cooperación de sus empleados.

No ser bondadoso con los niños los incita a hacer otro tanto en lugar de echarte una mano. La bondad que se da es la que se recibe. Si deseas conectarte a la intención y cumplir todos los objetivos de tu vida, vas a necesitar la ayuda de un montón de personas. Al practicar una bondad extensible en todas partes encontrarás un apoyo que se mostrará de formas que no habías previsto.

Esta idea de la bondad extensible adquiere especial importancia cuando tratas con personas indefensas, ancianas, con problemas mentales, pobres, discapacitadas, etcétera. Estas personas forman parte de la perfección de Dios. También ellas tienen un propósito divino, y como todos estamos conectados entre nosotros por el Espíritu, su propósito e intención también están conectados contigo, A continuación contaré una breve historia que os llegará al corazón. Da a entender que quienes son incapaces de cuidar de sí mismos quizá hayan venido aquí para enseñarnos algo sobre la perfección de la intención. Léela y comprende que esta clase de pensamientos, de sentimientos y comportamientos te permiten conectar con la intención en una correspondencia de su bondad con la tuya:
En Brooklyn, Nueva York, hay una escuela, Chush, que se encarga de niños con discapacidades de aprendizaje. Algunos niños permanecen en Chush durante toda la etapa escolar, mientras que otros pueden pasar a colegios convencionales. En una cena con el fin de recaudar fondos para el colegio, el padre de uno de los niños pronunció un discurso que los asistentes nunca olvidarán. Tras ensalzar al colegia y a su entregado profesorado, exclamó: «¿Dónde está la perfección en mi hijo, Shaya? Dios lo hace todo con perfección, pero mi hijo no puede entender las cosas como los demás niños. Mi hijo no puede recordar datos y números como hacen los demás. ¿Dónde está la perfección de Dios?». El público se quedó asombrado, apenado por la angustia del padre y mudo ante la desgarradora pregunta.

«Yo creo que cuando Dios trae al mundo un niño como éste, la perfección que busca está en la forma de reaccionar de la gente ante el niño- se contestó el padre. Después contó la siguiente historia sobre su hijo Shaya.

Una tarde Shaya y su padre pasaban por un parque en el que estaban jugando al béisbol unos chicos que Shaya conocía. El niño preguntó; «¿Crees que me dejarán jugar?». El padre sabía que Shaya no tenia aptitudes para el deporte, y que la mayoría de los chicos no iban a quererlo en su equipo, pero también comprendió que si admitían a su hijo en el partido se sentiría aceptado. Se acercó a uno de los chicos que estaban en el campo y le preguntó si podía jugar Shaya.

El chico miró a todos, buscando apoyo en sus compañeros. Como nadie le hizo caso, lo decidió él solo y dijo: «Vamos perdiendo por seis carreras, y el partido está en la octava entrada. Supongo que puede venir con nuestro equipo, e intentaremos ponerlo a batear en la novena entrada».

El padre de Shaya se quedó extasiado al ver la radiante sonrisa de Shaya, Al chico le dijeron que se pusiera un guante y que fuera a jugar de centro campista. Al final de la octava entrada el equipo de Shaya se apuntó varias carreras pero aún perdía por tres. En la segunda de la novena volvió a marcar el equipo de Shaya, y, con dos fuera, las bases cargadas y la carrera potencialmente ganadora en base, Shaya tenía que salir a jugar. Dejaría el equipo que Shaya bateara en tal situación y perder así la posibilidad de ganar el partido?

Sorpresa: a Shaya le dieron el bate. Todos sabían que era prácticamente imposible, porque ni siquiera sabía sujetar el bate como es debido, y mucho menos golpear. Sin embargo, Shaya fue hasta la base del bateador y el lanzador avanzó unos pasos para lanzarla pelota con suavidad para que Shaya al menos pudiera tocarla. Llegó el primer lanzamiento; Shaya blandió el bate torpemente y falló. Uno de sus compañeros de equipo se acercó a él y entre los dos sujetaron el bate a la espera del siguiente lanzamiento. El lanzador volvió a adelantarse unos pasos para disparar con suavidad. Cuando llegaba la pelota, Shaya y su compañero de equipo balancearon el bate y juntos devolvieron una pelota lenta al lanzador. El chico recogió el tiro y fácilmente podría haber lanzado la pelota al jugador de primera base. Shaya habría quedado fuera y habría acabado el partido. Pero el lanzador cogió la pelota y la disparó describiendo un alto arco, muy lejos del alcance del jugador de primera base. Todos se pusieron a gritar: «¡Corre a la primera, Shaya! ¡Corre a la primera!». Shaya no había hecho semejante cosa en toda su vida. Correteó por la línea de saque con los ojos como platos, asustado. Cuando llegó a la primera base el extremo derecha tenía la pelota. Podría haberla lanzado al jugador de la segunda base, que habría cogido a Shaya, que seguía corriendo.

Pero el extremo derecha comprendió las intenciones del lanzador y lanzó muy por encima de la cabeza del jugador de tercera base. Todos gritaron: «Corre a la segunda!». Shaya se dirigió a la segunda mientras los corredores que iban delante de él daban vueltas como locos en dirección a la meta. Cuando Shaya alcanzó la segunda, el parador contrario corrió hacia él en dirección a la tercera base y gritó: «¡Corre a la tercera!». Mientras Shaya daba la vuelta a la tercera, los chicos de los dos equipos chillaron: «¡Corre a la base de meta!». Shaya entró en la base de meta, y los dieciocho chicos lo llevaron a hombros, todo un héroe, como si fuera un auténtico «barrebases» que había hecho ganar a su equipo.

«Ese día los dieciocho chicos alcanzaron el nivel de la perfección de Dios», concluyó el padre mientras las lágrimas le corrían por las mejillas.
Si no se te encoge el corazón y no se te escapa una lágrima al leer esta historia, es poco probable que llegues a conocer la magía de volver a conectarte con la bondad de la suprema Fuente, origen de todo.


  • La bondad para con la vida entera. En las antiguas enseñanzas de Patanjalí se nos recuerda que todos los seres vivos se sienten tremendamente afectados por quienes se mantienen impertérritos ante la falta de reflexión sobre el daño que influye en lo externo, Practica la bondad con todos los animales, pequeños y grandes, con el reino de la vida sobre la Tierra, cómo los bosques, los desiertos, las playas y .cuanto tiene en su interior el pulso de la esencia de la vida. No puedes volver a conectarte con tu Fuente y conocer la fuerza de la intención en tu vida sin la ayuda del entorno. Estás conectado a ese entorno. Sin la fuerza de la gravedad no puedes andar. Sin agua no puedes vivir ni un solo día. Sin los bosques, el cielo, la atmósfera, la vegetación, los minerales, todo, tu deseo de manifestar y alcanzar la intención es absurdo.

Extiende los pensamientos de bondad por todas partes. Ejerce la bondad hacia la Tierra recogiendo ese desperdicio que te encuentras por la calle, o rezando una oración silenciosa de gratitud por la existencia de la lluvia, el color de las flores o incluso el papel que tienes en la mano, donado por un árbol. El universo responde en consonancia con lo que tú decides irradiar. Si dices en tu corazón con voz bondadosa: «¿En qué puedo servirte?», el universo responderá: «¿En qué puedo servirte yo?». Es energía atrayente. Es este espíritu de colaboración con la vida entera lo que surge de la esencia de la intención. Y debes aprender a igualarte con este espíritu de bondad si deseas volver a conectarte con la intención. Mi hija Sommer ha escrito algo sobre lo mucho que significan los pequeños actos de bondad basándose en su propia experiencia:
Estaba a punto de salir de la autopista una tarde de lluvia cuando me acerqué al peaje hurgando en el bolso. La empleada me sonrió y me dijo; «El coche que ha pasado antes de usted le ha pagado su peaje». Repliqué que iba sola y le di el dinero. Dijo: «Sí, el conductor rne pidió que le dijera a la siguiente persona que pasara por aquí que le deseaba un día más radiante».

Desde luego que ese pequeño acto de bondad contribuyó a un día más radiante. Me conmovió profundamente alguien a quien jamás conocería. Me puse a pensar en cómo alegrarle el día a otra persona. Llamé a mi mejor amiga y le conté lo del peaje. Me dijo que nunca se le había ocurrido hacer una cosa así, pero que le parecía una idea estupenda. Estudia en la Universidad de Kentucky y decidió pagar el peaje de la persona que fuera todas las mañanas detrás de ella al salir de la autopista. Me eché a reír por su sinceridad. «Creerás que estoy de broma, pero, como tú has dicho, son solo cincuenta centavos», me dijo. Al colgar, me pregunté si el hombre que había pagado mi peaje se habría planteado que su amabilidad llegaría a Kentucky

Tuve la oportunidad de extender la bondad en el supermercado, un día que llevaba el carro hasta los topes con la comida que iba a compartir con mi compañera de piso durante las dos semanas siguientes. Detrás de mí había una señora con un niño pequeño muy revoltoso y el carro con la mitad de cosas que yo. Le dije: «Pase usted primero, no lleva tantas cosas como yo». La mujer me miró como si fuera marciana o algo así. Replicó: «Muchísimas gracias. No he visto a mucha gente por aquí que sea amable con los demás. Nos hemos trasladado aquí y estamos pensando en volver a Virginia porque estamos considerando si es el sitio más adecuado para criar a nuestros tres hijos». Después me contó que estaba a punto de dejarlo todo y volver a su pueblo, aunque habría supuesto una terrible carga económica para su familia. Dijo: «Me había prometido a mí misma que, sí no veía ninguna señal al final del día, iba a empeñarme en que nos volviéramos a Virginia. Usted es mi señal». Volvió a darme las gracias y sonrió mientras salía de la tienda. Yo me quedé estupefacta al darme cuenta de que un pequeño gesto había afectado a toda una familia. Mientras me cobraba, la cajera dijo: «Hija, ¿sabes una cosa? Que me has alegrado el día».

Salí sonriente, preguntándome a cuántas personas afectaría mi acción bondadosa.

El otro día estaba comprando un bocadillo y un café para desayunar y pensé que a lo mejor a mis compañeros de trabajo les apetecían unos donuts. Los cuatro chicos con los que trabajo viven en un pequeño apartamento delante de los establos. Ninguno tiene coche, pero sí una moto para todos. Les dije que los dulces eran para ellos. Su expresión de gratitud me compensó enormemente. No llevo mucho tiempo trabajando allí, y creo que esos doce donuts han contribuido a romper un poco el hielo. Mi pequeño acto de bondad se convirtió en algo enorme en el transcurso de la semana, Empezamos a ser más atentos unos con otros y a trabajar como un equipo.


  1. Sé amor: Reflexiona sobre estas palabras: Dios es amor «y aquel que habita en el amor habita en mí, y Yo en él». Así habla Dios, por así decirlo. Tener siempre presente el tema central de este capítulo y, en realidad, de todo el libro: que debes aprender a ser como la energía que te permitió ser en primer lugar, es absolutamente necesario que llegues a un estado de amor para volver a conectarte con la intención. Tú naciste de la intención del amor, y debes amar si quieres tener intención. Muchos libros se han escrito sobre el amor, y siguen existiendo tantas definiciones de esta palabra como personas que la definen. Para los objetivos de este capítulo, me gustaría que pensaras en el amor de la siguiente manera:

  • El amor es colaboración, no competición. Lo que me gustaría que pudieras experimentar de forma física, aquí, en el planeta Tierra, es la esencia del plano espiritual. Si fuera posible, significaría que tu vida misma es una manifestación del amor. Si lo consiguieras, verías todas las formas de vida en armonía y colaboración. Notarías que la fuerza de la intención que origina toda la vida colabora con todas las demás formas de vida para garantizar el crecimiento y la supervivencia. Te darías cuenta de que to¬dos compartimos la misma fuerza vital y la misma inteligencia invisible que hace latir tu corazón y el mío, el corazón de todos los seres del planeta.

  • El amor es la fuerza tras la voluntad de Dios. No me refiero a la clase de amor que definimos como afecto o sentimentalismo, ni a un sentimiento que inclina a complacer y conceder favores a otros. Imagínate una clase de amor que sea la fuerza de la intención, la energía misma que constituye la causa de toda la creación. Es la vibración espiritual que lleva las intenciones divinas de la expresión amorfa a la concreta. Crea nuevas formas, cambia la materia, vivifica todas las cosas y mantiene unido el cosmos más allá del tiempo y el espacio. Está en cada uno de nosotros. Es lo que es Dios.


Te recomiendo que viertas tu amor en tu entorno más inmediato y que te dediques a ello hora tras hora, si fuera posible. Elimina todos los pensamientos sin amor y ejerce la bondad con todos tus pensamientos, palabras y actos. Cultiva este amor en tu círculo más próximo, el de la familia y los amigos, y en última instancia se extenderá a tu comunidad y al mundo entero. Extiende deliberadamente este amor a quienes creas que te han perjudicado o te hayan causado sufrimiento. Cuanto más extiendas ese amor, más te aproximarás a ser amor, y en el ser del amor se alcanza la intención y florece la manifestación.


  1. Sé belleza. En palabras de Emily Dikinson: «La belleza no tiene causa. Es...», A medida que vayas despertando a tu naturaleza divina, empezarás a apreciar la belleza en todo cuanto veas, toques y experimentes. Belleza y verdad son sinónimos, como veíamos antes en «Oda a una urna griega», de John Keats: «La belleza es verdad; la verdad, belleza». Por supuesto, esto significa que el Espíritu creativo trae cosas al mundo de las limitaciones para que se desarrollen, crezcan y se multipliquen, y no lo haría si no estuviera enamorado de la belleza de todo ser manifiesto, como tú. Por eso, para volver al contacto consciente con tu Fuente con el fin de recuperar su fuerza tienes que buscar y experimentar la belleza en todas tus tareas. Vida, verdad, belleza: son símbolos de lo mismo, un aspecto de la fuerza divina.

Cuando dejas de ser consciente de eso, pierdes la posibilidad de conectarte a la intención. Viniste a este mundo gracias a lo que te percibió como expresión de belleza. No lo habría hecho si te hubiera considerado de otra forma, porque si tiene el poder de crear, también posee el poder de no hacerlo. La decisión de hacerlo se basa en la suposición de que tú eres una expresión de la belleza amante, algo aplicable a todos y todo lo que emana de la fuerza de la intención.
A continuación reproduzco un relato que me encanta y que ilustra cómo se aprecia la belleza sí antes no lo hacías. Lo cuenta Swami Chidvilasananda, más conocido como Gurumayí, en su hermoso libro titulado Rindle My Heart [Despierta mi corazón].
Había un hombre al que no le gustaba la familia de su mujer porque le parecía que ocupaba más sitio de lo debido en la casa. Fue a ver a un maestro que vivía cerca, porque había oído hablar mucho de él, y le dijo:

—¡Haz algo, por favor! Ya no aguanto ala familia de mi mujer. Quiero a mí esposa, pero a su familia... ¡no puedo! Ocupan tanto sitio en la casa que me da la impresión de que están por todas partes.

El maestro le preguntó;

—¿Tienes gallinas?

—Sí—contestó el hombre,

—Pues mete todas las gallinas en la casa.

El hombre hizo lo que le había aconsejado el maestro y volvió a verlo.

—¿Se ha resuelto el problema? El hombre dijo:

—¡No, es todavía peor! —¿Tienes ovejas? —Sí.

—Pues mete todas las ovejas en la casa. El hombre hízo lo que le había ordenado el maestro, quien la siguiente vez que volvió le preguntó: —¿Qué? ¿Todo resuelto? — ¡No! ¡Todavía peor! —¿Tienes perro? —Sí, varios.

—Mételos a todos en la casa.

El hombre volvió a casa del maestro y le dijo:

—¡He venido a pedirte ayuda y mi vida es peor que nunca!

El maestro le dijo:

—Vuelve a sacar los perros, las gallinas y las ovejas. El hombre volvió a casa y sacó todos los anímales. ¡Qué cantidad de espacio! Volvió a ver al maestro y dijo:

—¡Gracias, gracias! Has resuelto todos mis problemas.


  1. Sé expansivo. La próxima vez que veas un jardín lleno de flores, observa las que están vivas y compáralas con las que creas que están muertas. ¿Cuál es la diferencia? Las flores secas, muertas, ya no crecen, mientras que las vivas siguen creciendo. La fuerza universal de la que todo emerge, que tuvo la intención de darte el ser y que crea la vída, crece y se expande continuamente, Como las siete caras de la intención, en razón de su universalidad, ha de tener una naturaleza común con la tuya. AI encontrarte en un estado de continua expansión y crecer intelectual, emocional y espiritualmente, te identificas con la mente universal.

Manteniéndote dispuesto a no sentirte apegado a lo que pensabas o eras antes, pensando desde el fin y manteniendo una actitud abierta para recibir la orientación divina, acatas la ley del crecimiento y eres receptivo a la fuerza de la intención.



  1. Sé abundante. La intención es infinitamente abundante. En el mundo invisible y universal del Espíritu no existe la escasez. El cosmos no conoce límites. ¿Cómo podrían existir límites en el universo? ¿Cuál sería el final? ¿Un muro? ¿Un muro de qué grosor? ¿Y qué hay al otro lado? Mientras contemplas la conexión con la intención, debes saber en lo más profundo de tu corazón que cualquier actitud que refleje una escasa conscíencia te frenará. Creo conveniente recordar una cosa: que debes igualar los atributos de la intención con los tuyos con el fin de aprovechar esas fuerzas en tu vida.

En la abundancia consiste el reino de Dios. Imagínate que Dios pensara: «Hoy no puedo producir más oxígeno. Estoy demasiado Cansado, Este universo ya es suficientemente grande. Me parece que voy a erigir ese muro y a poner fin a esta expansión», ¡Imposible!

Tú surgiste de una consciencia que era y sigue siendo ilimitada. Entonces, ¿qué te impide volver a unirte mentalmente con esa consciencia ilimitada y aferrarte a esas imágenes, a pesar de lo que ocurra ante ti? Lo que te obstaculiza es el condicionamiento al que has estado sometido durante toda tu vida, que puedes cambiar hoy mismo, en los próximos minutos si lo deseas.

Cuando adoptas un modo de pensar distinto, de abundancia, te repites una y otra vez que eres ilimitado porque has emanado de la inagotable provisión de la intención. A medida que esa imagen se solidifique, empezarás a actuar con un firme propósito. No existe otra posibilidad. Nos convertimos en lo que pensamos, y como nos recuerda Emerson: «El antecesor de todo acto es un pensamiento». A medida que hagas tuyos estos pensamientos de plenitud y de superabundancia, empezará a funcionar contigo la fuerza omnicreadora a la que siempre estás conectado, en armonía con tus pensamientos, igual que funcionaba en armonía con tus pensamientos de escasez. Sí piensas que na puedes manifestar la abundancia en tu vida, verás que la intención coincide contigo y que te ayuda a cumplir tus expectativas menos ambiciosas.
Me parece que he llegado a este mundo plenamente conectado a los atributos de abundancia del mundo espiritual del que he emanado. De niño, cuando vivía en casas de acogida, con la consciencia de la pobreza que me rodeaba, yo era el chico más «rico» del orfanato, por así decirlo. Siempre pensé que podía tener un dinerito en el bolsillo. Me lo imaginaba allí y actuaba en consecuencia con esa imagen. Recogía botellas de soda, retiraba la nieve, llevaba paquetes a las casas, cortaba el césped, sacaba las cenizas de las calderas de las casas, limpiaba jardines, pintaba verjas, cuidaba niños, repartía periódicos.., Y siempre la fuerza universal de la abundancia funcionaba conmigo para proporcionarme oportunidades. Una nevada era una auténtica bendición para mí, y lo mismo puedo decir de las botellas que tiraban en la acera, y las viejecitas que necesitaban ayuda para llevar la compra hasta sus coches. Hoy en día, más de cincuenta años después, conservo esa mentalidad de la abundancia. Ni en mis peores épocas económicas he dejado de tener varios trabajillos. Gané mucho dinero cuando era maestro con un curso de educación vial en horas no lectivas. Empecé a dar conferencias en Port Washington, Nueva York, los lunes por la noche, para unas treinta personas, con la idea de redondear un poco mi sueldo de profesor en St. John's University, y el público de esas sesiones de los lunes acabó en más de mil personas en el auditorio del instituto. Un docente grababa las charlas y con esas cintas empecé el borrador del primer libro que publiqué, con el título Tus zonas erróneas.

Entre los asistentes se encontraba la esposa de un agente literario de Nueva York que le animó a que se pusiera en contacto conmigo para que escribiera un libro. Ese hombre, Arthur Pinc, llegó a ser una especie de padre para mí y me ayudó a encontrar a las personas clave en el mundo editorial de Nueva York. Esta historia de pensamiento ilimitado ha seguido su curso. Vi desde el fin que el libro sería un instrumento para el país entero, y fui a todas las grandes ciudades de Estados Unidos para hablar a la gente.

El Espíritu universal siempre ha colaborado conmigo para traer a la vida mis pensamientos de abundancia ilimitada. Aparecían las personas adecuadas como por arte de magia. Se presentaba la oportunidad que esperaba; se manifestaba la ayuda que necesitaba, como surgida de la nada. Y, en cierto sentido, hoy sigo recogiendo botellas de soda, quitando nieve y llevando las bolsas a las viejecitas. Mi visión no ha cambiado, si bien se ha ampliado el campo de juego. Se trata de tener una imagen interior de abundancia, pensando de un modo ilimitado, abriéndose a la orientación que proporciona la intención cuando te encuentras en una relación de comunicación con ella y después en un estado de gratitud y respeto estáticos por el funcionamiento de todo esto. Cada vez que veo una moneda en la calle, me paro, la recojo, la guardo en un bolsillo y digo en voz alta: «Gracias, Dios, por este símbolo de la abundancia que fluye continuamente hasta mi vida». Ni una sola vez he preguntado: «¿Por qué solo un centavo, Dios? Sabes que necesito mucho más».

Hoy me he levantado a las cuatro de la mañana sabiendo que con la escritura completaré lo que ya he previsto en mi imaginación. La escritura fluye, llegan cartas, en la abundancia que manifiesta la intención, que me impulsan a leer un libro concreto o a hablar con una persona determinada, y sé que todo funciona con una unidad perfecta, abundante. Suena el teléfono y en mis oídos resuena precisamente lo que necesito escuchar. Me levanto para tomarme un vaso de agua y mi mirada recae sobre un libro que lleva veinte años en mi biblioteca, pero en esta ocasión me veo obligado a cogerlo. Lo abro, y una vez más me dejo guiar por el Espíritu, siempre dispuesto a ayudarme mientras me mantenga en armonía con él. Es algo que no cesa, y me recuerda las poéticas palabras de Yalal ud-Din Rumi, escritas hace ochocientos años: «Vende tu inteligencia y adquiere desconcierto».


  1. Sé receptivo. La mente universal está dispuesta a responder a cualquiera que reconozca su verdadera relación con ella. Reproducirá cualquier concepción de sí misma que tú le inculques. En otras palabras: es receptiva a cuanto se mantiene en armonía con ella y mantiene una relación de respeto hacia ella. Se trata de tu receptividad hacia la fuerza de la intención.

Mantente conectado y ten por seguro que recibirás cuanto esta fuerza es capaz de ofrecer. Si te lo tomas como algo distinto de la mente universal (es imposible, pero de todos modos el ego lo cree firmemente), seguirás desconectado para toda la eternidad. La mente universal tiene un carácter pacífico; no es receptiva a la violencia y funciona con su propio ritmo, dejando que todo emane poco a poco. No tiene prisa, porque es ajena al tiempo. Está siempre en el ahora eterno. Intenta ponerte a cuatro patas y acelerar el crecimiento de una diminuta planta de tomate. El Espíritu universal funciona con tranquilidad, y si intentas acelerar la nueva vida para que florezca plenamente destruirás el proceso. Ser receptivo significa dejar que tu «jefe» controle tu vida. Acepto la orientación y la ayuda de la fuerza que me creó, me desprendo del ego y confío en esta sabiduría para moverme a su tranquilo paso. No le exijo nada. Así es como crea el campo omnicreador de la intención, y así es como debes pensar para volver a conectarte con tu Fuente. Haces meditación porque te permite recibir el conocimiento interno de establecer contacto consciente con Dios, Al estar tranquilo, receptivo y en silencio, te modelas a imagen y semejanza de Dios y recuperas el poder de tu Fuente.

Sobre eso trata este capítulo, y en realidad todo este libro: conectarte a la esencia del Espíritu creador, emular los atributos de la fuerza creativa de la intención y manifestar en tu vida cualquier cosa que desees y que concuerde con la mente universal, es decir, la creatividad, la bondad, el amor, la belleza, la expansión, la abundancia y la receptividad pacífica.
Una hermosa mujer nacida en India en 1923 llamada Shri Mataji Nirmala Devi llegó a la Tierra en estado de plena realización y vivió en el ashram del mahatma Gandhi, que a menudo le consultaba sobre asuntos espirituales. Ha dedicado su vida a trabajar por la paz y descubrió un sencillo método para que todo el mundo pueda llegar a la autorrealización. Ensena yoga sahaja y jamás ha cobrado dinero por sus clases. Da importancia a los siguientes puntos, que constituyen un perfecto resumen de este capítulo sobre la conexión con la intención:

  • No puedes conocer el significado de tu vida hasta que te hayas conectado al poder que te creó.

  • No eres este cuerpo, no eres esta mente; eres el Espíritu... esa es la mayor verdad.

  • Tienes que conocer tu Espíritu... pues sin conocer tu Espíritu no puedes conocer la verdad.

  • La meditación es la única forma de crecer. No existe otra salida, porque cuando meditas, estás en silencio, estás en la conscíencía sin reflexión. Es entonces cuando tiene lugar el crecimiento de la consciencia.


Conéctate a la fuerza que te creó, ten la certeza de que tú eres esa fuerza, comulga íntimamente con esa fuerza y medita para que se produzca ese crecimiento de la consciencia. Desde luego, un gran resumen de un ser humano plenamente realizado; ni más ni menos.
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