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LA ARTICULACIÓN Y SU IMPORTANCIA

Articular bien es pronunciar distintamente todas las consonantes. Por definición, las vocales son los sonidos producidos por la vibración de las cuerdas vocales, amplificados por los resonadores de la faringe, la boca y la nariz, y no modificados de modo apreciable por los órganos de la articulación.

La lengua, los labios, los dientes, el maxilar, el paladar actúan como agentes capaces de modificar el sonido producido por el mecanismo de la voz. La calidad del tono se puede lograr cuando a través del movimiento conjunto de dichos órganos, se varía el tamaño y la forma de la cavidad bucal. Ha de tenerse en cuenta que la lengua es el órgano que contribuye de modo más importante a la claridad de los sonidos de las palabras porque, aunque la boca tenga la apertura necesaria, los sonidos producidos no pueden modularse si la lengua permanece inactiva o se mueve con torpeza. La diferencia de los sonidos de las vocales depende, en parte, de la posición que ocupa la lengua.

Otra de las funciones de dichos órganos es la formación de los sonidos de las consonantes, que se logra con el cierre brusco, la apertura súbita y progresiva, o cualquier otra interrupción del flujo que forman los sonidos vocálicos. La precisión y nitidez de la articulación se logran a través del empleo apropiado de este conjunto modificador. Un cierto número de sonidos consonantes, tales como d, z, ch, g y k, dependen del movimiento activo de la lengua.

Los labios también son muy importantes para una pronunciación clara. Si se dejan excesivamente relajados, el resultado es una serie de murmullos confusos, especialmente en la pronunciación de los sonidos p,b,m,f, que exigen una enérgica acción labial. Cuando se habla ante un micrófono debe evitarse, claro está, la emisión excesivamente explosiva de las consonantes. Pero en otros casos, deben emplearse los labios con movimientos de mayor firmeza para dar una mayor claridad y rotundidad a las palabras.

Articular bien permite, entre otras cosas, hacerse comprender claramente incluso cuando se habla en voz baja. Una articulación (descuidada por no pocos oradores, locutores de radio y aun por ciertos actores), proporciona la debida comprensión de lo que se diga, lo cual constituye la única manera de mantener y desarrollar el interés del público.

Hay quienes estiman que lo importante es emitir claramente el sonido de las vocales, aunque el de las consonantes no sea tan exigente. Esto constituye un error, porque la articulación descuidada de las consonantes hace confusa la comprensión de la palabra. En un laboratorio filológico se ha registrado una frase, y luego se repite después que los circuitos electrónicos han dejado pasar únicamente las crestas de las ondas sonoras, es decir, las altas frecuencias que caracterizan a las vocales. Se oyen éstas, pero nadie habrá entendido la frase. En cambio, se procura eliminar de dichas frases las bajas frecuencias, que son esenciales en la emisión del pensamiento, y se entiende todo perfectamente.

Algunos locutores de radio o televisión no pronuncian claramente los finales de las palabras, sobre todo si son esdrújulas o sobreesdrújulas. Como al final de una frase pronunciada suele descender el tono, la última sílaba se apaga, esto es, no se oye. Para que se oiga, es preciso darle doble intensidad que la que le corresponde, y con mayor motivo si se trata de una esdrújula. En una exposición oral, conferencia o discurso, es posible que los oyentes de la primera o segunda fila, perciban el ligero énfasis sobre la última sílaba; pero esta pequeña molestia ( si así puede llamársele) queda compensada con la satisfacción de saber que oye bien todo el resto del salón.

Ejercicios

1.¿ Qué se entiende por articular bien?

2. ¿ Qué se logra con una buena articulación?

  1. Haga los siguientes ejercicios:

  1. Parado delante de un espejo, para observar el juego de los labios, comience por vocalizar primero las cinco vocales(a,e,i,o,u), esmerándose porque suenen claras, sin levantar ni forzar el tono de la voz. A intervalos descanse y respire 5 ó 6 veces aspirando lenta y profundamente por la nariz y espirando por la boca. Repita en cada oportunidad que pueda, sin desmayar, este ejercicio.

  2. Siempre delante del espejo vocalice las sílabas as-es-is-os-us, hasta conseguir que la (s) suene clara, pero no silbeante. Descanse practicando los ejercicios respiratorios a que se refiere el apartado anterior.

  3. Vocalice palabras con consonantes líquidas (l y r), tales como propio, apropiar, aprovisionar, etc. Y efectúe ejercicios respiratorios.

  4. Vocalice palabras terminadas en do (asado, cansado, pelado, etc), para evitar decir asao, cansao, pelao.

  5. Lea un libro cuya materia se salga de lo común, sin pronunciar los sonidos, pero utilizando los labios y lengua para modular las palabras.

  6. Lea en alta voz, primero tratando de pronunciar clara y correctamente y cuando se haya conseguido esto, leer dando expresión.

  7. Repita en voz alta el siguiente párrafo: “Por el camino verde y largo iban los carros cargados de acíbar amarga. Todas las tardes descargan los carros su acíbar amarga”

  1. Frente a un espejo inspire profundamente por la nariz. Espire lentamente por la boca. Repita diez veces el ejercicio. La mandíbula inferior no debe estar rígida y no debe contraer los músculos faciales.

IDEAS Y SENTIMIENTOS A TRAVÉS DE LA VOZ

Cualidades de la articulación

Entre las que merecen una consideración más detenida, por lo que representan en la transmisión de las ideas y sentimientos del emisor hacia su receptor, sobre todo si este último es colectivo, se hallan las siguientes: Claridad, flexibilidad y énfasis.

Claridad

La claridad o nitidez es, como en la ejecución musical, la primera cualidad de la articulación. Ha de lograrse por tanto una transparencia máxima, mediante la acción del maxilar inferior, de la lengua y de los labios. Unicamente con el uso diestro y enérgico de los músculos que mueven estos miembros obtendremos una dicción bien definida.

Ciertos hábitos viciosos que no se han corregido a tiempo, son los causantes de una defectuosa dicción. Este importante fallo en la comunicación no puede atribuirse al nerviosismo del emisor ni a su estado emocional en una circunstancia dada, puesto que la dicción defectuosa lo es también cuando no hay ningún motivo que justifique el estado de tensión propio del nerviosismo.

Quienes hablan en público debían dejar el tiempo suficiente para que cada sonido pueda ser percibido con claridad, en vez de amontonar una serie de sonidos que se sobreponen en perjuicio de la dicción. Es preciso hablar despacio para articular con claridad; una vez el maxilar, la lengua y los labios tengan una mayor flexibilidad y precisión de movimientos, habrá llegado el momento de aumentar la velocidad, pero hasta entonces la de mantener la calma.

Intensidad

El factor que en mayor grado afecta a la inteligibilidad es probablemente el nivel sonoro de las palabras, que depende a su vez, por una parte, de la distancia entre el emisor y el receptor, y por otra, de la intensidad de los ruidos ambientales, ya que éstos pueden enmascarar o debilitar los sonidos.

Una voz llega más lejos cuando más intensa o cuanto más aguda es, porque en tal caso la frecuencia de las vibraciones es mayor. Aunque existen instrumentos para medir con precisión la intensidad sonora, no es probable que el orador disponga de ellos, pero siempre se puede apreciar, por sus expresiones, si los oyentes más alejados están oyendo adecuadamente lo que se dice. Es pues una de las responsabilidades básicas de cualquier orador, conferenciante o disertante hacer el uso más adecuado de su fuerza vocal, es decir, debe hablar con intensidad suficiente para ser oído por todo el auditorio. (IMAGEN)

Independientemente de la distancia que medie entre el emisor y el receptor y de los ruidos ambientales que estén presentes, hay maneras de dar más sentido y más expresividad a la palabra, graduando, con pequeños matices diferenciales, la intensidad y el volumen de la voz. Si el orador aspira a dar la impresión de energía, aumentará la fuerza de su voz. Hablar en voz baja puede sugerir que no está seguro de sí o que no cree verdaderamente en aquello que dice. A veces, para atraer más la atención y aun para provocarla, será necesario bajar mucho el volumen de la voz; en otros casos será conveniente levantarlo más, lo cual es un recurso muy eficaz para despertar el interés cuando este languidece. Es posible hacer reaccionar a una audiencia apática si de pronto pronunciamos una frase con perceptible aumento de volumen, pero no debemos olvidar que ese efecto no se produce por el aumento sonoro en sí mismo, sino por lo que supone de contraste con frases o palabras anteriores.

Flexibilidad

Un discurso puede ser perfectamente inteligible, pero es posible que deje en quien lo escucha una nebulosa sensación, frustrándose de ese modo en cierta forma la comunicación al auditorio del pleno significado de los pensamientos que el orador pretendía transmitir. Esto sucede cuando la voz carece de la flexibilidad necesaria para expresar los finos matices significativos y emocionales, de los que depende una pronunciación exacta y agradable.

Este tema de la flexibilidad en la voz nos lleva a preguntarnos, ¿ cómo se puede variar la voz para que el mensaje llegue al receptor de un modo más completo y preciso? ¿Cómo hacer para que las ideas centrales se destaquen sobre las demás? La respuesta a estos interrogantes nos obliga a tratar por separado lo que concierne a la velocidad, las pausas, el ritmo y el tono, tan importantes para dar claridad y vivacidad a la expresión oral.

- Velocidad: La mayor parte de los que hablan con excesiva velocidad, fatigan a quienes quisieran escucharle, los cuales acaban por desentenderse del orador, otros, en cambio, hablan con desesperante lentitud. ¿ A qué velocidad debe hablarse? Esto comporta a su vez otras preguntas: ¿ De qué se va a hablar? ¿ A quién se va a hablar?

En términos generales podemos decir que se habla con menor velocidad cuando los oyentes están poco familiarizados con el asunto que se trata, o cuando el nivel intelectual de aquellos sea muy diverso. En cambio, si se trata de un tema superficial que puede seguirse fácilmente por el auditorio, se hablará con mayor velocidad que si se trata de una cuestión más seria.

En su mayoría, las personas hablan a una velocidad de 120 a 180 palabras por minuto, pero no es posible hacerlo a una velocidad uniforme. Lo correcto es que, como hemos señalado en el párrafo anterior, la velocidad se ajuste al tipo de pensamiento o sentimiento que el orador trata de transmitir.

La rapidez en el hablar es un obstáculo para mejorar la dicción y corregir sus defectos, pero la lentitud, por sí sola, no resuelve ni siquiera la claridad. Hay que hablar lentamente sí, pero como un ejercicio para frenar el impulso instintivo de correr, para acostumbrarse a utilizar más los músculos de la boca y dominarlos mejor, como una gimnasia absolutamente indispensable que contribuya a adquirir el hábito de vocalizar y de silabear, de suerte que no se pierda ni una sola palabra en el camino. Pero una vez lograda una más clara vocalización, la velocidad ha de adecuarse al tema, al auditorio y al valor de las ideas que quieran destacarse.

- Pausas: Las pausas sirven para puntuar los pensamientos. Del mismo modo que la coma, punto y coma, y punto sirven para separar las palabras escritas en grupos de pensamientos, las pausas de distinta duración nos ayudan a separar las palabras habladas en unidades que tienen un significado de conjunto.

La pausa permite fácilmente las inflexiones de la voz, el cambio de tono y de ritmo y en definitiva contribuye, si se hace buen uso de ella, a mantener más viva la atención.

Una parrafada sin pausas es de una monotonía aterradora. El uso inadecuado de las mismas, resulta tan perjudicial y confuso para el oyente como el uso de inadecuada puntuación en un escrito.

Las pausas pueden ser: psicológicas, lógicas, afectivas y respiratorias. Las psicológicas se producen cuando el ánimo del orador quiere permitir al auditorio un momento de reflexión. Las lógicas se usan cundo lo exige el contexto de la frase y generalmente son breves, al término de una frase importante, o de mayor duración, cuando se va a abordar un nuevo desarrollo, en cuyo caso no siempre será fácil distinguirlas de las pausas psicológicas. Las afectivas cuando se desea suscitar la emoción del oyente. Y las respiratorias cuando agotada la espiración, se hace forzosa inspiración.

Una modalidad en la pausa, es el silencio especialmente querido y deseado por el que habla. Para hacer una pausa muy larga, y esto es precisamente el silencio, se requiere mucho dominio de la situación y de uno mismo. Durante ese silencio, un buen orador sabe con gestos y expresiones sobrias, mantener el interés de los oyentes. De ahí que se hable de la “elocuencia del silencio”. No ha de ser, naturalmente, un silencio colocado anárquicamente, donde a uno se le antoje, sino un silencio justificado, como por ejemplo, después de una pregunta incisiva, dirigida directamente al auditorio y a la que, siquiera simbólicamente, ha de darse tiempo para que pueda ser contestada.

- Ritmo: La relación entre los acentos y las pausas crea esa cadencia o pulsación que se conoce con el nombre de ritmo. Si esa relación se manifiesta por intervalos de tiempo breves o iguales, se habrá obtenido un ritmo rápido y monótono. Si se manifiesta por intervalos de tiempo muy alejados entre sí o muy irregulares, no se advertirá el ritmo en el primer caso, y en el segundo será caótico.

El ritmo está íntimamente relacionado con la velocidad en el habla. Hay momentos en que se ha de hablar con más velocidad que otros. Los contrastes en el ritmo- al igual que los contrastes en la modulación de la voz y del acento- tienen gran importancia para dar expresividad y sentido a nuestra palabra y para retener más fácilmente la atención del que escucha.

Una persona de temperamento excitable habla siempre a ritmo apresurado, mientras que una persona tranquila lo hace a uno más lento. En cambio, el individuo entusiasta pero al mismo tiempo reflexivo, procura evitar tanto un extremo como el otro y varía su ritmo, empleando esta variación para demostrar la intensidad de sus convicciones o la profundidad de sus sentimientos.

- Tono: El orador o un emisor de otra naturaleza se comunica con sus oyentes o receptores, no solamente por medio de las palabras, sino también mediante un elemento sonoro no verbal: la entonación, que juega un papel muy importante en la comunicación oral, sobre todo en la oratoria.

Para dar más sentido y mayor expresividad a la palabra debe graduarse, con pequeños matices diferentes, la intensidad y el volumen de la voz. A menos que debamos asumir el carácter de otro para dar mayor vivacidad a la narración o a una anécdota, debemos hablar en el tono de voz normal, que ofrece un registro considerablemente ancho. Quienes no saben aprovechar la oportunidad que se les ofrece poder variar su voz dentro del tono que le es normal, sino que por el contrario hablan siempre en el mismo tono, producen una exposición monótona, carente de la vivacidad que puede proporcionar la variación del tono si es aplicada hábilmente. Alguien ha dicho: “ La entonación no debe adormecer a causa de su monotonía, herir por la vehemencia o molestar por la ironía... a no ser esa sea la intención del orador por motivos determinados. Es preciso meditar bien en las entonaciones para que se correspondan con el sentido que se quiere dar a las palabras, duplicando, a veces, la fuerza de la persuasión”.

La entonación puede ser ascendente, descendente y aun mixta. La ascendente sugiere interrogación, indecisión, incertidumbre, duda o “suspenso”. La descendente sugiere firmeza, determinación, certeza, decisión o confianza. Una inflexión doble o mixta, esto es, que sea a la vez ascendente y descendente, puede sugerir una situación de conflicto o una contradicción de los significados, y se usa frecuentemente para denotar ironía o sarcasmo, o para exponer una sugerencia.

Estas variaciones súbitas o inflexiones graduales del tono, se usan principalmente para transmitir las ideas con mayor facilidad, más que para expresar un matiz emocional. Por medio del empleo adecuado de estas variantes podemos lograr que el significado de una frase sea más claro y más preciso.
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