“Yo dejo al final la teoría y al principio pongo la práctica, porque me parece que sólo así viene la praxis”. (2007a)






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Arquitectura pobre y habitabilidad.
CGL se apropió en sus años mozos de la sentencia: “La habitabilidad debe estar en el centro”, misma que le escuchase a su maestro José Luis Benlliure citando a Alvar Aalto. Parte de ella desde sus primeras búsquedas, cuando –junto con Rodolfo Gómez Arias y otros colegas- exploraba encantado y divertido posibilidades formales y propuestas atrevidas en las primeras obras que diseñó y construyó. Los edificios deben permitir el habitar del ser y su búsqueda inicial se concentró en construir lugares que lo cumplan. “La arquitectura es la construcción de un lugar que permita habitar el ser, en un territorio de belleza”, así lo reconoció entonces y así lo reconoce ahora. Este reconocimiento lo llevó a experimentar, entre otros experimentos divertidos, con concreto sobre metal desplegado que le permitía formas curvas, eróticas, cachondas - como él diría -. Le entusiasma la idea de explorar los espacios que fluyen para facilitar, permitir y potenciar las actividades, los aparejos del ladrillo al que reconoce que ama, el juego de los colores, la luz que mete el tiempo en las habitaciones, la decisión de las vistas indagando para dónde y qué quieren ver los usuarios, el descubrimiento de elementos significativos. Las propuestas deben darse no por razones de plástica sino de la habitabilidad, como la banca que se ubica apropiadamente para que “las jóvenes echen novio cuando tengan edad de merecer”. Las casas se habitan todo el tiempo, de día y de noche; debe pensarse en la luz de día y la iluminación de noche. Son famosas sus ventanas, muchas de ellas con formas irregulares o curvas, con ubicación y dimensiones pensadas para la entrada precisa del rayo solar del atardecer o del amanecer. Cuando proyectó su propia casa se planteó ¿qué voy a ver desde mi cama acostado, ya sea descansando o enfermo? y buscó un juego de luz y sombras suficientemente atractivo. La habitabilidad siempre ha sido el centro de la tecnología de González Lobo y su búsqueda inicial de espacios habitables y liberadores persiste.
El objeto arquitectónico es, en estricto, el albergue espacial de las actividades humanas específicas... Dicho albergue permite, restringe, posibilita o inhibe, el despliegue de la vida humana que requiere o demanda de alojarse en un espacio habitable... en un lugar habitado, urbano o rural, en el que queremos o podemos vivir... es ahí, con su configuración específica, que alberga nuestra necesidad y se apropia de nuestra demanda, identificándola rigurosamente con su forma espacial, construida y significante... el albergue podría, es deseable, potenciar dichas actividades, intensificando su calidad de uso y elevando consecuentemente la calidad de vida de los habitantes-usuarios. (CGL, 1998:40)
Una arquitectura de la habitabilidad sería entonces para González Lobo, aquélla que potencie las actividades humanas y eleve la calidad de vida de sus habitantes-usuarios, y “ninguna predeterminación normativa, estilística o de la concepción cultural del diseñador debe imponerse sobre esto”. La habitabilidad como centro es el primer componente de su tesis sobre Arquitectura Pobre. La cual contempla también otros dos componentes: la producción autogestiva y dialogal y una tecnología alternativa, apropiada (de bajo costo) y apropiable.
La teoría para CGL, es un mapa, una guía, necesaria para operar los afectos y rechazos de la gente. Primero pensar y luego hacer, para ser capaz de hacer lo improbable. El arquitecto tiene que elaborar en el cerebro lo que sucederá después en el espacio y para ello necesita una teoría. “Mi caso es trabajar para los pobres de esta tierra... hay 60 millones de población en el mundo que no tienen nada... se encuentran desplazados en el planeta” (2007b). Sin considerarse a sí mismo como teórico, su tesis sobre Arquitectura Pobre es el resultado de la constante búsqueda de una teoría propia que oriente su lucha social y la de los arquitectos cuya decisión, como la suya, sea atender a los sectores mayoritarios de la población. “Una arquitectura pobre para los pobres”, que se ajuste a la necesidad y a la posibilidad de los países con economías pobres y que reivindique y se construya por y para la comunidad; “... pobre en recursos, pero rica en sugerencias y experiencias espaciales y ambientales, que recuperan la ‘habitabilidad de los usuarios’, como centro de interés y motivo de la poética espacial...” (1998:45)

Latinoamérica... está poblada mayoritariamente por pobres, en proceso de multiplicarse y de empobrecerse aún más, cada día... más de las dos terceras partes de la población se localizan de manera preponderante en ciudades de colosal crecimiento... las ciudades actuales en Iberoamérica, lo que más impacta, son las enormes manchas ‘grises’ construidas (y en crecimiento constante) en la periferia... constituyen la imagen dominante de la ‘arquitectura urbana’, en la que habitan y padecen hoy las mayorías (pobres) de latinoamericanos... (CGL, 1998: 23, 29)
CGL discrepa de las soluciones que ofrecen las teorías arquitectónicas con origen en el mundo desarrollado. Afirma que el funcionalismo-racionalista y el denominado posmodernismo no ofrecen un apoyo alternativo realmente aplicable al crecimiento de la demanda espacial habitable, a las carencias acumuladas - en materia de vivienda, servicios e infraestructura -, al deterioro del patrimonio construido ni a las restricciones que en el gasto social impone el Fondo Monetario Internacional a los gobiernos de los países que tienen una deuda externa impagable. Toma así distancia de los principios de pretendida validez universal que el contexto de los países centrales ofrece. Tampoco escapan a su crítica el movimiento funcionalista en México ni los arquitectos importantes mexicanos del momento, como Teodoro González de León. “Para las más amplias mayorías de Latinoamérica, la Modernidad no es sino una promesa incumplida.” Ante esta carencia teórica y para enfrentar las circunstancias expuestas, los que se reclaman solidarios con los más necesitados, se ven obligados a construir una teoría arquitectónica vinculada a la experimentación práctica consecuente con la coyuntura y a la investigación sistemática de la producción arquitectónica y urbana. Carlos provoca así, a reflexionar, diseñar y construir con categorías propias. Constantemente señala la necesidad de una teoría que, construida colectivamente, atienda la realidad latinoamericana. (1998: 23, 45)
Ante este panorama latinoamericano de pobreza, asimismo, discrepa de la llamada arquitectura de interés social y propone una arquitectura de participación y solidaridad, implicando a los directamente afectados y partiendo de su efectiva intervención tanto en la decisión del proyecto como en la construcción de la misma. La arquitectura de interés social que se realiza de forma institucional es frecuentemente burocrática y muchas veces rechazada por los usuarios potencialmente beneficiados, por lo que ciertos grupos de profesionales y de pobladores han explorado diversos caminos, teorías y soluciones, que den lugar a una nueva arquitectura que se caracterice por su estrecha relación con posibilidades económicamente reales y que se finque en la apropiación cultural del lugar, de los usos, hábitos y costumbres tradicionales (aunque también modernas) de los pobladores. Para ello, González Lobo desarrolla el uso de tecnologías apropiadas y apropiables, donde los futuros usuarios serán los agentes reales de la realización. Va construyendo así “una práctica de la Arquitectura Pobre: a) La Necesaria para las carencias de los pobladores en materia de albergue: de su moral y de su ser. b) La Posible con los escasos recursos que pueden destinar a estos menesteres los potenciales usuarios.” (1998:19)
La arquitectura, en la realidad actual, oscila entre la producción de objetos monumentales y simbólicos, como expresión del poder dentro de la cultura de la clase dominante, y la producción masiva de espacio habitable, que como mercancía se dirige a un usuario potencial (y cautivo), que a través del consumo, reproduce la ideología del grupo dominante a la vez que desarrolla el ciclo económico de la acumulación capitalista. En este campo “arquitectónico”, se desarrollan las teorías, críticas e interpretaciones históricas, que nos forman y condicionan como arquitectos, usuarios o promotores. Al margen de esta arquitectura, existe una producción de espacio habitable “otro” precario, desordenado, ignorado por la teoría arquitectónica establecida, pero en él habita (su vida, sus ilusiones y sus luchas) la mayoría de la raza humana. (1998:38)
La arquitectura pobre está estrechamente ligada con la arquitectura de emergencia, la cual consiste en resolver de manera rápida y eficaz la habitabilidad de miles de usuarios pobres que, debido a las condiciones generadas, pueden acceder a una vivienda en propiedad. La forma más evidente de entender este concepto es cuando se requiere de la atención a los damnificados de un desastre. Ante los desastres, la presencia de la solidaridad abarca capas muy amplias de la sociedad, así como la presencia internacional. Con el esfuerzo en conjunto de la sociedad civil y de los organismos institucionales fluyen inventivas, propuestas y acciones, como el caso de la construcción de viviendas tras los sismos de 1985, en la ciudad de México, donde CGL ofreció soluciones atractivas que consisten en involucrar a los usuarios en el proyecto y en la construcción, buscando optimizar al máximo los escasos recursos con los que se contaba. La vecindad de la Calle Labradores No. 79 es uno de los varios ejemplos que pueden consultarse (1998:163-182).

La respuesta popular ante la emergencia fue notable y agente determinante de la modalidad de la solución final. La solidaridad que en los primeros días cubre a la población toda e incluso la ayuda internacional, generan frente a la situación de desastre un clima de fe y optimismo. (1998:165)
De los ejercicios que surgen en la arquitectura de emergencia se nutre la arquitectura para los pobres, ya que “la vivienda y la ciudad en precario se puede decir que es para los damnificados de siempre”. La solidaridad es entonces el argumento axial de todos los programas políticos en que la arquitectura y la ciudad involucran a sectores amplios de la población. Del diálogo entre los grupos de pobladores y los organismos institucionales alrededor de los temas de la lucha por el suelo, las formas de organización, la producción de viviendas, los materiales de construcción y los equipamientos primarios, se van haciendo la teoría y la práctica de la ciudad contemporánea.
La experiencia que nos muestra la obra de González Lobo vincula su teoría, que él califica de incipiente, con sus innovaciones en materia de sistemas constructivos y alternativos, como son: los cascarones de concreto armado sin cimbra sobre metal desplegado y las cubiertas de barro armado realizadas por prefabricación popular cooperativa, que, desde 1958 y 1980, respectivamente, ha venido construyendo en trabajos profesionales ligados a grupos de pobladores sin recursos.

Vivienda necesaria y posible en lotificación densa con urbanización mínima.
Partiendo de su eje conceptual de “habitabilidad posible”, CGL reflexiona sobre “una vivienda necesaria y posible”, que sea realmente posible, y también en lo que cabe: “máxima y hermosa” para sus habitantes y su historia concreta. En esta búsqueda, inicia con el análisis de la demanda y la problemática nacional. En 1998, señaló que México, al duplicar su población en los siguientes 15 años, enfrentará el reto de construir, en dicho plazo, edificios y áreas urbanas equivalentes a casi todo el patrimonio inmobiliario existente en las ciudades hasta ese momento. La producción de vivienda impone enfrentar las siguientes contradicciones sustantivas, si es que se quiere avanzar hacia su solución posible:

  • Una contradicción, aparentemente insalvable, del crecimiento explosivo de la demanda ante el gasto público que se eroga como país endeudado.

  • El antagonismo entre la noción de calidad y garantía, y la cantidad socialmente necesaria. En los programas formales institucionales, la norma de calidad se concibe como mercancía que sirve de garantía del crédito bancario. Esto lleva a definir a la vivienda como Vivienda Terminada con un aceptable nivel de acabados. En la cantidad socialmente necesaria, se abre una disyuntiva: o la vivienda se subsidia con recursos del Estado, o se tiene que admitir que una cobertura más amplia conlleva un abatimiento de esta calidad.

  • La producción institucional y privada no cubre ni un 10% de la demanda. El 60% de la demanda potencial no tiene capacidad de pago en términos tradicionales. El Infonavit en México tiene un padrón de más de seis millones de derechohabientes y produce menos de 40,000 viviendas al año, lo que implica “¡una cola de espera de 100 años o más!”.


Al analizar la paradoja entre la cantidad y la calidad, descubre que el cajón de crédito que corresponde al ingreso define la superficie. Es decir, la capacidad de adquirir el crédito y pagarlo propone, para la mayoría de la población, soluciones de 40 m2 en edificios de vivienda terminada de tres niveles. Lo cual representa una calidad arquitectónica sin calidad de vida para los habitantes, por el resto de sus vidas, ya que siendo vivienda terminada, es inamovible. “Nadie quiere vivir en un cuarto redondo (aquél en el que se habita para todo: comer, cocinar, dormir y guardar cosas) sin poder evitar el hacinamiento y la promiscuidad... la pareja, como gestores de la familia, al cohabitar y relacionarse sexualmente, necesita un aislamiento visual y acústico...” Critica las viviendas con sólo dos dormitorios que se han venido ofreciendo en los programas institucionales desde Salinas y con Fox “... ¿y la tercera recámara? Se necesitan tres dormitorios para que de noche pueda dormir: la pareja en uno, los niños en otro y las niñas en otro...” (2007b).
El tema de la vivienda le ha inquietado a Gonzáles Lobo siempre. Al discutirlo en 2007 asevera que, en la vigencia de una sociedad en crisis, es inquietante que todos los créditos circulen a la libre competencia. Se otorgan créditos a empresas que con ellos hacen lo que quieren, los sacan al libre mercado a ver quien los puede comprar y la gente que los adquiere se ve metida en un programa a 30 años que es el resto de su vida útil. Se hacen conjuntos kilométricos, con propuestas de lotes, que se están aprobando, en ese momento, de 2.85 X 9.70 m. “Tal parecería que el problema de la vivienda se ha convertido en un sistema de producción de mercancías”. (2007a)
Al comparar las ventajas y desventajas de las dos soluciones arquitectónico-urbanas: la vivienda multifamiliar y la vivienda unifamiliar. Los conjuntos habitacionales en altura, con áreas verdes indivisas de uso comunitario, no tienen gran aceptación por los usuarios. Además, ante el crecimiento explosivo de la demanda y la reducción real del salario de los trabajadores, se ha generado una “miniaturización” de esta solución. En un lapso de 50 años se ha reducido el área habitable de estas viviendas el 41.17%. 3 Esto ha producido un concepto de vivienda digna pero mínima. Los potenciales usuarios no aceptan esta solución porque no caben, en estricto, en el espacio. Pareciera que su tesis conceptual es paradójica: “espacio mínimo al costo máximo”. La vivienda unifamiliar en “lotes con servicios” de propiedad individual, por el contrario, plantea la tendencia dominante en las preferencias de los pobladores. Ofrece ventajas que representan un sólido valor en el imaginario colectivo. Sólo se requiere, en una primera instancia, la propiedad del suelo y de una vivienda que, como semilla, contenga su potencialidad futura. Sus limitaciones como solución, sin embargo, son evidentes: ocupa gran superficie del suelo urbano y su demanda de indivisos en calles, avenidas y banquetas, desfavorece en el costo de las obras de urbanización; además, exige una red de servicios previos, a pie de cada lote, de agua potable, drenaje, energía eléctrica y alumbrado público, que inciden en el costo del m2 de suelo urbano.
De la solución unifamiliar se aprovecha su carácter progresivo, versátil y “crecedor(sic), su aceptabilidad social y su potencialidad simultánea de urbanización y edificación por etapas progresivas, garantes de una potencial vivienda terminal, ajustada a la concepción y necesidades de la familia usuaria y que entraña una potencial elevación de la calidad de vida en términos de habitabilidad y relaciones comunitarias. (1998:120)
Ante este panorama surge como imprescindible, un concepto de vivienda que sea realista en estas circunstancias. Y para ello, Carlos se plantea la hipótesis de si sería posible estudiar una solución intermedia (entre la vivienda multifamiliar y la unifamiliar) que recupere las virtudes de ambas soluciones y minimice sus desventajas. Y entiende por solución intermedia a una vivienda unifamiliar en lotificaciones densas y con urbanizaciones mínimas. Propone cuestiones, a las que designa de “sentido común” para reelaborar el concepto.
La solución que resulta más realista para la expansión inevitable de las ciudades, la más viable, y la que ofrece mayor cobertura social, parece ser: optar por una expansión basada en tramas de predios para la construcción de vivienda unifamiliar en semilla y con crecimientos progresivos, y con sistemas de urbanización y equipamiento también progresivos... con reducciones notables del suelo urbano necesario para cada vivienda y con una inversión mínima para la urbanización. (1998: 29,122)
Si se aceptan las soluciones de vivienda unifamiliar progresiva, en lotificaciones densas, con urbanizaciones mínimas, se tendría un suelo urbano económico sobre el que edificar pies de casa o semillas de vivienda progresiva, de una misma inversión inicial y con el potencial para crecer en espacio cuando la familia crezca.

Esto se logra con un espacio o cuarto de usos múltiples de generosas dimensiones (digamos de 3.60 X 4.50 m., con 3.00 de altura) y la unidad de servicios hidrosanitarios (cocina y baño)... Solución semilla de 25 m2 en la planta baja y un lote de 32 m2 con cimentación y refuerzos estructurales para crecer dos niveles más, permitiendo una serie de crecimientos a 50 m2 en segunda planta y a 75 m2 habitables en la tercera y última planta... se consigue al gusto y al ritmo de la acumulación del ahorro familiar en el tiempo porvenir. La calidad: vivienda de 75 m2 construidos (potenciales pero posibles), privacidad, ser propietario de una “casa sola”, con las ventajas de acceder a la misma desde el suelo, con un patio que puede convertirse en jardín... Más calidad aunque haya que realizarse de “a poquito”. (1998: 82,83)

La vivienda en embrión o semilla, el llamado “pie de casa” que vale el crédito mínimo, es un nuevo concepto de vivienda que tiene el potencial para crecimientos progresivos previsibles. Puede llegar a convertirse en una casa de 5 habitaciones a término. Rompe así la trampa de la calidad en poca cantidad y viceversa. Abate el costo del suelo y la extensión de la mancha urbana por medio de lotificación densa y urbanización mínima.





Croquis realizados por CGL de etapas de crecimiento de una vivienda. CGL, 1998: 99.

Las denominaciones “embrión”, “semilla” y “crecimientos progresivos” usan una analogía biológica para explicar las posibilidades a futuro. A partir de un germen de vivienda florece con el tiempo y según el ritmo biológico –desarrollo histórico, económico y social- de la familia, una vivienda terminada que albergue sus necesidades espaciales. Esto implica una acción edificatoria básica de un habitáculo racional o cuarto diseñado con una disposición tal que permita los futuros crecimientos. También se puede contemplar la posibilidad de una “bipartición” posterior, concepto también de analogía biológica. Cuando en la fase final del crecimiento la vivienda es un bien patrimonial, la familia tiende a decrecer porque los hijos se casan o por dolorosos fallecimientos. El habitáculo entonces puede dividirse, reduciendo su capacidad y utilizando el resto para confeccionar otra vivienda o un comercio o taller artesanal. Partiendo de estos conceptos pueden proponerse un sinfín de prototipos eficientes y posibles. Jugando con esquemas compositivos flexibles y versátiles, se pueden ofrecer variaciones atractivas en la evolución y división de las viviendas. La concepción de crecimientos progresivos previsibles, llevó a Carlos, desde sus años mozos, junto con sus colegas Rafael Pacheco y Rodolfo Gómez Arias, a investigar, experimentar y proponer diversas soluciones de vivienda en semilla. A la fecha, esta búsqueda continúa.
La necesidad de configurar el programa de la vivienda en término de actividades espaciales, es para González Lobo, al igual que para muchos arquitectos, de fundamental importancia.

... es una constante teórica el luchar por una práctica arquitectónica centrada en “La Habitabilidad de los usuarios”, como valor arquitectónico... como propósito ético y estético de la práctica proyectual (sic) arquitectónica: tender a la “Elevación de la Calidad de Vida” de los habitantes, en su uso, ocupación, disfrute y fruición de los espacios en que discurre su vida... (1998:86)
El programa pretende así ser garantía iniciática para elevar la calidad de vida de los usuarios, a pesar de su precariedad. Para definirlo, efectúa un análisis minucioso partiendo de las costumbres típicas de las familias populares. Calcula las dimensiones de cada espacio, a partir de los muebles (mínimos necesarios) y las relaciones antropométricas mínimas de uso, ocupación, ergonómicas y de desplazamiento. Elabora croquis y determina las áreas necesarias que conformarán el programa de la vivienda posible:

... un área de recepción, estar y comer que sea central... cocina conexa al patio-jardín... un área de trabajo doméstico, con control visual sobre el acceso... por lo menos tres dormitorios autónomos... con amplitud máxima posible en superficie y volumen... vista, iluminación natural y ventilación, privacidad... baño de tres usos simultáneos... que la imagen de la casa cumpla las expectativas de presentación y singularidad... (1998:92)
Carlos propone constantemente a sus alumnos observar e investigar la organización espacial de la vivienda popular vernácula y de las viviendas pobres. “La vivienda es mucho más de lo que nos imaginamos... las casas son para familias que siguen una confluencia de vida, proyectar viviendas es contener esa vida, pero se debe estudiar el estar habitando, no el habitar... la casa crece cuando crece la familia y después decrece” (2007b). Él, por su cuenta, reconociéndose heredero de los funcionalistas radicales Juan O’Gorman y Juan Legarreta, ha retomado sus conceptos, desarrollados en 1932, para las viviendas obreras: La ubicación de la madre, como centro de la familia, debe ser privilegiada al frente de la casa; ella lava, cocina y asea, para ejercer su rutina diaria debe poder controlar y tener contacto visual directo con el acceso, los vecinos, la hija y su novio, los niños jugando. El dormitorio de los padres debe ser realmente privado para llevar su vida conyugal sin intromisión de los hijos. La estancia privada debe contar con posibilidad de ampliarse al exterior para reuniones sociales. Tres habitaciones siempre, nunca dos, para evitar la promiscuidad entre hijos e hijas. Todas sus propuestas contemplan estos principios concientemente adquiridos.


Croquis realizados por CGL de baño de tres usos y límites ergonómicos del baño. CGL, 1998: 95.

En su investigación sobre la Arquitectura para los Pobres y la lucha por el suelo, CGL coloca en un sitio central el estudio de las tramas urbanas, lo considera “de importancia capital para el futuro de nuestras ciudades que han experimentado un crecimiento desmesurado...” El ritmo de crecimiento de la población y de la extensión del área construida, tiende en algunos casos a duplicarse cada 10 años. La investigación consiste en explorar la forma de cómo ocupar el suelo de la manera más económica, con la mayor racionalidad y que permita su aplicación de forma progresiva. Se debe relacionar la vivienda y el tejido urbano con la medición de los costos, buscando tramas que optimicen las relaciones armónicas entre el suelo privado y el suelo público, destinado a contener las actividades comunitarias, el equipamiento, los servicios y la infraestructura urbana. Así lo explica de manera sencilla a los alumnos:
Por cada lote de dos unidades de superficie hay que calcular una unidad más de calle. La calle es área pública que pertenece a la ciudad, pero que paga el diseño del lote. Lo que vale más del suelo es la 1/3 parte de calle, eso es lo que le da valor al lote. Es cara la calle porque tiene infraestructura, instalaciones ocultas: drenaje, luz... ¿Cómo hacer para lograr más área de lotificación con menor área de calle?... Al comprar vivienda, se compra el suelo, el terreno, la construcción y el crédito. Si de 100 unidades, la construcción vale 20 ó 22, el suelo 30 ó 28 y el crédito 50... No podemos modificar el crédito, pero si podemos morderle al 20 de construcción para que sean 17, y al 30 del suelo podemos morderle más... (2007b)

Ante los múltiples modos de tejer o concebir la ciudad en sus crecimientos, señala que los proyectos alternativos de ocupación del suelo serán legítimos sólo si contemplan los conceptos de identidad y arraigo propios de las poblaciones. Su enfoque debe generar una nueva imagen urbana, con un tejido de relaciones armónicas que incrementen el derecho del peatón, que recuperen el barrio y que sean capaces de un uso democrático efectivo de la ciudad. Recomienda observar y estudiar las diferentes propuestas e inventos de comunidades que se han experimentado por todo el mundo. A lo largo del siglo XX tenemos diversos ejemplos, hay algunas verdaderamente aborrecibles, y otras muy interesantes. Así también, es importante el análisis de las propuestas, en México, que Auris o Casas Geo, por ejemplo, presentan. Sus propias experiencias y propuestas muestran un avance para su propósito; sin embargo apunta que, para responder el gran reto de búsqueda de soluciones, es necesaria una construcción teórica colectiva de los investigadores que comparten intenciones y resultados.
Las tramas urbanas de lotificación densa son aquéllas que, reduciendo el suelo urbano total necesario, ofrecen un lote mínimo suficiente para permitir edificar en él una vivienda de 75m2 construidos, con patio y jardín, en el que puedan tenerse tres o más dormitorios autónomos. Permite como mínimo densidades superiores a las 65 viviendas por hectárea y tenderá a lograr 100 viviendas por hectárea. La urbanización mínima es la lotificación que tiene por objetivo, reducir el frente de calle correspondiente a cada vivienda, y con ello, la superficie indivisa que genera cada lote de pavimento y banqueta (P.y B.), así como los metros lineales de conducciones de agua, drenaje y energía eléctrica (A.D.E.); de manera que la reducción dimensional incida en el abaratamiento del costo por m2 de la superficie habitable (S.H.). La superficie habitable es el resultado de multiplicar el frente de la calle por la longitud de fondo.
Dentro de las premisas de la tesis sobre lotificación densa con urbanización mínima, se observa que, para abatir el costo del terreno, es necesario reducir el frente de calle sin afectar la calidad habitable del lote, el ancho mínimo no debe ser menor a 3.90 m. que deja 3.60 m. libres interiores. Los lotes mínimos permisibles por el reglamento en México son de 7.00 X 15.00. Para definir el costo del suelo habitable, se integran los indicadores: suelo urbano necesario (S.U.N.) que corresponde al terreno en breña ocupado más el indiviso de la construcción de pavimentos y banquetas de la calle (P. y B.), y el aprovisionamiento de agua potable, drenaje, energía eléctrica y alumbrado público (A.D.E.). Es claro que el costo del A.D.E. lo determina la longitud del frente de calle del predio y se prorratea entre los dos lotes opuestos en la calle.
... el tema de los “lotes flacos” ha sido estudiado por Le Corbusier hacia 1931, con frentes de 3.70 m., 4.00 m. ó 4.50 m.... las propuestas del alemán Hugo Häring en Frankfurt... Rogelio Salmona... y, por supuesto Juan O’Gorman, en 1929, con sus casas para obreros mexicanos... disminuyendo el frente de calle se disminuye considerablemente el costo... la arquitectura es un trabajo científico... se debe evitar producir una ciudad cara... (2007b)
No debe olvidarse el suelo urbano comunitario (S.U.C.) para que socialmente los lotes sean efectivamente ciudad. Éste se conforma de un porcentaje de superficie de reserva territorial en su proximidad, destinado a alojar equipamientos comunitarios mínimos, tales como mercados, escuelas, hospitales, parques y vialidades, entre otros.



Croquis realizados por CGL del costo del suelo de lote tradicional urbano. CGL, 1998: 120.

Poco a poco se van difundiendo y conociendo las tramas alternativas de lotificación densa con urbanización mínima que CGL y sus equipos de trabajo han investigado, desarrollado y experimentado. Estas tramas van acompañadas de los proyectos de vivienda unifamiliar en semilla con crecimientos progresivos, correspondientes. Sus búsquedas, a partir de las hipótesis de lotes flacos, pretenden aprovechar y aún superar las ventajas de las tramas tradicionales. Sus tramas de lotes “imbricados”, tramas de “a cuatro” y tramas “en racimo”, reducen el costo de la urbanización. Carlos goza de describir sus lotes en “L”, en “Z”, en “W”, “en cruz”, con los que se aprovechan orientaciones, y percepciones visuales; conjuntamente, muestra tablas comparativas de análisis de superficies, costos y densidades de estos lotes. Centra su enfoque en recuperar la tipología de la vecindad y la privada de manera tal que los lotes vivienda sean conectados y servidos por una calle o callejón de uso vehicular restringido. Para los accesos a las viviendas, utiliza callejuelas o adarves y patios comunitarios, privilegiando el uso peatonal y con el propósito de aumentar la pertenencia y apropiación del sitio en términos de identidad urbana.



Lotes en Ele y en Zeta. Croquis realizados por CGL. CGL, 1998: 129.
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