Un día una chica paseaba por el bosque, cuan­do oyó a un cuclillo. Alzó la vista y vio al pája­ro volando de rama en rama y cantando alegre­mente






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títuloUn día una chica paseaba por el bosque, cuan­do oyó a un cuclillo. Alzó la vista y vio al pája­ro volando de rama en rama y cantando alegre­mente
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EL AMOR ES QUIEN DA SENTIDO A NUESTRA VIDAS

Cuentan de un gran filósofo que día tras día se debatía en torno al sentido último de la existencia. Había dedicado a la solución de este enigma su mejores años de vida. Había consultado a los más grandes sabios que la humanidad haya tenido en todos los tiempos. Y no encontró una respuesta satisfactoria a tan torturante cuestión.

Una tarde en el jardín de su casa, dejando a un lado sus pensamientos, reparó en su hija de cinco años que estaba jugando alegremente. Se acercó a ella y le preguntó:

- << ¿Para qué estás en la tierra? >>.

A lo que la niña respondió rápidamente:

- << Para quererte a ti, papá >>.

(Anónimo)

VOLVER AL PROPIO CORAZÓN

Un místico hablaba a ejecutivos y hombres de negocios: “Así como el pez muere en tierra seca, voso­tros moriréis si quedáis enredados en los asuntos mundanos. El pez siempre debe volver al agua, por­que es allí donde vive. Vosotros debéis volver siempre a vuestro corazón”. Los ejecutivos dijeron: “ ¿Quiere esto decir que debemos hacernos monjes”?. ”No, -dijo el místico- no he dicho que abandonéis vuestros nego­cios, sino que viváis siempre desde lo interior. No busquéis fuera lo que sólo podéis encontrar dentro”.

(Popular)

EL VIGÍA

Había una vez un castillo rodeado por un vasto desierto. A veces una solitaria carava­na se detenía allí; pero, aparte de eso, la vida del castillo era monótona, sin cambios apenas día tras día y año tras año.

Un día el rey envió un mensaje: <>.

Los oficiales que vivían en el castillo siguieron las instrucciones del rey. Dispusieron que se pintaran las paredes y se limpiaran las habitaciones, y ordenaron que el vigía permaneciera alerta a cualquier señal de la proximidad de Dios. El vigía se sintió muy orgulloso. Jamás se le había confiado antes una misión tan importante.

Se pasaba el día y la noche en la atalaya avizorando el horizonte, constantemente alerta y atisbando los indicios de la presencia de Dios. Con frecuencia se decía: <<¿Cómo será Dios? ¿Llegará con un gran séquito? ¿Ven­drá acompañado de un poderoso ejército?>>.

Absorto en aquellos pensamientos, el fiel vigía pasó semanas y meses observando y esperando, lleno de esperanza, mientras que en el interior del castillo, los oficiales y soldados se habían olvidado completamente de la visita de Dios.

Pasados muchos años, el vigía comenzó a sentirse cansado. <<¿Llegará Dios alguna Vez?>>, se preguntaba. <<¿Por qué tarda tanto en Venir? ¿Querrá encontrarse con un pobre hombre como yo cuando llegue aquí?>>.

Siguió escrutando el vacío horizonte hasta que su vista comenzó a fallar y a duras penas podía moverse, oír o ver. Supo que su fin se acercaba. Tristemente murmuro: <>.

Entonces llegó hasta él una voz; estaba tan cerca que parecía salir del fondo de su mismo corazón. <<¿No me reconoces? ¿No me ves? Estoy aquí, a tu lado, den­tro de ti>>.

El vigía se sintió azorado, pero henchido de alegría. <>, dijo, <<¿sois realmente Vos? ¿Habéis venido por fin? ¿Qué me sucede? Nunca os he oído ni visto llegar. Mas, ¿por qué me habéis hecho esperar tanto?>>.

Dulcemente la voz respondió. <>.

Una maravillosa sensación de paz invadió al vigía. <<¡Así que estabais dentro de mí, y yo os buscaba fue­ra!>>, dijo. <<¡Qué necio he sido! Ahora conozco el secre­to. Puedo irme en paz>>.


ANTE UN ELEFANTE

Un príncipe oriental, para dar una lección a sus súbditos sobre la búsqueda de Dios, hizo reunir un día a muchos ciegos. Después ordenó que se les mos­trase el mayor de sus elefantes sin decirles qué animal tenían delante. Cada ciego se acercó al elefante y le tocaron en diversas partes de su cuerpo. Al final el príncipe pregunto qué habían palpado cada uno.

EI que había tocado las piernas dijo que un tronco arrugado de un árbol.

El que había tocado la trompa, una gruesa rama nudosa. El que había tocado la cola, una serpiente desconocida. Un muro, dijo, el que había tocado el vientre. Una pequeña colina, el que había tocado el lomo.

Como no se ponían dc acuerdo entre ellos, comenzaron a discutir. El príncipe interrumpió la dis­cusión:

— << Esta pequeña muestra os hace ver cómo de las grandes cosas conocemos muy poco, y de Dios casi nada >>.

(Parábola hindú)


VER AL CREADOR

Un filosofo urgió a un anacoreta:

— << Hazme ver tu Dios >>.

El anacoreta respondió:

— << Alza los ojos y mira al cielo: Dios está allí >>.

El filósofo alzó los ojos y resultó deslumbrado por la luz del sol.

Entonces el anacoreta comentó:

— << Tú me pides ver a Dios y no eres capaz siquiera de soportar el esplendor de una criatura suya >>...

(Anónimo judío)

ADORAR AL VERDADERO CREADOR

El maestro pregunto al discípulo:

— << ¿Por qué no adoras los ídolos? >>.

El discípulo respondió:

— << Porque el fuego los quema >>.

— << Entonces adora el fuego >>.

— << En todo caso adoraría el agua, capaz de apagar el fuego >>.

— << Adora entonces el agua >>.

— << En todo caso adoraría las nubes, de las cuales proviene el agua >>.

— << Adora las nubes >>.

— << No, porque el viento es más fuerte que ellas >>.

— <>.

— << Si debiera adorar al viento, adoraría al hombre que tiene poder de soplar >>.

— << Adora entonces al hombre >>.

— << No, porque muere >>.

— << Adora la muerte >>.

— << Lo único digno de adorarse es al Dueño de la vida y de la muerte >>.

El maestro alabó la sabiduría del discípulo.

(Anónimo judío)

SOBRE DIOS...

Me jacté entre los hombres de haberte conocido... Vienen y me preguntan: << ¿Quién es? >>.

No se qué responder y les digo: << La verdad es que no lo sé >>.

Se burlan de mí y se van desdeñosos.

...Y tú sigues allí sentado, sonriendo...

He hablado de Ti en canciones perdurables, cuyo secreto brota de mi corazón. Vienen y me preguntan:

- << ¿Qué quiere decir eso? >>...

No sé que responder y digo:

- << ¿Y quién sabe lo que quiere decir? >>.

Y se ríen de mí y se van despreciándome...

Y Tu sigues allí sentado, sonriendo.

(R. Tagore)

BUSCAR A DIOS

A media noche el hombre dijo:

- << Ha llegado la hora de dejar mi casa y de buscar a Dios. ¿Quién me ha tenido engañado tanto tiempo? ...

Dios le respondió sereno:

- < He sido yo >>...

Pero el hombre nada oía. La madre dormía dulce­mente, con el niño en su pecho, a un lado de la cama del hombre. El hombre, mirándolos, dijo:

- << ¿Quiénes sois vosotros que me habéis engañado durante tanto tiempo? >>.

La voz de Dios volvió a hablar:

- << Ellos son Dios >>.

Pero el hombre nada oía... Y el niño y la madre seguían durmiendo...

Dios le dijo:

- << Detente, necio, y no dejes tu hogar >>.

Pero el hombre nada oía.

Y Dios suspiraba tristemente:

- << ¿Porqué querrá venir a mí, abandonándome?>>.

(R. Tagore)


DIOS ESTÁ EN EL HERMANO QUE TE NECESITA

Cuenta la historia de un monje, Demetrio, que un día recibió una orden tajante: debería encontrarse con Dios al otro lado de la montaña en la que vivía, antes de que se pusiera el sol. El monje se puso en marcha, montaña arriba, precipitadamente. Pero a mitad de camino se encontró a un herido que pedía socorro. Y el monje, casi sin detenerse, le explicó que no podía pararse, que Dios le esperaba al otro lado de la cima antes de que atardeciese. Le prometió que volvería en cuanto atendiese a Dios. Y continuó su precipitada marcha, horas más tarde, cuando aún cl sol brillaba en todo lo alto, Demetrio llegó a la cima de la montaña y desde allí sus ojos se pusieron a buscar a Dios. Pero Dios no estaba. Dios se había ido a ayudar al herido que horas antes se cruzó por el camino. Hay, incluso, quien dice que Dios era el mismo herido que le pidió ayuda.

(Leyenda Eslava)

(IDEAS SUELTAS)

- << Delante de ti está Dios >>.

- << ¿Y por qué no le veo? >>...

- << Por la misma razón que el borracho no ve la carretera. Trata de buscar qué es lo que te emborra­cha; sé sobrio y encontrarás a Dios >>.
*****
Ayer leímos que había muerto el mendigo con el que nos cruzábamos cada día en el templo... Lo terri­ble es que nunca se dio cuenta de que el recipiente con el que pedía limosna era de oro macizo... A él sólo le importaban las monedas...

(De conferencias escuchadas a Ary Roest)
*****

- << ¿Cómo puedo encontrar a Dios? >>, preguntó el novicio al maestro. El maestro le llevó a un torrente de agua y le sumergió la cabeza. El novicio mostraba síntomas de asfixia e intentaba por todos los medios sacar su cabeza.

- << Cuando necesites a Dios, como el aire debajo del agua, entonces 1o encontrarás >>, sentenció el maestro.

(Inspirado en Yushi Nomura)

BUSCANDO A DIOS

Dos hombres paseaban por el valle y uno, señalan­do hacia la montaña. dijo: - << ¿Ves esa ermita? Allí vive un hombre que hace ya mucho tiempo se apartó del mundo. Busca a Dios y no le interesa nada más sobre la tierra >>.

El otro hombre contesto: - << No encontrará a Dios hasta que no abandone su ermita y la soledad que lo envuelve, y regrese a nuestro mundo a compartir nuestra alegría y nuestro dolor, a bailar con nuestras muchachas en las fiestas de esponsales, y a llorar junto a aquellos que lloran alrededor del ataud de nuestros muertos >>.

El otro hombre quedó convencido, mas pese a ello, dijo: - << Concuerdo con lo que tú dices, pero creo que el ermitaño es un buen hombre. Y ¿no podría ser que un solo buen hombre con su ausencia obrara mayores bienes que la aparente bondad de tanta gente? >>.
(Gilbran Khalil)

EL MISTERIO DEL CORAZÓN HUMANO

Cuenta una leyenda que Adán pidió al señor que abriera un pozo muy hondo. Para entretener a su primera criatura humana, Dios le abrió un pozo tan pro­fundo que casi llegaba a las antípodas. Pero Adán le pidió uno aún mayor. El Señor cavó un foso dentro de las aguas marinas. Adán pedía todavía uno mayor... Dios, cansado del juego caprichoso, le dijo: “No quiero seguir prestándome a este juego. Si quie­res buscar el pozo más profundo que existe, asómate a tu corazón; no encontrarás en él fondo.. .hasta que no descanse en mi”.

(Anónimo judío)


EL VALOR DE LA VIDA ESPIRITUAL

A un maestro en oración le preguntaron por qué se necesitaba orar. El maestro respondió: para poder apreciar las cosas que sólo se ven con los ojos del corazón. Las estrellas no se ven durante el día, pero eso no significa que no existan. En la leche hay mantequilla, pero ¿cómo adivinarlo sólo con verla? Para obtener mantequilla hay que batir la leche en un lugar fresco. Así, para llegar a la visión de Dios, hay que practicar las disciplinas mentales; para poder verle no basta con desearlo. A Dios sólo se llega cuando le preparamos el camino para que Él se manifieste. La realidad transparenta al Señor pero hay que estar despier­tos y preparados para contemplar su presencia.

(Inspirado en E. Pilkington)
(IDEAS SUELTAS)

- Al maestro le pedían que hablara a la gente importante y rica que se había reunido en el monaste­rio. Pero el maestro sentencio: - << Si no les inspira mi silencio, mucho menos les inspiraran mis palabras >>.

(Inspirado en Yushi Nomura)

EL VIEJO OPTIMISTA

Un viejo trabajaba en la leña, plantando palmeras y cedros. Le dijeron:

  • << ¿Por qué trabajas siendo tan viejo? >>... << Estás plan­tando árboles de los que ni gozarás su sombra, ni comerás sus frutos >>.

El viejo respondió sonriendo:

- << Si el Señor me considera digno, comeré y des­cansaré a su sombra. Si no, como mis padres trabajaron para mí, yo trabajo para mis hijos >>.

(Anónimo judío)

VIVIR EN LA VERDAD

Un discípulo, con fama de buen y brillante pre­dicador pero de dudosa vida moral, visitó a un maestro. Quería avanzar en la sabiduría y en la vida espiritual. El maestro, en su presencia, escri­bió una carta de recomendación para otro maestro. Se la entregó cerrada. Cuando el discípulo llegó a su presencia, el segundo maestro abrió la carta y leyó en alta voz: “EI portador de esta carta ha vivi­do hasta ahora en la mentira. No sabe lo que es la experiencia de Dios ni la verdadera sabiduría. Su corazón está reseco por la vanidad”. El discípulo estallo en sollozos. “¿Es falso lo que aquí se escri­be?”. Preguntó el maestro.

- “No, no lo es”, replicó el discípulo. Y aquel discípulo pronto llegó a ser un verdadero maestro.

(Sobre una idea de E. Wiesel)
NARADA
El sabio indio Narada partió en peregrinación hacia el templo del Señor Vishná. Una noche se detuvo en una aldea y le dieron asilo en la choza de una pobre pareja. A la mañana siguiente, antes de que marchara, el hombre le dijo a Narada: «Ya que vas a ver al Señor Vishná, pídele que nos conceda un hijo a mi mujer y a mí porque son muchos años ya los que llevamos sin descendencia».

Cuando Narada llegó al templo, dijo al Señor:

«Aquel hombre y su mujer fueron muy amables conmigo. Ten compasión de ellos y dales un hijo». El Señor de un modo terminante, le replicó: «En el destino de ese hombre no está el tener hijos». De modo que Narada, una vez hechas sus devociones, regresó a casa.

Cinco años más tarde emprendió la misma peregrinación y se detuvo en la misma aldea, siendo hospedado una vez más por la misma pareja. Pero en esta ocasión había dos niños jugando a la entrada de la choza.

«¿De quién son estos niños?», preguntó Narada. «Míos», respondió el hombre.

Narada quedó desconcertado. Y el hombre prosiguió: «Hace cinco años, poco después de que tú te marcharas, llegó a nuestra aldea un santo mendigo. Nosotros le dimos hospedaje aquella noche. Y a la mañana siguiente, antes de partir nos bendijo a mi mujer y a mí... y el Señor nos ha dado estos dos hijos».

Cuando Narada lo oyó, no pudo esperar más y marchó inmediatamente al templo del Señor Vishnú. Una vez allí, gritó desde la misma entrada del templo: «¿No me dijiste que no estaba en el destino de aquel hombre el tener hijos? ¿Cómo es que ahora tiene dos?».

Cuando el Señor le oyó, rió sonoramente y dijo: «Debe de haber sido cosa de un santo. Los santos tienen el poder de cambiar el destino».


LA TIENDA DE LA VERDAD

No podía dar crédito a mis ojos cuando vi el nombre de la tienda: LA TIENDA DE LA VERDAD. Así que allí vendían verdad.

La correctísima dependienta me preguntó qué clase de verdad deseaba yo comprar: verdad parcial o verdad plena. Respondí que, por supuesto, verdad plena. No quería fraudes, ni apologías, ni racionalizaciones. Lo que deseaba era mi verdad desnuda, clara y absoluta. La dependienta me condujo a otra sección del establecimiento en la que se vendía la verdad plena.

El vendedor que trabajaba en aquella sección me miró compasivamente y me señaló la etiqueta en la que figuraba el precio. «El precio es muy elevado, señor», me dijo. «¿Cuál es?», le pregunté yo, decidido a adquirir la verdad plena a cualquier precio. «Si usted se la lleva», me dijo, «el precio consiste en no tener ya descanso durante el resto de su vida».

Salí de la tienda entristecido. Había pensado que podría adquirir la verdad plena a bajo precio. Aún no estoy listo para la Verdad. De vez en cuando ansío la paz y el descanso. Todavía necesito engañarme un poco a mí mismo con mis justificaciones y mis racionalizaciones. Sigo buscando aún el refugio de mis creencias incontestables.

CAMBIAR YO PARA QUE CAMBIE EL MUNDO
El sufí Bayazid dice acerca de sí mismo:

«De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: ‘Señor dame fuerzas para cambiar el mundo’». «A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: ‘Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho».

«Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que yo he sido. Mi única oración es la siguiente: ‘Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo’. Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida».

VUELO NOCTURNO

Una noche, un avión cruzaba el océano Atlántico. Los pasajeros estaban disfrutando de la cena, se escuchaba una música suave y la at­mósfera era relajada y serena. De pronto, los sistemas de comunicación y dirección dcl aparato fallaron y el panel se quedó en blanco.

El ingeniero de vuelo no pudo reparar la avería. El piloto se sintió presa del pánico. ¿Cómo iba a conse­guir llegar a su destino? Estaba sobrevolando el océano en una noche oscura sin señales que le guiaran. Pidió a la azafata que averiguara si entre los pasajeros había algún experto en electrónica.

Después de unos instantes de ansiedad, entró un pasajero en la cabina

<<¿Es usted experto en electrónica?>>, preguntó el piloto.

<>, respondió el pasajero. <>.

<>, preguntó el piloto.

<>, indicó el pasajero.

El piloto grito furioso: <<¡Si no sabe nada de electrónica, salga de la cabina. No me sirve!>>.

El pasajero dijo serena y cortésmente: <>.

<<¿Es que no lo ve por sí mismo?>>, saltó destemplado el piloto. < sabemos d6nde estamos. Nos encontramos perdidos sobre el océano en medio de la noche>>.

<>, dijo el pasajero. < No ha fallado nunca en el pasado ni fallará en el futuro>>.

El piloto clavó en él su mirada incrédulo. <<¿De qué está hablando?>>, preguntó.

<>, repuso el extraño. <>.

El pasajero, una persona de aspecto corriente era astrónomo. Se sentó junto al piloto con el mapa en su regazo y los ojos clavados en el cielo. Firme y hábilmente, dirigió el vuelo del piloto.

Al amanecer cl avión aterrizaba puntual en su des­tino.

SOBRE EL ENAMORAMIENTO

Eran dos jóvenes que vivían de espaldas uno al otro. En medio de ellos nació una flor. Una flor her­mosa, única. Contemplando la flor nació el encuen­tro... Mirándose se olvidaron de contemplar la flor. La flor murió. Al cabo de un tiempo, cansado el uno del otro, se preguntaron por qué y cómo se habían encontrado... Cuando observaron la flor muerta, murió igualmente su encuentro.

(R. Berzosa)

LAS LEYES DE LA COMUNICACIÓN

Aquel joven era consciente de la importancia de la comunicación, y al mismo tiempo sabía lo difícil que resultaba entrar en comunicación con la otra persona; sin embargo sentía la necesidad de la misma para «poder ser persona».

Por ello un día se dirigió al sabio del lugar a pregun­tarle:

- << ¿Cuál es el secreto de la auténtica comunica­ción? >>

- << Entra primero en el silencio para conocerte >>.

Después de un tiempo, el joven regresó contento a buscar al sabio:

- <>

- << Ahora -repuso el sabio- te queda lo más impor­tante: salir de ti mismo y ponerte en el lugar del otro. Sólo entonces sabrás comunicarte >>.
(Sobre una idea de Vidal Ayala)

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