El amor está por encima del temor






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ANGELUS SILESIUS

EL PEREGRINO QUERUBÍNICO



I, 001: El amor está por encima del temor.

TEMER a Dios es muy bueno, pero mejor es amar:

Aún mejor, elevarse a Él por encima del amor.

II, 002: El amor es un imán.

EL amor es un imán, me atrae a Dios,

Y lo que es aún más, arrastra a Dios a la muerte.
I, 003: El hombre en Dios, Dios en el hombre.

SI soy el hijo de Dios, quien puede verlo,

Contempla al hombre en Dios, y a Dios en el hombre.

II, 004: El eterno Sí y No.

DIOS dice siempre sólo Sí*); el diablo dice no:

Por eso tampoco puede ser Uno y Sí con Dios.

*) Alusión al nombre de Dios. Aproximación entre el alemán ›Ja‹, ‹Sí›, y el hebreo ‹Yah›, que es uno de los nombres bíblicos de Dios.

Sí: »Ja«, esto es: I A H, alusión al nombre de Dios en hebreo: IAH [IAHWE, IAHWE(H)], formado a partir de las consonantes Jhwh del texto hebreo –originalmente avocálico– y los signos vocálicos de adonai (‹mi Señor›). Cf. notas a II, 249.

La llamada en la ed. de 1675 dice: »allusio ad Nomen Dei Ebraicum I A H.«
II, 005: La luz no es Dios mismo.

LA luz es la veste del Señor; si te falta la luz,

Sabe, que no te falta aún Dios mismo.

II, 006: Nada es el mejor consuelo.

NADA es el mejor consuelo. Si Dios retira su brillo,

Debe la mera nada ser tu consuelo en el desconsuelo.

I, 007: La verdadera luz.

DIOS es la verdadera luz, lo que tienes no es más que resplandor,

Si no lo tienes a Él, la luz de las luces.

II, 008: Con el silencio se aprende.

CALLA, bienamado, calla: si puedes hacerme un silencio perfecto,

Te dispensará Dios un bien mayor del que tú deseas.

II, 009: La mujer sobre la luna.*)

¿QUÉ meditas tan profundamente? la mujer vestida del sol,

Con la luna bajo sus pies, tiene que ser tu alma.

*) en el Apocal.

II, 010: La esposa es lo más encantador.

DI lo que quieras: pero la esposa es el niño más encantador,

Que uno encuentra en el seno y en los brazos de Dios.

II, 011: La mejor seguridad.

DUERME, alma mía, duerme: pues en las heridas del Amado,

Has hallado la seguridad y la quietud perfecta.

Duerme, alma mía, duerme…: exhortación al sueño místico, ‹sopor mysticus, somnus mysticus›, según Sandæus.
II, 012: La virginidad.

¿QUÉ es la virginidad? pregunta qué es la divinidad:

Más si conoces la pureza, conoces a las dos.

II, 013: La divinidad y la virginidad.

LA divinidad está tan emparentada con la virginidad,

Que sin ella, no es reconocida por divinidad.

II, 014: Quien sólo una cosa ama, es esposa.

EL alma que nada sabe, nada quiere, nada ama, más que una cosa,

Debe ser hoy mismo la esposa del Esposo eterno.

II, 015: La pobreza mística.

¿QUIÉN es un hombre pobre? El que desorientado y desvalido,

No tiene criatura, ni Dios, ni cuerpo, ni alma.

II, 016: El sitial de Dios.

HOMBRE si no eres tan vasto como la divinidad de Dios,

Jamás serás escogido para sitial suyo.

I, 017: Dios no se niega a nadie.

TOMA, bebe, tanto como quieras y puedas, queda a tu arbitrio:

La entera divinidad misma es tu festín.

II, 018: La sabiduría de Salomón.

¿CÓMO? ¿Tienes sólo a Salomón por el más sabio?

Tú también puedes ser Salomón y su sabiduría.

II, 019: Lo sumo es estar sereno.

ESTAR ocupado es bueno: pero mucho mejor es orar;

Y mejor aún presentarse a Dios, el Señor, mudo y sereno.

II, 020: El Libro de la vida.

DIOS es el Libro de la vida, yo estoy escrito en Él

Con la sangre de su cordero: ¿cómo no habría Él de amarme?

II, 021: Tú debes ser lo supremo.

EL mundo es nada vana, los ángeles, vulgares:

Por eso debo yo ser Dios y hombre en Cristo Jesús.

II, 022: Elévate por sobre ti.

EL hombre que no eleva su espíritu por sobre sí,

no es digno de vivir en la condición de hombre.

Cf. Czepko, I, 46: «Despreciable es el hombre, que vive entre los hombres, y no se eleva por encima de lo que es humano».

II, 023: En Cristo se asciende.

PUESTO que mi Redentor ha superado a los ángeles,

puedo (si tan sólo quiero), volar por sobre ellos también yo.

II, 024: El centro.

QUIEN ha escogido el centro por morada,

ve de una ojeada lo que está en la periferia.

El centro es aquí Dios, la circunferencia, la creación, lo múltiple. Para conocer el mundo, hay que situarse en su centro: principio fundamental del conocimiento místico, cf. II, 183.

II, 025: Tú mismo creas tu inquietud.

NI criatura ni Dios puede llevarte a la inquietud:

Tú mismo te inquietes (¡OH necedad!) con las cosas.

II, 026: La libertad.

TÚ, noble libertad, quien no se entrega a ti,

no sabe qué ama un hombre, que ama la libertad.

II, 027: También sobre ella.

QUIEN ama la libertad, ama a Dios: a quien se abisma en Dios,

y todo aparta de sí, es a quien Dios se la concede.

II, 028: La igualdad.

LA igualdad es un tesoro: si la tienes en el tiempo,

tienes el reino de los cielos, y la plena beatitud.

II, 029: Muerte y Dios.

LA muerte es paga del pecado; Dios, recompensa de la virtud:

si no conquistas ésta, te llevarás la otra.

II, 030: Contingencia y esencia.

HOMBRE, hazte esencial: pues cuando el mundo perece,

la contingencia cesa, la esencia perdura.

II, 031: Goce divino.

QUIEN quiere gozar de Dios e incorporarse a Él,

debe permanecer junto a su sol, como un lucero del alba.

II, 032: Con el silencio, el canto es bello.

EL canto de los ángeles es bello: sé que tu canto,

si callas por completo, suena mejor al Altísimo.

Título en la ed. de 1675: »Schweigen übertrifft der Engel gethöne.«: «El silencio supera la música de los ángeles.».

II, 034: El buen uso no daña.

HOMBRE, si dices que algo te mantiene apartado del amor de Dios,

Es que aún no usas del mundo como es debido.

II, 035: Dios quiere lo que es precioso.

SÉ puro, diáfano y firme como un diamante,

Para que puedas ser valioso a los ojos de Dios.

II, 036: El libro de la conciencia.

QUE debo temer a Dios, y amarlo por sobre todas las cosas,

Está escrito en mi alma desde el principio.

II, 037: De una palabra depende todo.

UNA sola palabra puede valerme: si un día Dios la inscribe en mí,

Seré por siempre un cordero señalado con el sello de Dios.

Esta «palabra» es el Verbo divino.

II, 038: El esposo es más dulce.

PUEDES, si quieres, reconocer a Dios por tu Señor:

Yo no quiero llamarlo más que mi esposo.
II, 039: El que adora en espíritu y en la verdad.

QUIEN en sí puede elevarse a Dios por sobre sí,

Adora a Dios en espíritu y en la verdad.

II, 040: Dios es lo más pequeño y lo más grande.

¡MI Dios, qué grande es Dios! ¡Mi Dios, qué pequeño es Dios!

Pequeño como la cosa más pequeña, y grande como todo,

/ Necesariamente.

II, 041: El buen canje.

HOMBRE, si le das a Dios tu corazón, Él te da a su vez el suyo:

¡Ah, qué ventajoso canje! tú asciendes, Él desciende.

El buen canje: el canje místico de corazones era un tema muy cultivado por la emblemática espiritual del siglo XVII.

II, 042: Lo inferior no estorba.

A QUIEN reside sobre montaña y valle, y sobre las nubes,

No le mueve un cabello el trueno, el rayo ni el estruendo.

II, 043: La medianera debe desaparecer.

¡FUERA lo que se interpone, fuera! si he de contemplar mi luz,

No se debe levantar una pared ante mi vista.

II, 044: Qué es la humanidad.

¿PREGUNTAS qué es la humanidad? Te digo de inmediato:

es, en una palabra, la sobreangelidad.

Puesto que el hombre es capaz de un conocimiento que sobrepase al del querubín, de la deiformidad misma.

II, 045: Dios se ama sólo a sí.

ES una verdad cierta, dios se ama sólo a sí,

Y a quien puede ser en su Hijo su otro-Él.

II, 046: Quien es Dios, ve a Dios.

PUESTO que he de ver la verdadera luz, tal cual es,

Debo yo mismo ser ella: si no, no puede acontecer.

Aplicación mística del principio aristotélico (Ética a Nicómaco: 1165 b 17) y tomista del conocimiento del semejante por el semejante. Silesius lo ha tomado sin duda de Ruysbroeck: cf. El ornamento de las Bodas Espirituales III, II, y especialmente: «…esta claridad es tan grande que el amante contemplador no percibe ni experimenta en su propio fondo, en donde descansa, nada más que una luz incomprensible; y según la desnudez simple que envuelve todas las cosas, se siente y se encuentra transformado en la luz misma que le hace ver y nada distinto…» Pero allí donde Ruysbroeck describe una experiencia, Silesius formula una exigencia para el conocimiento de Dios.

II, 047: El amor no busca recompensa.

HOMBRE, si amas a Dios el Señor, y buscas recompensa en ello,

No has gustado aún lo que es amor y amar.

II, 048: A Dios se lo conoce en la criatura.

DIOS, el oculto Dios, se torna cognoscible y familiar

Por sus criaturas, que son proyección suya.

Principio que define toda una corriente de conocimiento místico; ¿en qué medida completa, en qué medida contradice el principio expresado en II, 46?: el conocimiento de Dios por la creación, los «Vestigia Dei» (San Buenaventura), la «Signatura rerum» (Böhme). La mística distingue clásicamente, desde San Buenaventura, tres grados de conocimiento de Dios: por el mundo (conocimiento de la tarde), por el alma (conocimiento de la mañana), por Dios (conocimiento del mediodía).

familiar: »gemein«: este término, cuyo sentido de base tiene que ver con el del lat. communis, se reitera fundamentalmente en tres giros: ›(sich einem / mit einem) / (einem etwas) gemein machen, (einem) gemein werden, gemein sein‹. Cada vez que el contexto lo hizo posible (cf. por ej., aun la variante »allgemein«, V, 308), tradujimos por ‹comunicar› o ‹participar›, que mentan la relación de Dios con respecto a la criatura y de la criatura con respecto a Dios. Cf. II, 67 y 202; IV, 87 y 91; V, 186, 307 y 314; VI, 44, 46, 127, 128, 177, 229, 243 y 260.

proyección: »Entwerfung«: derivación sustantiva del verbo entwerfen: éste término, nacido en el ámbito de la tejeduría gráfica, significaba originalmente ‹formar una imagen›. El sentido actual de provisionalidad lo recibe a través de la influencia del francés ‹projeter›, propiamente ›vor-werfen‹ (›werfen‹, ‹arrojar›).

II, 049: Dios ama la virginidad.

DIOS bebe la leche de la Virgen, y demuestra con eso claramente,

Que la verdadera virginidad es su bebida y su solaz.

II, 050: Dios se vuelve un pequeño.

DIOS se incluye, cosa inaudita, en la pequeñez del niño:

Ay, ¡si pudiera ser yo un niño en este niño!

II, 051: Lo inefable.

¿PIENSAS decir el nombre de Dios en el tiempo?

Pues no puede pronunciárselo, ni aun en una eternidad.

II, 052: La nueva Jerusalén.

LA nueva Jerusalén eres tú para Dios, cristiano mío,

Cuando del Espíritu de Dios, has renacido por completo.

II, 053: Sólo tú haces falta.

AY, si pudiera tan sólo hacerse pesebre tu corazón,

Se haría Dios otra vez niño en esta tierra.

II, 054: Debes despojarte de la imagen.

DESPÓJATE de la imagen, niño mío, así te harás semejante a Dios,

Y serás, en calma inmóvil, para ti tu propio reino de los cielos.

II, 055: Dios es, no vive.

DIOS, propiamente, sólo es: Él no ama ni vive,

Como se dice de mí, de ti, y de las otras cosas.

En la ed. de 1675: »…Er lebt und Liebet nicht /«: «…Él no vive ni ama».

II, 056: Pobreza y riqueza.

EL que no tiene lo que tiene, y todo estima por igual,

Es pobre en la riqueza, rico en la pobreza.

II, 057: Hay que crecer más allá de sí.

SI creces más allá de ti mismo y de toda criatura,

Te imbuyes de la naturaleza divina.

II, 058: Morir para Dios y vivir para Dios.

MUERO y vivo en Dios: en ambas cosas haces bien,

Pues hay que morir para Dios, y se debe también vivir para Dios.

II, 059: ¿Quién es más Dios que hombre?

QUIEN ama sin sentir, y sabe sin conocer,

Se llama con justa razón más Dios que hombre.

…conocer: »erkennen«: verbo especialmente difícil de verter en la acepción que menta el acto cognitivo mismo: ‹adquirir o ganar el conocimiento de›; así por ej. en II, 59: »…und ohne erkennen kennt«, donde juega por oposición con la forma no prefijal »kennen«. Traducido por «conocer», «reconocer», o aun «ganar el conocimiento», como en VI, 258.

II, 060: Del amor.

HOMBRE, si nada quieres ni amas, quieres y amas bien:

Quien ama lo que quiere, no ama empero lo que debe.

II, 061: Quien se abandona, encuentra a Dios.

QUIEN se ha perdido y despojado de sí mismo,

Ha encontrado a Dios, su consuelo y Salvador.

II, 062: Hay que estar en ambos.

¡MI Dios, qué frío estoy! ¡Ay, déjame calentar

En el seno de tu humanidad, y en los brazos de tu divinidad!

II, 063: El sordo oye la Palabra.

AMIGO, créelo o no: escucho a cada instante,

Cuando estoy sordo y mudo, la Palabra eterna.

II, 064: Un suspiro dice todo.

CUANDO mi alma suspira,*) y exclama Ah y OH,

Invoca en sí su fin y su principio.

*) " & T.

II, 065: La eternidad no se mide.

LA eternidad nada sabe de años, días, horas:

¡Ay, que aún no haya yo encontrado el centro!

II, 066: Uno ayuda al otro a seguir.

MI Salvador es Dios, y yo el de las otras cosas:

Si se lanzan ellas a mí, y yo a Él.

II, 067: La soledad.

PUESTO que la soledad no frecuenta a nadie,

debe ser sin pasión, y Virgen.

soledad: »Abgeschiedenheit«: ‹retiro, recogimiento, soledad, calidad de vida retirada›; en V, 209 la forma participial »abgeschieden» («retirado»). Cf. notas a II, 117.

Cf. notas a II, 48
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