LeccióN "verbo de oro"






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SEGUNDA CONFERENCIA A LA MUJER “LA SANTA PREDESTINACIÓN”


IMPARTIDA EN OCTUBRE DE 1976, EN LA CIUDAD DE GUADALAJARA, JALISCO, MÉXICO, CON MOTIVO DE LA PRIMERA REUNIÓN INTERNACIONAL DE DAMAS GNÓSTICAS, ACTIVIDAD CELEBRADA EN EL TRANSCURSO DEL PRIMER CONGRESO INTERNACIONAL DE ANTROPOLOGÍA GNÓSTICA.

(Conferencia revisada de la grabación original).

SAMAEL AUN WEOR

Hermanas, iniciaremos nuestra plática de esta tarde. Ruego a todas poner el máximum de atención.

Quiero decirles a ustedes en forma enfática, que los ciclos de actividad masculina o femenina están gobernados por el planeta Urano; esto quiere decir que Urano con sus dos polos determina las épocas de actividad triunfal masculina y las épocas de actividad triunfal femenina. Cuando el polo masculino de Urano apunta hacia el Sol, triunfa en el mundo Tierra el sexo masculino; esas son las épocas de la piratería, las épocas de los Napoleón Bonaparte, etc., etc., etc..., también la época de las gestas de independencia de los países.

Cuando el polo negativo femenino de Urano apunta hacia el Sol, la energía que fluye de Urano, entonces, da el triunfo a la mujer: descolla, triunfa, sube al tope de la escalera el sexo femenino, manda. Recordemos nosotros la época de las amazonas; entonces éstas tuvieron una época de esplendor, se levantaron por doquiera templos a la Diosa Luna, países soberanos gobernados por el sexo femenino; el Imperio de las amazonas se extendió por gran parte de Europa y de Medio Oriente, y hasta Asia. Quienes ejercían el sacerdocio, quienes ejercían el gobierno, quienes formaban parte de las fuerzas armadas eran las mujeres. Que construyeran una poderosa civilización, nadie se lo puede negar, fue cierto y de toda verdad. Indubitablemente, hubo algo de crueldad también: los niños varones eran incapacitados en alguna forma para que no pudieran triunfar; bien se les hería en un brazo, o se les hería en una pierna, en fin, se les hacía algún daño al cuerpo para que no pudieran ejercer más tarde el dominio. Eso era cruel, no podemos negarlo, pero esos son hechos que han pertenecido a la historia y que ya pasaron.

En la guerra, las amazonas se distinguieron extraordinariamente; recordemos a la Amazona Camila, de la cual da testimonio nada menos que Virgilio, el Poeta de Mantua. Obviamente, Virgilio, el gran Maestro del Dante Alighieri, habla maravillas sobre la Amazona Camila; en la guerra fue extraordinaria, puede llamársele como una de las mejores generalas de la época, muy similar en el tiempo a cualquier otro gran guerrero del sexo masculino.

En la ciencia, las amazonas descollaron triunfalmente, su imperio fue poderoso, se extendió de Occidente a Oriente; sí más tarde ese imperio declinó, si decayó, se debió eso precisamente al aspecto sexual. Cierto grupo de amazonas llegaron a Grecia y aunque se aislaron por un tiempo, no está de más decirles que se unieron sexualmente a distintos jóvenes griegos y cambiaron desde entonces en sus modales; esas amazonas, ya cambiadas, influyeron sobre el resto de las amazonas que habían establecido el imperio -el "Imperio de las amazonas"-, y poco a poco, fueron perdiendo el poder, descolló completamente el sexo masculino; es que ya había pasado su época.

Cuarenta y dos años son de actividad masculina y cuarenta y dos de actividad femenina. En estos momentos, por ejemplo, en que nosotros nos encontramos, está dominando el sexo femenino, está en su ciclo de dominio, de mando; más tarde, cuando se cumpla este ciclo de cuarenta y dos años, volverá una nueva época de dominio del sexo masculino. Ahora le toca el peso del mando al sexo femenino, esto no lo podemos negar, es indubitable. Realmente, la mujer manda, se impone en la ciencia, se impone en el mundo del comercio, se impone en el gobierno, se impone en la religión, se impone en el hogar, se impone en todas partes; está en su época...

Urano gobierna directamente las glándulas sexuales; en la mujer gobierna la actividad de los ovarios. Así que son cuarenta y dos años de dominio masculino y cuarenta y dos de dominio femenino. La mujer, obviamente, puede aprovechar esta época para transformarse si así lo desea. Por estos tiempos se lucha por la emancipación de la mujer; conceptúo, en realidad, la mujer tiene de por sí el cetro de poder en este tiempo, pues se halla dentro de la actividad del ciclo femenino de Urano.

Considerando estas cuestiones, me parece que el sexo femenino tiene derecho a la dignificación y a la transformación, que el sexo femenino debe aprovechar el momento actual en que Urano le está ayudando, sacar el máximum de provecho de la vibración del planeta Urano. La mujer tiene derecho a pasar a un nivel superior del Ser y esto es posible sabiendo amar: "Amor es ley, pero amor consciente". "El amor es el summum de la sabiduría". Así lo dijo Hermes Trismegisto en su Tabla de Esmeralda -el Tres veces grande Dios Ibis de Toth-. El amor es el fundamento de todo lo que es, ha sido y será. La mujer mediante el amor no solamente puede transformarse a sí misma, sino, también, puede transformar a los demás.

Por estos tiempos asombra saber que algunas naciones ya están pensando en enviar precisamente comités femeninos a luchar por la paz universal. Tengo entendido que la O.N.U. está considerando muy difícil el problema de la paz y seriamente se piensa en promover, dijéramos, una especie de propaganda pro-paz, mediante comités femeninos. Creo sencillamente que la mujer en estos momentos desplaza al hombre, que tiene dominio, mando completo; si a esto se añade que el sexo masculino está muy degenerado actualmente, entonces es la mujer la que tiene que regenerar al hombre. El estado de degeneración masculina es innegable, irrefutable, irrebatible; toca a la mujer darle la mano al varón, levantarlo. Si el hombre ha perdido actualmente su poder se debe sencillamente a su degeneración; la mujer tiene pues, en estos momentos, un deber ineludible, cual es el de ayudar a regenerar al hombre y de luchar por la paz universal.

Uno de los problemas más inquietantes de la época es el problema sexual; no hay duda de que la sexología, en sí misma, es fundamental para cualquier civilización. El sexo masculino, repito, se encuentra en estado involutivo, decadente, ha abusado del sexo y eso le ha hecho perder el dominio sobre la Tierra, sobre el Universo. El sexo masculino marcha en forma decadente.

Cuando uno estudia la energía creadora, la energía sexual a la luz de un Sigmund Freud, por ejemplo, el autor del psicoanálisis, o de un Jung, o de un Adler, o a la luz de los Tantras Sánscritos de Tibetanos o Hindúes, o posiblemente de la Escuela Amarilla China, puede descubrir con gran asombro que mediante la energía creadora es posible la transformación del ser humano. La mujer tiene perfecto dominio sobre la biología orgánica del varón, por eso puede regenerarlo. La mujer lo que tiene es que conocer un poco más los misterios del sexo. Antes, estos misterios se consideraban tabú o pecado, motivo de vergüenza o disimulo; ahora, en los países cultos, el sexo se estudia a la luz de la ciencia. Freud dio el ejemplo con su psicoanálisis; Adler, Jung y demás seguidores, han demostrado al mundo la realidad de las teorías freudianas.

Considero, pues, vital, tocar ese escabroso punto, ese delicado asunto relacionado con la sexología transcendental, que es la única que puede transformar a la mujer y al mundo. Obviamente, la energía creadora fluye en todo lo que es, en todo lo que ha sido y en todo lo que será. La energía creadora permite a las plantas reproducirse mediante sus estilos y pistilos que vibran y palpitan en el cáliz de la flor; la energía creadora permite a las aves reproducirse, formar sus frutos; la energía creadora permite a todas las especies vivientes del inmenso mar, la reproducción siempre incesante. Es una energía como la electricidad, como el magnetismo, como la fuerza de la gravedad, etc., una energía que nosotros debemos aprender a manipular sabiamente; es una energía veloz, instantánea, más rápida que la mente, mucho más rápida que las emociones o que cualquier otro movimiento orgánico.

Muchas veces les habrá sucedido a ustedes encontrarse, por ejemplo, con un varón y luego instantáneamente, sin saber por qué, instintivamente, ustedes simpatizan o antipatizan con tal hombre: si él puede servir de complemento para ustedes, si podría merecer su simpatía; mas si no es el complemento perfecto, de hecho, de inmediato, no despierta en ustedes ningún interés. Lo que asombra es ver la rapidez con que una mujer puede reconocer a un hombre y saber si éste le puede servir como complemento de su vida o no; es cuestión de segundos, de milésimas de segundo, lo que demuestra que el sentido sexual es demasiado rápido, más veloz que la fuerza de la mente o que las actividades motrices del organismo. En segundos, una mujer puede reconocer si un varón puede, o no, servir de complemento para su vida. Bueno, esto se debe a que la energía creadora fluye y va de un neurón a otro neurón, las ondas electro-sexuales son muy veloces; el centro sexual de una mujer instintivamente capta la realidad de cualquier hombre, eso es obvio.

En la vida encuentra uno cosas que asombran: muchas veces, y esta vez hablo de los varones, éstos, de pronto, aún teniendo esposa, no se sienten en plenitud, no se sienten íntegros, no se sienten con ella unitotales; se sienten que les falta algo, y suele suceder en estos casos que en cualquier sala, o templo, o calle, encuentra el marido tal o cual mujer que le simpatiza de inmediato... Incuestionablemente, falla al cometer adulterio, mas en el fondo lo que sucede es que todas las partes de su propio Ser necesitan complementación. Posiblemente en la nueva mujer encuentran algo que antes no tenían, algo que les ayude a complementarse... Son misterios que se relacionan con el sexo y que bien vale la pena conocer.

La energía creadora está establecida en toda máquina orgánica, y nuestro cuerpo es una máquina... Los ovarios, en la mujer, son de por sí prodigiosos, maravillosos. Un par de cordones nerviosos se erigen siempre desde los ovarios hasta el cerebro, se enroscan ese par de cordones en la espina dorsal, formando el Santo Ocho o el Caduceo de Mercurio. Por ese par de finos cordones nerviosos -que no son completamente físicos, pues en parte podríamos decir: son tetradimensionales- asciende la energía sexual propiamente dicha, como fuerza eléctrica muy sutil, hasta el cerebro. Esta fuerza, de por sí, llega al organismo a través de diversos procesos. Originalmente, deviene del Tercer Logos, del Mahachoan. Indubitablemente, para hablar esta vez en términos cristianos, podría decirles que tal energía es divinal, y que el Tercer Logos, en sí mismo, es lo que nosotros denominamos en puro cristianismo: "Espíritu Santo".

La fuerza del Espíritu Santo es prodigiosa en todo sentido. El Universo entero no podría existir sin esa fuerza magnífica. Las semillas no lograrían germinar; los animales, sin esa fuerza, no se reproducirían; los árboles no darían su fruto. ¡ El Universo entero no podría existir!

Así que, la fuerza del Espíritu Santo, la energía prodigiosa del Tercer Logos, es algo digno de ser analizado. Hay escuelas que se han dedicado a tal análisis. Existen esas escuelas en todo el Oriente, y muy especialmente entre el Budismo Tántrico del Tíbet. Aprender a manejar ese potencial electrosexual es indispensable cuando en verdad se quiere lograr una transformación. Sin la energía creadora no sería posible que un par de gametos, masculino y femenino -es decir, un óvulo y un zoospermo-, se integraran para originar la concepción fetal.

Bien sabemos nosotros lo que es la función del menstruo en el sexo femenino. Indubitablemente, este último se provoca debido a que un óvulo maduro se desprende del ovario. La herida que queda en aquel lugar de donde el óvulo se desprendió, sangra. Ese es el proceso del menstruo. Indubitablemente, en ese lugar de donde lo sangra existe también eso que en medicina se denomina "cuerpo amarillo", que a la larga sirve para evitar una sangría continua. Lo interesante es ver como ese óvulo desciende después al útero y aguarda allí el momento de ser fecundado. Cuando ese óvulo se encuentra depositado en su región correspondiente, siente la mujer en realidad de verdad, en forma dijéramos intensiva, el impulso sexual.

Tal impulso tiene una mecánica relacionada con la economía de la Naturaleza, y es que el óvulo pide, clama, desea a un zoospermo, para que exista una creación más, necesaria para los fines económicos del planeta Tierra. En ese estado hay ansiedad de parte del sexo femenino por el masculino. Esa ansiedad no tiene otra causa sino el óvulo que desea, cuanto antes, la unión con un zoospermo.

Obsérvese algo muy interesante: de seis o siete millones de zoospermos que se escapan durante la cópula, tan sólo un afortunado zoospermo logra llegar hasta el gameto femenino, pierde la cola, penetra completamente dentro del gameto y se inicia el proceso de la gestación. De tantos millones de zoospermos sólo uno logra penetrar en el óvulo. ¿Quién hizo esa operación matemática?... Además, téngase en cuenta que el zoospermo lleva en sí mismo 24 cromosomas, y que el óvulo lleva otros 24. Entonces, he ahí a 48 cromosomas formando la célula germinal, célula básica fundamental, de la cual deviene un nuevo organismo humano. Pero, ¿por qué el zoospermo, y sólo uno, logra entrar en el óvulo?... ¿Quién dirige a ese zoospermo? Hay un principio inteligente que lo dirige... ¿Cuál será?... ¿Por qué ha sido seleccionado? Indubitablemente, ese principio inteligente no es otro que la energía creadora del Tercer Logos, la energía sexual. Entonces, hallamos en la energía sexual, inteligencia. ¡Esto resulta formidable! Así se inicia el proceso de gestación de nueve meses. Obviamente, la mujer ha sido elegida para la santa predestinación: ¡la de ser madre!

Ser madre, en realidad de verdad, es un sacerdocio de la Naturaleza, un sacerdocio divino, inefable. Una madre merece entera veneración de todos los seres que pueblan el Universo. En la Doctrina Secreta de Anahuac, se rinde culto a las mujeres que mueren de parto. Incuestionablemente, ellas son verdaderas mártires. Se nos ha dicho pues, en Nahuatl, que ellas van, no al Mictlan como suponen algunos, sino al Tlalocan, es decir, el Paraíso de Tlaloc. Aunque ustedes piensen que son doctrinas de nuestros antepasados y que hoy en día somos muy "cristianos" y no podemos ya volver atrás, la cruda realidad de los hechos es que tal afirmación de los Adeptos Nahuas, o Zapotecas, o Toltecas, reposa sobre bases muy serias. ¿Con qué derecho nos atreveríamos nosotros, por ejemplo, a refutar la doctrina de nuestros antepasados aztecas, si nosotros mismos devenimos de ellos? ¿O es que creemos acaso que los españoles fueron más sabios que nuestros antepasados de Anahuac?... Bien sabemos que no, antes bien, ellos vinieron a destruir una cultura: estuvieron quemando en la plaza pública todos los códices antiguos y privaron al mundo de ricos tesoros esotéricos. Afortunadamente, unos cuantos códices se salvaron y les han permitido a los grandes historiadores mexicanos, a los grandes antropólogos, reconstruir parte de la historia antigua.

El Tlalocan, el Paraíso, es una realidad. Se ha dicho que las mujeres que mueren de parto, y así se afirmó en forma enfática en los tiempos idos, ingresaban al paraíso de Tlaloc... Lo merecían porque habían dado su vida por la Naturaleza. Habían muerto en el cumplimiento de ese gran sacrificio, cual es el de ser madres; habían cumplido con su misión. La mujer ha nacido para esa santa predestinación. Cuán grande es la dicha que siente la madre que lleva a su niño en sus brazos, que lo alimenta con sus pechos, que le brinda su amor. Ella, en ese momento, está haciendo el papel que hace la Gran Madre Natura con todos sus hijos. Es una verdadera sacerdotisa que merece todo respeto y gran veneración.

Es mediante esa energía creadora que fluye y palpita en toda la Naturaleza, que fluye por los árboles, que se manifiesta a través de los órganos creadores de los peces y de los anfibios, y de los cuadrúpedos, y de las aves que vuelan a través del espacio infinito, como nosotros podemos transformarnos radicalmente.

Si la mujer aprende a manejar esa prodigiosa energía, puede cambiar el Nivel del Ser, convertirse en algo distinto, en algo diferente. La mujer, ante todo, necesita conocer los misterios del sexo. Ya pasaron los tiempos en que se consideraba al sexo como un pecado. Ya pasaron los tiempos en que el sexo era tabú. Sólo conociendo la mujer los misterios del sexo, aprendiendo a manejar la energía creadora, sólo así podrá ella transformarse y transformar al mundo.

En esta reunión, hemos de estudiar a fondo y profundamente la cuestión relacionada precisamente con el problema sexual máximo de la época. No hay duda de que en la cópula química o metafísica, para hablar en un lenguaje que no escandalice a ninguna de las hermanas aquí presentes, está el secreto de la transformación humana. Cuando la mujer aprende a transmutar sus energías creadoras, de hecho inicia un proceso de transformación íntima, que de hecho la coloca en un Nivel superior del Ser.

Desgraciadamente, hoy por hoy, el hombre no solamente se ha degenerado, sino que también ha iniciado procesos degenerativos en el sexo femenino: ha metido a la mujer por el camino de la fornicación y hasta de la prostitución; motivos más que suficientes como para que la mujer aprenda hoy en día a cuidarse del varón; motivos más que suficientes como para que la mujer estudie los misterios del sexo, pues así y sólo así, podrá, no solamente ella transformarse, sino transformar al varón.

La cópula química o metafísica, incuestionablemente, está relacionada con la gran cópula universal. Bien sabemos que el Eterno Masculino hace fecundo al Eterno Femenino para que surja la vida en todo el Universo; esto es indubitable. Estos dos principios pertenecen a lo divinal. Con justa razón Simón el Mago, decía: "Existen dos vástagos de toda seriedad. El uno viene de arriba, de Urano, y es masculino. El otro asciende y es femenino. En la unión de estos dos vástagos está la clave de todo poder".

Observen ustedes el signo de la Santa Cruz: dos palos cruzados. El uno es vertical, y representa el principio masculino; el otro es horizontal, y representa al sexo femenino. En el cruce de ambos se halla la clave de la redención. En una antigua Escuela de Misterios Griegos se menciona un acto secreto, fisiológico, místico, que puede transformar al mundo y a la humanidad. Para no escandalizar mucho, diré a ustedes la clave en latín: "Inmiscio membrum virilis in vaginam feminae sine ejaculatio seminis".

En todo caso, en la inserción del phalo vertical dentro del cteis formal se encuentra la clave de todo poder. Desafortunadamente, tanto hombres como mujeres, lo único que han hecho hasta la fecha actual es aprovechar el cruce de esos dos vástagos para la reproducción animal. Así como la mujer es capaz de poner un hijo sobre el tapete de la existencia, de decirle: "¡Sea!" y es. Así como la mujer es capaz de formar a un Napoleón dentro de su vientre, o a un Jesús de Nazareth, o a un Hermes Trismegisto, para luego decirle: "¡Existe!" y existe; y éste pasa a existir a la luz del Sol, así también la mujer puede ser capaz de una autocreación extraordinaria: puede crearse a si misma, puede transformarse en algo distinto, diferente, con base misma en la cópula química o metafísica. Lo interesante sería que ella comprendiera el proceso de las energías universales...

Incuestionablemente, cuando el varón y la mujer, Adán-Eva, se están amando, cuando se hallan unidos en la cópula química o metafísica -en momentos en que el phalus vertical se cruza con el cteis formal- hay fuerzas prodigiosas, universales, cósmicas, que envuelven a la pareja con una luz muy brillante, luminosa, extraordinaria. Esas fuerzas prodigiosas que fueron capaces de crear el mundo, de hacerlo surgir de entre el caos, rodean a la pareja, la envuelven. En tales momentos hombre y mujer unidos forman el andrógino perfecto: el Elohim; una criatura soberana.

Obviamente, hombre y mujer unidos son un solo ser que tiene poder sobre la vida y sobre la muerte, que puede hacer surgir una nueva criatura de entre el caos. En tales momentos, si se conociera la ciencia maravillosa del Divino Logos, se realizarían prodigios. En tales momentos podemos retener esa fuerza extraordinaria para purificarnos, para transformarnos, para desarrollar en nosotros otras facultades del Ser, para desenvolver en nosotros prodigios que ni remotamente sospechamos, para convertirnos en verdaderos ángeles, en seres inefables...

La mujer tiene la llave de la ciencia, mas debe aprovecharla y abrir el Arca donde está el tesoro de la sabiduría antigua. Desgraciadamente, tanto la mujer como el varón pierden las fuerzas divinales cuando cometen el error imperdonable de llegar a eso que se denomina "orgasmo" o "espasmo", en alta fisiología, biología y patología orgánica. Si la mujer, en esos instantes, le enseñase al varón la necesidad de ser continente; si en vez de llegar hasta la consumación final de la animálica pasión, tuvieran el valor de refrenar el impulso animal para evitar lo que en fisiología orgánica o alta patología o biología se denomina "orgasmo" o "espasmo", retendrían esa fuerza mística del Tercer Logos, el Mahachoan, el Shiva Indostán. Con tan sutiles fuerzas podría ella hacer de sí misma algo diferente, se convertiría en triunfadora, pasaría a un Nivel del Ser extraordinario, no volvería jamás a tener miseria ni dolor, no habría para ella sufrimientos; novísimas facultades aflorarían en todo su organismo, seria completamente distinta. Una mujer así, transformada por sus propias energías creadoras, podría transformar al hombre y transformar el mundo, porque la mujer tiene un poder único: formar a las criaturas dentro de su misma matriz.

Veamos esos grandes hombres que han descollado en la historia: un Krishna en el Indostán, un Buda, un Hermes Trismegisto, un Jesús de Nazareth, un Francisco de Asís, o un Antonio de Padua, etc., etc., etc. ¿Dónde se formaron?, ¿en el aire acaso? ¿Quién les dio esa figura? Hombres tan grandiosos que han surgido en todas épocas..., ¿de dónde salieron? Esos que libertaron naciones: Morelos en nuestra Patria, o un Hidalgo; un Napoleón en Francia... -bueno, aunque él no liberto naciones, dispénsenme, más bien las esclavizó, pero en todo caso fue un gran militar-; un Bolívar, allá en los países de Sudamérica, ¿de dónde salieron?, ¿cuál su origen? Muy masculinos, muy inteligentes, muy geniales, pero salieron de un vientre femenino. Fue la mujer la que los formó en su vientre, la que les dio la vida, la que los puso sobre el tapete mismo de la existencia. El mismo Superhombre de un Nietzsche no puede salir de ninguna otra parte que del vientre de la mujer. Por eso es que sabias mujeres -se dice- se dirigieron a Jesús de Nazareth y le dijeron: "Bendito el vientre que te formó y los pechos que te alimentaron".

Así pues, los varones no tenemos mucho de qué enorgullecernos, porque por mucha sapiencia que tengamos, mucha erudición o capacidad intelectual que hayamos adquirido, nos formó una mujer en su vientre, nos dio la vida y nos puso sobre el tapete mismo de la existencia.

Así pues, que veamos que la mujer puede transformar al mundo, si así lo quiere. Tiene en sus manos la llave del poder; hasta la misma biología masculina puede ser controlada por la mujer y, de hecho, la mujer controla las actividades biológicas del varón, tiene ese poder, un poder extraordinario, formidable. Entonces, ella lo único que tiene que hacer es retener esa prodigiosa energía creadora del Tercer Logos, no dejarla escapar, no permitir que se funda entre las corrientes universales; por eso es que la mujer casada, en la cópula química o metafísica, debe asumir una actitud edificante y esencialmente dignificante.

Obviamente, el sacerdocio del amor dimana de los tiempos más arcaicos de la Tierra. Recordemos en Grecia las sacerdotisas del amor, a las Etairas, ellas eran sagradas en el sentido más completo de la palabra, pues sabían suministrar eso que se llama amor y los varones debían recurrir a ellas. Recordemos allá, en las tierras del Japón, las sacerdotisas niponas, ellas suministraban eso que se llama amor. Desgraciadamente, las gentes de la época moderna han perdido, dijéramos, el sentido del verdadero amor. Las mujeres modernas deben volver a la sapiencia antigua; comenzar por educar al varón. El sexo es sagrado en un ciento por ciento, ellas deben enseñarle al varón la veneración, el amor y el respeto al sexo. Si la mujer así actúa, podría transformar el mundo en forma definitiva.

Todo el secreto consiste en retener esa energía maravillosa que fluye en la flor, en el ave, en el pez y en el hombre; no dejarla escapar. Repito: es posible eso si la mujer evitara siempre la consumación del acto sexual; si ella aprendiera desde un principio a evitar el espasmo o el orgasmo fisiológico o biológico, como se dice en medicina y en biología. Así se transformaría, así se purificaría, así originaría en ella sentidos novísimos de percepción ultrasensorial que le darían acceso a la dimensión desconocida; así empezaría la mujer a adquirir una nueva inteligencia que le permitiría orientar a sus hijos sabiamente.

No deben olvidar ustedes que la mujer debe ser también, además de madre, educadora de sus propios hijos, ella está llamada a educar a sus hijos. Yo creo, pienso, es mi concepto, de que la madre está llamada a darle al hijo la "primera educación". En modo alguno me parecería correcto que fuese el Kinder el llamado a dar las primeras nociones de cultura a la criatura que ha nacido; pienso que es la madre la que está llamada a eso: acabar de formar al fruto de sus entrañas. Más tarde podría tal fruto ir a las Escuelas Superiores de Humanidades, luego a la Universidad; pero su educación básica debe empezar en el hogar. La madre es el ángel del hogar, la maestra del hogar, la llamada a educar a sus hijos.

Hoy por hoy, todo eso se ha perdido. En los tiempos antiguos, en la Atlántida y en la Lemuria, las madres educaban a sus hijos dentro del hogar, los formaban. En los tiempos estos decadentes en que nos encontramos, debido a la degeneración del varón, la mujer ha perdido, hoy por hoy, muchas de sus hermosas cualidades. El varón que ha creado una civilización falsa, una vida mecanicista, absurda, también ha cometido el crimen de sacar a la mujer de su hogar. Ahora la mujer para poder sobrevivir en este caos absurdo del siglo XX, no le ha quedado más remedio que desplazar al hombre en la oficina, en la industria, en la banca, en el comercio, en los talleres, en la ciencia, etc... Está tan degenerado el varón ultramoderno que ya no es capaz de sostener ni su mismo hogar. Motivos más que suficientes que han obligado a la mujer a tener que lanzarse a la lucha. Así vemos como en los Estados Unidos, las mujeres están en los talleres de mecánica, en las gasolineras, en la aviación, en el ejército, etc.

Una raza no degenerada, una raza dijéramos progresiva, es diferente. En una raza progresiva, la mujer es el ángel del hogar, la Sacerdotisa de sus hijos; base fundamental sobre la cuál reposaba en los antiguos tiempos, no el patriarcado, sino el matriarcado. Ahora, tiene que volver la mujer a su hogar. Esto no sería posible, y no es posible, en tanto no se regenere al varón, que ya no es capaz de mantener a la mujer dentro de su hogar.

Día llegará, pues, en que nacerá en el mundo una nueva civilización. Cuando eso sea, la mujer será la sacerdotisa de su hogar otra vez, y el varón regenerado tendrá que ir al campo, a la montaña, a labrar la tierra con el sudor de su frente para dar de comer a su mujer y a sus hijos, como lo mandan las Sagradas Escrituras. Hoy en día da dolor decirlo, pero es tan grande la degeneración de esta época que muchas mujeres tienen que trabajar para mantener a su mismísimo marido.

Viendo todas estas cosas, en tratándose de asuntos tan importantes y de fina exposición, veo la necesidad urgente e inaplazable de enseñarle a la mujer los misterios del sexo. Antes que todo, ella debe libertarse todavía de muchas ataduras absurdas, debe enfocar los estudios del sexo desde un nuevo ángulo; no seguir considerando a la sexología como tabú o pecado, vergüenza o disimulo, etc.

Si la mujer tiene que regenerar al varón, debe afrontar directamente los misterios del sexo, debe enseñarle al varón tales misterios. Desgraciadamente, el pobre animal intelectual, equivocadamente llamado "hombre", ni siquiera sabe respetar a su esposa, adultera como animal, fornica incesantemente, malgasta los dineros que tiene para su hogar en la cantina, en las casas de juego, etc.

Incuestionablemente, la cruda realidad de los hechos es tal, que la mujer está llamada a asumir un nuevo papel. Necesita transformarse mediante la energía creadora y enseñarle al varón el camino de la regeneración; mas esto no seria posible si ella no tuviera un potencial eléctrico o electrosexual superior que le permitiera realizar tan magnífica labor. En tanto la mujer continúe llegando al espasmo fisiológico -u orgasmo fisiológico- mediante la cópula química o metafísica, no tendrá la potencia eléctrica para poder convencer al hombre. Cuando se trata de convencer a otro, de regenerarlo, de indicarle el camino de la salvación, se necesita tener alguna autoridad, y no es posible tener autoridad alguna en tanto la mujer se descargue eléctricamente.

Así pues, ella, la mujer, necesita ahorrar sus propias energías creadoras, sólo así podrá aumentar su potencial eléctrico, como para tener suficiente fuerza o autoridad que le permita transformar al hombre, sacarlo de las cantinas, enseñarle el camino de la responsabilidad, indicarle la senda de la regeneración.

Aquí reunido con estas damas que me escuchan, quiero decirles a ustedes, en forma enfática, que en esta nuestra Escuela de Estudios Esotéricos Gnósticos, laboramos por la regeneración humana; son llamadas todas las damas a nuestros estudios son invitadas con el propósito de trabajar por un mundo mejor. Bien vale la pena reconsiderar no solamente los asuntos biológicos, sino los psíquicos también, relacionados con la mujer, el hombre y el hogar. La mujer debe volverse un poco más madura desde el punto de vista psicológico. Muchas damas, por ejemplo, se afanan por casarse: más tarde fracasan. Debe saber la mujer cuál es el hombre que va a elegir, pues esto es básico para el resto de su existencia...

Cuando un día cualquiera, no importa cual, yo, como varón, llegué a un banco -necesitaba pues, cambiar algunos cheques-, la cajera muy solícita me atendió, mas con gran dolor vi como me miraba de arriba a abajo, tan detenidamente, estudiando mis meras apariencias físicas. Volví una segunda vez y hallé la misma repetición. Una tercera..., la misma repetición y una extraña coquetería... Pero, ¿qué miraba de mí?, ¿acaso mis estados psicológicos?, ¿la parte anímica o espiritual?, ¿o qué?... Nada de eso... Con esa mera coquetería física, tratar de ver las apariencias de un rostro, de un cuerpo humano masculino con el propósito de elegirlo más tarde como posible marido o, por lo menos, pretendiente. ¡Absurdo es todo esto en un ciento por ciento! No pude menos que sentir extraño dolor, no por mí. -porque mi persona nada vale-, sino por aquella dama en cuestión y por muchas damas, por ejemplo, que aspiran a tener marido: se preocupan por ver su rostro, el tamaño de su cuerpo; alto o bajo, gordo o flaco; si él es bien parecido, si es guapo; o sencillamente, si es feo y horrible. Pero nada, absolutamente nada les interesa la cuestión psicológica. Me parece que eso es tan absurdo como ver un mueble; si éste es bonito o feo, si sirve para la cocina o para la sala...

El matrimonio es lo más grande que hay en la vida. Voy a decirles a ustedes que hay tres momentos importantes en la vida, tres eventos extraordinarios: primero, no es otro que el nacimiento; segundo, el matrimonio; tercero, la muerte. He ahí los tres eventos más extraordinarios. La mujer debe cuidarse de elegir hombre por mera apariencia o por el deseo de casarse para no quedarse soltera, porque eso es absurdo. Querer, una mujer, hacer de un hombre -dijéramos- su ideal, sin sentirlo de verdad psicológicamente, es algo incongruente. Las damas solteras se vuelcan muy especialmente por el artificio, por la forma; ya por el esplendor económico de tal o cuál varón, ya para congraciarse con él en alguna forma, de hacerse simpáticas ante él mismo, de conocer sus diversos aspectos para prepararse artificiosamente a su forma de ser o de vivir, y tarde o temprano fracasan.

Ese no es el camino de la felicidad matrimonial. En el verdadero amor hay espontaneidad absoluta, no existe artificios de ninguna especie. Se reconoce en la mujer, de inmediato, al ser creador; no se necesita de palabras superfluas, ni de luchas por acomodarse a su forma de pensar o sentir. En el verdadero amor, la mujer sabe si el hombre le pertenece o no, si es el suyo o no. Pero cuando una mujer mira a tal o cual hombre, cuando lo pretende en alguna forma, ella sabe si hay un rasgo en él que no concuerda con su naturalidad, con la personalidad de ella, con su psiquis o fondo psicológico particular. Es claro que si una mujer cree que ama a un hombre y siente que hay algo que no le pertenece a ella, algo así como un rasgo característico que en modo alguno se acomoda a su sentir, tal varón no le pertenece. Una unión de tal clase, va al fracaso.

En modo alguno se puede enfocar el problema del matrimonio de una manera equivocada, porque el resultado se llama "dolor". Cuando uno se olvida que el matrimonio es uno de los tres factores más importantes de la vida, comete errores imperdonables. Así que, deben pensar mucho en el problema éste de elegir un esposo, un marido. Es indispensable saber siempre aguardar. Esa energía creadora del Tercer Logos, que vive y palpita en todo lo creado, en todo lo existente, a cada mujer trae su varón, el que le pertenece por Ley. Pero si persisten las damas solteras en casarse por casarse, se llenarán entonces de dolor...
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LeccióN \"verbo de oro\" iconCuando escriban el verbo, que tenga sentido en la frase!!!






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