Ya que de la esperanza para la vida mía






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títuloYa que de la esperanza para la vida mía
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Antología poética
de Rosalía de Castro

En las orillas del Sar

1
Ya que de la esperanza para la vida mía

triste y descolorido ha llegado el ocaso,

a mi morada oscura, desmantelada y fría

tornemos paso a paso,

porque con su alegría no aumente mi amargura

la blanca luz del día.

Contenta el negro nido busca el ave agorera,

bien reposa la fiera en el antro escondido,

en su sepulcro el muerto, el triste en el olvido,

y mi alma en su desierto.
2
Era apacible el día

y templado el ambiente,

y llovía, llovía,

callada y mansamente;

y mientras silenciosa

lloraba yo y gemía,

mi niño, tierna rosa,

durmiendo se moría.
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!

Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía!
Tierra sobre el cadáver insepulto

antes que empiece a corromperse..., ¡tierra!

Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,

bien pronto en los terrones removidos

verde y pujante crecerá la hierba.
¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,

torvo el mirar, nublado el pensamiento?

¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!

Jamás el que descansa en el sepulcro

ha de tornar a amaros ni a ofenderos.
¡Jamás! ¿Es verdad que todo

para siempre acabó ya?

No, no puede acabar lo que es eterno,

ni puede tener fin la inmensidad.
Tú te fuiste por siempre; mas mi alma

te espera aún con amoroso afán,

y vendrás o iré yo, bien de mi vida,

allí donde nos hemos de encontrar.

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas

que no morirá jamás,

y que Dios, porque es justo y porque es bueno,

a desunir ya nunca volverá.
En el cielo, en la tierra, en lo insondable

yo te hallaré y me hallarás.

No, no puede acabar lo que es eterno,

ni puede tener fin la inmensidad.
Mas... es verdad, ha partido

para nunca más tornar.

Nada hay eterno para el hombre, huésped

de un día en este mundo terrenal

en donde nace, vive y al fin muere,

cual todo nace, vive y muere acá.
3
Un manso río, una vereda estrecha,

un campo solitario y un pinar,

y el viejo puente rústico y sencillo

completando tan grata soledad.
¿Qué es soledad? Para llenar el mundo

basta a veces un solo pensamiento.

Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras

el puente, el río y el pinar desiertos.
No son nube ni flor los que enamoran;

eres tú, corazón, triste o dichoso,

ya del dolor y del placer el árbitro

quien seca el mar y hace habitable el polo.
4
Moría el sol, y las marchitas hojas

de los robles, a impulso de la brisa,

en silenciosos y revueltos giros

sobre el fango caían:

ellas, que tan hermosas y tan puras

en el abril vinieran a la vida.
Ya era el otoño caprichoso y bello.

¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!

Pues en la tumba de las muertas hojas

vieron sólo esperanzas y sonrisas.
Extinguióse la luz: llegó la noche

como la muerte y el dolor, sombría;

estalló el trueno, el río desbordóse

arrastrando en sus aguas a las víctimas;

y murieron dichosas y contentas...

¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!
5
Sedientas las arenas, en la playa

sienten del sol los besos abrasados,

y no lejos, las ondas, siempre frescas,

ruedan pausadamente murmurando.

Pobres arenas, de mi suerte imagen:

no sé lo que me pasa al contemplaros,

pues como yo sufrís, secas y mudas,

el suplicio sin término de Tántalo.1

Pero ¿quién sabe?... Acaso luzca un día

en que, salvando misteriosos límites,

avance el mar y hasta vosotras llegue

a apagar vuestra sí inextinguible.

¡Y quién sabe también si tras de tantos

siglos de ansias y anhelos imposibles,

saciará al fin su sí el alma ardiente

donde beben su amor los serafines!
6

IV
Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra

cariñosa a la escueta montaña,

donde un tiempo la gaita guerrera

alentó de los nuestros las almas,

y compás hizo al eco monótono

del canto materno,

del viento y del agua,

que en las noches de invierno al infante

en su cuna de mimbre arrullaban.

Que tan bello apareces, ¡oh roble!,

de este suelo en las cumbres gallardas

y en las suaves graciosas pendientes

donde umbrosas se extienden tus ramas,

como en rostro de pálida virgen

cabellera ondulante y dorada,

que en lluvia de rizos,

acaricia la frente de nácar.
¡Torna presto a poblar nuestros bosques;

y que tornen contigo las hadas

que algún tiempo a tu sombra tejieron,

del héroe gallego

las frescas guirnaldas!
7
Alma que vas huyendo de ti misma,

¿qué buscas, insensata, en las demás?

Si secó2 en ti la fuente del consuelo,

secas todas las fuentes has de hallar.

¡Que hay en el cielo estrellas todavía,

y hay en la tierra flores perfumadas!

¡Sí!..., mas no son ya aquellas

que tú amaste y te amaron, desdichada.

8
Ya siente que te extingues en su seno,

llama vital que dabas

luz a su espíritu, a su cuerpo fuerzas,

juventud a su alma.
Ya tu calor no templará su sangre,

por el invierno helada,

ni harás latir su corazón, ya falto

de aliento y de esperanza.
Mudo, ciego, insensible,

sin goces ni tormentos,

será cual astro que apagado y solo

perdido va por la extensión del cielo.

9
Cenicientas las aguas, los desnudos

árboles y los montes cenicientos;

parda la bruma que los vela y pardas

las nubes que atraviesan por el cielo,

triste, en la tierra, el color gris domina

¡el color de los viejos!
De cuando en cuando de la lluvia el sordo

rumor suena, y el viento

al pasar por el bosque

silba o finge lamentos

tan extraños, tan hondos y dolientes

que parece que llaman por los muertos.
Seguido del mastín, que helado tiembla,

el labrador, envuelto

en su capa de juncos, cruza el monte;

el campo está desierto,

y tan sólo en los charcos que negrean

del ancho prado entre el verdor intenso

posa el vuelo la blanca gaviota,

mientras graznan los cuervos.
Yo desde mi ventana

que azotan los airados elementos,

regocijada y pensativa escucho

el discorde concierto

simpático a mi alma...

¡Oh, mi amigo el invierno!,

mil y mil veces bien venido seas,

mi sombrío y adusto compañero.

¿No eres acaso el precursor dichoso

del tibio mayo y del abril risueño?
¡Ah, si el invierno triste de la vida,

como tú de las flores y los céfiros

también precursor fuera de la hermosa

y eterna primavera de mis sueños...

10
En sus ojos rasgados y azules

donde brilla el candor de los ángeles,

ver creía la sombra siniestra

de todos los males.
En sus anchas y negras pupilas

donde luz y tinieblas combaten,

ver creía el sereno y hermoso

resplandor de la dicha inefable.
Del amor espejismos traidores,

risueños, fugaces...,

cuando vuestro fulgor sobrehumano

se disipa... ¡qué densas, qué grandes

son las sombras que envuelven las almas

a quienes con vuestros reflejos cegasteis!
11
En el alma llevaba un pensamiento,

una duda, un pesar,

tan grandes como el ancho firmamento,

tan hondos como el mar.
De su alma en lo más árido y profundo

fresca brotó de súbito una rosa,

como brota una fuente en el desierto,

o un lirio entre las grietas de una roca.
12
Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,

ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros:

lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso

de mí murmuran y exclaman: –Ahí va la loca, soñando

con la eterna primavera de la vida y de los campos,

y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,

y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
–Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,

mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,

con la eterna primavera de la vida que se apaga

y la perenne frescura de los campos y las almas,

aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,

sin ellos, ¿cómo admiraros, ni cómo vivir sin ellos?
13
A LA LUNA

I

¡Con qué pura y serena transparencia

brilla esta noche la luna!

A imagen de la cándida inocencia,

no tiene mancha ninguna.
De su pálido rayo la luz pura

como lluvia de oro cae

sobre las largas cintas de verdura

que la brisa lleva y trae.
Y el mármol de las tumbas ilumina

con melancólica lumbre,

y las corrientes de agua cristalina

que bajan de la alta cumbre.
La lejana llanura, las praderas,

el mar de espuma cubierto

donde nacen las ondas plañideras,

el blanco arenal desierto,
la iglesia, el campanario, el viejo muro,

la ría en su curso varia,

todo lo ves desde tu cénit puro,

casta virgen solitaria.

14
LAS CAMPANAS
Yo las amo, yo las oigo

cual oigo el rumor del viento,

el murmurar de la fuente

o el balido del cordero.
Como los pájaros, ellas,

tan pronto asoma en los cielos

el primer rayo del alba,

le saludan con sus ecos.
Y en sus notas, que van repitiéndose

por los llanos y los cerros,

hay algo de candoroso,

de apacible y de halagüeño.
Si por siempre enmudecieran,

¡qué tristeza en el aire y en el cielo!,

¡qué silencio en las iglesias!,

¡qué extrañeza entre los muertos!
15
En la altura los cuervos graznaban,

los deudos gemían en torno del muerto,

y las ondas airadas mezclaban

sus bramidos al triste concierto.
Algo había de irónico y rudo

en los ecos de tal sinfonía;

algo negro, fantástico y mudo

que del alma las cuerdas hería
Bien pronto cesaron los fúnebres cantos,

esparcióse la turba curiosa,

acabaron gemidos y llantos

y dejaron al muerto en su fosa.
Tan sólo a lo lejos, rasgando la bruma,

del negro estandarte las orlas flotaron,

como flota en el aire la pluma

que al ave nocturna los vientos robaron.


16
Aún otra amarga gota en el mar sin orillas

donde lo grande pasa deprisa y lo pequeño

desaparece o se hunde, como piedra arrojada

de las aguas profundas al estancado légamo.3
Vicio, pasión, o acaso enfermedad del alma,

débil a caer vuelve siempre en la tentación.

Y escribe como escriben las olas en la arena,

el viento en la laguna y en la neblina el sol.
Mas nunca nos asombra que trine o cante el ave,

ni que eterna repita sus murmullos el agua;

canta, pues, ¡oh poeta!, canta, que no eres menos

que el ave y el arroyo que armonioso se arrastra.
17
No va solo el que llora,

no os sequéis, ¡por piedad!, lágrimas mías;

basta un pesar del alma;

jamás, jamás le bastará una dicha.
Juguete del Destino, arista humilde,

rodé triste y perdida;

pero conmigo lo llevaba todo:

llevaba mi dolor por compañía.
18
Hora tras hora, día tras día,

entre el cielo y la tierra que quedan

eternos vigías,

como torrente que se despeña

pasa la vida.
Devolvedle a la flor su perfume

después de marchita;

de las ondas que besan la playa

y que una tras otra besándola expiran

recogí los rumores, las quejas,

y en planchas de bronce grabad su armonía.
Tiempos que fueron, llantos y risas,

negros tormentos, dulces mentiras,

¡ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,

en dónde, alma mía?
Cantares gallegos

19
Campanas de Bastabales,4

cando vos oio tocar,

mórrome de soidades.
I
Cando vos oio tocar,

campaniñas, campaniñas,

sin querer torno a chorar.
Cando de lonxe vos oio,

penso que por min chamades,

e das entrañas me doio.
Dóiome de dor ferida,

que antes tiña vida enteira

i hoxe teño media vida.
Sólo media me deixaron

os que de aló5 me trouxeron,

os que de aló me roubaron.
Non me roubaron, traidores,

¡ai!, uns amores toliños,6

¡ai!, uns toliños amores.
Que os amores xa fuxiron,

as soidades viñeron...

De pena me consumiron.


II
Aló7 pola mañanciña

subo enriba dos outeiros

lixeiriña, lixeiriña.

Como unha craba lixeira,

para oír das campaniñas

a batalada pirmeira.
A pirmeira da alborada,

que me traen os airiños

por me ver máis consolada.
Por me ver menos chorosa,

nas súas alas ma traen

rebuldeira8 e queixumbrosa.
Queixumbrosa e retembrando

por antre a verde espesura,

por antre o verde arborado.
E pola verde pradeira,

por riba da veiga llana,

rebuldeira e rebuldeira.


III
Paseniño,9 paseniño,

vou pola tarde calada

de Bastabales camiño.
Camiño do meu contento;

i en tanto o sol non se esconde,

nunha píriña me sento.
E sentada estóu mirando

cómo a lúa vai saíndo,

cómo o sol se vai deitando.10
Cál se deita, cál se esconde

mentras tanto corre a lúa

sin saberse para dónde.
Para dónde vai tan soia,

sin que aos tristes que a miramos

nin nos fale nin nos oia.

Que si oíra e nos falara,

moitas cousas lle dixera,

moitas cousas lle contara.

IV
Cada estrela, o seu diamante;

cada nube, branca pruma;11

triste a lúa marcha diante.12
Diante marcha crarexando13

veigas, prados, montes, ríos,

donde o día vai faltando.
Falta o día, e noite escura

baixa, baixa, pouco a pouco,

por montañas de verdura.
De verdura e de follaxe,

salpicada de fontiñas

baixo a sombra do ramaxe.
Do ramaxe donde cantan

paxariños piadores

que ca14 aurora se levantan.
Que ca noite se adormecen

para que canten os grilos

que cas sombras aparecen.

V
Corre o vento, o río pasa.

Corren nubes, nubes corren

camiño da miña casa.

Miña casa, meu abrigo;

vanse todos,15 eu me quedo

sin compaña nin amigo.

Eu me quedo contemprando

as laradas16 das casiñas

por quen vivo suspirando.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Ven a noite..., morre o día,

as campanas tocan lonxe

o tocar da Ave María.
Elas tocan pra que rece;

eu non rezo, que os saloucos17

afogándome parece

que por min tén que rezar.

Campanas de Bastabales,

cando vos oio tocar,

mórrome de soidades.

20
Adiós ríos; adiós fontes;

adiós, regatos pequenos;

adiós, vista dos meus ollos;

non sei cándo nos veremos.
Miña terra, miña terra,

terra donde me eu criéi,

hortiña que quero tanto

figueiriñas que prantéi,
prados, ríos, arboredas,

pinares que move o vento,

paxariños piadores,

casiña do meu contento,
muíño18 dos castañares,

noites craras de luar,19

campaniñas trimbadoras

da igrexiña do lugar,


amoriñas das silveiras20

que eu lle daba ó21 meu amor,

camiñiños antre o millo,22

¡adiós, para sempre adiós!
¡Adiós groria! ¡Adiós contento!

¡Deixo a casa onde nacín,

deixo a aldea que conoso

por un mundo que non vin!
Deixo amigos por extraños,

deixo a veiga polo mar,

deixo, en fin, canto ben quero...

¡Quén pudera no o deixar...!

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Mais son probe e, ¡mal pecado!,

a miña terra n’é23 miña,

que hastra lle dan de prestado

a beira por que camiña

ó que nacéu desdichado.
Téñovos,24 pois, que deixar,

hortiña que tanto améi,

fogueiriña do meu lar,

arboriños que prantéi,

fontiña do cabañar.25
Adiós, adiós que me vou,

herbiñas do camposanto

donde meu pai se enterróu,

herbiñas que biquéi26 tanto,

terriña que vos crióu.
Adiós, Virxe da Asunción,

branca como un serafín:

lévovos no corasón;

pedídelle27 a Dios por min,

miña Virxe da Asunción.
Xa se oien lonxe, moi lonxe,

as campanas do Pomar;

para min, ¡ai!, coitadiño,28

nunca máis han de tocar.
Xa se oien lonxe, máis lonxe...

Cada balada é un dolor;

voume soio, sin arrimo...29

Miña terra, ¡adiós!, ¡adiós!
¡Adiós tamén, queridiña...!

¡Adiós, por sempre quizáis...!

Dígoche30 este adiós chorando

desde a beiriña do mar.
Non me olvides, queridiña,

si morro de soidás...31

Tantas légoas mar adentro...

¡Miña casiña!, ¡meu lar!


1 Tántalo, personaje de la mitología griega fue castigado a padecer hambre y sed eternas. Fue obligado a permanecer en un lago con el agua hasta el cuello y con árboles frutales al alcance de la mano. Cuando intentaba beber, las aguas descendían; y, del mismo modo, si alargaba la mano para coger algún fruto, los árboles se retiraban. Así pues, Rosalía se identifica con Tántalo, condenada, como él, a sufrir una sed eterna.

2 En castellano, el verbo secar presenta una construcción reflexiva (se secó); sin embargo, en gallego tiene una construcción transitiva.


3 Légamo: cieno, lodo o barro pegajoso.


4 Bastabales es una parroquia del ayuntamiento de Brión, perteneciente al partido judicial de Negreira. Su iglesia está en un otero y tiene un campanario alto, por lo que no es difícil que se oigan de lejos.


5 Aló: allá. Tiene el matiz de lejanía con relación a la persona que habla.


6 Toliños: loquitos. Diminutivo de tolo, loco.


7 En este caso, aló no indica lugar, sino un tiempo impreciso con relación al momento en que se habla.


8 Rebuldeira: retozona, juguetona.


9 Paseniño: poco a poco.


10 Se vai deitando: se va acostando. Se va poniendo.


11 Branca pruma: blanca pluma.


12 Diante: delante.


13 Crarexando: clareando. Obsérvese cómo los grupos consonánticos gallegos cr, br, pr, gr, equivalen a los castellanos cl, bl, pl, gl.


14 Ca: con la. En gallego normativo actual, coa, contracción de con + a.


15 Posible alusión al tema de la emigración.


16 Laradas: hogueras.


17 Saloucos: suspiros, sollozos.


18 Muíño: molino.


19 Luar: luz o resplandor de la luna.


20 Amoriñas das silveiras: moritas de las zarzas.

21 Ó: al. Es contracción de a + o. Obsérvese que el gallego lleva artículo delante del posesivo.


22 Antre o millo: entre el maíz.


23 N’é: no es. En gallego normativo actual, non é.


24 Téñovos: os tengo.


25 Cabañar: cabaña rústica.


26 Biquei: besé. Del verbo bicar, besar.


27 Pedídelle: pedidle.


28 Coitadiño: diminutivo de coitado, apenado, afligido, desdichado, infeliz.


29 Arrimo: amparo, ayuda, auxilio o apoyo de una persona.


30 Dígoche: dígote, te digo.


31 Soidás: soledades. De soidade: soledad, circunstancia de estar solo; sentimiento provocado por esa sensación. Saudade, conciencia de que la soledad es esencia de la persona. La vida es un ser en soledad.



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