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DIDÁCTICA DEL TEATRO I

Una Didáctica para la enseñanza del Teatro en los diez años de escolaridad obligatoria


ESTER TROZZO

LUIS SAMPEDRO

Colaboración: SARA TORRES


Colección TEATRO Y PEDAGOGIA - Instituto Nacional del Teatro - 2004

INDICE
PRÓLOGO
INTRODUCCIÓN
1. EL TEATRO COMO CONTENIDO EN EL ÁMBITO DE LA EDUCACIÓN FORMAL. ANTECEDENTES
2. APRENDIZAJES TEATRALES EN LA ESCUELA. CARACTERIZACIÓN
3. UN MARCO PEDAGÓGICO DIDÁCTICO PARA ESTA NOVEDAD CURRICULAR
4. ALGUNOS RECORRIDOS METODOLÓGICOS
5. BANCO DE EJERCICIOS
6. BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
La coordinación de la producción, la selección y el ajuste de los trabajos de diferentes autores con los que se conforma este libro, estuvo a cargo de la Profesora Ester Trozzo de Servera



PROLOGO



El teatro: un camino hacia el cambio
Es muy difícil decir cuál es la función (del artista en estos tiempos), lo cierto es que la experiencia teatral nos invita a ensayar de alguna manera la otra realidad, y esa otra realidad es importante porque uno puede ensayar una posibilidad de cambio. Asistir al teatro y ver ensayada la posibilidad de cambio, en una de esas me invita y me conmueve, en el sentido de moverme a ser partícipe del cambio”.

Los Andes, 29 de abril de 2002- Arístides Vargas
Las palabras que encabezan este prólogo fueron dichas por el autor, director y actor de teatro argentino Arístides Vargas, en una entrevista realizada por el diario Los Andes en abril de 2002. En esos momentos la Argentina atravesaba por una crisis estructural y no se hablaba de otra cosa que de ella. Todos sentíamos que nos hundíamos y buscábamos de qué asirnos, en qué creer, algún atisbo que nos permitiera tener esperanzas de que era posible salir de la situación en la que estábamos. Entonces, Arístides Vargas, proponía el teatro como un camino para el cambio. El me hizo tomar conciencia del valor del teatro como una estrategia para producir ciertos cambios en las personas, cualquiera fuera su edad, condición social o nivel de escolaridad en que se encuentre.
Durante mi largo y variado trabajo profesional, fui guardando testimonios de padres y alumnos, referidos a sus experiencias educativas. De ese archivo, he seleccionado lo que sigue:
“ Mi hija tiene 10 años y tuvo por primera vez clases de teatro en la escuela. Luego de un semestre de concurrencia, he notado que ha mejorado su capacidad de comunicación, tanto en la familia como en la escuela. Ahora es capaz de hablar de sus estados de ánimo, de sus afectos y también de su tristeza cuando la siente. La veo más espontánea, liberada y desinhibida”.
“ Mi hijo está en tercer año de la EGB. Cuando comenzaron sus clases de teatro, no estaba segura de que le gustara por ser varón. Sin embargo se enganchó y en poco tiempo, ha mejorado su autoestima, ha logrado mayor seguridad personal, noto que habla mejor y ha comenzado a sentir un interés especial por la lectura”.
Pero no sólo los niños, también jóvenes y adultos logran superar dificultades personales y modificar aspectos de su personalidad. De los talleres sobre “Juego Teatral” que organizábamos con Ester Trozzo en el Instituto del Profesorado Técnico del CONET, recuerdo algunos resultados. Al finalizar, los alumnos que generalmente eran técnicos, reconocían que el teatro les había servido para perder el temor al ridículo, para animarse a manifestar sus sentimientos, para descubrir aspectos interiores de su personalidad desconocidos por ellos mismos, para aprender a leer los gestos de los otros, e interpretar mejor lo que les pasaba.
¿Cómo no estar convencida de la importante misión que tiene el teatro en la educación tanto de los niños y adolescentes como de los adultos?
Ahora que la Reforma Educativa ha incluído explícitamente los contenidos actitudinales, en el mismo nivel de importancia que los procedimentales y los conceptuales, yo me pregunto: ¿ qué otro espacio curricular podría ser más indicado que el lenguaje teatral para desarrollar contenidos actitudinales como la tolerancia, la aceptación de la diversidad, la no discriminación y el respeto por las opiniones ajenas?.
Es en el juego teatral donde los alumnos pueden ensayar diversas posibilidades y representar situaciones que les permitan comprender el punto de vista de los otros y tener que comprometerse con el rol que desempeñan.
Convengamos que no es igual que se les dé el concepto de discriminación, que se les hable del perjuicio que la misma ocasiona a la persona discriminada, que se enuncien los derechos humanos y se hable de la dignidad de la persona, a que le toque”jugar” el rol de una persona discriminada y vivenciar las consecuencias afectivas, personales y sociales de la misma. Seguramente esta actividad le llevará a conmoverse ante la situación y ayudará a producir ese click interior necesario para el cambio que lo conduzca a tomar la decisión de no discriminar.
Lo mismo podríamos decir de tantos otros contenidos actitudinales simples como la solidaridad, el repeto a las normas, saber escuchar y otros más complejos como la cooperación como alternativa a la competencia que genera el individualismo y la conformación de una identidad personal a partir de la elección de modelos de vida positivos que ayuden a construir un proyecto de vida.
Por ello, celebro la existencia de este libro que con su sola publicación valoriza al teatro y su enseñanza en la escuela. Celebro también que dé valor a la didáctica como instrumento de mediación, para capacitar a los docentes que enseñan. Celebro que lo hayan escrito docentes del interior del país, basados en sus experiencias de trabajo en las escuelas. Basta recorrer los estantes de nuestras bibliotecas para comprobar que hay muy pocos libros de autores mendocinos sobre temas educativos.
En cuanto a sus autores, Ester Trozzo, la coordinadora de la obra, es una mujer de fuertes convicciones. Apasionada por el teatro y con una vocación firme y clara por la educación. En Mendoza ha sido una precursora de la enseñanza del teatro en las escuelas. Tiene una larga y sólida experiencia de trabajo con niños, jovenes y adultos dentro del sistema formal como del no formal de enseñanza. Es también formadora de formadores en la Facultad de Artes y Diseño y otras instituciones superiores de formación. Recorrió toda la provincia llevando el teatro a diversos ámbitos. Su trayectoria no se limita al ejercicio de la docencia, sino también a otros ámbitos como el de la elaboración de curriculum, asesoramiento, y es también dramaturga.

Fruto de su minucioso trabajo de recopilación y sistematizacion de testimonios y experiencias y de una constante reflexión sobre los factores que intervienen en el proceso educativo, es este libro.
Me parece importante decir, que estas páginas no son un manual de funciones y normativas que indican los pasos a seguir para dar bien una clase. Si bien la didáctica tiene algo de normatividad, como su título dice, el libro es de “propuestas” didácticas. Sabemos que el teatro no puede ser encorsetado en normas y principios rígidos.
El libro contiene algunos aspectos teóricos que ayudan a conocer la historia del teatro en la educación y su ubicación en el curriculum escolar y una propuesta metodológica centrada en el testimonio de la experiencia de sus autores. Ellos dan cuenta de cómo hacer y de los resultados obtenidos a la vez que sugieren técnicas a utilizar y modos de trabajar que nos sirven para elaborar un plan o nuestro propio camino para enseñar teatro. El libro incluye al final un Banco de ejercicios, que si bien no aseguran el aprendizaje, lo posibilitan y que el docente puede tener en cuenta al programar sus estrategias de clases, atendiendo a la progresión y alcance en su desarrollo.
Me parece importante insistir que los autores no imponen un modelo ni un patrón organizador sino que aportan infinitas sugerencias de actividades que respetan las características de los alumnos de cada curso, el diseño curricular y tienen en cuenta permanentemente la integración con los otros espacios curriculares sugiriendo muchas veces la posibilidad de que la experiencia teatral sea un aprendizaje transversal. Por tanto el profesor de teatro, debe sentirse libre para seleccionar los contenidos y actividades y utilizar su ingenio y creatividad para armar su propio itinerario de clase.
Para terminar, me gustaría retomar la idea de Arístides Vargas. La lectura de este libro, la elaboración de planes de clases, la aceptación de sugerencias de sus autores, la repetición de sus experiencias, todo esto no servirá para nada en el momento de enseñar teatro a nuestros alumnos, si no estamos convencidos del valor de la actividad teatral como un valioso instrumento para provocar cambios y crecimiento en las personas.

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