Traducción de Flora Casas






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Cómo llegaste a experimentar la desconexión con la intención

Si existe una fuerza omnipresente de la intención que no está solo dentro de mí sino en todo y en todos, estamos conectados por esa Fuente omnipresente a todo y a todos, así como a lo que nos gustaría ser, lo que nos gustaría tener, a lo que queremos alcanzar y todo lo que nos ayudará en el universo. Lo único que necesitamos es reajustarnos y activar la intención.

Pero, para empezar, ¿cómo nos desconectamos? ¿Cómo perdimos nuestra capacidad natural de conectarnos? Los leones, los peces y las aves no se desconectan. Los mundos animal, vegetal y mineral siempre están conectados a su Fuente. No ponen en entredicho su intención. Los seres humanos, a pesar de nuestra capacidad supuestamente más elevada para las funciones cerebrales, tenemos algo que denominamos el ego, una idea sobre quiénes y qué somos que elaboramos nosotros mismos.

El ego está compuesto de seis elementos primarios que explican cómo sentimos la experiencia de nosotros mismos al estar desconectados. Al permitir que el ego decida el sendero de tu vida, desactivas la fuerza de la intención, A continuación resumo las seis convicciones del ego. En otras obras mías, sobre todo en Tu yo sagrado, tengo escritas más cosas sobre este tema.


  1. Soy lo que tengo. Lo que poseo me define.

  2. Soy lo que hago. Lo que consigo me define.

  3. Soy lo que los demás piensan de mi. Mi reputación me define.

  4. Estoy separado de todos los demás. Mi cuerpo me define como ser único.

  5. Estoy separado de todo lo que me falta en la vida, MÍ espacio vital está desconectado de mis deseos.

  6. Estoy separado de Dios. Mi vida depende de la evaluación de mis méritos por parte de Dios.


Como, por mucho que se intente, no se puede acceder a la intención a través del ego, dedica tiempo a reconocer y reajustar alguna de estas convicciones, o las seis. Cuando se debilite en tu vida la supremacía del ego, podrás buscar la intención y aumentar al máximo tu potencial.
Agarrarse a la correa del trolebús

Es una práctica que me resulta extraordinariamente útil cuando quiero activar la intención. Quizá también te funcione a ti. (Vease el capítulo 3, donde se describen diversas formas de acceder a la intención.)

Uno de mis primeros recuerdos es un día en que mi madre llevó a sus tres hijos en el trolebús desde el este de Detroit hasta Waterworks Park. Yo tenía dos o tres años, y recuerdo que al mirar hacía arriba desde el asiento vi unas correas colgando. Los adultos podían agarrarse a ellas, pero lo único que podía hacer yo era imaginar la sensación de ser lo bastante alto como para agarrarme a esas correas tan por encima de mi cabeza.

Pensé que era lo suficientemente ligero como para flotar y alcanzar las correas colgantes. Después me imaginé seguro mientras el trolebús me llevaba a donde tenía que llegar, a la velocidad que quisiera, e íba recogiendo a otros pasajeros que compartían aquella maravillosa aventura de ír en trolebús.

En la vida adulta, me imagino la correa del trolebús para recordarme que he de volver a la intención. Imagino una correa colgando a más de un metro por encima de mi cabeza, a una altura que no puedo alcanzar con la mano. La correa está unida al trolebús, pero ahora éste simboliza el flujo de la fuerza de la intención, La suelto o está fuera de mi alcance temporalmente. En momentos de tensión, angustia, preocupación o incluso de malestar físico, cierro los ojos y me imagino que subo el brazo y me veo flotando hacía la correa, Al aferrarme a ella tengo una tremenda sensación de alivio y tranquilidad. Lo que he hecho es eliminar pensamientos del ego y dejarme llevar hasta alcanzar la intención, confiando en que esa fuerza me llevará a mi destino, deteniéndose cuando sea necesario y recogiendo a los compañeros de viaje.

En algunas obras mías denomino este proceso el «sendero hacia la maestría». Los cuatro senderos pueden resultarte útiles como pasos para activar la intención.
Cuatro pasos hacia la intención

Activar la fuerza de la intención es un proceso que consiste en conectar con tu ser natural y deshacerte de la identificación del ego. El proceso se desarrolla en cuatro etapas:


  1. La disciplina es la primera etapa. Aprender una nueva tarea requiere entrenar el cuerpo para que actúe como lo desean tus pensamientos. Por eso, eliminar la identificación del ego no significa desconectarte de la relación con tu cuerpo, sino entrenarlo para activar esos deseos. Se consigue con práctica, ejercicio, hábitos saludables, comida sana, etcétera.




  1. La sabiduría es la segunda etapa. La sabiduría combinada con la disciplina fomenta tu capacidad para centrarte y tener paciencia a medida que armonizas tus pensamientos, tu intelecto y tus sentimientos con el trabajo de tu cuerpo. Cuando mandamos los niños al colegio les decimos: «Sed disciplinados», «Pensad con la cabeza», y a eso lo llamamos educación, pero con eso no se alcanza la maestría.



  1. El amor es la tercera etapa. Tras disciplinar el cuerpo con la sabiduría y estudiar intelectualmente una tarea, este proceso de maestría supone amar lo que haces y hacer lo que amas, En el mundo del comercio, yo lo denomino enamorarse de lo que ofreces y vender tu amor o entusiasmo a potenciales clientes. Cuando se aprende a jugar al tenis, hay que practicar todos los golpes mientras se estudian las estrategias del juego. También supone disfrutar la sensación de golpear la pelota, de estar en la cancha y todo lo demás relacionado con el juego.




  1. La entrega es la cuarta etapa. Ese es el lugar de la intención. Aquí es donde tu cuerpo y tu mente no llevan la batuta y te aproximas a la intención, «En el universo hay una fuerza inconmensurable, indescriptible, que los chamanes llaman "propósito", y absolutamente todo lo que existe en el cosmos está unido a! propósito por un vínculo de conexión.» Así lo describe Carlos Castañeda. Te relajas, te agarras a la correa del trolebús y te dejas llevar por la misma fuerza que transforma las bellotas en árboles, las flores en frutos y unos puntitos microscópicos en seres humanos. Agárrate a esa correa del trolebús y crea tu propio vínculo de conexión. Ese «absolutamente todo en el cosmos» os incluye a ti y a tu ser disciplinado, sabio y amante, y todos tus pensamientos y sentimientos. Cuando te entregas, te iluminas y puedes consultar a tu alma infinita. Entonces puedes acceder a la fuerza de la intención, que te llevará a donde crees que estás destinado a llegar.


Todas estas reflexiones sobre la intención y la entrega quizá te lleven a plantearte dónde tiene cabida el libre albedrío. Quizá llegues a la conclusión de que no existe el libre albedrío o que te transformas en lo que diere tu programa. Así que examinemos la voluntad y veamos cómo encaja en esta nueva perspectiva de la intención. Y te ruego que mientras lees las dos secciones siguientes mantengas una actitud abierta, incluso sí lo que lees está reñido con lo que has creído toda la vida.
La intención y tu libre albedrío son paradójicos

Una paradoja es una exposición aparentemente absurda o contradictoria, aun si está bien fundamentada. No cabe duda de que la intención y el libre albedrío entran en la categoría de las paradojas, Están reñidos con muchas ideas preconcebidas sobre lo que es razonable o posible. ¿Cómo puedes tener libre albedrío mientras la intención da forma a tu cuerpo y a tu potencial?

Puedes fusionar esta dicotomía si decides creer en la infinitud de la intención y en tu capacidad para ejercer el libre albedrío. Sabes pensar racionalmente sobre las reglas de la causa y el efecto; pon a trabajar tu intelecto en eso.

Evidentemente, es imposible tener dos infinitos, porque ninguno de los dos sería infinito; cada uno estaría limitado por el otro. El infinito no se puede dividir en dos. En esencia, el infinito es unidad, continuidad, unicidad, como el aire que respiras en tu casa. ¿Dónde acaba el aire de tu cocina y empieza el del salón? ¿Dónde acaba el aire de tu casa y comienza el del exterior? ¿Y el aire que inspiras y espiras? El aire quizá sea lo que más nos ayude a comprender el Espíritu infinito, universal, omnipresente. Debes recorrer con el pensamiento el camino desde la idea de la existencia individual hasta la idea de una unidad del ser universal, y a continuación llegar a la idea de una energía universal. Cuando piensas en una parece de un ser completo en un sitio y otra parte en otro sitio, pierdes la noción de la unidad. Y (manteniendo una actitud abierta, como te rogaba antes), debes comprender lo siguiente: en cualquier momento, todo el Espíritu se concentra en el punto en el que fijas tu atención. Por consiguiente, puedes consolidar toda la energía creativa en un momento dado. Ese es tu libre albedrío en pleno funcionamiento.

Tu mente y tus pensamientos son también los pensamientos de la mente divina. El Espíritu universal está en tus pensamientos y en tu libre albedrío. Cuando trasladas tus pensamientos del Espíritu al ego, parece como si perdieras contacto con la fuerza de la intención. Tu libre albedrío puede avanzar con el Espíritu universal y su despliegue o alejarse de él, hacia el dominio del ego. Al alejarse del Espíritu, la vida parece una lucha. Por tí fluyen energías más lentas, y quizá te sientas desamparado, abatido, perdido. Puedes acudir a tu libre albedrío para unirte de nuevo con las energías más altas, más rápidas. La verdad es que no creamos nada solos; todos somos criaturas con Dios. Nuestro libre albedrío combina y redistribuye lo que ya ha sido creado. ¡Tú eliges! El libre albedrío significa que puedes elegir entre conectarte con el Espíritu o no conectarte.

De modo que la respuesta a las siguientes preguntas; «¿Tengo libre albedrío?» y «¿Actúa en mí la intención como una fuerza universal omnipresente?» es «sí». ¿Eres capaz de vivir con esta paradoja? Si te paras a pensar, vives con la paradoja cada momento de tu existencia. Desde el momento en que eres un cuerpo con principio y fin, con límites, y una definición en el tiempo y el espacio, eres también un ser invisible, amorfo, ilimitado, que piensa y siente. Una máquina con vida propia, por así decirlo. ¿Qué eres? ¿Materia o esencia? ¿Eres físico o metafísíco? ¿Forma o espíritu? La respuesta es ambas cosas, aunque parezcan opuestas.

¿Tienes libre albedrío y formas parte del destino de la intención? Sí. Fusiona la dicotomía. Mezcla los opuestos, y vive con ambas creencias. Inicia el proceso de dejar que el Espíritu actúe en ti y vincúlate al campo de la intención.

En la intención, el Espíritu trabajará por ti
Cuando con el libre albedrío decides conscientemente volver a conectarte a la fuerza de la intención, cambias su dirección. Empezarás a reconocer y venerar la unidad del Espíritu y tú como una concentración individual de esa fuerza. Yo repito en silencio la palabra «intención» o «propósito» para que me ayude a librarme del ego y estar centrado en mí mismo. Pienso con frecuencia en estas frases de La fuerza del silencio de Castañeda: «Al haber perdido la esperanza de volver a la fuente de todo, el hombre medio busca consuelo en su egoísmo». Personalmente, intento volver a la fuente dé todo día tras día, y me niego a ser el «hombre medío» del que habla Castañeda.

Hace muchos años decidí dejar de beber alcohol. Quería estar sobrio para mejorar mi capacidad de realizar la tarea que parecía quemarme por dentro. Sentía la llamada de enseñar la confianza en uno mismo con mis escritos y mis discursos. Varios maestros me habían dicho que el prerrequisito para la tarea que estaba llamado a realizar era la sobriedad absoluta. En las primeras etapas de este drástico cambio de mi vida me pareció que me ayudaba una fuerza cuando sentía la tentación de volver a la antigua costumbre de tomarme unas cervezas todas las noches. En una ocasión, todavía indeciso, salí a comprar una caja de seis botellas pero se me olvidó el dinero, algo que jamás se me olvida.

Durante los pocos minutos que tardé en regresar a casa a recoger el dinero, volví a evaluar el libre albedrío que me permitiría comprar cerveza y decidí aferrarme a mi intención. Tras las primeras semanas descubrí que empezaba a ocurrir esa clase de acontecimientos con frecuencia. Me dejé orientar por las circunstancias que me alejaban de las situaciones en las que podía sentir la tentación de beber. Una llamada telefónica podía distraerme de una de esas situaciones de tentación, o estallaba una pequeña crisis familiar que me disuadía de un potencial desliz. Hoy, tras dos décadas, veo con claridad que aferrarme con firmeza a esa correa del trolebús que he descrito anteriormente me permite recorrer rápidamente el sendero hasta los destinos invocados hace millones de años por la intención. Y también veo que mi libre albedrío es un paradójico compañero de la fuerza de la intención.

Tener conciencia de la intención como una fuerza a la que volver a conectarme, en lugar de algo que debe conseguir mi ego, ha supuesto un enorme cambio en la obra de mí vida.

El simple hecho de tener conciencia de que mis escritos y mis discursos se manifiestan desde el campo de ia intención me ha reportado beneficios inconmensurables. No siento sino respeto por la energía creativa cuando me libro de la presunción y de la identificación con el ego. Antes de coger el micrófono, mando el ego al vestíbulo o le digo que tome asiento entre el público. Repito la palabra «propósito» para mis adentros y me parece estar flotando hacia ese campo de la energía de la intención. Me entrego y me dejo llevar, y me encuentro totalmente a gusto; recuerdo pequeños detalles en medio del discurso, jamás pierdo el hilo y experimento un contacto especial con el público. El cansancio se desvanece, desaparece el hambre.., ¡e incluso la necesidad de hacer pis! Todo lo necesario para transmitir el mensaje parece accesible, casi sin esfuerzo.
Combinar el libre albedrío con la intención

En geometría, dos ángulos que coinciden encajan perfectamente. La palabra «coincidencia» no se refiere a la suerte ni los errores, sino a lo que encaja perfectamente. Al combinar el libre albedrío con la intención, armonizas con la mente universal. En lugar de funcionar en tu propia mente fuera de esa fuerza llamada intención, bien puede ocurrir que, mientras lees este libro, intentes que ese objetivo empiece a armonizar con la intención en toda ocasión. Cuando parece que la vida va en tu contra, cuando pasas una racha de mala suerte, cuando aparecen los personajes que no deberían o cuando metes la pata y vuelves a viejas costumbres de autorrechazo, reconoce las señales de que no estás en armonía con la intención. Puedes volver a conectarte y lo harás de una forma que te alinee con tu propósito.

Por ejemplo, cuando escribo me abro a las posibilidades de colaboración del Espíritu universal, de mis pensamientos individuales y del destino para producir un libro útil, lleno de ideas. Pero al volver a examinar cómo dejé el alcohol, quería poner otro ejemplo en este capítulo para explicar cómo colabora la intención con las circunstancias déla vida para producir lo que necesitamos.

Mi hija Sommer, de diecinueve años, me dijo que había dejado su trabajo temporal en un restaurante y que no estaba segura de lo que quería hacer antes de reanudar sus estudios. Le pregunté qué le hacía sentirse más decidida y feliz, y me dijo que enseñar a montar a caballo a niños pequeñas, pero que no quería volver a las cuadras en las que había trabajado un año antes porque pensaba que no la valoraban, que trabajaba demasiado y le pagaban poco.

Yo estaba en Maui escribiendo este primer capítulo sobre una nueva perspectiva de la intención cuando mantuvimos esta conversación por teléfono.

Le solté mi rollo de la intención como fuerza del universo y le dije que debía reestructurar sus pensamientos y tal y cual. «Ábrete a la posibilidad de recibir la ayuda que deseas —le dije—. Confía en la intención. Existe para ti. Mantente alerta y dispuesta a aceptar cualquier orientación que se te presente. Vibra en armonía con la Fuente omniproveedora.»

Al día siguiente, en el mismo momento en que estaba buscando el otro ejemplo de la intención para incluirlo en este capítulo, sonó el teléfono, y era Sommer, desbordante de entusiasmo. «No te lo vas a creer, papá. O pensándolo bien, sí te lo vas a creer. ¿Te acuerdas de que ayer me dijiste que estuviera abierta a la intención? Yo me sentí escéptica, incluso pensaba: "Ya está papá con sus cosas raras", pero decidí intentarlo. Entonces vi un anuncio en un poste de teléfonos que decía; "Clases de equitación", con un número de teléfono. Lo apunté y llamé. La señora que contestó me dijo que quería contratar a alguien de confianza para entrenar a niños pequeños. Me paga justo el doble de lo que ganaba en el restaurante. Voy a verla mañana, ¿A que es guay?»

¿Guay? ¡Desde luego que es guay! Allí estaba yo escribiendo un libro, buscando un buen ejemplo, y se presenta bajo la forma de ayuda que intentaba ofrecerle a mi hija el día anterior ¡Maté dos pájaros de un tiro!
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