Traducción de Flora Casas






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Tercer paso. Prodiga más respeto a los demás y a la vida entera. Quizá el mayor secreto de la autoestima consista en valorar más a los demás. La forma más fácil de hacerlo es ver en ellos la expresión de Dios. Deja de juzgar el aspecto, los éxitos y los fracasos de los demás, su posición social, su riqueza o su pobreza y prolonga la valoración y el amor a la Fuente de la que salieron. Todos somos hijos de Dios; todos. Intenta verlo incluso en quienes parecen actuar de una forma impía. Has de saber que prodigando amor y respeto puedes darle la vuelta a esa energía y dirigirla de nuevo a su Fuente en lugar de alejarla de ella. En definitiva: irradia respeto porque eso es lo que tienes que ofrecer. Irradia censura y baja energía y eso es lo que atraerás. Recuerda que cuando juzgas a los demás no ios defines a ellos, sino que te defines a ti mismo como alguien que necesita juzgan Lo mismo es aplicable a quienes te juzgan a ti.
Cuarto paso. Manifiesta ante ti mismo y ante cuantos conozcas: soy de aquí. La sensación de saber que estás en tu sitio es uno de los atributos más elevados en la pirámide de la autorrealización de Abraham Maslow (que analizo al principio del siguiente capítulo). Sentir que no tienes nada que ver con el sitio en el que estás o que te encuentras donde no deberías estar puede deberse a la falta de respeto por ti mismo. Respétate y respeta tu divinidad sabiendo que todos tienen su sitio. Es algo que nunca deberías cuestionarte. Tu presencia en el universo prueba que estás en tu sitio. Nadie puede decidir si estás en tu sitio. Formas parte de un sistema inteligente. La sabiduría de la Creación dispuso que estuvieras aquí, en este lugar, en esta familia, con estos hermanos y padres, ocupando este espacio único. Repítelo y proclámalo cuanto sea necesario: soy de aquí. Y lo mismo ocurre con los demás. Nadie está aquí por casualidad.
Quinto paso. Recuerda que nunca estás solo. El respeto a mí mismo se mantendrá intacto mientras sepa que es imposible que esté solo. Tengo un «jefe» que nunca me abandona y que está a mi lado incluso cuando parece que he abandonado mi Fuente. Pienso que si la mente universal siente el suficiente respeto como para permitir que yo venga aquí y funcionar a través de mí y protegerme en los momentos en que me he extraviado por peligrosos senderos no espirituales-, esa asociación merece un respeto recíproco. Recuerdo que mi amigo Pat McMahon, presentador de un programa de entrevistas en radio KTAR de Phoenix, Arizona, me contó su encuentro con la madre Teresa en el estudio antes de entrevistarla para su programa. Le rogó que le dejara hacer algo por ella. «Lo que sea», aseguró mi amigo. Ella lo miró y dijo: «Levántate mañana a las cuatro de la mañana y sal a las calles de Phoenix. Busca a alguien que viva allí y que crea que está solo, y convéncelo de que no lo está». Un gran consejo, porque quienes se regodean en dudar de sí mismos y parecen perdidos, han perdido la autoestima, porque han olvidado que no están solos.
Sexto paso. Respeta tu cuerpo. Se te ha concedido un cuerpo perfecto para alojar tu ser interior, invisible, durante unos breves momentos de la eternidad. Independientemente del tamaño, la forma, el color o cualesquiera enfermedades, es una creación perfecta para el propósito por el que viniste aquí. No tienes que esforzarte para estar sano; la salud es algo que ya posees, si no la alteras. Quizá hayas alterado tu cuerpo sano sobrealimentándolo, privándolo de ejercicio o sobreestimulándolo con toxinas o drogas que lo han dejado enfermo, fatigado, nervioso, angustiado, hinchado, o con una lista interminable de enfermedades. Puedes empezar a hacer realidad la intención de llevar una vida de respeto a ti mismo honrando el templo que te alberga. Sabes lo que tienes que hacer. No necesitas otra dieta, un manual de gimnasia ni un entrenador personal. Ve a tu interior, escucha tu cuerpo y trátalo con la dignidad y el amor que requiere el respeto a ti mismo.
Séptimo paso. Medita para mantenerte en contacto consciente con tu Fuente, que siempre te respeta. No me cansaré de repetirlo: la meditación es una forma de experimentar lo que no pueden percibir los cinco sentidos. Cuando estás conectado al campo de la intención, estás conectado con la sabiduría que existe en tu interior. Esa sabiduría divina siente gran respeto por tí, y te sigue respetando mientras estás aquí. La meditación es una forma de asegurarte que te mantienes en un estado de respeto a ti mismo. A pesar de lo que ocurra a tu alrededor, cuando entras en el sagrado espacio de la meditación se disipan todas las dudas sobre tu valía como creación. Saldrás de la solemnidad de la meditación sintiéndote conectado a tu Fuente y disfrutando del respeto por todos los seres, especialmente tú mismo.
Octavo paso. Desagravia a los adversarios. El acto de desagraviar envía una señal de respeto a tus adversarios, Al irradiar esa energía indulgente notarás que esa misma clase de energía positiva, respetuosa, fluye hacía ti. Al tener la grandeza suficiente como para desagraviar y sustituir la energía de la ira, la amargura y la tensión por la de la bondad —aunque sigas insistiendo en que tú tienes la razón—, te respetarás a ti mismo mucho más que antes de tu acto de perdón, Si estás lleno de rabia hacia alguien, eso significa que a una enorme parte de ti le molesta la presencia de esa energía debilitadora. Párate un momento a pensar, ahora mismo, y enfréntate a esa persona que destaca en tu mente como alguien a quien has herido, o que te ha herido a ti, y dile que te gustaría desagraviarla. Ya verás como te sientes mucho mejor Esa agradable sensación de haber aclarado las cosas es el respeto a uno mismo. Se necesita mucho más valor, fortaleza de carácter y convicción para desagraviar que para seguir aferrado a los sentimientos de baja energía.
Noveno paso. Recuerda el sí mismo en el respeto a sí mismo. Para hacerlo, has de reconocer que las opiniones de los demás sobre ti no son hechos, sino opiniones. Cuando hablo en público, ante quinientas personas, al final de la tarde hay quinientas opiniones sobre mí en la sala. Yo no soy ninguna de esas opiniones. No soy responsable de lo que piensen de mí. De lo único que puedo ser responsable es de mi carácter, y eso es aplicable a todo el mundo. Si me respeto a mí mismo, confío en ese sí mismo del respeto a sí mismo. Si dudo de mí mismo, o si me castigo, no solo pierdo el respeto por mí mismo, sino que atraigo más dudas y más opiniones de baja energía con las que seguir castigándome. No se puede mantener el vínculo con la mente universal, que dispone que todos estemos aquí, si no consigues confiar en en si mismo para el respeto a sí mismo.
Décimo paso. Has de mantenerte en un estado de agradecimiento. En los siguientes capítulos descubrirás que el agradecimiento es el paso final. Más vale que aprecies y no que desprecies cada cosa que se te presente en la vida. Cuando dices «Gracias, Dios mío, por todo» y cuando expresas agradecimiento por tu vída y por todo lo que ves y experimentas, respetas la Creación. Ese respeto existe en tu interior, y solo puedes dar lo que tienes dentro. El estado de agradecimiento es lo mismo que el estado de respeto, el respeto a ti mismo, que das a manos llenas y que te será devuelto multiplicado por diez. Voy a concluir este capítulo con las palabras de Jesús de Nazaret, pronunciadas por boca de uno de sus apóstoles, San Mateo (Mateo, 5, 48): «Sé, por tanto, perfecto, como perfecto es tu Padre celestial». Vuelve a conectarte con la perfección de la que surgiste.

No puede existir mayor respeto por uno mismo.


8. Es mi intención vivir la vida con un propósito
Quienes no han logrado acercarse a la verdad han errado el propósito de vivir

Buda
De lo único que tienes que ocuparte en la vida es de lograr la comprensión de Dios. Todo lo demás es inútil y despreciable.

SlVANANDA
El sentido del propósito se encuentra en el vértice de la pirámide de la autorrealización creada por Abraham Maslow hace más de cincuenta años. En el transcurso de sus investigaciones, el doctor Maslow descubrió que quienes tienen un propósito en la vida poseen las cualidades más elevadas que puede ofrecer la humanidad. Durante los muchos años que he dedicado al desarrollo humano, la motivación y la consciencia espiritual, es el tema sobre el que me preguntan la mayoría de las personas. Me plantean una y otra vez la siguiente pregunta: «¿Cómo puedo encontrar mi propósito? ¿Existe de verdad tal cosa? ¿Por qué no conozco mi propósito en la vida?». Mantener un propósito es lo que consiguen las personas que llegan más lejos en la auterrealizacíón en el viaje de la vida, pero otras muchas apenas tienen ese sentido de propósito e incluso pueden dudar de que exista tal cosa en su vida.
El propósito y la intención

El tema central de este libro consiste en que la intención es una fuerza del universo y en que todo y todos están conectados a esa fuerra invisible. Puesto que se trata de un sistema inteligente del que todos formamos parte y todo lo que llega aquí deriva de esa inteligencia, hemos de deducir que, si no estaba destinado a venir aquí, no estaría aquí. Y si está aquí, aquí estaba destinado a estar, y para mí eso es suficiente. El hecho mismo de tu existencia indica que tienes un propósito. Como ya he dicho, la pregunta clave para la mayoría de nosotros es la siguiente: «¿Cuál es mi propósito?», Y esa pregunta me la plantean una y otra vez, cada persona con su propio tema. «¿Qué debería hacer? ¿Debería ser arquitecto, florista, veterinario...? ¿Debería ayudar a la gente o arreglar coches? ¿Tener una familia o irme a la selva a salvar chimpancés?». Las infinitas opciones que se nos presentan nos aturden, y nos planteamos si estamos haciendo lo que deberíamos hacer.

En este capítulo me gustaría que todo el mundo se olvidara de semejantes preguntas. Lo que habría que hacer sería trasladarse a un lugar de fe y confianza en la mente universal de la intención, recordando que hemos emanado de esa mente y que formamos parte de ella en todo momento.

La intención y el propósito están tan hermosa y naturalmente entrelazadas como la doble hélice del ADN. La casualidad no existe. Estás aquí para cumplir el propósito para el que te apuntaste antes de entrar en el mundo de partículas y forma. Muchas cosas que consideras problemas derivan del hecho de estar desconectado de la intención y, por consiguiente, ajeno a tu verdadera identidad espiritual El proceso de perfeccionamiento y restablecimiento de esa conexión es algo fundamental para tu intención de vivir con un propósito. Al limpiar esa conexión, harás dos descubrimientos muy importantes. En primer lugar, descubrirás que tu propósito no se centra tanto en lo que haces como en lo que sientes. El segundo descubrimiento consistirá en que sentir que quieres llevar a cabo ese propósito activa tu fuerza de la intención para crear cualquier cosa que concuerde con las siete caras de la intención.
Sentir que tienes un propósito. En respuesta a la pregunta «¿Qué debería hacer con mi vida?», sugiero que solo puedes hacer una cosa, puesto que llegaste a esta vida sin nada y te marcharás sin nada; darla. Sentirás que tienes un propósito cuando des tu vida al servicio de los demás. Cuando das a los demás, a tu planeta y a tu Fuente, tienes un propósito. Decidas lo que decidas, si te sientes motivado por el servicio a los demás y al mismo tiempo te desinteresas sinceramente de los posibles resultados, sentirás que tienes un propósito, independientemente de la abundancia que recibas a cambio.

De modo que tu intención es que tu vida tenga un propósito. Pero ¿cómo es la Fuente espiritual en este aspecto? Está continuamente inmersa en el proceso de dar su fuerza vital para crear algo de la nada, Cuando tú haces lo mismo, sin tener en cuenta lo que das o creas, estás en armonía con la intención. Entonces tienes un propósito, al igual que la mente universal siempre actúa con un propósito.

Vamos a ir un poco más lejos. ¿Tiene que pensar la Fuente universal de la vída en lo que está haciendo con sus poderes? ¿Le preocupa producir gacelas o ciempiés? ¿Le preocupa dónde vive o lo que crea en última instancia? No. Tu Fuente simplemente se ocupa de expresarse por mediación de las siete caras de la intención. Los detalles se resuelven de forma automática. De igual modo, tus sentimientos sobre tu propósito en la vida fluyen a través de la expresión de las siete caras de la intención.

Déjate llevar a ese lugar íntimo en el que no existe preocupación por cosas como la vocación o dedicarte a lo que estabas destinado a ser. Cuando estás al servicio de los demás, o prolongas la bondad más allá de tus propios límites, te sentirás unido a tu Fuente. Te sentirás feliz y satisfecho al saber que estás haciendo lo que debes.

Yo tengo esa sensación de plenitud y satisfacción al saber que estoy actuando de acuerdo con mi propósito cuando leo el correo u oigo comentarios, muy frecuentes, mientras paso por un aeropuerto o como en un restaurante: «Usted ha cambiado mi vida, Wayne Dyer. Cuando me sentía perdido, usted estaba allí». Es algo muy distinto de los derechos de autor o una buena crítica en una revista, cosas que también me gustan. Las expresiones personales de gratitud son lo que me confirman que tengo un propósito en la vida.

Aparte del trabajo que he elegido, siento que tengo un propósito que adopta miles de formas prácücamente todos los días. Cuando prodigo mí ayuda a alguien necesitado, cuando dedico unos momentos a animar a un empleado descontento en un restaurante o una tienda, cuando hago reír a un niño que está en su cochecito sin que nadie le haga caso, o incluso cuando recojo algún desperdicio y lo tiro a un cubo de basura, siento que me estoy dando a los demás y, por tanto, que tengo un propósito. Lo fundamental, en mi opinión, es lo siguiente: mantente en tu propósito expresando las siete caras de la intención, y ya se te desvelarán los detalles. No tendrás que volver a preguntar cuál es tu propósito ni cómo encontrarlo.
Tu propósito se te desvelará. En un capítulo anterior he expuesto los obstáculos para conectarse con la intención y he señalado que nuestros pensamientos constituyen una de las mayores trabas. Hacía hincapié en el hecho de que nos convertimos en lo que pensamos durante todo el día. ¿Cuáles son tus pensamientos para que te impidan sentir que tienes un propósito en la vida? Por ejemplo, si piensas que no tienes conexión con tu propósito y que vas dando bandazos por la vida, eso es precisamente lo que atraerás.

Pero supongamos que este es un universo con un propósito en el que tus pensamientos, emociones y actos forman parte de tu libre albedrío y están a la vez conectados a la fuerza de la intención. Supongamos que lo que piensas, que no tienes un propósito, una meta, en realidad forma parte de tu propósito. Al igual que la idea de perder a alguien te hace quererlo aún más, o una enfermedad te hace apreciar más la salud, imagínate que tienes que pensar que no le importas a nadie para darte cuenta de tu valía. Cuando estás lo suficientemente despierto como para cuestionarte tu propósito y preguntar cómo conectarte a él, lo que te empuja a hacerlo es la fuerza de la intención.

El acto de cuestionarte por qué estás aquí indica que tus pensamientos te empujan a volver a conectarte con el campo de la intención. ¿Cuál es la fuente de tus pensamientos sobre tu propósito? ¿Por qué deseas tener un propósito? ¿Por qué se considera el sentido del propósito el mayor atributo de una persona que funciona plenamente? La fuente del pensamiento es un depósito infinito de energía e inteligencia. En cierto sentido, los pensamientos sobre tu propósito son en realidad tu propósito intentando volver a conectarse contigo. Este infinito depósito de energía amante, bondadosa, creativa y abundante surgió de la inteligencia originaria y te estimula a que expreses la mente universal de una forma única, personal.

Vuelve a leer las dos citas al principio de este capítulo. Buda habla de la verdad, y Sivananda sugiere que nuestro verdadero propósito consiste en la comprensión de Dios. Este libro está dedicado a la conexión con la fuerza de la intención y el abandono del ego, que intenta hacernos creer que estamos separados de nuestra Fuente divina y creadora y apartarnos de la comprensión de la verdad última. Esa verdad última es la fuente de los pensamientos.

Esa condición del ser interior sabe por qué está aquí, pero tu ego te empuja a ir en pos del dinero, el prestigio, la popularidad y los placeres sensoriales y a perder de vista el propósito de vivir. Puedes sentirte saciado y haber obtenido la fama, pero por dentro te corroerá esa sensación tipificada en la vieja canción de Peggy Lee «¿Es eso todo lo que hay?». Centrarte en las exigencias del ego deja una sensación de insatisfacción. Dentro de tir en el nivel de tu ser, se encuentra lo que estabas destinado a ser, a conseguir, en lo que habías de convertirte. En ese lugar de ninguna parte estás conectado con la fuerza de la intención. Ella te encontrará. Haz un esfuerzo consciente para ponerte en contacto con ella y escúchala. Practica el ser lo que eres en la fuente de tu alma. Ve hasta el nivel de tu alma, donde la intención y el propósito encajan con tal perfección que logras una revelación muy sencilla: saber que es esto.
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